Cautivos bajo la teología de la prosperidad

El siguiente texto es una narración de Costi W. Hinn (sobrino y ex colaborador de Benny Hinn) de su libro Dios, la Avaricia y el Evangelio (de la Prosperidad) 

“En 1999, Benny Hinn fue el predicador de la prosperidad y sanador de fe más famoso y controversial del mundo. Pero, para mí, él era mi tío ungido a quien Dios estaba usando para mostrarnos cómo vivir una vida de bendición y abundancia. Era la forma en que Dios quería que todos vivieran: ¡nosotros éramos la prueba viviente! En un sermón que escuché cuando era pequeño, mi tío nos enseñó que, si queríamos que Dios hiciera algo por nosotros, teníamos que hacer algo por él. Esto se aplicaba a todo, especialmente a los milagros. Siempre que era posible, Benny predicaba a las masas que, si querían un milagro para su enfermedad y dolencia, tenían que dar dinero a Dios. ¿No tienes dinero? ¡Pues no hay milagro!

Dar a Dios era el secreto para desbloquear tus sueños. Era el secreto para el ascenso laboral. Era el acceso a nuestra cuenta bancaria divina. Mi tío a menudo contaba la historia de cómo salía de sus deudas usando este sistema de creencias. Su suegro le había dicho que, para estar libre de deudas, tenía que pagarle a Dios. Benny explicó que, una vez que comenzó a vaciar su cuenta bancaria y a donar dinero al ministerio, empezó a aparecer dinero de todas partes. Este principio de dar se tomaba muy en serio en nuestra familia. Creíamos que podíamos ser culpables de robarle a Dios si no le dábamos lo suficiente, así que había veces en que era necesario hacer pagos retroactivos. Recuerdo que pensé: «Por todo el tiempo que he pasado viviendo para mis propios placeres, tendré que dedicarle casi dos años a Dios si quiero que mis oraciones sean escuchadas y atendidas». Uno de los héroes del tío Benny que le enseñó sobre este sistema de creer, dar y recibir fue Oral Roberts. Parecía que podía abrir las ventanas del cielo y hacer que llovieran bendiciones sobre su propia vida. Era una simple transacción de entrada y salida de dinero, con Dios como banquero.

Crecer en el evangelio de la prosperidad es una cosa. Trabajar en su interior es otra. De pequeño, yo solo acompañaba. Pero, como adulto remunerado, tenía deberes dentro del ministerio y me preocupé de entender cómo funcionaban las cosas. Tenía que hacer todo lo posible para asegurar que la familia Hinn fuera bien atendida.

Cuando hablamos de beneficios en el evangelio de la prosperidad, no me refiero a la cobertura médica. Me refiero a la cobertura material. En menos de dos años de trabajo dentro del movimiento (sin incluir el haber crecido en él), disfruté de más lujo del que jamás podría haber imaginado. Me sentía como si estuviera junto al rey Salomón. Hay gente rica que tiene mucho dinero pero que no vive espléndidamente; luego hay gente rica que tiene mucho dinero y sabe cómo hacer que los lujos novedosos se conviertan en lo normal. Nosotros éramos de los segundos.

He aquí una muestra de los preparativos de viaje, hoteles y destinos de compras que tuve durante ese período de casi dos años:
• Viajes en avión en un Gulfstream IV (precio promedio de adquisición: 36.000.000 de dólares)
• Suite Real en el Burj Al Arab en Dubái, Emiratos Árabes Unidos (25.000 dólares por noche)
• El Grand Resort Lagonissi, Grecia (villas situadas en el mar Egeo)
• El Mandarin Oriental, Bombay, India
• De compras en Harrods en Londres
• De compras por Rodeo Drive, Beverly Hills, California
• Suites de hotel en el Hotel de Paris, Montecarlo, Mónaco
• Juegos de azar en el Casino de Montecarlo, Mónaco
• De compras en Montecarlo, Mónaco
• Suite presidencial del Grand Wailea, Maui, Hawái
• Casa en una playa privada, Kona, Hawái
• Choferes de vehículos Bentley, Rolls-Royce, Mercedes-Benz, Range Rover,
Maserati
• Vestuario de Versace, Salvatore Ferragamo, Gucci, Bijan
• Accesorios de Louis Vuitton, Prada, Breitling, Chanel, Hermes, D&G.

Los ricos que disfrutan de las cosas más refinadas de la vida miran esta lista y se encogen de hombros. Tal vez incluso la gente con un nivel de ingresos modesto dice: «No es para tanto, ya veo que disfrutaste de la buena vida». Ambos tienen razón al considerarlo con indiferencia, hasta que recordamos que esto se pagaba con donaciones de personas desesperadas que creían que dando a un predicador de la prosperidad su dinero haría que ellos también tuvieran ese estilo de vida. Algo más desgarrador es que algunos de estos donantes esperaban ver un aumento de cincuenta centavos por encima de su salario mínimo como una bendición de Dios por haber sembrado su semilla. La gente que trabajaba más duro eran los pobres que apenas llegaban a fin de mes, pero que nos lo daban todo a nosotros.

Un día, mientras visitaba una librería cristiana, me encontré con un libro grueso titulado The Confusing World of Benny Hinn. Sus autores pasaron muchos años recopilando cientos de citas de mi tío y explicando bíblicamente por qué era un hereje. Suspiré. «Ya están otra vez los perros guardianes cristianos». Ya había oído a Hank Hanegraaff, «el hombre de las respuestas bíblicas», criticar a mi tío en la radio. Y yo había sido testigo de la burla de amigos en la escuela cuando se quitaban las chaquetas y se derribaban unos a otros con ellas. Pensé que era otro intento más de calumniar a mi familia. Pero algo dentro de mí sentía curiosidad. Compré el libro. Hasta ese día, rebosaba de confianza, el dinero no era un problema y las críticas me pasaban por encima gracias a la influencia global que mi familia sabía que tenía. «¿A quién le importa lo que diga la gente? —me decía a mí mismo—. Nuestra familia es la más ungida del mundo». Pero, al mirar el libro en mis manos, me pareció que pesaba cincuenta kilos. Esa noche, toda mi casa estaba oscura, excepto por la luz de lectura junto a mi cama. Alternando entre mi marcador amarillo favorito y un bolígrafo de punta fina, pasé la noche en vela y devoré el libro. La idea central del libro enseñaba que a Dios no le gustan los líderes que van por ahí mintiendo a la gente en su nombre. Deuteronomio 18.21-22 ordena a los hijos de Israel específicamente que no confíen ni teman a alguien que profetiza con falsedad: «Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él». A continuación, los autores detallaban una serie de profecías incumplidas del tío Benny.

Después de que se publicara un artículo sobre mi historia de conversión en Christianity Today en el otoño de 2017, recibí correos electrónicos, tuits y mensajes de Facebook de personas de todo el mundo. Esta gente me contaba cómo sus vidas habían quedado destrozadas por culpa de la vida y ministerio de mi tío. Muchas eran historias de esperanza porque estas personas también habían sido rescatadas del engaño, pero otras muchas habían sufrido abusos tan brutales que me hervía la sangre mientras leía sus palabras de dolor. Su estado emocional, después de todo lo que habían pasado, reflejaba de cerca a alguien que sufre trastorno de estrés postraumático (TEPT). Un hombre, a quien recordaba bien de mis días de trabajo con mi tío, me escribió para pedir oración. Viajó a muchas cruzadas de sanación y fue un creyente entusiasta en mi tío. Me explicó que su esposa y él no podían tener hijos, pero se les dijo que sembraran una semilla de fe en el ministerio de mi tío y que Dios les daría un bebé. Dieron un donativo: no pasó nada. Lo hicieron una y otra vez, y al final tomaron todo lo que tenían en sus ahorros y lo ofrendaron, esperando que Dios les concediera un bebé, su petición suprema, si hacían el sacrificio financiero supremo. Se me rompió el corazón al leer el mensaje, pues sabía que al final esta pareja se quedó arruinada y mi tío estaba aprovechándose de sus ahorros. Afortunadamente, ese hombre y su esposa dejaron de seguir el evangelio de la prosperidad y encontraron la verdadera fe en medio de su sufrimiento, pero el daño causado por la enseñanza abusiva dejó cicatrices que nunca olvidarán.

Elly Achok Olare es un pastor en Kenia que en su día fue predicador del evangelio de la prosperidad y de la Palabra de Fe. (Palabra de Fe es el nombre de una teología que enseña que se puede obtener riqueza material y sanidad «llamándolas a la existencia». Tergiversa el tipo de confesión que vemos en la Biblia con respecto al pecado, y dice que la confesión no solo salva, sino que te permite obtener cualquier cosa que desees). Su relato de cómo Dios lo salvó de la vida que él y su esposa estaban llevando te parte el corazón. Acerca de los sucesos que llevaron a su conversión, Olare escribe sobre una de las experiencias más desgarradoras:

-En 2003, mi esposa y yo perdimos a nuestra primera hija, Whitney. Yo creía que el «espíritu de la muerte» me había vencido. Mi esposa, que también estaba inmersa en la Palabra de Fe, y yo quedamos perplejos. ¿Cómo pudo Dios dejar que el diablo nos venciera así? Personas bien intencionadas de la iglesia sugirieron que nuestra calamidad podría deberse al pecado en nuestras vidas, o a una maldición, o, como yo creía, a una falta de fe. Mi afligida esposa y yo pasamos meses arrepintiéndonos de un posible pecado oculto. También buscamos respuestas en nuestras familias por si hubiera una maldición generacional, una enseñanza importante y muy extendida en el movimiento de la Palabra de Fe.
Durante este tiempo de confusión interna, mi esposa quedó embarazada de nuevo. Y en la soleada tarde que llevamos a casa a nuestro hijo recién nacido, Robin, estábamos eufóricos por el triunfo de un bebé sano. Pero las siguientes veinticuatro horas se convirtieron en el momento más oscuro de nuestras vidas. Cuando Robin desarrolló complicaciones, entramos en una frenética guerra espiritual junto con una amplia red de amigos que intercedieron ante Dios por nosotros. Esta vez no nos sorprenderían con la guardia baja. Nuestra fe nos aseguraba que el diablo no se llevaría a Robin. Recurrimos a los que nos daban seguridades «proféticas»: solo se permitía la vida; la muerte no era lo que nos correspondía. Pero la noche se complicó más. En aquel entonces, mi esposa creía que tenía un don profético. Esa noche, sus visiones le mostraron a Robin jugando felizmente en el barro, y a un Robin adulto dirigiéndose a miles de personas como predicador internacional. Entre lágrimas, compartió conmigo estas imágenes en presencia de guerreros de oración reunidos en nuestra pequeña casa. Después de la medianoche, cuando el estado de Robin empeoró, una nueva palabra profética exponía el error de la Palabra de Fe indicando que su curación estaba ahora en las manos de un médico. Salí de casa con mi bebé en brazos y buscando el hospital. A las tres de la madrugada, el doctor me miró a los ojos y me dio la peor noticia posible. Robin estaba muerto.
Llevé el cadáver de mi hijo a casa con mi esposa. Aunque estaba exhausta, levantó la mirada y me dijo «Papi», una cariñosa expresión que nunca había usado. «El niño ya está bien —continuó—. Tráemelo, quiero darle el pecho». Aquella oscura mañana grité desde lo más profundo de mi ser mientras mi esposa y yo peleábamos por el cuerpo de Robin. Habíamos creído tener poder sobre la mismísima muerte. La oración para que nuestro hijo resucitara de entre los muertos se convirtió en un circo que solo sirvió para agudizar nuestro dolor. Mientras mi mundo se derrumbaba, me asaltaban sentimientos caóticos. En cierto momento le grité a Dios decepcionado porque me había vuelto a fallar. Había ejercido una fe tremenda; ¿cómo podía Dios permitir que esto sucediera?
Luego vinieron varios abortos espontáneos tempranos. Sin respuestas, estábamos desconcertados con respecto a Dios, cuyos caminos ya no tenían sentido para nosotros. Aunque la fe ya solo era un espejismo, mantuvimos las apariencias, tratando de fingir que no estábamos desesperados. Sin embargo, por dentro nos sentíamos llenos de dudas, desesperanzados, incluso malditos. ¿Cómo podíamos compatibilizar estas cosas malas con un Dios bueno? Nuestra enseñanza de la Palabra de Fe nos decía que el sufrimiento de Job era consecuencia de su confesión negativa: «Jehová dio, y Jehová quitó» (Job 1.21). Pero, ¿cómo podemos entender que el mismo Pablo cayera enfermo (Gá 4.13) y, sin embargo, se regocijara en sus aflicciones (2 Co 12.10)? ¿Cómo podíamos seguir conciliando este retrato con los modernos «superapóstoles» que mercadean con la salud y la riqueza en sus libros, DVD y megaencuentros?
En mi crisis de fe y enojo con Dios, juré que dejaría el ministerio. Me sentía como un fraude por predicar un «evangelio» que no funcionaba. Dios se había convertido en un enigma, y la fe, en un laberinto.

¿De dónde salió el evangelio de la prosperidad?

El evangelio de la prosperidad hunde sus raíces teológicas en lo que se denomina Nuevo Pensamiento,  que se basa en la idea de que la mente es la clave para desbloquear tu verdadera realidad. Este movimiento se remonta al siglo XIX, y, aunque varias personas desempeñaron un papel importante en su difusión, se puede decir que la más influyente es Phineas Quimby (1802-1866). El padre del Nuevo Pensamiento era un filósofo, hipnotista y espiritista estadounidense. No afirmaba estar en consonancia con el cristianismo clásico ni con las enseñanzas ortodoxas de la Biblia, pero sus filosofías invadieron la teología cristiana. Las creencias de Quimby relevantes a este tema pueden resumirse de la siguiente manera:
• Toda enfermedad y toda dolencia tienen su origen en la mente.
• Se puede obtener sanación con el pensamiento correcto.
• Quimby creía que él había descubierto los métodos secretos de curación de Jesús.
• Jesús era un hombre normal que utilizaba métodos de control mental para sanar.
• Quimby negaba la resurrección corporal de Jesús.
• La hipnosis es la clave para la curación.

Aunque Quimby no era cristiano ni pastor, sus filosofías se han extendido por todo el cristianismo como un reguero de pólvora. Esto se debe sobre todo a los pastores que tomaron prestadas las ideologías de Quimby para sazonar el material de su ministerio, comenzando con Norman Vincent Peale (1898-1993), pastor de la Marble Collegiate Church en la ciudad de Nueva York. Peale publicó un libro en la década de 1950 titulado El poder del pensamiento positivo, que contribuyó a que las creencias del Nuevo Pensamiento se extendieran aún más. El cristianismo estadounidense presenció el paso del caballo de Troya por las puertas de la ciudad.

Luego llegaron hombres como E. W. Kenyon (1867-1948), que no sostenía explícitamente el Nuevo Pensamiento en su teología, pero introducía esa ideología en sus enseñanzas. Kenyon es el maestro más influyente en la vida del infame Kenneth E. Hagin (1917-2003), quien llegó a ser un icono de la teología de la Palabra de Fe y un polémico predicador. Hagin, a su vez, fue el padre espiritual del autoproclamado predicador multimillonario Kenneth Copeland (1936). Durante el mismo tiempo, Oral Roberts (1918-2009) encabezó con firmeza la explosión del teleevangelismo y de los predicadores de la prosperidad que eran como estrellas de rock y que decían sanar a los enfermos y hacer llover las bendiciones de Jesús. Estos hombres se convirtieron en los nombres más conocidos para la teología de «nómbralo y reclámalo» y el evangelio de la prosperidad. Hoy, son venerados como héroes de la fe por mi tío Benny, Joel Osteen (cuyo padre, John Osteen, adoraba a Kenneth Hagin), Joyce Meyer, Maurice Cerullo y muchos otros.

¿Cómo se hizo tan popular el evangelio de la prosperidad?

Esto todavía no responde a la gran pregunta: ¿cómo es posible que esta estafa que se hace pasar por cristianismo se haya hecho tan popular? Una cosa es saber de dónde vino pero es igual de importante ver cómo llegó a engañar a tanta gente. El evangelio de la prosperidad apela al profundo anhelo de paz, salud, riqueza y felicidad de todo corazón humano. No hay nada malo en querer una vida buena y feliz, pero el evangelio de la prosperidad usa a Jesucristo como un peón en su engaño sobre enriquecerse al instante. El evangelio de la prosperidad vende la salvación y una falsa esperanza. Pero la paz verdadera y duradera solo puede encontrarse por medio de la fe en el Señor Jesucristo.
El impulso moderno del evangelio de la prosperidad comenzó en la década de 1950. Nacido en 1918, Granville «Oral» Roberts fue, en muchos sentidos, el pionero del evangelio de la prosperidad de la era moderna. Pasó de ser pastor a construir un imperio multimillonario basado en una premisa teológica principal: Dios quiere que todas las personas sean sanas y ricas. Oral Roberts no se anduvo con rodeos sobre su versión de Jesús o del evangelio. Él enseñó y defendió categóricamente su creencia de que el principal deseo de Jesús es que prosperemos materialmente y tengamos salud física a la par de su paz y poder en nuestras almas. Oral Roberts tergiversó la Biblia para demostrar su punto de vista. Por ejemplo, enseñaba que fue Jesús quien dijo en 3 Juan 1.2: «Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma». Para empezar, fue Juan quien escribió esto, no Jesús. Segundo, Juan no le está diciendo a Gayo (el destinatario de la carta) que Dios quiere que sea sano y rico. Esta era simplemente la manera en que el apóstol Juan saludaba con amor a Gayo. El saludo de Juan es como enviar un correo electrónico que comienza diciendo: «¡Hola! Espero que te vaya bien». Al pertenecer a una familia de Oriente Medio, estoy muy familiarizado con los elaborados saludos y despedidas de esa cultura. No es raro que nos saludemos unos a otros y nos digamos adiós con expresiones profundas como las de Juan. Este versículo no es algo sobre lo que construir toda una postura religiosa. ¡No es más que un saludo!

Mientras tanto, muchos otros factores facilitaron la difusión del evangelio de la prosperidad, demasiados como para abordarlos aquí. Pero, para iluminar al lector, presentamos tres que lo harán reflexionar:

1. La tecnología: los avances en los medios de comunicación permitieron a los maestros difundir su versión del evangelio más rápido que nunca. De América a África, las audiencias globales estaban recibiendo el evangelio equivocado por televisión, radio y, hoy en día, en la palma de la mano. Un mensaje predicado con tanta frecuencia parecía legítimo y apelaba a sus necesidades materiales. ¿Cómo puede un misionero en el nivel más bajo del campo misionero competir con un predicador que usa un Rolex para convencer a la gente noche tras noche de que el evangelio de la salud, la riqueza y la felicidad los hizo ricos?

2. El movimiento de los buscadores: durante los últimos cuarenta años, las iglesias dirigidas a los buscadores dominaron el paisaje cristiano en Estados Unidos. Una iglesia dirigida a buscadores es aquella que se dirige a los intereses de personas que no tienen interés en la iglesia. Esto parece una gran idea, pero los métodos usados para hacer que la gente venga a la iglesia y mantenerla en ella tienen poco que ver con la Biblia. Como dice el viejo refrán: «Cómo los metes en la iglesia es cómo los mantienes en la iglesia». Para la iglesia orientada a los buscadores, los entretenidos espectáculos al estilo de Broadway casi reemplazaban el sermón, y se tocaba música secular en la adoración para hacer que los no cristianos se sintieran más cómodos. ¿Y puedes adivinar lo que se filtró en el mensaje de estas iglesias? El evangelio de la prosperidad. Jesús, en el movimiento de los buscadores, era un hombre blanco de ojos azules que mejoraba tu vida ofreciéndote el sueño americano. Las iglesias de buscadores no hablaban sobre el pecado, el arrepentimiento o los momentos difíciles. La dura verdad (no importa con cuánto amor se presentara) era mala para el negocio. Un evangelio más suave significaba mensajes más suaves. Todo estaba orientado a hacer que la gente se sintiera bien. Como un amigo que nunca te dice la cruda verdad, el movimiento de los buscadores falló a la hora de ser fiel en predicar todo lo que Jesús enseñó. Como resultado, las iglesias se llenaron con una asistencia récord. La gente amaba al Jesús orientado al buscador porque era muy fácil de seguir y ofrecía un pasaje dorado al cielo. Cuidar del rebaño de Dios alimentándolo con la verdad pasó a ser una complacencia corporativa para que la gente siguiera asistiendo. No se desafiaba a las personas a profundizar y a ejercitar el discernimiento. En su lugar, por muy bien intencionado que fuera el esfuerzo, buscaban la unidad a costa de la verdad, y las consecuencias fueron nefastas. Iglesias como Willow Creek admitieron abiertamente haber creado cristianos bíblicamente analfabetos por más de dos décadas antes de abordar el problema en 2008.

2 Este es un pequeño ejemplo del panorama general. Millones de cristianos estadounidenses no estaban aprendiendo de la Biblia, estaban siendo entretenidos. ¿Cómo podían oponerse al error si no conocían la verdad? ¿Cómo podían tomar en serio la doctrina si sus líderes no lo hacían? ¿Cuándo sabrían defender la verdad si sus pastores evitaban adoptar una postura?

3. Concesiones al consumismo: seamos honestos y preguntémonos cuántos predicadores de la prosperidad son ahora publicados por las grandes editoriales. Una editorial importante tuvo que rechazar el manuscrito de este libro. Aunque estaban interesados, habrían sufrido una gran controversia porque cuentan con cuatro autores del evangelio de la prosperidad reconocidos mundialmente que mantienen su negocio boyante. ¿Cuántos libros del evangelio de la prosperidad hay en los estantes de las principales librerías y tiendas cristianas? ¿Cuántas conferencias traen a predicadores famosos, aunque prediquen el evangelio de la prosperidad, porque llena los asientos? En última instancia, es algo muy lucrativo para las empresas cristianas. Libros, seguidores, productos e influencias equivalen a dólares de ganancias. No es lo ideal, pero es el mundo orientado al consumidor en el que vivimos hoy en día.

Permíteme ir un poco más allá de estos tres factores. Esto puede doler un poco, pero tenemos que quitarnos la venda: ¡esto lo hicimos nosotros! Con nosotros, me refiero a todos los que profesamos ser cristianos. Como colectivo hemos desempeñado algún papel en el surgimiento de la teología de la prosperidad en algún momento. Ya sea por el silencio pasivo o por la participación activa, permitimos que los falsos evangelios se establezcan. Necesitamos asumir juntos la responsabilidad, lo creamos o no, de erradicar males como el evangelio de la prosperidad. Eso comienza con el compromiso de defender el verdadero evangelio a toda costa.

Por el momento, el evangelio de la prosperidad ha llegado para quedarse y se está extendiendo por todo el mundo, perjudicando al verdadero evangelio de Jesucristo. Es un mal que se presenta como una bendición, pero es realmente una maldición. Parece ser una extensión amorosa de la bondad de Dios, pero podría decirse que es el tipo más odioso y abusivo de falsa enseñanza que aflige a la iglesia en la actualidad.

Costi W. Hinn (sobrino y ex colaborador de Benny Hinn) de su libro ‘Dios, la Avaricia y el Evangelio (de la Prosperidad)’ –  Resumido para Diarios de Avivamientos

Acerca de diariosdeavivamientos

Compartiendo las gloriosas páginas de la Historia de la Iglesia.
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5 respuestas a Cautivos bajo la teología de la prosperidad

  1. Gloria a Dios. Hay mas gozo en el cielo cuando un pecador se arrepiente que 100 justos que se autojustifican, condenan a Dios y creen que no tienen necesidad de arrepentirse. En este caso justifican a todos estos perversos que engañan a las personas en nombre de Dios. Jesús dice que las prostitutas y los ladrones de impuestos van delante en el camino hacia el Reino de los Cielos cuando se arrepienten. 2 Corintios 13:8: Porque nada podemos en contra de la Verdad sino por la Verdad.

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  2. Sergio Aguilar dijo:

    Buenas tardes, en mí opinión leí a alguien que utilizo argumentos confidenciales para ser desleal a su Pastor en este caso a su tío. Un tanto particular su desprecio hacia su familiar y los ministerios. Con un rechazo profundo de minimizar la obra de Dios a través de estos hombres y mujeres que lo único que leo entre líneas es no haber logrado lo que otros si hicieron. Independientemente que sea un negocio para algunos el evangelio. Gracias por el mail, muy interesante. Saludos cordiales. Fernando Aguilar.

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  3. Robinson DUARTE dijo:

    La prosperidad es el ataque más fuerte que vemos alá sana doctrina

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  4. Ange dijo:

    Jesús nunca pidio dinero a todos los que el sano ,tampoco DIOS le copro a su hijo por sanar .lo que Jesús hizo fue un acto de amor y compasión, al contrario le dijo a juda que de las ofrenda le diese a los pobres. Lo que pasa es que los llamado a dar a los pobres se lo roban como judas. Por eso términos como termino olcandose y reventandonse.como mucho hoy en dia

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    • Davis Silva dijo:

      Es desvastador todo está falta de verdad en esta clase de mensaje, por lo contrario le damos muchas gracias a Dios y a usted Costin W. Hinn , por comunicarnos lo que no conocíamos y por su libro.

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