Predicadores de Avivamiento

“«Pues esto dice el Alto y Excelso, el que vive por siempre, de nombre Santo: Yo habito en las alturas sagradas, pero miro por humildes y abatidos, para reanimar el espíritu abatido y para reanimar el corazón humillado.» La naturaleza de la palabra, tanto en hebreo, griego, inglés y en español sugiere que reanimar significa restaurar la «vida» y la «vitalidad» de alguien (o de un grupo) que ha estado languideciendo o palideciendo. Un fuego tiende a apagarse hasta que es repuesto con combustible nuevo, nueva leña. Cuando se provee de madera y de oxígeno, esas titilantes y pálidas ascuas vuelven a arder con una gran llama. Cuando Pablo anima a Timoteo a «reavivar el don que Dios te otorgó» (2 Ti. 1:6), emplea un término griego que significa precisa y literalmente hacer que el fuego vuelva a la vida de nuevo. En un sentido estricto, cuando hablamos de avivamiento, nos referimos a los regenerados, los que han nacido verdaderamente de nuevo, aquellos cristianos que experimentan un resurgimiento, una revitalización o una renovación de su vida espiritual. El avivamiento en el más estricto de los sentidos es para el cristiano individual o para la iglesia que tiene vida espiritual, para el que es genuinamente regenerado y nacido de nuevo, pero que ha dejado que la llama de la pasión espiritual flaquee y palidezca. Hay varias definiciones de avivamiento. Lo que sigue son algunas definiciones clásicas del avivamiento. Cada una de ellas es útil a la hora de dar sentido a lo que llamamos avivamiento.

a. La palabra avivamiento significa actualmente «una restauración de uso, aceptación, actividad, o vigor tras un periodo de oscuridad o inactividad» (Diccionario Heritage Americano de la Lengua Inglesa).

b. «La visitación estimulante de Dios a su pueblo, tocando sus corazones y profundizando su obra de gracia en sus vidas» (J. I. Packer).

c. «El acto soberano de Dios, en el cual restaura su propio pueblo infiel al arrepentimiento, fe y obediencia» (Stephen Olford).

d. «Tiempos de refresco desde la presencia del Señor» (Hch. 3:19; J. Edwin Orr).

e. « El retorno de la Iglesia de sus infidelidades, y la conversión de los pecadores.» «Un nuevo comienzo de obediencia a Dios» (Charles Finney).

f. «Un extraordinario movimiento del Espíritu Santo produciendo resultados extraordinarios» (Richard Owen Roberts).

g. «Una comunidad saturada por Dios» (Duncan Campbell).

h. «La obra del Espíritu Santo restaurando al pueblo de Dios a una vida espiritual más vital, al testimonio más vital, y a la obra más vital a través de la oración y la Palabra tras el arrepentimiento en la crisis de su declive espiritual» (Earle Cairns).

i. «Un verdadero avivamiento del Espíritu Santo es un notable incremento de la vida espiritual de un gran número del pueblo de Dios, acompañado por una formidable sensación de la presencia del pecado con un apasionado deseo de santidad y una eficacia poco común en el evangelismo, llevando a la salvación de muchos incrédulos» (Brian Edwards).

Jonathan Edwards: Edwards clarifica su concepto de avivamiento cuando hace referencia a su oración avivadora: «…que pueda aparecer en su gloria, y favorezca a Sión, y manifieste su compasión al mundo de la humanidad, por un abundante derramamiento de su Santo Espíritu en todas las iglesias, y en toda la tierra habitable, para reavivar la verdadera religión en todas las partes de la Cristiandad, y para liberar a todas las naciones de sus calamidades y miserias espirituales tan grandes y múltiples, y bendecirlos con los inefables beneficios del reino de nuestro glorioso Redentor, y llenar toda la tierra con su gloria…».

Edwards vio al ministro como una luz ardiente y brillante, cuyos efectos eran similares tanto en el reino espiritual como en el natural: «Si le place hacer de ti una luz ardiente y brillante en esta parte de su iglesia, y por la influencia de su luz y calor (o mejor por su divina influencia, con tu ministerio) haga que esta naturaleza brote y florezca como la rosa, dándole la excelencia del Carmelo y de Sarón y propiciando que brilles en medio de su pueblo con calidez y fulgor, con excitantes y confortantes rayos, haciendo que sus almas florezcan con gozo y fructifiquen, como un jardín de deliciosos frutos, bajo los rayos del sol». El avivamiento es como la primavera para Edwards. ¡Qué figura tan hermosa!

Conclusión: El avivamiento es primordialmente la revitalización del cristiano lánguido y decaído. Pero el impacto sobre el salvo normalmente se traduce en un desbordamiento para despertar del perdido.

La Predicación que aviva:

De acuerdo a Richard Baxter (pastor y reavivalista del S. XVII), «de toda la predicación del mundo, odio esa predicación que tiende a hacer a sus oyentes reír, o a mover sus mentes con una cosquilleante frivolidad y afectarlos como suele hacerse desde un escenario, en vez de afectarlos con una santa reverencia por el nombre de Dios». Esta fue la perspectiva de Edwards sobre la predicación. Una de sus resoluciones universitarias fue la 38: «Resuelvo no hablar nada que sea ridículo, deportivo, o que sea asunto de risa en el día del Señor» (Tarde del Sabbath, 23 de diciembre de 1722). Parecería que se tomaba esto muy a pecho, no sólo en su conducta fuera de la iglesia, sino también dentro de ella. Como Piper nota: «Su predicación era totalmente seria de principio a fin. Buscarías en vano un chiste en los 12.000 sermones que conservamos» (Piper 1998: 47). Más que una aversión al humor, Edwards se hallaba cautivado por la solemnidad del oficio de predicación. Prince, historiador, decía de Edwards que él siempre exudaba una «habitual y gran solemnidad, mirando y hablando como si estuviese en la presencia de Dios, y con un importante sentido del asunto expuesto»

Edwards predicó en 1744 un sermón titulado «La verdadera excelencia de un ministro del evangelio», y provee de su más clara y convincente visión del predicador en un solo documento. Es significativo que su texto era «Él era una ardiente y brillante luz» de Juan 5:35. Como comenta Kimnach: «Su texto es «ardiendo y brillando», correspondiendo al ardor y la inteligencia o voluntad y entendimiento. Para Edwards, la cosa más importante es que las dos dimensiones de la luz (arder y brillar) han de estar equilibradas y unidas en un todo funcional. Por ello, el ministro ha de aprender de la Escritura y estar familiarizado con las «operaciones interiores» del Espíritu Santo; de tal manera, la doctrina que él predica debe ser tanto «brillante como plena», o puramente inspiradora y rica en contenido. El ministro debe dirigir su rebaño discretamente pero también presentar la verdadera religión de manera auténtica» .

Extraeremos varios puntos de este sermón que esclarecerán su visión de la predicación.

  1. Primero, es significativo que Edwards use a Juan como paradigma del ministro cristiano. Fue Juan quién afirmó: «Él ha de crecer, y yo menguar» (Juan 3:30). La naturaleza del ministerio es apuntar a Cristo, no a uno mismo. Como Pablo afirmó: «Porque no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Señor, presentándonos como vuestros servidores por amor a Jesús» (2 Co 4:5). Indudablemente, Edwards escogió a Juan el Bautista como modelo del ministro por causa de esta faceta predominante en Juan: su cristocentrismo y su renuncia a sí mismo. Esta es la natural quintaesencia del ministerio en general, y del ministro predicador en particular.
  2. El rol del predicador es el de difundir luz. Edwards afirma: «Los ministros han sido establecidos para ser luz a las almas de los hombres a este respecto, así como también ellos son los medios a través de los que se les imparte la verdad divina, y han de asistirlos en la contemplación de aquellas cosas que los ángeles desean ver; ser los medios a través de los cuales ellos obtienen ese conocimiento es infinitamente más importante, y más excelente y útil, que ser cualquiera de los más grandes estadistas o filósofos, incluso que aquel que es espiritual y docto. Han sido establecidos para ser medios que brindan a los hombres la salida de la oscuridad para entrar en la maravillosa luz de Dios, y que brindan la infinita fuente de luz, para que en su luz ellos puedan ver la luz. Han sido establecidos para instruir a los hombres, e impartirles ese conocimiento por el cual ellos pueden conocer a Dios y a Jesucristo, del que
    sabemos que es vida eterna».
  3. El papel del predicador es embellecer la verdad, así como embellece la luz. «Otro uso de la luz es revitalizar y deleitar a los observadores. La oscuridad es lúgubre: la luz es dulce, y qué cosa tan placentera es contemplar el sol. La luz está revitalizando a aquellos que durante mucho tiempo estuvieron sentados en la oscuridad».
  4.  El ministro guía a la verdad. «Los ministros poseen el registro de Dios (la Biblia) entregado por Dios para con ellos, de tal modo que puedan extenderla, ya que Dios ha dado al hombre el ser como «una luz brillando en un oscuro lugar» (2 P 1:19), para guiarlos en el camino a través de este oscuro mundo para llegar a regiones de luz eterna»
  5.  Los predicadores han sido llamados para ser hombres de oración. «Ministros, en orden a ser ardientes y brillantes luces, han de caminar estrechamente con Dios, y han de estar cerca de Cristo; para que puedan ser iluminados y encendidos por él. Y ellos han de buscar mucho a Dios, y han de conversar con él en oración, aquel que es la fuente de la luz y del amor. Y sabiendo de su propio vacío y necesidad, deben ser siempre dependientes de Cristo; ser sensibles como Jeremías de que son niños, de que han de sentarse como los niños a los pies de Cristo para escuchar su palabra, y ser instruidos por él; y ser sensibles como Isaías de que son hombres de labios inmundos que buscan que sus labios puedan ser como si fuesen tocados con un carbón ardiente del altar, como así fue por medio del serafín brillante y ardiente».

«Nuestra gente no necesita tanto el tener sus cabezas llenas de cosas como que sus corazones sean tocados; y lo que más necesitan es esa clase de predicación que más intenta hacerlo» (Jonathan Edwards)

«El corazón es el Salvador del mundo: la cabeza, el genio, el cerebro o los dones naturales no salvan… Pues el evangelio sólo fluye a través de los corazones. Las fuerzas más poderosas son las fuerzas del corazón» (Bounds).

«Existe hoy un racionalismo evangélico no muy distinto del racionalismo enseñado por los escribas y fariseos. Ellos dijeron que la verdad está en la palabra, y si quieres conocer la verdad, ve al rabí y aprende la palabra. Si aprendes la palabra, tienes la verdad… ¡Pero la revelación no es suficiente! Debe haber iluminación antes de que la revelación llegue al alma de una persona. No basta con que tome un libro inspirado entre mis manos. Debo tener un corazón inspirado. Aquí está la distinción, a diferencia del racionalismo evangélico que insiste en que la revelación es suficiente…» (Tozer).

Edwards creía en la importancia de la predicación apasionada. Él dijo algo sobre su visión de la predicación que cautivó mi atención y desencadenó este estudio. Aunque ya lo cité al principio de este capítulo, merece ser repetido de nuevo. Edwards dijo: «Nuestra gente no necesita tanto el tener sus cabezas llenas de cosas como que sus corazones sean tocados; y lo que sobre todo necesitan es esa clase de predicación que mejor intenta conseguirlo». La predicación de avivamiento toca el corazón. Si esta cita fuese tomada fuera de su contexto, uno podría deducir que Edwards estaba denigrando el más racional o cognitivo aspecto de la predicación, en favor de un mayor llamamiento emocional y apasionado, un llamamiento al corazón en vez de a la mente. ¡Cualquiera que haya leído los sermones de Edwards, sabe con certeza que esta no era su práctica! No es una cuestión de uno u otro, es una cuestión de ambos. Ni hemos escogido ni debemos escoger entre cabeza o corazón, sino que hemos de tomar ambos en perspectiva. Hay una sólida evidencia en Edwards que indica que creía que el camino al corazón pasaba por la cabeza; lo que parece estar diciendo en la cita anterior es que los predicadores no deben simple y meramente mostrarse satisfechos con una seca, desapasionada e intelectual aproximación. Es evidente que en su ministerio y en el ministerio de otros la buena ortodoxia era abundante en los púlpitos de Nueva Inglaterra, pero que esto no era suficiente para producir un avivamiento.”

Todos los párrafos anteriores han sido extraídos del libro: 

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Acerca de diariosdeavivamientos

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Una respuesta a Predicadores de Avivamiento

  1. Raúl David dijo:

    Todo el contenido del sitio es de mucha edificación sigan adelante sin desmayar. Valoramos su esfuerzo. Bendiciones en nombre de Jesucristo

    Le gusta a 1 persona

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