David Brainerd, relatos sorprendentes de grandes Avivamientos.

El Diario de David Brainerd

El Diario de David Brainerd

Crossweeksung, Nueva Jersey, Agosto de 1745

6 de agosto. Por la mañana di una palabra a los Indios. Varios de ellos parecieron muy tocados, mostrándose notablemente tiernos. Bastaban algunas palabras sobre los intereses de sus almas para que llorasen libremente, con muchos sollozos y gemidos.

Por la tarde, habiendo ellos regresado al lugar donde yo usualmente predicaba, dirigí otro sermón. Eran cerca de cincuenta y cinco personas, y cerca de cuarenta de ellos eran capaces de asistir al culto con entendimiento. Insistí en el pasaje de 1ª Juan 4.10: “En esto consiste el amor…” Ellos aparentaban intenso deseo de oír; pero nada parecía haber de notable, excepto la atención que daban, hasta cerca del final de mi sermón. Entonces, la verdad divina fue acompañada por una sorprendente influencia, produciendo un notable efecto entre los indios. No más de tres, de entre esos cuarenta, lograron refrenarse de derramar lágrimas y de expresar amargos gemidos.

Todos parecían haber entrado en agonía de alma, en su sed por Cristo. Cuanto más yo hablaba de la compasión y el amor de Dios, el cual envió a su Hijo para sufrir por los pecados de los hombres, y cuanto más los invitaba a venir y participar de su amor, tanto más aumentaba la agonía de ellos, por sentirse incapaces de venir. Me sorprendió al percibir cómo sus corazones parecían traspasados por las tiernos y conmovedoras invitaciones del evangelio, a pesar de que ninguna palabra aterrorizante se les había dicho.

Hoy, dos personas obtuvieron alivio y consuelo espiritual. Cuando fui a conversar con las ellas en particular, me parecieron sólidas, racionales y bíblicas en lo que decían. Después de haber investigado la razón del alivio recibido, habiendo dicho cosas que pensé que eran apropiadas para ellas, les pregunté qué les gustaría que Dios hiciera por ellas. Respondieron que querían que Cristo limpiara completamente sus corazones. Tan sorprendentes estaban siendo los hechos del Señor, que no soy capaz de decir de este día, ni más ni menos, si no que el brazo del Señor se estaba manifestando poderosa y maravillosamente entre los indios.

7 de agosto. Prediqué a los Indios, usando el texto de Isaías 53.3-10. La Palabra ejerció un tremendo efecto entre ellos, pero nada comparable a lo que sucediera el día anterior, cuando todos los presentes habían sido afectados. Sin embargo, muchos estaban conmovidos, y otros sintieron gran aflicción a causa de sus almas. Algunos no podían ni siquiera estar de pie, sino que se postraron sobre el suelo, como si sus corazones hubieran sido traspasados, rogando incesantemente por misericordia. Varios de ellos fueron despertados y era notable que tan pronto como llegaban de algún lugar remoto, el Espíritu de Dios parecía inyectar en ellos la preocupación por sus almas.

Terminado el culto, encontré a otras dos personas que habían recibido certeza de salvación, sobre las cuales me sentía muy esperanzado. Había una tercera persona acerca de la cual me era imposible no alimentar alguna esperanza, aunque su caso no me pareciera tan peculiar como el caso de esas dos. Así, ahora había seis personas, en su totalidad, que habían recibido alivio ante su agonía espiritual; de entre ellas cinco, cuya experiencia parecía bien clara y satisfactoria. Es digno de notar que aquellos que ahora habían recibido consuelo espiritual, de modo general habían sido profundamente sacudidos en cuanto a sus almas, cuando yo les prediqué en junio pasado.

8 de Agosto. Prediqué por la tarde para los Indios, cuyo número ahora era de cerca de sesenta y cinco personas, entre hombres, mujeres y niños. Mi sermón estuvo cimentado sobre Lucas 14.16-23, para el cual fui favorecido por una inusual libertad espiritual. Entre los indios hubo mucho interés visible, mientras yo discursaba públicamente; pero después, cuando hablaba particularmente con uno u otro que demostraba estar bajo más fuerte impresión, fue que el poder de Dios pareció descender sobre la asamblea “como un poderoso viento impetuoso” el cual, con asombrosa energía, derribaba todo a su paso.

Me quedé admirado ante la influencia espiritual que había tomado cuenta casi totalmente de la audiencia, no pudiendo compararla con otra cosa sino con la fuerza irresistible de un poderoso torrente, de una inundación creciente, que con su insoportable peso y presión barre delante de él lo que sea que esté en su camino. Casi todas las personas, sin importar la edad, fueron involucradas, inclinándose bajo la fuerza de la convicción, y casi nadie fue capaz de soportar al impacto de aquella sorprendente operación divina. Los hombres y las mujeres mayores, que habían sido viciados en alcohol durante muchos años, y hasta algunos niños pequeños, de no más de seis o siete años, parecían estar afligidos debido al estado de sus almas; sin hablar de las personas de mediana edad. Era evidente que aquellos niños, al menos en el caso de algunos de ellas, no estaban asustados ante el ambiente general de aprehensión, sino que estaban genuinamente sensibilizados por el peligro que corrían, con la maldad de sus corazones, con su miseria por estar privados de Cristo, como algunos de ellos llegaron a decir.

Los corazones más empedernidos ahora eran forzados a someterse. Uno de los jefes entre los indios, que hasta entonces se sentía perfectamente seguro y justo a sus propios ojos, pensando que el estado de su alma era bueno, ya que sabía más de lo que los otros indios sabían, y que con gran grado de confianza había dicho el día anterior que “había sido un cristiano desde hacía más de diez años”, ahora estaba tomado por una profunda conmoción acerca de su alma, y lloraba amargamente. Otro hombre, de edad avanzada, asesino, un powaw o hechicero, alcohólico muy conocido, ahora también había sido llevado a clamar con muchas lágrimas por misericordia, quejándose por no sentirse aún más preocupado, cuando veía que su peligro era tan grande.

Estaban casi todos orando y clamando por misericordia por todas partes de la casa, y hasta fuera de la casa; y eran numerosos los que no podían ni siquiera permanecer de pie. Estaban tan preocupados consigo mismos, que ninguno parecía prestar atención a lo que ocurría alrededor, sino que cada uno oraba espontáneamente en su propio favor. Me parece que se sentían tan solos como si cada uno estuviera en medio de un desierto. O mejor aún, creo que sobre nada más pensaban sino sobre sí mismos, y sobre la condición de sus almas. Así, cada cual oraba aparte, aunque todos lo estaban haciendo al mismo tiempo.

Me pareció estar teniendo cumplimiento exacto de esa profecía, el tramo de Zacarías 12.10-12, pues ahora había un gran clamor “como el llanto de Hadadrimón”, y que cada cual se lamentaba “aparte”. Pensé que la escena se asemejaba al día del poder de Dios, mencionado en Josué 10.14; porque me corresponde decir que nunca antes había visto un día como aquel, bajo todos los sentidos. Hoy fue un día, estoy persuadido, en que el Señor ha hecho mucho para destruir el reino de las tinieblas entre este pueblo.

¡La preocupación de ellos era extremadamente racional y justa! Aquellos que habían sido despertados hace algún tiempo, se quejaban especialmente ante la maldad de sus corazones; y aquellos cuyo despertar era reciente, hablaban de la maldad de sus vidas y acciones. Pero todos temían muchísimo la ira de Dios y que la condenación eterna fuera la parte que cabría a sus almas, a causa de sus graves pecados. Y algunas de las personas blancas que por curiosidad vinieron a “escuchar lo que diría este charlatán” a los pobres e ignorantes Indios, fueron tremendamente despertados; algunos aparentemente quedaron sorprendidos por la visión de su estado de perdición.

Aquellos que últimamente habían recibido la certeza de la salvación, eran tomados por un profundo sentido de consuelo. Parecían tranquilos y bien equilibrados, regocijándose solamente en Jesucristo. Otros tomaban a sus amigos afligidos de la mano, hablándoles de la bondad de Cristo, así como del consuelo que los penitentes pueden recibir de parte de Él; entonces les invitaban a entregar sus corazones a Jesús. Pude observar algunos de ellos, que de manera sincera y humilde, sin ninguna intención de ser notados, elevaban los ojos hacia lo alto, como clamando por misericordia, al ver la agonía de las pobres almas a su alrededor.

Hoy también hubo un notable caso de despertamiento que no puedo dejar de mencionar. Una joven india que antes, creo yo, no sabía que tenía alma, y jamás pensó en tal cosa, oyendo decir que estaba sucediendo algo extraño entre los indios, vino, al parecer, sólo para ver cuál era la cuestión. En camino, ella me visitó brevemente donde yo estaba alojado; y cuando le dije que predicaría a los indios dentro de unos instantes, ella se rio, pareciendo querer burlarse. Sin embargo, fue hasta los indios.

Todavía no había avanzado mucho en mi sermón cuando ella realmente sintió que tenía un alma; antes de que terminara, ella estaba tan convencida de su pecado y miseria, y tan afligida y preocupada por la salvación de su alma, que pareció haber sido atravesada por un dardo, pues clamaba sin parar. No podía caminar ni ponerse de pie, ni sentarse en su lugar sin ser ayudada. Terminado el culto público, ella yacía en el suelo, orando fervorosamente, sin prestar atención ni dando ninguna respuesta a ninguna de las personas que le hablaban. Presté atención a lo que ella decía y noté que la carga de su oración, hecha en lengua India, era: guttummaukalummeh weckaumek kmelck Ndah, es decir, “Ten piedad de mí y ayúdame a darte mi corazón”. Y ella continuó en ese estado orando incesantemente, por muchas horas. Hoy fue, de hecho, un día de sorprendente manifestación del poder de Dios, pareciendo suficiente para convencer a un ateo sobre la verdad, la importancia y el poder de la Palabra de Dios.

La Vida del Reverendo David Brainerd por Jonathan EdwardsTraducida al español por Gabriel Edgardo LLugdar –Diarios de Avivamientos – 2018

Anuncios

Acerca de diariosdeavivamientos

Compartiendo las gloriosas páginas de la Historia de la Iglesia.
Esta entrada fue publicada en Frases de cristianos, Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a David Brainerd, relatos sorprendentes de grandes Avivamientos.

  1. Miguel dijo:

    Buenas hermano!estoy haciendo una búsqueda sobre el bautismo del Espíritu Santo, o primera llenura, primera unción,etc.
    Pido ayuda para apoyar biblicamente esta doctrina, entradas del blog que hable específicamente sobre eso, los testimonios de hombres de Dios que marcaron esa experiencia ,recomendación de algún libro, etc.
    Muchas gracias y un saludo!

    Me gusta

  2. titico9315 dijo:

    Muy bueno es grandemente edificante para nuestras vidas!

    Le gusta a 1 persona

  3. salvador valentin Galván Reyes dijo:

    Muy Bendecidas las enseñanzas Gracias

    Le gusta a 2 personas

Nos gustaría saber tu opinión! Escribe un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.