Imitadores de Dios

 Imitadores de Dios

“Porque Dios amó a los hombres, por amor a los cuales había hecho el mundo, a los cuales sometió todas las cosas que hay en la tierra, a los cuales dio razón y mente, a los cuales solamente permitió que levantaran los ojos al cielo, a quienes creó según su propia imagen, a quienes envió a su Hijo unigénito, a quienes Él prometió el reino que hay en el cielo, y lo dará a los que le hayan amado. Cuando hayas conseguido este pleno conocimiento, ¿de qué gozo piensas que serás llenado, o cómo amarás a Aquel que te amó antes a ti? Y amándole serás un imitador de su bondad. Y no te maravilles de que un hombre pueda ser un imitador de Dios. Puede serlo si Dios quiere. Porque la felicidad no consiste en enseñorearse del prójimo, ni en desear tener más que el débil, ni en poseer riqueza y usar fuerza sobre los inferiores; ni puede nadie imitar a Dios haciendo estas cosas; todas estas cosas se hallan fuera de su majestad. Pero todo el que toma sobre sí la carga de su prójimo, todo el que desea beneficiar a uno que es peor en algo en lo cual él es superior, todo el que provee a los que tienen necesidad las posesiones que ha recibido de Dios, pasa a ser un dios para aquellos que lo reciben de él, es un imitador de Dios.” (1)

Este texto pertenece a la Carta a Diogneto, la primera apología del cristianismo (que se conserva) dirigida a un gentil (probablemente al emperador Adriano). Una joya de la literatura patrística del siglo II, y sinceramente, mi favorita entre los escritos post-apostólicos. Entre tantas perlas que contiene, se encuentra esta que hemos leído: “no te maravilles de que un hombre pueda ser un imitador de Dios”. Anteriormente, más al comienzo de la carta, el autor deja bien en claro que Jesús no es una criatura especial, ni un ángel, ni una potestad celeste, sino que es el mismo Dios encarnado. Hablando de a quién envió el Padre, dice: “…no como alguien podría pensar, enviando a la humanidad a un subalterno, o a un ángel, o un gobernante, o uno de los que dirigen los asuntos de la tierra, o uno de aquellos a los que están confiadas las dispensaciones del cielo, sino al mismo Artífice y Creador del universo, por quien Él hizo los cielos…” (2) 

Maravillosa declaración de ortodoxia, el Padre eterno enviando a su Hijo eterno, Dios hecho hombre. Y es a este “Dios hecho hombre” al que se nos manda imitar. Si habéis leído el libro Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, lo comprenderéis mejor, y si no, es suficiente con el mandato de Pablo:

Efesios 4:31-5:2  “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.”

Elsed, pues, imitadores de DiosPablo lo coloca en un contexto de amor y misericordia, lo mismo que hace el autor de la carta a Diogneto. Perdonar a los otros como Cristo nos perdonó a nosotros, amar a los otros como Cristo nos amó a nosotros, esto es básicamente ser imitadores de Dios.

En el artículo anterior hablé de los “neo”: neo-pentecostales, neo-carismáticos y neo-reformados. En realidad, no son nada “nuevo” ni han traído mucho de “bueno” al cristianismo, pero sí han ayudado a la aparición de otro grupo: los “neo-ateos”. Estos, a diferencia de los simplemente “ateos”, son mucho más combativos, más organizados, más radicales y extremistas.

El ateísmo dice “Dios no existe”, el neo-ateísmo dice: “No hay que dejar que Dios exista”. Por lo que, en la mayoría de los casos, los neo-ateos no son personas que no creen en Dios, sino personas que están enojadas con Dios; y tal vez tengan razón de estarlo.

Este diálogo se produjo entre Felipe y Jesús:

Juan 14:8-11  Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?  ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

Más allá de la doctrina cristológica, y de la unidad de las Personas de la Trinidad que este texto encierra, hay otra enseñanza práctica para nosotros, la encontramos más adelante en el mismo texto, cuando el Señor Jesús les dice a sus discípulos:

Juan 14:20-23  En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.  El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?  Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

El Señor dijo que se manifestaría a nosotros no al mundo, ¿cómo? “vendremos a él, y haremos morada con él”, es decir: Dios en nosotros (por su Espíritu Santo).

Bien, ahora completemos el círculo con esta declaración de Pablo:

1 Corintios 11:1  Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

Recién dije que algunos neo-ateos  están enojados con Dios, y tienen razón de estarlo. Porque ellos rechazan “al Dios que ven en nosotros”. Nosotros somos la imitación y el reflejo de Cristo, y la imagen que el mundo tenga de Dios será la que vean en nosotros.

Jesús dijo que no se manifestaría al mundo sino a sus discípulos, y sus discípulos son los encargados de manifestar a Cristo al mundo, ¿cómo? Imitándole. Para hacerlo más gráfico, vamos a cambiar el diálogo entre Felipe y el Señor, y lo pondremos como un diálogo entre un ateo y un cristiano, sería más o menos así:

“El ateo le dijo: Cristiano, muéstranos a Dios, y nos basta. El cristiano le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Ateo? El que me ha visto como vivo, está viendo a Cristo; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos a Dios?  ¿No crees que yo soy en Cristo, y Dios en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre y el Hijo que moran en mí, se manifiestan en mis obras.  Creedme que yo vivo en Dios, y Dios en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.”

Esto que acabo de escribir no suena tan descabellado, si en primer lugar, no me confundes con uno de esos “nuevos apóstoles”  que enseñan que somos dioses o Jehová Junior -eso es herejía Y en segundo lugar, si recuerdas las palabras de Jesús que mencionamos anteriormente: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” Si Dios mora en nosotros, las palabras y las obras que digamos y hagamos serán un reflejo de Él; de esta manera Dios se manifiesta al mundo, de esta manera el mundo creerá en Él. Una cosa es creernos dioses y otra ser imitadores de Dios, lo primero huele a azufre, lo segundo, a ortodoxia.

Antes de lanzarnos ciegamente al ataque, como “los Vengadores de Dios”, contra el “ejército impío de ateos” que nos asedian, ¿por qué mejor no hacemos una auto-crítica y consideramos si el problema no somos nosotros, en vez de ellos? ¿Realmente somos imitadores de Dios? ¿Pueden ver los incrédulos a Cristo en nosotros? ¿Somos un fiel reflejo, o estamos distorsionando la imagen de Dios? ¿Los ateos están rechazando a Dios, o a la patética imagen que reflejamos de Él?

Y es aquí donde entran en juego los “neo” en sus diferentes ramas cristianas.

Me voy a poner en primer lugar. Si yo, como pentecostal, digo que en el culto el Espíritu “me toma” y comienzo a saltar como una rana, a gritar en lenguas como un desquiciado, a danzar como una especie de tornado por el salón… y entra un incrédulo…  ¿es esa la imagen de Dios que le estoy brindando? Y no me respondas con: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” [1Co 2:14] Porque precisamente Pablo nos dice a nosotros, que discernamos por el bien de los incrédulos: “Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?” [1Co 14:23] ¿Y qué les dice Pablo? ¿Que sigan hablando como un nido de cotorras, que no importa lo que digan los incrédulos porque, total, la gloria es para Dios? No, muy por el contrario, les dice: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete… pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz.”  [1Co 14:27,33]

No es en la confusión donde reflejamos a Dios, sino en la paz; no es actuando como locos sino como sobrios, que convenceremos al mundo de su locura.

Pero hay más, hay otros que son muy ordenados pero son tan intolerantes que no reflejan a Dios, sino a Terminator. A un ser que no puede ni reír ni llorar, que no siente gozo ni dolor, ni compasión. Un ser que si se lastima un ojo no grita, simplemente se lo quita y cambia por otro: “ese ojo salió de nosotros, pero no era de nosotros, hasta la vista baby”.

Y en esa especie de Teocracia apocalíptica, que pretenden imponer, el mundo se divide en dos: los malos y los buenos. Los malos, como se van a ir al infierno de todos modos, mejor si los acabamos antes, y los buenos (que son muy pocos, y son ellos) tienen derecho de imponer su criterio. Y es allí donde yerran gravemente: el cristiano no está para imponer sino para influenciar.

Porque ante la imposición de la religión se levantan las armas de la rebelión atea, pero ante la influencia del cristiano el mundo se desarma; no existen armas para combatir la compasión.

Personalmente me sería imposible ser ateo, porque he visto a Dios. Lo he visto reflejado en sus hijos, tuve la dicha desde que conocí el Evangelio, de rodearme de personas que aman a Dios y lo reflejan.
Reconozco que si alguien se convierte en cristiano, y comienza a ver la hipocresía de vida de los cristianos que le rodean, le será muy difícil permanecer, pues dirá: “si así son los hijos ¡cómo será el Padre!

La influencia es vital, tanto dentro de la iglesia como fuera. Nosotros somos el reflejo de Dios, que vive en nosotros por su Espíritu; somos imitadores de Cristo. Lamentablemente muchos de los que rechazan a Dios no lo están rechazando a Él, sino a la mala imagen que damos de Él: un dios neurótico, un dios intolerante, un dios insensible, un dios manipulador, un dios codicioso de dinero, un dios hipócrita, un dios inmisericorde…. lo que vean en ti.

Por último, releamos las palabras de la Carta a Diogneto: “Y amándole -a Dios- serás un imitador de su bondad… todo el que toma sobre sí la carga de su prójimo, todo el que desea beneficiar a uno que es peor en algo en lo cual él es superior, todo el que provee a los que tienen necesidad las posesiones que ha recibido de Dios, pasa a ser un dios para aquellos que lo reciben de él, es un imitador de Dios.”

Un ateo se puede burlar de tu fanatismo, de tu ignorancia, de tu arrogancia, o también de tus palabras, aunque sean ciertas. Pero hay algo de lo que nunca se podrá burlar, y es de tu amor y misericordia genuina. ¿Has visto a un ateo burlarse de un cristiano porque le da protección al huérfano, o a la viuda, o defiende al pobre? No tiene argumento contra eso, ¿recuerdan aquella vez que querían apedrear a Jesús en el templo, qué les dijo el Señor?

Juan 10:31-33 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.  Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?
Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

No tenían justificativo legal para apedrearle. No querían aceptar lo que Jesús decía, es cierto, pero tampoco podían condenarle por sus obras; y al final tuvieron que buscar testigos falsos para poder crucificarle ¡era irreprensible! Si se burlan de nosotros porque decimos que somos hijos de Dios, que se burlen, mientras vivamos como tales. Ahora, si se burlan de nosotros porque diciendo que somos hijos de Dios vivimos como hijos del diablo, nos merecemos la piedra.

Puede que me digas que el Evangelio no consiste en buenas obras, y que no somos “la casa de la caridad”, pero Jesús dijo:

Mateo 5:16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Queremos que Dios esté en las leyes civiles, que sus leyes estén en el gobierno secular, en la escuela, en la televisión, en la medicina, en la ciencia, en todos lados… menos en nosotros. Queremos imponer a Dios, no mostrarlo.

Ya tenemos suficientes casos, en tiempos pasados -tanto del lado católico como protestante- de lo desastroso que resulta el querer imponer a Dios construyendo una especie de Teocracia.

No deja de ser paradójico que Lutero y otros reformadores que predicaban la Sola Fe, no les alcanzara la Fe, y necesitaron del poder político y de la espada para imponerla.

Más aun, actualmente tenemos dos naciones que se creen con potestad divina para imponer su criterio, tristemente alentadas por muchos pastores: una es Estados Unidos y la otra el Estado de Israel. ¡Dios bendiga a América, Dios bendiga a Israel… y al que se oponga, un misil para él!

Lo peor es que hay cristianos que todavía apoyan esto. No me extraña que arrecien los ateos.

Por mi parte, y conforme a la Escritura, reconozco a un solo pueblo elegido, y es el que nos dice el apóstol Pedro:

1 Pedro 2:9  Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Sí, y ese pueblo es la Iglesia. ¿Has notado que dice para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó? ¿Y cómo las anunciamos? ¿Cómo se anuncia una virtud? Lo dice seguidamente,

1 Pedro 2:12  manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

Mientras escribo esto, el sol se refleja en la ventana del edificio de en frente, no puedo ver la ventana (sé que está ahí porque ayer que estaba nublado la vi) hoy solo puedo ver el sol en ella y me deslumbra, es una potente imitación del sol. Que hermoso sería que los hombres vieran en nosotros el reflejo de Dios, y fuesen deslumbrados por Él.

  “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” Efesios 5:1

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos – 2017- ©

Este material es de libre distribución e impresión, siempre que se respete la forma íntegra del texto, sea sin fines comerciales y se haga mención de la fuente.

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Referencias:

(1) Carta a Diogneto 10– Alfonso Ropero, Lo Mejor de los Padres de la Iglesia

(2) Carta a Diogneto 7  –  Alfonso Ropero, Lo Mejor de los Padres de la Iglesia

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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4 respuestas a Imitadores de Dios

  1. José Hernández dijo:

    Nuevamente, gracias, hermano. Aunque estemos distanciados geográficamente, espiritualmente estamos juntos, lo cual trae a mi memoria el Salmo 133:1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!, y también Hechos 2:1 donde dice al final: ” estaban unánimes juntos”. Estas últimas reflexiones que Ud. nos ha compartido me han servido para aclarar un cúmulo de pensamientos que el Señor con antelación había puesto en mi corazón. Por medio de ellas he podido darle sentido al camino que Dios ha puesto delante de mi y a la vez
    llevarles a mis hermanos en Cristo el verdadero propósito al cual han sido llamados: SER IMITADORES DE CRISTO, para mostrar al mundo la hermosura de su majestad y que no hay nada que se le compare. ¡Alabado sea el Señor por siempre! No hay palabras para expresar el gozo que se siente al vivir en comunión con Él.
    El Señor tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros.

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    • Saludos hermano José, es verdaderamente bueno estar en comunión, en armonía; es la única forma de que la Iglesia sea edificada conforme a la voluntad de Dios. Que el Señor nos ayude a trabajar por esa unidad, para que el mundo vea en nosotros la luz de Cristo, que seamos irreprensibles. Bendiciones estimado José, que el Señor le siga guardando y guiando en su caminar.

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  2. César Gómez dijo:

    muy importante este artículo, creo que en una época en que el llamado de Dios o el Ministerio es tan mal interpretando, es importante que el cristiano entienda que este es su llamado promario:Imitar a Dios.

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