Cuando los líderes caen en pecado y no aceptan la disciplina

Se ha tornado cosa común en nuestros tiempos que algunos líderes evangélicos, que han cometido faltas graves o pecados groseros, se levanten más rápido de lo que han caído, y sacudiéndose el polvo como si no hubiese pasado nada, exclamen: “debo continuar en el ministerio porque la iglesia me necesita, Dios ya me perdonó, me restauró y me ordenó que continuase con el liderazgo”. ¡Y ay de aquellos que se atrevan a juzgar considerando que con eso no es suficiente, que es necesario hacer frutos dignos de arrepentimiento y someterse a la disciplina eclesiástica! Es que “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. Créeme querido líder, que si estás en adulterio, cualquier santo varón de tu congregación que mantiene la pureza de los votos nupciales y un lecho sin mancilla, podría darte una pedrada en la frente y el Señor lo respaldaría. No me imagino a Ananías y a Safira diciéndole a Pedro: “Tú negaste al Señor tres veces, así que no puedes tirarnos la primera piedra”… la verdad es que no sé si lo dijeron o lo pensaron, pero sabemos que cayeron fulminados a los pies de Pedro. O aquel fornicario a quien Pablo manda a la iglesia de Corinto que sea entregado a Satanás para destrucción de la carne (1 Corintios 5:1-5); o Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar (1 Timoteo 1:20). Cristo nunca nos mandó a que no juzgásemos, sino a que lo hagamos de la manera correcta: No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio [1], me gusta la traducción de la NTV: Miren más allá de la superficie, para poder juzgar correctamente. De lo contrario, si no juzgamos y miramos hacia otro lado, nos hacemos cómplices del pecado ajeno.

La iglesia apostólica, y la iglesia de los primeros siglos subsiguientes, consideraban la disciplina eclesiástica como vital para el triunfo del evangelio entre los paganos.

“¿Qué hay, en efecto, más útil en la paz, o más necesario en la guerra de la persecución que mantener la debida severidad de la disciplina espiritual? Quien la suaviza, necesariamente irá siempre errante según el decurso de las cosas y se dispersará a un lado y a otro con los diversos e inseguros vaivenes de los negocios, y, como si le hubiese sido arrebatado de las manos el timón de los buenos consejos, estrellará la nave salvadora de la Iglesia contra las rocas”. [2]

Es la iglesia la que reconoce tu vocación y te nombra oficialmente en el ministerio: no descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio [3] Y la verdad es que  a ti te gusta decir “soy pastor de jóvenes de la iglesia” o “soy líder de alabanza de la iglesia” o “o soy maestro de la iglesia”; pero cuando es la misma iglesia la que te confronta diciendo que no estás en condiciones espirituales, o morales, para seguir manteniendo dicho cargo entonces la iglesia no vale nada: “Dios conoce mi corazón… los demás no son quienes para juzgarme… ya le pedí perdón a Dios, no tengo por qué darle cuentas a los hombres que son tan pecadores como yo…”

Del siglo III se conserva una interesante correspondencia entre los líderes de la iglesia de Roma (cuyo obispo Fabián había muerto como mártir en la cruel persecución del emperador Decio) y los líderes de la iglesia del Norte de África, representados por el grandísimo Cipriano obispo de Cartago, quien más tarde también moriría martirizado. El tema crucial de estas cartas es la disciplina eclesiástica, ¿qué hacer con los cristianos que han caído y han negado al Señor? Algunos de estos apóstatas alegaban que ya se habían arrepentido, que el Señor les había perdonado y que debían ser admitidos nuevamente a la comunión de la Iglesia. Leamos algunos párrafos de lo que enseñaba la iglesia primitiva:

“Lejos de la Iglesia romana el aflojar con una facilidad tan profana su gran vigor y debilitar los músculos de la severidad, socavando la autoridad de la fe, de manera que, cuando no solo yacen las ruinas de los hermanos caídos, sino que aun van cayendo, se conceda el remedio de la reconciliación con excesiva precipitación, pues no sería eficaz, y por una misericordia falsa, se añadan nuevas heridas a las antiguas de la apostasía, quitando la penitencia a los miserables para mayor ruina suya. ¿En dónde, por tanto, podrá causar su efecto la medicina del perdón, si incluso el mismo médico, al prescindir de la penitencia, fomenta los peligros, si tan sólo se limita a tapar la herida y no da tiempo a que cicatrice? Esto no es curar, sino que, si queremos decir la verdad, es matar. […] No sea menor la medicina que la herida, no sean menores los remedios que la muerte […] Roguemos por los caídos para que vuelvan a levantarse, roguemos por los que se mantienen en pie para que no caigan en la prueba, roguemos para que los que se dice que cayeron, tras reconocer la gravedad de su delito, comprendan que su pecado pide un remedio que no es momentáneo ni precipitado. Roguemos para que a la penitencia de los caídos siga el efecto del perdón, para que, reconocido su crimen, tengan a bien dispensarnos por un tiempo su paciencia y no vengan a perturbar la situación todavía vacilante de la Iglesia, no dé la impresión de que ellos nos han encendido una persecución interna, y así se añada al cúmulo de sus pecados el de haber sido también unos revoltosos. Les conviene, en efecto, muy especialmente la moderación a aquéllos en cuyos delitos se condena una mente inmoderada. Que llamen, sí, a la puerta, pero que no la rompan; que se lleguen hasta el umbral de la Iglesia, pero que no lo traspasen. Que velen a las puertas del campamento de los hijos de Dios, pero armados de moderación, como entendiendo que fueron desertores. Vuelvan a tomar la trompeta de sus ruegos, pero no la hagan vibrar con sones bélicos. Que se armen con las lanzas de la modestia y vuelvan a protegerse con el escudo de la fe, que por miedo a la muerte habían abandonado con su apostasía; mas que, habiéndose armado ahora contra el diablo, su enemigo, no se vayan a creer que están armados contra la Iglesia, que llora su caída. Muy provechosa les resultará una petición moderada, una súplica respetuosa, una humildad obligada, una paciencia perseverante. Que envíen por delante, como legados de su arrepentimiento, sus lágrimas; que afloren de lo íntimo de su pecho, como intercesores, gemidos que prueben el dolor y la vergüenza del crimen cometido.

Más aún, si sienten todo el horror de la magnitud de la deshonra en la que han caído, si examinan con mano de verdadero médico la herida mortal de su corazón y su conciencia, los repliegues sinuosos de su profunda herida, ruborícense incluso de pedir la paz, a no ser que a su vez presente mayor peligro y dé más vergüenza no haber pedido este auxilio. Pero todo esto hágase conforme a lo ritual, según la ley de la petición y en el tiempo debido, con moderada demanda y sumisa súplica; ya que aquél a quien se ruega, ha de ser convencido, no irritado, y así como debe tenerse en cuenta la clemencia divina, así también la justicia de Dios, según está escrito: «Te perdoné toda la deuda, porque me lo rogaste» también está escrito esto: «A quien me negare ante los hombres, también yo le negaré ante mi Padre y ante los ángeles». Pues Dios es indulgente, pero también es juez, y ciertamente celoso del cumplimiento de sus preceptos, y así como invita al banquete, así también expulsa fuera de la concurrencia de los fieles, atados de pies y manos, a los que no llevan el vestido nupcial.” [4]

Ya es cosa tristísima, y una afrenta  para el testimonio de la Iglesia, el que un hermano se deslice en el pecado ¡Cuánto más si se trata de un hermano líder! Nadie cae en un pecado grave de un minuto al otro, detrás de ello hay un deslizarse día a día, un resistirse a la voz del Espíritu que advierte que nos estamos aproximando peligrosamente al borde del abismo; pero seguimos sin hacerle caso hasta que nos encontramos en el fondo del lodazal. Nadie se levanta más rápido de lo que cae, aunque muchos pretendan esto diciendo que después de una noche de oración ya está todo arreglado. Los frutos dignos de arrepentimiento no se hacen de un día para el otro, se hacen bajo la estricta vigilancia y disciplina de la Iglesia; y cuanto más alto el cargo que se ocupa más alta es la caída, y más graves son los daños. El ministerio no es un colchón que suaviza tu caída, al contrario, la hace más estrepitosa, porque debiendo ser ejemplo de virtud para otros te conviertes en ejemplo de lo malo y tropiezo para el débil. El ministerio no es un manto que cubre tus pecados, no te hace invisible, sino transparente para que los demás puedan asomarse y ver lo que hay dentro de ti, para que puedan mirar más allá de la superficie y juzgarte correctamente. Por tanto no uses tu autoridad ministerial para silenciar a los que piden cuenta de tus actos, no es a los demás a los que debes silenciar sino al ruido escandaloso de tus pecados, ¿cómo? siendo humilde y sometiéndote a la disciplina, aunque ello signifique apartarse del ministerio por un buen tiempo; hasta que seas completamente restaurado.

Si escuchamos a la Iglesia cuando nos aplaude pero no la escuchamos cuando nos corrige y disciplina, significa que poco nos importa la Iglesia, solo nos importa nuestro estatus y nuestro ego. Quien se excusa de su pecado y no acepta el remedio (aunque sea amargo) y la cura (aunque sea dolorosa) no se ha arrepentido en absoluto, es un engañador que solo le importa su reputación y no la de la Iglesia; es un mentiroso que niega a Cristo antes de caer, cuando cae y después de la caída:

“Cuando se entiende que todo el misterio de la fe está resumido en la confesión del nombre de Cristo, uno que busca engaños y subterfugios para excusarse, es que lo ha negado.” [5]

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos – 2020

Referencias


[1] Juan 7:24 RV1960

[2] Carta de los presbíteros y diáconos de la iglesia de Roma al obispo Cipriano de Cartago. CIPRIANO, Cartas, nº 30. Biblioteca Clásica Gredos, 255.

[3] 1 Timoteo 4:14 RV1960

[4] Carta de los presbíteros y diáconos de la iglesia de Roma al obispo Cipriano de Cartago. CIPRIANO, Cartas, nº 30. Biblioteca Clásica Gredos, 255.

[5] Carta de los presbíteros y diáconos de la iglesia de Roma al obispo Cipriano de Cartago. CIPRIANO, Cartas, nº 30. Biblioteca Clásica Gredos, 255

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La divinidad de Cristo en los Padres de la Iglesia

Quien niega la divinidad de Cristo ignora dos cosas fundamentales. La primera es el concepto integral, o la revelación completa, que las Escrituras nos dan acerca del Hijo de Dios, pues quien solo interpreta textos aislados de la Biblia termina cayendo en el fundamentalismo fanático, o en la herejía. Recordemos que herejía significa tomar, o seleccionar, solo una parte aislándola del resto. Las Escrituras en su totalidad nos dicen claramente que Jesucristo es Dios: perfecto Dios antes de su encarnación, perfecto Dios durante su encarnación, perfecto Dios después de su resurrección, perfecto hombre desde su encarnación, perfecto hombre después de su resurrección; en todo participante de la naturaleza del Padre, en todo participante de nuestra naturaleza.

Lo segundo que ignora quien niega la divinidad de Cristo es la Historia de la Iglesia (patrística, evolución del dogma, historia del culto, concilios de la Iglesia, tradición) que brindan un marco apropiado para…

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Los extraños acontecimientos de la destrucción de Jerusalén en el año 70

La situación de Jerusalén empeoraba cada día, pues los rebeldes se excitaban aún más a causa de las desgracias, y el hambre hacía presa también en ellos después de haberlo hecho en el pueblo. El número de cadáveres que se amontonaban a lo largo de la ciudad presentaba una horrible visión y desprendía un olor pestilente que impedía las incursiones de los combatientes. Pues, en efecto, era preciso que ellos, que avanzaban por un campo de batalla lleno de innumerables muertos, pisotearan sus cuerpos. Sin embargo, pasaban por encima de ellos sin miedo, sin compadecerse y sin tener como un mal augurio para sí mismos el ultraje hecho a los muertos. Con sus manos llenas de sangre de compatriotas salían a luchar contra gente extranjera y, según me parece, echaban en cara a Dios su lentitud en castigar a sus enemigos, pues ahora la guerra no cobraba fuerza por la…

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Cómo respondieron los pentecostales a la pandemia de “influenza española” de 1918

Lecciones de la historia de las Asambleas de Dios

Artículo de DANIEL D. ISGRIGGEL, publicado en Influence Magazine - traducido por Diarios de Avivamientos

“El mundo entero está sintiendo los efectos de la pandemia de COVID-19. Parece que todas las instituciones de nuestra sociedad están cerrando para proteger a las personas de la propagación de este virus. Muchos han comentado la respuesta de la Iglesia a esta crisis desde diferentes ángulos. ¿Cómo deben manejar esta crisis las personas de fe y que creen en la sanidad divina? ¿Deberíamos cerrar las iglesias? ¿Deberíamos detener el ministerio en medio de una pandemia?

Como historiador, lo que es interesante para mí sobre la pandemia actual es que se está produciendo un poco más de un siglo después de la devastadora pandemia de influenza de 1918 , la llamada “gripe española”. De 1918 a 1919, se estima que 500 millones de personas en todo el…

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El Milenio ¿literal o simbólico? Distintos puntos de vista a través de la historia.

Premilenarismo histórico: En líneas generales, los premilenarios creen que la venida de Cristo será precedida por ciertas señales, como la predicación del evangelio a todas las naciones, una gran apostasía, guerras, hambres, terremotos, el surgimiento del Anticristo y una gran tribulación (En el premilenarismo histórico no hay un “rapto secreto”). Su regreso será seguido de un período de paz y justicia antes del fin del mundo. Cristo reinará en forma personal como Rey, o a través de un grupo selecto de discípulos. Los judíos se convertirán y tendrán un papel importante durante este tiempo. Asimismo, la naturaleza se verá bendecida en forma especial durante el milenio ya que producirá en abundancia. De la misma forma, aun los animales feroces serán domados. Durante este período el mal será controlado por Cristo, quien reinará con “vara de hierro”. Sin embargo, hacia el final del milenio, habrá una rebelión de los impíos qué casi destruirá a los justos. Algunos premilenarios han enseñado que durante esta edad de oro los muertos en Cristo resucitarán en sus cuerpos glorificados y habitarán con toda libertad junto al resto de los habitantes de la tierra. Al final del milenio resucitarán todos los que no hayan creído en Cristo y será entonces que se establecerán definitivamente los estados del cielo y del infierno.

Postmilenarismo: A diferencia de la creencia premilenaria, los postmilenarios sostienen que el reino de Dios está siendo extendido en la actualidad por medio de la predicación y la enseñanza. Esta acción hará que el mundo sea cristianizado y tendrá como resultado final un largo período de paz y prosperidad llamado el milenio. Esta nueva era no será radicalmente diferente dé la actual. Surgirá como resultado de que una proporción creciente de los habitantes del mundo se han de convertir al cristianismo. El mal no será eliminado pero se verá reducido al mínimo a medida que la influencia moral y espiritual de los cristianos se vea acentuada. La iglesia asumirá un papel más importante, y muchos de los problemas sociales, económicos y de educación serán resueltos. El cierre de este período estará marcado por la segunda venida de Cristo, la resurrección de los muertos y el juicio final.

Amilenarismo: Los amilenarios afirman que la Biblia no señala un período de paz universal y de justicia antes del fin del mundo. Ellos sostienen que habrá un crecimiento continuo del mal y del bien en el mundo que tendrá su culminación en la segunda venida de Cristo, cuando los muertos serán resucitados y tendrá lugar el juicio final. Los amilenarios afirman que el reino de Dios está presente aquí y ahora, ya que el Cristo victorioso está reinando sobre su pueblo por medio de su Palabra y su Espíritu, a pesar de lo cual esperan un reino futuro, glorioso y perfecto sobre la tierra en una vida futura. Los amilenarios entienden que el milenio mencionado en Apocalipsis 20 es el estado perfecto en que se encuentran los que han muerto en Cristo y están con él en el cielo.

A pesar de que siempre ha habido adherentes a los diferentes puntos de vista durante los distintos períodos de la historia de la iglesia, en ciertos momentos ha habido una interpretación dominante. Durante los primeros tres siglos de la era cristiana la creencia premilenaria parece haber prevalecido como interpretación escatológica. Entre los principales adherentes figuran Papias, Ireneo, Justino Mártir, Tertuliano, Hipólito, Metodio, Comodiano y Lactancio. Durante el siglo cuarto, cuando la iglesia cristiana fue favorecida durante el reinado de Constantino, la posición amilenaria tuvo más aceptación. El milenio fue reinterpretado como refiriéndose a la iglesia, y el reinado de mil años de Cristo y sus santos fue equiparado con la totalidad de la historia de la iglesia sobre la tierra, negando así la existencia de un milenio futuro. Agustín, el famoso Padre de la iglesia, definió esta posición y permaneció así como la interpretación dominante durante la Edad Media. Sus enseñanzas fueron aceptadas de tal modo que el Concilio de Efeso, en 431, condenó la creencia en el milenio
como superstición.
A pesar de que la doctrina oficial de la iglesia fue amilenaria, durante la Edad Media continuaron existiendo grupos de creyentes que sostenían la doctrina premilenaria. Hubo momentos en que estos premilenarios utilizaron sus enseñanzas para atacar a la iglesia oficial. Por ejemplo, en áreas en las que con el crecimiento de la población las uniones sociales tradicionales se veían derrumbadas por las diferencias económicas, el anhelo de un milenio de paz y seguridad se hacía más intenso. Bajo la conducción de líderes que aseguraban ser guiados por el Espíritu Santo, la ansiedad resultante de las nuevas condiciones económicas resultó en intentos de rebeldía contra los opresores aduciendo actuar en el nombre de Dios y procurando la concreción del milenio.  Uno de los últimos ejemplos de este tipo de acción fue la rebelión en la ciudad de Münster en 1534. Un hombre llamado Jan Matthys tomó el control de la ciudad anunciando en su predicación que él era Enoc quien estaba preparando el camino para el retorno de Cristo. Desde allí llamó a todos los fieles a que se unieran en Münster declarándola la Nueva Jerusalén. Una gran multitud de anabautistas se reunió en Münster y allí fueron sitiados por un ejército formado por protestantes y católicos, las defensas finalmente cayeron y la ciudad fue capturada.
Fue quizá este episodio el que hizo que los reformadores protestantes se mantuviesen adheridos al amilenarismo agustiniano. Sin embargo, con ellos comenzó a experimentarse una serie de cambios en la interpretación escatológica, los que sentaron las bases del gran despertar premilenario durante el siglo diecisiete. Por ejemplo, Martín Lutero (1483-1546) promovió una interpretación más literal de las Sagradas Escrituras, identificó al papado con el Anticristo e hizo prestar más atención a las profecías bíblicas. Más tarde, algunos eruditos luteranos hicieron cambiar la dirección de estas enseñanzas identificándolas con las interpretaciones premilenarias. Así como Lutero, Juan Calvino fue cuidadoso con las interpretaciones milenarias, posiblemente a causa de algunas exageraciones de parte de los anabautistas.

A pesar de la oposición que enfrentó, fue un teólogo calvinista alemán, Johann Heinrich Alsted (1588-1638), quien reavivó las enseñanzas premilenarias en una forma académica en el mundo moderno. En 1627, Alsted publicó sus puntos de vista en el libro titulado The Beloved City (La ciudad amada), el cual convenció al erudito anglicano Joseph Mede (1586-1638) a que abrazase las enseñanzas premilenarias. Las obras de ambos fueron de ayuda a los que buscaban la concreción del reino de Dios sobre la tierra, lo cual acompañó al gran despertar de la revolución puritana de la década de 1640. Sin embargo, con la restauración de los Estuardo al trono, esta posición quedó desacreditada debido a su asociación con grupos puritanos radicales, como ser los llamados “Hombres de la Quinta Monarquía”. A pesar de ello la doctrina premileniaria no quedó extinguida durante el siglo dieciocho, lo cual se evidencia en el interés mostrado por hombres como J. H. Bengel, Isaac Newton y Joseph Priestley.

Durante el siglo diecinueve la posición premilenaria volvió a ser tomada en cuenta. Este resurgimiento fue fomentado por el desarraigo de las instituciones políticas y económicas europeas durante el período de la Revolución Francesa. Durante la misma época se vio renovado el interés en la conversión y condición de los judíos. Uno de los líderes más influyentes durante este período fue Eduardo Irving (1792-1834), ministro de la Iglesia de Escocia, que pastoreaba una iglesia en Londres. Irving publicó varios trabajos sobre profecía y ayudó a organizar, las conferencias proféticas de Albury Park. Estas reuniones establecieron las normas aceptadas para tales conferencias milenaristas durante los siglos diecinueve y veinte. El entusiasmo profético de Irving se propagó hacia otros grupos, entre los cuales el movimiento de los Hermanos de Plymouth (llamados “hermanos libres” en algunos países de América Latina y España) mostró un firme apoyo.

Premilenarismo Dispensacionalista: J. N . Darby (1800-1882), uno de los primeros líderes del movimiento de los Hermanos de Plymouth, articuló la interpretación dispensacionalista del premilenarismo. El describió el retorno de Cristo antes del milenio como teniendo dos etapas: la primera, un rapto secreto de la iglesia quitándola de la tierra antes de que ésta sea devastada por la gran tribulación; en la segunda, Cristo retorna a la tierra con sus santos para establecer su reino. Darby también creía que la iglesia es un misterio y que Pablo fue el único que habló de este misterio. Además, los propósitos de Dios revelados en las Escrituras sólo pueden ser entendidos a través de una serie de períodos de tiempo llamados dispensaciones. Al morir, Darby dejó escritos más de cuarenta volúmenes y alrededor de mil quinientas congregaciones establecidas por todo el mundo. Por medio de sus libros, entre los cuales se cuentan cuatro sobre profecía, el sistema dispensacionalista fue diseminado por todo el mundo de habla inglesa. 
Su influencia ha tenido tal alcance que sus enseñanzas prevalecen en muchos círculos evangélicos de la actualidad. La diseminación de las enseñanzas de Darby se vio beneficiada por la ayuda dada por Henry Moorehouse, un evangelista de los Hermanos adherido a la interpretación dispensacionalista, quien convenció a D. L. Moody (1837-1899) de esta interpretación profética. Hacia el fin del siglo diecinueve Moody era quizá el evangélico más destacado de su época. Pero aún más importante fue el impacto que tuvo Darby en C. I. Scofield (1843-1921), ya que éste hizo que la interpretación dispensacionalista fuese una parte integral de las notas de su Biblia Anotada Scofield.”

Textos extraídos del libro ¿Qué es el Milenio? Cuatro enfoques para una respuesta. Casa Bautista de Publicaciones.

 

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¿Qué es un arminiano?

La pregunta «¿Que es un arminiano?»
contestada por un amante de la gracia,

John Wesley

1. Si alguien dice «Ese hombre es arminiano», el efecto que producen estas palabras en quienes lo escuchan es el mismo que si se les hubiera dicho «Ese perro está rabioso». Sienten pánico y huyen de él a toda velocidad, yno se detendrán a menos que sea para arrojarle piedras al temible y peligroso animal.

2. Cuanto más incomprensible resulta la palabra, mejor. Las personas que reciben el apodo no saben qué hacer: como no saben lo que quiere decir, no están en condiciones de defenderse o de demostrar que son inocentes de los cargos en su contra. No es fácil acabar con prejuicios arraigados en personas que no saben otra cosa excepto que se trata de «algo muy malo» o de algo que representa «todo lo malo».

3. Por lo tanto, aclarar el significado de esta terminología ambigua puede ser de utilidad para muchos. A los que con demasiada facilidad aplican el término a otros, o para impedir que utilicen términos cuyo significado desconocen; a quienes escuchan, para que no resulten engañados por personas que no saben lo que dicen; y a quienes reciben el apodo de «arminianos», para que sepan cómo defenderse.

4. En primer lugar, creo necesario aclarar que muchos confunden «arminiano» con «arriano». Pero se trata de algo completamente diferente; no existe ninguna semejanza entre uno y otro. Un arriano es alguien que niega la divinidad de Cristo. Creo que no hace falta aclarar que nos referimos a su filiación con el supremo, eterno Dios, ya que no hay otro Dios fuera de él (a menos que decidamos hacer dos dioses: uno grande y uno pequeño). Ahora bien, nadie jamás ha creído con mayor firmeza, o afirmado con mayor convicción, la divinidad de Cristo, que muchos de los así llamados arminianos, y así lo siguen haciendo hasta el día de hoy. Por lo tanto, el arminianismo (sea lo que fuere) es completamente diferente del arrianismo.

5. El origen de la palabra se remonta a Jacobo Harmens, en latín, Jacobus Arminius, que fuera ministro ordenado en Amsterdam y, más tarde, profesor de Teología en Leyden. Habiendo estudiado en Ginebra, en 1591 comenzó a dudar de los principios que le habían inculcado hasta ese momento. Cada vez más convencido de lo errado de los mismos, cuando fue nombrado profesor, comenzó a enseñar y a hacer público lo que él consideraba que era la verdad, hasta que falleció en paz en el año 1609. Pocos años después de la muerte de Arminio, algunos fanáticos, liderados por el Príncipe de Orange, atacaron con furor a todos los que sostenían lo que ellos consideraban sus ideas. Habiendo logrado que este modo de pensar fuera formalmente condenado en el famoso Sínodo de Dort (menos numeroso y erudito que el Concilio o Sínodo de Trento, pero tan imparcial como aquél, ver La Verdadera historia del Sínodo de Dort), algunas de estas personas fueron muertas, otras exiliadas, algunas condenadas a cadena perpetua; todos ellos perdieron sus puestos de trabajo y quedaron inhibidos de ocupar cualquier cargo público o eclesiástico.

6. Los cargos que los opositores presentaban en contra de estas personas (comúnmente llamados arminianos) eran cinco: (1) negar el pecado original; (2) negar la justificación por fe; (3) negar la predestinación absoluta; (4) negar que la gracia de Dios es irresistible, y (5) afirmar que es posible que un creyente se aparte de la gracia.
Con respecto a las dos primeras acusaciones se declaran inocentes. Los cargos son falsos. Ninguna persona, ni el propio Juan Calvino, afirmó la idea del pecado original o de la justificación por fe de manera más decisiva, más clara y explícita que Arminio. Estos dos puntos están, por tanto, fuera de discusión; hay acuerdo entre ambas partes. No existe al respecto la más mínima diferencia entre el Sr. Wesley y el Sr. Whitefield.

7. Existe, sin embargo, una clara diferencia entre los calvinistas y los arminianos con respecto a los otros tres puntos. Aquí las opiniones se dividen, los primeros creen en una predestinación absoluta y los últimos sólo en una predestinación condicional. Los calvinistas sostienen que: (1) Dios decretó con carácter absoluto, desde toda eternidad, que ciertas personas se salvarían y otras no, y que Cristo murió por ellas y por nadie más. Los arminianos sostienen que Dios decretó, desde toda eternidad, respecto de todos los que poseen su Palabra escrita, que el que crea, será salvo; pero el que no crea, será condenado. Para dar cumplimiento a esto, Cristo por todos murió (2 Co. 5:15) por todos los que estaban muertos en sus delitos y pecados, es decir, por todos y cada uno de los hijos de Adán, ya que en Adán todos murieron.

8. En segundo lugar, los calvinistas sostienen que la gracia de Dios que obra para salvación es absolutamente irresistible; que ninguna persona puede resistirla así como no se puede resistir la descarga de un rayo. Los arminianos sostienen que si bien hay momentos en que la gracia de Dios actúa de manera irresistible, sin embargo, en general, cualquier persona puede oponer resistencia (y así perderse para siempre) a la gracia mediante la cual Dios deseaba otorgarle salvación eterna.

9. En tercer lugar, los calvinistas sostienen que un verdadero creyente en Cristo no puede apartarse de la gracia. Los arminianos, en cambio, sostienen que un verdadero creyente puede naufragar en cuanto a la fe y a la buena conciencia (Ver 1 Timoteo1:19) Creen que el creyente no sólo puede caer nuevamente en la corrupción, sino que esa caída puede ser definitiva, de modo que se pierda eternamente.

10. Estos dos últimos puntos, la gracia irresistible y la infalibilidad de la perseverancia, son, sin duda, la consecuencia natural del punto anterior, la predestinación incondicional. Si Dios decretó con carácter absoluto, desde la eternidad, que sólo se salvarían determinadas personas, esto significa que tales personas no pueden oponerse a su gracia salvífica (porque de otro modo perderían la
salvación), y que así como no pueden oponer resistencia, tampoco pueden apartarse de esa gracia. De modo que, finalmente, las tres preguntas quedan reducidas a una: ¿La predestinación es absoluta o condicional? Los arminianos creen que es condicional; los calvinistas, que es absoluta.

11. ¡Acabemos, entonces, con toda esta ambigüedad! ¡Acabemos con las expresiones que sólo sirven para crear confusión! Que las personas sinceras digan lo que sientan, y
que no jueguen con palabras difíciles cuyo significado desconocen. ¿Cómo es posible que alguien que no ha leído una sola página escrita por Arminio sepa cuáles eran sus ideas? Que nadie levante la voz en contra de los arminianos antes de saber lo que esta palabra significa, recién entonces sabrá que los arminianos y los calvinistas están en el mismo nivel. Los arminianos tienen tanto derecho a estar enojados con los calvinistas como los calvinistas con los arminianos. Juan Calvino era un hombre estudioso, piadoso y sensato, al igual que Jacobo Arminio. Muchos calvinistas son personas estudiosas, piadosas y sensatas, igual que muchos arminianos. La única diferencia es que los primeros sostienen la doctrina de la predestinación absoluta, y los últimos, la predestinación condicional.

12. Una última palabra: ¿No es deber de todo predicador arminiano, primeramente, no utilizar nunca, en público o en privado, la palabra calvinista en términos de reproche, teniendo en cuenta que esto equivaldría a poner apodos o calificativos? Tal práctica no es compatible con el cristianismo ni con el buen criterio o los buenos modales. En segundo lugar, ¿no debería hacer todo cuanto esté a su alcance para impedir que lo hagan quienes lo escuchan, demostrándoles que constituye a la vez un pecado y una tontería? ¿No es, asimismo, deber de todo predicador calvinista, primeramente, no utilizar nunca, en público o en privado, durante la predicación o en sus conversaciones, la palabra arminiano en términos de reproche? Y en segundo lugar, ¿no debería hacer todo cuanto esté a su alcance para impedir que lo hagan quienes lo escuchan, demostrándoles que se trata de un pecado y una tontería al mismo tiempo? En caso de que ya estuvieran habituados a hacerlo, mayor empeño y esfuerzo deberá ponerse para erradicar esta conducta que, quizás, ¡fue alentada por el propio ejemplo del predicador!

¿Qué es un arminiano?, Obras de John Wesley, Tomo VIII, Tratados teológicos, Edición auspiciada por Wesley Heritage Foundation.

 

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Cautivos bajo la teología de la prosperidad

El siguiente texto es una narración de Costi W. Hinn (sobrino y ex colaborador de Benny Hinn) de su libro Dios, la Avaricia y el Evangelio (de la Prosperidad) 

“En 1999, Benny Hinn fue el predicador de la prosperidad y sanador de fe más famoso y controversial del mundo. Pero, para mí, él era mi tío ungido a quien Dios estaba usando para mostrarnos cómo vivir una vida de bendición y abundancia. Era la forma en que Dios quería que todos vivieran: ¡nosotros éramos la prueba viviente! En un sermón que escuché cuando era pequeño, mi tío nos enseñó que, si queríamos que Dios hiciera algo por nosotros, teníamos que hacer algo por él. Esto se aplicaba a todo, especialmente a los milagros. Siempre que era posible, Benny predicaba a las masas que, si querían un milagro para su enfermedad y dolencia, tenían que dar dinero a Dios. ¿No tienes dinero? ¡Pues no hay milagro!

Dar a Dios era el secreto para desbloquear tus sueños. Era el secreto para el ascenso laboral. Era el acceso a nuestra cuenta bancaria divina. Mi tío a menudo contaba la historia de cómo salía de sus deudas usando este sistema de creencias. Su suegro le había dicho que, para estar libre de deudas, tenía que pagarle a Dios. Benny explicó que, una vez que comenzó a vaciar su cuenta bancaria y a donar dinero al ministerio, empezó a aparecer dinero de todas partes. Este principio de dar se tomaba muy en serio en nuestra familia. Creíamos que podíamos ser culpables de robarle a Dios si no le dábamos lo suficiente, así que había veces en que era necesario hacer pagos retroactivos. Recuerdo que pensé: «Por todo el tiempo que he pasado viviendo para mis propios placeres, tendré que dedicarle casi dos años a Dios si quiero que mis oraciones sean escuchadas y atendidas». Uno de los héroes del tío Benny que le enseñó sobre este sistema de creer, dar y recibir fue Oral Roberts. Parecía que podía abrir las ventanas del cielo y hacer que llovieran bendiciones sobre su propia vida. Era una simple transacción de entrada y salida de dinero, con Dios como banquero.

Crecer en el evangelio de la prosperidad es una cosa. Trabajar en su interior es otra. De pequeño, yo solo acompañaba. Pero, como adulto remunerado, tenía deberes dentro del ministerio y me preocupé de entender cómo funcionaban las cosas. Tenía que hacer todo lo posible para asegurar que la familia Hinn fuera bien atendida.

Cuando hablamos de beneficios en el evangelio de la prosperidad, no me refiero a la cobertura médica. Me refiero a la cobertura material. En menos de dos años de trabajo dentro del movimiento (sin incluir el haber crecido en él), disfruté de más lujo del que jamás podría haber imaginado. Me sentía como si estuviera junto al rey Salomón. Hay gente rica que tiene mucho dinero pero que no vive espléndidamente; luego hay gente rica que tiene mucho dinero y sabe cómo hacer que los lujos novedosos se conviertan en lo normal. Nosotros éramos de los segundos.

He aquí una muestra de los preparativos de viaje, hoteles y destinos de compras que tuve durante ese período de casi dos años:
• Viajes en avión en un Gulfstream IV (precio promedio de adquisición: 36.000.000 de dólares)
• Suite Real en el Burj Al Arab en Dubái, Emiratos Árabes Unidos (25.000 dólares por noche)
• El Grand Resort Lagonissi, Grecia (villas situadas en el mar Egeo)
• El Mandarin Oriental, Bombay, India
• De compras en Harrods en Londres
• De compras por Rodeo Drive, Beverly Hills, California
• Suites de hotel en el Hotel de Paris, Montecarlo, Mónaco
• Juegos de azar en el Casino de Montecarlo, Mónaco
• De compras en Montecarlo, Mónaco
• Suite presidencial del Grand Wailea, Maui, Hawái
• Casa en una playa privada, Kona, Hawái
• Choferes de vehículos Bentley, Rolls-Royce, Mercedes-Benz, Range Rover,
Maserati
• Vestuario de Versace, Salvatore Ferragamo, Gucci, Bijan
• Accesorios de Louis Vuitton, Prada, Breitling, Chanel, Hermes, D&G.

Los ricos que disfrutan de las cosas más refinadas de la vida miran esta lista y se encogen de hombros. Tal vez incluso la gente con un nivel de ingresos modesto dice: «No es para tanto, ya veo que disfrutaste de la buena vida». Ambos tienen razón al considerarlo con indiferencia, hasta que recordamos que esto se pagaba con donaciones de personas desesperadas que creían que dando a un predicador de la prosperidad su dinero haría que ellos también tuvieran ese estilo de vida. Algo más desgarrador es que algunos de estos donantes esperaban ver un aumento de cincuenta centavos por encima de su salario mínimo como una bendición de Dios por haber sembrado su semilla. La gente que trabajaba más duro eran los pobres que apenas llegaban a fin de mes, pero que nos lo daban todo a nosotros.

Un día, mientras visitaba una librería cristiana, me encontré con un libro grueso titulado The Confusing World of Benny Hinn. Sus autores pasaron muchos años recopilando cientos de citas de mi tío y explicando bíblicamente por qué era un hereje. Suspiré. «Ya están otra vez los perros guardianes cristianos». Ya había oído a Hank Hanegraaff, «el hombre de las respuestas bíblicas», criticar a mi tío en la radio. Y yo había sido testigo de la burla de amigos en la escuela cuando se quitaban las chaquetas y se derribaban unos a otros con ellas. Pensé que era otro intento más de calumniar a mi familia. Pero algo dentro de mí sentía curiosidad. Compré el libro. Hasta ese día, rebosaba de confianza, el dinero no era un problema y las críticas me pasaban por encima gracias a la influencia global que mi familia sabía que tenía. «¿A quién le importa lo que diga la gente? —me decía a mí mismo—. Nuestra familia es la más ungida del mundo». Pero, al mirar el libro en mis manos, me pareció que pesaba cincuenta kilos. Esa noche, toda mi casa estaba oscura, excepto por la luz de lectura junto a mi cama. Alternando entre mi marcador amarillo favorito y un bolígrafo de punta fina, pasé la noche en vela y devoré el libro. La idea central del libro enseñaba que a Dios no le gustan los líderes que van por ahí mintiendo a la gente en su nombre. Deuteronomio 18.21-22 ordena a los hijos de Israel específicamente que no confíen ni teman a alguien que profetiza con falsedad: «Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él». A continuación, los autores detallaban una serie de profecías incumplidas del tío Benny.

Después de que se publicara un artículo sobre mi historia de conversión en Christianity Today en el otoño de 2017, recibí correos electrónicos, tuits y mensajes de Facebook de personas de todo el mundo. Esta gente me contaba cómo sus vidas habían quedado destrozadas por culpa de la vida y ministerio de mi tío. Muchas eran historias de esperanza porque estas personas también habían sido rescatadas del engaño, pero otras muchas habían sufrido abusos tan brutales que me hervía la sangre mientras leía sus palabras de dolor. Su estado emocional, después de todo lo que habían pasado, reflejaba de cerca a alguien que sufre trastorno de estrés postraumático (TEPT). Un hombre, a quien recordaba bien de mis días de trabajo con mi tío, me escribió para pedir oración. Viajó a muchas cruzadas de sanación y fue un creyente entusiasta en mi tío. Me explicó que su esposa y él no podían tener hijos, pero se les dijo que sembraran una semilla de fe en el ministerio de mi tío y que Dios les daría un bebé. Dieron un donativo: no pasó nada. Lo hicieron una y otra vez, y al final tomaron todo lo que tenían en sus ahorros y lo ofrendaron, esperando que Dios les concediera un bebé, su petición suprema, si hacían el sacrificio financiero supremo. Se me rompió el corazón al leer el mensaje, pues sabía que al final esta pareja se quedó arruinada y mi tío estaba aprovechándose de sus ahorros. Afortunadamente, ese hombre y su esposa dejaron de seguir el evangelio de la prosperidad y encontraron la verdadera fe en medio de su sufrimiento, pero el daño causado por la enseñanza abusiva dejó cicatrices que nunca olvidarán.

Elly Achok Olare es un pastor en Kenia que en su día fue predicador del evangelio de la prosperidad y de la Palabra de Fe. (Palabra de Fe es el nombre de una teología que enseña que se puede obtener riqueza material y sanidad «llamándolas a la existencia». Tergiversa el tipo de confesión que vemos en la Biblia con respecto al pecado, y dice que la confesión no solo salva, sino que te permite obtener cualquier cosa que desees). Su relato de cómo Dios lo salvó de la vida que él y su esposa estaban llevando te parte el corazón. Acerca de los sucesos que llevaron a su conversión, Olare escribe sobre una de las experiencias más desgarradoras:

-En 2003, mi esposa y yo perdimos a nuestra primera hija, Whitney. Yo creía que el «espíritu de la muerte» me había vencido. Mi esposa, que también estaba inmersa en la Palabra de Fe, y yo quedamos perplejos. ¿Cómo pudo Dios dejar que el diablo nos venciera así? Personas bien intencionadas de la iglesia sugirieron que nuestra calamidad podría deberse al pecado en nuestras vidas, o a una maldición, o, como yo creía, a una falta de fe. Mi afligida esposa y yo pasamos meses arrepintiéndonos de un posible pecado oculto. También buscamos respuestas en nuestras familias por si hubiera una maldición generacional, una enseñanza importante y muy extendida en el movimiento de la Palabra de Fe.
Durante este tiempo de confusión interna, mi esposa quedó embarazada de nuevo. Y en la soleada tarde que llevamos a casa a nuestro hijo recién nacido, Robin, estábamos eufóricos por el triunfo de un bebé sano. Pero las siguientes veinticuatro horas se convirtieron en el momento más oscuro de nuestras vidas. Cuando Robin desarrolló complicaciones, entramos en una frenética guerra espiritual junto con una amplia red de amigos que intercedieron ante Dios por nosotros. Esta vez no nos sorprenderían con la guardia baja. Nuestra fe nos aseguraba que el diablo no se llevaría a Robin. Recurrimos a los que nos daban seguridades «proféticas»: solo se permitía la vida; la muerte no era lo que nos correspondía. Pero la noche se complicó más. En aquel entonces, mi esposa creía que tenía un don profético. Esa noche, sus visiones le mostraron a Robin jugando felizmente en el barro, y a un Robin adulto dirigiéndose a miles de personas como predicador internacional. Entre lágrimas, compartió conmigo estas imágenes en presencia de guerreros de oración reunidos en nuestra pequeña casa. Después de la medianoche, cuando el estado de Robin empeoró, una nueva palabra profética exponía el error de la Palabra de Fe indicando que su curación estaba ahora en las manos de un médico. Salí de casa con mi bebé en brazos y buscando el hospital. A las tres de la madrugada, el doctor me miró a los ojos y me dio la peor noticia posible. Robin estaba muerto.
Llevé el cadáver de mi hijo a casa con mi esposa. Aunque estaba exhausta, levantó la mirada y me dijo «Papi», una cariñosa expresión que nunca había usado. «El niño ya está bien —continuó—. Tráemelo, quiero darle el pecho». Aquella oscura mañana grité desde lo más profundo de mi ser mientras mi esposa y yo peleábamos por el cuerpo de Robin. Habíamos creído tener poder sobre la mismísima muerte. La oración para que nuestro hijo resucitara de entre los muertos se convirtió en un circo que solo sirvió para agudizar nuestro dolor. Mientras mi mundo se derrumbaba, me asaltaban sentimientos caóticos. En cierto momento le grité a Dios decepcionado porque me había vuelto a fallar. Había ejercido una fe tremenda; ¿cómo podía Dios permitir que esto sucediera?
Luego vinieron varios abortos espontáneos tempranos. Sin respuestas, estábamos desconcertados con respecto a Dios, cuyos caminos ya no tenían sentido para nosotros. Aunque la fe ya solo era un espejismo, mantuvimos las apariencias, tratando de fingir que no estábamos desesperados. Sin embargo, por dentro nos sentíamos llenos de dudas, desesperanzados, incluso malditos. ¿Cómo podíamos compatibilizar estas cosas malas con un Dios bueno? Nuestra enseñanza de la Palabra de Fe nos decía que el sufrimiento de Job era consecuencia de su confesión negativa: «Jehová dio, y Jehová quitó» (Job 1.21). Pero, ¿cómo podemos entender que el mismo Pablo cayera enfermo (Gá 4.13) y, sin embargo, se regocijara en sus aflicciones (2 Co 12.10)? ¿Cómo podíamos seguir conciliando este retrato con los modernos «superapóstoles» que mercadean con la salud y la riqueza en sus libros, DVD y megaencuentros?
En mi crisis de fe y enojo con Dios, juré que dejaría el ministerio. Me sentía como un fraude por predicar un «evangelio» que no funcionaba. Dios se había convertido en un enigma, y la fe, en un laberinto.

¿De dónde salió el evangelio de la prosperidad?

El evangelio de la prosperidad hunde sus raíces teológicas en lo que se denomina Nuevo Pensamiento,  que se basa en la idea de que la mente es la clave para desbloquear tu verdadera realidad. Este movimiento se remonta al siglo XIX, y, aunque varias personas desempeñaron un papel importante en su difusión, se puede decir que la más influyente es Phineas Quimby (1802-1866). El padre del Nuevo Pensamiento era un filósofo, hipnotista y espiritista estadounidense. No afirmaba estar en consonancia con el cristianismo clásico ni con las enseñanzas ortodoxas de la Biblia, pero sus filosofías invadieron la teología cristiana. Las creencias de Quimby relevantes a este tema pueden resumirse de la siguiente manera:
• Toda enfermedad y toda dolencia tienen su origen en la mente.
• Se puede obtener sanación con el pensamiento correcto.
• Quimby creía que él había descubierto los métodos secretos de curación de Jesús.
• Jesús era un hombre normal que utilizaba métodos de control mental para sanar.
• Quimby negaba la resurrección corporal de Jesús.
• La hipnosis es la clave para la curación.

Aunque Quimby no era cristiano ni pastor, sus filosofías se han extendido por todo el cristianismo como un reguero de pólvora. Esto se debe sobre todo a los pastores que tomaron prestadas las ideologías de Quimby para sazonar el material de su ministerio, comenzando con Norman Vincent Peale (1898-1993), pastor de la Marble Collegiate Church en la ciudad de Nueva York. Peale publicó un libro en la década de 1950 titulado El poder del pensamiento positivo, que contribuyó a que las creencias del Nuevo Pensamiento se extendieran aún más. El cristianismo estadounidense presenció el paso del caballo de Troya por las puertas de la ciudad.

Luego llegaron hombres como E. W. Kenyon (1867-1948), que no sostenía explícitamente el Nuevo Pensamiento en su teología, pero introducía esa ideología en sus enseñanzas. Kenyon es el maestro más influyente en la vida del infame Kenneth E. Hagin (1917-2003), quien llegó a ser un icono de la teología de la Palabra de Fe y un polémico predicador. Hagin, a su vez, fue el padre espiritual del autoproclamado predicador multimillonario Kenneth Copeland (1936). Durante el mismo tiempo, Oral Roberts (1918-2009) encabezó con firmeza la explosión del teleevangelismo y de los predicadores de la prosperidad que eran como estrellas de rock y que decían sanar a los enfermos y hacer llover las bendiciones de Jesús. Estos hombres se convirtieron en los nombres más conocidos para la teología de «nómbralo y reclámalo» y el evangelio de la prosperidad. Hoy, son venerados como héroes de la fe por mi tío Benny, Joel Osteen (cuyo padre, John Osteen, adoraba a Kenneth Hagin), Joyce Meyer, Maurice Cerullo y muchos otros.

¿Cómo se hizo tan popular el evangelio de la prosperidad?

Esto todavía no responde a la gran pregunta: ¿cómo es posible que esta estafa que se hace pasar por cristianismo se haya hecho tan popular? Una cosa es saber de dónde vino pero es igual de importante ver cómo llegó a engañar a tanta gente. El evangelio de la prosperidad apela al profundo anhelo de paz, salud, riqueza y felicidad de todo corazón humano. No hay nada malo en querer una vida buena y feliz, pero el evangelio de la prosperidad usa a Jesucristo como un peón en su engaño sobre enriquecerse al instante. El evangelio de la prosperidad vende la salvación y una falsa esperanza. Pero la paz verdadera y duradera solo puede encontrarse por medio de la fe en el Señor Jesucristo.
El impulso moderno del evangelio de la prosperidad comenzó en la década de 1950. Nacido en 1918, Granville «Oral» Roberts fue, en muchos sentidos, el pionero del evangelio de la prosperidad de la era moderna. Pasó de ser pastor a construir un imperio multimillonario basado en una premisa teológica principal: Dios quiere que todas las personas sean sanas y ricas. Oral Roberts no se anduvo con rodeos sobre su versión de Jesús o del evangelio. Él enseñó y defendió categóricamente su creencia de que el principal deseo de Jesús es que prosperemos materialmente y tengamos salud física a la par de su paz y poder en nuestras almas. Oral Roberts tergiversó la Biblia para demostrar su punto de vista. Por ejemplo, enseñaba que fue Jesús quien dijo en 3 Juan 1.2: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma». Para empezar, fue Juan quien escribió esto, no Jesús. Segundo, Juan no le está diciendo a Gayo (el destinatario de la carta) que Dios quiere que sea sano y rico. Esta era simplemente la manera en que el apóstol Juan saludaba con amor a Gayo. El saludo de Juan es como enviar un correo electrónico que comienza diciendo: «¡Hola! Espero que te vaya bien». Al pertenecer a una familia de Oriente Medio, estoy muy familiarizado con los elaborados saludos y despedidas de esa cultura. No es raro que nos saludemos unos a otros y nos digamos adiós con expresiones profundas como las de Juan. Este versículo no es algo sobre lo que construir toda una postura religiosa. ¡No es más que un saludo!

Mientras tanto, muchos otros factores facilitaron la difusión del evangelio de la prosperidad, demasiados como para abordarlos aquí. Pero, para iluminar al lector, presentamos tres que lo harán reflexionar:

1. La tecnología: los avances en los medios de comunicación permitieron a los maestros difundir su versión del evangelio más rápido que nunca. De América a África, las audiencias globales estaban recibiendo el evangelio equivocado por televisión, radio y, hoy en día, en la palma de la mano. Un mensaje predicado con tanta frecuencia parecía legítimo y apelaba a sus necesidades materiales. ¿Cómo puede un misionero en el nivel más bajo del campo misionero competir con un predicador que usa un Rolex para convencer a la gente noche tras noche de que el evangelio de la salud, la riqueza y la felicidad los hizo ricos?

2. El movimiento de los buscadores: durante los últimos cuarenta años, las iglesias dirigidas a los buscadores dominaron el paisaje cristiano en Estados Unidos. Una iglesia dirigida a buscadores es aquella que se dirige a los intereses de personas que no tienen interés en la iglesia. Esto parece una gran idea, pero los métodos usados para hacer que la gente venga a la iglesia y mantenerla en ella tienen poco que ver con la Biblia. Como dice el viejo refrán: «Cómo los metes en la iglesia es cómo los mantienes en la iglesia». Para la iglesia orientada a los buscadores, los entretenidos espectáculos al estilo de Broadway casi reemplazaban el sermón, y se tocaba música secular en la adoración para hacer que los no cristianos se sintieran más cómodos. ¿Y puedes adivinar lo que se filtró en el mensaje de estas iglesias? El evangelio de la prosperidad. Jesús, en el movimiento de los buscadores, era un hombre blanco de ojos azules que mejoraba tu vida ofreciéndote el sueño americano. Las iglesias de buscadores no hablaban sobre el pecado, el arrepentimiento o los momentos difíciles. La dura verdad (no importa con cuánto amor se presentara) era mala para el negocio. Un evangelio más suave significaba mensajes más suaves. Todo estaba orientado a hacer que la gente se sintiera bien. Como un amigo que nunca te dice la cruda verdad, el movimiento de los buscadores falló a la hora de ser fiel en predicar todo lo que Jesús enseñó. Como resultado, las iglesias se llenaron con una asistencia récord. La gente amaba al Jesús orientado al buscador porque era muy fácil de seguir y ofrecía un pasaje dorado al cielo. Cuidar del rebaño de Dios alimentándolo con la verdad pasó a ser una complacencia corporativa para que la gente siguiera asistiendo. No se desafiaba a las personas a profundizar y a ejercitar el discernimiento. En su lugar, por muy bien intencionado que fuera el esfuerzo, buscaban la unidad a costa de la verdad, y las consecuencias fueron nefastas. Iglesias como Willow Creek admitieron abiertamente haber creado cristianos bíblicamente analfabetos por más de dos décadas antes de abordar el problema en 2008.

2 Este es un pequeño ejemplo del panorama general. Millones de cristianos estadounidenses no estaban aprendiendo de la Biblia, estaban siendo entretenidos. ¿Cómo podían oponerse al error si no conocían la verdad? ¿Cómo podían tomar en serio la doctrina si sus líderes no lo hacían? ¿Cuándo sabrían defender la verdad si sus pastores evitaban adoptar una postura?

3. Concesiones al consumismo: seamos honestos y preguntémonos cuántos predicadores de la prosperidad son ahora publicados por las grandes editoriales. Una editorial importante tuvo que rechazar el manuscrito de este libro. Aunque estaban interesados, habrían sufrido una gran controversia porque cuentan con cuatro autores del evangelio de la prosperidad reconocidos mundialmente que mantienen su negocio boyante. ¿Cuántos libros del evangelio de la prosperidad hay en los estantes de las principales librerías y tiendas cristianas? ¿Cuántas conferencias traen a predicadores famosos, aunque prediquen el evangelio de la prosperidad, porque llena los asientos? En última instancia, es algo muy lucrativo para las empresas cristianas. Libros, seguidores, productos e influencias equivalen a dólares de ganancias. No es lo ideal, pero es el mundo orientado al consumidor en el que vivimos hoy en día.

Permíteme ir un poco más allá de estos tres factores. Esto puede doler un poco, pero tenemos que quitarnos la venda: ¡esto lo hicimos nosotros! Con nosotros, me refiero a todos los que profesamos ser cristianos. Como colectivo hemos desempeñado algún papel en el surgimiento de la teología de la prosperidad en algún momento. Ya sea por el silencio pasivo o por la participación activa, permitimos que los falsos evangelios se establezcan. Necesitamos asumir juntos la responsabilidad, lo creamos o no, de erradicar males como el evangelio de la prosperidad. Eso comienza con el compromiso de defender el verdadero evangelio a toda costa.

Por el momento, el evangelio de la prosperidad ha llegado para quedarse y se está extendiendo por todo el mundo, perjudicando al verdadero evangelio de Jesucristo. Es un mal que se presenta como una bendición, pero es realmente una maldición. Parece ser una extensión amorosa de la bondad de Dios, pero podría decirse que es el tipo más odioso y abusivo de falsa enseñanza que aflige a la iglesia en la actualidad.

Costi W. Hinn (sobrino y ex colaborador de Benny Hinn) de su libro ‘Dios, la Avaricia y el Evangelio (de la Prosperidad)’ –  Resumido para Diarios de Avivamientos

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Leonard Ravenhill – Biografía completa en español –

Biografía de grandes cristianos del S. XX

La vida de Leonard Ravenhill –

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Leonard Ravenhill – A la luz de la eternidad – Biografía

En 1927 a los veinte años, Leonard se unió al ministerio de la Misión de Santidad de Leeds. Fue por esta época que un hombre le dio a Leonard una copia de la Vida de David Brainerd. Este fue el libro del que John Wesley escribió a su hermano Charles: “Charles, asegúrate de que cada uno de nuestros jóvenes predicadores obtenga una copia de la vida de David Brainerd y la lea”. Este libro fue una influencia que cambió la vida de Ravenhill. Fue una sacudida espiritual para él. Él vio la vida de oración de Brainerd como nada menos que increíble. No conocía a nadie que orara como Brainerd doscientos años antes. Cuando leyó sobre la vida del joven misionero, se echó a llorar: “Siempre me han dicho que este tipo de cosas habían terminado con el cierre de la era del Nuevo Testamento. Pero si Brainerd podría tener una vida de oración como esa, entonces, por la gracia de Dios, yo también.”

Leonard comenzó a ir al bosque para pasar tiempo en oración. Hizo esto muchas noches solo. Una noche subió a unas rocas y miró hacia la ciudad. Cuando vio las luces de la noche centellear en Leeds, levantó las manos al cielo y oró: “Señor, lloraste sobre Jerusalén, así que te pido que me des lágrimas. Quiero estar preparado para llorar hasta que traigas el avivamiento. ¡Oh, Señor, así como lloraste sobre Jerusalén, por favor, dame lágrimas! Por favor, no me dejes morir sin ver un verdadero avivamiento del Espíritu Santo”.

Leonard estaba siendo cada vez más enseñado por el Señor y estaba aprendiendo lecciones de fe y obediencia. Una lección principal fue que estaba aprendiendo a confiar en Dios para sus necesidades diarias en todas las cosas. Desde los cinco hasta los dieciocho años, Leonard fue todos los jueves al hospital para recibir tratamiento de una enfermedad de la piel, que le afectaba desde que tenía un año de edad. Una noche le pidió a su pastor que lo ungiera con aceite porque quería que Dios lo sanara. Leonard dijo: “Incluso si usted no cree en la curación divina, ¿qué hay de Santiago capítulo cinco?”. Lo ungieron con aceite y oraron por él. A partir de ese momento, la enfermedad visible de la piel desapareció.

Regresó a su trabajo de fábrica al día siguiente y declaró: “Anoche me curé”. Un compañero de trabajo dijo: “Estás loco. ¿Qué quieres decir con que estás curado?” “Bueno, he estado yendo al hospital todos los jueves para recibir tratamiento durante años”, respondió. “Sí”, dijeron, “desde que viniste a trabajar aquí cuando tenías trece años. Sabremos si está curado o no cuando no tengas que ir al hospital”. Leonard nunca más tuvo que regresar al hospital. La única evidencia de que alguna vez tuvo la enfermedad fue una pequeña cicatriz en el cuello que permaneció hasta su muerte.

A los dieciocho años, Ravenhill tuvo una poderosa experiencia de ser lleno del Espíritu Santo. Rara vez habló mucho de esta experiencia en años posteriores y, desde luego, no le importaba qué terminología se usara, si se llamaba bautismo, llenura o unción. Lo más importante para él era que tenía el poder de una manera que cambió radicalmente su vida cristiana y su futuro. Sus últimos años de adolescencia fueron años de sólido crecimiento en gracia. Su lectura de las Escrituras y su vida de oración adquirieron consistencia y realidad que sentaron las bases para el resto de su vida y ministerio.

Punto de inflexión

Cuando llegó 1930, Leonard, de veintitrés años, trabajaba como sastre consumado en Burton Tailor Works . Al mismo tiempo, estuvo cada vez más involucrado en el servicio cristiano con la Misión Internacional de Santidad, un ministerio evangelístico que trabajó en todas las islas británicas. Un día, al final de su turno de trabajo, cuando estaba recortando material para un nuevo traje, Leonard de repente tuvo una profunda sensación de la presencia convincente de Dios de que debía abandonar su trabajo de inmediato. Las palabras ‘Sígueme‘ fueron tan fuertes que se preguntó si alguien más había escuchado una voz audible: “Bajé las tijeras de sastre, me quité la cinta métrica de los hombros, junté las manos en esa fábrica de ocho mil personas y dije: “Señor, te seguiré; no solo no retrocederé, sino que ni siquiera miraré hacia atrás”.

Esa noche Leonard escribió al Cliff College cerca de Sheffield en Derbyshire. Sabía de la reputación de ese colegio. Sabía que la atmósfera del Cliff era un lugar de piedad y autodisciplina. Sobre todo, sintió que Dios lo estaba guiando para solicitar la admisión. Fue aceptado como estudiante poco después e hizo sus planes de salir de casa por primera vez. Había leído las palabras de Jesús muchas veces: “Nadie que ponga su mano en el arado y mire hacia atrás es apto para el reino de Dios. ”(Lucas 9:62) Cuando Leonard puso su mano en el arado de la obediencia, nunca miró hacia atrás.

Desde su creación, el Cliff Colege ha enviado a muchos graduados al ministerio misionero y evangelístico en todo el mundo. Varios estudiantes de Cliff sirvieron en la Misión al Interior de China de Hudson Taylor  (en el interior de China y también en otras naciones). El director de Cliff College en ese momento era Samuel Chadwick, el destacado predicador metodista inglés.

La vida de Ravenhill estuvo tan permanentemente influenciada por Chadwick que aquí es importante saber algo de su vida y ministerio. En su adolescencia, Chadwick se dio cuenta de que Dios lo estaba llamando al ministerio del evangelio. No se resistió, pero se dispuso a trabajar diligentemente para compensar las oportunidades educativas perdidas. Prácticamente no tenía educación y su gente era pobre, pero dio prueba de su llamado al convertirse en un estudiante serio y extenuante. Trabajaba desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, pero a las siete en punto estaba con sus libros durante cinco horas, luchando por la gramática y la aritmética, la geografía y la historia, la teología y la Biblia. En 1883, a los veintitrés años, ingresó en Didsbury Theological College y se destacó en sus estudios. El ministerio de predicación de Chadwick fue una poderosa influencia en todas las islas británicas.

En años anteriores, Leonard escuchó a Chadwick predicar cuando era pastor de la Oxford Place Church. Chadwick había llevado el pastorado allí durante un período financiero difícil para la iglesia. Había mil asientos vacíos en el gran auditorio de la iglesia, por lo que Chadwick llamó a la iglesia a un compromiso de oración. En los siguientes tres años, mil quinientas personas fueron agregadas a la iglesia sin trucos ni entretenimiento. Toda la ciudad de Leeds conocía el poder del ministerio de Chadwick. Su predicación fue una de las principales respuestas al creciente secularismo de aquellos en la ciudad que públicamente se burlaban de la fe cristiana. Una de las críticas fue que la mayoría de las iglesias protestantes estaban disminuyendo su asistencia cada vez más, lo que demostraba que el cristianismo no tenía nada que ofrecer para los tiempos modernos. Todas las iglesias estaban disminuyendo, excepto Oxford Place. Fue bajo un predicador tan sobresaliente y un hombre piadoso que el joven Ravenhill deseó prepararse para el ministerio del evangelio.

Cuando Chadwick enviaba a los jóvenes predicadores a las iglesias, los fines de semana, les daba una breve exhortación y oraba con ellos. Sus palabras finales se convirtieron en un lema regular: “Ve, y que el diablo te acompañe. ¡Porque si el diablo no va y se opone a ti, entonces no vale la pena enviarte!

Leonard Ravenhill y los evangelistas caminantes

Con respecto a la vida de oración de Chadwick y su influencia sobre los demás, Leonard dijo más tarde: Siempre estoy agradecido de que Samuel Chadwick haya escrito El camino de la oración. Estoy más agradecido de haberlo escuchado hablar de oración, y sobre todo agradecido porque él oró. Gran teólogo que era, y gran maestro en el púlpito. Sin embargo, al igual que su Maestro, él era preeminentemente un hombre de oración.

Después de abandonar Cliff College en junio de 1931, Leonard entró de inmediato en la evangelización a tiempo completo, trabajando con Maynard James y otros jóvenes evangelistas que se habían unido al trabajo de la Misión de Santidad: “El objetivo de la Misión de Santidad es proclamar a un mundo perdido la verdad de la salvación total. La regeneración para el pecador, y el bautismo del Espíritu Santo y el fuego que es el privilegio de cada creyente, y que se hará de manera efectiva en cada pueblo y aldea en toda la tierra”.

Comienzo del ministerio de Leonard Ravenhill

Fue en Cliff College en 1931 que Leonard fue invitado a participar en un ministerio que dio forma a sus años futuros. Samuel Chadwick tuvo una visión de un ministerio evangelístico más amplio a través de equipos de jóvenes evangelistas que viajaban por las Islas Británicas para llevar el evangelio a las masas no creyentes de la sociedad. un ministerio conocido como trekking , que ya había sido utilizado en Gran Bretaña entre algunos ministerios evangelísticos. Trek es una palabra  que significa emigrar, caminata ardua,  viajar largas distancias, cruzar el país a pie en un largo viaje. Chadwick lo expresó así:

La visión es enviar grupos de hombres jóvenes, llenos de fe y del Espíritu Santo, para predicar a Cristo a las multitudes que no han sido alcanzadas ni buscadas por las iglesias. No recibirán salario, pero saldrán a medida que sean guiados y vivirán por fe. No se levantarán ofrendas, no se solicitarán suscripciones, y no se solicitarán favores. Caminarán de un lugar a otro para predicar, testificar y cantar en las calles, los mercados, el pueblo, el campo verde y las playas, dependiendo de Dios para todo, y durmiendo donde sea que se encuentre un refugio.

¿Cómo funcionaban los equipos? Los ‘caminantes’ viajaban a pie de pueblo en pueblo, llevando a cabo misiones de predicación.  Llegarían a una ciudad, a veces invitados y a veces sin invitación, se quedaban generalmente durante tres semanas. Su trabajo incluía la predicación evangelística al aire libre en parques, en las esquinas de las calles y en los mercados de la ciudad, así como la evangelización personal diaria:

Durante todo su viaje predican y testifican, y en todas partes ven hombres y mujeres convertidos. Cada año en números crecientes, pero de la misma manera simple, los Cliff Trekkers (caminantes de Cliff)han tomado el camino. En grupos de ocho a diez, han recorrido miles de millas. Han dado testimonio en zonas verdes de los pueblos y plazas de mercado, y en playas, y pistas de carreras llenas de gente de todo tipo. Hombres y mujeres, que vivían separados de Dios y su iglesia, sin ningún provecho para la religión, han sido cautivados por su mensaje y convertidos de manera salvadora. Los jóvenes, que fueron criados en hogares cristianos y criados en religión, sintiendo la atracción de su mensaje real y alegre, han sido llevados a confesar a Cristo y encontrar una experiencia personal de él. Puede que te encuentres con los Trekkers (evangelistas caminantes)  en el camino algún día. Habrá de ocho a diez de ellos, muchachos felices, bronceados por el sol, vestidos de color caqui, tirando de un carrito con utensilios de cocina. No se sabe hasta dónde han llegado. Ellos estarán cantando, siempre cantando, ya que son trovadores del Señor. Marcharán con certeza deslumbrante y los conocerás por sus aleluyas, porque la suya es una cruzada de evangelismo alegre y sacrificado. Si los ayudas, se regocijarán, pero no pedirán favores y terminarán su campaña con lo suficiente para comprar nuevas ruedas de carro para la campaña del próximo año. Su vida es un romance de providencia.

Leonard Ravenhill - Biografia

Leonard tenía vívidos recuerdos de sus comienzos en el ministerio incluso después de cincuenta años:

Recuerdo que cuando salí de la escuela, estaba hirviendo por salir y predicar. Prediqué en Bristol, así como en Londres y New Castle. John Wesley solía ensillar su caballo en Bristol, viajar de allí a Londres, luego de Londres a Newcastle. Pero yo no tenía un caballo. No tenía auto ni bicicleta. Entonces caminé. Inglaterra no es un país grande, pero intentas caminar cuatrocientas millas y encontrarás que es bastante difícil. Luego lo volví a caminar. Me detuve en las aldeas, predicando sobre la marcha, con mi saco de dormir. Llamábamos a la puerta de una iglesia y preguntábamos: “¿Podríamos dormir en su iglesia? Tenemos sacos de dormir. “¿De dónde eres?” “del Cliff College”. “Sí, hemos oído hablar de Cliff College, así que eso estará bien”. Pero a veces nos sacaron bajo la lluvia. Disfruté cada minuto de esto. A veces no pudimos llegar a ninguna parte. Teníamos un carro y teníamos una tienda de campaña. Lo instalamos y dormimos en él por la noche. Nos echaron agua muchas veces y nos derribaron, ¡pero qué! No teníamos cinco dólares entre todos nosotros. Vivíamos casi todos los días con una rebanada de pan y la mitad de un tomate. Aprendí más de esos hombres de lo que aprendí antes o después. Veníamos de una reunión después de que nos arrojaran piedras o agua, conseguíamos una taza de chocolate caliente, una rebanada de pan, tal vez medio tomate y decíamos: “Bueno, chicos, a medianoche continuaremos orando”.

En un pueblo minero de West Riding, seis hombres salieron tambaleándose de un pub y se dirigieron a las reuniones evangelísticas al aire libre. Antes del final de la tarde, estaban sobrios y fueron encontrados arrodillados en oración con algunos de los líderes. Pero muchos dudaron de que alguna verdadera obra de gracia hubiera ocurrido entre ellos. Seis semanas después, algunos de los ‘caminantes’ regresaron para encontrar a esos seis hombres junto con otros seis, listos para pararse y dar testimonio en el mismo lugar donde se habían convertido. Los seis originales se convirtieron en el corazón y el alma de la iglesia metodista en esa ciudad. No fue solo el mensaje del ‘caminante’ lo que afectó a las personas. Su ejemplo y alegría fueron instrumentales en la salvación de las personas sin siquiera saberlo. Fue por el trabajo de trekking que floreció el ministerio de Leonard y su futuro comenzó a desarrollarse significativamente. Dios usó las labores de los “caminantes” de manera significativa. Hubo ocasiones en que Ravenhill y sus colegas vieron efusiones auténticas del Espíritu y numerosas conversiones.

Bolton 1931

La iglesia de Bolton fue una de las primeras iglesias de IHM (Misión de Santidad Internacional) establecidas. El Tabernáculo de Santidad Bolton nació a través de un movimiento del Espíritu Santo en el verano de 1931, el resultado de doce semanas de evangelismo local, por parte de varios evangelistas entre los que se encontraba Leonard.

Un registro de la historia de la iglesia proporciona detalles del comienzo de la obra de gracia:

En el verano de 1931, un grupo de hombres llegó al área de Daubhill en Bolton para predicar el evangelio de Cristo. Ya un grupo de cristianos de Westhoughton había ayudado a allanar el camino para esto mediante la distribución de literatura cristiana. Los predicadores erigieron una tienda de campaña en el antiguo mercado y comenzaron a testificar en el área, realizar servicios y orar por la bendición de Dios sobre la región necesitada de Bolton. Muchas personas salieron por curiosidad, muchas por una sensación de necesidad, y algunas solo para discutir. Pero para sorpresa de la gran mayoría, pronto se dieron cuenta de que esto era algo especial. Dios estaba revelando a muchos su necesidad de algo que antes no conocían, una paz que sobrepasa todo entendimiento. Se dieron cuenta de que la muerte de Cristo hace tantos siglos no era solo algo histórico, sino que estaba cambiando la vida humana en la actualidad. Pronto, la carpa fue reemplazada por una más grande para contener las crecientes multitudes diarias. La mayoría de las noches vieron verdaderas conversiones, para asombro de toda el área de Daubhill. Se celebraron reuniones al aire libre fuera de Tootal’s Mill temprano en la mañana y en los escalones del ayuntamiento, ya que el mensaje de gracia salvadora se transmitió a miles de personas, lo que resultó en reuniones prolongadas de la campaña. Durante tres o cuatro meses continuó. Era evidente que algo inusual estaba sucediendo. Algunos de los primeros conversos cuyas vidas cambiaron radicalmente todavía continúan hoy, habiendo “mantenido el rumbo” y han encontrado la gracia de Dios verdaderamente suficiente para todas las ocasiones y todas las pruebas.

Leonard Ravenhill - A la luz de la eternidad

Los equipos evangelísticos experimentaron grandes momentos de oración en varios lugares. Leonard recordó una vez especialmente:

En la tienda tuvimos una mujer que vino a nosotros un día. Vivía la vida más pobre de la ciudad y era la mujer más horrible que había visto en mi vida. Estaba vestida de negro y se veía tan miserable. Ella nos pidió que viniéramos a tomar una taza de té, así que fuimos. Fuimos a un departamento y subimos las escaleras. No hubieras dado un dólar por todo en la habitación. Las tazas y los platos estaban rotos. Ella comenzó a orar mientras se arrodillaba a un lado de la mesa. Miré a esta mujer con rasgos horribles y piel muy áspera, pero cuando abrió la boca, la gloria de Dios llenó esa habitación. Nunca lo he olvidado. No pude orar después de eso. He orado con muchos hombres de todo el mundo, pero la oración de esa mujer me conmovió profundamente.

Una poderosa obra de gracia ocurrió durante las semanas extendidas en Bolton. Las conversiones registradas fueron de poco más de mil durante el período de tres meses, aunque los evangelistas no intentaron enfatizar los números. Era muy evidente que estaba ocurriendo una obra divina, y hubo casos notables de sanidad divina otorgada soberanamente.

Leonard no fue comisionado u ordenado oficialmente por ninguna iglesia hasta 1937, cuando George Sharpe, un predicador metodista escocés que pastoreaba iglesias metodistas y congregacionales en los Estados Unidos e Inglaterra, dirigió el servicio para ordenar a Ravenhill y otros dos al ministerio del evangelio en el templo Calvary, Iglesia de Santidad. Aunque para Leonard ser verdaderamente enviado por Dios era mucho más importante que ser ordenado por hombres.

Ravenhill ahora estaba completamente comprometido con el trabajo de su vida. No sabía lo que le esperaba. Poco sabía él que veinte años más de predicación del evangelio y evangelismo fructífero le esperaban en las Islas Británicas, un ministerio de gran alcance que afectaría miles de vidas antes y después de la Segunda Guerra Mundial. Tampoco tenía idea de que más allá de Gran Bretaña le esperaba un ministerio mundial lejos de su amada patria.

Crisis y Transición

En 1934, la Misión Internacional de Santidad enfrentó una crisis en relación con cuatro evangelistas que ya habían trabajado con ellos durante varios años. En este caso, la crisis tuvo que ver con el tema de la práctica de los dones espirituales. La crisis fue puramente de naturaleza teológica y política dentro de la misión. Ese año, un pastor de IHM abrazó las opiniones y prácticas pentecostales que no estaban de acuerdo oficialmente con la posición doctrinal de la misión. Después de mucha discusión en la reunión del comité, se presentó una moción que requería que todos los miembros de la misión condenaran todas esas prácticas y prohibieran a cualquiera ejercer tales dones en cualquier forma. Maynard James y Jack Ford no pudieron estar de acuerdo con una posición tan rígida y se negaron a garantizar que apoyarían la nueva política. Cuando James y Ford se dieron cuenta de que Clifford Filer y Leonard Ravenhill estaban de acuerdo con ellos, los cuatro hombres supieron que tendrían que renunciar si querían someterse a la posición de liderazgo.
Está claro que la cuestión era tanto de doctrina como de conciencia con respecto a la posición de IHM de prohibir el uso de las lenguas. Ford, Filer, James y Ravenhill no afirmaron tener ese don, pero también creían que prohibírselas a otros era ir más allá de las Escrituras. L. Wain, líder del IHM, se refirió al ejercicio de las lenguas como “diabólico” y lo condenó en términos inequívocos. Pero los cuatro evangelistas no podían en buena conciencia apoyar tal punto de vista.

Juntos, los cuatro, anunciaron su decisión al liderazgo de la misión, lo cual fue una sorpresa y una decepción. El anuncio público llegó en el IHM Journal en diciembre:

Lamentamos anunciar que el Reverendo Maynard James, junto con los Pastores Jack Ford, Leonard Ravenhill y Clifford Filer han renunciado al Movimiento de Santidad Internacional. Recordamos sus servicios pasados con agradecimiento y lamentamos el paso que han tomado.

Fue un momento muy difícil para todos los involucrados. El IHM estaba perdiendo a algunos de sus mejores hombres y ahora enfrentaba una crisis real. Para Filer, Ford, James y Ravenhill, fue una nueva dirección monumental, ya que todos estaban decepcionados por el problema y sus ministerios fueron interrumpidos por un tiempo. Cuando los cuatro hombres lo vieron, sabían que su única opción era romper con la Misión Internacional de Santidad y lanzarse en una nueva obra evangelística. Pero, ¿cómo deberían proceder? La respuesta pareció llegar repentina e inesperadamente. Cuando varias de las iglesias de santidad se enfrentaron con la elección de con quién alinearse, las iglesias tuvieron que tomar una decisión clara:

Fue una crisis terrible. Maynard James amaba a los hombres mayores de la misión, pero sentía que él y sus tres amigos estaban haciendo la voluntad de Dios; Los principales líderes de IHM quedaron devastados, ya que de la noche a la mañana habían perdido a algunos de sus mejores pastores y predicadores, con la amenaza de que otros los siguieran. Las iglesias recién formadas también estaban en agonía. ¿Deberían permanecer leales a la Misión de Santidad o deberían separarse también? Oldham, Salford y Queensbury siguieron a los “rebeldes” y se fundó una nueva denominación llamada La Iglesia de Santidad del Calvario. Se hizo conocido por sus iniciales de CHC. 

Inesperadamente, aparte de la influencia de los cuatro predicadores, tres iglesias estuvieron de acuerdo con su posición y apoyaron a los hombres. A través de esta dirección providencial, Clifford Filer, Jack Ford, Maynard James y Leonard Ravenhill se establecieron como los fundadores del nuevo movimiento. No había tiempo para mirar atrás. Las iglesias necesitaban ser guiadas y el evangelio necesitaba ser predicado en campos cada vez más amplios. Ahora los cuatro eran los líderes de una pequeña nueva denominación llamada Iglesia de Santidad del Calvario, un movimiento que surgió como una obra soberana de Dios cuando unas pocas iglesias y sus ministros avanzaron para continuar propagando la llama. El CHC ahora nació, con Maynard James y Leonard Ravenhill como sus principales líderes.

Paul James, el hijo de Maynard, tiene claros recuerdos de los primeros años de ministerio de Leonard:

Leonard Ravenhill era un hombre ardiente e impetuoso, lo que significa que tenía una gran violencia espiritual y se movía con una fuerte vida y fuerza espiritual. Él tenía una gran personalidad. Estaba ardiendo por el Señor y rara vez se mantenía quieto cuando predicaba. Cuando yo era un niño pequeño, lo recuerdo caminando de lado a lado en la plataforma, a medida que se involucraba más y más en su mensaje. Estaba lleno de frases contundentes y frases memorables, tales como: “Esta generación de predicadores es responsable de esta generación de pecadores”

Continuará…

Todos los párrafos han sido extraído del libro A luz de la eternidad, la vida de Leonard Ravenhill – de Mack Tomlinson.

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¡Ay de aquellos que han de rendir cuentas por las almas!

Richard Baxter - Diarios de Avivamientos

“La libre confesión es la condición para la plena remisión; cuando el pecado es público, la confesión también debe serlo. Si los pastores de mi país solo pecaran en latín, me las habría arreglado para amonestarlos en latín, o me habría callado. Pero si pecan en su lengua materna, han de escuchar la reprimenda en ella. El pecado sin perdonar no admite ni descanso ni prosperidad, por mucho que nos esforcemos en taparlo; tarde o temprano nuestro pecado se descubrirá, aunque no nos demos cuenta. El fin de la confesión es reconocer el pecado, asumiendo la vergüenza que supone; y si es verdad que “el que confiesa y se aparta [de sus pecados] alcanzará misericordia”, no resulta sorprendente que “el que encubre sus pecados no prosperará”.

Demasiados que han emprendido la obra del ministerio se obstinan en el interés, la negligencia, el orgullo y otros pecados, de manera que nos vemos obligados a amonestarlos. Si viéramos que los tales se prestaran a reformarse sin esta reprensión, de buena gana evitaríamos publicar sus faltas. Pero cuando la amonestación resulta tan ineficaz que se ofenden más por ella que por el pecado en sí, y prefieren que dejemos de reprenderlos en lugar de dejar ellos de pecar, creo que es hora de usar un remedio más fuerte.

Pasar por alto el pecado de un pastor es fomentar la ruina de la Iglesia, ya que la depravación del pastor es la forma más rápida de viciar y descarriar la congregación. La forma más eficaz de fomentar la reforma es intentar reformar a los líderes de la Iglesia.

¡Tampoco podemos guardar silencio mientras tú ayudas a la gente a condenarse, trayendo confusión y peligro a la Iglesia por temor a ser bruscos contigo o disgustar a tu alma impaciente!

Si te hubieras dedicado a otra cosa, de manera que tus pecados solo te afectaran a ti mismo y te condenaras solo, no nos veríamos obligados a molestarte; pero si emprendes la labor del ministerio, tan necesaria para la preservación de todos nosotros, de manera que si te dejamos pecar libremente arriesgamos la pérdida de la Iglesia, no nos culpes por hablarte con más franqueza que delicadeza.

Consideremos en qué consiste la vigilancia de nosotros mismos.

 1.          Asegúrate de que la obra de la gracia salvadora sea completa en tu propia alma. Cuídate, no vayas a carecer de aquella gracia salvadora de Dios que ofreces a los demás, desconociendo la obra eficaz del Evangelio que predicas; y no sea que mientras proclamas al mundo la necesidad del Salvador, tu propio corazón lo desconozca y pierdas tu parte en Él y en los beneficios de su salvación. Cuídate de morir mientras avisas a los demás contra el peligro de muerte, y de morir de hambre mientras preparas su comida. Muchos han exhortado a los demás a no caer en el Infierno a la vez que ellos mismos corrían allá; más de un predicador que clamó muchas veces a sus oyentes para que escaparan de la condenación, está ahora en el Infierno. ¿Acaso resulta razonable imaginar que Dios le salvara a uno por ofrecer la salvación a los demás mientras él mismo la rechazaba; o por contar aquellas verdades a los demás que él mismo dejó de lado o de las cuales abusaba?

Créanme, hermanos míos; Dios nunca salvó a nadie por ser predicador, por muy capacitado que fuera, sino por ser justificado y santificado, y, por consiguiente, fiel en la obra de su Maestro. Por tanto, examina primero tu propia vida, y asegúrate de que eres lo que incitas a tus oyentes a ser, y crees lo que los persuades a creer, y acoges bien al Salvador que ofreces a los demás. Es terrible profesar la fe sin ser santificado, pero peor es el estado del predicador sin santificar. ¿No te hace temblar el abrir la Biblia, por si allí leyeras tu propia condena? Cuando escribes tus sermones, ¿se te ocurre pensar que estás trazando acusaciones contra tu propia alma? Cuando reprendes el pecado, ¡agravas el tuyo propio! Cuando proclamas ante la congregación las riquezas insondables de Cristo y su gracia, ¡estás publicando tu propia iniquidad al rechazarlas, y tu propia desgracia al perderlas! ¿Qué harás si, al persuadir a la gente a venir a Cristo, al sacarla del mundo e incitarla a una vida de fe y santidad, tu propia conciencia se despierta y te dice que todo lo que dices redundará en vergüenza para ti? Si hablas del Infierno, .hablas de tu propia heredad; si describes el gozo del Cielo, describes tu propia desgracia, ya que no tienes derecho a “la herencia de los santos en luz”. ¡Gran parte de lo que dices irá en contra de tu propia alma!

¡Cómo aumenta la desgracia morir en medio de la abundancia, y perecer de hambre con el pan de vida en la mano que tendemos a los demás, animándolos a comer! ¡Que los mismos medios de la gracia divina, instituidos como medio de convicción y salvación, sean nuestro engaño! Mientras tendemos el espejo del Evangelio a los demás para mostrarles el rostro de su alma, nosotros solo miramos la parte de atrás, que no refleja nada, o lo miramos de lado para ver una imagen distorsionada de la nuestra.

Cuando estas ideas hayan entrado en tu alma y obrado un poco para el bien de tu conciencia, te aconsejo que acudas a la congregación para predicar el sermón de Orígenes sobre el Salmo 50:16-17: “Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tú aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras“. Y cuando hayas leído este texto, que te sientes para exponerlo y aplicarlo con lágrimas, haciendo una confesión plena y libre de tu pecado y lamentándolo ante toda la asamblea, pidiendo sus oraciones para recibir el perdón y la virtud de la renovación, para que después pueda predicar un Salvador al que conoce personalmente, y hablar de corazón, elogiando las riquezas del Evangelio por experiencia propia.

¡Ay! Es un peligro y calamidad frecuente en la Iglesia el tener pastores inconversos y sin experiencia, y que tantos se hagan predicadores antes de ser cristianos, siendo santificados por el rito de la ordenación ante el altar como sacerdotes de Dios antes de santificarse por una entrega de corazón como discípulos de Cristo, de manera que adoran a un Dios desconocido y predican al Cristo que no conocen, orando por un Espíritu desconocido y recomendando un estado de santidad y comunión con Dios, y una gloria y felicidad que desconocen, y que probablemente nunca conozcan.

Una vez más, por tanto, quiero dirigirme a todo aquel que esté involucrado en la formación de los jóvenes, especialmente en la preparación para el ministerio. Si eres maestro o tutor, debes empezar y terminar con las cosas de Dios. Habla a diario a los corazones de tus alumnos sobre las cosas que deben suceder en sus propios corazones; si no, va todo perdido. Pronuncia a menudo palabras penetrantes en cuanto a Dios, el estado de sus almas, y la vida eterna. No digas que son demasiado jóvenes para comprenderlas o aplicarlas. No sabes el impacto que puedan tener. No solo el alma de un muchacho, sino muchas más pueden tener motivos de alabar a Dios por tu celo y diligencia y por las palabras oportunas. Tienes más oportunidades que otros para hacerles bien; tratas con ellos antes que alcancen la madurez, y te escucharán cuando no prestan oídos a ningún otro. Si están destinados para el ministerio, los estás preparando para un servicio especial a Dios. ¿Acaso no deben primero conocer al que tendrán que servir? ¡Imagínate lo triste que sería para sus propias almas, y qué desgracia para la Iglesia de Dios, si salen de tus manos con corazones vulgares y carnales, para emprender esa gran tarea espiritual!

2.         Asegúrate de predicarte a ti mismo los sermones que escribes antes de predicarlos a los demás. Probablemente se darán cuenta cuando has pasado mucho tiempo con Dios: lo que más ocupa tu corazón resonará más en sus oídos. Confieso que lo digo por mi propia experiencia lamentable; declaro ante el rebaño el malestar de mi propia alma. Cuando dejo enfriar mi corazón, la predicación resulta fría; cuando estoy confuso, la predicación también. Si nos alimentamos de errores o controversias inútiles, nuestros oyentes padecerán por ello. Si no te dedicas a diario a escudriñar tu propio corazón, desarraigar la corrupción, y andar con Dios -si no te ocupas en esto constantemente-, todo saldrá mal y tus oyentes morirán de hambre. Si finges el fervor, no puedes esperar una bendición de lo alto. Sobre todo, pasa mucho tiempo en la meditación y oración en privado. De allí saldrá el fuego celestial para encender tus sacrificios; recuerda que si abandonas tu deber, no serás el único dañado. Muchos otros saldrán perdiendo contigo.

3.         Asegúrate de que tu ejemplo no contradiga tu doctrina. No vayas a poner tropiezo ante los ciegos, para su ruina; no vayas a desmentir con tu vida lo que dices con la lengua, estorbando como nadie el éxito de tu propia labor. ¡Será un estorbo mucho mayor si te contradices a ti mismo; si tus acciones desmienten tus palabras, si edificas en un par de horas con la boca lo que te dedicas a derribar con las manos el resto de la semana! Así harás creer a los demás que la Palabra de Dios es un cuento de hadas, y que la predicación es mera palabrería. Es un error palpable de algunos pastores esta desproporción entre su predicación y su manera de vivir. Se esfuerzan mucho por predicar con exactitud, y no cuidan su estilo de vida. Les horroriza una palabra mal usada en un sermón, o alguna debilidad notoria -y no les culpo, por tratarse de un asunto santo y de mucha importancia- pero no se preocupan por las emociones, palabras y acciones mal empleadas a lo largo de su vida. ¡A cuántos he visto predicar con mucho esmero, y vivir descuidadamente! Se esfuerzan tanto por preparar sus sermones que pocas veces la predicación les parece una virtud, con tal que su lenguaje sea elegante; todos los autores retóricos que pueden encontrar les sirven para adornar más el estilo, y a menudo sus adornos más preciados son meras baratijas sin valor alguno.

Nuestros feligreses deben ser “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores”; de igual manera, nosotros debemos ser hacedores, y no tan solamente predicadores. Una doctrina práctica se predica en la práctica. Hermano, si tu propósito es salvar almas, ¡seguro que quieres hacerlo tanto fuera del púlpito como dentro! Si ese es tu propósito, vivirás para ello, y todos tus esfuerzos contribuirán a ese fin. Dirás en cuanto al dinero que tienes en el bolsillo, tanto como de las palabras que tienes en la boca: “¿De qué manera puedo gastarlo para el mayor bien, especialmente para las almas?”. ¡Ojalá que pensaras a diario cómo usar tu dinero, tus amistades, y todo lo que tienes para Dios, al igual que la lengua! Entonces veríamos los frutos de tu labor que nunca se verán de otra manera. Si piensas que tu ministerio acaba en el púlpito, pareces considerarte pastor solamente mientras estás allí. Si es así, creo que no eres digno de llamarte tal cosa.

Que tu vida condene el pecado, y persuada a la gente al deber. ¿Acaso querrás que tus feligreses cuiden más sus almas que tú mismo cuidas la tuya? Si quieres que rediman el tiempo, no lo malgastes tú. Si no quieres que su conversación sea de cosas vanas, asegúrate de hablar palabras, que tienden a ministrar la gracia a sus corazones. Ordena bien tu familia, si quieres que hagan lo mismo. No seas soberbio, si quieres que sean humildes. 

4.           Asegúrate de no cometer aquellos pecados contra los cuales predicas. Cuídate de criticar el pecado sin vencerlo, y de intentar eliminarlo en los demás mientras tú mismo eres su esclavo. ¡Ah, hermano mío! Es más fácil criticar el pecado que vencerlo.

5.           Finalmente, asegúrate de que no te falten las cualidades necesarias para la obra. El que quiere enseñar a los demás los misterios de la salvación no debe ser un bebé en la sabiduría. Aquel que tiene un cargo como el nuestro debe estar muy cualificado. Hay grandes dificultades teológicas que resolver, que atañen a los principios fundamentales de la fe. Hay muchos pasajes oscuros de la Palabra que explicar. Hay deberes en los cuales nos podemos descarriar a nosotros mismos y los demás si no estamos bien informados en cuanto al asunto, su propósito y la forma de cumplirlo. ¿Acaso puede hacer esta clase de trabajo un hombre inculto y sin experiencia? No es una carga adecuada para los hombros de un niño. Cada aspecto de la labor requiere gran habilidad; ¡y qué importante es cada parte! Me parece que predicar un sermón no es lo más difícil; sin embargo, se requiere gran capacidad para dejar clara la verdad, convencer a los oyentes, y alumbrar de forma irresistible y permanente sus corazones, grabando la Verdad en sus mentes y abriendo sus corazones a Cristo.

¡Cuántos duermen bajo nuestro ministerio porque nuestras lenguas y corazones están adormecidos, y no tenemos habilidad ni celo para despertarlos! ¿No te dicen el corazón y la razón que si te atreves a aventurarte en una obra tan alta como esta, no debes escatimar esfuerzos al capacitarte para ella? No bastarán los ratos perdidos de estudio para formar a un teólogo sano y capaz. Sé que la pereza ha aprendido a decir que todo estudio es vano, porque el Espíritu nos capacita completamente y nos ayuda en la tarea; como si Dios nos diera los medios para luego permitirnos desestimarlos; como si tuviera por norma prosperamos en la desidia, transmitiéndonos su sabiduría en sueños mientras dormimos, o llevándonos al Cielo para mostramos sus propósitos mientras nosotros no pensamos en nada, sino que perdemos el tiempo aquí en la Tierra. ¿Cómo se atreve uno, por pereza, a apagar el Espíritu, diciendo luego que el Espíritu le llevó a hacerlo? ¡Sería un ultraje, una vergüenza desnaturalizada! Dios nos manda ser en lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor

¡Hermano, no pierdas más tiempo! Estudia, ora, consulta y practica; son las cuatro maneras de aumentar tu capacidad. Cuídate de ser débil por negligencia propia, estropeando la obra de Dios con tu debilidad.”

Todos los párrafos anteriores son extractos del libro El Pastor Renovado (o Pastor reformado) de Richard Baxter.

Pastor Richard Baxter - Diarios de Avivamientos

Richard Baxter

Richard Baxter, Richard,  nació el 12 de noviembre de 1615; el pastor, evangelista y escritor más destacado en cuanto a asuntos prácticos y devocionales producido por el puritanismo. Logró cosas asombrosas en Kidderminster; Inglaterra nunca había sido testigo de un ministerio parecido. La ciudad abarcaba unos 800 hogares y 2000 personas. Cuando Baxter llegó, era ‘un pueblo ignorante, rudo y parrandero’, pero ese estado sufrió una dramática transformación: “La congregación solía estar completa [la iglesia tenía capacidad para 1000 personas], de manera que nos vimos obligados a construir cinco galerías[ … ]. Los domingos [ … ] se podía escuchar a cien familias cantando salmos y repitiendo sermones al pasar por las calles [ … ]; cuando llegué aquí había más o menos una familia por calle que adoraba a Dios y clamaba a su nombre y, cuando me marché, en algunas calles no quedaba ni una sola familia que no lo hiciera; todos, al profesar una piedad seria, nos hacían confiar en su sinceridad

Diarios de Avivamientos – 2019

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