Aprendiendo el Evangelio – El Evangelio paso a paso – Capítulo 1

qué es el evangelio - diarios de avivamientos

Cuando un fraile y Doctor en Teología de la Orden de los Agustinos, comenzó a levantar la voz en defensa de la autoridad absoluta de las Escrituras en cuanto a doctrina, un amigo suyo le escribió lo siguiente:

«A ti la conciencia te mueve a obedecer a la Escritura más que al Papa, pero a muchos les parece que el Papa ha recibido el poder de declarar la Escritura».

Hoy, casi quinientos años después, estamos viviendo el mismo dilema: a unos la conciencia les mueve a obedecer a la Escritura más que a cualquier hombre (por más título ministerial que ese hombre posea). Y a muchos otros les parece que lo que enseñan dichos ministros tienen tanto, o más valor, que lo que diga la Biblia, y temen contradecirlos.

“Algunos ministros piensan que siempre tienen la razón, aún en los detalles más pequeños, y critican a cualquiera que se atreve a estar en desacuerdo con ellos. Ellos rechazan la doctrina de la infalibilidad papal, pero parece como si ellos aspirasen a ser pequeños Papas. Esperan que todos estén de acuerdo con ellos como si fueran infalibles.”     (Richard Baxter 1615-1691 – El Pastor Reformado)

Todos los predicadores dirán, sin lugar a dudas, que la Biblia es la única palabra autorizada de Dios. Pero en la práctica, muchos de ellos mismos, lo negarán al poner sus experiencias personales, sus emociones, visiones, sueños o profecías al mismo nivel de las Escrituras. Se ha vuelto muy frecuente escuchar frases enfáticas como “Dios me dijoel Señor me mostró…el Espíritu Santo me reveló…” dichas de una manera que no admiten discusión, pues si alguien se atreve a contradecirlas o a dudar de tales revelaciones inmediatamente se hará merecedor de la ira del “ungido de Dios”. ¿Pero tan poco apreciamos nuestra salvación como para temer a los hombres más que a Dios? ¿O es que el Señor nos dejó una Biblia incompleta a la cual hace falta agregarle las revelaciones de algún predicador famoso?

“Lo único que anhelo es poseer la Palabra de Dios. Me tienen sin cuidado los milagros, no me preocupan las visiones extraordinarias. Tampoco haría caso a un ángel que quisiera enseñarme algo que no fuera la Palabra de Dios. Yo sólo creo en la Palabra de Dios y en sus obras, porque la Palabra de Dios ha resultado verdadera desde el principio del mundo y a nadie ha defraudado.”     (Martín Lutero – Charlas de Sobremesa)

Las verdades esenciales que debemos aprender son relativamente pocas, pero suficientes para la salvación: 

“Nuestro ministerio debe estar centrado en las grandes enseñanzas de la Escritura. Esto es lo que la gente necesita para alimentar sus almas, para mortificar sus pecados y calentar sus corazones. Si solo predicamos a Cristo, estaremos predicando todo. Esta es la mejor forma para no perder el tiempo. Muchas otras cosas pudieran ser deseables, pero el tiempo es corto y las almas son preciosas. Si los oyentes fallan en comprender las verdades esenciales del evangelio, entonces serán perdidos para siempre. Esto no agradará a aquellos que siempre quieren escuchar algo nuevo y emocionante. Frecuentemente tendremos que repetir las mismas cosas, porque las verdades esenciales son relativamente pocas. Sin embargo, debemos tratar de usar mucha variedad en su presentación. Tenga cuidado de no imitar a aquellos que tratan de compensar su falta de espiritualidad, convirtiendo su predicación en un “show” para divertir a los oyentes.      (Richard Baxter 1615-1691 – El Pastor Reformado)

Richard Baxter - diarios de avivamientos - 02

El Evangelio de la gracia, tal y como nos es presentado en la Biblia, es el fundamento de toda la doctrina y el núcleo de toda la vida cristiana; y a la vez está expuesto de una forma completa, clara y sencilla para que todos puedan estudiarlo, comprenderlo, creerlo y ponerlo en práctica sin excusas. El destino final del alma, ya sea la vida eterna o la condenación eterna, es un asunto muy serio como para desentendernos de ella y dejarla en manos de algún auto-proclamado profeta o apóstol moderno; es responsabilidad ineludible de todos los creyentes comprender y saber exponer el Evangelio.

1 Pedro 3:15… estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.

Para estar siempre preparados es necesario estar siempre estudiando, quien menosprecia el estudio constante de las Escrituras menosprecia el destino final de su propia alma. Quien fundamenta su fe y su vida espiritual en las experiencias, y no en la sana doctrina, corre el peligro de desviarse hacia el fanatismo, del cual es muy difícil escapar, pues el fanático se basa en emociones irracionales. Fanático es aquel que está entusiasmado ciegamente por una cosa. El consejo del apóstol Pedro es que presentemos defensa con mansedumbre y reverencia, no con un entusiasmo desenfrenado que nos hace correr sin dirección, a ciegas, o salirnos del camino para ser tropiezo en la carrera de otros.

Salmos 119:105  Lámpara es a mis pies Tu Palabra, y lumbrera a mi camino.

La mansedumbre y la reverencia, es decir el respeto al prójimo al exponer el Evangelio, son propios de aquellos que saben con certeza en quien han creído y que tienen un fundamento firme para su fe.

¿Cual fundamento?

Efesios 2:20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas…

¿A qué profetas y apóstoles se refiere? A los que nos dejaron el canon completo y final de las Escrituras, el cual se cerró con el libro de Apocalipsis. ¿O pretenderá alguno después de casi dos mil años de edificación de la Iglesia poner un nuevo fundamento? ¿O es que acaso Dios empezó la casa por el tejado, y ahora necesitamos de nuevos apóstoles de doctrina que nos traigan nuevas revelaciones fundacionales?

Gálatas 1:6-9 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Si alguien se nos presenta con tales credenciales no dudemos en rechazarlo enfáticamente 

2 Juan 1:9-11 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!  Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.

¿Dónde hallar la sana enseñanza?

“¿Estás confundido porque hay tantas opiniones religiosas? Entonces, ¿Por qué no dependes solo de la Biblia, en donde la enseñanza divina acerca de la salvación es perfectamente clara?”    (Richard Baxter 1615-1691 – una invitación a vivir)

No es suficiente con decir soy cristiano, es necesario perseverar en la doctrina de Cristo. Doctrina significa “enseñanza” ¿cómo obedeceremos a Cristo si no conocemos sus enseñanzas?

Doctrina = Enseñanza

Es más importante ser que parecer.

Debemos tener presente que el saber más no nos hace más sabios si no lo ponemos por obra. La sabiduría no consiste en acumular la información, sino en saber utilizarla.

“¡Qué! ¿Crees que la forma de amar a Dios viene por acumular más conocimiento? Ya tienes más de lo que puedes usar. Practica lo que ya sabes en vez de buscar más conocimiento. Te engañas a ti mismo si crees que estás creciendo espiritualmente porque tu curiosidad ha explorado intelectualmente alguna idea espiritual… Hay un peligro al pensar que eres perfecto simplemente porque entiendes lo que debe ser la perfección.”           (Fenelon – Una Vida de Sencillez)

Tampoco buscaremos el conocimiento para exhibirnos por encima de los demás, pues el conocimiento sin humildad nos vuelve soberbios.

“La soberbia, que arrojó a los ángeles del cielo, echará a perder al predicador. Por eso en el estudio de la teología, lo que cuenta es la humildad”.    ( Martín Lutero)

Martín Lutero - frases - diarios de avivamientos

“¿Qué te aprovecha disputar altas cosas de la Trinidad, si no eres humilde, y con esto desagradas a la Trinidad? Por cierto las palabras sublimes, no hacen al hombre santo ni justo; más la virtuosa vida le hace amable a Dios. Más deseo sentir la contrición, que saber definirla. Si supieses toda la Biblia a la letra, y las sentencias de todos los filósofos, ¿qué te aprovecharía todo, sin caridad y gracia de Dios? Vanidad de vanidades, y todo es vanidad, sino amar y servir solamente a Dios.”    (Tomás de Kempis – Imitación de Cristo)

No encontraremos los tesoros en las Escrituras, excavando ciegamente con nuestras propias fuerzas, aunque poseamos las herramientas más perfectas. Es por medio de la oración que el Espíritu Santo nos guiará hasta ellos.

“Lo primero que has de tener presente es la certeza inquebrantable de que a la Sagrada Escritura es imposible penetrarla a base de estudio y de ingenio. Por tanto, tu primer quehacer será el de empezar por la oración; pero una oración por la que le pidas que por su pura misericordia te conceda la inteligencia de Su Palabra, si le agradara servirse de ti para su gloria, no para la tuya ni para la de ningún humano. Ningún maestro de las palabras divinas podrás encontrar que sea mejor que su propio autor, en conformidad con lo que dice: «Todos serán enseñados por Dios». Por tanto, te conviene sobremanera que desesperes de tu fuerza y de tu ingenio y confíes únicamente en la acción del Espíritu. Haz caso a quien te lo dice por experiencia.” (Martín Lutero, carta a Jorge Spalatino. 18 enero 1518. Sobre cómo estudiar las Sagradas Escrituras)

Si queremos verdaderamente aprender el Evangelio, seamos humildes, dejemos a un lado el fanatismo, y demos lugar a que hablen las Escrituras, pues ellas son la única e infalible Palabra de Dios.  Hagamos nuestra la oración de John Bunyan (autor del maravilloso libro El Progreso del Peregrino)

« ¡Oh, Señor, soy un necio, incapaz de distinguir la verdad del error! Señor, no me dejes en mi ceguera. No permitas que apruebe o rechace erróneamente esta doctrina. Si es de Dios, que no la desprecie, y si es del diablo, que no la abrace. Señor, pongo mi alma a tus pies respecto a este asunto. No permitas que me engañe, te lo pido humildemente. »   (John Bunyan – Gracia Abundante)

 

Artículo perteneciente a Gabriel Edgardo LLugdar para editoriales Diarios de Avivamientos. Para cualquier consulta escríbenos a diariosdeavivamientos@gmail.com

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Acerca de diariosdeavivamientos

Compartiendo las gloriosas páginas de la Historia de la Iglesia.
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