¿Creía san Agustín en el Purgatorio? – Patrística

Una de las corrientes de pensamiento (o perspectiva doctrinal) que se advierte en el estudio de la Patrística, es la que encuentra representada por Tertuliano, para quien el bautismo era el comienzo de la vida cristiana y el final de la vida de pecado, y esto en el sentido más estricto. En el bautismo se lavaban todos los pecados, pero después ya no había posibilidad de perdón (por eso Tertuliano recomendaba bautizarse a una edad adulta, y más tarde otros, como el mismo Constantino, postergaban el bautismo hasta el final de la vida, para evitar el riesgo de pecar después de bautizado). En dos escritos post-apostólicos de gran influencia en la Iglesia primitiva,  el Pastor de Hermas y la llamada Segunda epístola de Clemente (ambos de mediados del S. II), se tocaba este asunto afirmando que después del bautismo solo quedaba una oportunidad más de arrepentimiento y penitencia para los pecados graves, tras lo cual el cristiano ya no sería perdonado de sus pecados y caería en la apostasía. 

“Sin embargo, tal penitencia irrepetible acarreaba varias dificultades. La principal era que dejaba al pecador carente del consuelo y del ministerio de la iglesia durante el largo tiempo entre el pecado y su confesión publica. Ademas, puesto que era un acto de tal solemnidad que no podía repetirse, se le limitaba a los pecados mas graves, y por tanto no ofrecía consuelo alguno a los innumerables cristianos cuya experiencia cotidiana era que, aun después del bautismo, continuaban cometiendo lo que parecían ser pecados menores.”    [González, J. L. Retorno al Pensamiento Cristiano, p. 150]

Para estos pecados que el cristiano cometía después del bautismo se fue desarrollando gradualmente el sistema de “penitencia” con la cual el cristiano podía satisfacer la culpa por sus pecados.

“[…] siempre se hizo una distinción entre el perdón que se recibía en el bautismo, y el de la penitencia. Mientras el primero era dado gratuitamente, el segundo requería que los pecadores ofrecieran satisfacción por sus pecados. […] Pero, una vez que la cuestión del perdón de los pecados se plantea de ese modo, hay otras dificultades. La primera es que hay quienes mueren sin haber tenido oportunidad de ofrecer satisfacción por todos sus pecados. No se trata de pecadores impenitentes, sino que son más bien personas que, a pesar de tener la intencion de cumplir sus obras de satisfacción, mueren sin haberlo hecho. La doctrina del purgatorio se desarrolló en parte como respuesta a esa dificultad.” [González, J. L. Retorno al Pensamiento Cristiano, p. 152]

San Agustín fue influenciado por esta corriente de interpretación teológico legal: pecado = deuda con Dios ⇒ necesidad de satisfacción ⇒ bautismo = perdón por la Gracia de Cristo ⇒ pecados post-bautismo = necesidad de satisfacción ⇒ penitencia = satisfacción de la pena.

Veamos ahora como san Agustín  terminó creyendo en la necesidad de satisfacción post-muerte, para aquellos que habiendo sido cristianos no vivieron en santidad total.  De esta manera era coherente con su postura de la predestinación individual, y a la vez ponía fundamento (queriéndolo o no) para el desarrollo posterior de la doctrina del Purgatorio:

“Quien cultivare este campo interior del alma y consiguiere, aunque con trabajo, su pan, puede soportar este trabajo hasta el fin de la vida; mas después de esta vida no se verá en la precisión de sufrirlo. En cambio, quien no cultivare el campo y permitiere que las espinas le ahoguen, tendrá en esta vida la maldición de su tierra en todas sus obras, y después de esta vida o el fuego de la purificación o la pena eterna; nadie, pues, se escapa de esta sentencia; por lo tanto, se ha de obrar para que a lo menos tan sólo se soporte en esta vida.”    [San Agustín, DEL GÉNESIS CONTRA LOS MANIQUEOS. LIBRO II. Capítulo XX. 30. Traducción: Lope Cilleruelo, OSA]

“Entendamos, si se quiere, en este lugar, aquel fuego del que dirá el Señor a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, de forma que incluyamos en él a estos que edifican sobre el fundamento madera, heno y hojarasca. Mas pensemos que éstos se verán libres de ese fuego, después de atormentados algún tiempo por sus pecados, por los méritos de ese fundamento. ¿Qué debemos pensar de los de la derecha, a quienes se dirá: Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino que os está preparado, sino que son aquellos que edificaron sobre el fundamento oro, plata y piedras preciosas? Si, pues, el fuego de que habla el Apóstol al decir: si bien como por el fuego, lo entendemos de este modo, deben ser arrojados a él unos y otros, es decir, los de la derecha y los de la izquierda. Y unos y otros deben ser probados por el fuego del que se dijo: El día descubrirá la obra de cada uno, puesto que será manifestado por el fuego, y el fuego probará cuál sea la obra de cada uno. Si los dos serán probados por el fuego, a fin de que el uno, si sus obras permanecen, es decir, no fueren consumidas por el fuego, reciba el galardón, y el otro, si sus obras ardieren, reciba su castigo, sin duda ese fuego no es eterno. Sólo los de la izquierda serán enviados al fuego eterno para su suprema y eterna condenación. Este fuego de que habla el Apóstol prueba a los de la derecha. Pero los prueba de tal manera que no quema el edificio de unos y quema el de los otros. No quema el edificio de aquellos que han puesto a Cristo por fundamento del mismo. Y así se salvarán todos, puesto que han colocado a Cristo por fundamento y lo han amado con un amor grande. Y si se salvarán, estarán ciertamente a la derecha y oirán con los demás estas palabras: Venid, benditos de mi Padre, a poseer el reino que os está preparado. Y no a la izquierda, donde estarán los que no se han de salvar, que a su vez oirán: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno. Ninguno de éstos se librará del fuego, porque irán todos al suplicio eterno, donde su gusano no morirá y el fuego no se apagará. Allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.  Si se dice que el espacio de tiempo que mediará entre la muerte y ese día que, después de la resurrección de los cuerpos, será el último día de la remuneración y de la condenación, las almas estarán expuestas al ardor de un fuego que no sentirán aquellos que no hayan tenido en esta vida costumbres y afecciones carnales dignas de consumir su madera, su heno y su paja; y que quienes han construido un edificio semejante, sentirán el fuego de una tribulación transitoria que abrase, sea allí sólo, sea aquí y allí, sea aquí para que no sea allí, los pecados innumerables, aunque veniales. A esto no me opongo, porque quizá sea verdadero.” [San Agustín, La Ciudad de Dios. XXI. 26. 3, 4. BAC]

“Hay, pues, la misma razón—repito—para no orar entonces por los hombres destinados al fuego eterno que para no orar, ni ahora ni entonces, por los ángeles malos. Y esa misma se hace extensiva a no orar entonces por los difuntos infieles e impíos, aunque se ore por todos en general. La oración de la Iglesia o de algunos santos es oída para ciertos difuntos, pero sólo para aquellos que, regenerados en Cristo, no vivieron tan mal que se los juzgara indignos de tal misericordia, ni tan bien que no necesitaran de la misma. También después de la resurrección de los muertos habrá algunos a quienes Dios les hará misericordia y no los enviará al fuego eterno, a condición de que hayan sufrido las penas que sufren las almas de los difuntos. Porque no sería verdadero decir de algunos que no se les perdonó en esta vida ni en la otra, si no hubiera otros a quienes se les perdona, si no en esta vida, sí en la otra.”   [San Agustín, La Ciudad de Dios. XXI. 24. 2. BAC]

Las penas temporales, unos las sufren solamente en esta vida, otros después de la muerte, otros en esta vida y en la otra, pero antes del último y más riguroso de los juicios. No todos los que sufren penas temporales después de la muerte caerán en las penas eternas después del juicio final. Ya hemos apuntado arriba que a algunos se les remitirá en el siglo futuro lo que no se les remite en éste, con el fin de que no sean castigados con el suplicio eterno”.     [San Agustín, La Ciudad de Dios. XXI. 13. 2. BAC]

“Así pues, según la forma de vida que cada uno ha llevado por medio del cuerpo, sucede que, cuando muere el cuerpo, le aprovechan o no los sufragios que se ofrecen piadosamente por él. Porque, si no se ha adquirido mérito alguno en esta vida por el que aprovechan los sufragios, es inútil que se busquen después. De este modo, ni la Iglesia ni la piedad de los fieles derrochan en vano por los difuntos cuanto les puede inspirar el celo de la religión. Y, no obstante, cada uno recibe según lo que obró por medio de su cuerpo, lo bueno o lo malo, porque el Señor da a cada uno según sus obras. Para que pueda serle provechoso después de su muerte lo que se le aplica, es necesario que haya adquirido el mérito durante la vida que llevó en su cuerpo”   [San Agustín, LA PIEDAD CON LOS DIFUNTOS, AL OBISPO PAULINO. I. 2. BAC]

Para Agustín, llamado el “Doctor de la Gracia”, los mártires eran personas que habían alcanzado la perfección de santidad, por eso ellos no necesitaban de satisfacción por sus pecados, pero los demás muertos sí lo necesitaban: 

“Con todo, en esta vida existe una cierta perfección, alcanzada por los santos mártires. A esto se debe el uso eclesiástico, conocido por los fieles, de mencionar el nombre de los mártires ante el altar de Dios, y no para orar por ellos, sino por los restantes difuntos de quienes se hace mención. Es hacerle una injuria rogar por un mártir, a cuyas oraciones debemos encomendarnos nosotros. Él luchó contra el pecado hasta derramar su sangre. A algunos, imperfectos todavía, pero sin duda parcialmente justificados, dice el Apóstol en la carta a los Hebreos: Todavía no habéis resistido hasta derramar vuestra sangre en vuestra lucha contra el pecado”     [San Agustín, Sermón 159, 1. BAC]

Aunque la iglesia Católica, a falta de textos claros en la Biblia, tardó mucho en ponerse de acuerdo sobre la doctrina del Purgatorio y cada vez le va quitando rigor, hasta llegar a afirmar ahora que el purgatorio no es un lugar, ni existe allí el tiempo, así que puede ser un mero segundo

“Recuerde: el purgatorio puede ser instantáneo. De modo que si estuviéramos instantáneamente en la presencia de Cristo luego de la muerte (contrariamente a la ilustración de Cristo de ser llevados por ángeles a nuestro destino), ¿qué hay con eso? Esto no hace diferencia alguna en la posición católica, ya que el tiempo no funciona de la misma manera en el más allá, y el purgatorio podría ser simplemente una transformación instantánea “en un abrir y cerrar de ojos”.  [Revista de apologética católica: Apologeticum, nº 2, abril 2015]

La postura de la iglesia católica es la siguiente:

“Incluso después de perdonada la culpa con el sacramento de la penitencia, quedan penas por descontar o restos de pecados que purificar. Lo demuestra la doctrina católica sobre el purgatorio: las almas de los difuntos, (que han pasado a la otra vida en la caridad de Dios, verdaderamente arrepentidas, antes de haber satisfecho con dignos frutos de penitencia por las culpas cometidas y por las omisiones) son purgadas después de la muerte con penas purificatorias.” [Diccionario Teológico Enciclopédico, Verbo Divino, Navarra, 1995]

“Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.”    [Catecismo de la Iglesia Católica #1030]

“La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1ª Co 3, 15; 1ª P 1,7) habla de un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).”    [Catecismo de la Iglesia Católica #1031]

El Concilio de Trento, realizado como respuesta a las tesis luteranas, afirma:

“Si alguien dijere que a cualquier pecador arrepentido, después de haber recibido la gracia de la justificación, se le remite la culpa y se le borra el reato de la pena eterna (reato= obligación que queda a la pena correspondiente al pecado, aun después de perdonado), de modo que no queda reato de pena temporal por satisfacer en este mundo o en el futuro purgatorio, antes de que se le pueda abrir la entrada en el reino de los cielos: sea anatema”    [Concilio Tridentino, sesión VI, canon 30]

Lo que la Iglesia Católica afirma acerca de las experiencias en el Purgatorio está basado no en las Escrituras, (donde no hay referencias directas a ningún tipo de sistema purificador de pecados post-muerte) sino en las visiones de santa Catalina de Génova (1447 – 1510) en su famoso Tratado sobre el Purgatorio.  

“A pesar de lo dicho, sufren estas almas unas penas tan extremas, que no hay lengua capaz de expresarlas, ni entendimiento alguno las puede comprender mínimamente, a no ser que Dios lo mostrase por una gracia especial. Yo creo que a mí la gracia de Dios me lo ha mostrado, aunque después no sea yo capaz de expresarlo. Y esta visión que me mostró el Señor nunca más se ha apartado de mi mente. Trataré de explicarlo como pueda, y me entenderán aquéllos a quienes el Señor se lo dé a entender”    [Santa Catalina de Génova – Tratado del Purgatorio. 5.]

“Los del infierno, habiendo sido hallados en el momento de la muerte con voluntad de pecado, tienen consigo infinitamente la culpa, y también la pena. Y la pena que tienen no es tanta como merecerían, pero en todo caso es pena sin fin. Los del purgatorio, en cambio, tienen solo la pena, pero como están ya sin culpa, pues les fue cancelada por el arrepentimiento, tienen una pena finita, y que con el paso del tiempo va disminuyendo, como ya he dicho.”    [Santa Catalina de Génova – Tratado del Purgatorio. 8.]

Martín Lutero, monje y Doctor en Teología de la orden de los agustinos, contradice al fundador de su orden, y rechaza tal idea de una necesidad de satisfacción de pena post-muerte:

“Es un error mayúsculo querer satisfacer uno por sus pecados, cuando Dios los perdona sin cesar gratuitamente por su inestimable gracia y sin ninguna exigencia a cambio, a no ser la de que en adelante se lleve una vida buena.”   [Martín Lutero, Sermón en forma de tesis, Sobre la Indulgencia y la Gracia. En marzo de 1518]

Quien se encargó de las ventas de Indulgencias para “rescatar almas del Purgatorio”  en Alemania central, fue el domínico Juan Tetzel, de cincuenta y dos años de edad. Y de quien se han escrito por parte de los protestantes las peores cosas; y desde el lado de los católicos algunos se han atrevido a alabarlo como un piadoso hombre de Dios, la Enciclopedia Católica lo califica comoun solido teólogo y monje de comportamiento irreprochableal que solo le sobrabacalor del entusiasmo retórico”. En su “caluroso entusiasmo retórico” decía cosas como estas:

“Las indulgencias no solo salvan a los vivos, sino también a los muertos. Sacerdote, noble, mercader, mujer, muchacha, mozo, escuchad a vuestros parientes y amigos difuntos, que os gritan del fondo del abismo: ¡Estamos sufriendo un horrible martirio! Una limosnita nos libraría de él; vosotros podéis y no queréis darla.”

“¿No oís las voces de vuestros padres y de otros difuntos, que os dicen a gritos: ¡tened misericordia de mí, tened misericordia de mí, al menos vosotros, amigos míos!?… ¿Seréis tan crueles y duros que, pudiendo librarnos ahora con tanta facilidad, no lo queráis hacer y nos dejéis yacer entre las llamas, demorando la entrada en la gloria que nos está prometida?…

“¡Tan pronto como la moneda suena en el cofre, el alma sale del purgatorio!”.

Conclusión:

Aunque Agustín, influenciado por una determinada corriente teológica, haya en forma tímida abierto la puerta para un desarrollo pleno del dogma del Purgatorio, la verdad es que las Escrituras no enseñan tal cosa. El mayor ejemplo lo tenemos en el ladrón crucificado al lado de Cristo, quien arrepentido de sus pecados pidió al Señor que se acordara de él, ¿cual fue la respuesta de Jesús?

Jesús le dijo: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.”   [Lucas 23:43 -Traducción católica: Nueva Biblia de Jerusalén]

Si permanecemos en Cristo, somos continuamente perdonados y lavados en su sangre de todo pecado y culpa, 

1ª Juan 1:7-9 Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado. Si decimos: “No tenemos pecado”, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia.       [Traducción católica: Nueva Biblia de Jerusalén]

Uno de los textos más claros de la Escritura en cuanto a la no existencia de un Purgatorio del tipo que enseña Catalina de Génova y la tradición católica es el siguiente:

1ª Tesalonicenses  4:14-17  Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús.  Os decimos esto como palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron.  El mismo Señor bajará del cielo con clamor, en voz de arcángel y trompeta de Dios, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor.   [Traducción católica: Nueva Biblia de Jerusalén]

¿Qué opina la Iglesia Ortodoxa sobre el Purgatorio?

“La enseñanza ortodoxa al respecto no queda clara del todo, y ha ido variando en épocas distintas. En el siglo XVll, varios escritores ortodoxos – de los que destacamos a Pedro de Moghila, y a Dositeo en su Confesión – sostuvieron la doctrina católica romana del Purgatorio, o cosa muy parecida a ello. (Según la enseñanza romana más usual, al menos en el pasado, las almas en el Purgatorio padecen sufrimientos expiatorios, rindiendo así el ‘pago satisfactorio’ por sus pecados). Hoy en día, la mayoría, a no decir la totalidad, de los teólogos ortodoxos rechazan el concepto del Purgatorio, al menos expresado de esta forma. La mayoría tiende a proponer que los fieles difuntos no padecen sufrimiento alguno. Otra escuela de pensamiento mantiene que quizás sufran, pero de ser así, el sufrimiento es de tipo purificador y no expiatorio; ya que cuando fallece una persona en la gracia de Dios, Dios le perdona libremente todos sus pecados sin exigir penas expiatorias; Cristo, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, es fuente única de nuestra expiación y reparación satisfactoria.”    [Libro: LA IGLESIA ORTODOXA. Obra del Obispo Kallistos Ware.  p. 230]

Como hemos podido observar, tanto la Iglesia Católica como la Ortodoxa han ido cambiando de parecer en cuanto a la doctrina del Purgatorio (la Católica “suavisando” la idea del Purgatorio espantoso que predicaba Juan Tetzel en épocas de Lutero,  y la Ortodoxa desechándola prácticamente). Todo esto por la sencilla razón de que las Escrituras no hablan de ningún fuego purificador para nuestros pecados, pero en cambio sí habla de uno para nuestras obras:

1Corintios 3:13-15 la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que aparecerá con fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego.  Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa.  Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el castigo. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien escapa del fuego.  [Traducción católica: Nueva Biblia de Jerusalén]

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos – 2018

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