Los Milagros y la Presencia de Dios – El profeta Elías

Los Milagros y la Presencia de Dios - el profeta Elías

Cuando el fuego de Dios descendió del cielo, consumiendo el holocausto presentado por Elías en el monte Carmelo, ante la atónita mirada de Acab (rey de Israel), de los sacerdotes de Baal (los protegidos de la reina Jezabel)  y ante la expectante mirada del rebelde pueblo de Israel; Jehová se reveló a si mismo como el único Dios verdadero y a Elías como su verdadero profeta. Sin embargo este exitoso suceso desembocó en una sentencia de muerte para Elías, la reina prometió degollarle como él lo había hecho con los profetas de Baal.

1Reyes 19:2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.

Elías entra en un momento de depresión, seguramente él esperaba que después de aquella portentosa manifestación de Dios, el pueblo, el rey y la reina se convirtieran de sus malos caminos y todo resultase en una fiesta para Israel. Sin embargo, este santo varón experimenta tal angustia que sentándose debajo de un enebro le dice a Dios:  Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Mas el misericordioso Señor, en lugar de quitarle la vida le fortalece; y si antes, en el arroyo de Querit cuando Elías estaba en la plenitud de sus fuerzas, le había enviado cuervos que le llevasen alimento, ahora en su depresión, Dios le envía a su propio ángel para alimentarlo.

1Reyes 19:5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.

Elías se sentía en un punto miserable, hasta culpable: pues no soy yo mejor que mis padres”, ahora necesitaba una manifestación del amor de Dios, en este caso la presencia de un cuervo no hubiese ayudado mucho. Así, nuestro clemente Señor sabe suplirnos nuestra necesidad exterior enviándonos o un cuervo o un ángel, según sea nuestra necesidad interior. 

Elías continúa camino hasta el monte de Horeb (Sinaí),

1Reyes 19:8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

Horeb, el monte de Dios,  el mismo lugar donde el Señor se le manifestó a Moisés:

Éxodo 3:1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza…

Ahora Elías, estando en el monte Horeb se esconde en una cueva:

1Reyes  19:9 a Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche.

Probablemente era la misma cueva donde Dios escondió a Moisés para mostrarle su Gloria, cuando Dios le había prometido: “Mi presencia irá contigo y te daré descanso”, y Moisés le había implorado: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”.

Éxodo 33:18-23 Él (Moisés) entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.  Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti… No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá… He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

Seis siglos después, en el mismo monte, Dios también le manifestaría Su Gloria, Su Presencia, a su siervo Elías:

1Reyes 19:11-13 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

Podemos experimentar los milagros de Dios, pero eso no significa que experimentemos o conozcamos Su Presencia. El pueblo de Israel había experimentado tremendos milagros en Egipto (las diez plagas), y muchos más como los que experimentó en el desierto camino a Canaan (cruce del Mar Rojo, maná, lluvia de codornices, columna de fuego y de nube, etc); sin embargo todo quedaba reducido a una experiencia externa, seguían siendo un pueblo rebelde de dura cerviz.

El fuego, el viento, el terremoto…  son manifestaciones de Dios que provocan manifestaciones en los hombres (asombro, espanto, shock, y todo tipo de emociones) pero no producen transformaciones en el interior de los hombres, solo la Presencia de Dios transforma a las personas. La experiencia de los milagros puede olvidarse, pero el experimentar la presencia de Dios nunca se olvida. Los milagros pueden producir gratitud, pero Su Presencia produce amor en nosotros. 

Faraón y el pueblo de Egipto, experimentaron y fueron testigos directos  del obrar milagroso de Dios, sin embargo no cambiaron sus vidas, no creyeron, ni amaron a Dios. El pueblo de Israel fue testigo privilegiado de los milagros más extraordinarios, y sin embargo, muchos de esos testigos cayeron en su travesía por el desierto en la más terrible rebeldía, la mayoría de ellos no entraron a la tierra prometida, la mayoría de ellos nunca amaron a Dios.

Podemos vivir sin los milagros de Dios, pero no podemos vivir sin Su Presencia. Podemos experimentar y ser testigos de un sin fin de milagros de Dios, pero eso no es garantía de que le conozcamos a Él. Sabiendo esto, Moisés no pidió más poder, ni mas manifestaciones, ni más prodigios, le rogó a Dios por Su Presencia. Por eso  hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Éxodo 33:11).

Los milagros o manifestaciones de Dios (sequía o fuego cayendo del cielo) en el caso de Elías o (las diez plagas, columna de fuego y nube, división de las aguas, codornices, etc) en el caso de Moisés, eran señales entre el hombre de Dios y el pueblo al que era enviado; señales que confirmaban la autoridad del hombre enviado por Dios, y el poder del Dios que lo enviaba. Pero la Presencia de Dios es una unión entre el hombre de Dios y el Dios del hombre, una intimidad que produce conocimiento de Dios; ese conocimiento produce amor y ese amor produce fidelidad. Tanto el pueblo de Dios que estuvo con Moisés, como el pueblo de Dios que estuvo con Elías fueron testigos de milagros de Dios; pero no tuvieron amor ni fidelidad al Dios que obraba milagros. Solo aquellos que conocieron Su Presencia le fueron fieles hasta el final.

En el mismo pasaje en donde Dios manifiesta su Gloria a Moisés, le dice: 

Éxodo 34:14 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.

El pueblo de Dios vio y experimentó milagros por mano de Moisés, pero se hicieron un becerro de oro para adorarle, y luego se fueron tras los dioses de los cananeos ¡terminaron atribuyéndole los milagros a los ídolos!. El pueblo de Dios que vio señales y prodigios por mano de Elías adoraban a Baal (el dios de la prosperidad). Ninguno de ellos conoció a Dios en la intimidad, porque si le hubiesen conocido no se hubiesen prostituido tras dioses falsos. ¿Cuántas personas en nuestras iglesias han experimentado el poder de Dios pero han terminado prostituyéndose tras dioses falsos? ¡demasiadas! ¿porqué? porque experimentaron milagros, que son operaciones externas, señales, mas no llegaron hasta donde esas señales apuntan: hasta Dios, que cambia el interior del hombre.

Muchas veces Dios se esconde tras los milagros, para saber si tu corazón le busca a Él, o busca lo suyo; unos se quedan en los milagros, pero otros siguen hasta conocer al autor de los milagros. 

 Lucas 17:12-19 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!  Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.  Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?  ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Retomemos la experiencia de Elías en el monte de Dios:

1Reyes 19:12-13 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.  Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

  • un silbo apacible y delicado… (Reina Valera 1960) 
  • el susurro de una brisa apacible… (La Biblia de las Américas); 
  • el susurro de una brisa suave… (Nueva Biblia de Jerusalén); 
  • la voz de una brisa delicada. (Versión Kadosh) 
  • un suave murmullo (NVI)

Elías, el gran profeta, el guerrero de Dios que no temía enfrentarse solo ante el rey de Israel, ni tenía miedo de enfrentarse solo ante una multitud de profetas de Baal y avergonzarlos, como tampoco tuvo miedo de pedir que cayese fuego del cielo y consumiera a dos compañías de cincuenta soldados  con sus capitanes. Elías, el hombre de los portentos externos, que alguna vez fuera alimentado por cuervos; ahora necesitaba que un ángel le tocara y le fortaleciera en medio de sus angustias internas.

Ahora, un silbo apacible, un susurro, una brisa delicada y suave le envolvía; el manto del amor de Dios le cubría, mientras él se cubría el rostro con su manto por reverencia ante la Presencia de su Dios. Ni cuando estuvo ante el rey, o ante el pueblo, o ante los profetas de Baal, se nos dice que Elías haya cubierto su rostro, aunque hubiesen sucedido hechos extraordinarios; pero ahora no estaba frente  a la multitud, estaba a solas con Dios, en la intimidad. Ahora no era el hombre rudo, ni el profeta de fuego, sino el simple hombre que necesita imperiosamente la divina Presencia que trae sosiego al alma. Ahora no invoca a Dios, ni a su fuego, ahora está escondido en la cueva, como un ciervo herido y asustado, y es Dios mismo quien viene a su encuentro. Ahora ya no levanta la voz para hablar a otros en nombre de Dios, ahora es Dios mismo quien le habla a él.

Ministro, obrero, siervo de Dios, cualquiera sea tu posición en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cada cierto tiempo Dios  permitirá que te escondas en la hendidura de la peña, huyendo de las personas, propias o extrañas, como un ciervo herido y temblando. Tal vez porque glorificaste a Dios y ello te ha sido como una sentencia de muerte de parte de tus adversarios. Los milagros, las experiencias, las multitudes serán solo como un sueño lejano; ahora tu alma solo deseará Su Presencia, la comunión más profunda y más íntima con tu Dios, porque nada más podría dar consuelo a tu alma angustiada. Y Él, que es clemente y misericordioso vendrá a tu encuentro. Por esto, persevera en la oración, sube al monte de Dios, apártate de la multitud, aunque tengas que estar escondido en la cueva oscura, fría y solitaria. Persevera gimiendo hasta que se haga de día y resplandezca Su luz; espera aferrado a la fe en Aquel que te apartó desde el vientre de tu madre, hasta que Su voz como un susurro te llame por tu nombre… ¿Qué haces aquí, Elías? 

 

 ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede permanecer en su santo templo?
 El que tiene las manos y la mente
limpias de todo pecado;
el que no adora ídolos
ni hace juramentos falsos.
El Señor, su Dios y Salvador,
lo bendecirá y le hará justicia.
 Así deben ser los que buscan al Señor,
los que buscan la PRESENCIA del Dios de Jacob.

(Salmos 24:3-6)

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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6 respuestas a Los Milagros y la Presencia de Dios – El profeta Elías

  1. Manuel Topin dijo:

    Hermanos en Cristo Jesus,muchas gracias por este gran mensajes que me anima a seguir adelante soy un principiante a predicador del Evangelio,he aprendido muchas e impactantes avivamientos de cada predicadores que levantaron un pueblo de Dios para la Gloria de Dios que nuestro Señor Jesucristo les colman de sus ricas bendiciones sobre cada uno de ustedes amén.

    • Saludos Manuel, te animamos entonces a que perseveres en la oración y en la predicación del Evangelio, estas dos cosas juntas siempre dan buenos frutos. Saludos fraternales, que el Señor te bendiga.

  2. Jorge Espinosa/Ecuador dijo:

    No he me atraen los milagros, me atrae su presencia, deseo y es mi anhelo ser transformado por su fuego consumidor de su presencia, en las reuniones de la iglesia me inquieta no las multitudes como dice el artículo, me inquieta que los hermanos sientan el deseo de dejar sus entra y sale y solo asistir y ser reconocidos, para que haya transformación en sus vidas también con Su presencia, que coincidencia estoy en la cueva y mientras alli he escuchado la canción de Marcos Brunet que habla de la presencia de Dios, otra, beso tus pies, etc. mas el pastor ante una declaración desde el púlpito, que manifesté no estar de acuerdo el introducir la cultua musical del mundo a la iglesia dice “me tienes intrigado” no quiero perder la comunión ni la paz, permanezco en la cueva esperando su manifestación de su presencia, y estoy probando ir a otra congregación local, muy bueno el artículo y para mi muy a tiempo. Bendiciones hermanos.

    • Saludos Jorge, a veces la “cueva” del monte santo es el mejor lugar para permanecer hasta oír la voz de Dios. El Señor siempre responde cuando le anhelamos de todo corazón y nos apartamos en oración, y no solo oramos sino que perseveramos hasta obtener la respuesta de nuestro Padre. Que el Señor te guíe en la decisión que debes tomar, sobre todo guarda tu integridad, cuando lo mundano quiera entrar a la iglesia no cedas, aunque te cueste todo y aunque tengas que oponerte a todos, con humildad claro está, pero con firmeza. Bendiciones y un abrazo fraternal.

  3. gracias heramanos, como siempre, recibimos agua en medio del desierto de la vida, mas ¿como puedo tener o descargar estos estudios? quisiera leerlos y estudiarlos con mas detenimiento, cosa que en linea no siempre es posible hacerlo. Dios les siga usando y bendiciendo para su gloria y honra eterna.

    • Hermano, intentaremos prontamente juntar todos los artículos en un PDF descargable, para el que lo desee guardar en su PC. Apenas tengamos un poco de tiempo nos pondremos con ello. Gracias por la sugerencia y bendiciones hermano Jesús del Angel.

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