La predicación apasionada: doctrina correcta y emociones correctas

Ardiendo y Brillando

«Los ministros, en orden a ser ardientes y brillantes luces, han de caminar estrechamente con Dios, y han de estar cerca de Cristo; para que puedan ser iluminados y encendidos por él. Y ellos han de buscar mucho a Dios, y han de conversar con él en oración, aquel que es la fuente de la luz y del amor. Y sabiendo de su propio vacío y necesidad, deben ser siempre dependientes de Cristo; ser sensibles como Jeremías de que son niños, de que han de sentarse como los niños a los pies de Cristo para escuchar su palabra, y ser instruidos por él; y ser sensibles como Isaías de que son hombres de labios inmundos que buscan que sus labios puedan ser como si fuesen tocados con un carbón ardiente del altar, como así fue por medio del serafín brillante y ardiente»  [Jonathan Edwards – líder de avivamiento del S. XVIII]

Esta perspectiva de Edwards sobre la predicación nos proporciona un excelente patrón dentro del cual buscamos las características de un predicador del avivamiento. Ha de notarse que los conceptos de luz (conocimiento) y calor (pasión-emoción), tan centrales en su visión del ministerio de la predicación, están vitalmente ligados al avivamiento y al despertar. La luz y el calor van juntos para dar vida y crecimiento, avivamiento y despertar.

Apología de la predicación patética

Una palabra clave que casi expresa este aspecto de la predicación de avivamiento (que toca la mente y el corazón) es lo que podemos llamar «predicación patética (apasionada)». Las palabras cambian su significado a través del tiempo. Consideremos el título de este capítulo: Apología de una predicación patética. La palabra «apología» puede significar explicación, escrito en defensa de algo, o algo más como lo exactamente opuesto: admisión de culpa, búsqueda de perdón, arrepentimiento, confesión, acto de contrición, o expresión de vergüenza. De manera similar, la palabra «patética» puede significar «pobre, miserable, lúgubre, triste, deplorable, débil, inútil, enfermiza, y todo cuanto sea eludido y abandonado como horrible y miserable…» o, en su sentido más tradicional y clásico, «patética» puede significar «apasionada, emotiva, cordial, ferviente, denodada, ávida, cálida, ardiente, conmovedora, celosa, desgarradora, sentida, enternecedora, amante, tierna, y estimulante». 

Este capítulo está principalmente dedicado a la defensa y el llamamiento a la predicación apasionada, emotiva, cordial, ferviente, denodada, ávida, cálida, ardiente, conmovedora, celosa, desgarradora, sentida, enternecedora, amante, tierna, y estimulante.
La buena predicación, estimulante, emotiva y relevante es difícil de encontrar y es, en la opinión de muchos, una causa principal del declive de la asistencia a la iglesia y de la generalizada desilusión en nuestro mundo de hoy. En muchas partes del mundo hoy vemos el cumplimiento de las profecías de Amós 8:11: «He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. ». Incluso la predicación «ortodoxa» puede estar bajo esta acusación, como Jonathan Edwards explicará en breve.
Nosotros, como predicadores, necesitamos ser reavivados en nuestro ministerio de predicación. El avivamiento llegará mientras somos reavivados personalmente como predicadores, llevando al avivamiento nuestra predicación. Entonces nuestras iglesias serán reavivadas, y los perdidos despertados. El mismo Edwards afirma: «Si un ministro tiene luz sin calor, y entretiene a sus oyentes con discursos aprendidos, sin el sabor de los
poderes de la piedad, o sin apariencia de fervor de espíritu, y celo por Dios y el bien de las almas, puede que gratifique los oídos con comezón, y llene la cabeza de la gente con nociones vanas, pero no servirá para enseñar a sus corazones, o salvar sus almas» 

Predicación sensible
Aunque el sentido primario es el de la predicación patética, hemos de añadir las palabras racional y bíblica. Por «racional» entendemos intelectual, razonable, lógica, sensible, basada en la razón, sensata, juiciosa, perspicaz, relevante, y coherente. Por «bíblica» entendemos que se arraiga en la Escritura. 

Si has leído cuidadosamente, te darás cuenta de que la palabra «sensible» se aplica para describir tanto la predicación «patética» como la «razonable». Si tomamos estos dos matices juntos, creo que tendríamos una palabra clave que describiría la predicación de Edwards: sensible. Sensible en el sentido de razonable, y sensible en el sentido de afectar los afectos. En la predicación de Edwards mente y corazón van de la mano. Edwards mismo usó el término «sensible» en esta manera dual.
Otra manera de expresar esta integración fundamental es la fusión de la ortodoxia (doctrina correcta), «ortopathos» (emociones o afecciones correctas) y  «ortopraxis» (práctica correcta), esto es, donde la creencia correcta se combina con emociones correctas que llevan a una vida de rectitud […] el sermón, para que afecte a la conducta, la vida, y las acciones del congregante, ha de ser tanto cognitivo como emocional, en una palabra: sensible. La voluntad solo puede ser afectada cuando el sermón es dirigido a la mente y al corazón. La predicación de avivamiento dirige la voluntad comprometiendo el corazón. Descuidando este matiz, estaremos ante una predicación patética (en el sentido moderno de la palabra (pobre)); pero cultivando y desarrollando este matiz tendremos una predicación patética (en el sentido clásico de la palabra (apasionado)).

Una de las críticas que se vertieron contra el avivamiento (el gran Avivamiento del S.XVIII) fue su alto grado de predicación emocional. Edwards defiende esta clase de predicación emocional con una poderosa analogía:
«Si existe realmente un infierno tan terrible, y lleno de interminables tormentos, como se supone generalmente, estas multitudes están en un gran peligro, —y en el que de hecho están cayendo la mayor parte de los hombres de los países cristianos de generación en generación, por falta de un sentido de lo horroroso que es, y por tanto por falta de interés por evitarlo— entonces ¿por qué no conviene que quienes cuidan las almas hablen de grandes dolores para que los hombres sean conscientes de tal cosa?¿Por qué no se les dice la verdad mientras se puede? Si estoy en peligro de ir al infierno, debería estar apercibido de saber todo lo posible de lo terrible que es: si soy propenso a actuar con negligencia en el debido cuidado para evitarlo, quien haga más por hacerme ver la verdad de la situación me hará la mayor de las bondades, alejando mi miseria y peligro de la manera más vívida»

Démonos cuenta aquí de la justificación y defensa de la «predicación patética del fuego del infierno». Su razonamiento es claro: el infierno es un asunto muy serio. Debemos hacer todo lo posible para rescatar a los hombres y mujeres de esta clase de aprieto y como predicadores hemos de hacerlo de «la manera más vívida»

«Cuando los ministros predican del infierno y advierten en forma fría a los pecadores para que lo eviten —aunque digan con palabras lo infinitamente terrible que es— se contradicen a sí mismos. (Si vemos el lenguaje como una comunicación de nuestro pensamiento hacia los otros) Porque las acciones, como observé antes, tienen un lenguaje para expresar nuestros pensamientos, así como las palabras. Si las palabras del predicador muestran que el estado en el que está pecador es extremadamente espantoso, y su conducta y manera de hablar lo contradicen, —mostrando que el predicador no piensa lo mismo— destruye su propio propósito; porque el lenguaje de sus acciones, en tal caso, es mucho más elocuente que el significado simple de sus palabras»Esta cita es significativa por muchas razones. Primera, es una de las más claras afirmaciones de Edwards defendiendo la «predicación patética (apasionada)» y que por el contrario critica la predicación desapasionada. En segundo lugar, esta cita apunta a la visión de Edwards de la predicación como drama. Sabemos que algunos notables eruditos se han dedicado a describir la predicación de George Whitefield (líder de avivamiento contemporáneo a Edwards) como un drama. Stout ha escrito un excelente estudio sobre Whitefield como «el Divino Dramaturgo» por causa de la dramática y vívida naturaleza de su extemporánea predicación (Whitefield creció en el escenario, y aprovechó esta formación para influir en su estilo de predicación).

A veces existe una disonancia entre el aspecto intelectual, racional o cognitivo del sermón, y el aspecto más afectivo, emocional y sentimental del sermón. Es como si el predicador estuviera allí sólo a medias. El mensaje puede ser ortodoxo (doctrina correcta), pero no hay ortopathos (emociones correctas), y como resultado no hay ortopraxis (práctica o vida correcta). Esta disonancia es percibida por el congregante, y el mensaje se pierde. Esto es lo que está pasando en el mundo evangélico actual. Nuestra olvido del tema del infierno, o el modo desapasionado en el que abordamos el asunto, traiciona nuestra tradicional falta de convicción en lo que respecta a la veracidad de lo que decimos que creemos. Poniéndolo en palabras de Edwards, la manera desapasionada de predicar del predicador «…muestra que el predicador no piensa así…»  o parafraseando a Edwards, el olvido del infierno por parte del predicador moderno o el modo en el que el predicador predica sobre el infierno «muestra que el predicador realmente no cree en él.» Esta falta de convicción sobre el infierno es una de las primeras causas de falta de avivamiento en el siglo XXI.

Existe una profunda conexión entre el propio predicador y el sermón. El hombre es el mensaje. Mientras Edwards creía que la Biblia era el mensaje, existía un profundo sentido en el que creía que el ministro debía encarnar la verdad de este mensaje para ser fielmente transmitido. Las emociones de la persona debían ligarse a las razones de la persona, y ambas debían arraigarse en la palabra de Dios. […] Edwards creía que la razón y la emoción debían estar tan mezcladas porque esa es la verdadera esencia del conocimiento.

En el sermón clásico de Edwards sobre la «Falsa y verdadera luz», nos aclara su comprensión de la diferencia entre conocimiento nocional y sensible. Edwards afirma: «La luz espiritual no tiene su asiento únicamente en la mente, sino principalmente en el corazón. Sobre todo consiste en un sentido de excelencia de las cosas divinas en el corazón. Dios ha hecho la mente del hombre capaz de adquirir un conocimiento doble de lo bueno, a saber: (1) el meramente especulativo, por el que los hombres tienen sólo una noción de las cosas divinas en sus mentes. Por ello, el hombre natural puede tener una noción de que Dios es justo, y de que es bueno, y de que es santo, y de que Cristo posee un amor maravilloso. Pero, (2) el otro es el que consiste en el sentido del corazón, por el que los hombres tienen en sus corazones el sentido de la excelencia de esas cosas, y parecen dulces, gloriosos, y deleitosos para él. No sólo tiene la noción en su cabeza de los atributos de Dios; sino que tiene el sentido de su excelencia que deleita su corazón, y que llega a su corazón y lo cambia. Esto es acompañado por un disfrute de estas cosas en el corazón»

Conclusión 

John Stott se refiere a este equilibrio entre mente y corazón en su tratamiento magistral sobre la predicación «Entre dos mundos»: «Lo que hace falta hoy es la misma síntesis de razón y emoción, exposición y exhortación, tal como lo logró Pablo». Citando a G. Campbell Morgan, Stott afirma: «Las tres esencias de un sermón, son: «verdad, claridad y pasión»  Martyn Lloyd Jones se pregunta «¿Qué es predicación?» y pasa a responder «Lógica ardiendo. ¡Razón elocuente! ¿Son estas contradictorias? Por supuesto que no. La razón concerniente a esta verdad debe ser poderosamente elocuente, tal y como vemos en el caso del apóstol Pablo y otros. Es teología ardiente. Y una teología que no arde, mantengo, es una teología deficiente. La predicación es teología que llega a través del hombre que está ardiendo»

Jonathan Edwards fue un predicador del avivamiento efectivo por el modo en el que él mantuvo en bíblica yuxtaposición la mente y el corazón. […] Wesley el arminiano y Edwards el calvinista fueron predicadores efectivos porque eran predicadores patéticos (apasionados), predicadores sensibles, ¡y predicadores bíblicos! Aunque este libro es sobre Edwards el calvinista, la apelación aquí es a integrar mente y corazón si queremos tener una predicación de avivamiento eficaz. Ciertamente esto es algo en lo que, tanto los arminianos como los calvinistas, podrían estar de acuerdo.”

Todos los párrafos has sido extraídos del libro:

 

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3 respuestas a La predicación apasionada: doctrina correcta y emociones correctas

  1. JAIME ARTURO MAEZZE dijo:

    Gracias por los mensajes. Son un excelente enseñanza. ¿Quién o quiénes son los autores? Dios los siga bendiciendo con Su luz.

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  2. Johann Figueroa Marquez dijo:

    Excelente articulo estimado, hace poco leía sobre el Sermón ‘Pecadores en manos de un Dios Airado’, y leia que cuando lo predicó en Conecticut, en esa ocación Jonathan Edwards leyó el sermón, pero me imagino que no era una lectura común, porque se dice que muchos lo interrumpieron a mitad del sermón llorando desconsolados para preguntar como podían ser salvos, lo mismo cuando termino… Por casualidad tendrá este libro en PDF (La Predicación que aviva. Lecciones de Jonathan Edwards – Ernest Klassen) para compartirlo estimado.
    Gracias y bendiciones, saludos desde Chile.

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  3. Lisset Gata dijo:

    Excelentes estos artículos. Muchas gracias por enviármelos. Bendiciones Pr. Lisset Gata

    Le gusta a 1 persona

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