Santidad vs. Soberanía

¿Por qué tenemos miedo de enfatizar la santidad? Esta es la pregunta que intentaremos responder, o mejor dicho “respondernos”, si es que logramos por un lado ser sinceros, y por otro evitar los fanatismos que nos llevan a cercenar aquel extremo al que tememos; ignorando que juntamente con él estamos arrancando el centro (que es donde deberíamos estar) lo que da por resultado que nos refugiemos en el extremo opuesto, que es igualmente malo.

Primeramente, debemos reconocer que es más fácil predicar sobre predestinación, libre albedrío, expiación, justificación, perseverancia, apostasía, dones, ministerios, escatología… que sobre santidad. Porque para los primeros puntos puedo usar mi Biblia intentando demostrar que tengo razón, en cambio para el último, debo usar mi vida para dar validez a lo que digo.

Siendo, pues, más fácil enseñar con la Biblia que enseñar con la vida, internet se ha convertido en la más grande escuela de teología de los últimos años; donde uno puede hablar como un ángel virtual y vivir como un demonio real, y tranquilo, nadie lo descubrirá. En esta “escuela de teología”, que es internet, cada uno demuestra lo mucho que sabe y esconde lo poco que vive; la materia “intimidad con Dios” no forma parte del currículum académico.

Esto nos lleva al siguiente razonamiento: el problema de la Iglesia actual no es de doctrina correcta sino de vida correcta. No es la mera falta de conocimiento, es falta de deseos de poner por obra lo que ya conocemos, y conocemos de sobra. No es ausencia de buena teología, es ausencia de buenos ejemplos. No necesitamos más teólogos, necesitamos más santos. Y aunque lo dicho pueda sonar a demagogia no lo es. Los que afirman que la crisis de la Iglesia, en la actualidad, se debe a un problema de “ausencia de correcta doctrina” están torciendo la realidad para su propio beneficio, quieren traer agua para su molino, nada más.

Nunca en la historia de la Iglesia, los recursos teológicos, la literatura cristiana y la enseñanza bíblica han alcanzado los niveles de acceso como en la actualidad; el que no aprende es porque no quiere, no porque no puede. Estamos sobresaturados de información, y tenemos recursos académicos que no terminaríamos de asimilarlos aunque Dios nos diese el don de Matusalén.

En los países de Latinoamérica el analfabetismo se ha reducido grandemente, la inmensa mayoría puede leer un libro, un tratado, o un sermón impreso y entenderlo medianamente. Y por si esto fuera poco, hay radios cristianas que llegan a la mayoría de los sitios donde no llega la TV cristiana, o internet. Lo dicho, ni en cien vidas podremos asimilar todos los recursos que tenemos a mano.

¿Que el evangelio de la prosperidad ha causado destrozos en Latinoamérica? Sí, pero no más de lo que ha causado en EEUU. ¿Y el problema es doctrinal? No. Los líderes que predican este falso evangelio no son personas ignorantes, tienen acceso a todo tipo de recursos para conocer la verdad. ¿Y los que lo siguen? También.

Son líderes corruptos (no en doctrina sino en vida) que tuercen las Escrituras (voluntariamente) para satisfacer su carnalidad (falta de santidad).

¿Y los que siguen a estos líderes? Dejemos que sea la Biblia quien responda:

2 Timoteo 4:3,4 Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos.

Estas personas, aunque tuviesen por maestros a Lutero, Calvino, Arminio o Jonathan Edwards y aunque les predicasen John Wesley, Spurgeon o Moody, ¡no soportarían la sana doctrina! Sencillamente no han muerto a sus propios deseos, y van a ir a buscar en otra parte la “doctrina” que se acomode a sus pasiones. No sufren ausencia de verdad, sino ausencia de amor por la verdad. Han aborrecido lo que conocían, pues se cansaron de ello, y han corrido detrás de otros amantes que les ofrecen “mayores placeres”.

En la naturaleza no se ha visto ovejas defendiendo a lobos, sin embargo en la Iglesia esto es asombrosamente frecuente, ¿por qué? Porque una oveja que vive en santidad buscará un pastor que viva en santidad, pero una oveja que piensa que la santidad es una opción y no un mandato terminará siguiendo al lobo; porque los lobos viven muy bien, van a donde quieren, hacen lo que les da la gana y satisfacen todas sus pasiones bajo la romántica luz de la luna. A las ovejas les está deslumbrando la vida de los lobos y quieren imitarlos.

Es interesante que siempre que usamos el texto: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento,”  lo desconectamos de su contexto. Este pasaje está en el libro de Oseas donde Dios acusa a Israel, en todo el contexto: de adúltera. Y adúltera es alguien que después de conocer a su marido conoce a otros amantes. “y se iba tras sus amantes y se olvidaba de mí, dice Jehová.” [Oseas 2:13] Y observen por qué razón los castigaría Dios: “Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras.” [Oseas 4:9] El problema de Israel no era desconocer la Ley, sino ser infiel, mala conducta y malas obras, eran iguales a sus sacerdotes. “No piensan en convertirse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen a Jehová.” [Oseas 5:4] Observen que el problema no era de doctrina correcta [ignorancia bíblica] sino de vida incorrecta [adulterio y fornicación espiritual] Y a menos que alguien me pueda demostrar que el adulterio se comete por ignorancia y no por voluntad propia; no tengo razones para creer que el problema de la iglesia es por falta de conocimiento intelectual, y no por obstinada rebeldía.

Pero que nadie se confunda, estas personas, aunque abracen la “doctrina correcta”, será solo como un abrigo que se ponen encima para cubrir su “vida incorrecta”.

Hubo un tiempo en la Historia de la Iglesia, que para ser aceptado en la sociedad había que ponerse el “manto de la doctrina católica”, y todo el que lo tenía puesto, podía moverse y vivir tranquilamente. Bueno, esto no pasó solo con el catolicismo, también con el luteranismo y productos derivados.

Hoy te preguntan ¿eres calvinista o arminiano? Y depende del manto que te pongas, serás aceptado o rechazado de entrada en los más pintorescos grupos de “mega-súper-ultra-híper-sana-doctrina” que pululan por ahí. Eso sí, esa pregunta la he sufrido, pero nunca, nunca nadie me confrontó con la pregunta ¿vives en santidad? o ¿eres limpio de manos? o ¿eres puro de corazón? o ¿el pecado se enseñorea de ti? o ¿experimentas diariamente la victoria sobre el pecado? Y no para importar tanto la respuesta como la sinceridad.

No, lo primero que cuenta es mi postura teológica, si les satisface la respuesta soy bienvenido, y si soy bueno para refutar a los del bando contrario soy más bienvenido todavía. ¡Como si creer en tal o en cual postura teológica automáticamente me hiciese santo! Si el diablo escribiera libros de teología, todos los teólogos actuales tendrían que ganarse la vida haciendo otra cosa, él acabaría con todos los teólogos de un plumazo. Los libros de teología, del diablo,  serían best seller, y él ocuparía el lugar principal en los carteles de “conferencias sobre sana doctrina”, porque nadie le preguntaría como vive, se quedarían maravillados con su elocuencia y retórica.

“Es mejor guardar silencio y ser, que hablar y no ser. Es bueno enseñar, si el que habla lo practica.”  (Carta de Ignacio de Antioquía a la Iglesia de Éfeso)

No aprendemos de los errores de la historia, estamos volviendo a lo mismo. Hoy la supervivencia de la Iglesia pareciera depender de cuántos más logramos poner bajo nuestro manto doctrinal, es lo único que nos importa.

Podemos gastarnos millones haciendo “Conferencias de sana doctrina”, aplaudiéndonos unos a otros, alabándonos por nuestra erudición; y creernos que con eso estamos salvando a la Iglesia. ¿Pero dónde se están produciendo los mayores avivamientos en la actualidad? No lo sabemos, y no lo sabemos porque ellos no pueden anunciar sus cultos por facebook o en sus sitios web, no pueden hacer magníficas conferencias, ni siquiera pueden poner un cartel en la puerta que diga: Iglesia.

Los mayores avivamientos se están produciendo en donde la Iglesia es perseguida, en países asiáticos y en el mundo gobernado por el Islamismo. ¿Y quiénes son los líderes de estos avivamientos? ¿Son egresados de los grandes y reputados Seminarios Teológicos? ¡No! Estos avivamientos demuestran la falacia de que el problema de la iglesia es de doctrina. Y seamos honestos: aquellos que afirman que la Iglesia necesita una nueva Reforma, y que esta Reforma consiste en que Latinoamérica abrace una determinada postura doctrinal ; están errados y viviendo solamente un amor de verano. ¿Por qué no hablan de los avivamientos en la iglesia perseguida? Precisamente porque no están siendo liderados por sus teólogos, sino por líderes que “solo tienen” una Biblia, sus rodillas, y eso sí, una vida irreprensible.

Latinoamérica necesita, hoy más que nunca, líderes que vivan en santidad; que puedan pararse y decir “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo” [1Corintios 11:1]

Enseñar las doctrinas de Pablo no significa imitarle, eso es solo una parte, una parte muy pequeña.

¿Más claro todavía? “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.” [Filipenses 4:9]  Decir o repetir como un loro la doctrina de Pablo no te hará ser como él, por eso no dice “esto decid” o esto “repetid” o “dad cátedra sobre esto”; sino que dice “esto haced”.

Santidad es la doctrina puesta por obra, no meramente escrita en un libro que asombre por su erudición; sino escrita en nuestros corazones y que alumbre a los que contemplen nuestro vivir.  Sigamos con Pablo y los corintios…

1 Corintios 2:4-5 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.  Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado... y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”

Creo que Pablo no nos dejó en sus epístolas ni el 10% de lo que sabía, él fue llevado al tercer cielo “donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.” [2 Corintios 12:4]  Aun así, él dice que se limitó a saber una cosa: “a Jesucristo, y a éste crucificado” y que su predicación fue “con demostración del Espíritu y de poder”. ¿Y cuál fue la demostración de poder? La que les dice más adelante, en la misma carta: “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo” [1Corintios 11:1] En resumidas cuentas les dice: Yo sé más que ninguno de vosotros, pues he sido llevado al cielo y he visto cosas que no ha visto nadie. Pero a una sola cosa me limito, a Jesucristo crucificado, y a Él imito; y eso se lo he demostrado a ustedes, cómo con el poder del Espíritu me niego a mí mismo. Ustedes tienen que imitarme a mí, tomando su cruz y negándose a sí mismos por el poder del Espíritu.

“La predicación crucificada solamente puede venir de un hombre crucificado.”     (El Predicador y la Oración – E. M. Bounds)

Por eso es fácil repetir las palabras de Pablo, y relativamente fácil enseñar las enseñanzas de Pablo, pero extremadamente difícil vivir la vida de Pablo. Porque toda su vida se resume en “negarse a sí mismo”, eso es santidad. Y muchos quieren tener el conocimiento de Pablo, pero no todos quieren tener la negación de Pablo. Si no fuera por los corintios, nunca nos hubiésemos enterado que Pablo fue llevado al tercer cielo: “Me he hecho un necio al gloriarme; vosotros me obligasteis a ello”, les recrimina Pablo después de contarles tal experiencia. ¿Pueden comprender esto? El gran apóstol Pablo se negó a enseñar todo lo que realmente sabía, porque prefirió que ellos vieran su vida y lo tomaran de ejemplo, se puso delante de ellos y les dijo: miren como vivo, y hagan lo mismo. Esta es la más sublime de las cátedras y el más excelso de los doctorados: sed imitadores de mí como yo de Cristo, y no del Cristo que vio en la Gloria del Cielo, sino del Cristo crucificado.

“Porque los gentiles, cuando oyen de nuestra boca las palabras de Dios, se maravillan de su hermosura y grandeza; pero cuando descubren que nuestras obras no se corresponden a las palabras que decimos, inmediatamente empiezan a blasfemar, diciendo que es un cuento falaz y un engaño.”  (2 Clemente 13 – Lo Mejor de los Padres de la Iglesia – Alfonso Ropero)

Por eso decía al principio, que es más fácil predicar y discutir sobre aquellas cosas en las cuales no tenemos que poner nuestra vida como testigo. Y sino, ¿por qué creen ustedes que la predestinación es el tema más discutido por los jóvenes en internet? Porque el punto de mira lo llevamos hacia Dios, en que si Él predestinó, o no. Allí interviene mi mente y mi habilidad retórica, mi vida queda escondida detrás de la “sana doctrina”.

¿Y la pureza sexual, de no ver cosas sensuales en internet, de no tocar a mi novia más allá de lo que es puro y visible a todos? Hablemos de ello. ¿Y la pureza de ojos, de no ver películas, ni series de televisión, ni novelas donde se exalta el libertinaje, la inmoralidad, el adulterio, la mentira, la codicia, donde las enseñanzas bíblicas son subliminalmente o evidentemente ridiculizadas? Hablemos de ello. ¿Y la pureza de oídos, de no oír música secular que exalta al “amor libre” y al desenfreno de la carne, o que exalta al ego y al diablo? Hablemos de ello. ¿Y la pureza en lo material, de no gastar en nosotros más que lo que es necesario, para que sobreabunde para compartir con el pobre? Hablemos de ello. ¿Y la sencillez y castidad al vestir? ¡Hablemos de ello! No digo que la mujer no pueda ponerse un pantalón, pero lo que hoy usan para ir al culto no es un pantalón ¡es un adhesivo!   Pero, no veo muchas conferencias sobre estos temas.

“Tenga cuidado de sí mismo porque usted, igual como los demás, tiene un alma que ganar o perder. Usted pudiera predicar el evangelio y aún guiar a otros hacia Cristo, pero sin santidad usted jamás será salvo” (Richard Baxter – El Pastor Reformado)

Si hablas de la vida correcta, seguramente serás tildado de legalista. Pues hasta donde yo sé, no estamos sin ley, vivimos bajo la ley de Cristo, al menos eso dice Pablo: “no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo” [1 Corintios 9:21] Así que si el vivir bajo la ley de Cristo es para algunos legalismo, bueno, que así sea, legalista somos.

Me duelen mucho las repetidas meteduras de pata de Jesús Adrián Romero (por mencionar uno de tantos) las cuales son representadas en caricaturas, memes, vídeos, y son la comidilla de todos. Sin embargo, un líder como Sproul Jr. tuvo que ser apartado de su ministerio, después de que se descubrió que su nombre estaba en una página de citas de adulterio (y él lo reconoció después de ser descubierto), y muchos se apresuraron a salir a defenderlo y a solidarizarse con él; o sinceramente no hicieron correr la noticia. ¿Por qué? Ah! porque según sus defensores tiene la doctrina correcta. Bueno, pero no tiene la vida correcta. ¿Se dan cuenta como justificamos a alguien porque tiene, según nosotros, la doctrina correcta; aunque lleve una vida incorrecta? Esa es nuestra percepción, de que la santidad es secundaria ¡lo importante es la doctrina! Pues bien, el apóstol Pedro dice que una de las características de los falsos maestros es que “tienen los ojos llenos de adulterio” [2Pe 2:14]

No condeno a nadie con esto, solo quiero hacerte ver cómo hacemos acepción de personas en nuestro juicio cuando se trata de Jesús Adrián Romero (u otro del grupo “contrario”) o R. C. Sproul Jr. (u otro si es de los “nuestros”). Si está bajo nuestro manto doctrinal lo cubrimos para que no se vean sus faltas, si está en el bando contrario, tiramos del manto para que quede al descubierto su desnudez.

Hebreos 12:14  Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Puedes tener la doctrina correcta, pero si tienes la vida incorrecta no verás al Señor.

“Hay muchos predicadores que están ahora en el infierno, quienes advertían muchas veces a sus oyentes de la necesidad de escapar de él. ¿Acaso espera que Dios le salve a usted por haber ofrecido el evangelio a otros, mientras que usted lo rechaza? Dios nunca prometió salvar a los predicadores, sin importar cuán dotados fuesen, a menos que ellos fueran convertidos. Ser inconverso es terrible, pero ser un predicador inconverso es mucho peor. ¿Acaso no tiene miedo de abrir su Biblia y leer acerca de su propia condenación?…  Cuán trágico es morir de hambre teniendo el pan de vida en las manos y animando a otros para que coman de él. Si esto es verdad acerca de usted, entonces le aconsejo que se predique a sí mismo antes de continuar predicando a otros. ¿Acaso le ayudará en el día del juicio decir: “Señor, Señor, he predicado en tu nombre”, solamente para escuchar las terribles palabras “apártate de mí, no te conozco”? Le aconsejo que confiese sus pecados delante de su grey y les pida que oren por la conversión de su ministro.”  (Richard Baxter – El Pastor Reformado)

El título de este artículo es Santidad versus Soberanía. ¿Por qué? Al parecer, algunos tienen miedo de enfatizar la santidad, pues se convertiría en algo así como una obra nuestra; de la cual podríamos jactarnos y atentar contra la Soberanía de Dios. Tengo malas noticias para ellos…

1 Tesalonicenses 4:3 Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación.   [Biblia de las Américas]

Esa palabra “voluntad” puede traducirse también como “determinación”, “elección” o “decreto”… así que, ya que a algunos les gusta tanto estos términos pueden aplicarlos a su vida diaria, nada exalta más la Soberanía de Dios que la Santidad. Estás determinado y elegido para vivir santamente, así que este es un buen modo de saber si estás dentro de los elegidos: si vives como los tales.

Oseas 14:9  ¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos.

No puedes afirmar que eres justo [justificado] y andar en caminos torcidos. Los caminos de Dios solo son de una manera: rectos, y son los justos los que andan por ellos. Tu caminar descubre si eres justificado o no. Tan cierto es que Dios escribe derecho en renglones torcidos, como que no puede ser letra de Dios si está torcida. Ninguno de nosotros somos perfectos, pero Dios puede hacernos caminar en rectitud; si caminamos torcido es por nuestra propia voluntad y no por culpa de Dios.

“La Biblia deja claro que aquellos cuyas vidas no han sido cambiadas nunca han sido convertidos”   (Richard Baxter – una invitación a vivir)

No tienes que elegir entre santidad o doctrina, los burros no son santos ni los santos burros.  Mira lo que dice Pablo sobre las condiciones para ser obispo…

Tito 1:7,8,9 “Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo, reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen.”

Solamente mira con atención en qué orden Pablo, o mejor dicho el Espíritu Santo si realmente crees que es Palabra no de hombres sino de Dios, pone la santidad y la doctrina. Pues en ese orden deberías esforzarte en caminar si quieres ser un ministro de Dios. Y es de acuerdo a este mismo orden, por el que deberías respaldar o no a un líder cristiano. Para ser honesto, y usando teología de barrio, me importa un santo pepino cuánto alguien sabe de griego o de predicar expositivamente; lo primero que considero es si su vida es santa. Bueno, San Agustín se lo dijo con otras palabras a aquellos cristianos que estaban aferrados a este mundo…

No pregunto por lo que dicen sino por cómo viven” ( Agustín – Sermón nº 3 – Agar e Ismael)

Cuando yo era católico, me enseñaban que los sacramentos impartidos por las manos del sacerdote eran puros aunque esas manos fuesen impuras. Lo que equivaldría a decir: si su doctrina está bien no juzgues su vida, haz lo que dice y no lo que hace. Pues bien, eso es basura, todo lo que toca una mano impura lo torna impuro. Si tú no vives santamente, tu sana doctrina se convierte en doctrina enferma, pues si no puede sanarte a ti mucho menos a otros.

1 Juan 2:4-6  “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”

Queridos hermanos y hermanas, no se sacrifica la santidad en nombre de la misericordia. Es decir, ser compasivo y misericordioso con el hermano o el líder que cae, o que se desvía, no significa que tengamos que bajar el listón de la santidad. Los líderes deben ser irreprensibles, los que dicen conocer a Dios deben poner por obra sus mandamientos, pues la verdadera doctrina es inseparable de la santidad. Nadie que no viva en santidad está en la verdad, no importa cuánto deslumbre con sus palabras o retórica; la santidad no es secundaria, no es una opción, no es un adorno a la doctrina, es la verdadera doctrina. Nuestra santidad no compite con la Soberanía de Dios, la santidad es la Soberanía de Dios obrando en nuestras vidas de manera visible.

“Es extraño ver como algunos predican muy cuidadosamente, pero viven descuidadamente. Debemos tener mucho cuidado de ser hacedores de la palabra y no solamente “habladores”, engañándonos a nosotros mismos. Debemos ser tan cuidadosos acerca de nuestra forma de vivir, tal como somos cuidadosos para predicar. Si deseamos ganar almas, entonces ésta será nuestra meta, tanto cuando estamos en el púlpito, como cuando estamos fuera de él. Sea diligente para usar toda su vida para Dios y no simplemente su lengua.”   (Richard Baxter – El Pastor Reformado)

La santidad es confirmar con nuestra vida lo que decimos con nuestros labios: “el que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”.

 

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos.

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¿Eres un cristiano Anímico o Espiritual?

Estamos seguros que esta enseñanza te será de gran ayuda para superar tus altibajos en la vida cristiana. Es un concepto fundamental, no puedes ignorarlo: ¿estás viviendo continuamente en la presencia de Dios o solo la experimentas de vez en cuando? Te rogamos que te tomes el tiempo para ver este vídeo, valdrá la pena, son las viejas enseñanzas que ya casi no se escuchan predicar ¿Por qué? Porque para predicar sobre dinero, prosperidad, materialismo y humanismo, es suficiente con que cada uno predique de su corazón natural, pues de la abundancia del corazón habla la boca. Pero para predicar sobre santidad es necesario llevar una vida santa que haga que la Palabra de Dios sea verdad en tu boca, como la viuda de Sarepta le dijo a Elías: Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.  (1 Reyes 17:24)

También te animamos a descargar estas tres breves enseñanzas [en español] del hermano Zac Poonen. [Hacer clic en la imagen]

Avivamiento Falsificado

El verdadero Evangelio y el falso

Un mensaje claro del evangelio

Tomados de www.cfcindia.com

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John Wesley y la justificación por fe.

 

Mientras el barco se aleja de América, el corazón del joven John Wesley se agita con espanto al descubrir que, aunque él era un ministro ordenado, un predicador que regresaba de un arduo viaje misionero; había pretendido convertir a otros no estando él mismo convertido.

“Al ver que los temores sin fundamento de no sé qué peligro desconocido (el viento estaba calmado y el mar tranquilo) que me habían afectado por varios días iban en aumento, clamé fervientemente por ayuda. De inmediato, Dios le devolvió la paz a mi alma. Sobre este punto debo advertir: 1) Que no debo olvidar ni uno de esos instantes, hasta obtener otra clase de espíritu, un espíritu que glorifique a Dios igualmente en la vida que en la muerte. 2) Que quien sea que tenga angustia en cualquier situación (exceptuando únicamente el dolor corporal) lleva en sí la prueba de que todavía es un incrédulo. ¿Le tiene el miedo a la muerte? Entonces no cree que el morir es ganancia. ¿Teme en cualquiera de las instancias de la vida? Entonces no tiene una firme convicción que todas las cosas le ayudan a bien. Y si trata el asunto más de cerca, siempre encontrará, junto a la falta de fe, que cada inquietud se debe evidentemente a otra falta de carácter cristiano.” (Diario de John Wesley – Tomo I – miércoles 28 diciembre 1737)

Este misionero había ido a predicar a otros lo que él mismo no creía:

“Fui a América a convertir a los indígenas. Pero, ay, ¿quién me convertirá a mí? ¿Quién, quién me librará de este corazón perverso e incrédulo? Tengo una religión de verano. Puedo hablar bien, y hasta creer, mientras no hay peligro cerca; mas que la muerte me mire a la cara, entonces mi espíritu se perturba. Tampoco puedo decir, «porque para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia»” (Diario de John Wesley – Tomo I – martes 24 enero 1738)

“Hace ya dos años y casi cuatro meses desde que dejé mi país natal para ir a enseñar el cristianismo a los indígenas en Georgia. ¿Pero qué he aprendido mientras tanto? Porque (lo que yo menos sospeché) fui a América a convertir a otros, cuando yo nunca me había convertido a Dios.”

“¿Han leído ellos filosofía? También yo. ¿En idiomas antiguos o modernos? También los he leído. ¿Conocen la ciencia de la teología? También la he estudiado por muchos años. ¿Pueden hablar con fluidez sobre asuntos espirituales? Yo también puedo hacer lo mismo. ¿Han sido generosos con sus dádivas? Yo reparto todos mis bienes para dar de comer a los pobres. ¿Dan ellos de su trabajo tanto como de sus bienes? Yo he trabajado mucho más que todos ellos. ¿Están dispuestos a sufrir por sus hermanos? Yo he abandonado mis amigos, reputación, tranquilidad y país. He puesto mi vida en mi mano, recorriendo tierras extrañas, he entregado mi cuerpo para ser devorado y quemado por el intenso calor y consumido por el trabajo y la fatiga y por todo aquello que Dios tendría a bien poner sobre mí. ¿Pero es que todo esto me hace (sea más o menos, no importa) aceptable delante de Dios? ¿Acaso todo lo que hice o pueda saber, decir, dar, hacer o sufrir me justifica ante su presencia? Más aún, ¿me justifica el uso constante de todos estos medios de gracia? (que, sin embargo, es digno, justo, y nuestro obligado servicio). ¿O me justifica el que de nada tengo mala conciencia, o que en lo externo y en lo moral soy intachable? O (para acercarme aún más) ¿me justifica tener una convicción racional de todas las verdades del cristianismo? ¿Me permite todo esto reclamar lo santo, lo celestial, el carácter divino de un cristiano? De ninguna manera. Si los oráculos de Dios son verdaderos y si nos gobernamos por la ley y el testimonio, todas estas cosas, ennoblecidas por la fe en Cristo, son santas, justas y buenas; pero sin ella son basura y escoria que esperan solamente ser echadas en el fuego que no puede ser apagado.”  (Diario de John Wesley Tomo I – 1 febrero 1738)

A pesar de llevar una vida irreprensible, el joven Wesley reconoce que…

“Esto entonces lo he aprendido en los confines de la tierra, que estamos destituidos de la gloria de Dios, que todo mi corazón se ha corrompido e hizo abominable maldad, y consecuentemente mi vida entera (no puede el árbol malo dar fruto bueno) está apartada de la vida de Dios. Soy un hijo de la ira y heredero del infierno; mis propios esfuerzos, sufrimientos y justicia están lejos de poder reconciliarme con un Dios ofendido. También lejos de poder expiar estos pecados que si los enumero se multiplican más que los cabellos de mi cabeza. Hasta los más aceptables de ellos necesitan ser expiados, o no pueden resistir su justo juicio. Pero teniendo sentencia de muerte en mi corazón y no teniendo nada en mí o de mí que me justifique, no tengo esperanza, sino la de ser libremente justificado mediante la redención que es en Cristo Jesús. No tengo esperanza sino de buscar y encontrar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.”    (Diario de John Wesley Tomo I – 1 febrero 1738)

¿Y cual era la fe anhelaba tener?

“La fe que necesito «es esperanza y confianza segura en Dios, que a través de los méritos de Cristo mis pecados son perdonados y yo reconciliado en la gracia de Dios.»… Deseo esa fe que nadie puede tener sin saber que la posee (aunque muchos se imaginan tenerla, pero no la tienen)”. (Diario de John Wesley  Tomo I – 1 febrero 1738)

De su encuentro con Peter Böhler y la convicción de pecado que comienza a experimentar…

“Encontré a mi hermano en Oxford recuperándose de su pleuresía y acompañado de Peter Böhler. Por este último (en manos del gran Dios) quedé el domingo 5 claramente convencido de mi pecado de incredulidad, y de mi falta de esa fe por la que somos salvos, con una salvación cristiana completa.
Inmediatamente pensé: «Deja de predicar. ¿Cómo puedes predicar a otros si tú mismo no tienes fe?» Le pregunté a Böhler si él pensaba que debería de dejar de predicar o no. El contestó: «De ninguna manera.» Le pregunté: «¿Pero qué puedo predicar?» El dijo: «Predica la fe hasta que la obtengas y entonces, porque la tienes, predicarás la fe.»
Por tanto, el lunes 6 comencé a predicar esa nueva doctrina, aunque mi alma rechazaba la tarea.” (Diario de John Wesley – Tomo I- sábado 4 de marzo 1738)

“Me encontré una vez más con Peter Böhler. Ahora yo no tenía objeción a lo que él dijo sobre la naturaleza de la fe, por ejemplo, que es (usando las palabras de nuestra Iglesia), «La verdadera confianza y seguridad que tiene un hombre en Dios, que a través de los méritos de Cristo sus pecados son perdonados y él reconciliado por la gracia de Dios.» Tampoco puedo negar la felicidad o santidad que él decía eran fruto de la fe verdadera. De lo primero me convencieron los pasajes: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» y «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo». De lo segundo: «Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado» y «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios». Pero no pude comprender a lo que él se refería al hablar sobre «una obra instantánea». No pude entender cómo esta fe podría darse en un momento dado, cómo puede alguien de repente cambiar de la oscuridad a la luz, del pecado y miseria a la justicia y al gozo en el Espíritu Santo. Busqué en las Escrituras sobre este mismo tema, particularmente en Hechos de los Apóstoles. Pero para mi sorpresa encontré muy pocas referencias de conversiones que no fuesen instantáneas. Y ninguna como la de San Pablo, quien estuvo tres días en los tormentos del nuevo nacimiento. Me quedaba solamente un refugio, decir: «Entonces doy por sentado que Dios obró así en las primeras etapas del cristianismo; pero los tiempos han cambiado. ¿Qué razones tengo para creer que ahora obra de la misma manera?» Pero el domingo 23 de abril, ese refugio no me sirvió más, por la coincidente evidencia de varios testimonios vivientes, quienes testificaron que Dios había obrado en ellos, dándoles en un momento tal fe en la sangre de su Hijo que los trasladó de la oscuridad a la luz, librándoles del pecado y del temor y llevándoles hacia la santidad y felicidad. Aquí terminó mi discusión. Solamente pude ahora clamar, ¡Señor, ayuda mi incredulidad!
Le pregunté a Peter Böhler otra vez si no debía de «abstenerme de enseñar a otros». El respondió, «No, no escondas bajo tierra el talento que Dios te ha dado.»” (Diario de John Wesley – Tomo I – abril 1738)

Wesley recuerda cómo, hasta entonces, se había considerado un “buen cristiano” y confiaba en sus buenas obras para ser acepto delante de Dios:

“En 1730 comencé a visitar las prisiones, ayudando a los pobres y enfermos del pueblo y haciendo todo el bien que pude con mi presencia o mi pequeña fortuna a los cuerpos y almas de todos. Hasta hoy me despojo de todas las superficialidades y muchas otras que son llamadas necesidades de la vida. Pronto me convertí en refrán de burla por hacer esto y me regocijé que mi nombre fue desechado como malo. A la siguiente primavera empecé a practicar los ayunos de los miércoles y los viernes, como en la iglesia primitiva, sin probar alimento hasta las tres de la tarde. Y ahora no sabía cómo seguir más adelante. Diligentemente luché contra toda clase de pecado.
No omití clase alguna de negación que la ley me pareciera permitir. Cuidadosamente usé, tanto en público como en privado, todos los medios de gracia en todas las oportunidades. No omití ocasión alguna para hacer el bien.
Por esta razón sufrí todo mal. Y todo esto sabía que de nada valía a no ser que estuviera dirigido hacia la santidad interior. Por tanto, la imagen de Dios fue mi blanco en todo momento, el hacer su voluntad y no la mía. Empero cuando, después de continuar algunos años en este camino, temí estar cerca de la muerte, no encontré que todo esto me diera consuelo, ni ninguna seguridad de la aceptación divina. Esto me sorprendió, sin imaginarme que había estado construyendo todo este tiempo sobre la arena, sin considerar que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo…

…En este bajo y servil estado de esclavitud al pecado, estuve ciertamente peleando continuamente, pero no conquistando. Anteriormente, voluntariamente había servido al pecado; ahora lo hacía involuntariamente, pero aún le servía. Me caía, me levantaba, y caía otra vez. Algunas veces vencido y en pesadumbre. Otras vencedor y en júbilo. Así como en el anterior estado probé algunos de los terrores de la ley, así también tuve ahora el consuelo del evangelio. Durante toda esta lucha entre la naturaleza y la gracia (la que continuó por más de diez años) tuve muchas respuestas extraordinarias a la oración, especialmente cuando estaba en problemas. Tuve muchos consuelos perceptibles que no son en verdad otra cosa que cortas anticipaciones de la vida de fe. Pero estaba aún bajo la ley, y no bajo la gracia (estado en que la mayoría de los llamados cristianos se sienten felices de vivir y morir).
Estaba solamente combatiendo contra el pecado, y no justificado. Tampoco tenía el Espíritu mismo que da testimonio a mi espíritu. En verdad no podía, ya que buscaba la salvación no por fe, sino como por obras de la ley…

…A mi regreso a Inglaterra, en enero de 1738, habiendo estado en eminente peligro de muerte y muy inseguro por esa causa, estaba fuertemente convencido que la causa de esa inseguridad era la incredulidad y que obtener una fe viva y verdadera era cosa necesaria para mí…

…Por la gracia de Dios decidí buscar esa fe hasta el final: 1) renunciando absolutamente a toda dependencia, completa o en parte, de mis propias obras o justicia sobre las cuales había realmente afianzado mi esperanza y salvación, aunque no lo sabía, desde mi juventud; 2) agregando al constante uso de todos los otros medios de gracia, la oración continua por esto mismo, pidiendo justificación, la fe que salva, una completa confianza en la sangre de Cristo derramada por mí, una confianza en él como mi Cristo, mi sola justificación, santificación y redención. Así continué buscándola (aunque con extraña indiferencia, falta de ánimo y frialdad y con frecuentes recaídas en el pecado) hasta el miércoles, 24 de mayo.

En la noche fui de muy mala gana a una sociedad en la Calle de Aldersgate, donde alguien estaba dando lectura al prefacio de la Epístola a los Romanos de Lutero. Cerca de un cuarto para las nueve de la noche, mientras él describía el cambio que Dios obra en el corazón a través de la fe en Cristo, yo sentí un extraño ardor en mi corazón. Sentí que confiaba en Cristo, sólo en Cristo para la salvación, y recibí una seguridad de que él me había quitado todos mis pecados, aun los míos, y me había librado de la ley del pecado y de la muerte.

La verdadera conversión, el vivir en la Gracia, significa que el pecado ya no se enseñorea más de nosotros…

Después de regresar a casa, fui muy sacudido por tentaciones; pero clamé y se fueron. Las tentaciones regresaban una y otra vez. Conforme levantaba mis ojos, Él me enviaba ayuda desde su santuario. Y es aquí donde encontré la diferencia entre este estado y mi estado anterior. Yo luchaba, más aún, peleaba con toda mi fuerza bajo la ley, así como así también ahora bajo la gracia. Pero entonces, a veces, por no decir con frecuencia, era vencido. Ahora, yo era siempre el vencedor.

Desde el momento que desperté, «Jesús, Maestro», estaba en mi corazón y en mi boca y encontré que toda mi fuerza descansaba en poner mis ojos fijamente en él y que mi alma le esperaba siempre.”

(Diario de John Wesley – Tomo I – Mayo 1738)

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos 

Los textos son del Diario Personal de John Wesley – de la versión traducida al español por la Wesley Heritage Foundation (Distribuida gratuitamente por el Instituto de Estudios Wesleyanos Latinoamérica) 

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Pastores, dinero, música y trucos psicológicos ¿qué es el evangelio de la prosperidad?

Hemos traducido para ustedes esta excelente enseñanza de Zac Poonen, uno de los más grandes maestros de la santidad en la actualidad. Te animamos a ver el vídeo porque te sorprenderá oír a un pastor hablando sobre la relación entre: Pastor – dinero – diezmos – música – trucos psicológicos y cómo son usados en la iglesia.

Si deseas esta prédica escrita, puedes bajarla en PDF haciendo clic aquí

 

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Avivamiento en las Islas Hébridas – Duncan Campbell

En 1949 se produjo en las Islas Hébridas uno de los Avivamientos más extraordinarios de la Historia de la Iglesia. Y todo comenzó con la oración de dos hermanas de 84 y 82 años de edad. El siguiente es el relato dado por el predicador Duncan Campbell, testigo presencial de los maravillosos hechos. (Tomado de la revista “La Trompeta de Dios”, no. 63, may-jun 1990)

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“Ante todo, quiero decir que yo no produje el avivamiento en Lewis, sino que empezó antes de que yo llegara a la isla.

¿QUE ES EL AVIVAMIENTO?

Existen muchas opiniones en las iglesias de hoy, en cuanto a qué es un avivamiento. Hay una gran diferencia entre un avivamiento y una cruzada de evangelismo, esto último no es avivamiento, aunque doy gracias a Dios por cada alma alcanzada para Cristo por medio de tales esfuerzos y doy gracias a Dios por cada tiempo de bendición recibida en nuestras conferencias y convenciones, sin embargo tales esfuerzos, por lo común, no tocan al vecindario, y la inmensa mayoría de la gente se van precipitadamente hacia el infierno.

En un avivamiento, la comunidad repentinamente toma conciencia de la presencia de Dios. Él comienza a obrar entre su propia gente, y en cosa de pocas horas -no de días, sino de horas- las iglesias vienen a ser muy concurridas, no hay anuncio de reuniones especiales, pero pasa algo que atrae a hombres y mujeres a la casa de Dios. Dentro de horas, habrán veintenas de personas pidiendo perdón a Dios antes de siquiera llegar cerca de la iglesia.

En el avivamiento que hubo en tiempo de Jonathan Edwards, eso fue lo que pasó. En el avivamiento de Gales, eso fue lo que pasó. Y en el avivamiento más reciente en Lewis, eso es lo que pasó. Dios se manifestó y súbitamente los hombres y las mujeres por todas partes de la parroquia fueron paralizados por temor a Dios.

COMO EMPEZÓ EL AVIVAMIENTO EN LEWIS

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Un día al atardecer, una mujer ciega de 84 años, tuvo una visión. Esta anciana querida, Margarita, vio en la visión a la iglesia de sus padres llena de jóvenes y a un ministro desconocido en el púlpito. Estaba tan emocionada por esta visión que llamó al pastor y se la contó. El pastor de la colonia era un hombre que temía a Dios y anhelaba verlo obrando, había tratado muchas cosas para interesar a los jóvenes de la parroquia, pero ni siquiera un adolescente asistía a la iglesia.

¿Qué es lo que le dijo Margarita? –Estoy segura de que usted está anhelando ver a Dios obrar. ¿Qué piensa de convocar a los ancianos y diáconos y sugerirles que pasen dos noches por semana en oración a Dios? Ustedes han probado misiones; han probado evangelistas especiales, pero ¿Han probado a Dios?

El pastor humildemente obedeció.

Sí, convocaré la sesión, sugiriendo que nos juntemos los martes y viernes en la noche, para pasar toda la noche en oración.

Muy bien -respondió-, si ustedes hacen eso, mi hermana y yo nos arrodillaremos a las 22:00 hs. cada martes y viernes, y nos quedaremos allí hasta las 4:00 de la mañana.

Así todos se concentraron en la oración. Tuvieron esta promesa de Dios, y con esa promesa suplicaron: “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida” (Isaías 44:3). En sus oraciones, según lo que dijo el pastor, ellos debían pedir vez tras vez: Señor, Tú eres un Dios que guarda tu pacto, y debes cumplir Tu promesa.

Las súplicas y las reuniones duraron por varios meses, luego, una noche, aconteció algo muy notable; estando de rodillas en medio de la paja en el granero, de repente un joven se puso de pie y leyó en voz alta una parte del Salmo 24: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová” (vs. 3-5), cerró su Biblia y mirando a los ojos del ministro y a los otros arrodillados allí, dijo: Hermanos, me parece que es tiempo perdido el orar como hemos estado orando, y esperar como hemos estado esperando, si nosotros mismos no tenemos relaciones debidas con Dios, entonces comenzó a orar: “Señor, ¿están limpias mis manos? ¿Es puro mi corazón?” Y aquel querido hombre no siguió más adelante, pronto se arrodilló y se extendió boca abajo en la paja. En cosa de pocos minutos, un poder se soltó en Barvas, el cual desconcertó a todos los habitantes de la isla.

¡DIOS SE MANIFESTÓ!

El Espíritu Santo comenzó a obrar en medio de la gente. El pastor, describió lo que pasó la mañana siguiente y dice: “Se encontró a Dios en el yermo; se le encontró en los hogares. Dios parecía estar en todas partes“.

¿Y qué fue eso? ¡Fue avivamiento! No fue algo organizado a base de esfuerzo humano, sino que era toda la comunidad consciente de Dios, lo cual tuvo en suspenso a todos en el área, tanto así que todo trabajo se paró. La gente se reunió en grupos. Los jóvenes se reunían en el campo y comenzaron a hablar acerca de este fenómeno de parte de Dios, que saturaba la comunidad.

En cosa de unos días, recibí una carta invitándome a la isla. En ese momento experimentaba un movimiento muy grande en la isla de Skye. No era un avivamiento, pero hombres y mujeres recibían a Cristo, y Dios fue glorificado por los muchos hombres notables quienes encontraban al Salvador.

Cuando recibí esta invitación a venir a Lewis por diez días, respondí que no me era posible puesto que estaba envuelto en una convención durante los días de fiesta. Ya habíamos hechos los arreglos para los predicadores y también por las habitaciones en los hoteles para la gente que venía de todas partes de Gran Bretaña, pero después tuve que cancelar esa convención, principalmente, porque la agencia de viajes alquiló los hoteles para una semana especial que iban a celebrar.

El pastor recibió la carta en la cual yo había rehusado aceptar la invitación, y se la leyó a Margarita. “Eso es lo que piensa el hombre”, dijo ella, “pero Dios ha dicho lo contrario. El Sr. Campbell estará aquí dentro de dos semanas“.

La convención no estaba cancelada cuando ella dijo eso, pero ella sabía. “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto” (Salmo 25:14). Y ella tenía comunión íntima con Dios.

Llegué a la isla en diez días, y el pastor con dos ancianos me recibieron en el embarcadero. En el momento que me bajé del barco un hermano anciano se acercó y me enfrentó con una pregunta: “Sr. Campbell, ¿puedo hacerle esta pregunta? ¿Está usted caminando con Dios?” He aquí tres hombres que vivían en serio, hombres que temían que una mano no ungida tocara el Arca. Me alegré de poder decir: “Ahora bien, pienso que puedo decir que temo a Dios“. “Bueno“, dijo el anciano querido, mirándome, “si usted teme a Dios, eso bastará“. Entonces el pastor se volvió hacia mí y dijo: “Estamos seguros, Sr. Campbell, que usted está cansado y deseando cenar, pero me pregunto si primero consentiría en predicar un sermón en la iglesia antes de llegar a casa para que los asistentes le vean. Habrá una asistencia prometedora; quizá no muchos, pero suponga eso de dos o trescientos. Tenga en cuenta que hay una manifestación de Dios entre nosotros“.

Nunca comí esa cena porque no llegué a la casa del pastor hasta las cinco y veinte de la mañana. Fuimos a la iglesia, y prediqué a una congregación de más o menos 300 personas. Fue una buena reunión, con un sentido maravilloso de la presencia de Dios, pero nada excepcional pasó. Terminé la junta con oración y caminaba por el pasillo cuando un joven se me acercó y dijo: “Nada todavía ha pasado, pero Dios está presente, y en cualquier momento El va a abrir un camino“.

Soy perfectamente honesto cuando digo que no sentí nada. Pero aquí había un joven mucho más cerca de Dios que yo, y él sabía el secreto.

Continuamos hacia la puerta de la iglesia a medida que toda la congregación salía. Sólo el joven y yo quedábamos dentro. El levantó las manos y comenzó a orar: “Dios, Tú nos has prometido derramar aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida, pero no lo estás haciendo“.

El oraba, y oraba, y oraba de nuevo hasta que cayó en el piso. Estuvo tumbado allí por cinco minutos, estando yo de pie a su lado, y luego se abrió la puerta de la iglesia, alguien entró y dijo: “Sr. Campbell, pasó algo maravilloso. ¡Un avivamiento ha comenzado! Por favor, venga a la puerta para ver la muchedumbre que ha llegado a las once“. Cuando miré, vi a seiscientas o setecientas personas agrupándose en torno a la iglesia.

Este joven querido se paró a la puerta y sugirió que cantáramos el Salmo 126:1-2: “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sión, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra boca de alabanza…” Y ellos cantaban y cantaban. De entre ellos podía oír yo el grito de los penitentes, hombres pidiendo a Dios misericordia.

Me volví al anciano y dije: “¿No piensa que debiéramos abrir de nuevo las puertas de la iglesia y permitirles entrar?

En unos minutos la iglesia se llenó, a quince minutos de la medianoche. ¿De dónde vino la gente? ¿Cómo sabían ellos que se celebraba un culto? No puedo decirle, pero vinieron de las aldeas y los caseríos. Si hoy uno les preguntara: “¿Qué es lo que les influenció a venir?“, ellos no podrían decirle. Fueron conmovidos por un poder que está más allá de una explicación, y ese poder les dio a entender que eran pecadores que merecían el infierno y el único lugar en el cual podían pensar para obtener el socorro, fue la iglesia. Allí estaban, entre seiscientos y setecientos.

Esa misma noche había un baile en la parroquia. Cuando este joven oraba en el pasillo de la iglesia, el poder de Dios entró a ese baile, y los jóvenes, más de 100 de ellos, huyeron del baile como si fueran huyendo de una plaga, y se dirigieron a la iglesia.

Cuando traté de subirme al púlpito, fui impedido por los muchos jóvenes del baile. Cuando por fin logré hacerlo, descubrí que allí en el piso detrás del púlpito estaba una joven, una graduada de la Universidad Aberdeen, quien estaba sentada allí llorando: “¿No hay nada para mí? ¿No hay nada para mí?”

Dios estaba obrando, y la visión de Margarita fue verdadera y real. La iglesia fue llena tanto de jóvenes como de adultos.

Esa reunión duró hasta las cuatro de la mañana. Al salir de la iglesia, encontré a un joven que no era creyente, aunque temía a Dios, y me dijo: “Señor Campbell, debe haber entre 200 y 300 personas congregadas en la comisaría. Algunos están arrodillados. No lo entiendo“.

Hubo aquí una multitud de hombres y mujeres de una aldea vecina, a eso de cinco millas de allí, quienes se encontraban tan conmovidos por Dios, que vinieron a la comisaría porque sabían que el policía allí era un hombre bien salvo que temía a Dios. La comisaría estaba junto a la casa de Margarita. Este joven me suplicó que fuera a la comisaría, lo cual hice. Nunca olvidaré lo que oí y vi esa mañana: Jóvenes se arrodillaban al borde del camino. Pienso en un grupo de seis, uno de ellos borracho. Su madre anciana estaba arrodillada a su lado, llorando: “Oh, Willi, ¿por fin vienes? Willie, Willie, ¿por fin vienes?” Y ahora Willie es pastor en la parroquia. Y del grupo de jóvenes quienes buscaron a Dios esa noche, nueve de ellos están predicando.

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¡ESO ES UN AVIVAMIENTO!

¡Dios obró! ¡Eso es el avivamiento! Esa es la necesidad enorme de la iglesia alrededor del mundo hoy día. No es este o aquel esfuerzo con base en tentativas humanas, sino una manifestación de Dios la cual conmueve a los pecadores a pedir la misericordia antes de acercarse al edificio del culto.

Esa es la manera en que se inició el avivamiento en Lewis. Luego pasó fuera de los límites de esa parroquia a las vecinas. Comenzamos predicando en las reuniones día y noche. Una vez en el transcurso de 24 horas, prediqué en ocho reuniones -cinco veces en cultos muy concurridos, dos veces en el campo y una vez en la playa-. Hombres ancianos habían cruzado las aguas esa noche, y muchos encontraron al Salvador. Les seguimos a la playa, y allí cantamos los salmos de Sión a las dos de la mañana, antes de que ellos se embarcaran con rumbo a sus casas. ¡Eso es Dios obrando!

Una noche un hombre se me acercó y dijo: “¿Le será posible venir y visitar nuestra parroquia?” “Bueno, depende de cuándo pueda yo visitarla. Creo que sería posible a la una de la mañana“. Y así fue que fuimos, llegando a la una y media.

Al llegar, encontré una de las iglesias grandes totalmente llena, con mucha gente afuera. Prediqué allí por una hora, y después salí mientras centenares de personas pedían a Dios misericordia.

Al salir de la iglesia, otro joven se acercó y me dijo: “Sr. Campbell, debe haber entre 300 y 500 en un campo aquí abajo, y los ancianos están preguntándose si usted puede hablar con ellos.”

Fui y encontré a este gentío, oh, fue muy fácil predicarles. El Espíritu de Dios estaba conmoviéndolos.

Vi a un hombre tendido en el suelo, intensamente, muy ansioso acerca de su alma. Luego vinieron cuatro jovencitas, como de 16 años, arrodillándose a su lado. Una de ellas dijo: “Mira, el Cristo que nos salvó anoche, te puede salvar ahora“. Y ese hombre fue salvo mientras que las muchachas oraban alrededor de él. ¡Eso es avivamiento!

Cuando regresé de esa reunión a la casa del pastor, encontramos a un anciano esperándonos para decir que había un granjero en mucha angustia de alma. Aquel hombre no había estado cerca de una iglesia por 12 años, pero vivía solamente para sus caballos y su ganado. Pero aunque él vivía por este mundo, tenía a una esposa e hija piadosas, quienes se afligían por él. Me habían invitado a la granja antes de aquella noche, y yo había hablado con él, a lo cual contestó: “Ahora bien, quizás algún día me presentaré a la iglesia“.

Después de un día o dos, alguien le vio caminando por la calle hacia la iglesia, y uno de los ancianos pensó que el traje que llevaba puesto fue el mismo con el cual se casó. Es seguro que no era un traje moderno. Fue a la iglesia, y la iglesia estaba tan concurrida, que tuvo que sentarse en el escalón del púlpito, bastante cerca de mí.

Dios le habló, y él estaba en un estado terrible. Gritó repetidas veces. “¡Dios, el infierno me es demasiado bueno!”

Oh, que pudiéramos ver más convicción -convicción de pecado, la cual postrara a los hombres ante la presencia de Dios-. ¡Dios, dánosla, dánosla!

Esa noche después de predicar en el campo, el anciano, el pastor y yo fuimos a la granja. Cada cuarto del cortijo fue lleno de gente, quienes estaban orando por el granjero. “¿Dónde está Donato?”, le pregunté a la esposa. “Oh, está en el cuarto allá. Está en un estado terrible. ¡Oh, que Dios tenga misericordia de tan gran pecador!”

Fuimos por el pasillo, y ella abrió con cuidado la puerta, y allí estaba el granjero, arrodillado, clamando vez tras vez: “Dios, ¿puedes tener piedad de mí? ¿Puedes tener piedad de mí? Me parece que el infierno es demasiado bueno para mí“.

Estábamos parados en la puerta y él no se dio cuenta de nosotros. Luego la esposa imploró a Dios de que Él lo sacudiera tanto por sus pecados, que su experiencia con Dios fuera real. Muchas veces se oyeron en ese avivamiento en Lewis las palabras: “Déjelo que libre su propia batalla. Déjelo allí. Permita que Dios trate con él“. Creo que una veces quitamos de la mano de Dios las cosas cuando damos los consejos. ¡Oh, que lleguemos al punto donde con toda confianza en Dios le permitamos obrar!

En la mañana tuvo un encuentro con Dios, experimentando un rescate glorioso, y pidió una reunión de oración. Como resultado de esa reunión, hay cuatro ministros hoy sirviendo en la iglesia.

CARACTERÍSTICAS PRIMORDIALES DEL AVIVAMIENTO

Para mí, el rasgo destacado del movimiento era el sentido de la presencia de Dios, el temor a Dios. Uno podía hablar con cualquier persona, y descubría que cada uno pensaba en Dios y pedía misericordia. Dios estaba en todas partes, y por causa de esta conciencia de Dios, las iglesias estaban muy concurridas desde el principio hasta el fin de los días y durando las noches enteras hasta las cinco o seis de la mañana. EN EL AVIVAMIENTO, EL TIEMPO NO EXISTE. La presencia de Dios ahuyenta los programas.

Otro rasgo destacado era esa convicción muy profunda del pecado. He aquí dos incidentes. Un día la querida anciana, Margarita, vino y me dijo: “Me siento guiada a pedirle que vaya a esta parte particular de la parroquia. Hay pecadores empedernidos allí que necesitan la salvación“. “Pero no me siento guiado a ir allí“, le dije. “Hay hombres allí quienes amargamente se me oponen, y me figuro que no habrá un lugar para celebrar una reunión“.

Ella me miró y dijo: “Señor Campbell, si usted viviera tan cerca de Dios como le conviene, El le revelaría Su secreto también“.

Recibí eso como una reprensión, y regresé al hogar del pastor y le dije: “Creo que debemos pasar la mañana con Margarita, y esperar en Dios junto con ella en su cuarto“. Así que Margarita y su hermana se arrodillaron con nosotros en su cuartito, y esa querida mujer comenzó a orar: “Señor, Tú recuerdas la conversación que tuvimos esta mañana a las dos. Tú me dijiste que ibas a visitar esta parte de la parroquia con avivamiento. Acabo de hablar con el Sr. Campbell pero no está preparado para pensar en ello. Tú debes darle la sabiduría, porque él la necesita muchísimo.” “Bueno, Margarita“, dije después de ponernos de pie, “¿a dónde quiere que vaya? ¿Y dónde vamos a convocar la reunión?” “Oh, sólo vaya, y Dios proveerá la congregación y el lugar para reunirse”.

Bueno, Margarita, iré“. Me fui la próxima noche, y encontré a eso de trescientas o cuatrocientas personas congregadas alrededor de un chalet de siete cuartos. La casa fue tan concurrida, y tantos jóvenes querían entrar, que el dueño de la casa, siendo un hombre que temía a Dios aunque no era cristiano, sugirió que ellos se pusieran sobre las camas en filas de tres personas cada una; quitarse los zapatos, y juntarse como sardinas en lata. Y eso es lo que hicieron, pero aun así, todavía quedaban un igual número afuera.

Leí el texto de la Biblia del cual pensaba predicar: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó...” (Hechos 17:30-31).

Habían allí cinco pastores. Si usted les hubiera preguntado de que era lo que los trajo a ese pueblecito, ni siguiera uno le podía decir, pero movidos por un Dios soberano, estaban allí. Hablé cerca de diez minutos cuando uno de los ancianos se me acercó y dijo: “Sr. Campbell, ¿vendrá usted al otro lado de la casa? Uno de los hombres principales del pueblecito está clamando a Dios por misericordia, vaya usted allí, y nosotros iremos a la pila de turba aquí donde se puede ver esas mujeres clamando a Dios, arrodilladas.”

Fui al otro lado de la casa, y allí estaban los mismísimos hombres que Dios mostró a Margarita, hombres que se convertirían en pilares de la iglesia de sus padres. Y eso es lo que son hoy en día.

Entre los que pedían misericordia estaban dos flautistas los cuales estaban anunciados a tocar en un concierto y un baile en una parroquia vecina. Y el pastor de aquella parroquia estaba allí, él y su esposa estaban mirando a los flautistas pedir a Dios piedad.

Repentinamente el pastor volvió la mirada hacia su esposa, diciendo: “Regresaremos a la parroquia e iremos al baile, y les diremos allí lo que está pasando en Barvas“.

Se alejaron una distancia de quince millas, llegando cuando el baile estaba en plena marcha. Entrando el pastor, se interrumpió el baile, y el pastor se paró en la pista de baile. “Jóvenes, tengo una historia interesante que contarles. Los flautistas no están con ustedes porque están en Barvas pidiendo a Dios misericordia“. Un silencio -silencio de la eternidad, según el pastor- impregnó el salón de baile. Luego él dijo: “Jóvenes, les quiero cantar un salmo. Creo que debemos cantar el Salmo 50 (donde Dios se representa como fuego que consumirá)”, y comenzó a cantar, él mismo tomando el lugar del director. Al llegar al segundo versículo, de repente se oyó un grito, y un joven cayó al suelo y comenzó a pedir misericordia a Dios. Dentro de cinco minutos el salón estaba desocupado, y los jóvenes huyeron a los tres coches que los trajeron desde otras parroquias. Pronto se arrodillaron, clamando a Dios que tuviera piedad de ellos.

¡Eso es Dios obrando! Tan fuerte conmovía Dios, y tan terrible era la convicción, que no podíamos más que dejarlos allí.

Había un movimiento notable en la aldea de Arnol. La situación allí fue difícil, e igual como en los otros lugares, era amarga la resistencia. A la medianoche un cierto hombre se puso de pie para orar. Todavía recuerdo sus palabras: “Oh Dios, ¿sabes que Tu honor está en peligro? ¿Sabes que hiciste una promesa la cual no estás cumpliendo? Ahora bien, he aquí cinco pastores junto con el Sr. Campbell. No sé nada de la condición interior de ellos, ni siquiera del Sr. Campbell, pero si sé algo de mi propio corazón, creo que puedo decir que tengo sed. Tengo sed de una manifestación de tu poder”.

Luego, a eso de las dos de la mañana, se puso de pie y dijo esto: “Con base en Tu promesa de derramar aguas sobre el sequedal (espiritual), me atrevo a desafiarte a que cumplas Tu pacto”.

Cuando ese hombre dijo eso, la casa del granjero tembló como hoja. Cuando Juan Smith cesó de orar, terminé la reunión y salí afuera donde descubrí que toda la comunidad estaba despierta. La oposición se desvaneció, y un movimiento glorioso comenzó, el cual se nombra en Escocia como el avivamiento de Arnol. Esto fue uno de los movimientos poderosos en medio de la visitación graciosa de Dios en la isla de Lewis. La taberna se cerró esa noche, y nunca volvió a abrirse. Los hombres que solían emborracharse allí en las noches, ahora están orando en nuestras reuniones. Uno de ellos es misionero en Arabia del Sur.

¡CONVICCIÓN! ¡ANGUSTIA DEL ALMA!

Catorce jóvenes discutían acera de cuánta cerveza debían traer a la parroquia para un baile el viernes. De pronto uno de ellos dijo a los otros: “Muchachos, aumentemos la cantidad, porque creo que esta es la última vez que llegará la cerveza a esta parroquia“.

Angus“, dijo otro, “¿insinúas que el avivamiento va a llegar a esta parroquia impía?” “No puedo decir lo que va a acontecer, o que va a venir, pero algo pasa conmigo”. Eso es todo lo que dijo, pero catorce jóvenes se arrodillaron al frente del salón de baile, quedándose allí por más de una hora. Como resultado, todos fueron salvos, y once desempeñan un cargo en la iglesia hoy en día.

¿Qué son los frutos del avivamiento? Podía contar sobre mis cinco dedos las personas que dejaron de asistir a las reuniones de oración. En Lewis, y en las tierras altas de Escocia en general, no creerían que una persona que no asistía a los cultos de oración era cristiana, no más de lo que creerían que el diablo era cristiano. Cuando un alma renace, repentinamente uno está con hambre de reunirse con los que oran a Dios.

Los cultos de oración se volvieron muy concurridos. No había ni siquiera una parroquia en Lewis que no tuviera a lo menos cinco cultos de oración. La prensa del pueblo anunció que había más gente asistiendo a los cultos de oración, que los que solían frecuentar el culto de mañana en el día de comulgar. Eso es una de las características notables en cuanto al fruto que se queda.

Y ha provenido de esas reuniones un movimiento entre los jóvenes, que está atravesando por toda la isla de Lewis. Los jóvenes y las señoritas que en días anteriores hubieran estado yendo a ver las películas, al baile o a las tabernas, hoy día están asistiendo, por veintenas, a los cultos de oración. No digo que esto sea avivamiento -no en el mismo sentido de lo que experimentamos hace varios años- pero en las parroquias se encontrará desarrollándose cinco o seis cultos de oración. Primero están en la iglesia, después van a cenar un poco, luego van a varias casas para esperar en Dios hasta las dos de la mañana. Y en aquellos cultos de oración los jóvenes están entregándose a Cristo.

Otro rasgo en cuanto a los frutos, es el número de hombres y mujeres quienes han salido por tiempo completo en el ministerio y como misioneros.

¿Entiende usted lo que significa el avivamiento? Significa mirar obrar a Dios -el Dios de milagros-, obrando de una manera soberana y sobrenatural, manifestándose entre los hombres y mujeres, induciéndolos a entrar al Reino de Dios.”

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                                              Duncan Campbell (1898-1972)

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Lo que NO te contaron sobre los Pentecostales – Capítulo II

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Una de las acusaciones más comunes contra el Movimiento Pentecostal es que “no tiene raíces históricas”. En su panfleto titulado: Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal Gregory Alan Kedrovsky  asegura que:

El movimiento pentecostal no tiene raíces históricasEl movimiento pentecostal no existía antes de 1901 d.C.”

Bien, no creo que él haya descubierto la pólvora, pero en eso estamos de acuerdo, tan de acuerdo como que ni el Agustinianismo existía antes de Agustín, ni el Luteranismo existía antes de Lutero, ni el Calvinismo antes de Calvino, ni el Metodismo antes de Wesley… y podríamos continuar así con cada una de las denominaciones o escuelas teológicas de la cristiandad. Aparte de que basar el origen de una denominación o movimiento en la Reforma Protestante del S. XVI no es ningún mérito; recordemos que ese es un argumento que el Catolicismo Romano usó contra las enseñanzas de Lutero: “no tienen peso histórico”. Y si cualquiera de ustedes debate con un católico lo primero que oirán es que “el Protestantismo tiene sus raíces en el S. XVI, pero el Catolicismo tiene sus raíces en el S. I ” Por lo tanto, la antigüedad de un movimiento no garantiza su superioridad, exclusividad, o veracidad.

Un error que está siendo común hoy día, entre las filas evangélicas, es el énfasis por volver a la Reforma Protestante del S. XVI. Pero si el mayor énfasis de la Reforma fue volver a las Escrituras ¿Por qué no volvemos a ellas directamente, y de allí vamos subiendo progresivamente? ¿Por qué pretendemos pasar todo por el filtro de una Reforma que ya está desfasada en el tiempo? Y es en ese filtro donde muchos se quedan estancados, pues para llegar a las Escrituras primero tienen que pasar por Lutero, por Calvino, por Arminio o por el reformador o teólogo de su gusto en un proceso descendente. ¿El resultado? Que al pasar por tantas lentes la interpretación queda desfigurada. ¡Igual que los católicos! Ellos parten desde el Magisterio vivo de la Iglesia, pasando por Papas, Obispos, Concilios, Encíclicas, Doctores de la Iglesia… y cuando llegan a la Escritura la visión es deformada. Observen lo que enseña Roma:

La interpretación auténtica del depósito de la fe corresponde sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, es decir, al Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, y a los obispos en comunión con él.” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)

Algunos protestantes se jactan diciendo:¡nosotros somos Sola Scriptura!… nosotros tenemos la interpretación auténtica.” Pero una vez que comienzas a hablar con ellos te salen conCánones“, “Instituciones“, “Confesiones de Fe“, “Salterios“… No, no, no… ¡tú lo que eres es un Museo de la Reforma!, nada más. Como dijo alguien por ahí “Unos veneran a un Papa vivo, y otros veneran a un Papa muerto”. 

Que una Denominación Evangélica tenga sus raíces en la Reforma Protestante no garantiza absolutamente nada. ¿Había alguien más orgulloso de su linaje que los judíos? Le respondieron (a Jesús): Linaje de Abraham somos. [Juan 8:33] Sin embargo un poco más adelante el Señor les respondeVosotros sois de vuestro padre el diablo” [Juan 8:44]. ¿Y qué exhortación les hizo el Señor a esos mismos judíos? Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor! [Juan 5:39 NVI]

En La Reforma Protestante no se halla la vida eterna, ella nos dio testimonio diciéndonos ¡Volved a las Escrituras! El solo hecho de estudiar y conocer las Escrituras tampoco nos garantizan la Vida, ellas dan testimonio de Cristo diciéndonos ¡Volved a Cristo! Porque él es la Verdad, el Camino y la Vida. Todas las demás cosas son señales que nos indican hacia donde debemos ir, pero quedarnos abrazados a una señal, besándola y venerándola no significa nada más que estancarnos en nuestro caminar celestial. 

Desearía que nadie me malinterprete en esto que acabo de decir, damos gracias a Dios por la Reforma Protestante, por los Reformadores y escuelas teológicas posteriores, pero la cosmovisión no se limita a ese período exclusivamente, debemos abarcar toda la Historia de la Iglesia, y esto incluye Padres apostólicos, de la Iglesia posterior, apologistas, etc, sin estancarnos perpetuamente en un solo periodo. Y haciendo todo esto en un sentido ascendente: debemos mirar a la Reforma con los ojos de la Escritura, y no a la Escritura con los ojos de la Reforma. 

Bueno, pero vayamos al grano, una cosa que debemos tener en cuenta en relación a lo que sucedió en la calle Azusa es que los pioneros del avivamiento pentecostal no salieron de un huevo kinder, eran hermanos y líderes de iglesias metodistas, bautistas, del movimiento de la Santidad (que en aquel entonces era muy numeroso),  independientes, y de todas las denominaciones históricas que anhelaban un despertar espiritual para la nación; motivados intensamente por el Gran Avivamiento de Gales que en ese mismo entonces estaba sacudiendo Europa. El pentecostalismo no nació como una denominación sino como un movimiento de avivamiento dentro de las denominaciones históricas:

“Siguiendo la tradición de la mayoría de los movimientos de renovación o avivamiento, los primeros pentecostales no se consideraban una entidad separada. Se consideraban un movimiento “dentro” de la iglesia cristiana, que Dios había creado para dar vida nueva a un cuerpo demasiado estructurado y carente de espíritu. Los líderes nunca promovieron la formación de denominaciones pentecostales separadas. Se referían a sí mismos y a su movimiento como “no denominacionalistas”  (Vinson Synan – del libro El Siglo del Espíritu)

Si no se comienza por comprender esto llegamos a conclusiones equivocadas: el pentecostalismo no es, ni debería ser, una denominación sino un movimiento de avivamiento. Conozco metodistas-pentecostales, bautistas-pentecostales, reformados-pentecostales, etc. Entre los reformados pentecostales destaca la gran Alianza de Iglesias Cristianas Nueva Vida en Brasil, lideradas por un pastor lleno de sabiduría y piedad llamado Walter McAlister. 

¿Qué es un Avivamiento? Dejemos que el gran Martyn Lloyd-Jones nos lo responda:

“Se reconoce generalmente que la mejor forma de definir un avivamiento es como una vuelta de la Iglesia al libro de Hechos, una especie de repetición de Pentecostés, el Espíritu derramándose nuevamente sobre la Iglesia. Esto, naturalmente, es una porción de doctrina imprescindible y esencial.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

El Movimiento Pentecostal no debe preocuparse por tener o no raíces en la Reforma del S. XVI, porque no es allí donde debemos volver sino a la Iglesia del libro de los Hechos. La Iglesia no necesita una Reforma que la lleve 500 años hacia atrás, la Iglesia hoy necesita imperiosamente un Avivamiento que la lleve a experimentar nuevamente un Pentecostés, o solo seremos un Museo en vez de una Iglesia llena de vida.

Es evidente que los hermanos que escribieron estos panfletos anti-pentecostales se jactan de seguir uno de los baluartes de la Reforma Protestante: el de la Sola Scriptura. Sin embargo usan sin pudor este argumento:

“Hasta 1901 y Agnes Ozman no había nada en la historia de la Iglesia que se parecía al movimiento pentecostal actual. Más bien, el parecer tradicional hasta 1830 era lo que se llama “la teoría de cesación”. Según esta enseñanza las cinco señales de Apóstol que Cristo entregó a los 11 en Marcos 16.17-18 cesaron después de la época de los Apóstoles. O sea, empezando con la primera generación de creyentes después de los Apóstoles de Cristo (los 12 y Pablo), cesaron las señales de Apóstol y también la revelación directa (porque con los escritos de los Apóstoles, Dios cerró el canon de la Escritura; Apocalipsis 22.18-19).” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

La teoría que se conoce con el nombre de “cesacionismo” afirma que los dones y manifestaciones del Espíritu Santo ya no están vigentes u operativos en la Iglesia hoy.

Como se supone que uno está hablando con devotos de la Sola Scriptura, tiene que hacerles la consabida pregunta: ¿Y dónde afirma la Escritura que los dones cesaron?… Bien, si usted nunca fue al circo, esta es su oportunidad para ver a un hombre haciendo los malabarismos y acrobacias más estrambóticas que se pueda imaginar. ¿La razón? No existe ni un solo pasaje en las Escrituras que afirmen, y ni siquiera insinúen, que los dones y manifestaciones milagrosas del Espíritu Santo han cesado. ¡Ni uno solo! ¿Y no se supone que un Solo Scriptura debería poder afirmar algo solo con la Escritura? Pues como la Biblia no les respalda en su tesis cesacionista, se sacan de la manga estos argumentos:

“En los tiempos de la Reforma, la “teoría de cesación” seguía siendo la posición tradicional. Martín Lutero dijo: “Pablo testifica… 1 Corintios 14.22: ‘las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos’. Pero después, cuando la Iglesia ya se confirmó por estas señales, no fue necesario que esta manifestación visible del Espíritu Santo continuara.” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

¿Se dan cuenta del peligro de poner las raíces en la Reforma y no en la Escritura? El argumento cesacionista se basa no en lo que dice la Escritura sino en lo que dijo Lutero: “en la posición tradicional”. De un triple salto mortal pasan de la Sola Scriptura a la Sola Tradición, ¡como los católicos romanos! El mismo Martín Lutero está dando aquí su opinión y no una interpretación exegética de un versículo, es suficiente con mirar el versículo citado y la explicación dada por el Reformador para comprobar que una cosa no lleva a la conclusión de la otra. Si las lenguas son por señales a los incrédulos ¿por qué deberían de haber cesado?, ¿es que ya no hay más incrédulos en el mundo?, ¿son todos creyentes?.

En su obsesión por demostrar algo que no solo no tiene fundamento bíblico, sino que es anti-bíblico, los cesacionistas manipulan la Historia de la Iglesia como un último recurso desesperado. Observen este ejemplo:

“Aun el famoso Agustín dijo: “¿Por qué, se pregunta, no se manifiestan milagros hoy en día como sucedía en otros tiempos? Yo podría responder que eran necesarios entonces, antes de que el mundo llegara a creer, para poder ganar la creencia del mundo” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

Bien,  aquí podríamos usar el mismo argumento que en el párrafo anterior: ¿acaso todo el mundo ha llegado a escuchar el evangelio y a creer? Y si no es así, entonces ¿por qué deberían cesar los dones? Y por cierto, Agustín no da una respuesta con la Escritura, noten bien que está dando su opinión personal.  Hasta aquí todo bien si solo se trata de opiniones de hombres, pero entonces ¿en qué consiste la manipulación de la Historia por parte de los cesacionistas?

Agustín de Hipona, o San Agustín como se le conoce generalmente, vivió del 354 al 430. Pero antes que él existieron otros Padres de la Iglesia o Apologistas de gran autoridad. Tomemos el caso del obispo Ireneo.

Ireneo de Lyon: No se sabe a ciencia cierta la fecha de su nacimiento, posiblemente estaría entre los años 125 al 140 (murió en el 202 d.C.) . Sí se sabe que se convirtió al cristianismo en edad muy joven, y que vio y escuchó en primera persona al gran Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo directo del Apóstol Juan. Es en los escritos de Ireneo, Padre de la Iglesia y precursor de la teología, donde encontramos datos de la operatividad o continuismo de los dones sobrenaturales del Espíritu durante el siglo II. Estos son los que he encontrado leyendo su magnífico tratado Contra los Herejes (Adversas Haereses)

“También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu, haciendo público lo que está escondido en los hombres y manifestando los misterios de Dios, a quienes el Apóstol llama espirituales, éstos son espirituales, porque participan del Espíritu” (Ireneo de Lyon de su Tratado: Adversas Haereses – Libro V 6.1)

Comparando a los falsos milagros de los verdaderos que se seguían produciendo entre ellos, dice:

“No son capaces de dar la vista a los ciegos, ni el oído a los sordos, ni expulsar a todos los demonios -sino sólo a aquellos que ellos mismos les meten, si es verdad lo que dicen-, ni curar a los enfermos, cojos y paralíticos o dañados en cualquier otro miembro del cuerpo como efecto de alguna enfermedad, ni dar de nuevo la salud a todos aquellos que enferman por accidente. Muy lejos están de resucitar a los muertos -como lo han hecho el Señor y los Apóstoles por medio de la oración y como en algunos casos ha sucedido en la comunidad cuando ha sido necesario, cuando toda la Iglesia lo ha suplicado con ayunos y plegarias, de modo que «ha regresado al muerto el espíritu» como respuesta a las oraciones de los santos-. Ni siquiera creen que esto sea posible; porque, según ellos, incluso la resurrección de los muertos no es sino el conocimiento de lo que ellos llaman la verdad.” (Ireneo de Lyon – de su Tratado Adversas Haereses – Libro II 31.2)

“Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de Él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años.
¿Qué más podemos decir? Son incontables las gracias que la Iglesia extendida por todo el mundo recibe de Dios, para ir día tras día a los gentiles y servirlos en nombre de Jesucristo crucificado bajo Poncio Pilato. Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye.
Y no lo hace por invocación de los ángeles, ni por medio de encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo de acciones mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando su oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el nombre de nuestro Señor Jesucristo, hace todas estas obras maravillosas no para seducir a nadie sino para el bien de los seres humanos. Pues si hasta hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo hace tantos beneficios y cura de modo seguro y verdadero a todos los que creen en él, y no pueden hacer lo mismo los seguidores de Simón, Menandro, Carpócrates o de cualquier otro, entonces es evidente que Él se hizo hombre, convivió con la obra que él mismo había plasmado, realmente todo lo llevó a cabo por el poder de Dios según la voluntad del Padre de todas las cosas, tal como los profetas habían anunciado.” (Ireneo de Lyon en su tratado Adversas Haereses – Libro II 32.3,4,5)

“… porque saben que los seres humanos no reciben de Marco (maestro gnóstico) el don de la profecía, sino que Dios concede esta gracia desde lo alto a quienes él quiere; y quienes reciben de Dios este don, hablan donde y cuando Dios quiere, no cuando Marcos ordena. Aquel que manda es más grande y soberano que quien le está subordinado; pues lo primero es propio de quien tiene el gobierno, y lo segundo del que le está sujeto.” (Ireneo de Lyon – Contra los Herejes – Libro I. 13,3 – 13,4)

La diferencia entre Agustín (S. IV-V) e Ireneo de Lyon (S.II) es que el primero da una opinión personal de por qué no están sucediendo entre ellos esos milagros; mientras que el segundo es testigo directo y autoritativo de operaciones de los dones como: milagros, sanidades, hablar en lenguas, profecías, etc., y su vigencia aún después de la muerte de los apóstoles.

También tenemos a Tertuliano quien vivió entre el 160-220. Gran apologista de la fe cristiana, él creía plenamente en la vigencia del don de profecía y fue testigo directo de su manifestación. Bien, alguno podría objetar que luego Tertuliano se radicalizó, y el abuso de las profecías lo llevaron a extremismos. Pero les recuerdo que Tertuliano escribió en su etapa más ortodoxa el magnífico tratado El Apologético, en este tratado dirigido a los magistrados que condenaban a los mártires he encontrado por lo menos cuatro importantes citas, donde afirma que los cristianos echaban fuera demonios, como parte normal de la vida cristiana y que con la expulsión de demonios había sanidad. Por cuestiones de espacio creo que con tres citas serán suficientes:

“Pues, ¿qué cabe objetar a lo que con tan desnuda sinceridad se muestra? Si por una parte son verdaderos dioses, ¿por qué mienten diciendo ser demonios? ¿Sería por obedecernos? Ved cómo está sometida a los cristianos vuestra divinidad, la que ciertamente no ha de tomarse por divinidad cuando se ve al hombre sometida y aun a sus enemigos si hacen algo en su deshonra… Pero todo el imperio y el poder que sobre ellos tenemos radican en que pronunciamos el nombre de Cristo y enumeramos todos los castigos que les amenazan y que de Dios esperan por Cristo, su Juez. Como temen a Cristo en Dios y a Dios en Cristo, se someten a los servidores de Dios y de Cristo. Por lo cual, al mero contacto de nuestras manos, al menor soplo de nuestra boca, aterrados por la imagen y el pensamiento del fuego que les aguarda, salen aun de los cuerpos de los hombres obedeciendo a nuestro mandato, bien que con desgana y dolor, avergonzados ante vuestra presencia. Creedles cuando dicen verdad de sí mismos, así como los creéis cuando mienten.” (Tertuliano – El Apologético – XXIII)

“Mas, ¿quién os arrebataría a esos enemigos ocultos que por doquier y siempre devastan vuestros espíritus y vuestra salud, o sea, esos demonios que nosotros arrojamos de vuestros cuerpos sin pedir recompensa ni salario? Nos hubiera bastado, en venganza, abandonaros a esos espíritus inmundos como a bien sin dueño.” (Tertuliano – El Apologético – XXXVII)

“Y sin embargo, cualquiera que fuere el perjuicio que nuestra “secta” pueda inferir a vuestros negocios, cabe ser compensado también con alguna ventaja. ¿Qué caso hacéis, no digo ya de los que arrojan los demonios de vuestros cuerpos, ni de los que por vosotros, como por sí mismos, ofrecen sus plegarias al verdadero Dios, pero de los que vosotros no podéis temer nada?” (Tertuliano – El Apologético – XLIII)

Lo mismo podríamos decir de Justino, del S. II, cuando en su Diálogo con el judío Trifón afirma:

“Entre nosotros, aun hasta el presente, se dan los carismas proféticos. Por donde hasta vosotros tenéis que daros cuenta de que los que en otros tiempos se daban en vuestro pueblo han pasado a nosotros”     (Dial., 82).

Tenemos entonces que la falacia que se esgrime contra el Movimiento Pentecostal es que Si los dones cesaron con los apóstoles, entonces todo lo que hoy se pretenda presentar como un don del Espíritu no es otra cosa que obra del diablo

Hemos demostrado que los dones siempre han estado vigentes en la Iglesia, aunque no siempre en todos lados a la vez y en la misma proporción. Para terminar este capítulo permítanme dejarles las palabras de este gran maestro, al que nadie podría acusar de fanático, el Dr. Martyn Lloyd-Jones:

“Hemos visto anteriormente que ciertas personas creen que los dones se retiraron al completarse el canon del Nuevo Testamento. Algunas de ellas llegan a decir que la historia de la Iglesia demuestra claramente que tales dones fueron suprimidos, y otras afirman de un modo bastante dogmático que no han vuelto a darse desde entonces: que no ha habido milagros, literalmente, desde los días del Nuevo Testamento. Y están también aquellos que van más lejos aún -he leído recientemente algunos de sus folletos- y dicen que, incuestionablemente, lo que se reivindica como dones del Espíritu no son otra cosa que manifestaciones del “poder diabólico”. ¡Y lo escriben con letras de molde! Hay cristianos que realmente escriben y publican tales cosas…
Pero ellos basan su opinión en este argumento y parecen bastante lógicos. Dicen que todo esto fue solo para el tiempo de la Iglesia neo-testamentaria y que acabó con ella; por tanto, cualquier cosa que pueda parecer un don espiritual a partir de entonces tiene que ser necesariamente “diabólico”: una falsificación, algo que debemos evitar corno la peste misma y, ciertamente, algo extremadamente peligroso… Hemos de cuidarnos, por tanto, de una enseñanza que juzga las Escrituras y dice: “Esto tiene que ver con nosotros y esto no”… permítanme apelar a la Historia. Considera esta idea de que todas las manifestaciones y los dones milagrosos acabaron con la era apostólica. Ciertamente, esto es algo sobre lo que no tenemos derecho a dogmatizar, ya que contamos con pruebas históricas claras de que muchos de esos dones perduraron por varios siglos. Existen testimonios fidedignos de ello en las biografías y los escritos de los grandes Padres de la Iglesia -Tertuliano y otros—que no dejan lugar a dudas en cuanto a que esas cosas seguían sucediendo. Pero, sobre todo -y esto, para mí, es muy importante-, hay muchas pruebas de que estas cosas ocurrían aun en los tiempos de la Reforma protestante. ¿Has leído alguna vez la biografía de ese gran hombre y erudito llamado John Welsh, yerno de John Knox? Se cuentan cosas asombrosas, al parecer bien comprobadas, acerca de él. Existe la tradición -repetida por los historiadores más moderados- de que en cierta ocasión, cuando se hallaba exiliado en el sur de Francia, John Welsh realmente resucitó a alguien. Yo no lo sé, simplemente te presento la evidencia.
Lo único que estoy tratando de decir es que no me atrevería a asegurar que estas cosas acabaron con la era apostólica y que no ha habido ningún milagro desde entonces. ¡En realidad no lo creo! Hay evidencia procedente de muchos de esos reformadores y padres protestantes de que algunos de ellos tenían un verdadero don de profecía: me refiero a predecir acontecimientos futuros. Y encontramos, por ejemplo, entre los confederados escoceses personas, como Alexander Peden y otros, que dieron profecías precisas y literales de cosas que sucedieron a continuación.
Permíteme que te lo exprese de la manera más sencilla: creo que lo que esta generación necesita que se le diga es que “hay más cosas en el Cielo y en la Tierra, Horacio, de las que puede soñar tu filosofía”. Nuestro peligro es el de apagar al Espíritu y poner límites al poder de Dios, al Espíritu Santo.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

Y termina con esta advertencia:

“Cualquiera que esté dispuesto a decir que todo esto terminó con la era apostólica, y que no ha vuelto a haber ningún milagro desde entonces, hace una afirmación de lo más atrevida. No solo no hay nada en la Escritura que diga que todos esos dones milagrosos tenían que cesar con los Apóstoles, sino que la historia subsiguiente de la Iglesia, creo yo, desmiente absolutamente semejante pretensión.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

En los siguientes capítulos estaremos analizando las luces y sombras del Movimiento Pentecostal, aciertos y errores de los cuales ninguna denominación o movimiento ha estado exento, y menos en épocas de avivamientos. 

 ¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo se regocije en ti?

Salmos 85:6

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

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Lo que no te contaron sobre los pentecostales – Capítulo I

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Desde su nacimiento el movimiento Pentecostal de la “lluvia tardía” ha sido caracterizado por la herejía doctrinal, la exageración, y el engaño. Comprendo que esas son duras palabras, pero la documentación es irrefutable. Esto es a causa de que los milagros mesiánicos y apostólicos de la primer centuria simplemente no están siendo concretados por los Cristianos hoy. Aquellos que pretenden que los signos apostólicos Pentecostales han sido restaurados son forzados a recibir como señales apostólicas a fenómenos ocultistas e hipnóticos tales como el matar del Espíritu y la embriaguez del Espíritu y la adivinación (que ellos frecuentemente llaman “palabra de conocimiento”), o son forzados a exagerar y prefabricar las pretendidas señales.”  (Way of Life Literature’s Fundamental Baptist)

Este es el prólogo de uno de los tratados de adoctrinamiento de Way of Life Literature’s Fundamental Baptist. Y digo de adoctrinamiento pues la intención de este tipo de literatura no es la de motivar al estudio imparcial, sino la de imponer un pensamiento único con carácter de infalibilidad, al mejor estilo católico romano: “no piense, no razone, no discuta, acepte solamente lo que el Magisterio de la Iglesia ha determinado como regla de fe y de conducta”.

Personalmente no creo que el Movimiento Pentecostal necesite defensa alguna, su crecimiento vigoroso, su celo evangelístico y misionero, su amor puesto por obra, sus innumerables mártires; superan cualquier barrera u obstáculo, interno o externo, a pesar de ser uno de los movimientos evangélicos más perseguidos y despreciados por los auto-proclamados “defensores de la sana doctrina” y por las autoridades seculares.

Pero como este es un blog para gente que le gusta pensar, aunque pensar a veces implique equivocarse, ya que no somos tan intelectuales como quisiéramos, ni tan eruditos como debiéramos. Y porque este es un espacio inter-denominacional donde queda excluido el fanatismo; me parece justo que una voz se levante para decir ¡cuidado!, no seas hallado llamando hijo del diablo a un hijo de Dios. Con la ayuda del Señor iremos capítulo a capítulo viendo en qué consiste este movimiento llamado pentecostalismo, y hasta dónde son falsas o ciertas las acusaciones contra él.

Junto con este tratado de adoctrinamiento, tengo otro de igual calibre que aparte de coincidir en el origen de la denominación que los promueve (cosa que me apena por el profundo respeto y admiración que siento por los hermanos Bautistas), también concuerdan en otra cosa: manipular la Historia. Esto me recuerda a los documentales sobre países de Latinoamérica que suelen pasar en la televisión de España, siempre muestran lo peor de estos países: la delincuencia, la ignorancia, los barrios marginales, la violencia, la pobreza extrema; escasamente muestran lo mejor, ¿el propósito? Decirle a los españoles:no se quejen, ustedes están mejor que el resto del mundo.Creo que es precisamente este el propósito de estos tratados de adoctrinamiento, decirles a algunos bautistas “no se quejen por la falta de vida y vigor de vuestras congregaciones, ¡mirad! Afuera está lleno de herejía, ¡no se os ocurra salir de estas puertas!”. No es de extrañar que uno de estos panfletos propagandísticos termine con esta auto-exaltación:Durante toda esta época de error y el crecimiento del movimiento pentecostal, ha habido una voz clara y distinta entre todas las demás: la voz de los bautistas.”

Honestamente uno se atraganta desde el inicio cuando lee cosas como las que siguen:Todo lo que uno podría tildar “pentecostal” en el cristianismo hoy en día comenzó con una mujer, Agnes Ozman, de Topeka, Kansas (EE.UU.), que habló incoherentemente en una reunión el 1 de enero, 1901. Luego, el movimiento se desencadenó por medio del ministerio de un negro, William Seymour, que empezó una obra en Azusa Street (la Calle Azusa) en Los Ángeles después de haber sido echado de una iglesia bautista… Estas son las raíces de todas las iglesias pentecostales y carismáticas que existen en la actualidad: una mujer de Topeka, Kansas, que habló incoherentemente en 1901, y un predicador negro que fue echado de una iglesia bautista…”  (Gregory Alan Kedrovsky – de su panfleto: Las raíces corruptas – La historia del movimiento pentecostal)

“una mujer… el ministerio de un negro…” Bueno, creo que el prejuicio está más que evidente desde el comienzo. Y sí, es verdad, “las mujeres” y los “negros” tuvieron un papel importante dentro del Movimiento. Por aquella época las mujeres no tenían derecho al voto y la segregación racial era notoria, pero en el Avivamiento de Azusa donde tomó consistencia el Movimiento Pentecostal “La línea de color había sido borrada por la Sangre.” (Frank Bartleman – del libro Azusa Street).

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Primeros miembros de la congregación de Azusa

Honra a la historia del Movimiento Pentecostal que un hermano afro-americano (un negro como lo llama Gregory Alan Kedrovsky) hijo de esclavos, haya sido el primer pastor pentecostal de la historia.

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Citaré con frecuencia el libro Azusa Street, de Frank Bartleman, quien fue un testigo directo de aquel Avivamiento y narraba los hechos para la prensa religiosa de la época.

Precisamente sobre él, dice lo siguiente el panfleto de Way of Life Literature’s Fundamental Baptist

“A pesar de su doctrina de que Dios ha prometido sanidad física, Bartleman estuvo frecuentemente enfermo, a veces abatido hasta el punto del suicidio, y su hija mayor, Esther, murió en su niñez a pesar de su fe en la sanidad.”

Entiendo que alguien que no haya leído el libro Azusa Street puede comulgar alegremente con esta mentira, pero si lo has leído verás la falacia de este argumento.

En primer lugar, es verdad que Bartleman siempre tuvo una frágil salud, lo dice él:

“Mi salud era débil, desde mi niñez. En ese momento escribí en mi diario: “Mi salud es muy débil, pero creo que viviré para ver terminada mi obra. A pocos les gusta ir a los lugares difíciles, pero mi tarea es ir donde otros no quieren ir. Parece que Dios solo puede conseguir un hombre que no tiene más motivo por el cual vivir que el cielo, para hacer la obra, porque lo que se necesita es un hombre con esa fortaleza. Me alegra que Él me use hasta lo último para su servicio. Prefiero gastarme a arrumbarme; prefiero morir de hambre para Dios, si es necesario, que engordar para el demonio”. Ese era el espíritu de mi consagración.”  (Azusa Street)

“A pesar de la debilidad de mi cuerpo, conseguí trabajo como jardinero. Esto nos proveyó de comida. Yo predicaba con frecuencia en las calles, y ayudaba en la obra misionera. Mi siguiente trabajo fue cosechar naranjas, con la ayuda de una escalera, pero tuve que abandonarlo al mediodía de la primera jornada. El peso de la fruta y la escalera que se doblaba casi me rompen la espalda. Este era mi punto débil. Conseguí más trabajo como jardinero y construyendo cercas. Esto no era tan duro. Casi todas las noches me encontraban en alguna reunión, predicando o testificando. Era mi vida. Mi primer llamado era predicar. Sufrimos mucho por el frío y la lluvia, porque solo teníamos un quemador de gas en la casa, tanto para calefacción como para cocinar. La pequeña Ruth se enfermó con fiebre, y casi nos habíamos quedado sin comida. El trabajo escaseaba. Prediqué en la Obra Misionera Peniel, sin mencionar nuestra necesidad, pero declarando mi fe en que el Señor estaría junto al hombre que había elegido estar junto a Él. Pasaba mi tiempo libre repartiendo tratados, haciendo obra personal o predicando en la calle y en las obras misioneras. Solo descansaba cuando dormía, y muchas veces, en lugar de eso, oraba.”   (Azusa Street)

“Aproximadamente en esos días tuve un terrible ataque de neuralgia en el estómago. Sentí que moría. Ayuné y oré un día entero, y el Señor me libró.”  (Azusa Street)

“Antes de volver, enfermé gravemente y estuve toda una noche en cama con fiebre y escalofríos. Pero fue una experiencia notable. Tenía gripe (recuerde el lector que en aquella época una gripe podía ser mortal, más que ahora). Aunque estaba transido de dolor y ardiendo de fiebre, un poderoso espíritu de oración vino sobre mí. Parecía que fuera dos personas. Mi cerebro parecía estar aparte, vivo para Dios. Me sentía todo espíritu. En mi cuerpo, estaba enfermo de muerte. Mis sufrimientos parecían empujar al alma fuera del cuerpo. Fue una experiencia muy peculiar. Estoy seguro de que el diablo perdió allí. Mi espíritu parecía completamente elevado por sobre mi condición física.”    (Azusa Street)

Este es el “perverso, el monstruo de Bartleman” que nos pintan los relatos anti-pentecostales. ¿Dónde se queja de Dios? ¿Dónde hace alarde del don de sanidad? Sufre y ora. Y una duda me asalta ¿Dónde amenaza con suicidarse después de hacerse pentecostal?… No mis queridos amigos anti-pentecostales, todavía no existían en aquella época ni los MacArthur, ni los Steve Lawson que garantizaran al cristiano que si comete suicidio ira igualmente al cielo. Los pentecostales no creen esa herejía.

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El periodista Frank Bartleman

¿Quieren saber cómo vivían estos piadosos pioneros pentecostales? Aquí tienen más, y recuerden que Bartleman para este entonces estaba dedicado a tiempo completo a la obra, pero no recibía salario alguno:

“…alquilamos a unos amigos dos cuartos sin amoblar, en un primer piso, sin calefacción, en la calle Temple 1055. Yo tenía poco dinero. Conseguí algunos muebles. Cocinábamos y comíamos bajo una carpa tendida en el patio. Sufríamos mucho, porque llovía y hacía frío. Nuestra hija más pequeña se enfermó, pero Dios la libró. La mies era mucha, pero los obreros pocos, en esos días; había mucho trabajo misionero a nuestro alrededor, pero la pregunta era cómo serían suplidas nuestras necesidades… Vivíamos por fe, ya que no teníamos ingresos.”   (Azusa Street)

“El 2 de enero testifiqué y ayudé en una reunión que duró todo el día en la Iglesia Evangélica Metodista de Boyle Heights, a la que llegué a pie, ya que no tenía dinero para tomar un coche. Estaba muy cansado al volver, por lo que le pedí al Señor que me llevara en coche, y encontré una moneda en la acera. Así volví a casa en coche.” (Azusa Street)

“Para esta época, ya mis ropas estaban muy gastadas. En respuesta a la oración, el Señor me dio, por medio del hermano Marsh, un metodista de Pasadena, dos juegos de ropa usada, uno liviano y otro más grueso, para el verano y el invierno. Ambos eran mejores que el que yo estaba usando. Así que recibí una doble bendición, el doble de lo que había pedido.”   (Azusa Street)

Una pregunta, ¿cuántos ministros hoy se sentirían inmensamente agradecidos a Dios porque alguien le regalase ropa usada? Por lo visto el “evangelio de la prosperidad” no tiene sus raíces en Azusa Street.

“Cierta vez, solo teníamos un puñado de porotos (alubias) en la casa. Pero Dios nos proveyó antes de que termináramos de consumirlos. Un hermano me trajo una bolsa de papas como resultado de un testimonio que di en la Primera Iglesia Evangélica Metodista. Vale la pena obedecer a Dios.”   (Azusa Street)

“En mi hogar éramos probados muy duramente en lo económico. El dinero era muy escaso. Pero Dios no nos permitía sufrir demasiado.”  (Azusa Street)

“Un día, mientras estábamos fuera, alguien dejó una carga de madera ante la puerta de nuestra casa. Nunca supimos quién había sido. Habíamos orado por madera.” (Azusa Street)

“Caminé durante todo el día esparciendo la noticia de la reunión, sin tener dinero para tomar un coche, y por la noche estaba tan cansado que no podía dormir. No teníamos ni un céntimo, estábamos atrasados con el pago de la renta otra vez, pero yo estaba, literalmente, derramando mi vida en el servicio a Dios. Apenas contábamos con las cosas indispensables para vivir… Llegamos a un punto en que debíamos tener dinero para pagar la renta y la comida, o dejarnos morir de hambre. Mientras me encontraba sentado a la mesa, escribiendo, el Señor me habló y me dijo que fuera a ver al hermano Geo Crary. La impresión fue tan fuerte que dejé la lapicera y salí inmediatamente. Después de orar durante un tiempo con el hermano Crary y su esposa, me dispuse a irme. Yo no había dicho ni una sola palabra sobre nuestras necesidades. Ellos me entregaron $ 2,50, aclarando que el Señor me había enviado a ellos para que me dieran ese dinero.” (Azusa Street)

“Una mañana, poco después de esto, mientras estábamos de rodillas orando en nuestro hogar, y muy necesitados de comida, el verdulero vino a vernos y nos dejó cinco dólares en mercadería. No quiso decirnos quién lo enviaba. Alguien había pagado por esas provisiones para nosotros.”  (Azusa Street)

“En una ocasión en que no teníamos nada para comer en casa, sino un poco de pan duro, recibimos una carta del hermano Boehmer, con un dólar. Él estaba en contacto directo con Dios. Posiblemente a los verdaderos santos les iría mejor si no hubiera tantos fraudes que traicionaran la confianza. Cada falso pastor, cada engañador en nuestras filas, hace todo mucho más difícil para los verdaderos siervos.” (Azusa Street)

¡Qué fácil es estar sentado cómodamente en un escritorio, con los pies calientes, con un buen abrigo, con el estómago lleno, con un buen café en la mano, y dedicar el tiempo a criticar a los santos que renunciaron a las más elementales comodidades para predicar en las calles más peligrosas y en los lugares marginales! ¡Oh sí, estos “rottweiler” celosos de la “sana doctrina” son capaces de todo para defender a los huesos secos que acumulan para sí! 

Pero no se quedan aquí, sino que llegan al colmo de la perversidad al afirmar quey su hija mayor, Esther, murió en su niñez a pesar de su fe en la sanidad.” (Way of Life Literature’s Fundamental Baptist)

Pero dejemos que el mismo Frank Bartleman nos cuente lo sucedido (todas las citas son de su libro Azusa Street)

“La pequeña Esther, nuestra hija mayor, comenzó a sufrir de convulsiones, y se fue a estar con Jesús el 7 de enero a las cuatro de la madrugada. Ella había sufrido toda su vida; era muy débil desde el día que nació. Esta vez parecía que la voluntad de Dios era llevársela. Me vi obligado a orar para que se viera librada de tanto sufrimiento… Yo la había besado esa mañana por última vez, mientras estaba consciente, sin darme cuenta de que sería el último beso. Nuestros pequeños se nos escapan muy rápidamente. Aprovechémoslos al máximo cuando los tenemos con nosotros. Tratemos a los niños con dulzura. La vida ya es bastante dura con ellos, y quizá tengamos que lamentar su pérdida cuando sea demasiado tarde. Este es un universo tremendo para el espíritu infantil, lleno de fuerzas terriblemente malignas. Debemos protegerlos y ayudarlos todo lo posible. Mi esposa rogaba a la mujer inconversa que estaba en la casa que arreglara sus cosas con Dios mientras el espíritu de la pequeña Esther partía; tan grande era la gracia que le había sido dada. Habíamos esperado que nuestra pequeña familia jamás se viera quebrada por la muerte. Pero Dios sabía que era lo mejor.”

“La pequeña Esther se deslizó de nuestro lado esta mañana temprano, para irse con Jesús. Los ángeles la llamaban, y fue a encontrarse con ellos. Se la llevaron y dejaron nuestros corazones en soledad. Oh, ¡qué vacío deja su ausencia en nosotros! Pero no nos lamentamos como los que no tienen esperanza. Ella es salva por siempre jamás. Salva de un mundo enemigo, de una vida de sufrimiento. Ella era demasiado frágil para el largo viaje de la vida en este mundo, por eso Dios la libró. Era tan inocente del mal como era posible serlo. El dolor más grande de su vida ya terminó para ella.”

“Se ha ido antes, delante de nosotros, ahorrándose el dolor de la partida. Ha escapado y ahora está segura, mientras que nosotros debemos continuar la lucha. Su obra concluyó en el fresco de la temprana hora de la mañana de la vida, y se ha ido al Hogar, sin tener que sufrir el calor del viaje. Los ángeles la cuidarán mucho mejor de lo que nosotros podríamos, y será inconcebiblemente más feliz. Por su propio bien, no quisiera llamarla para que volviera, aunque pudiera. Por eso dejamos su cuerpo aquí con la plena seguridad de una resurrección gloriosa.”

“Estábamos felices de que hubiera venido a nosotros, aunque solo se quedó un corto tiempo, y nos rompió el corazón al partir. Hay un alma más en el cielo. Si nosotros también somos llamados antes de que Jesús venga, solo nos pesarán los que debemos dejar atrás. Nos regocijaremos por todos los que se han ido antes. Solo extrañamos a nuestros seres queridos aquí. Si solo pudiéramos captar una línea de la pura melodía del cielo, perderíamos el gusto por los sonidos terrenales para siempre. Si pudiéramos captar un atisbo de nuestros seres queridos que se han ido, por la “puerta entreabierta”, ya la Tierra no podría contenernos. Debemos ver las cosas del lado del cielo”

“La hermana Ferguson vino de la Obra Misionera Peniel a consolarnos, al día siguiente de la muerte de Esther, pero al entrar en el cuarto, se vio obligada a exclamar: “Pero, ¡el Consolador está aquí!” No teníamos dinero para el funeral, pero el hermano Geo Studd nos consiguió una parcela barata de la Municipalidad, en el Cementerio Evergreen, en la sección de niños… Yo llevé el ataúd, que contenía todo lo que quedaba en la Tierra de nuestra pequeña querida, sobre mis rodillas, en el coche. Estaba lloviendo demasiado como para que mi esposa fuera al cementerio. Entonces la enterramos, en un día oscuro y tormentoso, para esperar la mañana de la resurrección, donde no habrá nubes ni lamentos. ¡Cuán puro será el aire de esa mañana! ¡Cuán gloriosos nuestros seres amados! ¡Cómo cantará la creación toda mientras aparece el Sol de Justicia, con sanidad en sus alas! No tuvimos coche fúnebre ni el funeral acostumbrado. Pero Dios proveyó, como lo había hecho durante la vida de la niña.”

¿Es este el relato de un perverso hereje del que podemos burlarnos diciendo: “¡Ja, miralo, cree en la sanidad y se le muere su hija!”? ¿Dónde nos dice Bartleman que haya “decretado” o “profetizado” salud sobre la pequeña? Solo se rindió a la voluntad del Padre.

“Junto a ese pequeño ataúd, con el corazón sangrante, entregué nuevamente mi vida al servicio de Dios. En la presencia de la muerte, cuán reales se vuelven las cosas eternas… Prometí que el resto de mi vida sería dedicado enteramente para Él. Dios hizo un pacto nuevo conmigo, y yo le rogué que abriera una puerta de servicio rápidamente, para que no tuviera tiempo de caer en la tristeza. Justo una semana después de la partida de la pequeña Esther comencé a predicar dos veces por día en la pequeña Obra Misionera Peniel, en Pasadena.”     (Azusa Street)

He leído muchísimas veces el libro Azusa Street, es uno de mis preferidos, y debo decir que cada vez que llego a esta parte siento un nudo en la garganta, no es el relato de un ministro en el entierro de un ser ajeno; son las palabras de un padre, que me recuerdan a la de tantos santos de la antigüedad que entregaban a la tierra el cuerpo de sus hijos sin una sola queja, sin amargura, con plena fe en la resurrección eterna. Por eso me indigna cuando los manipuladores tuercen la realidad para mantener cegados a sus seguidores.

No dejes que nadie te tape un ojo para que solo veas una parte de la Historia, no permitas que nadie te diga qué libros puedes o no leer, que debes o no creer. Tienes la inteligencia, la razón, la capacidad de análisis que Dios te dio, no dejes que nadie te ponga la comida ya masticada en tu boca, como si fueses incapaz de descubrir la verdad por ti mismo. Tienes las Escrituras, la Historia de la Iglesia, y sobre todo al Espíritu Santo que te guiará a toda la verdad.

Hay algo tan peligroso como la herejía, y son los que se auto-proclaman “guardianes del verdadero y puro evangelio”, los “únicos poseedores de la verdad”, los “defensores de la sana doctrina”; la mayoría de ellos son tan fanáticos como los herejes mismos. Si has sido liberado del pecado no te hagas esclavo de los hombres. La mayoría de los grandes avivamientos comenzaron con personas que se resistieron a creer ciegamente lo que las “autoridades eclesiásticas” querían imponerles.

 

Mateo 5:22 Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno.

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos

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¿Cuánto realmente te importa Dios?


Veinte minutos para poner a prueba si realmente te importa Dios. Un vídeo imperdible.

 

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El Profeta Elías – Vídeo – prédica completa de Leonard Ravenhill

 Una enseñanza imperdible, una joya que con el tiempo no ha perdido su valor, por el contrario, es un mensaje tan actual que te sorprenderá. Lo hemos traducido completo porque sabemos que tu vida espiritual será sacudida y te llevará a buscar un genuino AVIVAMIENTO. 

 

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La belleza de la lealtad

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Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,

Que me fuiste muy dulce.

Más maravilloso me fue tu amor

Que el amor de las mujeres.

2 Samuel 1:26 

A nuestros oídos, tan acostumbrados a lo banal o a lo sensual, pueden resultar un tanto extrañas estas palabras dichas de un amigo a otro. Personalmente las considero como la más bella expresión jamás dicha, acerca de la unión espiritual de dos personas. Son las lágrimas hechas palabras por un amigo muerto.

Jonatán, hijo del rey Saúl, tenía más razones que ninguno para tener celos de David, un pastorcillo que surgió de la nada y se hizo popular entre el pueblo de Israel.  Jonatán era un príncipe heredero, y como tal debía asegurarse el ser favorito entre el pueblo. Pero es David quien mata a Goliat y es aclamado. ¿Cuál fue la reacción de Jonatán?

Samuel 18:1-3  Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo... E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.

Jonatán, espiritualmente sensible, era consciente de que Dios había elegido a David como líder en Israel; por eso no dudó en enfrentarse a su propio padre, el rey, para salvar la vida de su amigo.

1Samuel 23:16-18  Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios. Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe. Y ambos hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en Hores, y Jonatán se volvió a su casa.

A su vez, David era consciente de que Jonatán era un amigo fiel, a quien nunca temería dar la espalda pues no sería traicionado. No es de extrañar que entre dos personas de tan elevada sensibilidad espiritual, usaran un lenguaje incomprensible para los demás.

Cuando David mató al gigante, el rey prometió darle por esposa a su hija mayor; al parecer los celos hacia David hicieron cambiarle de planes, pues ella fue dada a otro hombre. Pero otra hija suya, Mical, dijo amar a David y le fue entregada por esposa; más tarde ella despreciaría a David, al verlo danzar delante del pueblo exteriorizando su amor por Dios… ella estaba más preocupada por el estatus social y el “qué dirán”. David era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer (1 Samuel 16:12); su nombre estaba en las bocas de todas las mujeres de Israel, quienes habían convertido en canto popular el: Saúl mató a sus miles y David a sus diez miles. Muchas doncellas habrán suspirado al ver pasar a este jovencito tan apuesto y valiente ¡tantas mujeres le amaban!

Mas David no se deja influenciar por ello, él ama a Dios con todo su corazón; fue ungido por el profeta Samuel para conducir a la nación de Israel, y nada le apartará de ese objetivo. No busca aduladores ni admiradoras, busca personas que sepan el significado de lealtad y fidelidad, cuyo amor perdure más allá de los éxitos momentáneos. Dentro de poco, David se encontrará huyendo de la ira del rey, quien por celos y envidia buscará matarlo. Los cantos de las doncellas habrán cesado, los amores de mil mujeres se habrán desvanecido, pero perdurará la fidelidad de un amigo, Jonatán, quien lo amará y lo protegerá aún a riego de su propia vida.

Todo líder cristiano, todo ministro, todo obrero del Señor debería considerar a la lealtad como algo más dulce que el amor de mil aduladores. Uno de los más grandes desafíos de los líderes, es la soledad del ministerio. Sentirse solo a pesar de estar rodeado de personas que cantan su nombre en los momentos de victoria. Sentirse solo a pesar de los encuentros pastorales, las confraternidades, las comidas con diáconos, ancianos y con otros ministros… ¿Puedes ver en alguno de ellos un Jonatán?… ¿O más bien ves a un Saúl que en cualquier momento de descuido arrojará una lanza contra ti?

-¿Cómo estás?

-¡Bien gracias a Dios!… ¿O te digo la verdad?…

– No, no, que ya demasiados problemas tengo con los míos…

Un diálogo frecuente entre ministros. Pero, honestamente ¿Puedes encontrar a algún consiervo o hermano al cual puedas desnudar tu corazón? Más allá de los saludos protocolares, los clichés, las frases articuladas ¿Podrías quebrarte hasta las lágrimas delante de otro consiervo, sin esconder nada de lo que te pasa, contándole hasta la última de tus penas, porque sabes que él te ama en fidelidad y lealtad?  

La soledad del ministro es parte innata del ministerio, no lo podemos negar. Hasta el gran apóstol Pablo llegó a exclamar

2 Timoteo 1:15  Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.

2 Timoteo 4:10  porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica.

2 Timoteo 4:16  En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta.

Filipenses 2:20-21 pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.

Claro que, el Señor nunca nos deja tan solos, Pablo seguía teniendo a su Timoteo, Lucas, Tito, Silas, y muchos otros que permanecieron fieles junto a él. Pero la soledad y el desierto son parte ineludible de la escuela de Dios.

Hay, pues, una soledad dentro del tiempo y propósito de Dios, y esta es necesaria para pulirnos, forjarnos y enseñarnos a depender solo de su Espíritu Santo; como la soledad y el desierto que sufrió David.

Pero hay otra soledad que es culpa nuestra, una soledad peligrosa, la soledad de Saúl. Una soledad producto de la desobediencia a Dios:

1 Samuel 15:10-11  Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras.

Dios abandonó a Saúl.

1 Samuel 16:14  El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

La unción del Espíritu Santo abandonó a Saúl.

1 Samuel 15:34-35  Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.  Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.

Samuel, verdadero profeta de Dios, abandonó a Saúl.

1 Samuel 19:10  Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche.

David abandonó a Saúl.

Hay una soledad en el ministerio que es el producto de los celos y la desconfianza; la consecuencia de ver enemigos por todas partes, el resultado del temor a que nos quiten lo nuestro, de perder nuestra posición, de que nuestra autoridad no sea lo suficientemente respetada. Soledad, como consecuencia del miedo a que se nos produzcan divisiones en la iglesia… al final terminaremos dudando de nuestra propia sombra.

Celos… sospechas… dudas… envidias… temores… inseguridades… Un líder en este estado puede llegar al extremo de intentar matar a un fiel y leal Jonatán

1 Samuel 14:44-45  Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán. Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán.

Creo que en la eternidad nos asombraremos al conocer cuántos Jonatanes y Davides han sido muertos por los celos de un líder. Me aterra el pensar cuántos prometedores profetas, evangelistas, maestros y otros valiosos ministerios, han sido aplastados sin misericordia en su tierna edad espiritual; por el solo hecho de constituir una amenaza para algún líder maduro que teme perder su posición.  ¡Y son estos mismos Saúles los que más se quejan de no encontrar obreros consagrados y fieles!… tal vez no los encuentres porque se alejan de ti para preservar sus vidas.

David fue fiel para con Dios, pero también se mostró fiel y generoso para con sus amigos, su pueblo, sus soldados, sus líderes. Cosechó lealtad porque sembró lealtad. Y a pesar de sus errores y fracasos, más allá de sus luchas y dificultades; siempre tuvo un grupo de valientes: los valientes de David (2 Samuel 23:8 – 39) quienes lucharon a su lado y le ayudaron a ser el gran rey que fue.

Esto es solo una muestra de lo que sus soldados estaban dispuestos a hacer por él:

2 Samuel  23:14-17  David entonces estaba en el lugar fuerte, y había en Belén una guarnición de los filisteos. Y David dijo con vehemencia: ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta! Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, diciendo: Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.

David era el ungido de Dios, el gran rey, el líder de líderes; pero nunca impuso su autoridad con autoritarismo; nunca dio lugar a los celos ministeriales, se rodeó de leales porque él mismo supo ser leal. No procuraba súbditos sino amigos, y consideraba a la genuina amistad más dulce que el amor de las mujeres; y a la fidelidad, más valiosa que las adulaciones. Sus soldados estaban dispuestos a arriesgar su vida por él, porque él estaba dispuesto a arriesgar la suya por ellos.

David no veía a sus soldados como un medio para alcanzar sus objetivos personales, valoraba sus vidas, por eso no quiso beber el agua que estos tres valientes le trajeron. ¡Cuánta diferencia con algunos líderes actuales que están dispuestos a sacrificar todo su ejército de obreros, para conseguir sus fines personales!

Líder, no busques simplemente obreros que trabajen para edificar tus sueños. Dios te llamó a ser pastor no faraón. Los faraones proyectaban una obra “faraónica” para perpetuar su nombre, y todos debían trabajar hasta la muerte para realizarla, los obreros solo eran el medio para alcanzar ese fin. Si estás más preocupado en realizar tus sueños que en sacrificarte por las ovejas, no es de extrañar que todos terminen abandonándote. Al fin y al cabo nadie quiere gastar su vida construyendo pirámides, que solo son sepulcros de grandes ambiciones. ¿Conoces los nombres de los obreros que construyeron las pirámides? Seguramente no, pero el nombre de los valientes de David están escritos en la Biblia, como memorial eterno; y ellos trabajaron para construir un reino sin fin, el reino de David, cuyo cetro está en la diestra del Rey de Reyes… ¿Y los faraones de grandes ambiciones? Hoy solo son momias de museo.

Sin lugar a dudas, Dios te ha provisto a tu alrededor de Jonatanes; son como un tesoro escondido que te toca descubrir. No se venden al mejor postor ni puedes forzar su lealtad. Son sensibles espiritualmente, son capaces de discernir quien tiene la unción de Dios, a quién Dios ha elegido y quién tiene la verdadera autoridad de Dios… y también tienen la incómoda virtud de la sinceridad… puede que no siempre te digan lo que quieras oír. Pero si prefieres su compañía a la de los aduladores, si valoras su amor más que el amor de mil “admiradores”; te rodearás de valientes que te sostendrán para ganar grandes batallas. No elijas a tus obreros por su habilidad, escógelos por su integridad, esa es la manera de Dios.

 Eligió a David su siervo,
Y lo tomó de las majadas de las ovejas;
De tras las paridas lo trajo,
Para que apacentase a Jacob su pueblo,
Y a Israel su heredad.
Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón,

Salmos 78: 70-72

Gabriel Edgardo LLugdar – Diarios de Avivamientos – 2016

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