TERESA DE JESÚS (Teresa de Ávila) – El pecado de ser mujer – Historia del cristianismo

Teresa de Avila - diarios de avivamientos

Ya toda me entregué y di,
Y de tal suerte he trocado,
Que es mi Amado para mí,
Y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
Me tiró y dejó rendida,
En los brazos del amor
Mi alma quedó caída,
Y cobrando nueva vida
De tal manera he trocado,
Que es mi Amado para mí,
Y yo soy para mi Amado.

Tiróme con una flecha
Enarbolada de amor,
Y mi alma quedó hecha
Una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
Pues a mi Dios me he entregado,
Y mi Amado es para mí,
Y yo soy para mi amado.

(Poesía de Teresa de Jesús sobre aquellas palabras «dilectus meus mihi»)

¿Porqué Teresa de Jesús en un blog evangélico no ecuménico? Si has seguido algún tiempo este blog, habrás notado que frecuentemente publicamos relatos de la Historia de la Iglesia y sus protagonistas, con el fin de tener una visión más global que nos aleje de fanatismos excluyentes. Al descartar algo o a alguien, simplemente porque no pertenece a nuestro grupo ideológico, se corre el riesgo de arrojar a la basura pequeños tesoros que podrían enriquecer nuestra experiencia espiritual. Examinarlo todo y retener lo bueno debería ser un hábito, no meramente un concepto teológico. Si no examinamos no podemos discernir, y el discernir nos permitirá entresacar lo precioso de lo vil, y retener lo bueno. 

Este ha sido el año de la celebración del 500 Aniversario del Nacimiento de Teresa de Ávila,  mujer singular, de personalidad atrayente, de carácter decidido, visionaria, apasionada, luchadora incansable, escritora, poeta… Teresa la mística, si, pero por sobre todas las cosas: Teresa la mujer.  Que supo abrirse paso en un imperio de machismo impenetrable; y pasar de ser considerada una loca a ser admirada como una de las mujeres extraordinarias que produjo la Historia.   

¡Oh deleite mio , Señor de todo lo criado, y Dios mio! ¿Hasta cuándo esperaré vuestra presencia? ¿Qué remedio dais a quien tan poco tiene en la tierra, para tener algún descanso fuera de Vos?
¡Oh vida larga! ¡Oh vida penosa! ¡Oh vida que no se vive! ¡Oh qué sola soledad! ¡Qué sin remedio ! Pues, ¿cuándo, Señor, cuándo? ¿Hasta cuándo? ¿Qué haré, Bien mio, qué haré? ¿Por ventura desearé no desearos?
¡Oh mi Dios y mi Criador, que llagáis y no ponéis la medicina, herís y no se ve la llaga, matáis dejando con más vida; en fin, Señor mio, hacéis lo que queréis como poderoso.
Pues un gusano tan despreciado, mi Dios: ¿queréis que sufra estas contrariedades? Sea así, mi Dios, pues Vos lo queréis, que yo no quiero sino quereros. ¡Mas ay, ay, Criador mio, que el dolor grande hace quejar, y decir lo que no tiene remedio, hasta que Vos queráis! Y alma tan encarcelada desea su libertad, deseando no salir un punto de lo que Vos queráis. Quered, gloria mía, que crezca su pena o remediadla del todo.
¡Oh muerte, muerte! No sé quién te teme, pues está en ti la vida! ¡Mas quién no temerá , habiendo gastado parte de ella en no amar a su Dios! Y pues soy ésta , ¿qué pido y qué deseo? ¿Por ventura el castigo tan bien merecido de mis culpas? No lo permitáis Vos, Bien mio, que os costó mucho mi rescate.” 
(Exclamaciones del alma a Dios, VI)

Teresa de Avila -vitral- diarios de avivamientos

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
Sólo Dios basta.

(Poesía de Teresa de Jesús  – Nada te Turbe)

“¡Oh Señor mío!, ¿cómo os osa pedir mercedes quien tan mal os ha servido y ha sabido guardar lo que le habéis dado? ¿Qué se puede confiar de quien muchas veces ha sido traidor? Pues ¿qué haré, consuelo de los desconsolados y remedio de quien se quiere remediar de Vos? ¿Por ventura será mejor callar con mis necesidades, esperando que Vos las remediéis? No, por cierto; que Vos, Señor mío y deleite mío, sabiendo las muchas que habían de ser y el alivio que nos es contarlas a Vos, decís que os pidamos y que no dejaréis de dar.”  (Exclamaciones del alma a Dios, V.1)

¡Oh hermosura que excedéis
A todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis.
Y sin dolor deshacéis
El amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis
Dos cosas tan desiguales,
No sé por qué os desatáis,
Pues atado fuerza dais
A tener por bien los males.
Quien no tiene ser juntáis
Con el Ser que no se acaba;
Sin acabar acabáis,
Sin tener que amar amáis,
Engrandecéis vuestra nada.

(Poesía de Teresa de Jesús ¡Oh. Hermosura que excedéis!) Aquí Teresa se refiere a como Dios engrandece la nada, que es ella misma, al unirla a su Ser que es infinito.

“¡Oh Señor!, confieso vuestro gran poder. Si sois poderoso, como lo sois, ¿qué hay imposible al que todo lo puede? Quered Vos, Señor mío, quered, que aunque soy miserable, firmemente creo que podéis lo que queréis, y mientras mayores maravillas oigo vuestras y considero que podéis hacer más, más se fortalece mi fe y con mayor determinación creo que lo haréis Vos.”  (Exclamaciones del alma a Dios, IV.4)

Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad,
Eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, un ser, bondad y alteza,
Mirad la suma vileza
Que hoy os canta amor así.
¿Qué queréis haced de mí?

Vuestra soy, pues me criastes,
Vuestra, pues me redimistes,
Vuestra, pues que me sufristes,
Vuestra pues que me llamastes,
Vuestra porque me conservastes,
Vuestra, pues no me perdí:
¿qué queréis haced de mí?

Dadme muerte , dadme vida,
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad ,
Dadme guerra o paz cumplida ,
Flaqueza o fuerza a mi vida ,
Que a todo diré que sí.
¿Qué queréis hacer de mi?

Dadme riqueza o pobreza ,
Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza ,
Dadme infierno , o dadme cielo ,
Vida dulce , sol sin velo ,
Pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si quereis , dadme oración,
Si no, dadme ceguedad ,
Si abundancia y devoción ,
Y si no esterilidad.
Soberana Majestad ,
Sólo hallo paz aquí ,
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme, pues, sabiduría ,
O por amor, ignorancia,
Dadme años de abundancia,
O de hambre o carestía;
Dad tiniebla o claro día ,
Revolved me aquí o allí.
¿Qué queréis hacer de mí?

Esté callando o hablando ,
Haga fruto o no le haga ;
Muéstreme la Ley mi llaga ,
Goce de Evangelio blando;
Esté penando o gozando ,
Sólo Vos en mí vivid,
¿Qué mandáis hacer de mí?

(Poema de Teresa de Jesús – Ofrecimiento a Dios – extracto)

“¡Oh que recia cosa os pido, verdadero Dios mio, que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo, y anda procurando la enfermedad!
Vos decís, Señor mio, que venís a buscar los pecadores; éstos, Señor, son los verdaderos pecadores: no miréis nuestra ceguedad , mi Dios, sino a la mucha sangre que derramó vuestro Hijo por nosotros; resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra. Válganos vuestra bondad y misericordia.”  (Exclamaciones del alma a Dios, VIII)

“Mirad, Dios mio, que van ganando mucho vuestros enemigos; habed piedad de los que no la tienen de sí , ya que su desventura los tiene puestos en estado, que no quieren venir a Vos, venid Vos a ellos. Dios mio. Yo os lo pido en su nombre, y sé que como se entiendan , y tornen en sí, y comiencen a gustar de Vos, resucitarán estos muertos.
 ¡Oh vida, que la dais a todos! No me neguéis a mí esta agua dulcísima que prometéis a los que la quieren; yo la quiero, Señor, y la pido, y vengo a Vos; no os escondáis, Señor, de mí, pues sabéis mi necesidad, y que es verdadera ­medicina del alma llagada por Vos.”   (Exclamaciones del alma a Dios, IX)

“¿Qué podrá pedir una cosa tan miserable como yo?…que os acordéis que soy vuestra hechura y que conozca yo quién es mi Creador para que le ame.”  (Exclamaciones del alma a Dios, V.4)

1-Velázquez

Véante mis ojos,
Dulce Jesús bueno;
Véante mis ojos,
Muérame yo luego.

Vean quien quisiere
Rosas y jazmines,
Que si yo te viere,
Veré mil jardines;
Flor de serafines,
Jesús Nazareno,
Véante mis ojos ,
Muérame yo luego.

No quiero contento
Mi Jesús ausente,
Que todo es tormento
A quien esto siente;
Sólo me sustente
Tu amor y deseo.
Véante mis ojos ,
Muérame yo luego.

Véome cautivo
Sin tal compañía;
Muerte es la que vivo
Sin Vos, Vida mía,
Cuándo será el día
Que alcéis mi destierro.

Véante mis ojos,
Dulce Jesús bueno;
Véante mis ojos,
Muérame yo luego.

poesía de Teresa de Jesús

 

¡Oh contento mio, y Dios mio! ¿Qué haré yo para contentaros?
Miserables son mis servicios , aunque hiciese muchos a mi Dios; ¿pues para qué tengo de estar en esta miserable miseria? Para que se haga la voluntad del Señor. ¿Qué mayor ganancia, ánima mía? Espera, espera , que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora.
Vela con cuidado , que todo pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios , y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite, que no puede tener fin.”     (Exclamaciones del alma a Dios, XIV)

“¡Oh Dios mio , y descanso de todas las penas, qué desatinada estoy! ¿Cómo podía haber medios humanos que curasen los que ha enfermado el fuego divino?… ¡Oh ánima mía! ¡Qué batalla tan admirable has tenido en esta pena, y cuán al pié de la letra pasa así! Pues mi Amado a mi, y yo a mi Amado. ¿Quién será el que se meta a despartir y matar dos fuegos tan encendidos? Será trabajar en vano, porque ya se han tornado en uno.  (Exclamaciones del alma a Dios, XV)

Un alma en Dios escondida
¿Qué tiene que desear,
Sino amar y más amar,
Y en amor toda encendida
Tornarte de nuevo a amar?

(Poesía de Teresa de Jesús – cuartillas)

“Que nó , mi Dios, nó, no más confianza, en cosa que yo pueda querer para mí; quered Vos de mí lo que quisiéreis querer, que eso quiero, pues está todo mi bien en contentaros; y si Vos, Dios mio, quisiéreis contentarme a mí, cumpliendo todo lo que pide mi deseo, veo que iría perdida. ¡Qué miserable es la sabiduría de los mortales, e incierta su providencia!
Proveed Vos por la vuestra los medios necesarios, para que mi alma os sirva más a vuestro gusto que al suyo.
No me castiguéis en darme lo que yo quiero o deseo, si vuestro amor (que en mí viva siempre) no lo deseare. Muera ya este yo, y viva en mí otro que es más que yo, y para mí mejor que yo, para que yo le pueda servir;  Él viva, y me dé vida; Él reine, y sea yo cautiva, que no quiere mi alma otra libertad. ¿Cómo será libre el que del Sumo estuviere ajeno? ¿Qué mayor, ni más miserable cautiverio, que estar el alma suelta de la mano de su Criador? Dichosos los que con fuertes grillos y cadenas de los beneficios de la misericordia de Dios se vieren presos e inhabilitados para ser poderosos para soltarse.”  (Exclamaciones del alma a Dios, XVI)

Avisos de Teresa de Jesús 

  • “La tierra que no es labrada, llevará abrojos y espinas, aunque sea fértil, así el entendimiento del hombre”
  • “Entre muchos, siempre hablar poco”
  • Hacer todas las cosas, como si realmente estuviese viendo a su Majestad , y por esta vía gana mucho una alma.
  • Jamás de nadie  oigas ni digas mal , sino de ti misma; y cuando holgares de esto, vas bien aprovechando.
  • Cada obra que hicieres dirígela a Dios, ofreciéndosela, y pídele que sea para su honra y gloria.
  • Cuando estuvieres alegre, no sea con risas demasiadas, sino con alegría humilde, modesta, afable y edificativa.
  • Siempre imagínate sierva de todos, y en todos considera a Cristo nuestro Señor, y así le tendrás respeto y reverencia.
  • No pienses faltas ajenas, sino las virtudes, y tus propias faltas.
  • Jamás hagas cosa que no puedas hacer delante de todos.
  • No hagas comparación de uno a otro , porque es cosa odiosa.
  • Cuando algo te reprendieren recíbelo con humildad interior y exterior, y ruega a Dios por quien te reprendió
  • Tenga presente la vida pasada para llorarla, y la tibieza presente, y lo que le falta por andar de aquí al cielo, para vivir con temor, que es causa de grandes bienes.
  • Con todos sea mansa, y consigo rigurosa.
  • Mirar bien cuán presto se mudan las personas, y cuán poco hay que fiar de ellas, y así asirse bien de Dios, que no se muda.
  • Tu deseo sea de ver a Dios; tu temor, si le has de perder ; tu dolor, que no le gozas ; y tu gozo, de lo que te puede llevar allá, y vivirás con gran paz.

Biografía de Teresa de Jesús 

Teresa de Avila - Teresa de Jesús

Único retrato pintado en vida de Teresa

El 28 de marzo de 1515, hace 500 años, nacía Teresa de Cepeda y Ahumada:

“…vivió durante el llamado «Siglo de Oro español»; la época clásica o de apogeo de la cultura española, que abarca esencialmente el Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo X. Época compleja, en la que la «monarquía católica» alcanzó su máximo poderío económico, militar y político con Carlos V (I de España) y Felipe II. Durante el auge cultural y económico de este tiempo, España adquirió prestigio internacional en toda Europa. Cuanto provenía de España era a menudo imitado; y se extiende el aprendizaje y estudio del idioma español. Las áreas culturales más cultivadas fueron la literatura, las artes plásticas, la música y la arquitectura. Por otra parte, España se vio implicada en grandes conflictos y empresas militares: conquistas en América y en el Pacífico, enfrentamientos con Francia, Portugal e Inglaterra, el célebre «sacco di Roma», la batalla de Lepanto contra los Turcos y las largas guerras centroeuropeas de religión. Eran demasiados conflictos para una población de apenas seis millones de habitantes. Las familias castellanas veían partir, año tras año, uno tras otro, a todos sus varones, y en los campos comenzaron a faltar los brazos necesarios para el cultivo de la tierra. Todo esto, unido a algunos años de sequía y al continuo crecimiento de los impuestos para mantener el permanente movimiento de tropas, provocaron el hambre y la miseria entre la población. La constante llegada del oro y la plata americanos no hacían sino provocar el crecimiento de la inflación y se hubo de anunciar la bancarrota en varias ocasiones. No obstante el gran poder de la monarquía, surgieron revueltas populares, levantamientos e insurrecciones en Flandes, Aragón, Castilla, Navarra, y Valencia, que fueron aplastadas sin contemplaciones por la potente hueste imperial.
En medio de esta compleja realidad, a principios del siglo XVI vino al mundo Teresa de Cepeda y Ahumada. Era hija de Alonso Sánchez de Cepeda, que se había casado sucesivamente con dos hijas de terratenientes. La segunda esposa, Beatriz de Ahumada, de solo 14 años el día de la boda, moriría a los 33, después de haberle dado 10 hijos más: «Éramos tres hermanas y nueve hermanos», dice ella en el que es conocido como Libro de la vida (V 1,4). Se crio en una casa grande y buena, con huerto, noria, establos, arcones, tapices, alfombras… Pero la situación de penuria económica en Castilla pronto empezó a vaciar las arcas, viniendo a menos la familia.
Sin embargo, hubo siempre dinero para los libros a los que tan aficionado era el padre: de Séneca o de Boecio, novelas de caballería, poemarios, vidas de santos…; que leía también a sus hijos. Entusiasta de la lectura fue también la madre, y en este ambiente, desde muy niña, Teresa heredó la afición: «Era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento» (V 1,1). Solía decir de sí que era «amiga de letras» (V 5,3; 13,18). Y siempre aconsejó a sus monjas que fueran lectoras de los buenos libros, que «son alimento para el alma como la comida lo es para el cuerpo». Ella misma enseñó a leer y escribir a algunas de las novicias que ingresaron analfabetas en los conventos.
A pesar de criarse en un ambiente acomodado, cuando Teresa inicia la escritura del Libro de la vida en absoluto presume de que sus padres fueran nobles; sino que se refiere a ellos como «virtuosos y temerosos de Dios… de mucha caridad con los pobres y grandísima honestidad». El padre Gracián recuerda en sus escritos que en cierta ocasión se puso a hablar de la nobleza del linaje de la santa, y que ella, lejos de envanecerse, «se enojó mucho conmigo porque trataba de esto, y dijo que a ella le bastaba ser hija de la Iglesia Católica y que más le pesaba haber hecho un solo pecado, que si fuera descendiente de los más viles y bajos villanos y confesos del mundo». En muchas cartas y escritos se refiere con desprecio a «la pestilencia de la honra», instando a las monjas de sus conventos: «todas han de ser iguales y la que tenga padres más nobles, que los nombre menos». Y esto en una época en que las órdenes religiosas pedían a los postulantes un certificado de «limpieza de sangre»; es decir, no ser hijo ilegítimo, ni descendiente de judíos, musulmanes, indios… No permitió santa Teresa que se introdujera esa norma en las constituciones de su reforma.
Ella era descendiente de judeoconversos y seguramente lo sabía. Su abuelo paterno, Juan Sánchez de Toledo, fue procesado por la Inquisición en 1485 y obligado a llevar el sambenito durante siete viernes, siguiendo la condena impuesta a los criptojudíos penitenciados por el Santo Oficio. La familia se vio obligada a abandonar un floreciente negocio de paños en Toledo y a trasladarse a Ávila, con menos posibilidades, pero donde nadie les conocía ni sabía de su desgracia con el Santo Oficio. En su nueva ciudad de residencia obtuvieron un certificado falso de hidalguía, que les eximía de pagar impuestos y les proporcionaba buena imagen en aquella sociedad, donde se entregaron a aparentar una condición que no poseían: la de cristianos viejos. Los hermanos varones se casaron con doncellas hidalgas y se dedicaron a la vida de los nobles de la época: abundante servidumbre, ropajes caros, cacerías, fiestas campestres…”  (Del libro “Y de repente Teresa” de Jesús Sanchez Adalid)

Teniendo 7 años, Teresa y un hermano suyo de nombre Rodrigo, escapan del hogar con el propósito de “ser mártires”, poco les duró la aventura pues un tío suyo los trajo de regreso:

“Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que allá nos descabezasen…Espantábanos mucho el decir que pena y gloria era para siempre, en lo que leíamos. Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho rato era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido el camino de la verdad.”  (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. I)

Su madre fallece a los 33 años, teniendo Teresa 13. Cuando cumple 16 años su padre le lleva a un monasterio (no de clausura) con el fin de resguardarla de malas compañías y recibir educación pero no para tomar los hábitos:

“…porque, haberse mi hermana casado y quedar sola sin madre, no era bien.” (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. II)

Estando allí se debatía entre dos pensamientos, por un lado era “enemiguísima de ser monja” pero “también temía el casarme“… “Estos buenos pensamientos de ser monja me venían algunas veces y luego se quitaban, y no podía persuadirme a serlo.” Se rebelaba contra la idea de que la mujer solo servía para tener y criar hijos, hasta morir extenuada (como su madre); pero tampoco quería ver al convento como una simple manera de escapar de ese triste destino.

Poco más de un año de estar en el convento, Teresa cae gravemente enferma y es llevada a casa de su padre. Durante tres meses luchó con la idea de tomar el hábito, hasta que después de leer libros cristianos, entre ellos las cartas de san Jerónimo; se decidió ha decírselo a su padre. Este se negó rotundamente diciéndole que hasta que él muriese ella no sería monja. Pero si algo ha sobresalido del carácter de Teresa fue su determinación. Tenía una amiga, monja, en un convento carmelita de Ávila, llamado De la Encarnación, quien terminó de convencerla, y Teresa se fue de su casa sin decir nada:

“En estos días que andaba con estas determinaciones, había persuadido a un hermano mío a que se metiese fraile diciéndole la vanidad del mundo. Y concertamos entrambos de irnos un día muy de mañana al monasterio adonde estaba aquella mi amiga”    (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. IV)

“…cuando salí de casa de mi padre, no creo será mayor el sufrimiento cuando me muera. Porque me parece cada hueso se me apartaba por sí, que, como no había amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes, era todo haciéndome una fuerza tan grande que, si el Señor no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para ir adelante. Aquí me dio ánimo contra mí, de manera que lo puse por obra…Mas tomando el hábito A la hora me dio un tan gran contento de tener aquel estado, que nunca jamás me faltó hasta hoy, y mudó Dios la sequedad que tenía mi alma en grandísima ternura. Dábanme deleite todas las cosas de la religión”  (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. IV)

“Finalmente, aceptó el padre y entregó la dote: veinticinco fanegas de pan, una cama con dos colchones, seis almohadas, dos cojines, alfombras, ropas abundantes, hábitos, sayas, mantos, velas, limosnas, tocas nuevas y hasta un banquete para todas las hermanas del convento… La vida monacal era por entonces un reflejo de aquella sociedad: si bien muchas de las monjas eran mujeres sinceramente convencidas y con vocación religiosa, otras eran hijas segundonas de buenas familias, a quienes sus padres no habían conseguido un matrimonio «adecuado» conforme a su condición; y además, ingresaban viudas piadosas, hijas rebeldes y algunas descarriadas de alcurnia. En el caso de los monasterios más ricos y poderosos, las abadesas y prioras eran descendientes de las grandes familias, que se servían de los bienes y posesiones del patrimonio monacal para acrecentar su hacienda y predominio social.
Las diferencias y jerarquías dentro eran muy notables. En la Encarnación, donde ingresó Teresa, las religiosas que aportaban una dote suficiente y sabían leer eran consideradas «de velo negro», asistían al rezo de las horas canónicas en el coro y tenían voz y voto en los capítulos conventuales. Sin embargo, aquellas que no podían aportar la dote eran «de velo blanco»; se empleaban en las tareas domésticas, sin tener obligación del rezo coral ni poder participar en reuniones para tomar decisiones; y hacían la vida en estancias, dormitorios y comedores comunes, en condiciones de inferioridad. Mientras que las llamadas «doñas», que se lo podían pagar, tenían amplias habitaciones con cocina, despensa, oratorio, recibidor y alcoba propia. Y se daba el caso sorprendente de que muchas de las que venían de familias ricas se llevaban consigo vestidos, joyas, alimentos y hasta servidumbre privada al convento. De ellas escribirá santa Teresa que «están con más peligro que en el mundo» y que «es preferible casarlas muy bajamente que meterlas en monasterios».    (Del libro “Y de repente Teresa” de Jesús Sanchez Adalid)

Aquí comienzan nuevamente episodios de grandes enfermedades:

“La mudanza de la vida y de los manjares me hizo daño a la salud, que, aunque el contento era mucho, no bastó. Comenzáronme a crecer los desmayos y diome un mal de corazón tan grandísimo, que ponía espanto a quien le veía, y otros muchos males juntos, y así pasé el primer año con harta mala salud, aunque no me parece ofendí a Dios en él mucho. Y como era el mal tan grave que casi me privaba el sentido siempre y algunas veces del todo quedaba sin él, era grande la diligencia que traía mi padre para buscar remedio; y como no le dieron los médicos de aquí, procuró llevarme a un lugar adonde había mucha fama de que sanaban allí otras enfermedades, y así dijeron harían la mía…Estuve casi un año por allá, y los tres meses de él padeciendo tan grandísimo tormento en las curas que me hicieron tan recias, que yo no sé cómo las pude sufrir”.   (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. IV)

La llevaron a un pueblo donde había una famosa curandera, que por poco la mata.

“Estuve en aquel lugar tres meses con grandísimos trabajos, porque la cura fue más recia que pedía mi complexión. A los dos meses, a poder de medicinas, me tenía casi acabada la vida, y el rigor del mal de corazón de que me fui a curar era mucho más recio, que algunas veces me parecía con dientes agudos me asían de él, tanto que se temió era rabia. Con la falta grande de virtud (porque ninguna cosa podía comer, si no era bebida, de grande hastío) calentura muy continua, y tan gastada, porque casi un mes me había dado una purga cada día, estaba tan abrasada, que se me comenzaron a encoger los nervios con dolores tan incomportables, que día ni noche ningún sosiego podía tener. Una tristeza muy profunda.”   (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. V)

Al no dar resultado la cura, su padre la trae de nuevo a Ávila, allí la cosa se empeora, cae en una inconsciencia total, y la dan por muerta; el padre se niega a que la sepulten porque para él su hija todavía estaba viva:

“Diome aquella noche un paroxismo que me duró estar sin ningún sentido cuatro días, poco menos. En esto me dieron el Sacramento de la Unción y cada hora o momento pensaban expiraba y no hacían sino decirme el Credo, como si alguna cosa entendiera. Teníanme a veces por tan muerta, que hasta la cera me hallé después en los ojos… que teniendo día y medio abierta la sepultura en mi monasterio, esperando el cuerpo allá y hechas las honras en uno de nuestros frailes fuera de aquí, quiso el Señor tornase en mí.”    (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. V)

“Quedé de estos cuatro días de paroxismo de manera que sólo el Señor puede saber los incomportables tormentos que sentía en mí: la lengua hecha pedazos de mordida; la garganta, de no haber pasado nada y de la gran flaqueza que me ahogaba, que aun el agua no podía pasar; toda me parecía estaba descoyuntada; con grandísimo desatino en la cabeza; toda encogida, hecha un ovillo, porque en esto paró el tormento de aquellos días, sin poderme mover, ni brazo ni pie ni mano ni cabeza, más que si estuviera muerta, si no me movían; sólo un dedo me parece podía mover de la mano derecha. Pues llegar a mí no había cómo, porque todo estaba tan lastimado que no lo podía sufrir. En una sábana, una de un cabo y otra de otro, me movían… Di luego tan gran prisa de irme al monasterio, que me hice llevar así. A la que esperaban muerta, recibieron con alma; mas el cuerpo peor que muerto, para dar pena verle. El extremo de flaqueza no se puede decir, que solos los huesos tenía ya. Digo que estar así me duró más de ocho meses; el estar tullida, aunque iba mejorando, casi tres años. Cuando comencé a andar a gatas, alababa a Dios… Estaba muy conforme con la voluntad de Dios, aunque me dejase así siempre. (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. VI)

La enfermedad siempre la acompañó: “En especial tuve veinte años vómito por las mañanas, que hasta más de mediodía me acaecía no poder desayunarme; algunas veces, más tarde.”

Decaimiento y despertamiento espiritual

a mí me hizo harto daño no estar en monasterio encerrado” El convento donde estaba Teresa no era de clausura, por lo cual las distracciones, las visitas y la vida social le provocaron una pérdida de la devoción.

“Las condiciones del convento no ayudaban. La rigurosa regla carmelita había sido mitigada y el convento parecía una pensión para jóvenes adineradas, ya que las monjas pasaban gran parte del tiempo en la sala de visitas. A los 39 años T. tuvo una experiencia de conversión mientras miraba a Cristo clavado en la cruz. Éste fue el comienzo de sus raptos. éxtasis y visiones místicas.” (Justo L. González – Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe)

“Pasaba una vida trabajosísima, porque en la oración entendía más mis faltas. Por una parte me llamaba Dios; por otra, yo seguía al mundo. Dábanme gran contento todas las cosas de Dios; teníanme atada las del mundo. Parece que quería concertar estos dos contrarios -tan enemigo uno de otro- como es vida espiritual y contentos y gustos y pasatiempos sensuales. En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración) sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años…Porque para caer había muchos amigos que me ayudasen; para levantarme hallábame tan sola, que ahora me espanto cómo no me estaba siempre caída, y alabo la misericordia de Dios, que era sólo el que me daba la mano.”       (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. VI)

En el año 1555 experimenta un despertamiento espiritual del cual ya no retrocedería:

“Pues ya andaba mi alma cansada y, aunque quería, no le dejaban descansar las ruines costumbres que tenía. Me aconteció que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía
en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que yo había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle…Paréceme le dije entonces que no me había de levantar de allí hasta que hiciese lo que le suplicaba. Creo cierto me aprovechó, porque fui mejorando mucho desde entonces.”   (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. IX)

“… en 1555, tras una «2ª conversión», como suele llamarse, alcanzó un elevadísimo grado de oración mental, acompañado de frecuentes visiones extáticas. Entre los superiores de la orden, unos creían que sus visiones eran diabólicas, y otros pensaban que eran realmente del Señor. Halló especial ayuda en los jesuitas, sobre todo en el Padre Baltasar Álvarez, su confesor. Tuvo por entonces la experiencia de la transverberación de su corazón por un dardo encendido que un ángel le clavó según su propio testimonio. Lo cierto es que, no contenta con el estado espiritual de su convento, Teresa se lanzó a una reforma radical de la orden, fundando la austera orden de «Carmelitas descalzas de la primitiva regla de S. José», el 24 de agosto de 1562, después de haber sido aprobado su proyecto por Paulo IV. También halló la aprobación del General de la Orden, del que consiguió permiso para fundar otros conventos de carmelitas descalzas, así como de varones, donde encontró el apoyo incondicional del también carmelita Juan de la Cruz. Como él, también Teresa levantó las sospechas de la Inquisición, «siempre alerta contra los iluminados», pero escapó gracias a su amistad con el rey Felipe II, y pudo continuar fundando conventos de la orden.”    (Francisco Lacueva -Diccionario Teológico Ilustrado)

La Orden de los Carmelitas Descalzos, o Carmelo Teresiano, se origina en el Monte Carmelo, en Palestina, donde al principio del siglo XIII un grupo de ermitaños, decidieron vivir en consagración a Jesucristo en su propia tierra. Se organizaron bajo una fórmula fórmula de vida o regla del Patriarca de Jerusalén San Alberto . Esta regla había sido atenuada, por lo cual había mucha relajación en los conventos, Teresa se propone llevar adelante una Reforma de la Orden.

“San Luis Beltrán la animó a llevar adelante su proyecto de reformar la orden del Carmelo, adoptando la regla primitiva: el desprendimiento y la contemplación, dando
cabida a la actividad apostólica. Su intención era restituir la antigua observancia de la regla del Carmelo, atenuada en 1432 por el papa Eugenio IV. Teresa tomó como modelo la reforma franciscana de Cisneros, basada en la práctica de la oración y del ayuno, en no poseer rentas ni propiedades, ni en común ni particularmente, en guardar silencio y en descalzarse. En todo esto, influyó mucho que conociera a san Pedro de Alcántara. Teresa se «descalza» el 13 de julio de 1563, cambiando los zapatos que usaba en el monasterio de la Encarnación por unas alpargatas de cáñamo. La seguirán en esto las demás monjas y más tarde los carmelitas varones, que se conocerán como los «descalzos» para distinguirse de los «calzados», que se siguen rigiendo por la regla mitigada… Nos encontramos ante una mujer verdaderamente excepcional, dotada de una inteligencia despierta, de una voluntad intrépida y de un carácter abierto y expansivo. Su chispa y simpatía se ganaban a cuantos la trataban. Fray Luis de León nos dice de ella: «Nadie la conversó que no se perdiese por ella.» El padre Pedro de la Purificación escribió: «Una cosa me espantaba de la conversación de esta gloriosa madre, y es que, aunque estuviese hablando tres y cuatro horas, tenía tan suave conversación, tan altas palabras y la boca tan llena de alegría, que nunca cansaba y no había quien se pudiera despedir de ella.» Semejante es el testimonio de la hermana María de S. José: «Daba gran contento mirarla y oírla, porque era muy apacible y graciosa.» Se granjeó toda clase de relaciones y de amistades incondicionales: obispos, teólogos, grandes damas, nobles, hidalgos, mercaderes, arrieros e incontables y anónimas gentes sencillas por toda la geografía que, de manera incansable, recorrió. Teresa repetía: «cuanto más santas, han de ser más conversables», «un santo triste es un triste santo», «un alma apretada no puede servir bien a Dios» y «Tristeza y melancolía, no las quiero en casa mía».   (Del libro “Y de repente Teresa” de Jesús Sanchez Adalid)

“Durante años laboró arduamente para que le dejaran establecer un convento que retomara el espíritu de la regla carmelita original. Por fin, en 1562 fundó el convento de San José de las Carmelitas Descalzas en Ávila. En esta comunidad se mantenía una estricta pobreza viviendo de limosnas y del trabajo de las monjas, se observaba una estricta clausura y un riguroso horario de oración. Teresa fundó treinta y dos conventos reformados a pesar de la oposición de su propia orden, las sospechas de la jerarquía, y una investigación formal por parte de la Inquisición española. Sólo la protección de confesores y teólogos como Juan de la Cruz, su amigo y discípulo, y del rey Felipe II le hicieron posible evadir el juicio de la Inquisición.”   (Justo L. González – Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe)

El gran pecado de Teresa:  ser mujer

El Libro de la Vida, fue investigado por la inquisición, no faltaron quienes querían ver a Teresa entre rejas o aún peor, en la hoguera. El sacerdote Domingo Báñez escribía en 1575: “Sola una cosa hay en este libro en que poder reparar, y con razón; basta examinarla muy bien: y es que tiene muchas revelaciones y visiones, las cuales siempre son mucho de temer, especialmente en mujeres, que son más fáciles en creer que son de Dios…”.

“Pensemos que una manera de pensar y vivir como esta, en el siglo XVI, no estaba exenta de grandes dificultades y peligros. Muchos no admitían que las mujeres fueran letradas, que tuvieran una vida activa de relaciones personales y, mucho menos, que se dedicaran a escribir. La mujer era considerada como propiedad del padre o del esposo, y su función se limitaba al trabajo casero, ser madre y cuidar y satisfacer las necesidades sexuales del marido. Teresa tuvo que demostrar su valía humana e intelectual y hubo de enfrentarse inagotablemente a los que dogmatizaban diciendo, por ejemplo, que «la oración mental no es para mujeres, que les vienen ilusiones; mejor será que hilen; no han menester esas delicadezas; bástalas el Pater Noster y el Ave María…» (CE 35,2). Era muy consciente de las sospechas que recaían sobre una mujer que escribía y necesitó utilizar constantes justificaciones y descargos para que sus obras no acabaran prohibidas o quemadas y ella misma condenada por la Inquisición. Insiste una y otra vez en que escribe «por obediencia» a sus confesores y «con su licencia». Dice como excusa: «Me lo han mandado… mucho me cuesta emplearme en escribir, cuando debería ocuparme en hilar… de esto deberían escribir otros más entendidos y no yo, que soy mujer y ruin… como no tengo letras, podrá ser que me equivoque… escribo para mujeres que no entienden otros libros más complicados…» No obstante, y a pesar de sus empeños, en los márgenes de sus escritos podemos encontrar anotaciones de los censores. A pesar de todo, constantemente expresa su deseo de escribir y su convencimiento de que tiene algo valioso que decir.
Desde el presente, su vida y sus escritos constituyen una permanente defensa del derecho de la mujer a pensar por sí misma y a tomar decisiones. Esto, sin duda, es algo absolutamente novedoso en aquella época y un signo más de la singularidad y el valor humano de la figura de Teresa.
Los letrados, siempre varones, no solo van a leer los escritos teresianos sino que los van a juzgar, revisar y, en su caso, mandar que sean destruidos. El padre Diego Yanguas, confesor de santa Teresa, le ordena quemar su comentario sobre los pasajes del Cantar de los Cantares de Salomón, leídos en las oraciones matinales de las Carmelitas; porque no se podía consentir una interpretación de la Sagrada Escritura hecha por mujer; y mucho menos tratándose de versos con cierto contenido erótico. Contra lo establecido, ella afirma que, en el campo de la oración, las mujeres llegan a ser mejores que los varones: «Hay muchas más que hombres a quien el Señor hace estas mercedes, y esto oí al santo fray Pedro de Alcántara (y también lo he visto yo), que decía aprovechaban mucho más en este camino que hombres, y daba de ello excelentes razones, que no hay para qué las decir aquí, todas a favor de las mujeres»
El nuncio del Papa, Filippo Sega, amonesta a santa Teresa por la vida pública que lleva en los años de sus fundaciones: «…fémina inquieta, andariega, desobediente y contumaz, que a título de devoción inventaba malas doctrinas, andando fuera de la clausura, contra el orden del Concilio Tridentino y Prelados: enseñando como maestra, contra lo que san Pablo enseñó, mandando que las mujeres no enseñasen.»
Un letrado censor de la época tachó con tal furia un escrito sincero y espontáneo de Teresa, que gracias a la tecnología actual ha podido ser rescatado y leído, ayudados por los rayos X, aunque algunas líneas no se pueden descifrar: «No aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo, las mujeres. Antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor y más fe que en los hombres… No basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas… que no hagamos cosa que valga nada por vos en público, ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa. No lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez y no como los jueces del mundo, que —como son hijos de Adán y, en fin, todos varones— no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa… que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres» (CE 4,1).    
(Del libro “Y de repente Teresa” de Jesús Sanchez Adalid)

“Teresa de Cepeda y Ahumada vivió en el siglo XVI, en la España de la Contrarreforma marcada por un misticismo y anhelos de santidad muy intensos. Procedía de una familia de judíos conversos o “cristianos nuevos”, los cuales se inclinaban más hacia una espiritualidad privada y afectiva, abierta hacia las experiencias místicas. Esto los ponía en conflicto con la Inquisición la cual apoyaba la piedad exteriorizada y los rituales tradicionales.

En todo su trabajo le ayudó su carácter firme y fuerte tanto como vivo y carismático, y su sentido del humor. Sus éxitos públicos no le impidieron una ferviente vida de oración y de profundas experiencias místicas.
Obedeciendo a sus confesores y superiores Teresa recogió sus experiencias místicas en varios libros, siendo El Castillo Interior o Las moradas (1577) el libro que consideró su mejor obra. El titulo del libro se refiere a las etapas del viaje interior de la persona hacia la unión con Dios. En este caminar no hay que apurarse, y sólo hay que preocuparse de seguir a Dios libremente, ya que Dios es quien guía a cada cual en la forma apropiada. El viaje no es igual para todas las personas, sino que hay muchas posibles variaciones según se van entendiendo mejor las diferentes manifestaciones del amor de Dios.

Otros libros de Teresa son: Constituciones, Libro de las fundaciones, Libro de la vida y Camino de perfección. Para Teresa la santidad se demuestra en un amor al prójimo activo, y no por medio de experiencias místicas. En todo lo que hizo mostró tener una confianza básica en Dios y en la bondad de las personas y actuó convencida de que Dios la amaba gratuitamente. Para ella no era posible considerar al cuerpo separado del alma. En sus escritos se vislumbran tres requisitos para la vida cristiana: amor a Dios y al prójimo, una verdadera humildad, y el desapego de las cosas materiales y las personas. Esto último, sin embargo, no llevó a Teresa a negar el valor de las amistades, antes al contrario, estaba segura que el cielo consistía en disfrutar de la presencia de Dios y en continuar las relaciones con sus amistades.
De una personalidad sana, afable, y abierta. Teresa no le tuvo miedo a lo nuevo, a lo diferente, a los retos que le presentó la vida.
Mezclando gentileza con firmeza guió a sus hermanas monjas para que cada cual se dejara llevar por Dios sin comparase con otras. Teresa muere el 4 de octubre de 1582. Fue canonizada en 1622 y en 1970 fue la primera mujer declarada Doctora de la Iglesia .”   (Justo L. González – Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe)

“Teresa escribió mucho y fue una verdadera maestra de espiritualidad. Además de su copioso epistolario, escribió dos obras autobiográficas y otras dos dirigidas a sus monjas: El Camino de perfección y El Castillo interior. (Francisco Lacueva -Diccionario Teológico Ilustrado)

“Siempre hemos visto que los que más cercanos anduvieron a Cristo Nuestro Señor, fueron los de mayores trabajos. Miremos a los que pasó su gloriosa Madre, y los gloriosos Apóstoles. ¿Cómo pensáis que pudiera sufrir San Pablo tan grandísimos trabajos? Por él podemos ver, qué efectos hacen las verdaderas visiones y contemplación, cuando es de Nuestro Señor, y no imaginación u engaño del demonio. ¿Por ventura se escondió con ellas para gozar de aquellos regalos, y no entender en otra cosa? Ya lo veis, que no tuvo día de descanso, a lo que podemos entender; y tampoco le debía tener de noche, pues en ella ganaba lo que había de comer”    (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

“¡Oh, hermanas mías, qué olvidado debe tener su descanso, y qué poco se le debe de dar de honra, y qué fuera debe estar de querer ser tenida en nada el alma adonde está el Señor tan particularmente! Porque si ella está mucho con El, como es razón, poco se debe de acordar de sí; toda la memoria se le va en cómo más contentarle, y en qué u por dónde mostrará el amor que le tiene. Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras. Esta es la verdadera muestra de ser cosa y merced hecha de Dios, como ya os he dicho; porque poco me aprovecha estarme muy recogida a solas, haciendo actos con Nuestro Señor, proponiendo y prometiendo de hacer maravillas por su servicio, si saliendo de allí, que se ofrece la ocasión, lo hago todo al revés.”    (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

“Poned los ojos en el Crucificado, y se os hará todo poco. Si Su Majestad nos mostró el amor con tan espantables obras y tormentos, ¿cómo queréis contentarle con sólo palabras? ¿Sabéis qué es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios”  (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

“Torno a decir, que para esto es menester no poner vuestro fundamento sólo en rezar y contemplar; porque, si no procuráis virtudes y hay ejercicio de ellas, siempre os quedaréis enanas; y aun ruega a Dios que sea sólo no crecer, porque ya sabéis que quien no crece, descrece”   (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

“… algunas veces nos pone el demonio deseos grandes, porque no echemos mano de lo que tenemos a mano; para servir a Nuestro Señor en cosas posibles, y quedemos contentas con haber deseado las imposibles.    (Teresa de Jesús- El Castillo Interior- Las Moradas)

“En fin, hermanas mías, con lo que concluyo es, que no hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras, como el amor con que se hacen”.     (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

Diarios de Avivamientos ha realizado este artículo sobre Teresa de Jesús con el propósito de estudiar la Historia de la Iglesia, no pretendemos idealizar a Teresa como una mujer perfecta; ella tuvo sus luces y sombras, nos hubiese gustado que llevase adelante una reforma mucho más profunda y más bíblica. Creemos que hizo lo que pudo con la luz que recibió, sufrió persecución, incomprensión y hasta abuso espiritual de parte de sus superiores quienes al principio la vieron como un problema, y al final, cuando lograba algún éxito, la usaron para beneficio propio.  

Personalmente, este artículo lo publico con el fin de alentar a todas las mujeres que en sus respectivas congregaciones tienen sueños, anhelos de provocar cambios y reformas;  y ponen con fidelidad y humildad la mano en el arado para conseguirlo. A todas las hermanas que con pasión abrazan la cruz y la obra encomendada, que se revisten de toda la armadura de Dios incluyendo la espada de la Palabra, y que por ello sufren oposición, burla y menoscabo por el solo hecho de ser mujeres; a las que tienen que abrirse paso en el monopolio machista o elitista del liderazgo, a todas ellas va dedicado este artículo.

Porque una vez, hace ya muchos años, una mujer valiente que no le tenía miedo a las burlas que los muchachos hacíamos de ella, me predicó el evangelio en una plaza, un día, y otro día, y otro más, perseverando, sin importarle cuanto yo la rechazaba; hasta que en un momento comencé a sentarme a sus pies a escucharle atentamente, y me hizo amar las Sagradas Escrituras con la misma pasión que ella les tenía. Si, una mujer, humilde y sufrida, pero con oración y las Escrituras en la mano era más poderosa que un ejército.

Las mujeres no tienen porque ser actrices secundarias en las páginas gloriosas de la Historia de la Iglesia, ellas también deben ser protagonistas.

Artículo redactado por Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos

Escenas de la famosa miniserie  Teresa de Jesús de Televisión Española

La protagonista de la serie Tersa de Jesús, la actriz Concha Velasco, posando para Diarios de Avivamientos 

Concha Velasco - Teresa de Jesús

Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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7 respuestas a TERESA DE JESÚS (Teresa de Ávila) – El pecado de ser mujer – Historia del cristianismo

  1. Ruth Colle dijo:

    La verdad es que he quedado sin palabras, en muchos sentidos, no me siento merecedora de tan grande elogio por la dedicación de este post, pero así como he aprendido a aceptar la gracia infinita de Dios, con inmensa humildad y cuidado de mí misma, acepto este grandilocuente reconocimiento. Impresionada he quedado con la preciosa la vida de esta santa hermana en Cristo, y también humildemente digo que me veo reflejada en variados aspectos de su vida y persona, tal vez compartamos personalidades afines y hasta hábitos similares, pero en lo que más me he sentido unida a ella, como a madame Guyon tal vez, es en el hambre de la persona de Cristo, en tiempos tan extremos. Amo la Palabra de Dios, pero en este tiempo tantas veces me he repetido Mateo 6:6 y lo he hecho tan mío, que es por esto que creo que hace un tiempo el Señor mientras dormía, en mis sueños me recitaba versos del Cantar de los cantares y sin siquiera haberlos leído en el día. Varios días me pasó esto y empecé a amarlo más profundamente cuando despertaba y los leía. Hace dos o tres días atrás encontré en la biblioteca de mis padres un libro de Watchman Nee (amo sus libros) ” El cantar de los cantares” , recién hoy pude empezar a leerlo y en lo que pude leer, describe tal cual lo que me ha estado pasando este tiempo. Estoy emocionada por ver cómo Dios me ha cautivado, siendo yo tan indigna. A veces, me siento como que vivo en esta época pero como si perteneciera a otra. Tengo y mantengo la paz con todos y encuentro gozo en esto, pero más de una vez me he sentido tan distinta o fuera de lugar, con intereses tan distintos, incomprendida y hasta a veces mal mirada, que no me ha sido fácil, pero hoy entiendo que el precio pagado lo vale completamente y estoy dispuesta a pagarlo hasta el último día de mi vida, se lo he prometido al Señor y Él me sostendrá en fidelidad como siempre lo ha hecho en toda mi vida.
    Gracias por el apoyo y el valor que siento tener de parte de ustedes,que de paso,es totalmente recíproco. GRACIAS!!
    Me gustaría recomendarles un libro que tengo en papel, de otro gran y valiente hermano, “Violentamente cristiano” de Oscar Marcellino. Desearía de corazón pudieran tenerlo.
    Otra vez, infinitas gracias por su amistad!!
    El Señor nos guarde siempre y en las sequías sacie nuestras almas. Saludos en la paz y amor de nuestro Señor Jesucristo, quien nos une.
    Romanos 5:1-11 (NTV)

    Ruth

  2. Salvador Mendez dijo:

    Mmmm no voy a tocar la poesía, ni a valorar ni despreciar los hechos de esta mujer. Solo opinaré que hay que tener cuidado con eso de “Examinarlo todo y retener lo bueno”. Acostumbro leer mucho este blog y la verdad encontrarme con esto hoy, me sorprendió mucho pues siento que contraviene muchas de las cosas que antes se han publicado acá (Leonard Ravenhill por ejemplo).

    • Estimado Salvador Mendez, para responderle con exactitud debemos extendernos un poco, pero creo que el caso lo merece, le pido pacientemente lea esta respuesta. Primero, quisiera responderle con una reflexión del Dr. A.W.Tozer de su libro “La Vida más Profunda”, dice así: “aquellos que defienden la vida llena del Espíritu se ven obligados a definir sus términos y explicar su posición. ¿Qué es entonces lo que significa? y ¿Qué estamos defendiendo? Yo mismo mantengo la preocupación reverente por enseñar al Cristo crucificado; y en lo que respecta a la aceptación de una enseñanza o aun,algo que se enfatiza, debo estar persuadido que es escritural y totalmente apostólico en espíritu y contenido. Además, debe estar en completa armonía con lo mejor de la historia de la Iglesia, señalado para los fines del trabajo devocional en la tradición, contenido en la más dulce y radiante himnología y plasmado en las más elevadas experiencias compartidas en la biografía cristiana.Todo est9 debe descansar sobre el modelo de verdad que nos han legado almas piadosas como Bernardo de Claraval, Juan de la Cruz, Molinos, Nicolás de Cusa… fueron cristianos extraordinarios como estos los que salvaron al cristianismo del colapso o de ser completamente aplastado por el espíritu de mediocridad al que estaba siendo conducido.” Hermano Salvador, ¿sabe usted quienes fueron estos hombres que menciona Tozer: Bernardo de Claraval fue un monje que produjo una revolución en la Orden del Cister, Juan de la Cruz fue amigo, defensor, y estrecho colaborador de Teresa de Jesús, Molinos fue un sacerdote y teólogo, Nicolás de Cusa fue un cardenal de la iglesia católica… ¿piensa que Tozer estaba errado al leer a estos hombres y ponerlos como referencia?. En la introducción del libro “La Búsqueda de Dios” de Tozer, se hace esta declaración sobre el perfil de el autor: “Hay en él profundidad de visión, sobriedad de estilo, y una universalidad refrescante. El
      autor hace pocas citas, pero está familiarizado con los santos y místicos de todos los siglos
      ” El mismo Leonard Ravenhill dice en la entrevista que nosotros hemos traducido al español que A.W.Tozer (que como usted sabrá era amigo de Ravenhill y uno de sus grandes inspiradores) tenía gran conocimiento de toda la literatura de los místicos. En el mismo libro que le mencioné recién (La Búsqueda de Dios) dice: “cuan diferente fue Moisés de Isaías, Elías de David, Pablo de Juan, San Francisco de Asís de Martín Lutero, Tomás de Kempis de Carlos Finney. La diferencia entre ellos es tan grande como la vida humana: diferencia de raza, de nacionalidad, de cultura, de temperamento, de costumbres, de cualidades personales. Sin embargo todos ellos, día tras día, anduvieron en la elevada senda de la vida espiritual, por encima del camino común de los demás…Sin intentar hacer ningún análisis de ellos, diré únicamente que tenían comprensión, espiritual, y que la cultivaron de tal modo que llegó a ser lo más grande de sus vidas. La diferencia entre ellos y el
      resto de los mortales consistió en su deseo de vivir en comunión con Dios, e hicieron todo lo que estuvo a su alcance para lograrlo. Durante toda su vida tuvieron el hábito de responder a lo espiritual. No desobedecieron la visión celestial
      .” Bien, estimado hermano Salvador Mendez, supongo que usted sabrá quien fue San Francisco de Asís, pues bien el Dr. Tozer leía y predicaba sobre la vida de él y de otros hombres como san Bernardo, etc. Y por favor le ruego atentamente este último párrafo de A.W.Tozer cuando habla del cardenal Cusa, porque expresa precisamente el sentir de este blog: “Me gustaría decir más de este antiguo varón de Dios. El es muy poco conocido entre los cristianos corrientes y entre los fundamentalistas, menos. Creo que ganaríamos mucho si nos relacionáramos un poco con hombres de la escuela cristiana de la que Nicolás de Cusa es uno de los representantes más genuinos. Pero para que los líderes denominacionales de hoy aprueben la literatura que el pueblo ha de leer, esta debe ser enteramente del gusto partidista de ellos. Medio
      siglo transcurrido en América con esta misma actitud nos ha hecho a todos presumidos y satisfechos con nosotros mismos
      .” Esta es la característica de este blog, cuando publicamos algo no pensamos en el gusto partidista de una denominación, sino que como Diarios de Avivamientos no es solo devocional sino también trata de la Historia de la Iglesia, publicamos de todos los que creemos pueden aportar un poco de luz a la espiritualidad cristiana. Ni los calvinistas, ni los arminianos, ni los wesleyanos,ni los carismáticos, ni los cesacionistas nos marcan la agenda. Somos independientes, y al igual que el amado A. W. Tozer, uno de los maestros cristianos más queridos y admirados del siglo pasado, no vamos a caer en el error de predicar o publicar según el gusto partidista de alguna denominación específica. Por lo cual nuestra publicación de Teresa de Jesús, no contraviene nuestro compromiso con la verdad, “porque examinarlo todo y retened lo bueno” no es un slogan publicitario, es un mandato del apóstol Pablo. Esperamos, hermano Salvador, haber aclarado nuestra posición, nuestra próxima publicación será un libro que ataca tres dogmas fundamentales del catolicismo, nosotros no coqueteamos con Roma, no somos ecuménicos, pero tampoco menospreciamos a nadie por no pensar exactamente como nosotros. Saludos y bendiciones, desde Diarios de Avivamientos. Su hermano en Cristo, Gabriel, quedo a su entera disposición.

      • Guillermo dijo:

        Nunca había ingresado en este blog. Leer en un blog evangélico acerca del testimonio de Teresa de Ávila, una de las siervas de Dios más importantes que dio España a la Cristiandad, me ha puesto más que contento a mí que, nacido en el catolicismo romano y por convicción practicante del “catolicismo reformado” como me gusta llamarlo, he sufrido en la primera congregación evangélica en que congregué el estigma de ser puesto en duda como cristiano por el hecho de haber sido criado católico (cuando, modestia aparte, conocía más de la Escritura y me sabía más pecador indigno de la gracia divina que me llegaba y llega por medio de Cristo y Su muerte en el patíbulo). Qué alegría ver que no todos los evangélicos desconocen y descartan la historia de la Iglesia, sino que entienden que la misma, que fue fundada por nuestro Señor Jesucristo sobre sí, en sus apóstoles, creció y jamás cesó de estar viva, ni siquiera aún durante la pornocracia del Papado en la Edad Media. Qué alegría que entiendan muchos hermanos que la iglesia no nació con Lutero, sino con Cristo, y que si la Iglesia de Roma se alejó, no por ello los fieles que nacimos allí hemos dejado de ser llamados a la gracia salvadora del Señor Jesús, incluso dentro de ella, como Teresa de Jesús, el abad Bernardo de Clarabal (tan citado y reivindicado por Calvino), Nicolás de Cusa, Antonio de Padua, Francisco y Clara de Asís, e incluso Francisco de Sales, cuya figura es reivindicada por las comuniones anglicana y luterana como ejemplo de testimonio cristiano.
        Vale decir, antes que surjan los malos entendidos de los prejuiciosos de siempre, que mi intención no es la de edulcorar el evangelio, sino la de exaltar el mismo a través de los ejemplos de testimonios que él mismo despertó a través de la historia y de los pueblos.
        Muchas gracias hermano por este posteo, y prometo continuar leyendo tu blog que, espero, continúe siendo de provecho y edificación para el Reino de Dios y para la mayor gloria de Su Nombre.
        Saludos desde Buenos Aires.

      • Hola Guillermo, gracias por participar. Yo también crecí en la iglesia Católica, hice la primera comunión y la confirmación por propia convicción siendo adolescente; recuerdo que cuando los demás compañeros del secundario salían del colegio (católico) después de clases, iban a jugar a la pelota, y yo, entraba a la capilla para asistir a misa, así que comprendo lo que dices. En este blog encontrarás material de Tomás de Kempis, el hermano Lorenzo, Fenelon, y no subo más por falta de tiempo porque también hay cosas exquisitas de Francisco de Asís al cual siempre he admirado profundamente, y de tantos otros…. Y Teresa de Avila me fascina, honestamente, una de las mujeres más grandes de la historia, mucho aliento he encontrado en sus escritos. Como bien dices, la Iglesia no nació con la Reforma, sino en Jesucristo, así que yo trato de tomar todo lo que edifica de la historia de la Iglesia en general, a través de los siglos, y compartirlo con los hermanos, claro que nunca faltan los prejuiciosos que odian todo lo que huela a “católico”, pero poco me importan los prejuicios, me quedo con la inmensa riqueza espiritual, artística y poética que hay en la historia eclesiástica. Y conste que no soy ecuménico, porque como podrás notar también he escrito en contra de algunos dogmas católicos que desvían a las personas del fundamento del evangelio que es la salvación por la fe en Cristo y la comunión permanente con Cristo, es decir conocerle personalmente, en una relación directa con Él. Reconozco que es imposible agradar a todos, unos se ofenden si hablo en contra de algunas de las enseñanzas de Roma, otros se ofenden si hablo a favor de estos grandes hombres y mujeres que produjo el catolicismo, pero en este blog tenemos una linea de pensamiento inclusivo y no excluyente. Dios siempre se ha reservado un pueblo propio, aún en la época más obscura de la historia de la Iglesia, cada uno con la luz que Dios le dio, unos más, otros menos, pero todos nos han dejado un legado útil. Bendiciones Guillermo, un abrazo fraternal.

  3. Alvaro dijo:

    No te imaginas como me ha bendecido tu blog,me encanta estudiar sobre la historia de la iglesia,los diversos maestros de la palabra,desde reformados,carismáticos,ortodoxos y místicos,pero en América latina esto es un tema taboo,nunca había conocido a alguien que no tuviera problema en leer C.S. Lewis y despues a San Juan de la Cruz,he leído como 7 libros en 2 semanas desde que encontre el blog ademas de tus articulos jajajaj,America latina esta muy lejos de un avivamiento por que hay un velo grandisimo de religiosidad e ignoramos la tradición eclesiástica solo porque es católica,hombre en serio te lo digo quiero ser tu amigo,no conozco mucha gente latina que conozca a john Lake por ejemplo,totalmente ignoradas por la mayoría de cristianos.Dios te bendiga enormemente y se que la reforma,el avivamiento,la visitación y el derramamiento vendrán cuando Dios levante mas gente con hambre tan sana y genuina como la tuya.

    • Hola Alvaro, también me alegra encontrar a un hermano que no se asuste con lo que publicamos! A veces es por falta de tiempo, pero otras muchas veces me freno de subir más material de este tipo porque realmente duele tener que escuchar (más bien leer) comentarios de tono fanático: “¡Eso es herejía!.. Pero no siempre aquello que no comprendemos, o no concuerda con nuestros gustos y tradiciones tiene que ser necesariamente herejía. Recién le respondí a una persona que se escandalizó porque subí a nuestro canal de youtube un pequeño vídeo sobre Agustín de Hipona, o “él católico Agustín” como le llamó él, preguntándose que tenía que ver Agustín con el verdadero cristianismo. Le dije que la Iglesia no nació en el siglo XVI con la Reforma, ni hubo un vacío entre el siglo IV y el XVI, en todos los períodos de la historia de la Iglesia hubo cristianos, con más o menos luces, cada uno según la luz que recibió así actuó. Me gusta A.W.Tozer porque él supo enriquecerse de todos estos hermanos y hermanas de la historia. ¿Despreciaremos a Tomás de Kempis, a Francisco y Clara de Asís, a Antonio de Padua, a Teresa de Jesús, a Fray Juan, al Hermano Lorenzo, a Savonarola, a Huss, Fenelon, etc. simplemente porque eran católicos? ¿o porque la reforma que ellos emprendieron no tuvo el impacto de Lutero y los otros reformadores, por eso no los consideraremos válidos? Tengo mucho material de ellos en PDF, y libros de historia de la Iglesia, no los puedo subir a todos al blog, pero si alguno en especial te interesa te los puedo pasar por correo. Mi correo es diariosdeavivamientos@gmail.com o me lo dices por aquí mismo, también estoy en facebook. como desees. Un abrazo fraternal, tu hermano en Cristo nuestro Salvador.
      Gabriel.

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