George Whitefield ¿Predicador o Actor?

En vida, muchas iglesias le cerraron la puerta acusándole de sensacionalista. Probablemente hoy, George Whitefield [o si Dios levantase otro semejante a él] tampoco sería bienvenido en otras tantas. “¡Gritón!” “¡Emocionalista!” “¡Actor!” “¡Showman!” “¡Manipulador!” “¡Payaso!” Estos, y otros muchos más calificativos despectivos, tendría que soportar quien fue el predicador más impactante de todos los tiempos. Pero veamos que nos dice la historia…

La vida y el ministerio de George Whitefield

Viviendo y Predicando como si Dios fuese real (Porque Él es)

John Piper

Traducido por Gabriel E. LLugdar para Diarios de Avivamientos – Del libro: The Life and Ministry of George Whitefield: Living and Preaching As Though God Were Real (Because He Is) by John Piper –

Los hechos sobre la predicación de George Whitefield, como evangelista itinerante del siglo 18, son casi increíbles. ¿Estos hechos realmente pueden ser verdad? A juzgar por los diversos testimonios de sus contemporáneos -y por el común acuerdo de los biógrafos, tanto de los que le son simpáticos como antipáticos- ellos parecen ser verdad.

Desde su primer sermón al aire libre el 17 de febrero de 1739, a la edad de 24 años, dirigido a los mineros de carbón de Kingswood, cerca de Bristol, Inglaterra; hasta su muerte 30 años más tarde el 30 de septiembre de 1770, en Newburyport, Massachusetts (donde está enterrado), su vida fue casi de predicación diaria. Las estimaciones apuntan que él habló cerca de 1.000 veces cada año por 30 años. Que incluyeron al menos 18 mil sermones y 12.000 conferencias y exhortaciones.

Hablando más que durmiendo

El ritmo diario que él mantuvo por 30 años hizo que, en muchas semanas, estuviera más tiempo hablando que durmiendo. Henry Venn, párroco de Huddersfield, que conocía bien a Whitefield, se expresó espantado para todos nosotros, cuando escribió:

“¿Quién imaginaría que sería posible para una persona hablar, en el compás de una sola semana (lo que ocurrió por años), en general 40 horas; y en muchas otras, sesenta, y así, a los miles [de oyentes]. Y después de este trabajo, en vez de descansar, estaba ofreciendo oraciones e intercesiones, con himnos y cánticos espirituales; como tenía por costumbre, en cada casa para la cual era invitado”.

Asegúrese de que usted entendió bien. En muchas semanas él estaba realmente hablando (no preparándose para predicar, lo que prácticamente no tenía tiempo para hacer) por 60 horas (60, no 16). Esto es casi seis horas por día, siete días a la semana, en las semanas más tranquilas; y más de ocho horas al día, siete días a la semana, en las semanas más pesadas.

Predicando, predicando y predicando

No he encontrado referencias, en toda mi lectura, para lo que hoy llamamos vacaciones o días de descanso. Cuando él creía que necesitaba recuperación, él hablaba de un viaje oceánico hacia América. Él cruzó el Atlántico 13 veces en su vida – un número impar (no muy común) porque murió y fue sepultado aquí, no en Inglaterra. Los viajes a través del Atlántico llevaban 8-10 semanas cada uno. Y aun así, predicó prácticamente todos los días a bordo del barco. El ritmo era diferente y así él era capaz de leer, escribir y descansar.

Pero en tierra, el ritmo de predicación era incesante. Dos años antes de morir a la edad de 55 años, escribió en una carta: “Yo amo el vigorizante aire libre”. Y al año siguiente, él dijo: “Es bueno recorrer las carreteras y senderos. Predicación en el campo. ¡Predicación en el campo para siempre!” Día tras día, en toda su vida, pasó por todas partes predicando, predicando y predicando.

Hablando a Miles

Y tenga en cuenta que la mayoría de esos mensajes fueron dichos en reuniones de miles de personas – generalmente con dificultades por el viento y los ruidos. Por ejemplo, en el otoño de 1740, por más de un mes, predicó casi todos los días en Nueva Inglaterra para multitudes de hasta 8.000 personas. Esto ocurrió cuando la población de Boston, la mayor ciudad de la región, no era mucho mayor que eso.

Él relata que en Filadelfia, ese mismo año, el miércoles 6 de abril, predicó en la Society Hill (un gran barrio) dos veces por la mañana a unas 6.000 personas y, por la noche, a unos 8.000. El jueves, él habló a “más de diez mil”; y fue contado que en uno de estos eventos, las palabras “Él abrió su boca y les enseñó diciendo” fueron nítidamente escuchadas en el punto de Gloucester, a una distancia de dos millas por encima del agua, bajando el río Delaware .  [¿Usted comprende el por qué digo, que estas cosas están cerca de lo increíble?]. Hubo momentos donde las multitudes alcanzaron 20.000 o más. Esto significaba que el esfuerzo físico para proyectar la voz para tantas personas, por tanto tiempo, en cada sermón, por tantas veces a la semana, durante treinta años; sólo podía haber sido titánico.

Un Sermón poco interrumpido

Añada a todo esto el hecho de que él estaba viajando continuamente, en un tiempo donde las personas se desplazaban únicamente  a caballo, carruaje o barco. Él atravesó a lo largo y a lo ancho de Inglaterra repetidamente. Él viajó regularmente y habló en todo el País de Gales. Él visitó a Irlanda dos veces, donde casi fue muerto por una agresión, a partir del cual cargó una cicatriz en su frente por el resto de su vida. Él viajó 14 veces a Escocia y vino a América 7 veces, parando una vez en Bermuda por 11 semanas – sólo para predicar, no descansar. Él predicó en prácticamente todas las grandes ciudades de la costa este de América. Michael Haykin nos recuerda: “Lo que es tan notable sobre todo eso, es que Whitefield vivió en una época en que viajar a una ciudad a 20 millas de distancia (unos 32 km)  era un emprendimiento significativo.”

C. Ryle resumió la vida de Whitefield así:

“Los hechos sobre la historia de Whitefield son casi enteramente en un solo aspecto. Un año era exactamente igual al otro, y tratar de seguirlo sería apenas repetir su camino sobre el mismo suelo. De 1739 hasta el año de su muerte, 1770, un período de 31 años, su vida fue un trabajo invariable. Él fue eminentemente un hombre de una sola cosa y, esta cosa, siempre fueron los asuntos de su Maestro. Del domingo por la mañana hasta las noches de los sábados, del 1 de enero al 31 de diciembre, con excepción cuando se detenía por enfermedad, él estaba casi incesantemente predicando sobre Cristo; yendo por el mundo llamando a los hombres a arrepentirse y venir a Cristo para ser salvos”.

Otro biógrafo del siglo 19, dijo: “Puede decirse que toda su vida fue destinada a la entrega de un único sermón continuo, o, muy poco interrumpido” .

Un Fenómeno en la Historia de la Iglesia

Él fue un fenómeno no sólo en su época, sino en toda la historia de los 2.000 años de predicación cristiana. No hubo nada comparable con la combinación de la frecuencia de predicación, extensión geográfica, alcance de oyentes, efecto de atrapar la atención, y poder de conversión. Ryle tiene razón: “Ningún predicador jamás mantuvo dominio sobre sus oyentes con tanta entereza como lo hizo por 31 años. Su popularidad nunca declinó”.

Su contemporáneo Augustus Toplady (1740-1778) se refirió a él como “el apóstol del Imperio Inglés”. Él fue el “más popular predicador del siglo XVIII de la Anglo-América; y fue, verdaderamente, el primer reavivalista de masas”. Él fue “la primera celebridad religiosa de la colonia americana”. Pasó ocho años de su vida en América. Él amaba el estilo americano. Él tenía sangre más americana que inglesa.

La primera celebridad de América

Harry Stout resalta: “Mientras las tensiones entre Inglaterra y América crecieron, Whitefield vio que debía hacer una elección. Wesley se quedaría leal a Inglaterra, pero Whitefield no pudo. Sus divergencias institucionales, y su identificación personal con las colonias fueron más fuertes que su lealtad a la corona”.

Las estimaciones son que el 80% de toda la población de las colonias americanas (esto fue antes de la TV o la radio) oyó a Whitefield al menos una vez. Stout muestra que el impacto de Whitefield sobre América fue tal, que él justamente puede ser llamado como el primer héroe cultural de América. Antes de Whitefield, no hubo ninguna persona o evento conocido entre las colonias. En realidad, antes de Whitefield, es dudoso que cualquier otro nombre, además de las realezas, fuera conocido igualmente desde Boston a Charleston. Pero alrededor de 1750 prácticamente todos los americanos amaban y admiraban a Whitefield, y lo vieron como su campeón.

William Cooper, que murió cuando Whitefield tenía 29 años, ya lo llamaba “el fenómeno de la era”.

La Predicación era todo

Todo eso fue el efecto del predicador más enfocado, más envolvente orador, de voz impetuosa, desde el devocional al evangelismo diario; que la historia haya conocido. La predicación significaba todo. Creo que la mayoría de sus biógrafos concuerdan (citando a Stout, biógrafo no muy devoto de Whitefield) que Whitefield demostró indiferencia por su vida personal, su cuerpo y su espíritu. El momento de la predicación dominaba todo y seguía haciéndolo después, pues de hecho no había nada más por lo que él viviese. El hombre íntimo y el hombre familiar habían dejado de existir hacía mucho. En la escena final, sólo había Whitefield en su púlpito.

Poder Natural y Poder Espiritual

¿A qué se debe ese fenómeno? ¿Cuál fue la clave para su poder? En un nivel, su poder fue el poder natural de la elocuencia y en otro, fue el poder espiritual de Dios para convertir a los pecadores y transformar comunidades.

No hay razón para dudar de que él fue el instrumento de Dios, en la salvación de miles. J. C. Ryle dijo:

“Yo creo que el bien directo que él hizo para las almas inmortales, fue enorme. Yo voy más allá – creo que es incalculable. Testigos con credibilidad en Inglaterra, Escocia y América, han dejado registro de su convicción de que él fue el medio para la conversión de miles de personas”.

Whitefield fue el principal instrumento internacional de Dios en el primer Gran Despertar [Primer Gran Avivamiento del S.XVIII]. Nadie más en el siglo 18 fue ungido como él en América, Inglaterra, Gales, Escocia o Irlanda. Esta predicación no fue un fuego de paja. Cosas profundas y duraderas acontecieron.

Su efecto sobre Edwards y Wilberforce

En febrero de 1740, Jonathan Edwards envió una invitación a Whitefield, en Georgia, pidiéndole que predicara en su iglesia. El 19 de octubre, Whitefield registró en su Diario personal: “Prediqué esta mañana, y el buen señor Edwards lloró durante todo el tiempo de mi oficio. Las personas también se vieron afectadas”. Edwards informó que el efecto del ministerio de Whitefield era más que momentáneo – “En cerca de un mes, hubo un gran cambio en la ciudad”.

El impacto de Whitefield, de los Wesley, y del Gran Reavivamiento [Gran Despertar] en Inglaterra cambiaron la cara de la nación. William Wilberforce, que lideró la lucha contra el tráfico de esclavos en Inglaterra, tenía 11 años cuando Whitefield murió. El padre de Wilberforce había muerto cuando él tenía 9 años, y pasó a vivir por un tiempo con sus tíos William y Hanna Wilberforce. Esta pareja tenía una buena amistad con George Whitefield.

Este fue el aire evangélico que Wilberforce respiró antes de que se convirtiera. Y después de su conversión, la visión de Whitefield del Evangelio fue la verdad y la dinámica espiritual que impulsaron la batalla a lo largo de la vida de Wilberforce contra el tráfico de esclavos. Este es sólo un pequeño vislumbre del impacto duradero de Whitefield, y el despertar que él proporcionó.

Entonces no tengo duda de que Henry Venn estaba en lo cierto cuando dijo: “[Whitefield], no mucho después de haber abierto su boca como predicador, Dios ordenó una bendición extraordinaria sobre su palabra”.  Entonces, a esta altura, la explicación del impacto fenomenal de Whitefield fue la excepcional unción de Dios en su vida.

Sus dones de oratoria innatos

Pero por otro lado, Whitefield cautivaba a las personas que no creían en una sola palabra doctrinal de lo que él decía. En otras palabras, tenemos que estar de acuerdo sobre los dones de oratoria naturales que tenía. ¿Cómo debemos pensar sobre estos en relación a la eficacia de él? Benjamin Franklin, que amaba y admiraba a Whitefield -y que rechazó totalmente su teología- dijo:

“Cada acento, cada énfasis, cada modulación de la voz, era tan perfectamente bien pronunciada y bien colocada, que sin estar interesado en el asunto, no se podría dejar de deleitarse con el discurso: un placer bien parecido a lo que se siente con una excelente pieza musical”.

Prácticamente todos concuerdan con Sarah Edwards, cuando ella escribió a su hermano sobre la predicación de Whitefield:

“Él es un orador nato. Tú ya debes haber oído hablar de su voz profunda y tonificada, pero clara y melodiosa. ¡Es una música perfecta para oír sola!… Tú recuerdas que David Hume decía que valía la pena ir a 20 millas para oírlo hablar; y Garrick [un actor que envidiaba estos dones de Whitefield] dijo: “Él podía conducir a los hombres a las lágrimas pronunciando la palabra Mesopotamia”. Es verdaderamente maravilloso ver el encanto que este predicador muchas veces extiende sobre los oyentes, proclamando las verdades más simples de la Biblia”.

Y entonces, ella levantó la cuestión que ha causado tanta controversia en torno a Whitefield en sus últimos 15 años. Ella dice:

“Una persona prejuiciosa, lo sé, puede incluso decir que todo esto es artificio teatral y exhibición; pero nadie que lo haya visto y conocido va a pensar así. Él es un hombre muy devoto y piadoso, y su único objetivo parece ser el de alcanzar e influenciar a los hombres de la mejor manera. Él habla con el corazón. Todo sale con amor, y él derrama un torrente de elocuencia que es casi irresistible”.

Harry Stout, profesor de historia en la Universidad de Yale, no estaba tan seguro de la pureza de las motivaciones de Whitefield, como Sarah Edwards. Su biografía The Divine Dramatist: George Whitefield and the Rise of Modern Evangelicalism, [El Dramaturgo Divino: George Whitefield y el Surgimiento del Evangelicalismo Moderno] es la pieza más bien sustentada de cinismo histórico que he leído. En las primeras 100 páginas de este libro, anoté la palabra cínico en el margen 70 veces.

¿”El actor consumado”?

Pero el desafío precisa ser enfrentado. Y creo que si nosotros miramos atentamente, lo que encontramos es algo más profundo de lo que Stout encontró. Stout alega que Whitefield nunca dejó atrás su amor por la actuación y su habilidad como actor, en el que ya se destacó en su juventud antes de su conversión. Así, él dice que la clave para comprenderlo es “la amalgama de predicación y de la actuación”. Whitefield era “el actor consumado”. “La fama que él buscaba era… ser un actor comandando en el centro del escenario”. “Whitefield no se contentó con hablar simplemente sobre el nuevo nacimiento. Él tuvo que venderlo con todo el artificio dramático de un vendedor ambulante”. “Lágrimas derramándose de Whitefield… gesto psicológico”. “Whitefield se convirtió en un actor-predicador, en lugar de un erudito-predicador”.

Y, por supuesto, esta última afirmación es verdadera, en cierto modo. Él era un actor-predicador en oposición a un erudito-predicador. Él no era un Jonathan Edwards. Él predicaba totalmente sin notas, y su púlpito móvil se adecuaba más a un montículo que a un púlpito tradicional. Al contrario de la mayoría de los predicadores de su época, él era lleno de acción cuando predicaba. Cornelius Winter, joven asistente de Whitefield en años posteriores, dijo:

“Yo casi nunca lo vi pronunciar un sermón sin llorar. A veces él lloraba mucho, sollozando alto y apasionadamente, y era a menudo tan intenso, que, por algunos segundos, usted sospechaba que él nunca podría recuperarse; y cuando lo hacía, naturalmente era necesario algún tiempo para recomponerse”.

Y otro contemporáneo de Escocia, John Gillies, relató cómo Whitefield se movía con “tanta vehemencia en su estructura corporal” que su público realmente compartía su agotamiento y “sentía una temor momentáneo por su vida”.

Por lo tanto, en cierto sentido, no tengo ninguna duda de que Whitefield estaba “actuando” mientras él predicaba. Esto es, que él estaba tomando parte de los personajes del drama de su sermón, y desplegando toda su energía en hacerlo con realismo. Como cuando asume el papel de Adán en el jardín y le dice a Dios: “Si tú no me hubieras dado esta mujer, yo no habría pecado contra ti, por lo que puedes agradecerte a ti mismo por mi transgresión”.

¿Por qué estaba actuando?

Pero la cuestión es: ¿Por qué Whitefield “actuaba”? ¿Por qué era tan lleno de acción y drama? ¿Estaba él, como Stout afirma: “ejerciendo un comercio religioso”? ¿Deseando “fama espiritual”? ¿Buscando “respeto y poder”? ¿Impulsado por el “egoísmo”? ¿Introduciendo “performances”, e “integrando el discurso religioso al lenguaje de consumo emergente”?

Creo que la respuesta más penetrante viene de algo que el propio Whitefield dijo sobre actuar en un sermón, en Londres. En realidad, creo que es la clave para comprender el poder de su predicación -de todas las predicaciones. James Lockington estaba presente en este sermón y lo registró por escrito. Las palabras son de Whitefield:

“Yo les voy a contar una historia. El Arzobispo de Canterbury, en el año 1675, era conocido del Sr. Butterton, el [actor]. Un día, el Arzobispo le dijo a Butterton: ‘Por favor, dígame Sr. Butterton, ¿por qué ustedes, los actores del escenario, consiguen afectar a sus audiencias hablando de cosas imaginarias, como si fuesen reales; mientras que nosotros los de la iglesia, que hablamos de las cosas reales, tenemos nuestras congregaciones apenas escuchándolas, como si fuesen imaginarias?’. ‘La razón del porqué, señor mío’, dice Butterton, ‘es muy simple. Nosotros, actores del escenario, hablamos de cosas imaginarias como si fueran reales; y ustedes, en el púlpito, hablan de cosas reales como si fueran imaginarias'”

“Por lo tanto”, agregó Whitefield, “voy a gritar [gritar bien alto]. No voy a ser un predicador de boca de terciopelo”.

Esto significa que existen tres maneras de hablar. Primero, usted puede hablar de un mundo imaginario irreal como si fuera real -esto es lo que los actores hacen en una pieza. En segundo lugar, usted puede hablar sobre un mundo real como si fuera irreal – que es lo que los pastores fríos e indiferentes hacen cuando predican sobre cosas gloriosas, de una forma que demuestra que no están tan aterrorizados y maravillados por las cosas que hablan. Y el tercero es: Usted puede hablar sobre un mundo espiritual real, como si fuese maravilloso, terrible y magníficamente real (porque, en realidad, lo es).

La Diferencia entre los Actores

Entonces, si usted preguntara a Whitefield: “¿Por qué usted predica de esta manera?”, Él diría: “Yo creo que lo que yo leo en la Biblia, es real”. Entonces, me aventuraré en esta afirmación: George Whitefield no es un actor reprimido, conducido por un amor egoísta por la atención. Por el contrario, él es conscientemente comprometido en diferenciarse de los actores, porque él conoció algo que es realmente verdadero.

Él actuaba con toda su fuerza, no porque eso demandaba grandiosos trucos y charadas para convencer a las personas de lo irreal; sino porque él había conocido algo mucho más real, de lo que los actores de los escenarios de Londres ya habían visto. Para él, las verdades del Evangelio eran tan reales -tan maravillosa, terrible y magníficamente reales- que él no podía, y no iría a predicarlas como si fueran cosas irreales o meramente interesantes.

Actuando al servicio de la realidad

No era una actuación reprimida, ni fue actuación libre. Él no estaba actuando al servicio de la imaginación, él estaba actuando al servicio de la realidad. No era tomar lo irreal como si fuera real. Fue tomar la súper realidad de esta verdad, de forma impresionantemente pura, e increíblemente real. No fue actuación. Fue una representación apasionada de la realidad. No fue un potente microscopio usando todo su poder para hacer que lo que es pequeño, apareciese como algo increíblemente grande. Este fue un telescopio desesperadamente inadecuado, invirtiendo todo su poder para ofrecer una pequeña sensación de la majestad, de lo que muchos predicadores veían como siendo cansino e irreal.

No hay ningún desacuerdo en cuanto a que Dios usa vasos naturales, para demostrar su realidad sobrenatural. Y no hay desacuerdo de que George Whitefield era un vaso maravillosamente natural. Él era centrado, afable, elocuente, inteligente, comprensivo, honesto, determinado, aventurero, y tenía una voz como la de una trompeta, que podía ser escuchada por miles al aire libre –y a veces a una distancia de dos millas. Todo esto, me atrevería a decir, sería parte de los dones naturales de Whitefield, aunque incluso si él nunca hubiera nacido de nuevo.

Whitefield nace de nuevo

Pero algo aconteció, que hizo que todos esos dones naturales de Whitefield fueran subordinados a otra realidad. Eso hizo que todo aquello operara en otra dimensión – para la gloria de Cristo en la salvación de los pecadores. Era la primavera de 1735. Tenía 20 años. Él formaba parte del Club Santo en Oxford, con John y Charles Wesley, y la búsqueda de Dios estaba totalmente disciplinada.

“Yo siempre elegía el peor tipo de comida… Yo ayunaba dos veces por semana. Mi apariencia era despreciable… Yo usaba guantes de lana, ropa remendada y zapatos sucios… Yo constantemente caminaba por las mañanas frías hasta que una parte de una de mis manos estuviese oscura… Apenas podía arrastrarme hacia el piso de arriba. Era obligado a informar a mi tutor… quien me enviaba inmediatamente a un médico”.

Él tuvo una pausa en la escuela, y entonces llegó a sus manos una copia del libro del Puritano Henry Scougal, The Life of God in the Soul of Man [La Vida de Dios en el Alma del Hombre]. Aquí está descrito lo que sucedió, en sus propias palabras:

“Debo dar testimonio a mi viejo amigo, el señor Charles Wesley, que colocó un libro en mis manos llamado, The Life of God in the Soul of Man, por el cual Dios me mostró que debo nacer de nuevo o ser condenado. Yo sé el lugar: puede parecer supersticioso, tal vez, pero siempre que voy a Oxford, no puedo dejar de correr hacia el lugar donde Jesucristo, primero se reveló a mí y me dio el nuevo nacimiento. [Scougal] dice: un hombre puede ir a la iglesia, hacer sus oraciones, recibir el sacramento y, aun así, mis hermanos, no ser un cristiano. Así como mi corazón se exaltó, de la misma forma se compungió. Como un pobre hombre que tiene miedo de mirar en su cuaderno de cuentas, temeroso por descubrirse en quiebra. ¿Debo yo, quemar este libro? ¿Debo arrojarlo lejos? ¿Debo ponerlo de lado o debo abrirlo y examinarlo? Yo lo hice, y, sosteniendo el libro en mi mano, me dirigí al Dios del cielo y de la tierra: Señor, si yo no soy un Cristiano, si yo no soy realmente, por el amor de Jesucristo, muéstrame lo que el Cristianismo es, para que yo no sea condenado al final. Yo leí un poco más y el fraude fue descubierto. ¡Oh, dice el autor, los que saben alguna cosa sobre la religión, saben que es una unión vital con el Hijo de Dios; Cristo habitando en el corazón! ¡Oh, qué forma divinamente quebrantadora de vida cubrió mi pobre alma…! ¡Oh! Que alegría -alegría indescriptible- me embargó, y con grande gloria, mi alma fue llena”.

El poder, la profundidad y la realidad sobrenatural del cambio de Whitefield, fue algo que Harry Stout no retrató lo suficiente. Lo que sucedió allí fue que a Whitefield le fue dada la habilidad sobrenatural de ver lo que era real. Su mente fue abierta a la nueva realidad. Aquí está la manera de describirla:

“Por encima de todo, mi mente ahora está más abierta y expandida. Yo empecé a leer las Sagradas Escrituras sobre mis rodillas, dejando de lado todos los demás libros y orando, si es posible, cada línea y palabra. Esto fue, de hecho, como comida y bebida para mi alma. Yo diariamente recibía frescura de vida, luz y poder de las alturas. Yo obtuve más conocimiento de la verdad por la lectura del Libro de Dios en un mes, de lo que yo jamás podría haber adquirido de todos los escritos de los hombres”.

Esto significa que la actuación de Whitefield -su predicación apasionada, enérgica y completamente salida del alma- fue el fruto de su nuevo nacimiento, porque su nuevo nacimiento le dio ojos para ver “vida, luz y poder de las alturas”. Él vio los hechos gloriosos del Evangelio como siendo reales. Maravillosos, terribles, y magníficamente reales. Y es por eso que él clama: “Yo no voy a ser un predicador de boca de terciopelo”.

Ninguna de sus habilidades naturales desapareció. Todas ellos fueron hechas cautivas a la obediencia a Cristo (2ª Corintios 10: 5). “Que mi nombre sea olvidado, que yo sea colocado bajo los pies de todos los hombres, si Jesús fuese así glorificado”.

Luchando contra el Orgullo. Confesando la locura

Por supuesto que él luchó contra el orgullo. ¿Quién no lucha contra el orgullo? -orgullo porque somos alguien u orgullo porque queremos ser alguien. Pero lo que el registro muestra es que él luchó con bravura esa pelea, declarando muerte, una a una, todas las veces que era atraído por la vanidad de la alabanza humana. “Es difícil”, dijo, “atravesar el fuego ardiente de la popularidad y de la exaltación por los aplausos”.

“Elogios”, escribió a un amigo, “o hasta la misma insinuación de admiración, son un veneno para una mente viciada en orgullo. Un clavo no se hunde tanto como cuando está bañado en aceite… Ore por mí, querido señor, y cure las heridas que usted hizo. Sólo a Dios la gloria. A los pecadores nada, excepto la vergüenza y la aflicción”.

Él confesó públicamente las tonterías y los errores que cometió en sus primeros años. Él confesó a un amigo en 1741: “Nuestros pensamientos más santos son manchados por el pecado y necesitan la reparación expiatoria del Mediador”. Él se lanzó sobre aquella gracia gratuita, que él predicaba de forma tan poderosa:

“Yo no soy nada, yo no tengo nada y no puedo hacer nada sin Dios. Y lo que aun todavía puedo hacer, lo hago como un sepulcro que parece ser un poco más bonito después de pulido. Pero, sin embargo, internamente estoy lleno de orgullo, amor a mí mismo y todo tipo de corrupción. Pero, aun así, por la gracia de Dios soy lo que soy, y si es del agrado de Dios hacerme un instrumento para lo que es bueno, incluso de forma mínima, entonces que no sea a mí, sino a Él, toda la gloria”.

Haciendo que las cosas reales sean reales

Entonces, Whitefield tuvo una nueva naturaleza. Él había nacido de nuevo. Y esta nueva naturaleza le permitió ver lo que era real. Whitefield sabía en su alma: Yo nunca hablaré de lo que es real como si fuese imaginario. No seré un predicador de boca de terciopelo. Él no abandonó la actuación. Él desenmascararía a los actores en su predicación, porque éstos sí, se convirtieron en actores para hacer que las cosas imaginarias parecieran reales, pero él era un predicador-actor para hacer que las cosas reales reflejen lo que realmente son.

Él no pausaba su predicación para tener un poco de drama adicionado – como algunos predicadores hacen hoy, pareciendo un poco como un sketch, un poco como el clip de una película -porque eso le habría hecho perder todo el objetivo. Predicar fue la obra. La predicación era el drama. La realidad del Evangelio lo consumió y esto se tornó su testimonio. La predicación se tornó en sí la activa palabra de Dios. Era Dios hablando. La realidad no estaba simplemente siendo mostrada, la realidad estaba aconteciendo.

Sin actuar en el sentido teatral

Al final, esto significa que la “actuación” de Whitefield no era actuación en el sentido teatral de la palabra. Si una mujer tiene un papel en una película, y por ejemplo, ella es madre de un niño que está en una casa en llamas y, una vez que las cámaras se centran en ella, ella comienza a gritar a los bomberos y apunta a la ventana en el segundo piso, todos nosotros diremos que ella está actuando. Pero si una casa está prendiéndose fuego en su barrio, y usted ve a una madre gritando a los bomberos y apuntando a la ventana del segundo piso, nadie dirá que ella está actuando. ¿Por qué no se parecen ellas exactamente igual?

Es porque realmente hay un niño allá arriba, entre el fuego. Esta mujer es realmente la madre del niño. Hay un peligro real y el niño podría morir. Todo es real. Y era de esa misma manera para Whitefield. El nuevo nacimiento le había abierto los ojos para lo que era real, y para la magnitud de lo que era real: Dios, la creación, la humanidad, el pecado, Satanás, la justicia divina y su ira, cielo, infierno, encarnación, las perfecciones de Cristo, su muerte, expiación, redención, propiciación, resurrección, el Espíritu Santo, la gracia salvífica, el perdón, la justificación, la reconciliación con Dios, la paz, la santificación, el amor, la segunda venida de Cristo, los nuevos Cielos y la nueva Tierra, la alegría eterna… Estos eran reales. Abrumadoramente reales para él. Él había nacido de nuevo. Él tenía ojos para ver.

Cuando él advirtió sobre la ira y llamaba a las personas para que escaparan, para que exaltaran a Cristo; él no estaba actuando. Él estaba incorporando tales formas de emociones y de acciones que correspondían con esas realidades. Eso es lo que la predicación hace. Es una búsqueda por exaltar a Cristo, describir el pecado, ofrecer la salvación; y persuadir a los pecadores con emociones, palabras y acciones que representen el peso de tales realidades.

Si usted ve estas realidades con los ojos de su corazón, si usted siente el peso de ellas; usted sabrá que ese tipo de predicación no se escenifica. La casa está en llamas. Hay personas atrapadas en el segundo piso. Nosotros las amamos. Y hay una manera de escapar.

“Yo no conozco ninguna otra razón por la cual Jesús me colocó en el ministerio, sino por ser yo el mayor de los pecadores, y por lo tanto, el más apto para predicar la gracia libre a un mundo que yace bajo el maligno”. [George Whitefield]

“voy a gritar [gritar bien alto]. No voy a ser un predicador de boca de terciopelo” [George Whitefield]

By John Piper – Traducido al español por Gabriel E. LLugdar para Diarios de Avivamientos

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3 respuestas a George Whitefield ¿Predicador o Actor?

  1. José Hernández dijo:

    Gracias hermano Gabriel por enviarnos esta traducción, y a la vez agradecido al hermano John Piper por tan buena recopilación sobre la vida de George Whitefield. Relatos que me hace sentir pequeño en el reino de Dios. Se pierde de vista el imaginar a ese hombre en esta era con el sistema comunicacional actual en todos los sentidos. En el párrafo final del capítulo titulado “luchando contra el orgullo” define a un hombre verdaderamente lleno del amor de Dios.
    Quiera Dios que esta publicación llegue a muchos predicadores y aprendan del ejemplo dado por este gran hombre de Dios. De mi parte cumpliré con reenviarlo a varios de mis hermanos en Cristo.
    Un abrazo lleno del amor de Cristo.

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  2. Oscar Mares dijo:

    Hola amigo una pregunta tendras el comentario biblico del evNgelio de Juan por J. Calvino? Te agradeceria mucho

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    ________________________________

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