Vida Y Pensamiento de Jonathan Edwards – Capítulo II

Vida de Jonathan Edwards

El joven Jonathan a la par que avanzaba en lo espiritual crecía en el conocimiento intelectual, llegando a dominar la filosofía, latín, el griego y el hebreo. El Diario Personal de Jonathan Edwards es famoso también por ir acompañado de las “Resoluciones”, es decir metas o propósitos que él se ponía ante sí, y luego se examinaba bajo la luz de ellas leyéndolas una vez a la semana para ver si las había cumplido. Veamos algunas de ellas, teniendo en cuenta que fueron escritas por un joven de no más de 20 años.

Resoluciones de Jonathan Edwards

Resoluciones Jonathan Edwards

“Estando apercibido de que soy incapaz de hacer ninguna cosa sin la ayuda de Dios, Yo humildemente le ruego que por su gracia, me capacite para mantener estas Resoluciones, tanto como sean agradables para su voluntad, por Cristo.”

1 – Resuelvo. Que haré lo que piense que sea para la mayor gloria de Dios y para mi propio bien, ganancia y placer, en todo mi tiempo; no teniendo ninguna consideración del tiempo, ya sea ahora, o nunca, ni por millares de edades desde hoy. Resuelvo, hacer todo lo que considere mi deber, sobre todo para el bien y la ganancia de la humanidad en general. Resuelvo, por tanto hacerlo, no importando las dificultades con que me encuentre, ni cuantas, ni cuán grandes que sean.

4 – Resuelvo. Nunca hacer ninguna clase de cosa, ya sea en el alma o en el cuerpo, menos o más, sino aquello que sea para la gloria de Dios…

5 – Resuelvo. Nunca perder ni un momento de tiempo, sino perfeccionarlo de la forma más provechosa que yo pueda.

14 – Resuelvo. No hacer ninguna cosa por venganza

16 – Resuelvo. Nunca hablar mal de nadie, de tal manera que ocasione su deshonra, ni más o menos, de ninguna manera, excepto para hacer el bien.

17 – Resuelvo. Que yo viviré así como hubiera deseado haberlo hecho cuando muera.

20 – Resuelvo. Mantener la estricta sobriedad en el comer y el beber.

24 – Resuelvo. Siempre que yo haga cualquier acción conspicua y maligna seguiré su rastro, hasta que llegue a la causa que la originó y entonces, me esforzaré cuidadosamente en no volver a hacerla y a pelear y a orar con toda mi fuerza en contra de la causa.

25 – Resuelvo. Examinar cuidadosa y constantemente, que es esa cosa en mí que ocasiona en la mínima forma, el dudar del amor de Dios; y así dirigir todas mis fuerzas en contra de ella.

28 – Resuelvo. Estudiar las Escrituras tan firmemente, constantemente y frecuentemente como pueda, de tal manera que pueda encontrar y sencillamente percibir en mí el crecimiento en el conocimiento de ellas.

30 – Resuelvo. Esforzarme cada semana a ser llevado más alto en el conocimiento de la religión, y a un mayor ejercicio de la gracia, de lo que estaba la semana pasada.

34 – Resuelvo. En las conversaciones, nunca hablar cualquier cosa sino la pura y simple verdad.

37 – Resuelvo. Inquirir cada noche, al ir a dormir, en donde he sido negligente, que pecado he cometido, y en qué me he negado a mí mismo; también hacerlo al final de cada semana, mes y año

39 – Resuelvo. Nunca hacer nada de lo cual yo tenga duda de su legalidad…

41 – Resuelvo. Preguntarme, al final de cada día, semana, mes y año como pudiera yo, en cualquier aspecto, haberlo hecho mejor.

42 – Resuelvo. Renovar frecuentemente la dedicación de mí mismo a Dios, la que fue hecha el día de mi bautizo, la cual solemnemente renové cuando fui recibido en la comunión o la iglesia, y la que solemnemente vuelvo a hacer en este día.

43 – Resuelvo. Nunca, de ahora en adelante, y hasta que yo muera, actuar como si me perteneciera a mí mismo, sino completa y para siempre a Dios; ya que es agradable ser hallado así.

46 – Resuelvo. Nunca permitir ni en una pequeña medida el entristecimiento o inquietud de mi padre o madre. Resuelvo no permitir tales efectos aún ni en la alteración de la voz, o movimiento de mis ojos; y ser especialmente cuidadoso de ello en cuanto a cualquiera de nuestra familia.

47 – Resuelvo. Esforzarme hasta lo máximo para negar todo aquello que no sea sumamente agradable para un bien universal, dulce y benevolente, quieto, pacífico, satisfecho y tranquilo, compasivo y generoso, humilde y manso, sumiso y servicial, diligente y laborioso, caritativo y aún paciente, moderado, perdonador y sincero, con templanza, y hacer en todo tiempo aquello a lo que el carácter me guíe; y a examinar estrictamente, al final de cada semana, si lo he hecho así.

48 – Resuelvo. Constantemente, con el mayor esmero y diligencia, y el escrutinio más estricto, observar detenidamente el estado de mi alma de manera que pueda saber si yo tengo verdaderamente un interés en Cristo o no; para que cuando yo muera, no sea encontrada ninguna negligencia con respecto a esto de lo que tenga que arrepentirme.

56 – Resuelvo. Nunca detenerme, ni ablandarme en lo más mínimo en mi lucha con mis corrupciones, no importando cuán infructuoso haya sido.

60 – Resuelvo. Siempre y cuando mis sentimientos comiencen a aparecer fuera de orden, cuando esté consciente de la menor inquietud dentro de mí, o la más mínima irregularidad, yo entonces me someteré a mí mismo al más estricto examen.

62 – Resuelvo. Nunca hacer nada excepto mi deber, y hacerlo de acuerdo a Efesios 6:6-8, hacerlo voluntaria y alegremente, como delante del Señor y no de los hombres; sabiendo que el bien que cada uno hiciere ese recibirá del Señor.

66 – Resuelvo. Que siempre me esforzaré en mantener un aspecto benigno, una forma de actuar y hablar, en todos lugares, y en todas las compañías, excepto si sucediera que los deberes requieran que sea de otra manera.

67 – Resuelvo. Después de las aflicciones, inquirir, cuan mejor soy yo por ellas, qué es lo que obtuve de ellas y que podría yo obtener de ellas.

68 – Resuelvo. Confesarme francamente a mí mismo todo lo que encuentro en mi ser, ya sea enfermedad o pecado; y si ello fuera algo concerniente a la religión, también confesarle todo el asunto a Dios e implorarle que necesito su ayuda.

69 – Resuelvo. Siempre hacer aquello que hubiera querido haberlo hecho cuando he visto a otros hacerlo

70 – Resuelvo. Siempre dejar que haya algo de benevolencia en todo lo que hable.

“Las Resoluciones que han sido la causa de estas reflexiones son probablemente para personas de toda edad, pero especialmente para los jóvenes, el mejor compendio no inspirado, del deber cristiano, la mejor guía para alcanzar altos logros en las virtudes evangélicas, las cuales la mente del hombre ha sido hasta aquí capaz de formar. Ellas revelan el carácter propio del escritor, y están admirablemente calculadas para mejorar el carácter de cada lector que tema pecar y se regocije en la pureza de la Divina voluntad.”  (Timothy Dwight –  nieto de Jonathan Edwards y presidente de la Universidad de Yale)

Pero el joven Jonathan sabe que estas Resoluciones son imposibles de cumplir con las fuerzas propias, es indispensable la intervención del Espíritu Santo:

“Triste, descubro por experiencia que, permitirme tomar resoluciones, y hacer lo que yo deseo, con tanto ingenio como nunca antes, todo es nada y del todo sin ningún propósito, sin el mover del Espíritu de Dios. Porque si el Espíritu de Dios estuviera siempre tan alejado de mí, como la semana pasada, por lo tanto todo lo que yo haga, no permanecerá, no creceré sino que languideceré y desapareceré miserablemente. Presiento que si Dios quitara su Espíritu un poco más, no dudaría en romper mis resoluciones, y pronto regresaría a mi antigua condición. No hay dependencia en mí mismo. Nuestras resoluciones pueden estar un día en lo más alto, y aun así, el siguiente día podríamos estar en una condición de muerte miserable, de ninguna forma comparada con la misma persona que tomó la resolución. Por lo tanto, no tiene ningún propósito el hacer resoluciones, excepto si dependemos de la gracia de Dios. Ya que, si no fuera por su sola gracia, uno podría ser un muy buen hombre un día y un hombre malvado el siguiente.” (Diario de Jonathan Edwards)

MAPA AMÉRICA. SIGLO XVIII

MAPA de AMÉRICA. SIGLO XVIII

Disciplinadamente, desde los 18 años de edad, registra en su diario personal todo lo que va sintiendo y aprendiendo con el pasar de los días.

“Jueves 10 de enero de 1722: “Es una gran deshonra para Cristo, en quien espero tengo interés, estar inquieto en mi estado y condición terrenal; o cuando veo la prosperidad de otros y que todas las cosas les van bien a ellos, el mundo les es suave y ellos son muy felices en muchos aspectos, y muy prósperos o han adquirido tanto honor como para apetecer su prosperidad, o envidiarles a causa de ella, o estar al menos inquieto por ella, desear y anhelar la misma prosperidad y desear aquello que nunca debería de estar en mí. Por lo que concluí, regocijarme siempre en la prosperidad de los demás, y no pretender que la espero o la deseo para mí, y no esperar ninguna felicidad por ello, ciertamente, por tanto tiempo como yo viva, sino depender en las aflicciones y entregarme completamente a otra felicidad.”   (Diario de Jonathan Edwards)

“Martes 15 de enero de 1722: “Todo este tiempo he estado decayendo. Me parece que ayer, el día desperdiciado, y el sábado, son días en que yo debería retener siempre las mismas resoluciones a la misma altura. Pero ¡ay, cuan pronto decaigo!  ¡Oh cuán débil, cuán poco firme, cuán incapaz de hacer cualquier cosa por mí mismo!  ¡Cuán pobre e inconsistente ser! ¡Qué miserable infeliz soy sin la ayuda del Espíritu de Dios!  Mientras permanezco estoy listo para pensar que lo hago por mi propia fuerza, y sobre mis propias piernas; y estoy listo para triunfar sobre mis enemigos espirituales, como si fuera que por mí mismo ellos huirán, pero ¡ay!  Solo soy un pobre infante, sostenido en alto por Jesucristo y quién me da la libertad de reírme cuando veo a mis enemigos huir, cuando Él los arroja delante de mí.  Por tanto me río, como si yo lo hubiera hecho, cuando únicamente Jesucristo es quien me guía y pelea contra mis enemigos. Y ahora el Señor me ha dejado por un poco de tiempo, ¡cuán débil me encuentro a mí mismo!  ¡Oh que Él me enseñe a depender menos de mí, a ser más humilde, y darle más alabanza por mi habilidad a Jesucristo!  El corazón del hombre es engañoso por sobre todas las cosas y desesperadamente malvado; ¿quién lo conocerá?”.     (Diario de Jonathan Edwards)

Sábado 17 de febrero 1722. “Renovadamente prometo que aceptaré a Dios por mi herencia, y que estaré contento por todo aquello en que me niegue a mí mismo. No murmuraré, no tendré pesar por mi falta de prosperidad o cuando vea el gozo en otros por causa de ella.” (Diario de Jonathan Edwards)

Jueves 21 de febrero de 1722. “Yo creo que nunca he sabido que querían decir con ser destetados(apartados) del mundo no acumulando tesoros en la tierra sino en el cielo, no teniendo nuestra porción en esta vida, teniendo como  nuestra única preocupación los asuntos de la otra vida, aceptando a Dios como nuestra única y total porción. Veo mi corazón en una gran parte aún adherido a la tierra ¡Oh que pudiera ser apartado de eso! (Diario de Jonathan Edwards)

Sábado 2 de marzo 1722. “¡Oh cuan despreciable y vil soy yo cuando siento el orgullo obrando en mí más que cuando estoy en una más humilde disposición de mente!  ¡Cuánto más, y cuán abundantemente más agradable es una disposición humilde que una orgullosa!  Ahora lo percibo claramente y soy realmente sensible a ello.  ¡Cuán inmensamente hermoso es un humilde deleite más que un alto pensamiento de mí mismo! ¡Cuánto mejor me siento cuando verdaderamente me humillo a mí mismo, que cuando me agrado a mí mismo con mis propias perfecciones! ¡Oh cuánto más placentera es la humildad que el orgullo!  ¡Oh que Dios me llenara con abundante y grande humildad, y que para siempre él me guardara de todo orgullo!  Los placeres de la humildad son realmente los más refinados, internos, y exquisitos deleites en el mundo. ¡Cuán odioso es un hombre orgulloso!  ¡Cuán odioso es un gusano que se levanta a sí mismo con orgullo! ¡Que tonto, estúpido, miserable, ciego, engañoso y pobre gusano soy yo cuando el orgullo obra en mí! (Diario de Jonathan Edwards)

“La humildad ante Dios inspira la obediencia, al igual que el orgullo inspira rebelión.” (Jonathan Edwards)

El 15 de febrero de 1727, a los 23 años de edad, Jonathan Edwards fue ordenado ministro en la congregación de Northampton, colaborando con su abuelo, el Reverendo Stoddard, que ejercía desde hacía 55 años el ministerio allí. También en este mismo año, Jonathan se casa con Sarah Pierrepont a quien había conocido cuando ella tenía 13 años y el 17, tuvieron 11 hijos.

Jonathan Edwards

Jonathan Edwards

Sarah Edwards

Sarah Edwards

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Avivamiento en la vida de Jonathan Edwards

“Cristo no está en el corazón de un cristiano como un salvador muerto en una tumba, sino como un salvador resucitado y vivo en su templo” (Jonathan Edwards)

 “El año de 1735 inició en Northampton de la más favorable manera. Un profundo y serio interés en las grandes verdades de la religión, se había hecho general en todos los lugares del pueblo, y en medio de toda clase de gente. Este fue el único tema de conversación en todos los grupos, y casi el único asunto que le interesaba a la gente, y éste era: asegurar su salvación.   Tan extensa fue la influencia del Espíritu de Dios, que sería raro, encontrar un individuo en el pueblo, ya fuera viejo o joven, que hubiera permanecido indiferente en cuanto a las grandes cosas del mundo eternal. Esto era verdad aún entre los aficionados a los placeres, a los más licenciosos, y a los más hostiles a la religión. Y en medio de esta atención general, la obra de la conversión continuó en la manera más sorprendente. Cada día se atestiguaban sus triunfos; y tan grandes eran los cambios en la apariencia del pueblo, que en la primavera y el verano siguiente, parecía como si estuviera lleno de la presencia de Dios. Con dificultad se encontraría alguna casa que no tuviera las señales de su presencia, y apenas una familia que no manifestara los dones de su gracia. El pueblo, decía Edwards, no estuvo antes tan lleno de amor, ni tan lleno de gozo, ni aún tan lleno de angustia, como estaba entonces. Siempre que encontraba a la gente en el santuario, no solamente veía la casa llena, sino a cada oyente ansioso por recibir la verdad de Dios, y frecuentemente, toda la asamblea se deshacía en lágrimas; algunos llorando de pena, otros de gozo, y otros de compasión.   En los meses de Marzo y Abril, cuando la obra de Dios había sido llevada a cabo poderosamente, el suponía que el número de los que habían sido aparentemente convertidos, había sido de por lo menos cuatro al día, o cercanos a los treinta por semana, sumando las semanas, esto aconteció durante cinco o seis semanas seguidas.” (Timothy Dwight – fue nieto de Jonathan Edwards y presidente de la Universidad de Yale)

Puritanos - diarios de avivamientos

“Durante el invierno y la primavera, muchas personas de los pueblos vecinos vinieron a Northampton, para asistir a las conferencias de Edwards; y muchos otros venían desde lejos, habiendo oído informes contradictorios del estado de las cosas, para ver y examinar las cosas por sí mismos. De éstos, un gran número que tenían avivadas sus conciencias fueron excepcionalmente influidos, y regresaron a casa regocijados por el gran amor de Dios que perdona abundantemente.   Estos parecían los medios para esparcir la misma influencia en los pueblos adyacentes, y en lugares más remotos, de tal manera que no menos de diez pueblos en el mismo condado, y diecisiete en colonias vecinas de Connecticut, en un corto tiempo, fueron bendecidas con avivamientos religiosos.” (Timothy Dwight – nieto de Jonathan Edwards y presidente de la Universidad de Yale)

Compilado y redactado por Gabriel LLugdar para Diarios de Avivamientos

Continuará en el próximo Capítulo – si no has leído el Capítulo I aquí está el enlacehttps://diariosdeavivamientos.wordpress.com/2015/03/04/jonathan-edwards-y-el-gran-despertar-el-gran-avivamiento-del-s-xviii/

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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