El ministerio no es por contagio

Ya una vez dentro de  la sala de cirugía, minutos antes de ser sometido a una operación; una mujer de rostro sonriente me comunica que la intervención la realizará ella pues el doctor ha tenido que ausentarse por fuerza mayor. -Ah, bien, le respondo, me es indistinto, confío en que usted es una buena doctora, como todos los que egresan de la Facultad de Medicina. – No, no, yo no estudié, ¡pero soy la esposa del cirujano!

Este ejemplo puede sonar extravagante o ridículo,  pero si lo llevamos al plano de lo que está sucediendo en la Iglesia veremos que el ejemplo no resulta tan absurdo, en España hay un dicho popular que reza así: “dos que duermen en un colchón, terminan siendo de la misma opinión”. Esta observación de la sabiduría popular la aplicaré a lo que parece ser el pensamiento de muchos creyentes en la actualidad: “dos que duermen en un colchón, terminan siendo de la misma unción”. Pues de lo contrario no se explica esta moda de imponerle al cónyuge el mismo ministerio de su esposo.

Recuerdo que una vez me expresaron el malestar que había en una congregación, pues la esposa del que prontamente sucedería en el cargo de pastor principal “no demostraba vocación de pastora”. Es decir, se le exigía a esta pobre hermana que tuviese el mismo ministerio que su esposo, de lo contrario llevaría su “falta de vocación pastoral” como un estigma. ¿Y cual es el fundamento bíblico para tal aberración? Ninguno. ¿Era la esposa del apóstol Pedro una “apóstol”? Sabemos lo que nos narra Pablo, en 1ª Corintios 9:5

¿No tenemos derecho a traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?

 Los apóstoles que tenían esposa viajaban con ellas, unas veces por causa de la persecución, otras por causas de visitar a las iglesias que se estaban fundando; pero a ninguna de estas mujeres se les adjudicó el título o autoridad ministerial de sus esposos; ni las epístolas las firmaban a dúo. ¿O la mujer del evangelista tiene que ser evangelista, la del maestro, maestra; la del profeta, profetisa;  la del diácono, diaconisa, etc.?

A Catalina, la esposa del Dr. Martín Lutero, ¿se la llamaba pastora o doctora en teología en función de lo que era su marido? No. Desde luego que él cariñosamente le llamaba “mi doctora”; pero en la Iglesia ella nunca reclamó liderazgo alguno. Sin embargo, como era sabia para los negocios se dedicaba a la  administración de la hacienda familiar, por eso Lutero cuando le escribe cartas la llama: “A mi amable y querida Kethe Lutherina, cervecera y juez en el mercado porciuno de Wittenberg”. [ A Catalina Bora. Halle, 25 enero 1546] – “A mi cordialmente querida Catalina Lutherina, doctora, zulsdorferina, comerciante en cerdos y cuantas más cosas pueda haber” [Carta del 1 febrero 1546]. 

Ni la de esposa de Calvino, ni la de Arminio, ni las de Wesley, Spurgeon, Moody, Finney, A. W. Tozer, Ravenhill, y un largo etc., jamás reclamaron título alguno. Y esto no tiene nada que ver con reivindicaciones de derechos de género, cualquiera sabe que entre los anabaptistas las mujeres ejercían liderazgo sin problemas, al igual que en el movimiento Metodista wesleyano. Y en toda la historia del Movimiento Pentecostal las mujeres han trabajado codo a codo con los hombres, y en muchos aspectos ellas han sido pioneras. Pero de ahí, a esta moda de “ministerio matrimonial”, hay un abismo y una imposición.

Puedo respetar mucho a la esposa de mi pastor, pero eso no conlleva que deba considerarla mi líder espiritual, o una autoridad a la cual debo someterme incuestionablemente. Cuando me preguntan si creo que el ministerio de Profeta sigue vigente, respondo que bíblicamente e históricamente puedo afirmar con un rotundo sí. Y me refiero a profetas que son esencialmente predicadores de convicción, no a los delirantes que se la pasan viajando al tercer cielo, anunciando que un meteorito caerá en las próximas 24 horas; o inventando doctrinas extrañas que soñaron cuando se acostaron a dormir, después de haberse engullido tres hamburguesas dobles.

Si les da escozor usar el término Profeta, usen el de “voces proféticas”, aquellos que cuando predican [solamente las Escrituras] nuestro corazón es traspasado por la convicción. Y cuando me preguntan porqué no hay profetas en la actualidad, respondo porque no nos hacen falta, ya tenemos a la esposa del pastor que decide el rumbo a seguir. Es doloroso pero es la verdad. ¿Ustedes creen que un profeta se someterá a la voluntad de alguien simplemente porque ese alguien es la esposa del pastor? Hoy los “profetas” que triunfan son aquellos que les “profetizan” al matrimonio pastoral que Dios les dará cosas gloriosas, que les entregará a sus pies el barrio, la ciudad, y la galaxia también. ¡Pero ay del Profeta que se le ocurra decir que el rumbo que está tomando la iglesia está equivocado! ¡Ay del profeta que no le caiga en gracia a la “pastora”! Cuando Acab perseguía a Elías, este lo enfrentó, lo desafío, e hizo caer fuego del cielo  [1ª Reyes 18]. Pero cuando se enteró de esto la esposa de Acab…

1ª Reyes 19:1-4 Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado  espada a todos los profetas.  Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.  Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.

Jezabel, después de escuchar a su marido, fue y por su propia cuenta le envió un “mensajito” al profeta, y este (que acababa de hacer caer fuego del cielo) tuvo que salir huyendo.

Que nadie piense que estoy generalizando, la historia de las pioneras y mujeres pentecostales es fascinante, pero en estos últimos tiempos estamos peligrosamente caminando por la cornisa. Creo que esta es la razón por la cual ahora, los auto-proclamados “apóstoles” nombran a sus esposas también como “apóstol”, o “profeta”; porque de esa manera le confieren autoridad indiscutible. Nadie puede contradecirlas, pues están en una posición espiritual de autoridad superior; por decirlo de otra manera, se rascan el oído mutuamente, y así se libran de los indeseables que los confrontan (de los Elías).

Los dones ministeriales son, según Efesios 4:11

Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros…

Cualquier congregación que pretenda poner bajo la sujeción de la esposa del pastor a los misioneros, a los maestros, a los evangelistas o a los profetas; se convierte en un monopolio familiar y no en una iglesia.

Observen tan siquiera los “grandes ministerios” que han surgido últimamente, los dos son apóstoles, o él es apóstol y ella profeta, ¡el control absoluto de la congregación está garantizado! Es el absolutismo más obsceno, pues con toda desfachatez se reparten entre ellos los ministerios de  “apóstoles” y “profetas” para gobernar monárquicamente a la Iglesia. El reparto de liderazgo entre los familiares se llama nepotismo, y en un tiempo la iglesia Católica Romana lo practicó mucho. Esta práctica fue una de las cosas que condenó la Reforma Protestante, por eso los católicos se vieron obligados a parar el escándalo en el Concilio de Trento. Pero como los evangélicos siempre nos quejamos de Roma y sin embargo la imitamos en todo, esto ha resurgido entre nosotros.

La esposa del pastor puede, y debe ser, reina en su hogar; pero en la Iglesia no reina. El gobierno lo constituyen y lo ejercen los ministerios dados por Dios. Si se preguntan las causas, por las cuales la mayoría de las congregaciones no tienen evangelistas [ministerio a tiempo completo], profetas [ministerio a tiempo completo], o maestros [ministerios a tiempo completo], es porque el gobierno de la congregación se reduce al círculo íntimo del pastor y nada más. Esto da por resultado que muchos pastores estén agotados, y le echen la culpa de la falta de obreros a los mismos creyentes; cuando en realidad son ellos mismos los que están poniendo un freno al desarrollo de nuevos ministerios. Si no estás dispuesto a compartir la autoridad, no esperes compromisos de responsabilidad en los demás. Si todo el liderazgo de autoridad de tu congregación, queda reducido a un grupo familiar exclusivo, entonces no esperes que lluevan obreros del cielo.

Recuerden estimados hermanos, los ministerios son dados por Dios, son paralelos en autoridad, no son piramidales, y por último, no son hereditarios ni se contagian por dormir juntos.

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos y Diarios de Avivamientos Pentecostal – 2018

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5 respuestas a El ministerio no es por contagio

  1. abraham zambrano dijo:

    Dios le bendiga, esta pagina es una bendición sigue publicando mas temas me han ayudado mucho para crecimiento espiritual hace falta mas paginas como estas, deberías hacer una publicación sobre la completa santificación de jhon wesley, pues tengo muchas preguntas sobre ese tema…

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  2. Muchas gracias por proporcionar cosas muy interesantes para uno,en la vida espiritual de todo creyentes,

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  3. Joaquín Umana Bustos dijo:

    Hermano, muy interesante la entrada, la leí camino a mi trabajo y luego seguí con la “Una doble porción del espíritu” y todas las entradas que publicas son muy constructivas. Muchas gracias y por favor no dejes de enseñar de la forma que lo haces, con abundantes citas bíblicas .
    Desde Chile que Dios te bendiga en sabiduría.

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