Primeros líderes de la Iglesia de Roma ¿Primeros Papas? Sucesión apostólica

Roma - Evans Charlotte -

Roma – Evans Charlotte –

La pequeña aldea fundada a orillas del río Tíber fue creciendo hasta convertirse en un estado, luego mediante guerras o pactos con otros estados fue extendiéndose por toda la península itálica, costas del Mediterráneo, Galia, Cartago (en el norte de África), y Palestina (63 a.C), convirtiéndose en el famoso y poderoso imperio de Roma.

1-Evans Charlotte - Enciclopedia De La Historia 2 - El Mundo Clasico- Imperio Romano

Mientras tanto, el gobierno de estos territorios tenía su punto neurálgico en el Senado de Roma, ninguna persona ostentaba el poder absoluto sino que descansaba sobre los senadores de la República.

Pero en el año 27 a.C., luego de diversas guerras internas, se erige una figura dominante, un hombre que gobierna con poder absoluto y casi divino: el Emperador.

Augusto César - Emperador bajo cuyo reinado nació el Mesías

Augusto César – Emperador bajo cuyo reinado nació el Mesías

El primer emperador de Roma que ostentó el poder absoluto fue Gayo Octavio, sobrino del famoso conquistador Julio César. Octavio pasó a ser conocido como Augusto César y reinó desde el 27 a.C. hasta el 14 d.C. Bajo su reinado nació, en una aldea de Judea, un Rey cuyo imperio no tendría fin: Cristo el Mesías.

Lucas 2:1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.

El Señor Jesús nació en Belén, siendo Augusto César emperador de Roma, y Herodes el Grande rey del territorio de Israel. Cuando Herodes el Grande murió, el reino se repartió entre sus hijos: Arquelao, Herodes Antipas y Felipe. Estos tres son mencionados en los Evangelios.

Mateo 2:22 Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea,

Mateo 14:1-3 En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano.

Arquelao gobernó Judea, Samaria e Idumea. Herodes Antipas, al que en el versículo que acabamos de leer se le llama Herodes el tetrarca, esto viene del griego tetra (cuatro) y arque (gobierno), es decir: uno de cuatro gobernantes; gobernó Galilea y Perea. Y Felipe gobernó el área noreste de Galilea.

Cuando José, María y Jesús volvieron de Egipto, Arquelao reinaba en Judea de forma despótica y despiadada, por lo cual se fueron a vivir a Galilea donde reinaba Herodes Antipas (el que luego hizo decapitar a Juan el Bautista). Debido a su mal gobierno, Arquelao fue depuesto y desterrado, entonces la región que gobernaba (Judea, Samaria e Idumea) pasó a ser una provincia romana gobernada por procuradores romanos, el más famoso es sin duda Poncio Pilato.

Herodes Antipas y Poncio Pilato estaban enemistados entre sí, más se reconciliaron cuando Jesús fue condenado.

Lucas 23:6-12 Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo.  Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén. Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia. Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato.  Y se hicieron amigos Pilato y Herodes aquel día; porque antes estaban enemistados entre sí.

Roma procuraba por todos los medios mantener la paz dentro de sus fronteras, esta Pax Romana impulsó favorablemente el desarrollo del comercio, las vías de comunicación, el arte, la cultura, y la universalidad de un idioma: el griego, con el cual todos podrían entenderse.

Vias de comunicación (Evans Charlotte - Enciclopedia De La Historia 2)

Vias de comunicación (Evans Charlotte – Enciclopedia De La Historia 2)

La crucifixión de Cristo y su resurrección tuvo lugar bajo el reinado de Tiberio César, segundo emperador romano. A la muerte de éste (37 d.C) ascendió al trono Calígula siendo el tercer emperador de Roma, fue asesinado en el año 41 y ascendió al trono su tío Claudio, constituyéndose en el cuarto emperador quien reinó hasta su muerte en el año 54, entonces le sucede en el trono otro sobrino suyo: Nerón.

Es bajo su reinado que Pablo, en el año 57, escribe la Epístola a los Romanos. En la primavera del año 61 el apóstol llega a Roma como prisionero, aunque como puede leerse en el libro de los Hechos de los Apóstoles, gozaba de cierta libertad:

Hechos 28:30-31 Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

Poco se sabe de lo que realizaron los apóstoles Pedro y Pablo mientras estaban en Roma, el libro de los Hechos termina abruptamente con Pablo prisionero pero gozando de ciertas libertades. A principios del año 63 fue absuelto, al parecer hizo un viaje al Asia Menor y luego a España, tal como era su deseo expresado en las epístolas de Filipenses y Filemón.

El Canon o Fragmento de Muratori, (llamado así por su descubridor: Ludovico Antonio Muratori) data del Siglo II (180 d.C) en él encontramos evidencias del viaje de Pablo a España:

“Los Hechos de todos los apóstoles han sido escritos en un libro. Dirigiéndose al excelentísimo Teófilo, Lucas incluye una por una las cosas que fueron hechas delante de su propios ojos, lo que él muestra claramente al omitir la pasión de Pedro, y también la salida de Pablo al partir de la Ciudad para España.”

La tradición cuenta que en Nicópolis fue nuevamente encarcelado, llevado a Roma y martirizado. El historiador Eusebio de Cesarea nos relata lo siguiente sobre Pablo:

“Nerón envió como sucesor de Félix a Festo, y bajo su mandato Pablo, tras sostener su causa, fue conducido cautivo a Roma. Estaba con él Aristarco, al que con razón en algún punto de su Epístola llama compañero de prisiones. También Lucas, quien consignó por escrito los Hechos de los Apóstoles, termina su relato con estos sucesos, mostrando que Pablo estuvo dos años enteros en Roma sin opresión y allí predicaba la Palabra de Dios libremente.  Según la tradición, el apóstol expuso entonces su defensa y de nuevo partió para seguir en su ministerio de la predicación, pero cuando por segunda vez llegó a Roma, murió martirizado en tiempo del mismo emperador. Estando esta vez en sus prisiones compuso la Segunda Epístola a Timoteo, en la que hace mención de su defensa y de su muy pronta muerte. Considera su propio testimonio acerca de todo esto: «En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león». Con esto manifiesta claramente que la primera vez, para que fuese cumplida su predicación, fue librado de la boca del león, haciendo alusión, según parece, a Nerón y su crueldad. Sin embargo, no añade a continuación nada semejante a «me librará de la boca del león», pues sentía en su corazón que su muerte estaba cercana. Por ello, a «fui librado de la boca del león» añade: «El Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial», aludiendo así a su propio martirio. Y este hecho lo especifica un poco antes, cuando dice: «Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano». Ahora bien, en su Segunda Epístola a Timoteo dice que cuando la escribía se hallaba con él Lucas, pero que en su primera defensa ni siquiera éste. De ello entendemos que Lucas acabó de escribir los Hechos de los Apóstoles por aquel tiempo, contando lo que pasé cuando estuvo Pablo. Esto lo decimos para demostrar que el fin de Pablo no se llevó a cabo en su primera estancia en Roma, descrita por Lucas. Quizás Nerón fuera más benévolo en el principio, de modo que era más fácil que aceptara la defensa de Pablo en favor de sus creencias; pero al progresar en sus atrevimientos criminales, arremetió contra los apóstoles como contra todos los demás.” (Historia Eclesiástica – Libro 2 – XXII -Eusebio de Cesarea)

Del apóstol Pedro, nada menciona la Biblia expresamente acerca de su estadía en Roma, y no hay fuentes históricas que avalen los supuestamente 25 años de pontificado en esa ciudad, lo que es seguro es que no fundó él la iglesia allí sino que ya existía antes de su llegada.

San Pedro - Pintura del Greco

San Pedro – Pintura del Greco

“Nada sabemos sobre cuándo y cómo desarrolló su misión en Roma. Permaneció en Palestina hasta la persecución de Herodes Agripa, en 44, que le obligó a abandonar Jerusalén, pero volvió tras la muerte del rey, y allí lo descubrimos en 52, cuando se encontró con Pablo y Bernabé de vuelta de su primer viaje apostólico. Poco después se dirigió a Antioquía, donde mantuvo la famosa discusión sobre la actitud que había que mantener con los paganos convertidos, y allí debió de permanecer un periodo prolongado en las regiones vecinas, a juzgar por lo que dice en su primera carta a los fieles de Ponto, Capadocia, Asia y Bitinia. Las cartas de Pedro parecen certificar su presencia en Roma cuando transmiten a Oriente los saludos de «la Iglesia reunida en Babilonia». El primer testimonio explícito que la historia ofrece es del año 95, es decir, alrededor de treinta años después de su muerte. Clemente de Roma, en su Carta a los corintios, recuerda el tiempo cuando «Pedro y Pablo estaban entre nosotros». Este dato será confirmado por Ignacio de Antioquía en 108, en 180 por Ireneo y en el año 200 por Tertuliano. Pedro murió posiblemente en Roma en el periodo que va desde el incendio de 64 a la muerte de Nerón en 68. La tradición señala el día 29 de junio del año 67 para su martirio. Aunque no tengamos noticias directas del suceso, parece claro que fue una de las víctimas de la persecución decretada por Nerón con ocasión del incendio de la ciudad. No existe motivo para dudar de esta antiquísima tradición, acogida universalmente por los primeros escritores cristianos. Por otra parte, mientras que ninguna otra comunidad ha reivindicado nunca el testimonio de la muerte y las reliquias de Pedro y Pablo, conocemos que en Roma, desde el siglo II, se dio un culto a ambos santos junto a sus «trofeos», es decir, sus enterramientos. Estos monumentos fueron mencionados por Gayo, un eclesiástico de Roma, alrededor del año 200, y su existencia ha sido seriamente confirmada por la arqueología del siglo xx, cuando en 1939 descubrieron bajo el monumental altar de la confesión, que Constantino mandó construir sobre el trofeo del siglo ii -un cementerio romano-, una tumba en cuya cercanía se encontraron numerosas pintadas con exvotos y proclamaciones de veneración por el apóstol Pedro.”  (Historia de los Papas – Juan María Laboa Gallego)

El historiador Eusebio de Cesarea afirma que Pedro fue a Roma y que los cristianos de allí rogaron a Marcos que les dejase por escrito su testimonio:

“…la providencia universal, perfectamente buena y amante en extremo de los hombres, guiaba la mano hacia Roma… del animoso y gran apóstol Pedro, el cual es el portavoz de todos los demás, gracias a su virtud. Él, como valeroso capitán de Dios y bien provisto de las armas divinas, llevaba de Oriente a los habitantes de Occidente la preciosa mercancía de la luz espiritual, predicando la luz y la Palabra salvadora de almas: la proclamación del reino de los cielos… la luz de la religión de Pedro resplandeció de tal modo en la mente de sus oyentes, que no se contentaban con escucharle una sola vez, ni con la enseñanza oral de la predicación divina, sino que suplicaban de todas maneras posibles a Marcos (quien se cree que escribió el Evangelio y era compañero de Pedro), e insistían para que por escrito les dejara un recuerdo de la enseñanza que habían recibido de palabra, y no le dejaron tranquilo hasta que hubo terminado; por ello vinieron a ser los responsables del texto llamado «Evangelio según Marcos» Se dice que también este apóstol, cuando por revelación del Espíritu tuvo consciencia de lo que había llevado a cabo, comprendió el ardor de ellos y estableció el texto para el uso en las iglesias. Clemente, en el libro VI de sus Hypotyposeis, refiere este hecho, y el obispo de Hierápolis, llamado Papías, lo confirma con su testimonio. Pedro menciona a Marcos en la primera Epístola, la cual dicen que fue escrita en Roma; y el mismo Pedro lo indica cuando la llama metafóricamente Babilonia, como sigue: «La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan.»”    (Historia Eclesiástica– Libro 2 – XV – Eusebio de Cesarea)

Según este relato de Eusebio, tanto el Evangelio de Marcos como la 1ª Epístola de Pedro se escribieron en Roma.

En la noche del 19 de julio del 64 se produjo el famoso incendio que devastó una gran parte de la ciudad de Roma. Los rumores acerca de la autoría apuntaban a Nerón mismo, de quien se decía que hizo arder la ciudad para reedificarla a su gusto. Para desviar la atención de sí mismo, el emperador acusó a los cristianos de ser los causantes de la tragedia, desatándose así una brutal persecución contra la Iglesia.

El historiador y político romano Tácito (55-120 d.C) relata en sus Anales las consecuencias del incendio:

«Sin embargo, ni por industria humana, ni por larguezas del emperador, ni por sacrificios a los dioses, se lograba alejar la mala fama de que el incendio había sido mandado. Así pues, con el fin de extirpar el rumor, Nerón se inventó unos culpables, y ejecutó con refinadísimos tormentos a los que, aborrecidos por sus infamias, llamaba el vulgo: cristianos. El autor de este nombre, Cristo, fue mandado ejecutar con el último suplicio por el procurador Poncio Pilatos durante el Imperio de Tiberio y reprimida, por de pronto, la perniciosa superstición, irrumpió de nuevo no solo por Judea, origen de este mal, sino por la urbe misma, a donde confluye y se celebra cuanto de atroz y vergonzoso hay por dondequiera. Así pues, se empezó por detener a los que confesaban su fe; luego por las indicaciones que estos dieron, toda una ingente muchedumbre quedaron convictos, no tanto del crimen de incendio, cuanto de odio al género humano. Su ejecución fue acompañada de escarnios, y así unos, cubiertos de pieles de animales, eran desgarrados por los dientes de los perros; otros, clavados en cruces eran quemados al caer el día a modo de luminarias nocturnas. Para este espectáculo, Nerón había cedido sus propios jardines y celebró unos juegos en el circo, mezclado en atuendo de auriga (el que guiaba los caballos de los carros que corrían en el circo) entre la plebe o guiando él mismo su carro. De ahí que, aun castigando a culpables y merecedores de los últimos suplicios, se les tenía lástima, pues se tenía la impresión de que no se los eliminaba por motivo de pública utilidad, sino para satisfacer la crueldad de uno solo.»

Fue durante esta persecución que los apóstoles Pedro y Pablo fueron martirizados.

Crucifixion de San  Pedro -Caravaggio_(c.1600)

Crucifixion de San Pedro -Caravaggio_(c.1600)

“Cuando el poder de Nerón estuvo bien afianzado, y habiendo llevado a cabo actos profanos, se armó contra la mismísima religión del Dios del universo… es el primer emperador en proclamarse enemigo del culto a Dios. A él de nuevo lo menciona el autor latino Tertuliano cuando dice lo siguiente: «Revisad vuestras memorias históricas. Allí observaréis que Nerón fue el primero en perseguir esta creencia, especialmente cuando hubo sometido todo el oriente, y era inhumano con todos.» Según todo esto, el proclamado primer luchador en contra de Dios, entre muchos más, se ocupó en dar muerte a los apóstoles. Pues se cuenta que Pablo fue decapitado en la misma Roma, y Pedro, a su vez, fue crucificado bajo su mando. Y este relato viene secundado por la denominación de «Pedro y Pablo» para los cementerios, que se mantiene todavía hoy en aquel lugar. También lo afirma, y no con menor certidumbre, un varón eclesiástico llamado Cayo, que vivió durante el obispado en Roma de Ceferino… dice lo siguiente: «Pero yo puedo mostrar los trofeos (tumbas) de los apóstoles. Pues si deseas ir al Vaticano o al camino de Ostia, verás los trofeos de aquellos que fundaron esta iglesia». El obispo de Corinto, Dionisio, en su correspondencia con los romanos, confirma el hecho de que ambos (Pablo y Pedro) fueron martirizados al mismo tiempo, como sigue: «Vosotros también habéis unido, mediante esta advertencia, la obra plantada por Pedro y la que plantó Pablo, la de los romanos y la de los corintios. Pues ambos, una vez que plantaron en nuestra Corinto, los dos nos instruyeron, y, tras enseñar en Italia en el mismo lugar, ambos fueron martirizados a la vez.» Sea esto también una confirmación de lo que hemos mencionado.” (Historia Eclesiástica – Libro 2 – XXV – Eusebio de Cesarea)

El apóstol Juan también pasó por Roma:

“Durante el reinado de Domiciano el apóstol Juan fue traído preso a Roma y el Apocalipsis nos confirma que fue desterrado a la isla de Patmos. Tertuliano cuenta que antes de ser desterrado fue condenado a muerte y arrojado dentro de una caldera de aceite hirviendo en la puerta latina, de la que salió milagrosamente ileso. No sabemos hasta qué punto puede ser cierta esta historia que nos es dada 150 años después del suceso. Algunos comentadores han hecho notar que Jesús anunció sufrimientos especiales a los dos hermanos cuando su madre pidió para ellos una gloria especial. ¿Cuál fue el bautismo de sufrimiento que Juan padeció? ¿Fue real el milagro que cuenta Tertuliano? Es algo que algún día sabremos, pero sobre lo cual hoy no nos atrevemos a afirmar ni negar.” (El Cristianismo Evangélico a través de los Siglos – Samuel Vila)

Lo que sí es seguro, es que el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo dio a la iglesia de Roma un vigor y una importancia sobresalientes.

“La Iglesia de Roma era importante, pues, por el testimonio sangriento de los apóstoles mártires. Todas las fuentes documentales y datos conocidos nos señalan que la comunidad cristiana de Roma presentaba rasgos más judaizantes que otras comunidades fundadas e influidas por san Pablo. En ella encontramos un colegio de presbíteros, organización comunitaria de gobierno al ejemplo de la sinagoga judía, en contraposición a la tradición paulina que fundamentaba la comunidad en la autoridad de los obispos y diáconos. Todavía en 140 el conocido Pastor de Hermas sigue afirmando que son los presbíteros quienes gobiernan la comunidad romana, en claro contraste con lo que sucede en Antioquía y, en general, en Asia, donde gobiernan con autoridad los obispos, asistidos por el colegio de presbíteros. Esto pudo deberse al influjo todavía predominante de las tradiciones judías y a la escasa cohesión interna de la comunidad romana. ¿Por qué esta falta de cohesión en una comunidad tan antigua? El prestigio de Roma, centro del mundo, repercutía sin duda en beneficio de los cristianos de la ciudad, y el privilegio de conservar la tumba de los dos apóstoles justificaba y respaldaba este prestigio para sus correligionarios. Poco a poco, destruida la «Iglesia madre» de Jerusalén en el año 70, y en un cristianismo que se había desarrollado como una especie de federación de comunidades autónomas e independientes, aunque muy unidas por una misma fe en Cristo, la Iglesia de Roma fue considerada por tradición y dignidad el punto de referencia. Tal vez era tenida también como la Iglesia de más autoridad dentro de toda la cristiandad. Es esto lo que quería decir el apologista Tertuliano cuando escribió a finales del siglo II que Roma era «la Iglesia beata […] sobre la que los apóstoles derramaron su enseñanza junto a su sangre»… Tal vez esta falta de cohesión, este pluralismo todavía poco articulado, retrasó la transformación del sistema organizativo colegial en un episcopado monárquico. De hecho, durante más de un siglo no encontramos indicios de la existencia de obispos que dirigiesen de manera monárquica la comunidad de Roma.”     (Historia de los Papas – Juan María Laboa Gallego)

Hemos resaltado en negrita la última frase de este historiador no-protestante, pues ello nos da un claro indicio de que en el primer siglo de la Iglesia de Roma ningún presbítero se arrogó el título o autoridad exclusiva de “Sucesor de Pedro”, por lo tanto, la monarquía con una cabeza visible, no existía en la Iglesia primitiva de Roma, ni en la pretensión de ninguno de los primeros presbíteros.

La Sucesión Apostólica en Roma:

“En su polémica con los herejes marcionitas, valentinianos o gnósticos, con el objetivo de demostrar su fidelidad a la enseñanza de los apóstoles, la Iglesia fundó la autoridad y la fidelidad de su doctrina y de su enseñanza sobre la sucesión de estos mensajeros, que era el camino de relación con Cristo más público e ininterrumpido que poseía. La fe era una enseñanza heredada y fielmente transmitida, es decir, un depósito. Los apóstoles eran los responsables y los trasmisores autorizados de la doctrina de Jesús, y los obispos, que eran sus sucesores en línea directa, aparecían como los guardianes más fiables de este depósito. Fue así como se fue concretando y asumiendo su autoridad única en la comunidad, y esto llevó a elaborar las listas episcopales de las comunidades. Naturalmente, las más importantes eran aquellas que, pudiendo presentar su origen apostólico, eran capaces de demostrar la sucesión ininterrumpida de los obispos a través de los años. A finales del siglo II el conocido teólogo Ireneo elaboró una relación de los obispos de Roma desde los orígenes de la Iglesia hasta su propia época: Pedro y Pablo, Lino, Anacleto, Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Pío, Aniceto, Sotero y Eleuterio. Para nosotros, esta lista, hasta Pío, sólo son nombres. No conocemos directamente nada de ellos y es posible que se trate de presbíteros de las sucesivas etapas. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente que los documentos que nos quedan del primer siglo del cristianismo nos indican que eran los presbíteros quienes gobernaban colegialmente la comunidad romana. La Carta a los corintios de Clemente, el primer documento cristiano que ha llegado a nosotros aparte del Nuevo Testamento, fue escrita por un presbítero romano a los cristianos de Corinto, que se encontraban en medio de disputas y disensiones internas. En realidad la epístola es anónima y su autor la escribe en nombre y con la autoridad de la Iglesia romana. Llama la atención a los de Corinto, corrige su actuación y, de paso, señala que la Iglesia romana estaba dirigida y administrada por un conjunto de presbíteros, lo cual no quiere decir que todos fueran de igual rango, ya que es posible que algunos fueran más importantes que otros. Algunos decenios más tarde, hacia el año 140, el Pastor de Hermas, aunque habla de obispos y diáconos, dice explícitamente que eran los presbíteros quienes presidían el gobierno de la comunidad. Dado que ya en este tiempo casi todas las Iglesias existentes eran gobernadas por obispos, el mantenimiento en Roma de la autoridad colegial de los presbíteros es considerado por los especialistas como la manifestación de cierta persistencia judaizante, aunque el cambio a una comunidad monárquica, dirigida por un obispo, se produjo poco tiempo después. Por tanto, al elaborar Ireneo su lista con el objetivo citado parece que señaló como obispo único a uno de los presbíteros existentes en cada etapa, probablemente uno de los más destacados o más conocidos.” (Historia de los Papas – Juan María Laboa Gallego)

“La palabra «papa», derivada del griego pappas, «padre», no aparece en Roma, sino tardíamente. La más antigua mención comprobada, en la tumba de Marcelino, data del año 296. En ese momento se aplicaba también a otros obispos orientales. Es sólo a finales del siglo IV que aparece referida exclusivamente al obispo de Roma.” (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)Emblem_of_the_Papacy_SE

Emblema Papal

Primeros Presbíteros – Obispos – ¿Papas  de Roma?

Pedro:  

San Pedro, representado en un ícono encáustico del siglo VI, ubicado en el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí.

San Pedro, representado en un ícono encáustico del siglo VI, ubicado en el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí.

“Los historiadores no discuten la veracidad de la noticia de la estancia de san Pedro en Roma: aparece corroborada por fuentes de las que no es posible dudar… Habría que añadir que no existe dato alguno que indique contradicción. Numerosas leyendas se elaboraron más tarde en torno a esta estancia, que no deben ser tenidas en cuenta. Al final del Cuarto Evangelio («Cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras; esto lo dijo [Jesús] indicando con qué muerte había de glorificar a Dios») encontramos un testimonio acerca del suplicio que acabó con la vida de san Pedro. Esa noticia aparece corroborada en la Ascensio Isaiae, en torno al año 100, y en el apócrifo Apocalipsis Peta: «marcha, pues, a la ciudad de la prostitución y bebe el cáliz que yo te he anunciado». No hay duda, pues, de que Pedro murió en Roma y ningún autor ha podido aportar pruebas en contra. Es imposible fijar la fecha exacta, si bien se abrigan escasas dudas acerca de que su martirio debe incluirse en el de la «gran muchedumbre» que, según Tácito, pereció a consecuencia de la persecución de Nerón, debido a que la nueva religión cristiana no había obtenido el reconocimiento de su licitud como parte de la judía. En la época del papa Ceferino (198-217) el presbítero Gayo confirma la noticia de que Pedro y Pablo murieron respectivamente en la colina Vaticana y en la vía Ostiense, siendo enterrados en lugares inmediatos al de su ejecución. Las excavaciones efectuadas entre 1940 y 1949 en el subsuelo de la basílica de San Pedro revelaron la existencia de un cementerio y en él un sepulcro modesto, anterior a la construcción de la gran iglesia constantiniana, pero rodeado de tales muestras de respeto que bien puede indicar la ubicación de la primera tumba del apóstol.”     (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Lino:   (67? – 79?)

Papa Lino

Lino fue el primero en ser elegido para el episcopado de la iglesia de Roma después del martirio de Pablo y de Pedro. Esto lo recuerda Pablo al escribir a Timoteo desde Roma, en la salutación al final de la epístola… De los demás seguidores de Pablo, hay testimonios de que Crescente fue enviado por él a las Galias, y Lino, el que menciona que está con él en Roma en la Segunda Epístola a Timoteo, vimos claramente que fue el primero en recibir el episcopado de la iglesia en Roma después de Pedro.” (Historia Eclesiástica – Eusebio de Cesarea)

“Las más antiguas fuentes, Ireneo de Lyon (140 – 201?), que escribe en torno al 180, Hegesipo, del siglo II, Eusebio de Cesárea (265-340) y el Catálogo de Liberio del siglo IV, coinciden en decir que san Lino fue nombrado obispo de la comunidad de Roma por el propio apóstol. El personaje aparece mencionado en la II Epístola de san Pablo a Timoteo, entre los que acompañaban al autor en Roma. Es insignificante la noticia que de él tenemos: ignoramos incluso la forma en que estaba constituida la comunidad romana. Una tradición muy posterior le atribuye la disposición que obligaba a las mujeres a usar el velo, signo de distinción de las damas romanas, durante las ceremonias litúrgicas. Originario de Toscana, era, por tanto, súbdito imperial; de modo que la presidencia de una religión «no lícita» le colocaba fuera de la ley. Es tardía y poco fiable la tradición que le permite compartir el martirio con san Pedro.    (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Anacleto (79? – 91?)

Anacleto - III Papa

“Al cabo de diez años de su reinado, Vespasiano es sucedido como emperador por su hijo Tito. En el segundo año del reinado de este segundo, Lino, obispo de la iglesia de Roma, después de sostener el ministerio durante doce años, se lo entrega a Anacleto. Domiciano sucedió a su hermano Tito, que había reinado dos años y dos meses.”  (Historia Eclesiástica – Eusebio de Cesarea – Libro 3 – XIII)

“Su nombre, Anenkletos, que significa en griego «irreprochable», permite suponer un origen helénico y no latino; esa significación ha dado origen a. sospechas, pues coincide explícitamente con la condición que se requiere para los obispos en la Epístola de san Pablo a Tito. A veces se abrevia este nombre como Cleto y así aparece en los textos de la antigua liturgia romana. Algunos autores han llegado a pensar que pueda tratarse de dos personas distintas: Cleto y Anacleto. El nombre Anenkletos era frecuente entre los esclavos. Según Eusebio murió mártir en el año 12 del reinado de Domiciano (81-96).” (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Clemente (91 – 101)

San Clemente

“Clemente fue obispo de la iglesia de Roma durante doce años. Este Clemente —enseña el apóstol Pablo en su Epístola a los Filipenses— era su colaborador. Lo expresa como sigue: «Con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.» Hay una carta de Clemente que es admitida, extensa y asombrosa la escribió a la iglesia de los corintios en nombre de la iglesia en Roma, cuando había una revuelta en Corinto. Tenemos constancia de que esta carta se usa públicamente en la congregación en la mayoría de las iglesias, no sólo en la antigüedad sino también en nuestros días. Hegesipo es un testigo de que en aquel tiempo hubo una revuelta en Corinto.”   (Historia Eclesiástica – Eusebio de Cesarea – Libro 3 – XV-XVI)

“En la lista proporcionada por Eusebio… figura san Clemente como el tercero de los obispos de Roma. Tal parece ser lo cierto, aunque Tertuliano (160? – 220?) y san Jerónimo prescindieran de los dos primeros y le presentaran como ordenado por san Pedro. La noticia de Ireneo, que le hace un poco depositario de la doctrina del príncipe de los apóstoles, parece más correcta: en la Epístola a Timoteo se menciona a un Clemente entre los que forman el equipo apostólico. Existen en torno a él dos leyendas que deben considerarse falsas: la que pretende identificarle con el primo de Domiciano, Flavio Clemente, antiguo cónsul, ejecutado por «ateísmo»; y aquella otra que le presenta como de nacimiento judío, condenado a trabajos forzados en Crimea y ejecutado después, atándole al ancla de un buque. Ni siquiera estamos seguros de que pueda ser considerado como mártir. Es bien claro que en ese momento —que coincide con el reinado de Domiciano— el cristianismo se hallaba presente en esferas sociales muy elevadas. Además de Flavio Clemente hay noticias de otro cónsul, Acilio Glabrio, ejecutado por el mismo delito que se atribuía normalmente a los cristianos. El apellido Clemente puede indicar alguna clase de relación con esa importante gens romana. Ignoramos todas las circunstancias de su pontificado, incluso las de su muerte. En aquel tiempo el culto cristiano giraba en torno a la liturgia de la «fracción del pan». El único dato comprobado es que se trata del autor de una «Epístola» dirigida a los corintios, principal obra literaria de las postrimerías del siglo I, que convierte a san Clemente en el primero de los Padres occidentales. Su estilo revela una formación helenística, aunque muestra preferencias muy acusadas por las figuras del Antiguo Testamento… la Epístola de Clemente aparece como el primer ejemplo de que un obispo interviene en los asuntos interiores, propios de otra sedes, y de que dicha intervención fuera acogida con tanto reconocimiento que su texto fue incorporado como lectura en la liturgia de Corinto. Gozó Clemente de tanta fama que con posterioridad se le atribuirían algunas obras apócrifas y también la primera colección de leyes canónicas. La actual basílica de San Clemente trata de indicar el lugar que ocupó su casa. En la Epístola hay una referencia a que san Pablo llegó «hasta los términos de Occidente», que parece confirmar el viaje del apóstol a España.”   (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Evaristo: (100? – 109?)

Papa Evaristo

“De los obispos de Roma, en el tercer año del mando del emperador ya mencionado, Clemente entregó a Evaristo su ministerio y murió tras haber estado nueve años al frente de la enseñanza de la palabra divina.”   (Historia Eclesiástica – Eusebio de Cesarea – Libro 3 – XXXIV)

“Evaristós o, simplemente, Aristós, es, para nosotros, un perfecto desconocido. Las fuentes tradicionales, el Liber Pontificalis, ni siquiera se ponen de acuerdo sobre la duración de su pontificado, entre ocho y once años. El nombre revela que se trata de un griego, pero la noticia de que hubiera nacido en Belén, así como la de que sufrió el martirio, carece de toda posible confirmación. Se le atribuye la creación de los siete diáconos y la asignación de parroquias a los presbíteros; no existe la menor garantía para tales noticias.”  (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Alejandro I (109? – 116?)

Papa Alejandro I

“Considerado como mártir, probablemente se le ha confundido con otra persona del mismo nombre, cuyas reliquias fueron encontradas a mediados del siglo XIX en el lugar donde se señalaba su enterramiento, en la vía Nomentana. Otra tradición imposible de comprobar le atribuye la introducción de la costumbre de bendecir los hogares con agua y sal; se trata, sin duda, de un anacronismo. Sin embargo, en medio de este silencio, se produce el hecho singularmente importante de la Epístola que san Ignacio de Antioquía dirigió a la Sede Apostólica, «que preside en la capital del territorio de los romanos» y que está «puesta a la cabeza de la caridad». San Ignacio no da el nombre del obispo que gobierna dicha sede, porque su carta no tiene carácter personal, sino institucional.”  (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Sixto I (116? – 125?)

Papa Sixto I

“La forma correcta de escribir su nombre es, probablemente, Xystus; la coincidencia con el ordinal sexto, que le corresponde en la sucesión de san Pedro, ha inducido a algunos autores a sospechas. Todas las acciones a él atribuidas aparecen en noticias muy posteriores. Se afirma en el Líber Pontificalis que su padre era un griego, llamado Pastor, pero la grafía griega de su nombre debe guardar relación con su origen. Se le rinde culto como mártir, pero es sorprendente que no figure como tal en la lista de san Ireneo, en donde sí aparece el martirio de su inmediato sucesor, Telesforo.” (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Telesforo (125? – 136)

Papa Telesforo

“Las fuentes antiguas se muestran precisas al asignarle once años de pontificado. Comenzamos a pisar un terreno más firme en cuanto a las funciones y cronología de los papas. Su nombre corresponde a la calidad de griego que se le atribuye. En su tiempo se detecta la primera diferencia entre las Iglesias latina y griega en relación con el cómputo de la Pascua. Eusebio, que confirma el dato de san Ireneo de que murió mártir, fecha este martirio en el primer año del emperador Antonino Pío, lo que nos obligaría a retrasar dos años la fecha tradicionalmente asignada a su fallecimiento. Sin embargo, el dato de su martirio parece establecido con seguridad.” (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Higinio (136? – 142?)

Papa Higinio

“Las fechas asignadas al comienzo y final de su pontificado pueden considerarse correctas aunque se escriban con interrogantes para demostrar que no hay seguridad absoluta; coincide Eusebio con el Líber Pontificalis. Griego ateniense, había ido a Roma en calidad de profesor de filosofía. San Ireneo dice que fue precisamente durante su gobierno cuando aparecieron en Roma los dos primeros maestros gnósticos, Cerdón y Valentín, procedentes de Egipto y de Siria respectivamente; sostenían, entre otras cosas, que Jesucristo, además de las enseñanzas impartidas al pueblo, había comunicado a unos pocos discípulos una doctrina esotérica muy distinta a la de los apóstoles y que sólo podía comunicarse por vía de iniciación. San Higinio se vio, pues, obligado a combatir la peligrosa herejía, y esto puede explicar que se le eligiera en su calidad de filósofo. El gnosticismo se organizó en Roma como una Iglesia nueva y no como una simple disidencia: sus miembros se calificaban de «pneumáticos» por atribuirse una especial condición espiritual.” (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Pio (142 – 155)

Papa Pio I

“Hijo de cierto Rufino, había nacido en Aquileia. En el Códice Muratoriano se afirma que Hermas, autor de la importante obra conocida como El Pastor, fue hermano de este papa. El libro, de escasa extensión, permite descubrir que los obispos de Roma habían llegado a concentrar en sus manos un gran poder, que hacían extensivo a otras sedes: aunque los grandes centros teológicos se encontraban fuera de Roma, especialmente en Alejandría y Antioquía…Hacia el año 140 había llegado a Roma Marción, excomulgado por su propio padre, había conseguido reunir una gran fortuna con negocios navieros, la cual permitió que se le acogiese muy bien en la comunidad romana. Pronto, sin embargo, se apartó de ella para fundar una nueva Iglesia gnóstica…Marción afirmaba la existencia de dos principios divinos contrapuestos, el Demiurgo creador del Antiguo Testamento, duro y justiciero, y el Dios bueno y misericordioso, Dios Padre, que Jesucristo habría revelado y corresponde al Nuevo Testamento. Las consecuencias de este dualismo, al que san Pío I hubo de enfrentarse, eran muy graves: la materia pasaba a ser considerada esencialmente mala, con independencia del uso que de ella se haga; instalado el sexo en la zona del mal, el matrimonio se convierte en un pecado exactamente igual al simple concubinato. En julio del 144, el papa Pío presidió un sínodo de presbíteros excomulgando a Marción, condenando severamente su doctrina. El martirio, que algunos textos muy tardíos atribuyen a Pío I, no ha sido comprobado.” (Diccionario de Papas y Concilios – Javier Paredes – Católico)

Conclusión sobre el período de los Papas inciertos

“¿Quiénes son, pues, esos Lino, Cleto, Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio o Pío, que aparecen en las listas de los obispos de Roma como los primeros sucesores de Pedro? No se sabe con certeza. Ciertamente no eran obispos de la ciudad en el sentido de gobernantes únicos en cada momento, ya que, como he indicado, el gobierno era colegial, pero no parece que se pueda deducir de esto que fueran nombres inventados sin más. Estas primeras listas son muy próximas a los hechos, y la memoria histórica era fundamental en aquellas comunidades que vivían de la tradición y la transmisión. Probablemente en el momento en que se constata en la Iglesia el valor del concepto de tradición apostólica y se inicia la costumbre de elaborar listas ininterrumpidas de obispos de cada diócesis, al componer la relación romana se optó para el primer siglo por elegir el nombre más representativo o más conocido entre los presbíteros de cada momento.” (Historia de los Papas – Juan María Laboa Gallego)

Como han podido comprobar hermanos, hemos utilizado libros de eruditos católicos, donde claramente se afirma que en el primer siglo de la Iglesia de Roma no existía jerarquía eclesiástica con una sola cabeza visible, sino que gobernaban los presbíteros. De estos presbíteros, como siempre ocurre en cualquier grupo de líderes, algunos destacaban más que otros, ya sea por sus conocimientos, santidad o fuerza de liderazgo; pero ninguno de ellos se autoproclamó cabeza de la Iglesia. Era, por tanto, un cuerpo colegiado, no una monarquía el sistema de gobierno de la primitiva Iglesia de Roma. Si Dios lo permite, mas adelante profundizaremos sobre el tema de los Papas y sus historias.

Artículo redactado por Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos © – si desea hacer uso de este material escríbanos a nuestro correo.

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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