“La oración es darle permiso a Dios”

 

“La oración es el hombre dándole a Dios el permiso, o la licencia para interferir en los asuntos de la tierra. Dios no podía hacer nada en la tierra, nada ha podido hacer Dios en la tierra sin que los humanos le den el acceso.”
“Dios tiene el poder, pero debe obtener el permiso. Dios tiene la autoridad y el poder, pero usted le da la licencia. Así que a pesar de que Dios puede hacer cualquier cosa, Él solo puede hacer lo que le permitimos hacer.”

Si tu te consideras un cristiano verdadero y no se te revuelve el estómago al leer estas dos declaraciones anteriores, o no sientes el celo de Dios agigantándose como una hoguera en tu interior; déjame decirte que yo dudo de la veracidad de tu cristianismo y te explicaré a continuación el porqué.

Estas dos declaraciones que puse al inicio, fueron hechas por un famoso “maestro y conferencista del Evangelio”, no son palabras sacadas fuera de contexto, son el núcleo de su doctrina, pero no solo de él, sino de muchos famosos “televangelistas, pastores, apóstoles y profetas” modernos, que cuentan a sus seguidores por miles y cuyos libros son best sellers en las librerías evangélicas.

No me sorprende la aparición de un falso maestro, ni me sorprende la consecuente aparición de falsas enseñanzas, lo que en realidad me sorprende es la cantidad de adeptos incondicionales que encontrará entre el llamado “pueblo cristiano”, y la defensa a ultranza que harán estos creyentes de sus falsos maestros. Por decirlo más breve: no me sorprende que un falso maestro enseñe falsedades, lo que me sorprende es que los que se dicen ser cristianos verdaderos se apresuren a creerle.

¿Dios necesita nuestro permiso?

Creo que si alguna vez tuvimos un verdadero encuentro con el Evangelio, si alguna vez el Espíritu Santo alumbró los ojos de nuestro entendimiento, si alguna vez tuvimos comunión íntima con Cristo, si alguna vez oramos de forma genuina, o si alguna vez leímos las Escrituras con  verdadera devoción, esta pregunta ni siquiera se nos pasaría por la cabeza. Pero al parecer, en el día de hoy los creyentes podemos estar saturados de información pero vacíos de conocimientos verdaderos. Deberemos entonces, repasar algunos conceptos básicos del Evangelio.

¿Qué es orar?

Lo primero que se nos viene a la mente es: “orar es hablar con Dios”. Y esta bien, es cierto, la oración no es meramente hablarle a Dios, sino hablar con Dios; le hablamos con la certeza de ser oídos por Él, y descansamos en  la certeza de que Él nos responderá. Le hablamos con nuestra voz o mentalmente, y Él nos responde con su providencia, con las Escrituras, con la guía del Espíritu Santo. Hablar con Dios no es una interacción de voces audibles, no es su voz audible la que esperamos escuchar cuando oramos, sino que descansamos esperando su respuesta la cual en la mayoría de las veces no es inmediata. Dios siempre responde la oración de sus hijos:

Mateo 7: 7-8  Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

¿habéis notado las tres acciones del orante: pedir – buscar – llamar? ¿no son estas actitudes humildes y sencillas? ¿a dónde queda entonces el “reclamar”, “decretar”,”declarar”, “ordenar”, “dar permiso” ,”exigir”, “autorizar”?

Muchos que defienden estas “nuevas revelaciones” acerca de la oración, ponen como base de su doctrina la acción de Moisés en el monte Sinaí, cuando el pueblo de Israel había hecho un becerro de oro por medio de Aarón, y se encendió el furor de Dios para destruirlos.

Éxodo 32:9-11 Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz.
 Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.
 Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios…

Se entiende claramente, que en ningún momento Dios le está pidiendo permiso a Moisés para destruir a Israel. El déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma (Versión Reina Valera 1960) se comprende mejor si lo leemos en otras traducciones:

Éxodo 32:10-11 Ahora pues, déjame, para que se encienda mi ira contra ellos y los consuma; mas de ti yo haré una gran nación. Entonces Moisés suplicó ante el Señor su Dios… (La Biblia de las Américas)

Éxodo 32:10-11 Tú no te metas. Yo voy a descargar mi ira sobre ellos, y los voy a destruir. Pero de ti haré una gran nación.
 Moisés intentó apaciguar al SEÑOR su Dios, y le suplicó… (NVI)

Éxodo 32:10-11 ¡Ahora, déjame solo, para que mi ira se pueda encender contra ellos; y Yo ponga fin a ellos! Yo haré una gran nación de ti en lugar de ellos. Moshe le suplicó a YAHWEH su Elohim…  (Versión Kadosh)

Ni de parte de Dios hay un pedido de permiso a Moisés, ni de parte de Moisés un “permitir” o no a Dios. Jehová simplemente esta diciendo: hazte a un lado porque los destruiré a ellos,  pero a ti te preservare y haré de ti una nación grande. Moisés está en el medio, en la brecha, entre Dios e Israel, en la posición de un intercesor no de un juez. Moisés ora, suplica, ruega, clama, gime, pero la decisión final es de Dios. Ahora leamos con atención el siguiente pasaje del profeta Ezequiel que es muy esclarecedor.

Ezequiel 22:26-31 Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos.
 Sus príncipes en medio de ella son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre, para destruir las almas, para obtener ganancias injustas.
 Y sus profetas recubrían con lodo suelto, profetizándoles vanidad y adivinándoles mentira, diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor; y Jehová no había hablado.
 El pueblo de la tierra usaba de opresión y cometía robo, al afligido y menesteroso hacía violencia, y al extranjero oprimía sin derecho.
 Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.
Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor.

Vemos una vez más al pueblo de Israel apostatando de la fe, pero no vemos en ningún lado al Señor diciendo: “tengo las manos atadas, no puedo hacer nada en la esfera terrenal si no me concede licencia un hombre”. Por boca de Ezequiel Dios dice que buscó un hombre que se pusiese en la brecha, como intercesor, como Moisés, pero no hubo quien suplicase para que la longanimidad del Señor, su larga paciencia, fuese extendida una vez más sobre el pueblo. ¿Y que hizo Dios?  los destruyó sin más, sin preguntar si estaban de acuerdo o no, sin pedir el consejo ni el parecer de nadie, eso se llama SOBERANÍA.

Dios es soberano en los cielos, en la tierra y en el infierno, el que enseña algo contrario a esto menosprecia las Escrituras.

Salmos 115:3 Nuestro Dios está en los cielos;
Todo lo que quiso ha hecho.

Salmos 135:6 Todo lo que Jehová quiere, lo hace,
En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.

La Oración Perfecta

Pero si este análisis no satisface a los “buscadores de nuevas revelaciones”, permítanme ir entonces a la cumbre de la oración, a la más sublime: la oración que Jesús enseñó a sus discípulos: el Padre Nuestro. ¿alguien en sus cabales puede encontrar en este modelo perfecto, un leve indicador de que la oración es darle permiso a Dios para que obre?

santificado sea TU nombre.

Venga TU reino.

Hágase TU voluntad.

Orar no es darle información a Dios, orar es demostrar nuestra sumisión a Dios. Nuestra oración no es el periódico con el cual el Señor desayuna y se entera de lo que pasa en la esfera terrestre; no le estamos contando nada que Él no sepa ya, Él es omnisciente.

Salmos 139:4 Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.

Mateo 6:7-8 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Básicamente la oración no es contarle, sino confesarle nuestras cosas a Dios. La oración no es para aconsejar a Dios sobre qué métodos son más convenientes usar, sino para que nosotros recibamos su consejo. La oración no consiste en presentarle soluciones a Dios, sino entregarle nuestros problemas. La oración no es para torcer la voluntad de Dios sino para doblegar la nuestra. La oración es hablar con Dios, no es hablarle al diablo, no es hablarle a las circunstancias, no es decretar, no es crear con palabras, no es ametrallar a las potestades celestes… no existe ninguna base bíblica para estas cosas, queridos hermanos, ninguna.

“Al orar declaramos las perfecciones de Dios, su majestad, santidad, bondad, y absoluta suficiencia, y nuestro propio estado vacío e indigno, junto con nuestras necesidades y deseos. Pero ¿Por qué? No para informar a Dios de estas cosas, pues él ya las sabe, y de seguro no para cambiar sus propósitos y persuadirle que nos bendiga. No, declaramos estas cosas para conmover y afectar, a través de lo que expresamos, nuestros propios corazones, así preparándonos para recibir las bendiciones que pedimos.”  (Jonathan Edwards)

La oración es el trabajo de Dios y el descanso nuestro, Dios haciendo su voluntad y nosotros sometiéndonos a ella.  La oración no es darle permiso a Dios sino darle la Gloria a Dios, ya hemos visto que según el modelo perfecto de oración, el Padrenuestro, la oración es santificar SU Nombre, rendirnos ante las leyes de SU Reino y someternos a SU voluntad.

La cuestión, grave por cierto, es que estos falsos maestros tergiversan el concepto de oración al enseñar que el poder esta en la oración misma, cuando en realidad el poder está en Aquel a quien dirigimos nuestra oración.

Algunos preguntan “¿si Dios va a hacer lo que Él quiere, para qué nos dice que oremos?” Por la misma razón por la que tenemos necesidad de respirar, de comer, de beber, de descansar. Es pues, la oración, el alimento, la bebida, el oxígeno y el descanso espiritual del creyente, la que nos liga con la voluntad de Dios y hace que ella se nos vuelva agradable.

Salmos 40:8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado.

Deja de orar y la voluntad de Dios te parecerá desagradable. Deja de orar y su lugar lo ocupará la queja.

No creo que haya un texto más enfático que el del apóstol Juan

1 Juan 5:14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

Juan afirma que podemos tener la confianza de recibir lo que le hayamos pedido, en base a la confianza de que Él nos oye en cualquier cosa que le pidamos, pero la base exclusiva de toda esta confianza es que si pedimos alguna cosa CONFORME  A SU VOLUNTAD.

Cuando nosotros le decimos a Dios hágase tu voluntad, no le estamos dando permiso para que haga su voluntad, sencillamente nos estamos rindiendo a ella, estamos negándonos a nosotros mismos, tomando nuestra cruz y siguiendo a Cristo. La oración es un claro acto de morir al yo.

Oración y Soberanía

Los defensores de extrañas enseñanzas no solo tergiversan el sentido de la palabra ORACIÓN, sino el de SOBERANÍA. Hablan mas bien como si ellos fuesen “socios de Dios” y no “siervos de Dios”.

La oración es una expresión de nuestra incondicional rendición al Rey, la oración es nuestro sometimiento a sus leyes, la oración es la renuncia a nuestra propia voluntad, si no te gustan estos conceptos entonces no te llames siervo de Dios, porque eso es lo que hace un siervo, someterse a la voluntad de su amo. Si pretendes darle órdenes o permiso a tu Amo es que te has equivocado de religión.

Apocalípsis 1:8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.

Apocalípsis 19:11-16 Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.
Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.
Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.
Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.
De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.
Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

Este Rey no pide permiso, no lo necesita, Él pasará con nosotros o sobre nosotros. Esto es lo único que hoy podemos elegir, si rendirnos y someternos a su voluntad ahora para que seamos de sus ejércitos, o resisistirle hasta el día en que tiña con nuestra sangre sus vestidos. Este es el Cristo, el Señor, él único que enseñan las Escrituras. El otro, “el que no puede hacer nada sin nuestro permiso”, “el que tiene las manos atadas”, “el que está a la intemperie, golpeando a nuestra puerta esperando que le aceptemos y le hagamos un lugarcito en nuestro corazón” no existe, es un invento de los falsos maestros.

Hebreos 13:8-9 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas.

Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

diariosdeavivamientos@gmail.com

 vídeo donde el “maestro y conferencista cristiano” afirma que Dios necesita nuestro permiso para obrar en la tierra:

 

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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2 respuestas a “La oración es darle permiso a Dios”

  1. ¿quien dijo esas dos frases del principio? Se tendría que ver el contexto. Porque en relación al alma del hombre Dios no puede hacer nada al menos que nosotros le demos lugar.

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    • Hola Liz, al final del artículo tienes el video de la persona que lo dijo. Y en relación al contexto, está muy claro, es la enseñanza de los “predicadores de la prosperidad”. Lo siento Liz, pero el decir “Dios no puede hacer nada al menos que nosotros le demos lugar” no es bíblico, sencillamente no es una doctrina de las Escrituras. Dios puede hacer lo que quiera, porque es Soberano, si quiere tener misericordia de ti la tendrá, y si quiere endurecerte lo hará (Lee por favor Romanos 9:15-20). Dios no te pide permiso, te manda que te arrepientas y conviertas, si lo haces: vida eterna; si no lo haces:condenación eterna. Dios te pone delante la vida y la muerte, y te dice escoge la vida para que vivas, no te está pidiendo permiso, te está diciendo lo que debes escoger por tu bien (Deuteronomio 30:15-20). Si escoges la vida, Él te dá vida, si escoges la muerte, Él te matará. Te repito Liz, Dios no pide permiso, Él manda a todo hombre en todo lugar a que se arrepienta (Hechos 17:30). Mira lo que le dijo Cristo a sus discípulos: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. ¿Te imaginas a una amiga tuya diciéndote esto: “serás mi amiga si haces lo que yo te mando”? Pues esa es nuestra relación con el Señor, nosotros no le damos permiso, hacemos lo que nos manda, porque somos sus esclavos. Redimir significa comprar por un precio, nosotros somos redimidos porque Cristo nos compró a precio de su sangre, por eso nos llamamos siervos y a Él lo llamamos Señor. Esta es la postura doctrinal de los que hacemos este blog, no aceptamos bajo ningún concepto las afirmaciones de personas como las del video, porque son anti-escriturales, contra la fe y la razón. Saludos Liz.

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