Radical – David Platt – PDF sobre mega-iglesias, la prosperidad, el éxito ministerial e iglecrecimiento

Te recomendamos leer este libro, especialmente porque pone en evidencia cómo la inmensa mayoría de los libros sobre métodos de crecimiento  (que se venden en nuestras librerías cristianas) están fundamentados no en el Evangelio, como debería ser, sino en el “Sueño Americano”. Estas falsas enseñanzas han sido esparcidas desde Norte América a todas las demás iglesias, prometiendo el “éxito ministerial” a quien las ponga por obra. ¿Pero no estaremos predicando “otro evangelio”? ¿no estaremos adorando a “otros cristos”?  ¿estos métodos hacen que nosotros seamos como Cristo, o mas bien, que Cristo sea como nosotros: un materialista?

Te aseguro que será de mucho provecho leer las experiencias vividas por este pastor, un libro ideal para todo creyente, y sobre todo para los obreros y ministros, para que al llegar al final del camino no descubran que han trabajado en vano.

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David Platt - Radical - spanish - español

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Los siguientes párrafos son extractos del libro:

Aquí es donde me siento más culpable como pastor de una iglesia en los Estados Unidos de América. Formo parte de un sistema que ha creado una amplia gama de medios y métodos, planes y estrategias para construir la iglesia que requieren de poco o nada del poder de Dios. Y no son solo los pastores los que participan de esta farsa. Me preocupa que todos nosotros (pastores y miembros de las iglesias en nuestra cultura) hayamos aceptado ciegamente la mentalidad del sueño americano que enfatiza nuestras habilidades y exalta nuestros nombres por la manera en que hacemos la iglesia.

Considera lo que se requiere de los hombres de negocios exitosos, de los empresarios eficientes y de los asociados esforzados, de los perspicaces jubilados y de los estudiantes idealistas de modo que combinen sus fuerzas con un pastor creativo y hagan crecer una «iglesia exitosa» hoy en día. A las claras, no se requiere el poder de Dios para que atraiga a una multitud en nuestra cultura. Algunos elementos clave que podemos fabricar serán suficientes.
Primero, necesitamos un buen desempeño. En una cultura impulsada por el entretenimiento, necesitamos a alguien capaz de cautivar a las multitudes. Si no tenemos un comunicador carismático, estamos condenados. Así que aunque solo lo tengamos que mostrar en una pantalla de vídeo, debemos tener un buen predicador. Es aun mejor si tiene un competente líder de alabanza con una poderosa banda a su lado.
Además, necesitamos un lugar para albergar a las multitudes que vendrán, así que reunimos todos nuestros recursos a fin de comprar un edificio multimillonario que enmarque la función. Debemos asegurarnos que todas las facetas del edificio sean excelentes y atractivas. Después de todo, eso es lo que espera nuestra cultura. A decir verdad, eso es lo que esperamos nosotros.
Por último, una vez que las multitudes estén allí, necesitamos tener algo que los haga regresar una vez tras otra. Entonces, debemos comenzar a confeccionar programas… programas de primera clase, de primera línea, para niños, jóvenes, familias y para todas las edades y condiciones. Con el propósito de tener estos programas, necesitamos profesionales que los lleven a cabo.
Sé que esto quizá parezca demasiado simplificado y exagerado, ¿pero no son estos los elementos en los que pensamos cuando consideramos iglesias en crecimiento, dinámicas y exitosas hoy en día? Recibo folletos todos los días que anuncian a los cuatro vientos conferencias pensadas alrededor de la comunicación creativa, de los edificios de primera categoría, de los programas innovadores y del liderazgo con iniciativa empresarial en la iglesia. Los cristianos estamos viviendo el sueño americano en el contexto de nuestras comunidades de fe. Nos hemos convencido de que si podemos ubicar nuestros recursos y organizar las estrategias, seremos capaces de lograr en la iglesia, como en todas las demás esferas de la vida, cualquier cosa que nos propongamos.
Sin embargo, lo peculiar que falta en el cuadro de las actuaciones, las personalidades, los programas y los profesionales es la desesperación por el poder de Dios. En el mejor de los casos, el poder de Dios es un ingrediente que añadimos a nuestras estrategias. Me aterra la realidad de que la iglesia que lidero pueda llevar adelante la mayoría de nuestras actividades de manera eficiente y hasta exitosa sin darse cuenta jamás de que el Espíritu Santo de Dios está prácticamente ausente del cuadro. Con mucha facilidad podemos engañarnos a nosotros mismos, pensando por error que la presencia de los cuerpos físicos en una multitud es sinónimo de existencia de vida espiritual en una comunidad.
Sin embargo, cuando abro el libro de Hechos en el Nuevo Testamento y observo el cuadro de la iglesia allí, veo imágenes muy diferentes. Veo un pequeño grupo de discípulos tímidos amontonados juntos en el aposento alto. Saben que necesitan el poder de Dios. Son galileos, menospreciados por las clases altas de Jerusalén como personas del vulgo, de clase baja, campesinos y analfabetos. De este grupo depende la expansión del cristianismo. ¿Y qué hacen? No planifican estrategias. «Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración». No están ocupados poniendo la fe en sí mismos ni confiando en su capacidad. Están suplicando el poder de Dios y están seguros de que no lograrán nada sin su provisión.
Entonces, Dios envía su Espíritu con poder y todo cambia. Estos galileos analfabetos comienzan a predicar el evangelio en tal diversidad de idiomas que todos pueden entender. La multitud queda impactada y Pedro se pone de pie para predicar a Cristo. Pedro, que pocas semanas antes sintió miedo de admitir que conocía a Jesús, ahora se levanta bajo el poder de Dios ante miles de personas y proclama a Jesús. Se salvan más de tres mil personas.
Vaya si será crecimiento de la iglesia. Hechos 1 comenzó con unos ciento veinte creyentes y, ahora, en Hechos 2, ya hay más de tres mil. Si sacas la cuenta, eso es el dos mil quinientos por ciento de crecimiento… en un día.
Este es el designio de Dios en medio de su pueblo. Él les da su poder a personas con tan pocas posibilidades que queda claro quién merece la gloria por los sucesos que tienen lugar.
La historia de la iglesia continúa a lo largo del resto del Nuevo Testamento y, cuando la leo, no puedo evitar el anhelo de tener esa misma clase de ambiente en la iglesia de hoy. Un ambiente donde nos negamos a operar según un esquema mental dominado por el sueño americano que depende de lo que nosotros podemos lograr con nuestras propias habilidades. Un ambiente en el que ya no nos conformamos con lo que podemos hacer mediante nuestro poder. Un ambiente en el que la iglesia confía de manera radical en el gran poder de Dios a fin de proporcionarle a la gente sin probabilidades de éxito recursos ilimitados, inesperados y sin inhibiciones, de modo que su nombre sea engrandecido. Quiero formar parte de ese sueño.”
Si le pidieras al cristiano promedio que se sienta en una reunión un domingo por la mañana que resuma el mensaje del cristianismo, lo más probable es que te diga algo así: «El mensaje del cristianismo es que Dios me ama». Alguno también podría decir: «El mensaje del cristianismo es que Dios me amó lo suficiente como para enviar a su Hijo, Jesús, a morir por mí».
Por más maravilloso que resulte este sentimiento, ¿es bíblico? ¿No está incompleto, si nos basamos en lo que hemos visto en la Biblia? «Dios me ama» no es la esencia del cristianismo bíblico, porque si el mensaje del cristianismo es «Dios me ama», ¿cuál es su objeto?
Dios me ama a mí.El objeto del cristianismo soy yo.Entonces, cuando busco una iglesia, busco la música que mejor me cae y los programas que cuidan mejor de mí y de mi familia. Cuando hago planes para mi vida y carrera, pienso en lo que da mejor resultado para mí y para mi familia. Cuando considero la casa donde viviré, el auto que conduciré, la ropa que me pondré, la manera en que viviré, escogeré de acuerdo con lo que sea mejor para mí. Esta es la versión del cristianismo que prevalece en nuestra cultura.
Sin embargo, no es el cristianismo bíblico.
El mensaje del cristianismo bíblico no es «Dios me ama, punto y aparte», como si fuéramos el objeto de nuestra propia fe. El mensaje del cristianismo bíblico es «Dios me ama para que yo dé a conocer entre las naciones sus caminos, su salvación, su gloria y su grandeza».Entonces, Dios es el objeto de nuestra fe y el cristianismo se centra alrededor de Él. Nosotros no somos el fin del evangelio, sino Dios. Dios se centra en sí mismo, incluso en nuestra salvación. Recuerda sus palabras en Ezequiel: nos salvó, no por nuestro bien, sino por el bien de Su Santo Nombre. Hemos recibido la salvación de modo que Su nombre se proclame en todas las naciones. Dios nos ama por Su bien en el mundo.
Esto nos puede caer como un golpe. ¿Quieres decir que Dios tiene un motivo oculto al bendecirnos? ¿No somos los receptores finales de su gracia? Y la respuesta que da la Escritura es clara. Por cierto, no estamos en el centro del universo. Dios está en el centro del universo y, en definitiva, todo lo que hace gira en torno a Él.Si esto es cierto, podemos preguntarnos si Dios es egoísta. ¿Cómo es posible que el propósito de Dios sea exaltarse a sí mismo? Es una buena pregunta y nos motiva a hacer una pausa hasta que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿A quién más querríamos que exaltara? En el mismo momento en que Dios exalte a otro o a otra cosa, dejará de ser el gran Dios digno de toda gloria en todo el universo que es.
Debemos guardarnos de las malas interpretaciones en este punto. La Biblia no dice que Dios no nos ame de manera profunda. Por el contrario, hemos visto en la Escritura a un Dios con una inusitada, sorprendente e íntima pasión por su pueblo. Sin embargo, esa pasión no se centra de modo definitivo en su pueblo. Se centra en su grandeza, en su bondad y en su gloria que se hace conocida en el mundo entero entre todos los pueblos. Desconectar la bendición de Dios de su propósito global es caer en un cristianismo antibíblico, saturado de egoísmo que pierde el sentido de la gracia divina.

¿DISCIPULADO O ESTERILIZACIÓN DE CRISTIANOS?

Hacer discípulos al ir, bautizar y enseñar a la gente la Palabra de Cristo y, luego, capacitarlos para que hagan lo mismo en las vidas de otros: este es el plan que Dios tiene para que cada uno de nosotros impacte a las naciones para la gloria de Cristo.
Este plan parece ilógico por completo para nuestra manera de pensar. En una cultura donde lo mayor es siempre lo mejor y lo deslumbrante es siempre lo más eficaz, Jesús nos llama a cada uno de nosotros a concentrar nuestra vida de manera sencilla y humilde en los demás. Lo cierto es que no se puede compartir la vida de este modo con las masas ni con las multitudes. Jesús no lo hizo. Pasó tres años con doce hombres. Si el Hijo de Dios pensó que era necesario concentrar su vida en un pequeño grupo de hombres, nos engañamos a nosotros mismos si pensamos que podemos producir discípulos en serie hoy en día. El diseño de Dios para llevar el evangelio a todo el mundo es un proceso lento, deliberado y simple que implica que cada uno de sus hijos sacrifique todas las facetas de su vida para multiplicar la vida de Cristo en otros.
Hace algunas semanas, me encontraba en Cuba y este fue exactamente el cuadro que vi. En Cuba, no verás iglesias con grandes edificios ni carteles deslumbrantes que hagan los cristianos. Apenas te darás cuenta de que existe la iglesia… hasta que llegues a conocer a la gente. Visitamos una pequeña iglesia cubana empobrecida. Esta sola iglesia había plantado otras sesenta iglesias. Al día siguiente, visitamos una de esas iglesias. Esa iglesia había plantado otras veinticinco iglesias. Los cristianos cubanos toman a Jesús al pie de la letra y multiplican la iglesia haciendo discípulos. Nada grandioso ni extravagante. Simplemente ir, bautizar y enseñar, y en el proceso, plantar iglesias de costa a costa en esa isla nación.Sin embargo, nosotros nos resistimos a este plan y recurrimos a actuaciones y programas mucho más «exitosos». En nuestra versión cristiana del sueño americano, nuestro plan termina esterilizando a los cristianos contra el mundo, en lugar de discipularlos en el mundo. Permíteme explicar la diferencia.
Esterilizar a un cristiano contra el mundo implica aislarlo en una caja de seguridad espiritual llamada el edificio de la iglesia y enseñarle a ser bueno. En esta estrategia, el éxito de la iglesia se define según lo grande que sea el edificio que tienes para albergar a todos los cristianos, y el objetivo es reunir la mayor cantidad de personas posible durante un par de horas todas las semanas en ese lugar donde estamos aislados de las realidades del mundo que nos rodea. Cuando alguien pregunta: «¿Dónde está tu iglesia?», señalamos un edificio o les damos una dirección y todo se centra alrededor de lo que sucede en ese lugar.
Cuando nos reunimos en el edificio, aprendemos a ser buenos. Ser buenos significa evitar al mundo. Somos santos por esas cosas de las que no participamos (y en este sentido, debemos ser la única organización en el mundo que define el éxito por lo que no se hace). Llevamos vidas decentes, en hogares decentes, con trabajos decentes y familias decentes, como ciudadanos decentes. Somos miembros decentes de la iglesia con un poco más de impacto en el mundo de lo que teníamos antes de ser salvos. Aunque se nos puedan unir miles, a fin de cuentas les hemos dado las espaldas a miles de millones que no han oído hablar de Jesús.
Discipular es algo muy distinto.
Mientras que esterilizar cristianos implica aislarlos y enseñarles a ser buenos, discipular cristianos implica lanzarlos al mundo para que arriesguen sus vidas por el bien de otros. Ahora, el mundo es el centro de nuestra atención y medimos el éxito en la iglesia no por los cientos o miles que podamos albergar en nuestros edificios, sino por los cientos o miles que dejan nuestros edificios para tomar el mundo con los discípulos que hacen. En este caso, nunca pensaríamos que el plan para hacer discípulos de Jesús podría tener lugar en una reunión semanal, llevada a cabo en un edificio y dirigida por uno o dos maestros. Se hacen discípulos en múltiples lugares todas las semanas, en muchas localidades, y la tarea la llevan a cabo hombres y mujeres que transmiten, muestran y enseñan la Palabra de Cristo y juntos sirven a un mundo que necesita al Señor.
De repente, la santidad se define por lo que hacemos. Ahora somos una comunidad de fe que toma a Jesús al pie de la letra y sigue su plan, aunque no tenga sentido para la cultura que nos rodea y aun cuando nos cueste la vida.

LA PROSPERIDAD MATERIAL DE LA IGLESIA EN UN MUNDO DE POBRES

En la actualidad, más de mil millones de personas en el mundo viven y mueren en una pobreza desesperante. Intentan sobrevivir con menos de un dólar al día. Cerca de dos mil millones viven con menos de dos dólares al día. Esto es casi la mitad del mundo que lucha hoy por encontrar comida, agua y refugio con la misma cantidad de dinero que yo gasto para comprar papas fritas para el almuerzo.
Sin embargo, aunque atender a las necesidades de los pobres no es la base de nuestra salvación, no quiere decir que el uso de la riqueza que tenemos esté desconectado por completo de la misma. En realidad, cuidar de los pobres (entre otras cosas) es evidencia de nuestra salvación. La fe en Cristo que nos salva de nuestros pecados implica una transformación interna que tiene consecuencias externas. Según lo que dijo Jesús, puedes decir si alguien es seguidor de Cristo por el fruto de su vida. Además, los escritores del Nuevo Testamento nos muestran que el fruto de la fe en Cristo implica una preocupación material por los pobres. Cuidar de los pobres es una consecuencia natural y una evidencia necesaria de la presencia de Cristo en nuestros corazones. Si no hay señales de que cuidemos de los pobres, existe una razón para al menos cuestionarse si Cristo está en nuestros corazones.

Cuando volvemos la vista atrás y vemos a los que asistían a la iglesia y tenían esclavos hace ciento cincuenta años, nos preguntamos: «¿Cómo podían tratar a sus congéneres de esa manera?». Me pregunto si los seguidores de Cristo dentro de ciento cincuenta años mirarán a los cristianos de Estados Unidos del día de hoy y se preguntarán: «¿Cómo podían vivir en semejantes casas? ¿Cómo podían conducir esos autos tan lujosos y vestirse con ropa tan costosa? ¿Cómo podían vivir con tanta riqueza mientras que miles de niños morían debido a que no tenían comida ni agua? ¿Cómo podían seguir adelante con sus vidas como si no existieran miles de millones de pobres?».
Una noche, me encontraba reunido en una casa con la iglesia clandestina en el extranjero y conversábamos sobre diversos temas en la Escritura. Una mujer que vivía en la ciudad y que sabía algo de inglés contó: «Tengo una televisión y, de vez en cuando, puedo recibir la señal de estaciones de Estados Unidos», dijo. «Algunas de esas estaciones transmiten reuniones de la iglesia. Veo a los predicadores vestidos con ropa muy bonita y predican en edificios muy bonitos. Algunos incluso me dicen que si tengo fe, yo también puedo tener cosas bonitas». Hizo una pausa antes de continuar. «Cuando vengo a nuestras reuniones, miro alrededor y casi todos nosotros somos muy pobres y nos reunimos aquí con mucho riesgo para nuestras vidas». Luego, me miró y me preguntó: «¿Esto quiere decir que no tenemos suficiente fe?».En ese momento, me di cuenta hasta qué punto, como iglesias y cristianos en Estados Unidos, estamos exportando, en algunos casos de manera explícita y en otros de manera implícita, una teología que iguala la fe en Cristo con la prosperidad de este mundo.
Además, cuando aunamos nuestros recursos en nuestras iglesias, ¿cuáles son nuestras prioridades? Cada año en Estados Unidos gastamos más de diez mil millones en edificios de iglesias. Solo en Estados Unidos, la cantidad de bienes inmuebles que pertenecen a las iglesias tiene un valor de doscientos treinta mil millones de dólares. Tenemos dinero y posesiones, y construimos templos por todas partes. Verdaderos imperios. Reinos. Los llamamos las casas de culto. Sin embargo, en el fondo, ¿muchas veces no son modelos caducos de una religión que define por error al culto según el lugar, y que malgasta el tiempo y el dinero siendo que Dios nos ha llamado a ser un pueblo que gaste sus vidas a favor de su gloria entre los necesitados que están afuera de nuestra puerta?

 LA URGENCIA DE PROCLAMAR EL EVANGELIO

Algunos se preguntan si no es injusto de parte de Dios permitir que tantos no tengan conocimiento del evangelio. Sin embargo, no es injusticia de Dios. La injusticia es que los cristianos que conocen el evangelio se nieguen a dar sus vidas por darlo a conocer entre los que todavía no han oído. Eso es injusto. Me resulta interesante que una de las preguntas más comunes que se hacen los cristianos hoy es: «¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?» o «¿Cómo descubro la voluntad de Dios para mi vida?». Muchos cristianos casi se han conformado con pensar que obedecerían a Dios si tan solo Él les mostrara lo que quiere que hagan.Tengo buenas noticias para darle a esta cultura cristiana que pregunta: «¿Cómo encuentro la voluntad de Dios para mi vida?». Su voluntad no se ha perdido.Con un millón cuatrocientos mil beduinos en Argelia que nunca han escuchado el evangelio, tiene poco sentido que nos sentemos aquí y nos preguntemos: «Dios, ¿qué quieres que haga?». La respuesta es clara. La voluntad de Dios es que tú y yo demos nuestras vidas con urgencia y de manera temeraria para dar a conocer el evangelio y la gloria de Dios a todos los pueblos, en particular a los que ni siquiera han oído hablar de Jesús.Por lo tanto, la pregunta no es: «¿Podemos descubrir la voluntad de Dios?», sino: «¿Obedeceremos la voluntad de Dios?».¿Nos negaremos a cruzarnos de brazos para esperar que descienda alguna sensación de cosquilleo por nuestra espalda antes de levantarnos para hacer lo que ya se nos ha ordenado?¿Lo arriesgaremos todo, nuestra comodidad, nuestras posesiones, nuestra seguridad, nuestras propias vidas, a fin de dar a conocer el evangelio entre estos pueblos no alcanzados?Estas acciones de levantarnos y de arriesgarnos son los resultados inevitables y urgentes de una vida que está entregada de manera radical a Jesús.

Imagino la expresión en el rostro de los discípulos cuando salieron las siguientes palabras de la boca de Jesús: «Los envío como ovejas en medio de lobos». Las ovejas se encuentran entre los animales domésticos más indefensos. También se encuentran entre los animales más tontos. Cualquier ruido inofensivo puede ponerlas frenéticas, y cuando se enfrentan al peligro, no tienen mecanismo de defensa. Lo único que pueden hacer es correr y, desafortunadamente, son lentas. Como resultado, lo más tonto que puede hacer una oveja es andar en medio de un grupo de lobos. Entonces, ¿por qué habría de decirles Jesús, el buen pastor (Juan 10:11), el gran Pastor (Hebreos 13:20) a sus ovejas que anduvieran entre los lobos?

En ese momento (y, por inferencia, a ti y a mí ahora), Jesús les dijo a sus discípulos: «Los envío a lugares peligrosos, donde se encontrarán en medio de personas malas y feroces. Además, estarán allí por mi designio».

También les dijo: «Vayan donde hay gran peligro y dejen que se diga de ustedes lo que se diría de ovejas que andan en medio de los lobos. “¡Están locos! ¡No tienen idea! ¡No saben en qué clase de peligro se están metiendo!” Esto es lo que quiere decir ser mi discípulo».

 Nosotros no pensamos de esa manera. Algunas de nuestras frases favoritas expresan algo así: «El lugar más seguro para estar es el centro de la voluntad de Dios». Pensamos: Si es peligroso, Dios no debe estar allí. Si es arriesgado, si es inseguro, si es costoso, no debe ser la voluntad de Dios. Sin embargo, ¿qué sucedería si estos factores fueran en realidad el criterio mediante el cual determinamos que algo es la voluntad de Dios?

Recordemos que esta es la gran recompensa del evangelio: Dios mismo. Cuando arriesgamos la vida para correr detrás de Cristo, descubrimos la seguridad que se encuentra solo en su soberanía, la seguridad que se encuentra solo en su amor y la satisfacción que se encuentra solo en su presencia. Esta es la gran recompensa eterna y seríamos tontos si nos conformáramos con algo menor.

Cuando consideramos las promesas de Cristo, arriesgar todo lo que somos y todo lo que tenemos por amor a Él ya no es una cuestión de sacrificio. Solo es sentido común. Seguir a Cristo no es sacrificado, sino inteligente. Jim Elliot (misionero a los indios huaorani, martirizado) dijo una vez: «No es un tonto aquel que da lo que no puede retener, para ganar lo que no puede perder».

La obediencia radical a Cristo no es fácil, es peligrosa. No es navegar de manera placentera a bordo de un crucero de lujo, es trabajo sacrificado a bordo de un transportador de tropas. No hay comodidad, no hay salud, no hay riqueza y no hay prosperidad en este mundo. La obediencia radical a Cristo implica arriesgarse a perder todas las cosas. Sin embargo, al final, tales riesgos encuentran su recompensa en Cristo. Y es más que suficiente para nosotros.

David Platt - Radical - spanish - español

David Platt – Radical

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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3 respuestas a Radical – David Platt – PDF sobre mega-iglesias, la prosperidad, el éxito ministerial e iglecrecimiento

  1. Leonardo dijo:

    Estimados, se puede imprimir este libro? He comprado días atras, el mismo autor, “Sígueme”.
    Bendiciones.

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    • Como no lo hemos digitalizado nosotros no sé si está bloqueado para impresión, deberías probar con una página. De todos modos yo te recomendaría que te evites el gasto de impresión y que lo descargues en una carpeta en tu PC y lo leas cuando desees. Es decir todos los libros que subimos en el blog se pueden descargar y guardar en el PC, así luego lo leen cuando deseen. Bendiciones, y cualquier duda estamos para servir.

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