Los Anabaptistas y los dones carismáticos

A pesar de que Lutero estaba abierto a los fenómenos milagrosos en su vida personal, él trató lo sobrenatural con cautela en su esfuerzo por reformar la Iglesia. Aunque rompió con la Iglesia Católica Romana, mantuvo mucho de su liturgia y de su régimen. Por ejemplo, conservó el rito del bautismo infantil, así como una Iglesia territorial dependiente del Estado. La tarea de infundir la dimensión carismática en los cultos cotidianos de las congregaciones fue, sin embargo, dada a los contemporáneos más radicales de Lutero, conocidos como anabaptistas.

LOS LLAMADOS  “REFORMADORES RADICALES”

El anabaptismo comenzó en Zúrich, Suiza, como parte del movimiento de reforma iniciado por Ulrico Zuinglio (1484-1531), un contemporáneo de Lutero. Se produjo una ruptura entre Zuinglio y dos de sus colegas, Felix Manz y Conrad Grebel, cuando Zuínglio decidió cooperar con el decreto del consejo municipal que establecía que la misa debía seguir siendo celebrada y que se debía cesar la iconoclastia en las iglesias.

Esto hizo que Zuinglio y sus dos colegas se separaran por completo, pues insistían en seguir estrictamente las Escrituras en todos los esfuerzos reformadores. Para Grebel y Manz, mantenerse fiel a la Escritura significaba la abolición inmediata de la misa, la remoción de todas las imágenes de las iglesias y el fin del bautismo infantil. El Consejo de Zúrich interpretó esa posición como una afrenta a su autoridad y ordenó que todos aquellos que no bautizaban a sus hijos en un período de ocho días serían expulsados de la región. Más adelante, el consejo decretó la prohibición de encuentros entre aquellos que se oponían al rito del bautismo infantil.

En respuesta a la decisión del consejo, Grebel y Manz se reunieron con otros 20 seguidores en la casa de Manz, el 21 de enero de 1525. Tras una oración en grupo, George Blaurock le pidió a Grebel que lo bautizara. Grebel consintió y entonces pidió ser bautizado por Blaurock, que bautizó no sólo a Grebel, sino a todos los presentes. De acuerdo con Fritz Blanke, este es el “marco inicial del movimiento anabaptista.”  [Fritz Blanke. Brothers in Christ. Scottdale, PA: Herald, 1961, p.20].

En Suiza y en toda Europa surgieron bolsones similares de insatisfacción con el trabajo de los reformadores. Muchos se referían a Lutero y Zuinglio como hombres que se pararon en el medio, pues ambos todavía retenían mucho del régimen antiguo. Ellos decían que “Lutero demolió la casa antigua, pero no construyó nada en su lugar”, y que Zuingio “purificó todas las enfermedades como un rayo, pero nada erigió de mejor en su lugar” [Franklin H. Littell. The origins of Sectarian Protestantism. Nova York: Beacon, 1964, p.2].

EL BAUTISMO DEL CREYENTE

Anabaptista quiere decir simplemente “aquel que bautiza”. Los anabaptistas enfatizaban que el bautismo era sólo para los creyentes, excluyendo así la idea de bautizar a los niños. Ellos fueron duramente perseguidos tanto por católicos y por protestantes en virtud de esa posición, siendo promulgadas leyes que castigaban el bautismo de adultos con la pena de muerte. A pesar de las austeras persecuciones levantadas contra ellos, los anabaptistas crecieron en número y se extendieron por toda Europa.

A causa de la intensa persecución por parte del Estado y de la Iglesia, los anabaptistas generalmente se encontraban en secreto en sus casas, en los bosques y en los campos. Allí leían la Biblia y oraban para que viniera sobre ellos ese mismo Espíritu, y aquel mismo poder que había sido conocido por la iglesia primitiva. No era inusual para los anabaptistas danzar, caer al suelo,  y hablar en lenguas. [Littell. The origins of Sectarian Protestantism, p.19]

LA ILUMINACIÓN DE LAS ESCRITURAS

Los anabaptistas también creían que ellos obtenían la presencia de Dios cuando leían la Biblia. Cuando Felix Manz fue condenado a muerte como hereje por las autoridades de Zúrich el 5 de enero de 1527, fue acusado de “fingimiento” en lo que se refiere a “haber recibido, mientras estuvo en la cárcel, la revelación de algunas epístolas de Pablo como si estuvieran ante sus ojos” [Horsch. “The faith of the Swiss brethren II”, 15. Cf. tb. George H. Williams. The radical Reformation, p.145.174]. La corte consideró que esa era una prueba de que Manz había recibido revelaciones con la misma autoridad de la Escritura. Como pena, fue arrojado al río Limmat el mismo día.

LA PROFECÍA COMO MINISTERIO DE TODOS LOS CREYENTES

Como reacción al sistema eclesiástico del catolicismo romano, los anabaptistas rechazaron la estructura jerárquica de liderazgo y enfatizaron que el ministerio era responsabilidad de toda la congregación. Así, si fue Lutero quien restauró la idea del “sacerdocio de todos los creyentes”, fueron los anabaptistas que restauraron la idea del “ministerio profético para todos los creyentes”. Este concepto es claramente constatado en el documento de los anabaptistas suizos datado alrededor de 1532-1534, titulado Respuestas de aquellos que son llamados (ana)baptistas del por qué no asisten a las iglesias. En este documento, el motivo principal de no asistir a las iglesias estatales es la prohibición, por parte de esas instituciones, de que los miembros de la congregación usen sus dones espirituales, de acuerdo con “el orden cristiano enseñado en el evangelio o en la Palabra de Dios, en 1 Corintios 14”. (Este es el capítulo que discute el lugar de la profecía, de las lenguas y de su interpretación en la asamblea cristiana.) El autor del documento reprende a Lutero y Zuinglio, acusándolos de transgredir sus propias “enseñanzas originales” y de impedir que “los ríos de agua viva corren” al no permitir el libre ejercicio de los dones espirituales en sus congregaciones.

El autor muestra una preferencia clara por el orden carismático en el culto. Todo miembro debería tener la oportunidad de utilizar estos dones para la edificación de la iglesia, pues el Espíritu Santo habita en cada uno de los miembros, y todo miembro posee uno o más de sus dones para la edificación de todo el cuerpo. Por lo tanto, una reunión controlada por una sola persona no puede ser controlada por el Espíritu Santo:

“Cuando alguien viene a la iglesia y oye reiteradamente a una sola persona hablando mientras los oyentes están en silencio, sin hablar ni profetizar, quien considerará o confesará que esa es una congregación espiritual, o confesará, de acuerdo con 1ª Corintios 14, que Dios está habitando y operando en medio de ellos por medio del Espíritu Santo con sus dones, impulsando uno tras otro a cumplir el orden arriba mencionado de hablar y profetizar?”    [Paul Peachey e Shem Peachey (trans.). “Answer of some who are called (Ana)Baptists. Why they do not attend the churches”. Mennonite Quarterly Review, 45, n. 1, 1971, p.11].

EXAGERACIONES CARISMÁTICAS Y PROFÉTICAS

A partir del rumbo anabaptista por la restauración de un cristianismo neotestamentario, algunos elementos extremistas surgieron, trayendo sufrimiento y destrucción a todo el movimiento. Estas exageraciones tienen sus orígenes en el orgullo y en una confianza exacerbada en la dirección y en la guiado provistas por el ministerio profético.

En su tesis de doctorado, de 1919, Charles Shumway notó que “durante toda la historia del cristianismo, aquellos que vinieron a hablar en lenguas estaban totalmente convencidos de que vivían los últimos días[Charles Shumway. “A critical history of glossolalia”. Ph.D. Diss, Boston University, 1919, p.48]. Esto también era cierto para los anabaptistas, de los cuales muchos estaban a la espera de un fin apocalíptico de la historia. Esta expectativa apocalíptica, cuando se sumaba a la actividad profética y a la persecución intensa, alimentaba la ocasión de tales extremos. Algunos se presentaron proclamando ser los profetas y apóstoles de los fines de los tiempos, dotados por Dios con poderes milagrosos para preceder su reino sobre la tierra.

Uno de ellos, llamado Melchior Hoffman, ordenó 12 apóstoles, que a su vez ordenaron otros para varias funciones. También les fue revelado que Melchior recibió una patente aún mayor que la de “mero apóstol”. Obe Philips, contemporáneo de Melchior, dijo que “una de las profetisas también profetizó -a través de una visión- que Melchior era Elías” [Obe Philips. “A Confession” In: George H. Williams (ed.). Spiritual and Anabaptist writers, vol. 25 of The library of Christian classics. London: SCM Press, 1957, p.212].

Otra persona profetizó que Hoffman quedaría preso por seis meses en la ciudad de Estrasburgo y luego su ministerio alcanzaría a todo el mundo. Movido por la profecía, Hoffman viajó a la ciudad de Estrasburgo, donde fue a todos los lugares para predicar y enseñar. La primera parte de la profecía se cumplió cuando las autoridades de Estrasburgo prendieron y encarcelaron a Hoffman. Phillip dice que “él se dirigió a la prisión de buen grado, alegre y confortable”, confiado en que la última parte de la profecía estaría a punto de ocurrir. Mientras estaba en la prisión, Hoffman escribió varias cartas que, según Phillip, llegaban diariamente y describían “cómo sus acciones, visiones y revelaciones lo afectaban”. Una de las profecías decía que, al cabo de seis meses de encarcelamiento, Hoffman saldría de Estrasburgo con 144 mil apóstoles, investidos de tan gran poder milagroso, que nadie sería capaz de resistirlos.

La mayoría de esas personas eran sinceras y persistentes en su búsqueda, y fallaron al  no “probar los espíritus” de la manera correcta, como manda el Nuevo Testamento. En el conmovedor relato de estos hechos ocurridos, Philip dice que:

“con todas estas enseñanzas y consolaciones, con todas sus fantasías, sueños, revelaciones y visiones que ocurrían diariamente entre los hermanos, había gran alegría y expectativa entre nosotros, esperando que todo fuese verdadero y fuese cumplido, pues nosotros no sospechábamos, éramos inocentes, sin maldad ni astucia, y no estábamos conscientes de ningún falso profeta, falsas visiones y falsas revelaciones. En nuestra simplicidad, suponíamos que si nos defendíamos de los papistas, de los luteranos y de los zwinglianos, todo estaría bien y no tendríamos más preocupaciones. De esto se sigue que la experiencia trae al hombre gran sabiduría.” [Obe Philips. “A Confession” In: George H. Williams (ed.). Spiritual and Anabaptist writers, vol. 25 ofThe library of Christian classics. London: SCM Press, 1957, p. 213]

Cuando el tiempo de la profecía venció, Hoffman continuó preso. Ninguna de las visiones y profecías que él tuvo y que fueron declaradas por él se cumplió. Philips dice: “Todo lo que él creyó sobre los profetas y profetizas se dio cuenta de que eran falsedad y decepción“. Hoffman permaneció preso hasta el día de su muerte, escarnecido y olvidado por los hermanos, que ahora lanzaban otro frente: establecer la Nueva Jerusalén en la ciudad de Munster.

Movidos por otras visiones y profecías, algunos de estos extremistas tomaron militarmente la ciudad de Munster y la llamaron la Nueva Jerusalén. Ellos fueron liderados por John Matthijs, que decía ser un apóstol, y también se decía ser Enoc, el segundo testigo de Apocalipsis 11.3. La ocupación de la ciudad duró poco, pues los católicos los subyugaron, retomando el control. Ellos no perdieron tiempo en ejecutar a Matthijs y en masacrar a las personas que lo siguieron. Philips escribe: “Ved, queridos amigos, que tenemos aquí el comienzo y el fin de Elías (Hoffman) y Enoc (Matthijs) con sus misiones, visiones, profecías, sueños y revelaciones“. [Ibid., p.222].

Este grupo violento, por rechazar el bautismo infantil, fue considerado como anabaptista tanto por católicos como por luteranos. Pero, en realidad, eran muy diferentes del movimiento anabaptista principal, que tenía tendencias pacifistas y rechazaba toda suerte de guerras y conflictos. No obstante, los anabaptistas fueron a menudo vilipendiados, y hasta hoy lo son, por haber sido asociados a esos elementos extremistas y al fiasco de Munster. Fue sólo en el siglo XX que su verdadera reputación fue restaurada de esa asociación errónea.

PILGRAM MARPECK

Antes del fiasco de Munster, un líder anabaptista de Alemania Central llamado Pilgram Marpeck, estuvo alertando a sus seguidores a tener cautela en cuanto a los falsos profetas que alegaban haber sido enviados “para establecer algo diferente de lo que Cristo instituyó”. [William Klassen e Walter Klassen (ed. e trans.). The writings of Pilgram Marpeck. Scottdale, PA: Herald, 1978, p.96.] 

Esta era una referencia clara a los extremistas que reclamaban autoridad especial y privilegios en virtud de “sus muchos sueños, visiones y profecías”. Marpeck insistía que “los últimos días” habían comenzado con el ministerio de Cristo, y que los dones carismáticos y los ministerios continuaron entre los fieles desde entonces hasta hoy. Así, una comisión especial de apóstoles superpoderosos de los últimos tiempos no era necesaria. Aquellos que reclamaban tal papel eran falsos profetas engañados por el demonio, engañando a los crédulos y a los ingenuos. [Ibid., pp. 60-1].

Sin embargo, Marpeck deja claro a sus lectores que sus escritos tienen la intención de alertar, y no, “como dicen algunos, de ser pretexto para excluir los milagros y señales”. Él continúa diciendo: “Ni la Escritura jamás confirma esa exclusión”, pues “la mano de Dios ha actuado libremente hasta el día de hoy”. Él entonces menciona a algunos cristianos que fueron martirizados por su fe y luego resucitaron de los muertos milagrosamente:

“Muchos de los cuales han permanecido constantes, aguantando torturas infligidas por espadas, cuerdas, fuego y agua, y sufriendo martirios innombrables, tiránicos y terribles, todos los cuales podrían haber sido esquivados simplemente abjurando de la fe. Además, es maravilloso ver cómo el Dios fiel (que aún desborda su bondad) resucita de los muertos a varios de estos hermanos y hermanas de Cristo después de su ahorcamiento, ahogamiento y otros tipos de asesinato. Hasta los días de hoy, muchos están vivos y podemos oír su testimonio”.   [Ibid., p.50].

Pilgram Marpeck representa a los anabaptistas convencionales, que defendían la continuidad de la verdadera iglesia de los “apóstoles, de los profetas, de los milagros y de los maestros, pero todos bajo Cristo, y en conformidad con su evangelio presente en la Escritura” [Kenneth R. Davis. “Anabaptism as a Charismatic Movement”. Mennonite Quarterly Review, 53, n. 3, 1979, p.225].

Dicho de otra manera, la revelación recibida por la profecía genuina no violaría la revelación ya presentada por la Escritura. La cuestión no es si la Escritura o el Espíritu tiene la prioridad, sino la convicción de que el Espíritu jamás actuaría contrariando la Escritura.   [Oyer. Lutheran reformers against the Anabaptists, p.86].

MENNO SIMMONS

Menno Simons (1496-1561) fue un sacerdote católico de Holanda que se convirtió en un anabaptista en 1535. En 1536, comenzó a reunir en congregaciones a los anabaptistas que estaban esparcidos por el norte europeo. Estas congregaciones se llamaron “menonitas”, después de reconocer que Menno fue su fundador. En su Tratado sobre el bautismo cristiano, Simons demuestra que no se molestaba con el asunto de hablar en lenguas. Él dice que:

“Aunque Pedro fue informado previamente por una visión celestial de que debía ir con los gentiles y enseñarles el evangelio, aún así se negó a bautizar al centurión piadoso, noble y digno y su familia mientras no viera que el Espíritu Santo tuviera descendiendo sobre ellos, de tal manera que hablasen en lenguas y glorificaran a Dios […]. Pedro ordenó que debían ser bautizados sólo aquellos que recibieron el Espíritu Santo, que hablasen en lenguas y que glorificaran a Dios, lo que corresponde sólo a los creyentes, y no a bebés”. [J. C. Wenger (ed.). Complete writings of Menno Simons. Scottdale, PA: Herald, 1965, p.276].

EL LEGADO ANABAPTISTA

La defensa del ideal anabaptista en cuanto a la separación de los poderes de la Iglesia y del Estado secular, se ha convertido en un principio fundamental de la civilización occidental moderna. Su rechazo al uso de la fuerza y la coerción en asuntos de fe, y su insistencia en la libertad de conciencia se ha convertido en un rasgo distintivo de los pueblos y naciones que aman la libertad en todo el mundo. George Williams, antiguo profesor de historia eclesiástica de la Universidad de Yale, dijo:

“Toda la civilización occidental, y todos los que estiman las instituciones y las libertades occidentales, y no sólo los herederos directos de los anabaptistas continentales, o incluso la gran comunidad protestante, deben reconocer su deuda con los valores y la visión de los anabaptistas, que fueron los primeros que percibieron disparidades entre la iglesia y el mundo, aunque éste se reconozca como cristiano.”  [Williams G. Spiritual and Anabaptist writers, p.25].

Están incluidos entre los descendientes directos de los anabaptistas los amish, los huteritas y las iglesias menonitas. Además, su concepto de iglesia-libre influenció a los puritanos separatistas, los bautistas y los cuáqueros. Aún más importante es la influencia carismática que las generaciones siguientes recibieron. El estudioso menonita John H. Yoder dijo que el pentecostalismo “es en nuestro siglo el paralelo más cercano de lo que fueron los anabaptistas en el siglo XVI”. Ciertamente los anabaptistas fueron un movimiento carismático.

Del Libro: Dos Mil años de Cristianismo Carismático. Traducido al español por Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos.

 

 

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Una respuesta a Los Anabaptistas y los dones carismáticos

  1. Si pudieran traducir todo el libro Dos Mil años de Cristianismo Carismático.

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