Juan Calvino ¿ Profetas y Apóstoles, hoy?

Vimos en el último artículo que “la Iglesia necesita Profetas”, y que los tres períodos que se caracterizaron por la aparición de estos, junto con los apóstoles (ya sean falsos o verdaderos), fueron: La Iglesia Primitiva, La Reforma Protestante y el Presente Período de la Iglesia.

En cuanto al Segundo Período, el de la Reforma Protestante, vimos como los Reformadores Magisteriales, al menos Lutero, Calvino y Zwinglio, en cierta forma estaban convencidos de tener un ministerio especial, distinto al resto. Leyendo sus escritos, uno vislumbra cómo ellos estaban convencidos de ser una especie de profetas o apóstoles de su época, e hicieron valer la autoridad (civil y eclesiástica) para que así fuese.

Como esta es una página de relatos históricos, no de una postura doctrinal especial, me parece interesante compartir lo que dice el propio Calvino sobre estos dos ministerios: 

“Es preciso que tratemos ahora del orden según el cual ha querido Dios que fuese gobernada su Iglesia…

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.  (Efesios 4:11-12)

“He aquí cómo se realiza la restauración de los santos. He aquí cómo se edifica el cuerpo de Cristo; cómo somos unidos unos con otros; cómo somos llevados a la unión con Cristo: cuando la profecía tiene lugar entre nosotros, cuando recibimos a los apóstoles, cuando no despreciamos la doctrina que nos es presentada. Por tanto, todo el que pretende destruir este orden y modo de gobierno, o lo menosprecia como si no fuese necesario, procura la destrucción y la ruina total de la Iglesia. Porque ni el sol, ni los alimentos y la bebida son tan necesarios para la conservación de la vida presente, como lo es el oficio de los apóstoles y pastores para la conservación de la Iglesia.”   (Institución de la Religión Cristiana – Libro IV – Cap. III. 2)

“Por lo que hace a los que deben presidir la Iglesia para gobernarla conforme a la institución de Jesucristo, san Pablo pone en primer lugar a los apóstoles, luego a los profetas, a continuación a los evangelistas, después a los pastores, y finalmente a los doctores. De todo éstos, solamente los dos últimos desempeñan un ministerio ordinario en la Iglesia; los otros tres los suscitó el Señor con su gracia al principio, cuando el Evangelio comenzó a ser predicado. Aunque no deja de suscitarlos de vez en cuando, según lo requiere la necesidad.”  (Institución de la Religión Cristiana – Libro IV – Cap. III. 4)

Inmediatamente continúa diciendo Calvino:

“a. Los ministerios de la Iglesia apostólica. Si se me pregunta cuál es el oficio de los apóstoles, se ve claro por lo que el Señor les mandó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mc. 16, 15). No les señala el Señor límite alguno; sino que los envía para que reduzcan a todo el mundo a su obediencia, a fin de que sembrando el Evangelio por doquier, ensalzasen su reino por todas las naciones. Por esto san Pablo, queriendo justificar su apostolado, no dice que haya conquistado para Cristo una ciudad u otra, sino que ha predicado el Evangelio por todas partes, y que no ha edificado sobre fundamento ajeno, sino que ha edificado las iglesias donde el nombre del Señor no había sido nunca oído (Rom.15, 19-20). Los apóstoles, pues, fueron enviados para apartar al mundo de la perdición en que se encontraba y llevarlo a la obediencia de Dios, y por la predicación del Evangelio edificar por todo el mundo su reino; o, para decirlo con otras palabras, para echar por todo el mundo los fundamentos de la Iglesia, como primeros y principales maestros y artífices del edificio. San Pablo llama profetas, no a todos los que en general declaran la voluntad de Dios, sino a los que recibían alguna revelación particular (Ef. 2,20; 4,11): De éstos, en nuestro tiempo no los hay, o son menos manifiestos.
Por el nombre de evangelistas entiendo a los que en oficio y dignidad venían después de los apóstoles, y hacían sus veces. De este número fueron Lucas, Timoteo, Tito u otros semejantes; incluso es posible que lo fueran también los setenta discípulos que Jesucristo eligió para que ocupasen el segundo lugar después de los apóstoles (Lc.10,1). Si admitimos esta interpretación – y debe serlo en mi opinión, como muy conforme con las palabras y la intención del Apóstol -, aquellos tres oficios no han sido instituidos para ser permanentes en la Iglesia, sino únicamente para el tiempo en que fue necesario implantar iglesias donde no existían, o para anunciar a Jesucristo entre los judíos, a fin de atraerlos a Él como a su Redentor. Aunque no niego con esto que Dios no haya después suscitado apóstoles o evangelistas en su lugar, como vemos que lo ha hecho en nuestro tiempo. Porque fue necesaria su presencia para reducir a la pobre Iglesia al buen camino del que el Anticristo la había apartado. Sin embargo sostengo que este ministerio fue extraordinario, puesto que no tiene cabida en las iglesias bien ordenadas.”    (Institución de la Religión Cristiana – Libro IV – Cap. III. 4)

Cualquiera que lea sin fanatismo cesacionista, estos textos de Calvino, puede notar claramente que el Reformador está haciendo dos distinciones de ministerios: los excepcionales: Apóstol, Profeta y Evangelista, de los cuales afirma que no son permanentes (pero jamás afirma que han cesado definitivamente); y los permanentes: Pastores y Maestros o doctores como le llama él (sin estos dos ministerios ninguna iglesia puede funcionar).

Calvino deja bien claro sobre los ministerios de Apóstol, Evangelista y Profeta que:   “los suscitó el Señor con su gracia al principio, cuando el Evangelio comenzó a ser predicado. Aunque no deja de suscitarlos de vez en cuando, según lo requiere la necesidad…  De éstos, en nuestro tiempo no los hay, o son menos manifiestos…  

Calvino sostiene que estos ministerios solo son necesarios cuando la Iglesia atraviesa una etapa difícil u obscura, pero en una iglesia que funciona bien no son necesarios, releamos sus palabras:

“Aunque no niego con esto que Dios no haya después suscitado apóstoles o evangelistas en su lugar, como vemos que lo ha hecho en nuestro tiempo. Porque fue necesaria su presencia para reducir a la pobre Iglesia al buen camino del que el Anticristo la había apartado. Sin embargo sostengo que este ministerio fue extraordinario, puesto que no tiene cabida en las iglesias bien ordenadas.”

Calvino afirma que Dios ha suscitado de estos ministerios extraordinarios en su época, en la época de la Reforma de S. XVI; porque el Anticristo (el Papa, según Calvino) había apartado a la Iglesia del buen camino. Si ustedes se recuerdan en el artículo anterior, puse una frase de Leonard Ravenhill que decía que los Profetas: “son los hombres de emergencia de Dios, para las horas de crisis“. Pues bien, Calvino está diciendo lo mismo, que los ministerios extraordinarios o no permanentes, solo son necesarios en las horas de crisis, cuando la Iglesia atraviesa una etapa oscura. Calvino reconoce que en su misma época Dios ha levantado de estos ministerios “como vemos que lo ha hecho en nuestro tiempo” ¿Recuerdan cómo dijimos que los Reformadores se consideraban a sí mismos, no en forma abierta sino indirectamente, Profetas y Apóstoles?

A continuación Calvino menciona los dos ministerios permanentes, los que siempre deben estar vigentes en la Iglesia, ¿pero en qué iglesia?  “en las iglesias bien ordenadas.”

“b. Ministerios necesarios en todo tiempo en la Iglesia. Vienen finalmente los pastores y doctores, de los cuales la Iglesia nunca puede prescindir. La diferencia que establezco entre estos dos oficios es que los doctores no tienen a su cargo la disciplina, ni la administración de los sacramentos, ni hacer exhortaciones ni avisos; su cargo únicamente es exponer la Escritura, a fin de que se conserve y mantenga la pura y sana doctrina en la Iglesia; en cambio, el oficio y cargo pastoral abraza todas estas cosas.”       (Institución de la Religión Cristiana – Libro IV – Cap. III. 4.b)

Calvino enseña que, en tiempos normales, cuando las iglesias están bien ordenadas, funcionando correctamente, y no hacen falta los ministerios extraordinarios; los Pastores ocupan el puesto de los Apóstoles y Evangelistas, y los doctores o maestros el de los Profetas.

“Ya sabemos qué oficios han sido temporales en el gobierno de la Iglesia, y cuáles han de permanecer para siempre. Si equiparamos a los apóstoles y evangelistas, nos quedan dos pares de oficios que se corresponden entre sí. Porque la semejanza que nuestros doctores tienen con los profetas antiguos, la tienen a su vez los pastores con los apóstoles. El oficio de profeta fue mucho más excelente a causa del don particular de revelación que comportaba. Pero el oficio de doctores persigue absolutamente el mismo fin, y casi se ejerce mediante los mismos medios… Sin embargo los pastores tienen el mismo cargo que tenían los apóstoles, exceptuando que cada pastor tiene a su cargo una iglesia determinada.”  (Institución de la Religión Cristiana – Libro IV – Cap. III. 5)

Una cosa es decir “Dios ya no levanta Profetas, Apóstoles o Evangelistas, eso era para la Iglesia apostólica“, cosa que Calvino nunca dijo,  y otra cosa muy distinta es lo que realmente afirmaba Calvino: son ministerios excepcionales para situaciones excepcionales. Después de aclarar que el ministerio de los Apóstoles del Cordero fue único, reconoce que “apóstol” abarca a más personas:

“Es verdad que san Pablo concede este honor a Andrónico y a Junias, declarándolos incluso excelentes entre los otros (Rom. 16, 7). Pero cuando quiere hablar con toda propiedad no atribuye este nombre más que a aquellos que tenían la preeminencia que hemos indicado. Y así comúnmente se emplea en la Escritura.”    (Institución de la Religión Cristiana – Libro IV – Cap. III. 5)

Unos, los primeros apóstoles instituidos por Cristo, tienen la preeminencia, pero esto no significa que no se pueda llamar así a otros, aunque no con la misma autoridad, pues los primeros son irrepetibles. Y en cuanto a los Profetas, también aclara que los primeros tenían “Revelación de doctrina”  lo cual los hacía superiores a los que vendrían después, los que vienen después no tienen “revelación para imponer doctrina”.   

Resumiendo, la enseñanza de Calvino es que, los ministerios extraordinarios no siempre están presentes en la Iglesia, solo en situaciones críticas; pues si las iglesias están bien ordenadas, con los pastores y maestros es suficiente. Pero como hemos leído textualmente en sus citas, en cuanto a los ministerios excepcionales o no permanentes (no siempre debe haberlos): De éstos, en nuestro tiempo no los hay, o son menos manifiestos.

Una cosa es limitar, y otra negar como hace el cesacionismo, torciendo aún las mismas palabras de su maestro (¿reformador- profeta contemporáneo- apóstol?) preferido.

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos 2017

 

 

 

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