Los profetas… esas voces silenciadas

En la Historia del cristianismo podemos encontrar tres períodos de auge en relación al ministerio del profeta.

El Primer Período es, obviamente, el de la iglesia primitiva. Primeramente en su fase apostólica, es decir, cuando vivían aún los apóstoles del Cordero y los demás apóstoles fundacionales, como por ejemplo Santiago el hermano del Señor, que sin ser uno de los doce tenía indudablemente autoridad apostólica. En este período los profetas se movían con suma libertad por la iglesia naciente.

Hechos 11:27-28a  En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo…

Hechos 13:1a   Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros…

Efesios 3:5  misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:

Efesios 4:11  Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.

Y dentro de ese mismo Primer Período de la iglesia primitiva, pero en su fase post-apostólica, seguía habiendo profetas y apóstoles junto con los maestros, obispos y diáconos. Esto lo podemos verificar en uno de los primeros escritos no canónicos, La Didaché (o doctrina de los apóstoles), “el documento más importante de la era post-apostólica y la más antigua fuente de legislación eclesiástica que poseemos(Quasten – Patrología – Tomo I)

Didaché XI. (4) Todo apóstol que venga a vosotros, acogedlo como al Señor (5) pero no permanecerá más que un sólo día; mas si tiene necesidad, también otro; mas si permaneciere tres es profeta falso. (6) Cuando se marche el apóstol no se lleve más que pan, hasta donde se aloje; si pidiere dinero, es profeta falso. (8) Mas no todo el que habla en espíritu es profeta, sino si tiene las costumbres del Señor. Así, por las costumbres se discernirá el falso profeta y el profeta (verdadero). (10) Todo profeta que enseña la verdad, si lo que enseña no lo hace, es profeta falso. (12) Si alguno dijere en espíritu: dame dinero y otras cosas, no le escuchéis; pero si dijere dar a otros que tienen necesidad, nadie le juzgue.

Didaché XII. “Todo el que viene en nombre del Señor” sea acogido; después, poniéndolo a prueba, conocedlo, porque tenéis sentido de lo recto y de lo no recto. (2). Mas si el que viene está de paso, ayudadle, cuanto podáis; no permanezca con vosotros sino dos o tres días, si hay necesidad. (3) Mas si quiere asentarse junto a vosotros, teniendo un oficio, trabaje y coma. (4) Pero si no tiene oficio, proveed según vuestro sentido para que no viva ocioso un cristiano entre vosotros. (5) Mas si no quiere obrar así es un traficante de Cristo; guardaos de los tales.

Didaché XV. Designaos obispos y diáconos dignos del Señor, varones mansos y desinteresados y auténticos y probados; porque también ellos ejercen para vosotros el ministerio litúrgico de los profetas y maestros. (2) No los miréis con altivez; porque, junto con los profetas y maestros, deben ser honrados por vosotros.

El Segundo Período del auge de los profetas es en la Reforma Protestante, en el Siglo XVI. Por un lado tenemos una proliferación de auto-proclamados profetas entre los denominados “anabaptistas”, y por el otro lado tenemos a los “reformadores magisteriales”, hablando, escribiendo y haciendo ejecutar sus “doctrinas verdaderas” por medio del brazo secular, es decir, por medio de los príncipes y magistrados con no menos convicción profética que sus oponentes. Los dos bandos proclamaban por igual: ser los auténticos portadores de la verdad.

El término anabaptista o rebautizante, se le aplicaba a todo aquel que se opusiera al bautismo de niños, o que habiendo salido del catolicismo, se hiciera bautizar de nuevo en la fe protestante o evangélica.  Recordemos que los principales Reformadores (Lutero, Calvino, Zwinglio, Matín Bucer, Ecolampadio, Bullinger…) condenaban y perseguían a todo aquel que se opusiese al bautismo de infantes, a los cuales metían en el mismo saco bajo el calificativo despectivo de “anabaptistas” o “los que se bautizan de nuevo”.

Dentro de los anabaptistas había de todo, ultra-pacifistas, belicosos, trinitarios, anti-nicenos, espiritualizantes, libertarianos, erasmianos, deterministas, judaizantes, etc. Unos, cristianos de vida intachable y abnegada, otros, desordenados y licenciosos. Pero también entre ellos surgieron los más valerosos mártires.

Más allá de esto, era mayormente entre los anabaptistas donde, por medio de la predicación de hombres notablemente ungidos, las personas se convertían bajo profunda convicción de pecado.

Mientras los Reformadores se encargaban de que sus doctrinas fuesen aceptadas por el gobierno y aplicadas en los territorios bajo su dominio, lo cual implicaba el peligro de la imposición de una “religión oficial” ( ya sea luterana, zwingliana o calvinista) con la consecuente aceptación meramente nominal de la nueva fe, por parte de muchos, pero sin un evidente cambio moral. Los anabaptistas, que se oponían mayoritariamente a la unión Iglesia-Estado, hacen resurgir los grandes predicadores al aire libre y los predicadores de arrepentimiento, “capaces de llevar a sus oyentes a una emocionada conciencia del pecado y de la necesidad del perdón” (La Reforma Radical – G. H. Williams)

Dentro del anabaptismo hubo hombres de predicación profética y encendida, que convirtieron a miles, hubo asimismo abundantes manifestaciones de los dones del Espíritu, incluido el hablar en lenguas; también las mujeres tuvieron una participación activa en la obra evangelística. Pero a la par de esto, hubo “apóstoles” y “profetas” delirantes que por medio de sus “visiones” y “profecías” causaron guerras, y masacres. Y bajo la “inspiración directa de Dios” establecieron las prácticas más aberrantes como la poligamia, el nudismo y el sexo comunitario (intercambio de esposas). Otros actuaban literalmente como niños o bebés porque de esa manera “entrarían al reino de los cielos”; y por supuesto también estaban los que bajo el pretexto de que “la letra mata”, quemaron literalmente sus Biblias para ser solamente “guiados por el Espíritu”. Muchos de estos auto-proclamados apóstoles y profetas exigían que se les llamase así, y se les reconociera la suprema autoridad apostólica por sobre los demás líderes.

Los Anabaptistas y Los Reformadores Magisteriales tenían algo común, aunque en distinto grado: la “urgencia escatológica”, es decir, la convicción de la inminente segunda venida de Cristo. Esto les producía a todos ellos el sentido de ser auténticos “profetas”, los hombres de los últimos tiempos que preparaban a la Iglesia para el encuentro con su Esposo. No olvidemos que el mismo Lutero afirmaba con seguridad la inminencia del fin del mundo.

“Este año de nuestra salvación 1540, de Mahoma 940, del papa 960, este año hace el 5.500 de la creación del mundo; por eso es de esperar que tenga lugar el fin del mundo, puesto que no se ha de completar el sexto milenio, al igual que no se completaron los tres días de Cristo muerto”    (Martín Lutero -WA 5.813).

A Lutero se le consideraba “un instrumento de Dios y un profeta”; y él hablaba con la convicción de ser el profeta cuya doctrina no puede estar equivocada:

“Y esta convicción es la única que capacita para acometer una empresa, para mantenerse sin desmayo en ella y para poder proclamar: Los equivocados y los que no tienen razón sois todos vosotros; mi doctrina es la única recta y la segura verdad de Dios, en ella permaneceré aunque todo el mundo opine lo contrario. Porque Dios no puede engañar, y yo poseo su palabra que no ha de fallar y prevalecerá contra todas las puertas del infierno [Mt 16, 18]. Él mismo me alienta al decir: «Yo pondré en tu camino oyentes que acepten tu enseñanza; déjame a mí este cuidado, que yo velaré por ti. Lo único que tienes que hacer por tu parte es permanecer asido a mi palabra»”    (Martín Lutero – Charlas de Sobremesa 13)

Otro de los reformadores magisteriales, Zwinglio, en la ciudad de Zúrich, “estaba determinado a establecer una teocracia profética de todo el pueblo o cristiandad cívica” (La Reforma Radical – G. H. Williams). Recordemos que a Zwinglio se le llamaba el “profeta-guerrero-estadista”, aunque acabó muerto y descuartizado, en el campo de batalla en 1531.

Por su parte, Calvino, no menos “profeta” en su forma de hablar y de tratar a los que no pensaban como él, escribía sobre uno que acabó sometiéndose a su magisterio:

 “ha regresado con toda buena fe al seno de la iglesia. Ha confesado que fuera de la iglesia no hay salvación, y que la iglesia auténtica es la que está con nosotros. Por lo tanto, era una defección haber pertenecido a una secta separada de ella. Se confesó, pues, culpable de ese crimen y suplicó que se le perdonara.”  (Carta de Calvino a Farel, 27 de febrero de 1540)

Era un “crimen” no coincidir doctrinalmente con Calvino, pues con él estaba la verdadera iglesia, y fuera de ella no había salvación. Lo mismo afirmaban Lutero y Zwinglio. La convicción de ser los “auténticos portavoces de Dios” era una característica común de los Reformadores Magisteriales.

Como acabamos de ver, en este Segundo Período de resurgimiento profético, los dos bandos, tanto los protestantes de la Reforma oficial, como los evangélicos de la Reforma Anabaptista o Radical; tuvieron sus voces proféticas así verdaderas como falsas.

El Tercer Período de resurgimiento apostólico y profético es, sin dudas, el actual momento en que atraviesa la Iglesia. Desde el siglo XVI hasta hoy, nadie había osado reclamar estos títulos ministeriales. Basta leer el cartel de eventos de cualquier congregación para encontrar la palabra “apóstol” o “profeta” entre los conferencistas o predicadores visitantes; ningún evento que se aprecie está completo sin ellos.

He escuchado y leído a muchos de estos apóstoles y profetas, los cuales, después de haber soportado sus delirios, han pasado a engrosar mi lista de “falsos”. No tengo ningún problema en admitir que, si me piden que nombre a un apóstol auténtico de hoy, respondería “no reconozco a ninguno”. Obviamente no incluyo a la iglesia perseguida o subterránea, donde lo que ellos experimentan está a años luz de nuestra plácida vida cristiana occidental.

Pero en occidente, y más precisamente en Latinoamérica, no podría mencionar un apóstol genuino, y no me refiero a un apóstol fundacional (de los que vieron a Jesús, o pertenecieron al primer siglo de la Iglesia y que pusieron los fundamentos doctrinales) porque de esos ya no existen ni existirán. Pero tal vez en la iglesia perseguida, en los lugares no evangelizados, haya hombres con una autoridad o unción más extraordinaria de lo habitual, que estén conquistando nuevas tierras para Cristo.

En cuanto a profetas, si me dicen que mencione uno, no tengo ninguna duda: Leonard Ravenhill. Si alguien quiere saber qué es un profeta, que escuche sus prédicas. Hay una diferencia notable entre un pastor, un maestro, un evangelista y un profeta. El gran A. W. Tozer (otro profeta genuino) solía decir que “la voz de los escribas ha silenciado la voz de los profetas”.

“Estas espantosas horas claman fuertemente por hombres con el don penetrante de la profecía. En lugar de esto, tenemos hombres que organizan reuniones, encuestas y paneles de discusión.”     (A. W. Tozer – La Vida Más Profunda – Cap. 3)

El ministerio del profeta no es muy común, supongo que alguno habrá en la actualidad, siempre hablando de occidente. Claro que para encontrarlos debes comenzar descartando a todos los predicadores que delante de su nombre ponen: “profeta”, porque uno verdadero nunca aceptaría que lo llamen así.

El profeta genuino no se anuncia, no lo necesita, al escucharlo las personas sabrán que él tiene “algo especial”. No sabes que es, pero sus palabras traspasan el corazón, son como flechas ardientes. Cuando un profeta predica no saldrás del culto diciendo ¡que buen sermón!, saldrás del culto mudo, porque esas palabras te habrán desafiado de tal manera que no tendrás otra alternativa que, o tomar una decisión radical, o endurecerte más y hundirte en el letargo espiritual. Un profeta será amado u odiado, pero difícilmente ignorado.

Los profetas no son adivinos ni futurólogos, son simplemente, como decía Ravenhill: “los hombres de emergencia de Dios, para las horas de crisis”, y verdaderamente la Iglesia de hoy está en crisis y necesita de las voces proféticas.

Las voces de los maestros, preparados en la buena doctrina y con capacidad para transmitirla, son fundamentales en este tiempo; pero que nadie se confunda, esas voces no son suficientes (a menos que quieras tener una iglesia de visión limitada).

La iglesia de hoy también necesita las voces de genuinos pastores, que tengan el corazón del buen pastor (no de un tirano). La iglesia de hoy necesita misioneros que sean nuestros ojos y nuestras manos alcanzando hasta lo último de la tierra (no turistas pagados con el diezmo de los pobres, haciéndose selfies al lado de un camello en algún país exótico). La iglesia de hoy necesita verdaderos evangelistas (no showman de luces psicodélicas y gritos manipuladores). La iglesia necesita imperiosamente profetas que sacudan las conciencias (no tarotistas del púlpito que te digan que “este será el año de tu cosecha”, ni un coach para alentarte en el cumplimiento de tus sueños o la alimentación de tu ego).

Las Escrituras son bien claras, en ningún lado hablan de una cesación de este ministerio, y Efesios capítulo 4 dice expresamente hasta cuándo deben durar.

El mismo Señor nos advirtió sobre los últimos tiempos

Mateo 24:11  Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos

Si para entonces no debería haber profetas verdaderos, en vano es que el Señor hable de “falsos”, hubiese dicho sencillamente “y muchos profetas se levantarán y engañarán”; pues no quedando ya originales se supone que todos son falsos.  Así, cuando Pedro advierte:  “como habrá entre vosotros falsos maestros” (2 Pedro 2:1) no significa que no quedarán maestros verdaderos. Donde hay un falso, es porque hay un original también.

Si tenemos en claro que un profeta no está para traer doctrinas nuevas o extrañas, ni revelaciones misteriosas, sino para despertar un sentido de urgencia a la obediencia a Dios en los corazones de los creyentes; no tendremos miedo de que surjan nuevos profetas.

Los profetas son esencialmente predicadores, y es muy distinta una predicación a una enseñanza, y la una no puede reemplazar o ahogar a la otra; no al menos sin traer nefastas consecuencias para la iglesia. El que no estemos acostumbrados a oír voces proféticas no significa que no existan, o que nos tengamos que conformar con una sola voz desde los púlpitos.

Por cierto, no ha sido buena idea que los músicos usurpen los púlpitos; como tampoco es buena idea que los maestros pretendan tener el monopolio de los mismos. Hay una voz que falta, y es la voz de los profetas.

Como nos advirtió Tozer, no dejemos que las voces de los escribas silencien a las voces de los profetas. Necesitamos urgentemente a ambas.

 

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos – 2017

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Extracto  de una predicación de Leonard Ravenhill en un congreso de líderes

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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5 respuestas a Los profetas… esas voces silenciadas

  1. Gabriel Esteban dijo:

    muy buen articulo, a mi entender el hermano David Wilkerson era otro profeta aunque nunca lo admitió, que el Señor siga levantando sus voces…

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  2. HERNAN dijo:

    HERMOSO ARTICULO, POR LA GRACIA DE DIOS ME HE CRUZADO CON VARIOS DE ESTOS PROFETAS, EN LIBROS , EN VIDEOS , NO CARA A CARA TODAVIA, UN GUSTO MUY GRANDE CONOCERLOS HERMANOS , DE QUE PAIS SON , TIENEN ALGUN TELEFONO PARA LLAMARLOS. HERNAN UN HERMANO

    Le gusta a 1 persona

  3. Reblogueó esto en Luz para las Naciones Internacionaly comentado:
    Aquí les dejo un extracto de la disertación publicada ayer, os hará pensar muchisimo en quién se levantará para luchar contra el incremento de la Apostasía en América Latina.

    Cecilia Eugenia Peraza Salazar
    Arquitecto Misionero y Pastora Asesora
    luzparalasnacionesinternacional.wordpress.com
    Celular, WhatsApp y Skype 503 75606227

    Me gusta

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