EL IMPACTO DE LA CONVERSIÓN DE CONSTANTINO EN EL ASPECTO CARISMÁTICO DE LA IGLESIA

La conversión de Constantino en 312 d.C. marcó el ascenso de la Iglesia al poderío terrenal y el fin de la participación de los charismata en su vida y en su ministerio. En  el 313 d.C. Constantino publicó el Edicto de Milán, un decreto que no sólo daba libertad de culto a todos los habitantes del imperio, sino que también concedía beneficios a la Iglesia. Como consecuencia, ésta fue penetrada por personas que buscaban ventajas políticas y sociales ofrecidas a quien se identificara con ella.

FUSIÓN ENTRE ESTADO E IGLESIA

Constantino comenzó a involucrarse directamente con los asuntos de la Iglesia, lanzando así el fundamento para la amalgama de los poderes Eclesial y Estatal. En el 325 d.C, por ejemplo, convocó al Primer Concilio General de la Iglesia Cristiana. Obispos de todos los rincones del imperio se encontraron en Nicea, una ciudad de Asia Menor, a expensas del gobierno. El propio Constantino presidió la primera sesión, y en las sesiones siguientes intervino en puntos cruciales de la discusión, aunque ni siquiera estaba bautizado. Kung dice que “Constantino usó ese primer concilio principalmente para adaptar la organización eclesial a la organización estatal. Las provincias de la Iglesia deberían corresponder a las provincias imperiales, cada una con un sínodo metropolitano y uno provincial. En otras palabras, el imperio en adelante tendría su Iglesia Imperial[Hans Kung. Christianity: essence, history, and future. Nova York: Continuum, 1996]

Constantino también comenzó a construir instalaciones que abrigasen las reuniones de los cristianos. Antes de eso, los creyentes tenían que encontrarse principalmente en sus casas. Sin embargo, Constantino erigió edificaciones en las que la iglesia debía congregarse. Él las proyectó según la arquitectura de los auditorios de la época. Esta arquitectura, con su asiento frontal en forma de trono para el obispo y las filas reservadas a la congregación, hizo impracticable una participación significativa de los miembros. Además, el estilo de la adoración y de la liturgia, que antes era simple y personal, comenzó a ser adornado con la pompa y la práctica de la corte imperial.

LA RELIGIÓN EXCLUSIVA DEL ESTADO

Constantino murió en 337 d.C., pero sus hijos continuaron y expandieron su política de favorecer a la Iglesia Cristiana. En el 381 d.C., Teodosio I, el nuevo emperador, hizo del cristianismo la religión exclusiva del Estado. Todos los que se atrevían a adherirse a cualquier otra forma de adoración se arriesgaban a sufrir un castigo. En consecuencia, hordas de paganos infieles llenaron las iglesias, trayendo con ellos prácticas e ideas gentiles. La laxitud moral, que ya había fracturado la naturaleza original de la Iglesia, acabó dominando buena parte de su vida.

Uno de los que lamentaron ese estado terrible de la situación fue Juan Crisóstomo (347-407 d.C.), el patriarca de Constantinopla. Él se quejó del carácter de la iglesia de sus días diciendo que ella no se diferenciaba mucho de una feria o de un teatro. “Si alguien está intentando o pretendiendo corromper a una mujer, supongo que no hay mejor lugar para él que la iglesia. Y si hay algo que se quiera vender o comprar, la iglesia será más conveniente que el mercado. O si alguien quiere saber de algún escándalo, usted percibirá que aquí hay más de eso que en el foro.[Chrysostom. Homilies on First Corinthians, vol. 12 of Nicene and Post-Nicene fathers of the Christian Church, p. 221]

Siendo así, no es sorprendente que Crisóstomo exprese una ignorancia de los charismata enumerados en 1.ª Corintios 12. Él dice: “Las tinieblas son producidas por nuestra ignorancia de los hechos referidos y por su cese[Ibid., p. 168]. Al menos en esa región, parece que los dones dejaron de operar. El motivo parece obvio.

ADOPCIÓN DEL MODELO POLÍTICO ROMANO

La ascensión del cristianismo al estado de religión oficial del imperio, trajo una cohesión política a la Iglesia que ella no conoció antes. Un sistema universal de gobierno eclesial comenzó a emerger, y pronto quedaría claro que eso reflejaba el patrón político vigente del Imperio Romano. Al mismo tiempo, el obispo de la ciudad de Roma comenzó a ser visto como el primero entre iguales. Reivindicando ser la cabeza de la Iglesia fundada por Pedro y Pablo, adquirió una influencia creciente para sí, y así pavimentó el camino para que el papado fuera el correspondiente espiritual del comandante político: el emperador romano. En virtud de estos acontecimientos, Rudolph Sohm afirma que “en su mayor parte, la constitución de la Iglesia fue modelada en la organización del Imperio[Rudolph Sohm. Outlines of church history. London: MacMillan, 1913, p. 47].

Estas tendencias también trajeron la solidificación de la doctrina del sacramentalismo. Las ordenanzas del bautismo y de la Santa Cena comenzaron a ser vistas como sacramentos que poseían valor salvífico inherente, y poder de conceder la gracia y los dones de Dios. [Quién confirma que los primeros cristianos no eran sacramentalistas es Ireneo, en Fragments from the lost writings of Irenaeus, vol. 1 of The Ante-Nicene Christian Library, p. 570. Ireneo habla de algunos esclavos de cristianos recién convertidos, siendo llevados presos e “imaginando” que la comunión fuese la “verdadera sangre y cuerpo de Cristo”, lo que debía ser admitido ante los inquisidores. Las autoridades entonces intentaron por medio de tortura forzar a dos mártires a confesar esto, pero ellos se rehusaron a aceptar el entendimiento erróneo de los esclavos]. Además, sólo el obispo o su encargado tenían el derecho de administrar estos sacramentos. En verdad, la injerencia de alguna persona que no hubiera sido ordenada en la administración tornaba los actos sin validez.

Estos cambios ocasionaron varios efectos devastadores para el ministerio del Espíritu Santo en medio del pueblo de Dios. Los dones que antes surgían espontáneamente entre toda la congregación, ahora estaban restringidos a la jerarquía eclesial y eran transmitidos por un acto sacramental. En la iglesia del Nuevo Testamento, las personas participaban en una oración espontánea, pero ahora se habían convertido en especulaciones pasivas de un ritual altamente sofisticado, presidido por los jerarcas de la Iglesia.

SURGIMIENTO DE LAS BATALLAS DOCTRINALES

El ascenso de la Iglesia al poder también marcó el inicio de muchas batallas doctrinales. Después de que la Iglesia se libró de la amenaza de la persecución y disfrutó de los favores del emperador, ella volvió su atención a las cuestiones teológicas, que se convirtieron en la prueba de fuego de la ortodoxia aplicada a cualquier cuestión. Muchas batallas violentas siguieron, produciendo divisiones intensas en la Iglesia. Basilio de Cesarea, obispo de Capadocia (371-379 d.C.), comparó esta situación con una batalla naval combatida por hombres que “cultivan un odio mortal unos con otros

Pero ¿qué tempestad en el mar fue tan cruel como las tempestades en las iglesias? En ella todos los marcos de los Padres se están moviendo; toda fundación, todo baluarte de opinión fue sacudido; por sostenerse en una base deteriorada, todo alrededor se desestabiliza y se desmorona. Nosotros nos atacamos unos a otros. Si nuestro enemigo no nos alcanza antes, somos heridos en nuestro costado por nuestros propios compañeros.[Basilio On the Spirit, vol. 7 of Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, p. 49].

En una situación como esta, no es sorprendente que los dones espirituales -que, según las enseñanzas de Pablo, deberían funcionar dentro de un contexto de amor cristiano- se extinguieran en la iglesia institucional. La participación de la iglesia con la abundancia y el poder mundanos marcaron el final de los charismata como una parte vital de su vida y de su ministerio. A. J. Gordon, pastor y fundador bautista de la Facultad Gordon, en Boston, estaba en lo cierto cuando dijo: “No es del todo extraño que cuando la Iglesia se olvidó de su ciudadanía celestial, y empezó a acomodarse en la lujuria y en el esplendor terrenal, ella dejó de exhibir los dones sobrenaturales del cielo.” [A. J. Gordon. The ministry of Healing. Harrisburg, PA: Christian Publ, 1961, p. 64].

Pero, aunque los dones hayan desaparecido de la iglesia institucional, no desaparecieron por completo. A partir de entonces, comenzaron a aparecer entre los creyentes que se retiraron de la sociedad con el propósito de vivir una vida de oración y devoción a Dios, en un esfuerzo por escapar de la corrupción que se apoderaba tanto de la Iglesia y del mundo. Conocidos como monásticos, se convirtieron en una fuerza vital durante la Edad Media y preservaron la dimensión milagrosa de la fe cristiana.

Traducción del Capítulo 4, del libro Dos Mil años de Cristianismo Carismático. Como este libro no se encuentra en español ha sido traducido por Gabriel Edgardo LLugdar para fines de consulta sin fines de lucro. Diarios de Avivamientos 2018.

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Una respuesta a EL IMPACTO DE LA CONVERSIÓN DE CONSTANTINO EN EL ASPECTO CARISMÁTICO DE LA IGLESIA

  1. Miguel olivera dijo:

    Bendiciones hermanos, muy interesante, con sabor a poco, ya que no hablo inglés, muchas gracias

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