Una mezcla de Calvinismo y Arminianismo es posible – Roger Olson: Teología Arminiana: Mitos y Realidades

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Mito 2

Una mezcla de Calvinismo y Arminianismo es posible

A pesar de los puntos comunes, el calvinismo y el arminianismo son sistemas de teología cristiana incompatibles; no hay un término medio estable entre ellos en las cuestiones determinantes.

EN EL CAPÍTULO UNO NOSOTROS VIMOS QUE HAY MUCHOS puntos en común entre el arminianismo evangélico (arminianismo de corazón) y el calvinismo evangélico (hasta incluso el rígido). En él he intentado mostrar que, en realidad, el calvinismo y arminianismo son expresiones de una misma fe, y que ambos, en sus clásicas expresiones, afirman la dependencia humana de la gracia de Dios para todo lo que es bueno. Por ejemplo, contrariamente a lo que muchos calvinistas parecen creer, los arminianos clásicos comparten con los calvinistas clásicos una robusta creencia en la depravación humana y en la necesidad de iniciativa divina para la salvación. Ellos concuerdan en que los humanos caídos no pueden ejercer una buena voluntad para con Dios, aparte de la iniciativa de la gracia. En este aspecto ambos honran las Escrituras y son igualmente evangélicos.

Este capítulo se ocupa de un mito diferente: que en virtud de sus puntos en común el arminianismo y el calvinismo pueden ser combinados, creando un sistema híbrido. No es inusual en los círculos evangélicos oír a los cristianos sinceros y bien intencionados declararse a sí mismos como “calminianos“, una combinación de calvinista y de arminiano. Me encontré con esta alegación innumerables veces cuando presentaba el calvinismo y el arminianismo en clases de la universidad, seminarios o iglesias. Generalmente los alumnos preguntan: “¿Por qué no puede haber un término medio entre el calvinismo y el arminianismo?”  A lo cual alguien responde: “¡Pero lo hay – se llama calminianismo!”  Un deseo sincero de crear un puente entre el abismo que ha causado tanto conflicto, crea la base para este concepto erróneo. De ninguna manera deberíamos menoscabar este anhelo por la unidad, es admirable; aunque su cumplimiento sea, en este caso, imposible.

Antes de entrar en una explicación de por qué son incompatibles, sería útil (principalmente para los que no leyeron la introducción) revisar el significado de calvinismo y arminianismo. Si la unidad es la preocupación prioritaria, sus irreconciliables diferencias pueden ser artificialmente amenizadas. Cuando ellos son definidos de formas que difieren de sus definiciones clásicas, es fácil combinarlos. Así, esta pseudo-unidad entre ellos es determinada por la manera en como los entendemos y los definimos. Sin embargo, cuando el arminianismo y el calvinismo son entendidos en sus sentidos históricos y clásicos, ninguna combinación es posible; siempre permanecerán como alternativas, principalmente en cuestiones soteriológicas.

El calvinismo es el sistema de creencia cristiana protestante oriundo de las enseñanzas del siglo XVI de Juan Calvino. Es la forma más conocida de la ramificación reformada del protestantismo. Y su expresión más sistemática y lógicamente rígida se encuentra en dos declaraciones doctrinales del siglo XVII: los Cánones del Sínodo de Dort (1618) y la Confesión de Fe de Westminster (1648). El corazón y alma del calvinismo (además de la ortodoxia protestante) son un énfasis característico en la soberanía de Dios, principalmente en la salvación. Dios es la realidad totalmente determinante que pre-ordena [predetermina – predestina] y torna cierto todo lo que sucede, principalmente y por encima de todo, la salvación de los pecadores [*] Esto se extiende a los individuos, de manera que son predestinados incondicionalmente por Dios para la salvación eterna. De acuerdo con el calvinismo rígido. Dios determina ignorar a otros (el decreto de la reprobación), dejándolos en su merecida condenación eterna. La gracia de Dios para la salvación es irresistible y eficaz, y para los calvinistas más tradicionales, la muerte expiatoria de Cristo en la cruz fue intencionada por Dios sólo para los elegidos.

[*] Esta reivindicación de providencia meticulosa es negada por algunos calvinistas, pero fuertemente afirmada por la mayoría de los eruditos calvinistas, incluyendo el propio Calvino. El teólogo calvinista Edwin Palmer expresa fielmente la propia creencia de Calvino acerca de la soberanía de Dios cuando escribe que “Predeterminación” significa el plan soberano de Dios donde Él decide todo lo que va a suceder en todo el universo. Nada en este mundo sucede por casualidad. Dios está detrás de todo. “Él decide y hace que todas las cosas que deben suceder, sucedan” (The Five Points of Calvinism, Grand Rapids, Baker, 1972. p. 245). Algunos calvinistas quieren limitar la pre-ordenación determinante de Dios para asuntos soteriológicos, de suerte que Dios no sea responsable de toda calamidad – incluyendo la caída de la humanidad – que acomete al mundo. Si esto es consistente con el calvinismo clásico, o si el calvinismo clásico incluye la providencia meticulosa conforme la expresada por Palmer, eso corresponde a los calvinistas decidir.

El arminianismo es oriundo de las enseñanzas del holandés Jacobo Arminio, que reaccionó al calvinismo rígido y rechazó muchos de sus fundamentos característicos. Él y sus seguidores, conocidos como los Remonstrantes, negaron el monergismo de Calvino (salvación determinista) y optaron por la interpretación de un Dios, que sin detrimento de su soberanía, se auto-limita, concediendo libre albedrío a las personas por medio de la gracia preventiva [previniente]. Dios permite que su gracia para la salvación sea resistida y rechazada, y determina salvar a todos los que no la rechazan, sino que la abrazan como su única esperanza para la vida eterna. La expiación de Cristo es de ámbito universal; Dios envió a Cristo para morir por los pecados de todas las personas. Pero la eficacia salvífica de la expiación se extiende sólo a aquellos que aceptan la cruz por la fe. El arminianismo confronta al monergismo con un sinergismo evangélico, que afirma una cooperación necesaria entre las agencias divina y humana en la salvación (aunque las coloca en planos totalmente diferentes). En la salvación, la gracia de Dios es el agente superior; el libre albedrío humano (la no resistencia) es el agente menor. Arminio, y sus seguidores fieles, reaccionaron al calvinismo rígido sin propagar ninguna nueva doctrina; se apoyaron en la patrística griega y en algunos luteranos. También fueron influenciados por el reformador católico Erasmo.

Cuando el calvinismo y el arminianismo se describen correctamente, sus diferencias deberían ser claramente obvias. El espacio entre ellos en muchos puntos es amplio y profundo. Se centra en los tres puntos (del medio) del famoso acróstico del  TULIP: 1. depravación total, 2. elección incondicional, 3. expiación limitada, 4. gracia irresistible y 5. perseverancia de los santos. En cuanto los arminianos aceptan la elección divina, sostienen que es condicional. Al paso que aceptan una forma de expiación limitada [lo contrario sería universalismo], rechazan la idea de que Dios haya enviado a Cristo para morir sólo por una porción de la humanidad.

La naturaleza de la expiación limitada está basada no sólo en la intención de Dios, sino en la respuesta humana. Sólo son salvos por Dios los que aceptan la gracia de la cruz; los que la rechazan y buscan salvación en otro lugar fallan en ser incluidos en ella, y esto por elección propia, con el desagrado de Dios. Mientras los arminianos abrazan la necesidad de la gracia sobrenatural para la salvación (como para cualquier bien espiritual, incluyendo la primera inclinación de la voluntad hacia Dios), niegan que Dios, de manera irresistible, doblegue la voluntad humana de manera que ellos son eficazmente salvados, independientemente de su propia respuesta espontánea (no autónoma).

Arminianismo y Calvinismo contrastados

Al principio del capítulo uno, yo admitía que el arminianismo y el calvinismo son términos discutidos. Nadie habla por todos los calvinistas acerca de todo, así como nadie habla por el arminianismo acerca de todos los asuntos. Por lo tanto, para apoyar mis descripciones concisas, apelo al ministro reformado y teólogo Edwin Palmer y al teólogo H. Orton Wiley, de la Iglesia del Nazareno. Describiendo el calvinismo clásico, Palmer escribió: “El arminiano enseña la elección condicional; donde el calvinista enseña una elección incondicional”, y “Esto es entonces una elección incondicional: la elección de Dios no descansa en nada de lo que el hombre haga”. [PALMER. Edwin. Los Cinco Puntos de Calvinismo. Grand Rapids: Baker, 1972. p.27, La presentación de Palmer del calvinismo es incisiva y, a veces, afirmada de manera austera. Sin embargo, no sólo fue pastor de iglesias reformadas, sino que también sirvió como profesor en el Westminster Theological Seminary, que es una institución calvinista ampliamente respetada. Su presentación del calvinismo es consistente con las primeras presentaciones dadas por los teólogos Archbald Alexander, Charles Hodge, A. A. Hodge y B. B. Warfield, todos de Princeton].

 Concerniente a la elección Wiley dijo:

“El arminianismo afirma que la predestinación es el propósito de la gracia de Dios de salvar a la humanidad de la completa ruina. No es un acto arbitrario e indiscriminado de Dios, intencionado para garantizar la salvación de cierto número de personas y nada más. Ella incluye, provisionalmente, a todos los hombres en su alcance, y está condicionada únicamente en la fe en Jesús”.   [WILEY, H. Orton. Christian Theology. Kansas City, Mo.; Beacon Hill, 1941, v, 2, p. 337. Wiley confiaba fuertemente en los grandes teólogos arminianos del siglo XIX Richard Watson, William Burton Pope, Thomas Summers y John Miley. La teología de Wiley es completamente consistente con la de ellos y con el propio pensamiento de Arminio].

De acuerdo con Palmer, y el calvinismo clásico en general, la muerte expiatoria de Cristo fue suficiente para todo el mundo, incluyendo cada individuo que ya existió y que existirá, pero intencionada por Dios sólo para los elegidos. “La Biblia enseña innumerables y, repetidas veces que Dios no ama a todas las personas con el mismo amor”, y “la expiación de Cristo es limitada en su alcance ya que Cristo se propuso, y, de hecho, quitó la culpa de los pecados de un número limitado de personas – a saber, aquellos a quienes Dios amó con un amor especial desde la eternidad. La expiación de valor ilimitado está limitada a ciertas personas” [PALMER, Edwin. The Five Points of Calvinism. Grand Rapids; Baker, 1972. p. 44, 42].

Wiley, hablando por todos los arminianos, escribió:

“La expiación es universal. Esto no significa que toda la humanidad será salva incondicionalmente, sino que la oferta sacrificial de Cristo hasta cierto grado satisfizo las reivindicaciones de la ley divina para hacer de la salvación una posibilidad para todos. La redención, por lo tanto, es universal o general en el sentido provisional, pero especial o condicional en su aplicación al individuo”.   [WILEY, op. cit., v. 2. p. 295].

El contraste puede no ser tan nítido como podríamos esperar, pues tanto los calvinistas como los arminianos creen que la expiación es tanto universal como limitada, pero en sentidos diferentes. De acuerdo con el calvinismo la expiación es universal en valor; es suficiente para salvar a todos. De acuerdo con el arminianismo ella es universal en intención; busca salvar a todos. De acuerdo con el calvinismo ella es limitada en el alcance, tiene la intención de salvar solo a los elegidos, y de hecho, los salva. De acuerdo con el arminianismo, es limitada en eficacia; ella, de hecho, salva únicamente a los que la aceptan por la fe.

Los arminianos creen que la descripción calvinista del alcance de la expiación es errada, no puede dejar de evitar limitar el amor de Dios, que contradice pasajes bíblicos tales como Juan 3.16, que los calvinistas deben interpretar como refiriéndose no a todo el mundo (es decir, todas las personas), sino a las personas de todas las tribus y naciones.  [PALMER, op. c., p. 45]. [Los arminianos generalmente encuentran esta limitación del alcance de la expiación para los elegidos, sorprendente a la luz del énfasis escriturístico en el amor de Dios por todo el mundo y en la muerte de Cristo en favor de toda la humanidad. El teólogo bautista Vernon Grounds, presidente durante mucho tiempo del Seminario de Denver, dice; “Una mera cadena de pasajes presenta el hecho, pues esto es un hecho, de que el propósito divino en Jesucristo abraza no un segmento de la familia humana, sino la raza en totalidad”, y “Se requiere una ingenuidad exegética, que no es nada más que una virtuosidad aprendida para vaciar estos textos de sus significados obvios; es necesario una ingenuidad exegética, bordeando el sofisma, para negar su explícita universalidad” (Grace Unlimited, Ed. Clark H. Pinnock, Minneapolis, Bethany House, 1975, pág. 26, 28)].

Los calvinistas temen que el énfasis arminiano en la universalidad de la expiación resulte inexorablemente en universalismo; si Cristo, en realidad, padeció por los pecados de todas las personas, ¿por qué alguien irá al infierno? ¿Todos no serían salvos por la muerte expiatoria de Cristo? ¿El infierno no sería un castigo redundante? Los arminianos responden que eso es exactamente lo que hace que el infierno sea trágico: él es absolutamente innecesario. La gente va allá no porque sus castigos no fueron sufridos por Cristo, sino porque rechazan la amnistía proporcionada por Cristo, por intermedio de la muerte sustitutiva de Cristo.

Esta es la forma en que Palmer explicó la gracia irresistible:

“Dios envía su Espíritu Santo para actuar en la vida de las personas de manera que, definitiva y ciertamente, serán cambiadas de personas malas para personas buenas. Es decir que el Espíritu Santo ciertamente – sin cualquier “y” o “si” o “pero” – hará que todos los que Dios escogió desde la eternidad y por quienes Cristo murió, crean en Jesús.”  [Ibid. p. 58].

Los calvinistas típicamente describen este proceso como “enderezar la voluntad”. En otras palabras, Dios no coacciona a nadie espiritualmente, pero hace que los elegidos deseen la gracia de Dios y que respondan a la iniciativa de Dios con alegría. Los arminianos sospechan que esto viola la relación entre Dios y el hombre, de suerte que los humanos se convierten en títeres en las manos de Dios. Ellos rechazan esto no porque valoren la autonomía humana (como muchos calvinistas piensan), sino porque valoran la naturaleza genuinamente personal de la relación entre Dios y el hombre. El amor que no es elegido libremente no parece ser amor genuino. Además, si Dios selecciona algunos para ser salvos incondicional e irresistiblemente, ¿por qué no escoge a todos? ¿Sobre qué fundamento y por qué razones Dios ignora algunos pecadores y tuerce las voluntades de otros para que respondan con fe? La naturaleza incondicional e irresistible de la gracia en el esquema calvinista parece arbitraria, si no caprichosa. En contraste, los arminianos defienden que la gracia de Dios es resistible:

“El arminianismo sostiene que la salvación es enteramente por gracia, que todo movimiento del alma hacia Dios es iniciado por la gracia divina; pero también reconoce, en un sentido verdadero, la cooperación de la voluntad humana, pues en última etapa, es el agente libre quien decide si la gracia ofrecida es aceptada o rechazada”.   [WILEY, H. Orton. Christian Theology. Kansas City, Mo.: Beacon Hill, 1941. v. 2, p. 356].

Y con todos los arminianos, Wiley argumenta que la gracia siempre puede ser resistida, incluso la gracia previniente – la gracia capacitadora que Dios proporciona antes de la salvación – que viene independiente del pedido o deseo humano. Una vez que aparece, siempre puede ser, y es frecuentemente, rechazada.

Es extremadamente importante revelar las diferencias reales entre el arminianismo y el calvinismo, y que las personas no queden encantadas por semejanzas ilusorias. Así como, tanto los arminianos como los calvinistas, creen en una expiación universal y limitada, pero en sentidos diferentes; ellos también creen que la gracia es irresistible y resistible, pero en sentidos diferentes. Los calvinistas creen que los réprobos, los que Dios eligió ignorar para la salvación, naturalmente resisten la gracia de Dios. Y los elegidos, los escogidos para la salvación y que son regenerados espiritualmente antes de la salvación, hallan la gracia de Dios irresistible y, por lo tanto, aceptan el evangelio.

De modo similar, los arminianos creen que las personas no tienen elección en relación a la gracia previniente; es irresistible en el sentido de que es un don de Dios que se da a todos. Pero la gracia previniente no doblega la voluntad, o coloca la libre agencia a un lado. En cuestiones espirituales, ella [la gracia previniente] crea el libre albedrío y la libre agencia, y por lo tanto los humanos pueden resistirse a ella una vez que la reciben. De nuevo, muchos puntos en común y una gran separación, yacen entre el calvinista y el arminiano.

En este momento, ya debe estar claro el por qué el calvinismo verdadero y el arminianismo verdadero no pueden ser combinados. Ninguna mezcla es posible a pesar de que no están en desacuerdo acerca de todo. En cuanto a estos tres asuntos indispensables, no es posible crear un puente entre ellos. Una vez que los términos son propiamente dilucidados, queda claro que, en lo que se refiere a la elección, expiación y gracia, el calvinismo y el arminianismo son considerablemente diferentes.

La imposibilidad del Calminianismo

Sin embargo, a pesar del acentuado contraste entre el calvinismo y el arminianismo en ciertos puntos doctrinales esenciales, muchas personas tratan de forzarlos en un híbrido: calminianismo. Los calvinistas clásicos y los arminianos clásicos concuerdan que tal híbrido es imposible. El autor calvinista W. Robert Godfrey, presidente del Seminario Teológico de Westminster de California, lo rechaza:

“Algunos intentan dividir la diferencia entre el arminianismo y el calvinismo. Dicen algo como: “Quiero ser un 75% calvinista y un 25% arminiano”. Si literalmente quieren decir esto, entonces son 100% arminianos, una vez que conceder cualquier lugar determinante a la voluntad humana es arminiano. Por lo general ellos quieren acentuar la gracia de Dios y la responsabilidad humana. Si esto es lo que quieren decir, entonces ellos pueden ser 100% calvinistas, pues el calvinismo, de hecho, enseña que la gracia de Dios es enteramente la causa de la salvación, y que el hombre es responsable ante Dios de oír y observar la llamada de arrepentimiento y fe.” [GODFREY, W. Robert. “Who Was Arminius?”, Modern Reformation, n. 1, 1992, p. 24]

Los arminianos clásicos consistentes concuerdan con Godfrey que su sistema de creencia es incompatible con el calvinismo, y defienden que la mayoría de las personas que se declaran a sí mismas calminianas, o 75 por ciento calvinistas y 25 por ciento arminianas son, de hecho, arminianas. Algunos son simplemente inconsistentes y deseosos de abrazar proposiciones contradictorias.

Algunos que buscan un híbrido de calvinismo y arminianismo lo hacen apelando hacia una unidad mayor de verdad, que trascienda nuestras percepciones finitas y limitadas al tiempo. Ellos perciben que la Biblia parece afirmar tanto la soberanía divina absoluta como la cooperación humana con Dios en la historia, y la salvación. El pasaje clásico que parece enseñar la paradoja de la gracia es Filipenses 2,12-13: “obrad vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que obra en vosotros tanto el querer como el efectuar, según su buena voluntad” (KJV). Una ilustración común utilizada para soportar el argumento de que tanto el monergismo como el sinergismo son verdaderos (y no sólo contienen algún aspecto de la verdad) es el de dos rieles de tren que parecen unirse más allá del horizonte. ¡El problema con esta ilustración es que los rieles no se unen (convergen)!

Otra ilustración común es la placa imaginaria en la puerta de entrada del cielo que dice: “Quien quiera entre libremente”. Al otro lado de la placa, en el interior del cielo, el mismo cartel dice: “Porque ustedes fueron elegidos desde la fundación del mundo”. Ambas verdades se enseñan claramente en la Escritura. Pero Charles Spurgeon, predicador bautista británico, que probablemente fue el autor de la ilustración, quiso utilizarla para ilustrar el calvinismo. Y ella lo ilustra. Colocar “Porque ustedes fueron elegidos desde la fundación del mundo” en la placa del lado de dentro del cielo, implica elevar una verdad del calvinismo.

La verdad desnuda y cruda es que en ciertos puntos el calvinismo clásico y el arminianismo clásico simplemente discrepan entre sí, y que ningún puente uniendo los dos campos puede ser encontrado; no se puede crear ninguna combinación de los dos. El calvinismo puede ser visto como un medio término entre el fatalismo y el sinergismo. El arminianismo puede ser visto como un medio término entre el semipelagianismo y el calvinismo. Pero entre el calvinismo y el arminianismo no hay compatibilidad mutua.

La lógica siempre forzará a la persona a seguir un camino o el otro. Por supuesto, si no nos preocupamos con la lógica, entonces habitamos en una casa calminiana construida artificialmente sobre la arena. Pero ella será devastada por duras cuestiones de lógica y sentido común. ¿La elección de individuos para la salvación es condicional o incondicional? Si respondemos: “No sé”, ningún hibrido calminiano existe. Pero si respondemos: “Ambas”, ¿dónde está el medio término? ¿Cómo podemos, de manera lógica, combinar la elección incondicional con la condicional? Las mismas preguntas podrían ser hechas para la visión calminiana de la expiación y de la gracia.

¿Dios planeó que la muerte expiatoria de Cristo salvase a todos, o sólo a unos pocos? Si respondemos que Dios quiere salvar a todos, pero que sabe que sólo algunos serán salvos, ¡somos arminianos! Si respondemos que Dios quiere salvar sólo algunos, aunque su muerte sea suficiente para salvar a todos, ¡somos calvinistas! Casi todas las respuestas inteligentes del calminianismo para tales indagaciones acaban siendo calvinistas o arminianas.

¿La gracia salvífica es resistible o irresistible? ¿Es eficaz o puede ser rechazada? ¿Dónde está el término medio? Una vez que el calminiano comienza a definir y aplicar, él o ella inevitablemente revelarán colores calvinistas o arminianos.

Un intento bastante popular de trascender el calvinismo y el arminianismo es la de apelar a la alegada atemporalidad de Dios (o la eternidad de Dios por encima y más allá del tiempo). Algunos dicen que desde la perspectiva divina no hay conflicto entre predestinación y libre albedrío. (Claro, ¡los arminianos siempre argumentaron que no hay tal conflicto porque la predestinación es condicional!). Sin embargo, suponiendo que los que apelan a la atemporalidad de Dios quieren decir que la elección y la predestinación son ambas condicionales e incondicionales, ¿cómo la atemporalidad divina ayuda a aliviar la contradicción?

Lo mismo podría ser indagado acerca de la expiación y la gracia. La atemporalidad no ayuda, pues, incluso desde la perspectiva de un Dios atemporal, el decreto de salvar a algunas personas debe basarse o en una elección incondicional o en algo que Dios (atemporalmente) ve en ellos, tal como la no resistencia a la gracia. Ambos, los primeros seguidores del calvinismo clásico y del arminianismo clásico presumieron la atemporalidad divina, sin embargo, ninguno de los lados apeló a la atemporalidad de Dios como la solución, pues percibieron que el otro lado también podría apelar a la atemporalidad divina.

Aunque todos los momentos del tiempo están simultáneamente ante los ojos de Dios, la elección atemporal de Dios de algunos para ser salvos está basada en algo que Él ve en ellos, o que no ve. O la intención y propósito de Dios, en y por medio de la expiación, es salvar a todo hijo caído de la raza de Adán, o es salvar sólo algunos. O la gracia salvífica de Dios puede ser resistida, o no. Apelando a la dicotomía de tiempo y eternidad no se resuelve el problema, o crea un híbrido.

Por más duro que esto parezca a las personas que tienen la unidad en alta estima (principalmente entre cristianos), necesitamos lidiar con la responsabilidad de elegir entre el calvinismo y el arminianismo. Esto no significa escoger entre el cristianismo y otra cosa. Significa escoger entre dos interpretaciones bíblicas respetadas que coexisten dentro del cristianismo evangélico desde hace siglos. Para muchas personas esta elección presenta muy poco riesgo, pues la iglesia en la que se congregan permite que ambas perspectivas coexistan pacíficamente lado a lado. [Esto es verdad entre muchas iglesias bautistas así como iglesias enraizadas en la tradición pietista, tal como la Iglesia Evangélica Libre de América, cuyo lema es “En lo esencial unidad, en lo no esencial libertad, en todas las cosas caridad”. Tales iglesias generalmente relegan las creencias del monergismo y sinergismo al ámbito de no esenciales. Esto no significa que estos asuntos doctrinales no sean importantes, sino que no son la esencia del cristianismo]. Sin embargo, muchas denominaciones, de hecho, exigen cierta posición confesional en relación al monergismo y sinergismo para el liderazgo, si no para la membresía. [La Iglesia Cristiana Reformada (de América) y la Iglesia Presbiteriana de América son decididamente calvinistas, mientras que la Iglesia del Nazareno y la mayoría de las iglesias metodistas (incluyendo sus ramificaciones) son arminianas].

La enorme brecha entre el calvinismo y el arminianismo

¿El calvinismo y el arminianismo pueden probarse a sí mismos apelando únicamente a la Escritura? Sólo podemos desear que sí. Sin embargo, muchos calvinistas y arminianos astutos y convictos concuerdan que no es tan simple. Tanto el monergismo como el sinergismo pueden acumular listas impresionantes de pasajes escriturales de soporte y exégesis erudita, que refuerzan sus conclusiones. Después de veinticinco años estudiando este asunto, llegué a la conclusión de que apelar únicamente a la Escritura no puede probar que un lado tiene razón y que el otro está equivocado.

Cristianos sensatos y espiritualmente maduros exploraron la Biblia y llegaron a conclusiones radicalmente diferentes, acerca de la relación de la elección y libre albedrío y la resistencia a la expiación y a la gracia. En verdad, esto perdura desde hace siglos. ¿Sólo un lado honra la Escritura? No. De manera similar, así como los Demócratas y los Republicanos interpretan la Constitución de los Estados Unidos de manera diferente, ambos la honran en la medida que la interpretan de manera responsable.

Si apelando únicamente a la Biblia no resuelve nuestro problema, ¿qué lo resolverá? Dudo que pueda ser resuelto por el argumento o el diálogo. Él es ampliamente una cuestión de aquel misterio llamado: perspectiva. Los filósofos lo llaman “blik” (una interpretación de nuestra experiencia cuya veracidad o falsedad no pueden probarse). Es una forma básica de ver la realidad. Vemos el mundo de tal y tal manera, aunque no haya pruebas. Piense en el famoso diseño que se puede ver tanto como pato como conejo. Algunas personas instantáneamente ven un conejo, pero no el pato, pero otras ven el pato, y no el conejo. Nadie ve los dos animales al mismo tiempo, y ver al otro (aparte de aquel que había visto primero) es una cuestión de cambio de perspectiva, y no de persuadirse a ver “otra cosa”. Así es con el calvinismo y el arminianismo. A pesar de las quejas y murmuraciones de los extremistas de ambos lados, que parecen creer que los adeptos de la otra teología están actuando de mala fe; las personas de buena fe igualmente pueden escoger lados distintos. ¿Por qué? Porque cuando éstos leen la Biblia, encuentran a Dios identificado de una manera u otra. En el fondo de estas diferencias doctrinarias yace una perspectiva  diferente, acerca de la identidad de Dios, basada en la auto-revelación de Dios en Jesucristo y en la Escritura, que colorean el resto de la Biblia. Toda la Escritura presenta el aspecto del monergismo, pues toda la Escritura revela a Dios, en primer lugar, como regente soberano, o toda la Escritura presenta el aspecto del sinergismo, pues toda la Escritura revela a Dios, en primer lugar, como padre celestial amoroso y compasivo. Esta epistemología de “ver cómo” (perspectiva) no pasa por alto a la Escritura, pero revela patrones percibidos de ella. [No estoy sugiriendo un relativismo de la revelación tal, que la Escritura no signifique nada en particular. Mi propia visión es que el monergismo no es la interpretación correcta de la revelación de Dios en la Escritura, y puedo ver cómo los monergistas llegan a su entendimiento equivocado. Pero es solamente al “andar dentro” de la perspectiva de ellos, en lo mejor que yo pueda hacerlo, y ver la Escritura como ellos la ven, que revela un patrón diferente. Sin embargo, yo creo que mi perspectiva está más cerca de la verdad].

Aunque la exégesis bíblica sola no puede probar el calvinismo ni el arminianismo, la exégesis bíblicamente correcta refuerza cada sistema de teología. La Escritura es el material que proporciona el patrón (gestalt) que forma la perspectiva (blik) que controla la interpretación de pasajes individuales. Esto explica por qué las personas son calvinistas o arminianas, cuando falta una prueba exegética clara e inequívoca para cada sistema. Ambos sistemas ven a Dios como identificado por toda la Escritura (visión sintética) de cierta manera.

Otra cuestión que complica la elección entre el calvinismo y el arminianismo es que ambos sistemas contienen problemas muy difíciles, si no insuperables. Los dos se esfuerzan mucho para explicar grandes porciones de la Escritura; los dos necesitan admitir los misterios que bordean las contradicciones dentro de sus sistemas. Edwin Palmer expresó más fuertemente que la mayoría de los calvinistas un problema en su sistema de creencias. Dios, admitió él, predetermina todo y, por lo tanto, predetermina incluso el pecado y el mal, sin embargo, solamente los humanos son culpados por hacer aquello que no pueden evitar. [PALMER, Edwin. The Five Points of Calvinism. Grand Rapids: Baker, 1972. p. 85] “Él [el calvinista] percibe que lo que él aboga es ridículo… El calvinista libremente admite que su posición es ilógica, ridícula, insensata y tonta” Y, sin embargo, como la mayoría de los calvinistas, Palmer alegó que “esta cuestión secreta pertenece al Señor nuestro Dios y debemos dejar las cosas como están. No debemos investigar el consejo secreto de Dios”. [Ibid. p. 85, 87].

Muchos calvinistas se sentirán constreñidos con la admisión de Palmer acerca del misterio incorporado a la creencia calvinista. Ella es un poco extrema, principalmente para los calvinistas que se preocupan por la lógica. Pero casi todos los calvinistas concuerdan que hay puntos, como éste, donde el calvinismo se enfrenta al misterio y que no puede dar una solución racionalmente satisfactoria. Los arminianos circunspectos, similarmente, reconocen las dificultades de lógica y problemas dentro de su propio sistema de creencia. ¿Quién puede explicar cómo la libre agencia es la habilidad de hacer algo diferente de lo que alguien, de hecho, hace? El libre albedrío no es un problema en el calvinismo, ya que es negado o se explica de tal manera que es despojado de todo su misterio.

Pero todos los arminianos clásicos creen en un libre albedrío libertario, que es una elección auto-determinante; y él es incompatible con la determinación de cualquier tipo. Esto parece equivaler a una creencia de un efecto sin causa – la libre elección de la persona de ser o hacer algo sin antecedente. Buridan, un filósofo cínico medieval, despotricó de tal libre albedrío, sugiriendo que una mula que él poseía moriría de hambre aunque dos cuencos llenos de comida fuesen colocados delante de ella, ¡pues nada la inclinaba a comer de un cuenco o del otro! Los arminianos no son persuadidos por tales argumentos, ellos saben que la mula hambrienta escogería libremente comer de un cuenco o de otro [sin esperar un impulso divino]. Pero dejando los sofismas de lado, los arminianos saben que su creencia en la libertad libertaria es un misterio (no una contradicción).

La cuestión aquí es que ambos lados (y tal vez todos los sistemas teológicos importantes) implican misterios, y al hacer sus sistemas teológicos perfectamente inteligibles, el misterio es un problema. Irónicamente, ambos lados tienden a apuntar la debilidad del otro al apelar al misterio, sin admitir su propio misterio. Cada lado apunta a la pequeña paja en el ojo del otro, ¡mientras que ignora la paja del mismo tamaño (¿o viga?) en su propio ojo! Así, parece que las personas no son calvinistas o arminianas porque un lado logró probar estar en lo correcto, sino porque estas personas encuentran un conjunto de misterios (o problemas) con el cual es más fácil de convivir, que con el otro. Por supuesto, los partidarios de ambos grupos apuntan a pasajes bíblicos de soporte y experiencias (tal como ser adoptado por Dios aparte de una conciencia de elección). Pero, al final, ningún lado puede completamente derrotar al otro, o demostrar de manera concluyente su propio sistema. El filósofo Jerry Walls magistralmente enfatiza esto:

“Observen que tanto los calvinistas como los teólogos del libre albedrío [Arminianos] llegan, por fin, a un punto donde explicaciones adicionales son imposibles. Ambos llegan al límite de la elección inexplicable. El teólogo del libre albedrío no puede explicar plenamente porque algunos escogen a Cristo mientras otros no. El calvinista no consigue decirnos por qué, o sobre qué base, Dios elige algunos para la salvación e ignora a otros”  [WALLS, Jerry. “The Free Will Defense, Calvinism, Wesley, and The Goodness of God”, Christian Scholar’s Review, n. 13, v. 1, 1983. p. 25].

Ambos, entonces, enfrentan dificultades insuperables al explicar ciertas características de sus sistemas, y deben admitirlo. Sin embargo, los dos sistemas permanecen dentro de la cristiandad protestante con igual sinceridad en relación a la Escritura, igual valor exegético, igual  apelación histórica, e igual compromiso con la ortodoxia cristiana fundamental. Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Por qué ser un calvinista o un arminiano? En el fondo algunos cristianos son calvinistas porque cuando leen la Biblia (y tal vez examinen su propia experiencia) ven a Dios como todopoderoso, supremamente glorioso, absolutamente soberano y como la realidad totalmente determinante. Esto es el “blik” de ellos, la visión sintética que guía la hermenéutica de pasajes individuales. El gran teólogo puritano Jonathan Edwards era obsesionado con esta visión de Dios, y ella guiaba toda su teología. Otros cristianos son arminianos porque cuando leen la Biblia (y quizá examinen su propia experiencia) ven a Dios como supremamente bondadoso, amable, misericordioso, compasivo, y el Padre benevolente de toda la creación, que desea lo mejor para todos. Esta visión de Dios guio la teología del gran hombre de Avivamiento Juan Wesley, que fue contemporáneo de Edwards. Por supuesto, ambos lados reconocen algunas verdades en la perspectiva del otro; los calvinistas reconocen a Dios como amable y misericordioso (principalmente en relación a los elegidos), y los arminianos reconocen a Dios como todopoderoso y soberano. Ambos creen que Dios es supremamente grande y bueno. Pero un lado comienza con la grandeza de Dios y condiciona la bondad de Dios a la luz de la grandeza; el otro lado comienza con la bondad de Dios y condiciona la grandeza de Dios a la luz de la bondad. Cada lado tiene su “blik”, que determina ampliamente cómo interpretan la Escritura. El teólogo arminiano Fritz Guy expresa el “blik” controlador arminiano sin rodeos: “En el carácter de Dios el amor es más fundamental que el control” [GUY, Fritz, “The Universality of God’s Love”. in The Grace of God, The Will of Man, Ed. Clark H. Pinnock. Grand Rapids: Zondervan, 1989. p. 33]. Esta perspectiva básica acerca de Dios resuena en toda la literatura arminiana. Al escribir sobre la creencia calvinista en la reprobación incondicional (que Dios ignora a algunos y escoge otros para la salvación incondicionalmente), Juan Wesley fue extremadamente honesto: “Sea lo que sea que la Escritura diga, ella jamás puede significar eso (la Reprobación)” [John Wesley, citado en Ibid., p.266. Extraído del sermón “Gracia Libre”, de Juan Wesley]. Tenga en cuenta que Wesley no dijo eso por estar encantado con alguna norma extra-bíblica que tenga más importancia que la propia Biblia. Por el contrario, él era guiado por una visión impuesta por la propia Escritura, que imposibilita ciertas interpretaciones del texto. [N.T. En la visión wesleyana, es imposible interpretar en la Biblia que Dios predestine incondicionalmente al infierno a sus criaturas].

Contrariamente a la creencia popular, entonces, el verdadero factor divisor en el centro del debate del calvinismo/Arminianismo no es la predestinación frente al libre albedrío, sino la figura guía de Dios: Él es visto primeramente como (1) majestuoso, poderoso y controlador;  o (2) amable, bueno y misericordioso. Una vez que esta figura (blik) esté establecida, aspectos aparentemente contrarios son relegados al segundo plano, son colocados de lado como “oscuros” o son artificialmente manipulados para que encajen en el sistema. Ningún lado niega absolutamente la verdad desde la perspectiva del otro; pero cada uno califica los atributos de Dios que son preeminentes en la perspectiva del otro. La bondad de Dios, en el calvinismo, es calificada por su grandeza; y la grandeza de Dios, en el arminianismo, es calificada por su bondad.

Los arminianos pueden vivir con los problemas del arminianismo más cómodamente que con los problemas del calvinismo. Determinismo e indeterminismo no pueden ser combinados; debemos elegir uno u otro. En la realidad última y final de las cosas, o las personas poseen cierto nivel de autodeterminación o no la poseen. El calvinismo es una forma de determinismo. Los arminianos escogen ampliamente el indeterminismo porque el determinismo parece incompatible con la bondad de Dios y con la naturaleza de las relaciones personales, que incluye la naturaleza misma de la salvación. Los arminianos concuerdan con Arminio, que acentuó que “la gracia de Dios no es cierta fuerza irresistible […] es una Persona, el Espíritu Santo, y en relaciones personales no puede haber la subyugación de una persona por otra” [CAMERON, Charles M. “Arminius – Hero or Heretic?” Evangelical Quartely, n. 3, v. 64, 1192. p. 225.].

Y Wesley preguntó acerca de la elección incondicional (y reprobación incondicional): “Ahora, ¿qué puede, por ventura, ser una contradicción más clara que ésta; no solamente para toda la extensión y tendencia general de la Escritura, sino también para aquellos textos específicos que expresamente declaran: ‘Dios es amor’?” [WESLEY, John. “Free Grace”, in The Works of John Wesley, v. 3, Sermón 3. Ed. Albert C. Outer. Nashville: Abingdon, 1986. p. 552].

Jerry Walls, filósofo wesleyano contemporáneo, sostiene que es simplemente imposible, de cualquier forma, reconciliar la bondad de Dios con el determinismo divino, incluyendo el calvinismo. Él subraya que para Wesley (y para todos los arminianos) “es impensable que tanto mal abunde si Dios determinó todas las elecciones humanas”. [WALLS, Jerry. “The Free WilI Defense, Calvinism, Wesley, and The Goodness of God”, Christian Scholar’s Review, n. 13, v. 1, 1 983. p. 28].

Walls resalta que la intuición moral, así como la Escritura, nos informa que la cantidad y la intensidad del mal en el mundo son simplemente incompatibles con la bondad de Dios, si Dios es la realidad todo-determinante. Pero aún más importante, si es Dios quien únicamente determina la salvación, y no salva a todos o ignora las elecciones libres humanas al salvar, la bondad de Dios es simplemente inexplicable y, por lo tanto, debatible. Dios entonces se vuelve moralmente ambiguo. Este es el problema arminiano con el calvinismo, es un problema con el que los arminianos no pueden vivir.

El gran divisor entre el calvinismo y el arminianismo, entonces, está en las diferentes perspectivas concernientes a la identidad de Dios en la revelación. El determinismo divino crea un problema en el carácter de Dios y en la relación divino-humana, problemas con los cuales los arminianos simplemente no pueden vivir. En virtud de su visión de Dios, que es quien ejerce el control con bondad, son incapaces de afirmar la reprobación incondicional (que es la inevitable consecuencia de la elección incondicional), pues hace que Dios sea, en el mejor de los casos, moralmente ambiguo. [Entiendo totalmente  que muchos calvinistas afirmen creer sólo en una “única predestinación”. Es decir, ellos dicen que la predestinación es sólo para la salvación y que nadie es predestinado por Dios para la reprobación. Sin embargo, si el calvinista niega el universalismo, como la mayoría niega: ¿Cómo es posible negar un decreto divino de reprobación y, por lo tanto, la doble predestinación? Aunque Dios sólo “ignore” o “no tome conocimiento” de algunos, este es el equivalente a predestinarlos a la perdición.  El autor calvinista R. C. Sproul deja este punto bastante claro en Chosen by God. Wheaton, III; Tyndale House, 1986, p. 139-60]. La negación del determinismo divino en la salvación, conduce inexorablemente al arminianismo.

La naturaleza del libre-albedrío es otro punto divergente entre el calvinismo y el arminianismo, y donde un medio término no es posible. En virtud de su visión de Dios como bueno (clemente, benevolente, misericordioso), los arminianos afirman el libre albedrío libertario. (Los filósofos lo llaman libre albedrío incompatibilista, pues no es compatible con el determinismo). Cuando un agente (un humano o Dios) actúa libremente en el sentido libertario, nada fuera del ser (incluyendo realidades físicas dentro del cuerpo) causa la acción; el intelecto o carácter solamente domina la voluntad y la hace ir hacia un lado u otro. Deliberación, y entonces elección,  son los únicos factores determinantes; aunque factores tales como la naturaleza y la creación, e influencias divinas entran en juego. Los arminianos no creen en libre albedrío absoluto; el albedrío es siempre influenciado y situado dentro de un contexto. Dios mismo es guiado por su naturaleza y carácter al tomar decisiones. Pero los arminianos niegan que las decisiones y acciones de las criaturas sean controladas [predeterminadas] por Dios, o cualquier fuerza fuera del ser.

Los calvinistas, por otro lado, creen en el libre albedrío compatible (en la medida en que hablan de libre albedrío). El libre albedrío, ellos creen, es compatible con el determinismo. Este es el único sentido de libre albedrío que es consistente con la visión calvinista de Dios como la realidad todo-determinante. En el libre albedrío compatible, las personas son libres mientras  pueden hacer lo que desean hacer -incluso si Dios está determinando sus deseos. Es por eso que los calvinistas pueden afirmar que las personas pecan voluntariamente y son, por lo tanto, responsables de sus pecados – aunque ellas no puedan hacer lo contrario. De acuerdo con el calvinismo, Dios pre-ordenó la Caída de Adán y Eva, y la hizo cierta (aunque sólo por un permiso eficaz) al retirar la gracia necesaria para impedirles pecar. Y, sin embargo, ellos pecaron voluntariamente. Ellos hicieron lo que querían hacer, incluso siendo incapaces de hacer lo contrario. Esta es la típica descripción calvinista del libre albedrío. [Ver PETERSON, Robert A.; WILLIAMS. Michael D. Why I Am Not An Arminian p. 136-61. Esto no significa que ésta sea la única descripción calvinista de libre albedrío; muchos calvinistas siguen al propio Calvino en simplemente negar el libre albedrío.].

Una vez más es difícil ver cómo, un híbrido de estas dos visiones de libre albedrío, podría ser creado. ¿Las personas podrían libremente haber elegido hacer algo diferente, de lo que ellas realmente hicieron? Algunos calvinistas (como Jonathan Edwards) concuerdan con los arminianos en que la gente tiene la habilidad natural de hacer lo contrario (por ejemplo, evitar pecar). Pero, ¿y la habilidad moral? Los arminianos concuerdan con los calvinistas que, aparte de la gracia de Dios, todos los humanos caídos eligen pecar; sus voluntades están propensas a pecar por el pecado original, manifestándose a sí mismo como depravación total. Sin embargo, los arminianos no llaman a esto: libre albedrío, pues estas personas no pueden hacer lo contrario (¡excepto en términos de decidir qué pecado cometer!). Desde la perspectiva arminiana, la gracia preventiva restaura el libre albedrío de manera que los humanos, por primera vez, tienen la habilidad de hacer lo contrario – a saber, responder en fe a la gracia de Dios o resistirla en no arrepentimiento e incredulidad. En el momento de la llamada de Dios, los pecadores, bajo la influencia de la gracia previniente, tienen el libre albedrío genuino como un don de Dios; por primera vez ellos pueden libremente decir sí o no a Dios. Nada fuera del ser determina cómo responder. Los calvinistas dicen que los humanos jamás tienen la habilidad en asuntos espirituales (y posiblemente en ningún asunto), que las personas siempre hacen lo que desean hacer, y Dios es quien definitivamente decide los deseos humanos, aun cuando se trata de pecado pues Dios (dicen ellos) opera por intermedio de causas secundarias y nunca hace directamente que alguien peque. Estas dos visiones son incompatibles.

Para el arminiano, el libre albedrío compatible no es libre albedrío de ninguna manera. Para el calvinista, el libre albedrío incompatibilista es un mito; él simplemente no puede existir porque ello equivaldría a un efecto sin causa, lo que es un absurdo. [La clásica crítica calvinista del libre albedrío libertario se encuentra en el tratado de Jonathan Edwards, “Libertad de la Voluntad”. Si el lector se está preguntando si el así llamado conocimiento medio proporciona un término medio, algo necesita ser dicho acerca de esto aquí. El conocimiento medio sería el conocimiento de Dios de lo que las criaturas libres harían, libremente en cualquier conjunto de circunstancias. Pero los que creen en el conocimiento medio normalmente afirman el libre albedrío libertario. La cuestión de si ellos harían lo contrario todavía está abierta, incluso en el caso del conocimiento medio, que es afirmado por aquellos que creen que él no es determinante].

Cuando se trata de decidir el resistir, o el aceptar la gracia salvífica ofrecida por Dios, las decisiones y elecciones de las personas o se determinan o no. Decir que ellas no son determinadas, sino solamente influenciadas no produce un híbrido; es arminianismo clásico. [Para un examen completo y detallado del propio concepto de Arminio del libre-arbitrio, ver, William Gene Witt, Creation, Redemption y Grace in the Theology de Jacobus Arminius. Universidad de Notre Dame, 1993. Disertación de Doctorado, pp. 418-30. De acuerdo con Witt, el concepto de Arminio de libre albedrío era el mismo que de Tomás de Aquino. Y no el mismo libre albedrío autónomo de la Ilustración, pues él [el de Arminio-Aquino] tiene un cimiento sobrenatural y siempre está orientado hacia el bien aunque, en virtud de la corrupción del pecado, él tenga una percepción caída del bien y, en consecuencia, se aparta del verdadero bien hasta que la gracia previniente de Dios interviene. Por lo tanto, no es libre agencia absoluta y autónoma, sino libre albedrío situado teológicamente – y no en el humanismo de la Ilustración].

Decir que ellas -las decisiones del hombre- son determinadas, pero libres, (como afirma el calvinismo) requiere explicaciones adicionales. Decir que están bajo tal influencia poderosa de la gracia, y que no podrían hacer otra cosa más que adecuarse a la voluntad de Dios, no es medio término; es el calvinismo clásico.

Sin híbrido, pero con puntos en común

En varios asuntos esenciales relacionados con la soteriología, por lo tanto, un medio término o híbrido entre el calvinismo y el arminianismo no es posible. El calminianismo sólo puede ser defendido en un desafío a la razón; y por lo tanto, todo calminianismo termina siendo una forma disfrazada de calvinismo o arminianismo, o se desplaza inexorablemente hacia un lado o hacia el otro. Muchas personas afirman ser “calvinistas de cuatro puntos”, lo que generalmente quiere decir que concuerdan con la depravación total, la elección incondicional, la gracia irresistible y la perseverancia de los santos, pero rechazan la expiación limitada. Cuando presionados, sin embargo, tales calvinistas de cuatro puntos, a menudo, parecen haber entendido mal la idea calvinista de expiación limitada, y cuando se les explica correctamente (por ejemplo, universal en suficiencia, pero limitada en extensión para únicamente los elegidos), la abrazan. Algunas dudas existen de si el propio Calvino creía en la expiación limitada, pero parece ser parte integrante del sistema calvinista. ¿Por qué Dios querría que Cristo sufriese para expiar la culpa de aquellos que Dios ya había determinado que no serían salvos?

Algunos arminianos se llaman a sí mismos “calvinistas de dos puntos”, principalmente si viven, trabajan o se congregan en contextos donde la teología reformada es considerada la norma de evangelicalismo. Lo que generalmente quieren decir con esto es que ellos afirman la depravación total, y la perseverancia de los santos. (Esto es principalmente común entre los bautistas). Sin embargo, al rechazar la elección incondicional, la expiación limitada y la gracia irresistible demuestran que son, de hecho, arminianos y ni de cerca calvinistas. Sin embargo, pueden considerarse, correctamente, parte de la tradición reformada más amplia.

Habiendo argumentado aquí, que el calvinismo y el arminianismo son sistemas incompatibles y que imposibilitan una hibridación. No quiero que los lectores olviden que los dos sistemas tienen mucho en común. Ambos afirman la soberanía divina, aunque de maneras y en niveles diferentes; ambos abrazan la necesidad absoluta de la gracia para cualquier cosa verdaderamente buena en la vida humana. Ambos creen que la salvación es un don gratuito de Dios, que sólo puede ser recibido por la fe aparte de obras meritorias de rectitud. Ambos niegan cualquier habilidad humana, para iniciar una relación con Dios al ejercer una buena voluntad para Dios. Ambos afirman la iniciativa divina de la fe (un término técnico para el primer paso en la salvación). En una palabra, ambos son protestantes. Esto es intensamente cuestionado por críticos calvinistas hostiles al arminianismo, pero en todo el resto de este libro yo demostraré que la teología arminiana clásica es una forma legítima de la ortodoxia protestante, y por lo tanto, el arminianismo comparte un vasto campo en común con el calvinismo clásico.

…•…

 Libro: Teología Arminiana, Mitos y Realidades

Autor: Roger E. Olson

Traducción: Gabriel E. LLugdar – Diarios de Avivamientos 2018 – sin fines de lucro

Puedes descargar el Capítulo 1 – en español – haciendo clic en la imagen

 

 

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3 respuestas a Una mezcla de Calvinismo y Arminianismo es posible – Roger Olson: Teología Arminiana: Mitos y Realidades

  1. jesusluc dijo:

    gracias por todos sus aportes y desinteresado servicio, Dios les siga bendiciendo.

    Le gusta a 1 persona

  2. javier dijo:

    Fascinado con la lectura de “Teología Arminiana: mitos y realidades”. Se agradece la traducción y el ponerlo a disposición. Espero que hayan nuevas entregas. Saludos.

    Le gusta a 1 persona

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