¿porqué nos cuesta tanto orar? – Capítulo II

Porqué nos cuesta tanto orar - Cap. II

“Demasiadas veces nos han enseñado que lo único que se le puede ofrecer al Señor son actuaciones buenas y bellas. Todo lo demás no forma parte de las virtudes así que no se le puede presentar. Pero esto ¿no va en contra del Evangelio? El mismo Jesús afirma que ha venido no para curar a los sanos sino a los enfermos. Habrá que aprender pues, sin falsa vergüenza, a ser auténticos enfermos delante del medico divino que reconocen realmente todo lo que tienen de falso, engañoso y contrario a Dios. Él es el único que nos puede curar… ¿Por qué tener miedo de mis debilidades? Existen. Durante mucho tiempo me he negado a mirarlas a la cara… Tal vez éste es el principal obstáculo que nos disuade de entregarnos a la oración del corazón. Parece que es algo que está por encima de nuestras fuerzas presentarnos ante Dios sin tener nada más para ofrecerle que nuestra pobreza, una pobreza que nos da miedo porque es la de nuestras heridas, nuestra extrema indigencia espiritual, nuestra incapacidad para franquear por nuestras solas fuerzas la distancia que nos separa de la santidad de Dios… Nunca podremos presentarnos ante Dios sin llevar en el corazón obstáculos, como pecados, huellas que dejan esos pecados, obstáculos involuntarios pero demasiado reales para dejar obrar a Dios en nuestra vida, etc. Todos y siempre nos presentamos ante nuestro Padre como el hijo pródigo, seguros de que nos abrazará antes de que empecemos a darle explicaciones.” (del libro: Ver a Dios con el corazón)

Hebreos 4:15-16 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.  (RV.1960)

El autor de la carta de Hebreos nos anima a acercarnos al Trono de la Gracia confiadamente, esta palabra se traduce también como abiertamente, con franqueza, con libertad. Así que en ningún modo significa, confiando en que Dios nos escuchará porque nos hemos portado bien, o por el contrario, dudando de si nos escuchará porque nos hemos portado mal. En realidad, nos acercamos confiadamente porque Él se compadece de nuestras debilidades, sean cuales fuesen. Nos acercamos a Él en la oración no para experimentar el impresionarle con nuestras fortalezas, sino para experimentar Su compasión por nuestras debilidades, por la sencilla razón de que Jesús, el Dios encarnado, las tuvo que enfrentar en carne propia. 

Hebreos 2:18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

La Biblia no solo dice que Jesús fue tentado, sino que afirma que padeció (sufrió) por ello. 

“Si Jesús hubiera venido a este mundo de una forma que no pudiera sufrir, habría sido distinto de los demás seres humanos, y no habría podido ser su Salvador. Como dijo Jeremy Taylor: «Cuando Dios quiso salvar a los hombres, lo hizo por medio de un Hombre.» De hecho, esta identificación con nosotros es la esencia de la idea cristiana de Dios. Cuando los griegos pensaban en la relación de sus dioses con la humanidad, su idea clave era la indiferencia; pero la idea clave del Evangelio es la identificación. Por medio del sufrimiento, Jesucristo se ha identificado con la naturaleza humana. No había otra manera. La identificación capacita a Jesucristo para simpatizar con nosotros. Esta palabra quiere decir etimológicamente: sentir con otro. Es casi imposible comprender el dolor o el sufrimiento de otra persona si no lo hemos pasado nosotros… Antes de poder simpatizar con nadie, tenemos que pasar por su misma experiencia, ¡y eso es precisamente lo que hizo Jesús! Porque Jesús ha compartido nuestros sufrimientos, puede compartir nuestros sentimientos; y puede ayudarnos. Ha asumido nuestros dolores y nuestras tentaciones; y el resultado es que sabe qué ayuda necesitamos, y puede dárnosla.”     (William Barclay – Comentario al N.T)

Una de las razones por la cual nos cuesta tanto orar es porque no nos presentamos ante Dios como realmente somos, sino como creemos que deberíamos ser para serle aceptos, o como los demás nos dicen que debemos ser para ser agradables delante de Él. En resumidas cuentas, nuestro gran problema en la oración es que no somos sinceros, no derramamos delante del Padre nuestro corazón, sino  nuestros conceptos y razonamientos religiosos. Desplegamos toda nuestra artillería teológica delante de Dios, determinando nosotros mismos que es lo que le agrada o no, y que es lo que Él quiere o no quiere darnos. Dios conoce más de ti de lo que tu conoces de Él, por lo tanto no puedes presentarte a la oración en base a tus conocimientos, sino en base de que Dios te conoce y  se compadece de ti.

Tu oración no es la radio que Dios escucha para enterarse de lo que pasa en la Tierra, Él ya sabe lo que le pasa al mundo y lo que te pasa a ti antes de que abras tu boca:

Mateo 6:8b  porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

La oración es quebrarnos y derramar el corazón delante de Dios aunque lo que salga no sea precisamente perfume de nardo puro. Dios no se espanta cuando derramamos nuestro maloliente corazón delante de Él, eso es precisamente lo que Dios quiere, que seas sincero y reconozcas tu verdadera condición delante de su Trono de Gracia:

Apocalipsis 3:17-19 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

Dios nunca rechaza al hijo pródigo que regresa arrepentido, ¿entonces para que fingir, porqué esforzarnos en cubrir lo que de todos modos está desnudo ante los ojos de aquel que todo lo escudriña y conoce? A veces nuestras oraciones son un insulto a la omnisciencia de Dios.

Nuestros corazones son egoístas, ególatras, tienen llagas que supuran, resentimientos, rencores, raíces de amarguras, soberbia, incredulidad, hipocresía y mediocridad; sin embargo nos presentamos como sanos delante de Dios cuando en realidad estamos moribundos. Nos presentamos como guerreros de oración cuando en realidad tenemos miedo e incertidumbres en un montón de cosas. Nos presentamos como vencedores cuando en realidad el pecado nos vence a cada paso. Nos presentamos como campeones cuando en realidad no hemos ganado nada todavía, porque la batalla acaba de comenzar. ¿Y todo esto porqué? porque nos han enseñado que la oración es una fórmula, una clave, un medio para alcanzar nuestras metas; y que si descubrimos la fórmula exacta de la oración, obtendremos el poder. Este concepto gnóstico de la oración, nos hace acercamos a Cristo no para estar y permanecer con Cristo, sino para obtener algo de Él; eso no es oración es simplemente ambición.

Algunos enseñan que la oración es una especie de poder creativo, el famoso: “visualícelo, reclámelo y recíbalo“, y que mostrar debilidad es un obstáculo para recibir lo que pedimos; ya que según ellos, si el poder está en las palabras que usamos, nuestra confesión debe ser positiva. Pero esto tampoco es oración verdadera, pues la oración no es una negación o rechazo de la realidad que nos rodea, tampoco una negación o rechazo de los sentimientos que nos invaden, es precisamente la confesión sincera de todo ello.  

El gran apóstol Pablo no tuvo reparos en confesar sus miedos:

2Corintios 7:5 Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores.

Y la clave está en las palabras que siguen:

2Corintios 7:6  Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló

Dios no consuela a quien no reconoce su necesidad de consuelo, ni sana el corazón que no se quebranta, ni levanta al que no se reconoce caído, ni exalta al que no se humilla. No son tus palabras sino tu actitud sincera lo que más importa en la oración. Si a tu médico le dices solamente lo que está bien, pero no estás dispuesto a contarle lo que te duele será mejor que no vayas a su consulta. Si no estás dispuesto a confesarle a Dios tus debilidades y faltas, es mejor que no vayas a la oración.

El poder de la oración no está en si misma, ni en el que la hace, sino en el que la responde. Hay un Dios poderoso que responde la oración del débil. Hay un Dios sublime, que responde la oración del humillado. Hay un Dios Santo, que responde a la oración del pecador arrepentido. Hay un Dios que se hizo hombre, que responde la oración del hombre.

La oración es un camino de perfección, no un camino por el que solo caminan los perfectos. La oración es un camino de santidad, no un camino por donde solo transitan los santos. La oración es un camino de sabiduría y conocimiento, no un camino reservado exclusivamente a los sabios y entendidos. El consultorio de Dios no es para los sanos, sino para los enfermos, acercarte pues, confiadamente al Trono de la Gracia para alcanzar misericordia. 

Lamentablemente nuestro sentimiento de culpa nos aleja de la oración,  el diablo lo sabe y lo aprovecha. ¡Que fácil es orar cuando las cosas nos han salido bien, nos hemos portado bien y nos sentimos dignos! ¡hasta llegamos a pensar que Dios nos debe algo por las cosas buenas que hemos hecho!… pero cuando hemos pecado, cuando hemos fallado, cuando no hemos actuado o reaccionado conforme a lo que se espera de un cristiano, nuestra actitud cambia radicalmente y creemos que ahora Dios está tan enojado con nosotros, que no nos va a recibir y rehuimos a  la oración. 

Dios está reflejado en el padre de parábola del hijo pródigo

Lucas 15:20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

El hijo pródigo regresó arrepentido a su casa, volvió con ropas sucias y rotas, lleno de lodo y estiércol de los cerdos que apacentaba. El padre no mandó a su hijo a lavarse y a cambiarse de ropa primero para luego tener una audiencia con él; sino que corrió, le abrazó y apretándolo contra su pecho le besó. ¿Eres capaz de ver a tu Padre celestial haciendo lo mismo contigo?… entonces ve a su encuentro porque Él, movido a misericordia, ya a echado a correr para abrazarte.

 

 

 ♦

Capítulo II de la serie Perseverar en oración – de Gabriel Edgardo Llugdar

 

 

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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6 respuestas a ¿porqué nos cuesta tanto orar? – Capítulo II

  1. Fernando Banda dijo:

    Ea muy cierto, la oracion nos acerca mas a Dios. Dios les bendiga.

    ________________________________

  2. Jorge Espinosa/Ecuador dijo:

    Profundo mensaje, inmensa la misericordia de nuestro Dios, que va a nuestro encuentro por reconocer delante de El que fallamos, y nos perdona a través de la oración que no busca ninguna ambición de El.

  3. Luis Fernando Banda dijo:

    Saludos desde Quito Ecuador. Doy gracias a Dios por haber ingreasdo a esta pagina, y empesar a nutrir mi espiritu. E l tema de la oracion resaltada por El Jesus, es de vital importancia para estos tiempos de crisis, donde el secularismo esta infiltrandose en las iglesia. Es tiempo de hacerle frente, una manera eficas es la oracion. Pido disculpas mi computador esta fallando y no puedo utilizar las acentos ortograficos.

  4. Agradezco al Señor y a todos ustedes el abrir su corazon para compartir las experiencias que no siempre se sacan a la luz. Nuestra debilidad humana se esconde detras de una careta de exito, cuando en realidad nos hallamos muy necesitados de la comunion con nuestro Padre. gracias mi Señor, por el camino nuevo y vivo que nos has abierto por medio de tu sangre. saludos en Cristo y mil gracias.

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