La Iglesia Necesita Profetas

¿Existen los profetas hoy? 

Esta es una pregunta que va y viene dentro de los círculos cristianos, y la respuesta varía dependiendo de los pre-conceptos que se tengan del tema. En el círculo carismático se afirmará con un rotundo SI, y en el círculo de los cesacionistas se afirmará con un rotundo NO. 

Si llevas algún tiempo siguiendo este blog, te habrás dado cuenta de que en Diarios de Avivamientos no negamos la vigencia de los dones del Espíritu. ¡Pero cuidado! esto no nos hará afirmar con un rotundo SI a la pregunta ¿existen profetas hoy? Ya saben que procuramos formarnos una opinión propia, y no reaccionar según las ideas preconcebidas, tradiciones o prejuicios que actualmente mueven las pasiones de los cristianos y determinan sus creencias o fanatismos.

Nosotros creemos que los profetas del Antiguo y Nuevo Testamento fueron únicos, al igual que los apóstoles del Cordero, únicos e irrepetibles, nadie puede o podrá equipararse a ellos; pues lo que ellos hablaron y enseñaron fue registrado y preservado por obra sobrenatural del Espíritu como una totalidad: las Escrituras, que son auténticamente la Palabra de Dios. Nadie puede añadirle ni quitarle nada a lo que ellos hablaron.

Pero así mismo, creemos también que lo anterior no descarta la existencia de profetas en un sentido menor, o distinto si se quiere. Los Salmos que compusieron salmistas como David o Asaf constituyen las Escrituras, la Palabra de Dios, son únicos e irrepetibles. Pero nadie negará que los himnos que a través de la historia de la Iglesia se fueron escribiendo también han sido de grandísima bendición y edificación. Tampoco a nadie se le ocurriría ponerlos al mismo nivel de los salmos de la Biblia, pero sin embargo los tenemos en gran estima. David fue un músico, un salmista único e irrepetible, pero a través de los siglos el Espíritu Santo dotó a diversos hombres, de talento para componer himnos, pero estos hombres ni compiten ni rivalizan con los salmistas bíblicos.

De igual manera creemos que Dios sigue levantando “voces proféticas”, hombres que NO traen nuevas revelaciones doctrinales, pero sí cumplen la función de despertar las conciencias y destapar los oídos taponados de las congregaciones. Que no se asemejan a los pastores, ni a los maestros ni a los evangelistas, destacan de una manera específica en su predicación, uno puede oírlos predicar y se da cuenta que son distintos al resto, no en su mensaje (siempre bíblico), sino en su fuerza arrolladora de convicción, sus palabras son como saetas disparadas “sin piedad” al corazón.

Si, es probable que hayas escuchado a muy pocos predicar así, el mismo Leonard Ravenhill decía que ya casi no quedaba predicadores, que casi todos eran maestros. Damos gracias a Dios por los maestros, pero los predicadores son necesarios con urgencia. A veces nos sobra información pero nos falta convicción, nos faltan voces proféticas.

Si te interesa más del tema te ponemos a disposición un pequeño libro titulado: El Espíritu de Profecía,  de Art Katz Ministries, del cual te damos a continuación un pequeño resumen y al final el enlace para descargarlo, es muy interesante e instructivo.

“Repentinamente, este tema ha prorrumpido en la conciencia de la iglesia, y ahora hay un flujo súbito de emoción. Pareciera que corremos a donde sea para escuchar a ‘profetas.’ Ellos han alcanzado una popularidad instantánea y son anunciados en las formas más pródigas, no solo como profetas, sino como ‘los oráculos de la hora’.  Esto es, por tanto, un fenómeno que necesitamos examinar para ver qué tan legítimo es, y si es en verdad de parte del Señor o algún tipo de imitación. Debiéramos tener tal experiencia en Dios para saber que cuando lo auténtico está por manifestarse, muchas veces es precedido por algo ficticio o una falsificación. Observamos con mucha cautela este presente fenómeno profético, y tenemos el sentir de extremar precauciones en nuestros propios espíritus—aunque sea solamente porque es algo repentino y muy popular—y ambas cosas no han sido nuestra experiencia. El verdadero profeta experimenta precisamente lo opuesto, a saber, nada de popularidad y bastante reproche.”

“Una distinción importante, como hemos venido diciendo, es distinguir entre el don de profecía como opuesto al oficio de profeta. De hecho, nuestro fracaso en hacer esa distinción entre ambos bien pudiera ser el error más grave que se esté cometiendo. Tenemos la tendencia de llamara un hombre o una mujer ‘profeta’ cuando solamente se están moviendo en el don de profecía, pero que no están llamados al oficio. La falta está en pensar que ésta es una dispensación del Nuevo Testamento y que por tanto requiere otra definición. Sin embargo, si solo existe una definición, y ha estado en vigencia durante todo el tiempo, aunque no lo hayamos visto mucho recientemente, entonces no hay razón alguna para buscar otro tipo de definición. El Espíritu de Dios reparte generosamente Sus dones, los cuales Él puede otorgar en determinado momento como Él quiera. Empero, eso no es una distinción o designación permanente. El Espíritu de Dios puede caer sobre cualquiera de nosotros y podemos profetizar. Estamos operando por el Espíritu en el don de profecía. El don es algo que el Espíritu ejercita según Su voluntad. Y puede venir ya sea a través de un hombre o una mujer. No tiene nada que ver con su llamamiento, su entrenamiento, su preparación o su calificación. Puede ser informal, directivo o una palabra de aliento, pero el oficio de profeta es algo completamente distinto.”

“El oficio de profeta difiere del don de profecía en que es permanente. Es dado junto con el hombre. Es un llamamiento, y bien pudiera ser que ese hombre, quien tiene el oficio de profeta, pueda pasar toda su vida en ese servicio y nunca hablar una sola vez por el don de profecía. La iglesia está sufriendo actualmente de la ignorancia que viene al confundir estas dos categorías. Llamamos profetas a hombres que no tienen el oficio, sino que están operando en el don de profecía, y en muchas instancias, ni siquiera el don de profecía, sino en una engañosa clarividencia.

Un profeta identifica la falsedad y la destruye sin ninguna compasión. Hay algo acerca de su palabra que es como fuego. Está arrancando, desarraigando y destruyendo antes de que esté plantando y edificando. ¿Quién quiere escuchar a hombres así? Los profetas no sólo traen cosas a cuestionamiento; ellos las hacen pedazos delante de los ojos de quienes las estiman. El volver a hablar con ese hombre después de lo sucedido es como tocar lo inmundo. Ellos lo han identificado y esa palabra se les ha pegado. No es de sorprenderse que tales hombres no sean bienvenidos en lugares donde la gente desea continuar con su estilo de vida sin ser confrontado.”

“Un profeta critica y descubre sin piedad, sin ningún temor o preocupación del hombre, la mentira o inclusive la verdad ‘convencional,’ es decir, las premisas que se asumen inconscientemente sin ningún cuestionamiento, que constituyen muerte en la vida del que les presta oído. Él revela la mentira y hace sonar el silbato. Bien pudieran ser las mentiras de los profetas falsos. El mundo entero está fundamentado en mentiras, pero cómo puede saberse a menos que llegue una palabra de verdad. Si esa palabra ha de venir, entonces ha de venir a través de un hombre que está totalmente libre del temor del hombre. Todos nosotros sabemos que el temor del hombre es el factor más poderoso e inhibidor que hace su obra en la vida de los ministros de Dios. Estar libre de eso y hablar sin ninguna preocupación del temor del hombre es una declaración final que conlleva una historia de tratos con ese siervo. Todos nacemos con temor del hombre. Vivimos preocupados por el hombre, por su reconocimiento y por su aplauso. Los hombres aman el reconocimiento de los hombres, particularmente de los hombres de prestigio, pero debemos ser destetados de esa necesidad. Es un proceso; no sucede en un solo día. Cada vez que el Señor nos trae a un lugar para ser destetados, debemos someternos. Debemos llegar a un lugar en donde no solamente somos indiferentes al aplauso de los hombres, sino también a sus críticas y reproches. Un profeta requiere, por tanto, de un discernimiento extraordinario para emitir un juicio crítico y de una habilidad analítica que ha sido esmerilada por el Espíritu.”

“El estilo de vida propio de un profeta debe ser entonces, un repudio de la mentira. No podemos exponer y denunciar valores falsos si nosotros mismos nos suscribimos a ellos. Hay algo acerca de la pobreza que es más que un accidente o circunstancia. Es apropiada para la autenticidad de nuestra unión con Dios. El ropaje de pelo de camello y la dieta de langostas son simbólicamente intrínsecos a la vida profética. Hay una razón por la cual Juan el Bautista estaba en el desierto y no en Jerusalén, siendo el hijo de un sacerdote. Él no podía estar en el mismo lugar que el establishment*No podía disfrutar de sus beneficios y ser expuesto al mismo tiempo a su falsedad. No podemos dar rienda suelta en nuestro estilo de vida a aquellas mismas cosas que condenamos delante de otros. Por tanto, el estilo de vida es muy importante en relación a la palabra que haya de ser proclamada, y probablemente nada deja más al descubierto si se es un profeta verdadero o falso que esto. Los profetas falsos comían de la mesa de Jezabel.
Elías tenía que ser alimentado por cuervos y vivir junto a un arroyo. No se trata de procurar vestirse de pelo de camello porque es algo romántico o porque se deba de vestir así para ser distintivo y diferente. En lugar de eso, los valores que son falsos no pueden encontrar lugar en hombres así. Un profeta es llamado a revelar la mentira, las premisas ocultas que necesitan ser examinadas a la luz de Dios acerca de los valores, acerca de la vida y sus propósitos. En consecuencia, nuestro propio estilo de vida debe ser un repudio por la mentira, aún cuando la sociedad y una iglesia carnal la justifiquen. El habla de un profeta no sólo revela la mentira, sino que también la condena y la juzga. Su palabra, como su vida misma, es un destructor divino.”

“Donde existan profetas auténticos que están dispuestos a traer una palabra que no es bienvenida, también habrá una multitud de falsos profetas que traen a su vez una palabra falsa y cómoda que dice: “Paz, paz” cuando no hay paz.”

“Un profeta es un hombre de la Palabra. Aborrece la superficialidad al mismo tiempo que guarda profundamente la santidad del lenguaje y su significado contra su abuso y abaratamiento. Por tanto, él no siempre es un huésped cuya presencia disfrutemos y tampoco es bueno para las conversaciones fáciles y triviales. Él guarda su boca porque conoce la santidad de las palabras y no va a prestarse a las conversaciones frecuentes para devaluar el peso de sus palabras. Hay junto con él una historia de esperas y silencios.”

“Un profeta rehuye a las distinciones y honores que los hombres confieren. Estas cosas traen consigo cierta aura de prestigio y eminencia, pero el hombre profético, para ser genuino delante de Dios, es muy frecuentemente el profeta del ‘desierto’ o de la ‘soledad.’ El desierto no representa una aislamiento físico, sino una separación voluntaria y consciente del tipo de cosas que están calculadas para comprometer. Él no está buscando dar una impresión favorable en apariencia o conducta, y desprecia lo que es para lucimiento, lo sensacional o fantástico. Un profeta está asiduo en volver a los hombres a Dios y no hacia sí mismo.”

* establishment: Conjunto de dirigentes o personas que tienen el poder (Real Academia Española)

Todo el texto en color gris oscuro pertenece al libro: El espíritu de profecía (The spirit of prophecy) de Art Katz – puedes descargar este librito en la web del autor:

descarga ⇓

http://artkatzministries.org/PDFs/Spirit_of_Prophecy_Spanish.pdf

http://artkatzministries.org/category/foreign-translations/spanishespanol/

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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5 respuestas a La Iglesia Necesita Profetas

  1. Fernando Elìas Alvarez A. dijo:

    Es un gran complemento que enriquece al ministerio pastoral. El mío propiamente tal. Gracias por compartir

  2. Gracias por hacernos participes de un material que nos permita vivir de manera equilibrada, integral y saludable para la alabanza de nuestro Dios. Dios les bendiga abundantemente.

  3. alexander dijo:

    los profetas si existen, soy testigo, porque Dios me ha dado palabra para dar a algunos hermanos……no porque uno quiera serlo, sino que Dios lo establece

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