Pastores, dinero, música y trucos psicológicos ¿qué es el evangelio de la prosperidad?

Hemos traducido para ustedes esta excelente enseñanza de Zac Poonen, uno de los más grandes maestros de la santidad en la actualidad. Te animamos a ver el vídeo porque te sorprenderá oír a un pastor hablando sobre la relación entre: Pastor – dinero – diezmos – música – trucos psicológicos y cómo son usados en la iglesia.

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Avivamiento en las Islas Hébridas – Duncan Campbell

En 1949 se produjo en las Islas Hébridas uno de los Avivamientos más extraordinarios de la Historia de la Iglesia. Y todo comenzó con la oración de dos hermanas de 84 y 82 años de edad. El siguiente es el relato dado por el predicador Duncan Campbell, testigo presencial de los maravillosos hechos. (Tomado de la revista “La Trompeta de Dios”, no. 63, may-jun 1990)

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“Ante todo, quiero decir que yo no produje el avivamiento en Lewis, sino que empezó antes de que yo llegara a la isla.

¿QUE ES EL AVIVAMIENTO?

Existen muchas opiniones en las iglesias de hoy, en cuanto a qué es un avivamiento. Hay una gran diferencia entre un avivamiento y una cruzada de evangelismo, esto último no es avivamiento, aunque doy gracias a Dios por cada alma alcanzada para Cristo por medio de tales esfuerzos y doy gracias a Dios por cada tiempo de bendición recibida en nuestras conferencias y convenciones, sin embargo tales esfuerzos, por lo común, no tocan al vecindario, y la inmensa mayoría de la gente se van precipitadamente hacia el infierno.

En un avivamiento, la comunidad repentinamente toma conciencia de la presencia de Dios. Él comienza a obrar entre su propia gente, y en cosa de pocas horas -no de días, sino de horas- las iglesias vienen a ser muy concurridas, no hay anuncio de reuniones especiales, pero pasa algo que atrae a hombres y mujeres a la casa de Dios. Dentro de horas, habrán veintenas de personas pidiendo perdón a Dios antes de siquiera llegar cerca de la iglesia.

En el avivamiento que hubo en tiempo de Jonathan Edwards, eso fue lo que pasó. En el avivamiento de Gales, eso fue lo que pasó. Y en el avivamiento más reciente en Lewis, eso es lo que pasó. Dios se manifestó y súbitamente los hombres y las mujeres por todas partes de la parroquia fueron paralizados por temor a Dios.

COMO EMPEZÓ EL AVIVAMIENTO EN LEWIS

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Un día al atardecer, una mujer ciega de 84 años, tuvo una visión. Esta anciana querida, Margarita, vio en la visión a la iglesia de sus padres llena de jóvenes y a un ministro desconocido en el púlpito. Estaba tan emocionada por esta visión que llamó al pastor y se la contó. El pastor de la colonia era un hombre que temía a Dios y anhelaba verlo obrando, había tratado muchas cosas para interesar a los jóvenes de la parroquia, pero ni siquiera un adolescente asistía a la iglesia.

¿Qué es lo que le dijo Margarita? –Estoy segura de que usted está anhelando ver a Dios obrar. ¿Qué piensa de convocar a los ancianos y diáconos y sugerirles que pasen dos noches por semana en oración a Dios? Ustedes han probado misiones; han probado evangelistas especiales, pero ¿Han probado a Dios?

El pastor humildemente obedeció.

Sí, convocaré la sesión, sugiriendo que nos juntemos los martes y viernes en la noche, para pasar toda la noche en oración.

Muy bien -respondió-, si ustedes hacen eso, mi hermana y yo nos arrodillaremos a las 22:00 hs. cada martes y viernes, y nos quedaremos allí hasta las 4:00 de la mañana.

Así todos se concentraron en la oración. Tuvieron esta promesa de Dios, y con esa promesa suplicaron: “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida” (Isaías 44:3). En sus oraciones, según lo que dijo el pastor, ellos debían pedir vez tras vez: Señor, Tú eres un Dios que guarda tu pacto, y debes cumplir Tu promesa.

Las súplicas y las reuniones duraron por varios meses, luego, una noche, aconteció algo muy notable; estando de rodillas en medio de la paja en el granero, de repente un joven se puso de pie y leyó en voz alta una parte del Salmo 24: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová” (vs. 3-5), cerró su Biblia y mirando a los ojos del ministro y a los otros arrodillados allí, dijo: Hermanos, me parece que es tiempo perdido el orar como hemos estado orando, y esperar como hemos estado esperando, si nosotros mismos no tenemos relaciones debidas con Dios, entonces comenzó a orar: “Señor, ¿están limpias mis manos? ¿Es puro mi corazón?” Y aquel querido hombre no siguió más adelante, pronto se arrodilló y se extendió boca abajo en la paja. En cosa de pocos minutos, un poder se soltó en Barvas, el cual desconcertó a todos los habitantes de la isla.

¡DIOS SE MANIFESTÓ!

El Espíritu Santo comenzó a obrar en medio de la gente. El pastor, describió lo que pasó la mañana siguiente y dice: “Se encontró a Dios en el yermo; se le encontró en los hogares. Dios parecía estar en todas partes“.

¿Y qué fue eso? ¡Fue avivamiento! No fue algo organizado a base de esfuerzo humano, sino que era toda la comunidad consciente de Dios, lo cual tuvo en suspenso a todos en el área, tanto así que todo trabajo se paró. La gente se reunió en grupos. Los jóvenes se reunían en el campo y comenzaron a hablar acerca de este fenómeno de parte de Dios, que saturaba la comunidad.

En cosa de unos días, recibí una carta invitándome a la isla. En ese momento experimentaba un movimiento muy grande en la isla de Skye. No era un avivamiento, pero hombres y mujeres recibían a Cristo, y Dios fue glorificado por los muchos hombres notables quienes encontraban al Salvador.

Cuando recibí esta invitación a venir a Lewis por diez días, respondí que no me era posible puesto que estaba envuelto en una convención durante los días de fiesta. Ya habíamos hechos los arreglos para los predicadores y también por las habitaciones en los hoteles para la gente que venía de todas partes de Gran Bretaña, pero después tuve que cancelar esa convención, principalmente, porque la agencia de viajes alquiló los hoteles para una semana especial que iban a celebrar.

El pastor recibió la carta en la cual yo había rehusado aceptar la invitación, y se la leyó a Margarita. “Eso es lo que piensa el hombre”, dijo ella, “pero Dios ha dicho lo contrario. El Sr. Campbell estará aquí dentro de dos semanas“.

La convención no estaba cancelada cuando ella dijo eso, pero ella sabía. “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto” (Salmo 25:14). Y ella tenía comunión íntima con Dios.

Llegué a la isla en diez días, y el pastor con dos ancianos me recibieron en el embarcadero. En el momento que me bajé del barco un hermano anciano se acercó y me enfrentó con una pregunta: “Sr. Campbell, ¿puedo hacerle esta pregunta? ¿Está usted caminando con Dios?” He aquí tres hombres que vivían en serio, hombres que temían que una mano no ungida tocara el Arca. Me alegré de poder decir: “Ahora bien, pienso que puedo decir que temo a Dios“. “Bueno“, dijo el anciano querido, mirándome, “si usted teme a Dios, eso bastará“. Entonces el pastor se volvió hacia mí y dijo: “Estamos seguros, Sr. Campbell, que usted está cansado y deseando cenar, pero me pregunto si primero consentiría en predicar un sermón en la iglesia antes de llegar a casa para que los asistentes le vean. Habrá una asistencia prometedora; quizá no muchos, pero suponga eso de dos o trescientos. Tenga en cuenta que hay una manifestación de Dios entre nosotros“.

Nunca comí esa cena porque no llegué a la casa del pastor hasta las cinco y veinte de la mañana. Fuimos a la iglesia, y prediqué a una congregación de más o menos 300 personas. Fue una buena reunión, con un sentido maravilloso de la presencia de Dios, pero nada excepcional pasó. Terminé la junta con oración y caminaba por el pasillo cuando un joven se me acercó y dijo: “Nada todavía ha pasado, pero Dios está presente, y en cualquier momento El va a abrir un camino“.

Soy perfectamente honesto cuando digo que no sentí nada. Pero aquí había un joven mucho más cerca de Dios que yo, y él sabía el secreto.

Continuamos hacia la puerta de la iglesia a medida que toda la congregación salía. Sólo el joven y yo quedábamos dentro. El levantó las manos y comenzó a orar: “Dios, Tú nos has prometido derramar aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida, pero no lo estás haciendo“.

El oraba, y oraba, y oraba de nuevo hasta que cayó en el piso. Estuvo tumbado allí por cinco minutos, estando yo de pie a su lado, y luego se abrió la puerta de la iglesia, alguien entró y dijo: “Sr. Campbell, pasó algo maravilloso. ¡Un avivamiento ha comenzado! Por favor, venga a la puerta para ver la muchedumbre que ha llegado a las once“. Cuando miré, vi a seiscientas o setecientas personas agrupándose en torno a la iglesia.

Este joven querido se paró a la puerta y sugirió que cantáramos el Salmo 126:1-2: “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sión, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra boca de alabanza…” Y ellos cantaban y cantaban. De entre ellos podía oír yo el grito de los penitentes, hombres pidiendo a Dios misericordia.

Me volví al anciano y dije: “¿No piensa que debiéramos abrir de nuevo las puertas de la iglesia y permitirles entrar?

En unos minutos la iglesia se llenó, a quince minutos de la medianoche. ¿De dónde vino la gente? ¿Cómo sabían ellos que se celebraba un culto? No puedo decirle, pero vinieron de las aldeas y los caseríos. Si hoy uno les preguntara: “¿Qué es lo que les influenció a venir?“, ellos no podrían decirle. Fueron conmovidos por un poder que está más allá de una explicación, y ese poder les dio a entender que eran pecadores que merecían el infierno y el único lugar en el cual podían pensar para obtener el socorro, fue la iglesia. Allí estaban, entre seiscientos y setecientos.

Esa misma noche había un baile en la parroquia. Cuando este joven oraba en el pasillo de la iglesia, el poder de Dios entró a ese baile, y los jóvenes, más de 100 de ellos, huyeron del baile como si fueran huyendo de una plaga, y se dirigieron a la iglesia.

Cuando traté de subirme al púlpito, fui impedido por los muchos jóvenes del baile. Cuando por fin logré hacerlo, descubrí que allí en el piso detrás del púlpito estaba una joven, una graduada de la Universidad Aberdeen, quien estaba sentada allí llorando: “¿No hay nada para mí? ¿No hay nada para mí?”

Dios estaba obrando, y la visión de Margarita fue verdadera y real. La iglesia fue llena tanto de jóvenes como de adultos.

Esa reunión duró hasta las cuatro de la mañana. Al salir de la iglesia, encontré a un joven que no era creyente, aunque temía a Dios, y me dijo: “Señor Campbell, debe haber entre 200 y 300 personas congregadas en la comisaría. Algunos están arrodillados. No lo entiendo“.

Hubo aquí una multitud de hombres y mujeres de una aldea vecina, a eso de cinco millas de allí, quienes se encontraban tan conmovidos por Dios, que vinieron a la comisaría porque sabían que el policía allí era un hombre bien salvo que temía a Dios. La comisaría estaba junto a la casa de Margarita. Este joven me suplicó que fuera a la comisaría, lo cual hice. Nunca olvidaré lo que oí y vi esa mañana: Jóvenes se arrodillaban al borde del camino. Pienso en un grupo de seis, uno de ellos borracho. Su madre anciana estaba arrodillada a su lado, llorando: “Oh, Willi, ¿por fin vienes? Willie, Willie, ¿por fin vienes?” Y ahora Willie es pastor en la parroquia. Y del grupo de jóvenes quienes buscaron a Dios esa noche, nueve de ellos están predicando.

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¡ESO ES UN AVIVAMIENTO!

¡Dios obró! ¡Eso es el avivamiento! Esa es la necesidad enorme de la iglesia alrededor del mundo hoy día. No es este o aquel esfuerzo con base en tentativas humanas, sino una manifestación de Dios la cual conmueve a los pecadores a pedir la misericordia antes de acercarse al edificio del culto.

Esa es la manera en que se inició el avivamiento en Lewis. Luego pasó fuera de los límites de esa parroquia a las vecinas. Comenzamos predicando en las reuniones día y noche. Una vez en el transcurso de 24 horas, prediqué en ocho reuniones -cinco veces en cultos muy concurridos, dos veces en el campo y una vez en la playa-. Hombres ancianos habían cruzado las aguas esa noche, y muchos encontraron al Salvador. Les seguimos a la playa, y allí cantamos los salmos de Sión a las dos de la mañana, antes de que ellos se embarcaran con rumbo a sus casas. ¡Eso es Dios obrando!

Una noche un hombre se me acercó y dijo: “¿Le será posible venir y visitar nuestra parroquia?” “Bueno, depende de cuándo pueda yo visitarla. Creo que sería posible a la una de la mañana“. Y así fue que fuimos, llegando a la una y media.

Al llegar, encontré una de las iglesias grandes totalmente llena, con mucha gente afuera. Prediqué allí por una hora, y después salí mientras centenares de personas pedían a Dios misericordia.

Al salir de la iglesia, otro joven se acercó y me dijo: “Sr. Campbell, debe haber entre 300 y 500 en un campo aquí abajo, y los ancianos están preguntándose si usted puede hablar con ellos.”

Fui y encontré a este gentío, oh, fue muy fácil predicarles. El Espíritu de Dios estaba conmoviéndolos.

Vi a un hombre tendido en el suelo, intensamente, muy ansioso acerca de su alma. Luego vinieron cuatro jovencitas, como de 16 años, arrodillándose a su lado. Una de ellas dijo: “Mira, el Cristo que nos salvó anoche, te puede salvar ahora“. Y ese hombre fue salvo mientras que las muchachas oraban alrededor de él. ¡Eso es avivamiento!

Cuando regresé de esa reunión a la casa del pastor, encontramos a un anciano esperándonos para decir que había un granjero en mucha angustia de alma. Aquel hombre no había estado cerca de una iglesia por 12 años, pero vivía solamente para sus caballos y su ganado. Pero aunque él vivía por este mundo, tenía a una esposa e hija piadosas, quienes se afligían por él. Me habían invitado a la granja antes de aquella noche, y yo había hablado con él, a lo cual contestó: “Ahora bien, quizás algún día me presentaré a la iglesia“.

Después de un día o dos, alguien le vio caminando por la calle hacia la iglesia, y uno de los ancianos pensó que el traje que llevaba puesto fue el mismo con el cual se casó. Es seguro que no era un traje moderno. Fue a la iglesia, y la iglesia estaba tan concurrida, que tuvo que sentarse en el escalón del púlpito, bastante cerca de mí.

Dios le habló, y él estaba en un estado terrible. Gritó repetidas veces. “¡Dios, el infierno me es demasiado bueno!”

Oh, que pudiéramos ver más convicción -convicción de pecado, la cual postrara a los hombres ante la presencia de Dios-. ¡Dios, dánosla, dánosla!

Esa noche después de predicar en el campo, el anciano, el pastor y yo fuimos a la granja. Cada cuarto del cortijo fue lleno de gente, quienes estaban orando por el granjero. “¿Dónde está Donato?”, le pregunté a la esposa. “Oh, está en el cuarto allá. Está en un estado terrible. ¡Oh, que Dios tenga misericordia de tan gran pecador!”

Fuimos por el pasillo, y ella abrió con cuidado la puerta, y allí estaba el granjero, arrodillado, clamando vez tras vez: “Dios, ¿puedes tener piedad de mí? ¿Puedes tener piedad de mí? Me parece que el infierno es demasiado bueno para mí“.

Estábamos parados en la puerta y él no se dio cuenta de nosotros. Luego la esposa imploró a Dios de que Él lo sacudiera tanto por sus pecados, que su experiencia con Dios fuera real. Muchas veces se oyeron en ese avivamiento en Lewis las palabras: “Déjelo que libre su propia batalla. Déjelo allí. Permita que Dios trate con él“. Creo que una veces quitamos de la mano de Dios las cosas cuando damos los consejos. ¡Oh, que lleguemos al punto donde con toda confianza en Dios le permitamos obrar!

En la mañana tuvo un encuentro con Dios, experimentando un rescate glorioso, y pidió una reunión de oración. Como resultado de esa reunión, hay cuatro ministros hoy sirviendo en la iglesia.

CARACTERÍSTICAS PRIMORDIALES DEL AVIVAMIENTO

Para mí, el rasgo destacado del movimiento era el sentido de la presencia de Dios, el temor a Dios. Uno podía hablar con cualquier persona, y descubría que cada uno pensaba en Dios y pedía misericordia. Dios estaba en todas partes, y por causa de esta conciencia de Dios, las iglesias estaban muy concurridas desde el principio hasta el fin de los días y durando las noches enteras hasta las cinco o seis de la mañana. EN EL AVIVAMIENTO, EL TIEMPO NO EXISTE. La presencia de Dios ahuyenta los programas.

Otro rasgo destacado era esa convicción muy profunda del pecado. He aquí dos incidentes. Un día la querida anciana, Margarita, vino y me dijo: “Me siento guiada a pedirle que vaya a esta parte particular de la parroquia. Hay pecadores empedernidos allí que necesitan la salvación“. “Pero no me siento guiado a ir allí“, le dije. “Hay hombres allí quienes amargamente se me oponen, y me figuro que no habrá un lugar para celebrar una reunión“.

Ella me miró y dijo: “Señor Campbell, si usted viviera tan cerca de Dios como le conviene, El le revelaría Su secreto también“.

Recibí eso como una reprensión, y regresé al hogar del pastor y le dije: “Creo que debemos pasar la mañana con Margarita, y esperar en Dios junto con ella en su cuarto“. Así que Margarita y su hermana se arrodillaron con nosotros en su cuartito, y esa querida mujer comenzó a orar: “Señor, Tú recuerdas la conversación que tuvimos esta mañana a las dos. Tú me dijiste que ibas a visitar esta parte de la parroquia con avivamiento. Acabo de hablar con el Sr. Campbell pero no está preparado para pensar en ello. Tú debes darle la sabiduría, porque él la necesita muchísimo.” “Bueno, Margarita“, dije después de ponernos de pie, “¿a dónde quiere que vaya? ¿Y dónde vamos a convocar la reunión?” “Oh, sólo vaya, y Dios proveerá la congregación y el lugar para reunirse”.

Bueno, Margarita, iré“. Me fui la próxima noche, y encontré a eso de trescientas o cuatrocientas personas congregadas alrededor de un chalet de siete cuartos. La casa fue tan concurrida, y tantos jóvenes querían entrar, que el dueño de la casa, siendo un hombre que temía a Dios aunque no era cristiano, sugirió que ellos se pusieran sobre las camas en filas de tres personas cada una; quitarse los zapatos, y juntarse como sardinas en lata. Y eso es lo que hicieron, pero aun así, todavía quedaban un igual número afuera.

Leí el texto de la Biblia del cual pensaba predicar: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó...” (Hechos 17:30-31).

Habían allí cinco pastores. Si usted les hubiera preguntado de que era lo que los trajo a ese pueblecito, ni siguiera uno le podía decir, pero movidos por un Dios soberano, estaban allí. Hablé cerca de diez minutos cuando uno de los ancianos se me acercó y dijo: “Sr. Campbell, ¿vendrá usted al otro lado de la casa? Uno de los hombres principales del pueblecito está clamando a Dios por misericordia, vaya usted allí, y nosotros iremos a la pila de turba aquí donde se puede ver esas mujeres clamando a Dios, arrodilladas.”

Fui al otro lado de la casa, y allí estaban los mismísimos hombres que Dios mostró a Margarita, hombres que se convertirían en pilares de la iglesia de sus padres. Y eso es lo que son hoy en día.

Entre los que pedían misericordia estaban dos flautistas los cuales estaban anunciados a tocar en un concierto y un baile en una parroquia vecina. Y el pastor de aquella parroquia estaba allí, él y su esposa estaban mirando a los flautistas pedir a Dios piedad.

Repentinamente el pastor volvió la mirada hacia su esposa, diciendo: “Regresaremos a la parroquia e iremos al baile, y les diremos allí lo que está pasando en Barvas“.

Se alejaron una distancia de quince millas, llegando cuando el baile estaba en plena marcha. Entrando el pastor, se interrumpió el baile, y el pastor se paró en la pista de baile. “Jóvenes, tengo una historia interesante que contarles. Los flautistas no están con ustedes porque están en Barvas pidiendo a Dios misericordia“. Un silencio -silencio de la eternidad, según el pastor- impregnó el salón de baile. Luego él dijo: “Jóvenes, les quiero cantar un salmo. Creo que debemos cantar el Salmo 50 (donde Dios se representa como fuego que consumirá)”, y comenzó a cantar, él mismo tomando el lugar del director. Al llegar al segundo versículo, de repente se oyó un grito, y un joven cayó al suelo y comenzó a pedir misericordia a Dios. Dentro de cinco minutos el salón estaba desocupado, y los jóvenes huyeron a los tres coches que los trajeron desde otras parroquias. Pronto se arrodillaron, clamando a Dios que tuviera piedad de ellos.

¡Eso es Dios obrando! Tan fuerte conmovía Dios, y tan terrible era la convicción, que no podíamos más que dejarlos allí.

Había un movimiento notable en la aldea de Arnol. La situación allí fue difícil, e igual como en los otros lugares, era amarga la resistencia. A la medianoche un cierto hombre se puso de pie para orar. Todavía recuerdo sus palabras: “Oh Dios, ¿sabes que Tu honor está en peligro? ¿Sabes que hiciste una promesa la cual no estás cumpliendo? Ahora bien, he aquí cinco pastores junto con el Sr. Campbell. No sé nada de la condición interior de ellos, ni siquiera del Sr. Campbell, pero si sé algo de mi propio corazón, creo que puedo decir que tengo sed. Tengo sed de una manifestación de tu poder”.

Luego, a eso de las dos de la mañana, se puso de pie y dijo esto: “Con base en Tu promesa de derramar aguas sobre el sequedal (espiritual), me atrevo a desafiarte a que cumplas Tu pacto”.

Cuando ese hombre dijo eso, la casa del granjero tembló como hoja. Cuando Juan Smith cesó de orar, terminé la reunión y salí afuera donde descubrí que toda la comunidad estaba despierta. La oposición se desvaneció, y un movimiento glorioso comenzó, el cual se nombra en Escocia como el avivamiento de Arnol. Esto fue uno de los movimientos poderosos en medio de la visitación graciosa de Dios en la isla de Lewis. La taberna se cerró esa noche, y nunca volvió a abrirse. Los hombres que solían emborracharse allí en las noches, ahora están orando en nuestras reuniones. Uno de ellos es misionero en Arabia del Sur.

¡CONVICCIÓN! ¡ANGUSTIA DEL ALMA!

Catorce jóvenes discutían acera de cuánta cerveza debían traer a la parroquia para un baile el viernes. De pronto uno de ellos dijo a los otros: “Muchachos, aumentemos la cantidad, porque creo que esta es la última vez que llegará la cerveza a esta parroquia“.

Angus“, dijo otro, “¿insinúas que el avivamiento va a llegar a esta parroquia impía?” “No puedo decir lo que va a acontecer, o que va a venir, pero algo pasa conmigo”. Eso es todo lo que dijo, pero catorce jóvenes se arrodillaron al frente del salón de baile, quedándose allí por más de una hora. Como resultado, todos fueron salvos, y once desempeñan un cargo en la iglesia hoy en día.

¿Qué son los frutos del avivamiento? Podía contar sobre mis cinco dedos las personas que dejaron de asistir a las reuniones de oración. En Lewis, y en las tierras altas de Escocia en general, no creerían que una persona que no asistía a los cultos de oración era cristiana, no más de lo que creerían que el diablo era cristiano. Cuando un alma renace, repentinamente uno está con hambre de reunirse con los que oran a Dios.

Los cultos de oración se volvieron muy concurridos. No había ni siquiera una parroquia en Lewis que no tuviera a lo menos cinco cultos de oración. La prensa del pueblo anunció que había más gente asistiendo a los cultos de oración, que los que solían frecuentar el culto de mañana en el día de comulgar. Eso es una de las características notables en cuanto al fruto que se queda.

Y ha provenido de esas reuniones un movimiento entre los jóvenes, que está atravesando por toda la isla de Lewis. Los jóvenes y las señoritas que en días anteriores hubieran estado yendo a ver las películas, al baile o a las tabernas, hoy día están asistiendo, por veintenas, a los cultos de oración. No digo que esto sea avivamiento -no en el mismo sentido de lo que experimentamos hace varios años- pero en las parroquias se encontrará desarrollándose cinco o seis cultos de oración. Primero están en la iglesia, después van a cenar un poco, luego van a varias casas para esperar en Dios hasta las dos de la mañana. Y en aquellos cultos de oración los jóvenes están entregándose a Cristo.

Otro rasgo en cuanto a los frutos, es el número de hombres y mujeres quienes han salido por tiempo completo en el ministerio y como misioneros.

¿Entiende usted lo que significa el avivamiento? Significa mirar obrar a Dios -el Dios de milagros-, obrando de una manera soberana y sobrenatural, manifestándose entre los hombres y mujeres, induciéndolos a entrar al Reino de Dios.”

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                                              Duncan Campbell (1898-1972)

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Lo que NO te contaron sobre los Pentecostales – Capítulo II

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Una de las acusaciones más comunes contra el Movimiento Pentecostal es que “no tiene raíces históricas”. En su panfleto titulado: Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal Gregory Alan Kedrovsky  asegura que:

El movimiento pentecostal no tiene raíces históricasEl movimiento pentecostal no existía antes de 1901 d.C.”

Bien, no creo que él haya descubierto la pólvora, pero en eso estamos de acuerdo, tan de acuerdo como que ni el Agustinianismo existía antes de Agustín, ni el Luteranismo existía antes de Lutero, ni el Calvinismo antes de Calvino, ni el Metodismo antes de Wesley… y podríamos continuar así con cada una de las denominaciones o escuelas teológicas de la cristiandad. Aparte de que basar el origen de una denominación o movimiento en la Reforma Protestante del S. XVI no es ningún mérito; recordemos que ese es un argumento que el Catolicismo Romano usó contra las enseñanzas de Lutero: “no tienen peso histórico”. Y si cualquiera de ustedes debate con un católico lo primero que oirán es que “el Protestantismo tiene sus raíces en el S. XVI, pero el Catolicismo tiene sus raíces en el S. I ” Por lo tanto, la antigüedad de un movimiento no garantiza su superioridad, exclusividad, o veracidad.

Un error que está siendo común hoy día, entre las filas evangélicas, es el énfasis por volver a la Reforma Protestante del S. XVI. Pero si el mayor énfasis de la Reforma fue volver a las Escrituras ¿Por qué no volvemos a ellas directamente, y de allí vamos subiendo progresivamente? ¿Por qué pretendemos pasar todo por el filtro de una Reforma que ya está desfasada en el tiempo? Y es en ese filtro donde muchos se quedan estancados, pues para llegar a las Escrituras primero tienen que pasar por Lutero, por Calvino, por Arminio o por el reformador o teólogo de su gusto en un proceso descendente. ¿El resultado? Que al pasar por tantas lentes la interpretación queda desfigurada. ¡Igual que los católicos! Ellos parten desde el Magisterio vivo de la Iglesia, pasando por Papas, Obispos, Concilios, Encíclicas, Doctores de la Iglesia… y cuando llegan a la Escritura la visión es deformada. Observen lo que enseña Roma:

La interpretación auténtica del depósito de la fe corresponde sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, es decir, al Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, y a los obispos en comunión con él.” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)

Algunos protestantes se jactan diciendo:¡nosotros somos Sola Scriptura!… nosotros tenemos la interpretación auténtica.” Pero una vez que comienzas a hablar con ellos te salen conCánones“, “Instituciones“, “Confesiones de Fe“, “Salterios“… No, no, no… ¡tú lo que eres es un Museo de la Reforma!, nada más. Como dijo alguien por ahí “Unos veneran a un Papa vivo, y otros veneran a un Papa muerto”. 

Que una Denominación Evangélica tenga sus raíces en la Reforma Protestante no garantiza absolutamente nada. ¿Había alguien más orgulloso de su linaje que los judíos? Le respondieron (a Jesús): Linaje de Abraham somos. [Juan 8:33] Sin embargo un poco más adelante el Señor les respondeVosotros sois de vuestro padre el diablo” [Juan 8:44]. ¿Y qué exhortación les hizo el Señor a esos mismos judíos? Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor! [Juan 5:39 NVI]

En La Reforma Protestante no se halla la vida eterna, ella nos dio testimonio diciéndonos ¡Volved a las Escrituras! El solo hecho de estudiar y conocer las Escrituras tampoco nos garantizan la Vida, ellas dan testimonio de Cristo diciéndonos ¡Volved a Cristo! Porque él es la Verdad, el Camino y la Vida. Todas las demás cosas son señales que nos indican hacia donde debemos ir, pero quedarnos abrazados a una señal, besándola y venerándola no significa nada más que estancarnos en nuestro caminar celestial. 

Desearía que nadie me malinterprete en esto que acabo de decir, damos gracias a Dios por la Reforma Protestante, por los Reformadores y escuelas teológicas posteriores, pero la cosmovisión no se limita a ese período exclusivamente, debemos abarcar toda la Historia de la Iglesia, y esto incluye Padres apostólicos, de la Iglesia posterior, apologistas, etc, sin estancarnos perpetuamente en un solo periodo. Y haciendo todo esto en un sentido ascendente: debemos mirar a la Reforma con los ojos de la Escritura, y no a la Escritura con los ojos de la Reforma. 

Bueno, pero vayamos al grano, una cosa que debemos tener en cuenta en relación a lo que sucedió en la calle Azusa es que los pioneros del avivamiento pentecostal no salieron de un huevo kinder, eran hermanos y líderes de iglesias metodistas, bautistas, del movimiento de la Santidad (que en aquel entonces era muy numeroso),  independientes, y de todas las denominaciones históricas que anhelaban un despertar espiritual para la nación; motivados intensamente por el Gran Avivamiento de Gales que en ese mismo entonces estaba sacudiendo Europa. El pentecostalismo no nació como una denominación sino como un movimiento de avivamiento dentro de las denominaciones históricas:

“Siguiendo la tradición de la mayoría de los movimientos de renovación o avivamiento, los primeros pentecostales no se consideraban una entidad separada. Se consideraban un movimiento “dentro” de la iglesia cristiana, que Dios había creado para dar vida nueva a un cuerpo demasiado estructurado y carente de espíritu. Los líderes nunca promovieron la formación de denominaciones pentecostales separadas. Se referían a sí mismos y a su movimiento como “no denominacionalistas”  (Vinson Synan – del libro El Siglo del Espíritu)

Si no se comienza por comprender esto llegamos a conclusiones equivocadas: el pentecostalismo no es, ni debería ser, una denominación sino un movimiento de avivamiento. Conozco metodistas-pentecostales, bautistas-pentecostales, reformados-pentecostales, etc. Entre los reformados pentecostales destaca la gran Alianza de Iglesias Cristianas Nueva Vida en Brasil, lideradas por un pastor lleno de sabiduría y piedad llamado Walter McAlister. 

¿Qué es un Avivamiento? Dejemos que el gran Martyn Lloyd-Jones nos lo responda:

“Se reconoce generalmente que la mejor forma de definir un avivamiento es como una vuelta de la Iglesia al libro de Hechos, una especie de repetición de Pentecostés, el Espíritu derramándose nuevamente sobre la Iglesia. Esto, naturalmente, es una porción de doctrina imprescindible y esencial.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

El Movimiento Pentecostal no debe preocuparse por tener o no raíces en la Reforma del S. XVI, porque no es allí donde debemos volver sino a la Iglesia del libro de los Hechos. La Iglesia no necesita una Reforma que la lleve 500 años hacia atrás, la Iglesia hoy necesita imperiosamente un Avivamiento que la lleve a experimentar nuevamente un Pentecostés, o solo seremos un Museo en vez de una Iglesia llena de vida.

Es evidente que los hermanos que escribieron estos panfletos anti-pentecostales se jactan de seguir uno de los baluartes de la Reforma Protestante: el de la Sola Scriptura. Sin embargo usan sin pudor este argumento:

“Hasta 1901 y Agnes Ozman no había nada en la historia de la Iglesia que se parecía al movimiento pentecostal actual. Más bien, el parecer tradicional hasta 1830 era lo que se llama “la teoría de cesación”. Según esta enseñanza las cinco señales de Apóstol que Cristo entregó a los 11 en Marcos 16.17-18 cesaron después de la época de los Apóstoles. O sea, empezando con la primera generación de creyentes después de los Apóstoles de Cristo (los 12 y Pablo), cesaron las señales de Apóstol y también la revelación directa (porque con los escritos de los Apóstoles, Dios cerró el canon de la Escritura; Apocalipsis 22.18-19).” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

La teoría que se conoce con el nombre de “cesacionismo” afirma que los dones y manifestaciones del Espíritu Santo ya no están vigentes u operativos en la Iglesia hoy.

Como se supone que uno está hablando con devotos de la Sola Scriptura, tiene que hacerles la consabida pregunta: ¿Y dónde afirma la Escritura que los dones cesaron?… Bien, si usted nunca fue al circo, esta es su oportunidad para ver a un hombre haciendo los malabarismos y acrobacias más estrambóticas que se pueda imaginar. ¿La razón? No existe ni un solo pasaje en las Escrituras que afirmen, y ni siquiera insinúen, que los dones y manifestaciones milagrosas del Espíritu Santo han cesado. ¡Ni uno solo! ¿Y no se supone que un Solo Scriptura debería poder afirmar algo solo con la Escritura? Pues como la Biblia no les respalda en su tesis cesacionista, se sacan de la manga estos argumentos:

“En los tiempos de la Reforma, la “teoría de cesación” seguía siendo la posición tradicional. Martín Lutero dijo: “Pablo testifica… 1 Corintios 14.22: ‘las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos’. Pero después, cuando la Iglesia ya se confirmó por estas señales, no fue necesario que esta manifestación visible del Espíritu Santo continuara.” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

¿Se dan cuenta del peligro de poner las raíces en la Reforma y no en la Escritura? El argumento cesacionista se basa no en lo que dice la Escritura sino en lo que dijo Lutero: “en la posición tradicional”. De un triple salto mortal pasan de la Sola Scriptura a la Sola Tradición, ¡como los católicos romanos! El mismo Martín Lutero está dando aquí su opinión y no una interpretación exegética de un versículo, es suficiente con mirar el versículo citado y la explicación dada por el Reformador para comprobar que una cosa no lleva a la conclusión de la otra. Si las lenguas son por señales a los incrédulos ¿por qué deberían de haber cesado?, ¿es que ya no hay más incrédulos en el mundo?, ¿son todos creyentes?.

En su obsesión por demostrar algo que no solo no tiene fundamento bíblico, sino que es anti-bíblico, los cesacionistas manipulan la Historia de la Iglesia como un último recurso desesperado. Observen este ejemplo:

“Aun el famoso Agustín dijo: “¿Por qué, se pregunta, no se manifiestan milagros hoy en día como sucedía en otros tiempos? Yo podría responder que eran necesarios entonces, antes de que el mundo llegara a creer, para poder ganar la creencia del mundo” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

Bien,  aquí podríamos usar el mismo argumento que en el párrafo anterior: ¿acaso todo el mundo ha llegado a escuchar el evangelio y a creer? Y si no es así, entonces ¿por qué deberían cesar los dones? Y por cierto, Agustín no da una respuesta con la Escritura, noten bien que está dando su opinión personal.  Hasta aquí todo bien si solo se trata de opiniones de hombres, pero entonces ¿en qué consiste la manipulación de la Historia por parte de los cesacionistas?

Agustín de Hipona, o San Agustín como se le conoce generalmente, vivió del 354 al 430. Pero antes que él existieron otros Padres de la Iglesia o Apologistas de gran autoridad. Tomemos el caso del obispo Ireneo.

Ireneo de Lyon: No se sabe a ciencia cierta la fecha de su nacimiento, posiblemente estaría entre los años 125 al 140 (murió en el 202 d.C.) . Sí se sabe que se convirtió al cristianismo en edad muy joven, y que vio y escuchó en primera persona al gran Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo directo del Apóstol Juan. Es en los escritos de Ireneo, Padre de la Iglesia y precursor de la teología, donde encontramos datos de la operatividad o continuismo de los dones sobrenaturales del Espíritu durante el siglo II. Estos son los que he encontrado leyendo su magnífico tratado Contra los Herejes (Adversas Haereses)

“También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu, haciendo público lo que está escondido en los hombres y manifestando los misterios de Dios, a quienes el Apóstol llama espirituales, éstos son espirituales, porque participan del Espíritu” (Ireneo de Lyon de su Tratado: Adversas Haereses – Libro V 6.1)

Comparando a los falsos milagros de los verdaderos que se seguían produciendo entre ellos, dice:

“No son capaces de dar la vista a los ciegos, ni el oído a los sordos, ni expulsar a todos los demonios -sino sólo a aquellos que ellos mismos les meten, si es verdad lo que dicen-, ni curar a los enfermos, cojos y paralíticos o dañados en cualquier otro miembro del cuerpo como efecto de alguna enfermedad, ni dar de nuevo la salud a todos aquellos que enferman por accidente. Muy lejos están de resucitar a los muertos -como lo han hecho el Señor y los Apóstoles por medio de la oración y como en algunos casos ha sucedido en la comunidad cuando ha sido necesario, cuando toda la Iglesia lo ha suplicado con ayunos y plegarias, de modo que «ha regresado al muerto el espíritu» como respuesta a las oraciones de los santos-. Ni siquiera creen que esto sea posible; porque, según ellos, incluso la resurrección de los muertos no es sino el conocimiento de lo que ellos llaman la verdad.” (Ireneo de Lyon – de su Tratado Adversas Haereses – Libro II 31.2)

“Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de Él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años.
¿Qué más podemos decir? Son incontables las gracias que la Iglesia extendida por todo el mundo recibe de Dios, para ir día tras día a los gentiles y servirlos en nombre de Jesucristo crucificado bajo Poncio Pilato. Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye.
Y no lo hace por invocación de los ángeles, ni por medio de encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo de acciones mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando su oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el nombre de nuestro Señor Jesucristo, hace todas estas obras maravillosas no para seducir a nadie sino para el bien de los seres humanos. Pues si hasta hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo hace tantos beneficios y cura de modo seguro y verdadero a todos los que creen en él, y no pueden hacer lo mismo los seguidores de Simón, Menandro, Carpócrates o de cualquier otro, entonces es evidente que Él se hizo hombre, convivió con la obra que él mismo había plasmado, realmente todo lo llevó a cabo por el poder de Dios según la voluntad del Padre de todas las cosas, tal como los profetas habían anunciado.” (Ireneo de Lyon en su tratado Adversas Haereses – Libro II 32.3,4,5)

“… porque saben que los seres humanos no reciben de Marco (maestro gnóstico) el don de la profecía, sino que Dios concede esta gracia desde lo alto a quienes él quiere; y quienes reciben de Dios este don, hablan donde y cuando Dios quiere, no cuando Marcos ordena. Aquel que manda es más grande y soberano que quien le está subordinado; pues lo primero es propio de quien tiene el gobierno, y lo segundo del que le está sujeto.” (Ireneo de Lyon – Contra los Herejes – Libro I. 13,3 – 13,4)

La diferencia entre Agustín (S. IV-V) e Ireneo de Lyon (S.II) es que el primero da una opinión personal de por qué no están sucediendo entre ellos esos milagros; mientras que el segundo es testigo directo y autoritativo de operaciones de los dones como: milagros, sanidades, hablar en lenguas, profecías, etc., y su vigencia aún después de la muerte de los apóstoles.

También tenemos a Tertuliano quien vivió entre el 160-220. Gran apologista de la fe cristiana, él creía plenamente en la vigencia del don de profecía y fue testigo directo de su manifestación. Bien, alguno podría objetar que luego Tertuliano se radicalizó, y el abuso de las profecías lo llevaron a extremismos. Pero les recuerdo que Tertuliano escribió en su etapa más ortodoxa el magnífico tratado El Apologético, en este tratado dirigido a los magistrados que condenaban a los mártires he encontrado por lo menos cuatro importantes citas, donde afirma que los cristianos echaban fuera demonios, como parte normal de la vida cristiana y que con la expulsión de demonios había sanidad. Por cuestiones de espacio creo que con tres citas serán suficientes:

“Pues, ¿qué cabe objetar a lo que con tan desnuda sinceridad se muestra? Si por una parte son verdaderos dioses, ¿por qué mienten diciendo ser demonios? ¿Sería por obedecernos? Ved cómo está sometida a los cristianos vuestra divinidad, la que ciertamente no ha de tomarse por divinidad cuando se ve al hombre sometida y aun a sus enemigos si hacen algo en su deshonra… Pero todo el imperio y el poder que sobre ellos tenemos radican en que pronunciamos el nombre de Cristo y enumeramos todos los castigos que les amenazan y que de Dios esperan por Cristo, su Juez. Como temen a Cristo en Dios y a Dios en Cristo, se someten a los servidores de Dios y de Cristo. Por lo cual, al mero contacto de nuestras manos, al menor soplo de nuestra boca, aterrados por la imagen y el pensamiento del fuego que les aguarda, salen aun de los cuerpos de los hombres obedeciendo a nuestro mandato, bien que con desgana y dolor, avergonzados ante vuestra presencia. Creedles cuando dicen verdad de sí mismos, así como los creéis cuando mienten.” (Tertuliano – El Apologético – XXIII)

“Mas, ¿quién os arrebataría a esos enemigos ocultos que por doquier y siempre devastan vuestros espíritus y vuestra salud, o sea, esos demonios que nosotros arrojamos de vuestros cuerpos sin pedir recompensa ni salario? Nos hubiera bastado, en venganza, abandonaros a esos espíritus inmundos como a bien sin dueño.” (Tertuliano – El Apologético – XXXVII)

“Y sin embargo, cualquiera que fuere el perjuicio que nuestra “secta” pueda inferir a vuestros negocios, cabe ser compensado también con alguna ventaja. ¿Qué caso hacéis, no digo ya de los que arrojan los demonios de vuestros cuerpos, ni de los que por vosotros, como por sí mismos, ofrecen sus plegarias al verdadero Dios, pero de los que vosotros no podéis temer nada?” (Tertuliano – El Apologético – XLIII)

Lo mismo podríamos decir de Justino, del S. II, cuando en su Diálogo con el judío Trifón afirma:

“Entre nosotros, aun hasta el presente, se dan los carismas proféticos. Por donde hasta vosotros tenéis que daros cuenta de que los que en otros tiempos se daban en vuestro pueblo han pasado a nosotros”     (Dial., 82).

Tenemos entonces que la falacia que se esgrime contra el Movimiento Pentecostal es que Si los dones cesaron con los apóstoles, entonces todo lo que hoy se pretenda presentar como un don del Espíritu no es otra cosa que obra del diablo

Hemos demostrado que los dones siempre han estado vigentes en la Iglesia, aunque no siempre en todos lados a la vez y en la misma proporción. Para terminar este capítulo permítanme dejarles las palabras de este gran maestro, al que nadie podría acusar de fanático, el Dr. Martyn Lloyd-Jones:

“Hemos visto anteriormente que ciertas personas creen que los dones se retiraron al completarse el canon del Nuevo Testamento. Algunas de ellas llegan a decir que la historia de la Iglesia demuestra claramente que tales dones fueron suprimidos, y otras afirman de un modo bastante dogmático que no han vuelto a darse desde entonces: que no ha habido milagros, literalmente, desde los días del Nuevo Testamento. Y están también aquellos que van más lejos aún -he leído recientemente algunos de sus folletos- y dicen que, incuestionablemente, lo que se reivindica como dones del Espíritu no son otra cosa que manifestaciones del “poder diabólico”. ¡Y lo escriben con letras de molde! Hay cristianos que realmente escriben y publican tales cosas…
Pero ellos basan su opinión en este argumento y parecen bastante lógicos. Dicen que todo esto fue solo para el tiempo de la Iglesia neo-testamentaria y que acabó con ella; por tanto, cualquier cosa que pueda parecer un don espiritual a partir de entonces tiene que ser necesariamente “diabólico”: una falsificación, algo que debemos evitar corno la peste misma y, ciertamente, algo extremadamente peligroso… Hemos de cuidarnos, por tanto, de una enseñanza que juzga las Escrituras y dice: “Esto tiene que ver con nosotros y esto no”… permítanme apelar a la Historia. Considera esta idea de que todas las manifestaciones y los dones milagrosos acabaron con la era apostólica. Ciertamente, esto es algo sobre lo que no tenemos derecho a dogmatizar, ya que contamos con pruebas históricas claras de que muchos de esos dones perduraron por varios siglos. Existen testimonios fidedignos de ello en las biografías y los escritos de los grandes Padres de la Iglesia -Tertuliano y otros—que no dejan lugar a dudas en cuanto a que esas cosas seguían sucediendo. Pero, sobre todo -y esto, para mí, es muy importante-, hay muchas pruebas de que estas cosas ocurrían aun en los tiempos de la Reforma protestante. ¿Has leído alguna vez la biografía de ese gran hombre y erudito llamado John Welsh, yerno de John Knox? Se cuentan cosas asombrosas, al parecer bien comprobadas, acerca de él. Existe la tradición -repetida por los historiadores más moderados- de que en cierta ocasión, cuando se hallaba exiliado en el sur de Francia, John Welsh realmente resucitó a alguien. Yo no lo sé, simplemente te presento la evidencia.
Lo único que estoy tratando de decir es que no me atrevería a asegurar que estas cosas acabaron con la era apostólica y que no ha habido ningún milagro desde entonces. ¡En realidad no lo creo! Hay evidencia procedente de muchos de esos reformadores y padres protestantes de que algunos de ellos tenían un verdadero don de profecía: me refiero a predecir acontecimientos futuros. Y encontramos, por ejemplo, entre los confederados escoceses personas, como Alexander Peden y otros, que dieron profecías precisas y literales de cosas que sucedieron a continuación.
Permíteme que te lo exprese de la manera más sencilla: creo que lo que esta generación necesita que se le diga es que “hay más cosas en el Cielo y en la Tierra, Horacio, de las que puede soñar tu filosofía”. Nuestro peligro es el de apagar al Espíritu y poner límites al poder de Dios, al Espíritu Santo.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

Y termina con esta advertencia:

“Cualquiera que esté dispuesto a decir que todo esto terminó con la era apostólica, y que no ha vuelto a haber ningún milagro desde entonces, hace una afirmación de lo más atrevida. No solo no hay nada en la Escritura que diga que todos esos dones milagrosos tenían que cesar con los Apóstoles, sino que la historia subsiguiente de la Iglesia, creo yo, desmiente absolutamente semejante pretensión.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

En los siguientes capítulos estaremos analizando las luces y sombras del Movimiento Pentecostal, aciertos y errores de los cuales ninguna denominación o movimiento ha estado exento, y menos en épocas de avivamientos. 

 ¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo se regocije en ti?

Salmos 85:6

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

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Lo que no te contaron sobre los pentecostales – Capítulo I

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Desde su nacimiento el movimiento Pentecostal de la “lluvia tardía” ha sido caracterizado por la herejía doctrinal, la exageración, y el engaño. Comprendo que esas son duras palabras, pero la documentación es irrefutable. Esto es a causa de que los milagros mesiánicos y apostólicos de la primer centuria simplemente no están siendo concretados por los Cristianos hoy. Aquellos que pretenden que los signos apostólicos Pentecostales han sido restaurados son forzados a recibir como señales apostólicas a fenómenos ocultistas e hipnóticos tales como el matar del Espíritu y la embriaguez del Espíritu y la adivinación (que ellos frecuentemente llaman “palabra de conocimiento”), o son forzados a exagerar y prefabricar las pretendidas señales.”  (Way of Life Literature’s Fundamental Baptist)

Este es el prólogo de uno de los tratados de adoctrinamiento de Way of Life Literature’s Fundamental Baptist. Y digo de adoctrinamiento pues la intención de este tipo de literatura no es la de motivar al estudio imparcial, sino la de imponer un pensamiento único con carácter de infalibilidad, al mejor estilo católico romano: “no piense, no razone, no discuta, acepte solamente lo que el Magisterio de la Iglesia ha determinado como regla de fe y de conducta”.

Personalmente no creo que el Movimiento Pentecostal necesite defensa alguna, su crecimiento vigoroso, su celo evangelístico y misionero, su amor puesto por obra, sus innumerables mártires; superan cualquier barrera u obstáculo, interno o externo, a pesar de ser uno de los movimientos evangélicos más perseguidos y despreciados por los auto-proclamados “defensores de la sana doctrina” y por las autoridades seculares.

Pero como este es un blog para gente que le gusta pensar, aunque pensar a veces implique equivocarse, ya que no somos tan intelectuales como quisiéramos, ni tan eruditos como debiéramos. Y porque este es un espacio inter-denominacional donde queda excluido el fanatismo; me parece justo que una voz se levante para decir ¡cuidado!, no seas hallado llamando hijo del diablo a un hijo de Dios. Con la ayuda del Señor iremos capítulo a capítulo viendo en qué consiste este movimiento llamado pentecostalismo, y hasta dónde son falsas o ciertas las acusaciones contra él.

Junto con este tratado de adoctrinamiento, tengo otro de igual calibre que aparte de coincidir en el origen de la denominación que los promueve (cosa que me apena por el profundo respeto y admiración que siento por los hermanos Bautistas), también concuerdan en otra cosa: manipular la Historia. Esto me recuerda a los documentales sobre países de Latinoamérica que suelen pasar en la televisión de España, siempre muestran lo peor de estos países: la delincuencia, la ignorancia, los barrios marginales, la violencia, la pobreza extrema; escasamente muestran lo mejor, ¿el propósito? Decirle a los españoles:no se quejen, ustedes están mejor que el resto del mundo.Creo que es precisamente este el propósito de estos tratados de adoctrinamiento, decirles a algunos bautistas “no se quejen por la falta de vida y vigor de vuestras congregaciones, ¡mirad! Afuera está lleno de herejía, ¡no se os ocurra salir de estas puertas!”. No es de extrañar que uno de estos panfletos propagandísticos termine con esta auto-exaltación:Durante toda esta época de error y el crecimiento del movimiento pentecostal, ha habido una voz clara y distinta entre todas las demás: la voz de los bautistas.”

Honestamente uno se atraganta desde el inicio cuando lee cosas como las que siguen:Todo lo que uno podría tildar “pentecostal” en el cristianismo hoy en día comenzó con una mujer, Agnes Ozman, de Topeka, Kansas (EE.UU.), que habló incoherentemente en una reunión el 1 de enero, 1901. Luego, el movimiento se desencadenó por medio del ministerio de un negro, William Seymour, que empezó una obra en Azusa Street (la Calle Azusa) en Los Ángeles después de haber sido echado de una iglesia bautista… Estas son las raíces de todas las iglesias pentecostales y carismáticas que existen en la actualidad: una mujer de Topeka, Kansas, que habló incoherentemente en 1901, y un predicador negro que fue echado de una iglesia bautista…”  (Gregory Alan Kedrovsky – de su panfleto: Las raíces corruptas – La historia del movimiento pentecostal)

“una mujer… el ministerio de un negro…” Bueno, creo que el prejuicio está más que evidente desde el comienzo. Y sí, es verdad, “las mujeres” y los “negros” tuvieron un papel importante dentro del Movimiento. Por aquella época las mujeres no tenían derecho al voto y la segregación racial era notoria, pero en el Avivamiento de Azusa donde tomó consistencia el Movimiento Pentecostal “La línea de color había sido borrada por la Sangre.” (Frank Bartleman – del libro Azusa Street).

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Primeros miembros de la congregación de Azusa

Honra a la historia del Movimiento Pentecostal que un hermano afro-americano (un negro como lo llama Gregory Alan Kedrovsky) hijo de esclavos, haya sido el primer pastor pentecostal de la historia.

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Citaré con frecuencia el libro Azusa Street, de Frank Bartleman, quien fue un testigo directo de aquel Avivamiento y narraba los hechos para la prensa religiosa de la época.

Precisamente sobre él, dice lo siguiente el panfleto de Way of Life Literature’s Fundamental Baptist

“A pesar de su doctrina de que Dios ha prometido sanidad física, Bartleman estuvo frecuentemente enfermo, a veces abatido hasta el punto del suicidio, y su hija mayor, Esther, murió en su niñez a pesar de su fe en la sanidad.”

Entiendo que alguien que no haya leído el libro Azusa Street puede comulgar alegremente con esta mentira, pero si lo has leído verás la falacia de este argumento.

En primer lugar, es verdad que Bartleman siempre tuvo una frágil salud, lo dice él:

“Mi salud era débil, desde mi niñez. En ese momento escribí en mi diario: “Mi salud es muy débil, pero creo que viviré para ver terminada mi obra. A pocos les gusta ir a los lugares difíciles, pero mi tarea es ir donde otros no quieren ir. Parece que Dios solo puede conseguir un hombre que no tiene más motivo por el cual vivir que el cielo, para hacer la obra, porque lo que se necesita es un hombre con esa fortaleza. Me alegra que Él me use hasta lo último para su servicio. Prefiero gastarme a arrumbarme; prefiero morir de hambre para Dios, si es necesario, que engordar para el demonio”. Ese era el espíritu de mi consagración.”  (Azusa Street)

“A pesar de la debilidad de mi cuerpo, conseguí trabajo como jardinero. Esto nos proveyó de comida. Yo predicaba con frecuencia en las calles, y ayudaba en la obra misionera. Mi siguiente trabajo fue cosechar naranjas, con la ayuda de una escalera, pero tuve que abandonarlo al mediodía de la primera jornada. El peso de la fruta y la escalera que se doblaba casi me rompen la espalda. Este era mi punto débil. Conseguí más trabajo como jardinero y construyendo cercas. Esto no era tan duro. Casi todas las noches me encontraban en alguna reunión, predicando o testificando. Era mi vida. Mi primer llamado era predicar. Sufrimos mucho por el frío y la lluvia, porque solo teníamos un quemador de gas en la casa, tanto para calefacción como para cocinar. La pequeña Ruth se enfermó con fiebre, y casi nos habíamos quedado sin comida. El trabajo escaseaba. Prediqué en la Obra Misionera Peniel, sin mencionar nuestra necesidad, pero declarando mi fe en que el Señor estaría junto al hombre que había elegido estar junto a Él. Pasaba mi tiempo libre repartiendo tratados, haciendo obra personal o predicando en la calle y en las obras misioneras. Solo descansaba cuando dormía, y muchas veces, en lugar de eso, oraba.”   (Azusa Street)

“Aproximadamente en esos días tuve un terrible ataque de neuralgia en el estómago. Sentí que moría. Ayuné y oré un día entero, y el Señor me libró.”  (Azusa Street)

“Antes de volver, enfermé gravemente y estuve toda una noche en cama con fiebre y escalofríos. Pero fue una experiencia notable. Tenía gripe (recuerde el lector que en aquella época una gripe podía ser mortal, más que ahora). Aunque estaba transido de dolor y ardiendo de fiebre, un poderoso espíritu de oración vino sobre mí. Parecía que fuera dos personas. Mi cerebro parecía estar aparte, vivo para Dios. Me sentía todo espíritu. En mi cuerpo, estaba enfermo de muerte. Mis sufrimientos parecían empujar al alma fuera del cuerpo. Fue una experiencia muy peculiar. Estoy seguro de que el diablo perdió allí. Mi espíritu parecía completamente elevado por sobre mi condición física.”    (Azusa Street)

Este es el “perverso, el monstruo de Bartleman” que nos pintan los relatos anti-pentecostales. ¿Dónde se queja de Dios? ¿Dónde hace alarde del don de sanidad? Sufre y ora. Y una duda me asalta ¿Dónde amenaza con suicidarse después de hacerse pentecostal?… No mis queridos amigos anti-pentecostales, todavía no existían en aquella época ni los MacArthur, ni los Steve Lawson que garantizaran al cristiano que si comete suicidio ira igualmente al cielo. Los pentecostales no creen esa herejía.

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El periodista Frank Bartleman

¿Quieren saber cómo vivían estos piadosos pioneros pentecostales? Aquí tienen más, y recuerden que Bartleman para este entonces estaba dedicado a tiempo completo a la obra, pero no recibía salario alguno:

“…alquilamos a unos amigos dos cuartos sin amoblar, en un primer piso, sin calefacción, en la calle Temple 1055. Yo tenía poco dinero. Conseguí algunos muebles. Cocinábamos y comíamos bajo una carpa tendida en el patio. Sufríamos mucho, porque llovía y hacía frío. Nuestra hija más pequeña se enfermó, pero Dios la libró. La mies era mucha, pero los obreros pocos, en esos días; había mucho trabajo misionero a nuestro alrededor, pero la pregunta era cómo serían suplidas nuestras necesidades… Vivíamos por fe, ya que no teníamos ingresos.”   (Azusa Street)

“El 2 de enero testifiqué y ayudé en una reunión que duró todo el día en la Iglesia Evangélica Metodista de Boyle Heights, a la que llegué a pie, ya que no tenía dinero para tomar un coche. Estaba muy cansado al volver, por lo que le pedí al Señor que me llevara en coche, y encontré una moneda en la acera. Así volví a casa en coche.” (Azusa Street)

“Para esta época, ya mis ropas estaban muy gastadas. En respuesta a la oración, el Señor me dio, por medio del hermano Marsh, un metodista de Pasadena, dos juegos de ropa usada, uno liviano y otro más grueso, para el verano y el invierno. Ambos eran mejores que el que yo estaba usando. Así que recibí una doble bendición, el doble de lo que había pedido.”   (Azusa Street)

Una pregunta, ¿cuántos ministros hoy se sentirían inmensamente agradecidos a Dios porque alguien le regalase ropa usada? Por lo visto el “evangelio de la prosperidad” no tiene sus raíces en Azusa Street.

“Cierta vez, solo teníamos un puñado de porotos (alubias) en la casa. Pero Dios nos proveyó antes de que termináramos de consumirlos. Un hermano me trajo una bolsa de papas como resultado de un testimonio que di en la Primera Iglesia Evangélica Metodista. Vale la pena obedecer a Dios.”   (Azusa Street)

“En mi hogar éramos probados muy duramente en lo económico. El dinero era muy escaso. Pero Dios no nos permitía sufrir demasiado.”  (Azusa Street)

“Un día, mientras estábamos fuera, alguien dejó una carga de madera ante la puerta de nuestra casa. Nunca supimos quién había sido. Habíamos orado por madera.” (Azusa Street)

“Caminé durante todo el día esparciendo la noticia de la reunión, sin tener dinero para tomar un coche, y por la noche estaba tan cansado que no podía dormir. No teníamos ni un céntimo, estábamos atrasados con el pago de la renta otra vez, pero yo estaba, literalmente, derramando mi vida en el servicio a Dios. Apenas contábamos con las cosas indispensables para vivir… Llegamos a un punto en que debíamos tener dinero para pagar la renta y la comida, o dejarnos morir de hambre. Mientras me encontraba sentado a la mesa, escribiendo, el Señor me habló y me dijo que fuera a ver al hermano Geo Crary. La impresión fue tan fuerte que dejé la lapicera y salí inmediatamente. Después de orar durante un tiempo con el hermano Crary y su esposa, me dispuse a irme. Yo no había dicho ni una sola palabra sobre nuestras necesidades. Ellos me entregaron $ 2,50, aclarando que el Señor me había enviado a ellos para que me dieran ese dinero.” (Azusa Street)

“Una mañana, poco después de esto, mientras estábamos de rodillas orando en nuestro hogar, y muy necesitados de comida, el verdulero vino a vernos y nos dejó cinco dólares en mercadería. No quiso decirnos quién lo enviaba. Alguien había pagado por esas provisiones para nosotros.”  (Azusa Street)

“En una ocasión en que no teníamos nada para comer en casa, sino un poco de pan duro, recibimos una carta del hermano Boehmer, con un dólar. Él estaba en contacto directo con Dios. Posiblemente a los verdaderos santos les iría mejor si no hubiera tantos fraudes que traicionaran la confianza. Cada falso pastor, cada engañador en nuestras filas, hace todo mucho más difícil para los verdaderos siervos.” (Azusa Street)

¡Qué fácil es estar sentado cómodamente en un escritorio, con los pies calientes, con un buen abrigo, con el estómago lleno, con un buen café en la mano, y dedicar el tiempo a criticar a los santos que renunciaron a las más elementales comodidades para predicar en las calles más peligrosas y en los lugares marginales! ¡Oh sí, estos “rottweiler” celosos de la “sana doctrina” son capaces de todo para defender a los huesos secos que acumulan para sí! 

Pero no se quedan aquí, sino que llegan al colmo de la perversidad al afirmar quey su hija mayor, Esther, murió en su niñez a pesar de su fe en la sanidad.” (Way of Life Literature’s Fundamental Baptist)

Pero dejemos que el mismo Frank Bartleman nos cuente lo sucedido (todas las citas son de su libro Azusa Street)

“La pequeña Esther, nuestra hija mayor, comenzó a sufrir de convulsiones, y se fue a estar con Jesús el 7 de enero a las cuatro de la madrugada. Ella había sufrido toda su vida; era muy débil desde el día que nació. Esta vez parecía que la voluntad de Dios era llevársela. Me vi obligado a orar para que se viera librada de tanto sufrimiento… Yo la había besado esa mañana por última vez, mientras estaba consciente, sin darme cuenta de que sería el último beso. Nuestros pequeños se nos escapan muy rápidamente. Aprovechémoslos al máximo cuando los tenemos con nosotros. Tratemos a los niños con dulzura. La vida ya es bastante dura con ellos, y quizá tengamos que lamentar su pérdida cuando sea demasiado tarde. Este es un universo tremendo para el espíritu infantil, lleno de fuerzas terriblemente malignas. Debemos protegerlos y ayudarlos todo lo posible. Mi esposa rogaba a la mujer inconversa que estaba en la casa que arreglara sus cosas con Dios mientras el espíritu de la pequeña Esther partía; tan grande era la gracia que le había sido dada. Habíamos esperado que nuestra pequeña familia jamás se viera quebrada por la muerte. Pero Dios sabía que era lo mejor.”

“La pequeña Esther se deslizó de nuestro lado esta mañana temprano, para irse con Jesús. Los ángeles la llamaban, y fue a encontrarse con ellos. Se la llevaron y dejaron nuestros corazones en soledad. Oh, ¡qué vacío deja su ausencia en nosotros! Pero no nos lamentamos como los que no tienen esperanza. Ella es salva por siempre jamás. Salva de un mundo enemigo, de una vida de sufrimiento. Ella era demasiado frágil para el largo viaje de la vida en este mundo, por eso Dios la libró. Era tan inocente del mal como era posible serlo. El dolor más grande de su vida ya terminó para ella.”

“Se ha ido antes, delante de nosotros, ahorrándose el dolor de la partida. Ha escapado y ahora está segura, mientras que nosotros debemos continuar la lucha. Su obra concluyó en el fresco de la temprana hora de la mañana de la vida, y se ha ido al Hogar, sin tener que sufrir el calor del viaje. Los ángeles la cuidarán mucho mejor de lo que nosotros podríamos, y será inconcebiblemente más feliz. Por su propio bien, no quisiera llamarla para que volviera, aunque pudiera. Por eso dejamos su cuerpo aquí con la plena seguridad de una resurrección gloriosa.”

“Estábamos felices de que hubiera venido a nosotros, aunque solo se quedó un corto tiempo, y nos rompió el corazón al partir. Hay un alma más en el cielo. Si nosotros también somos llamados antes de que Jesús venga, solo nos pesarán los que debemos dejar atrás. Nos regocijaremos por todos los que se han ido antes. Solo extrañamos a nuestros seres queridos aquí. Si solo pudiéramos captar una línea de la pura melodía del cielo, perderíamos el gusto por los sonidos terrenales para siempre. Si pudiéramos captar un atisbo de nuestros seres queridos que se han ido, por la “puerta entreabierta”, ya la Tierra no podría contenernos. Debemos ver las cosas del lado del cielo”

“La hermana Ferguson vino de la Obra Misionera Peniel a consolarnos, al día siguiente de la muerte de Esther, pero al entrar en el cuarto, se vio obligada a exclamar: “Pero, ¡el Consolador está aquí!” No teníamos dinero para el funeral, pero el hermano Geo Studd nos consiguió una parcela barata de la Municipalidad, en el Cementerio Evergreen, en la sección de niños… Yo llevé el ataúd, que contenía todo lo que quedaba en la Tierra de nuestra pequeña querida, sobre mis rodillas, en el coche. Estaba lloviendo demasiado como para que mi esposa fuera al cementerio. Entonces la enterramos, en un día oscuro y tormentoso, para esperar la mañana de la resurrección, donde no habrá nubes ni lamentos. ¡Cuán puro será el aire de esa mañana! ¡Cuán gloriosos nuestros seres amados! ¡Cómo cantará la creación toda mientras aparece el Sol de Justicia, con sanidad en sus alas! No tuvimos coche fúnebre ni el funeral acostumbrado. Pero Dios proveyó, como lo había hecho durante la vida de la niña.”

¿Es este el relato de un perverso hereje del que podemos burlarnos diciendo: “¡Ja, miralo, cree en la sanidad y se le muere su hija!”? ¿Dónde nos dice Bartleman que haya “decretado” o “profetizado” salud sobre la pequeña? Solo se rindió a la voluntad del Padre.

“Junto a ese pequeño ataúd, con el corazón sangrante, entregué nuevamente mi vida al servicio de Dios. En la presencia de la muerte, cuán reales se vuelven las cosas eternas… Prometí que el resto de mi vida sería dedicado enteramente para Él. Dios hizo un pacto nuevo conmigo, y yo le rogué que abriera una puerta de servicio rápidamente, para que no tuviera tiempo de caer en la tristeza. Justo una semana después de la partida de la pequeña Esther comencé a predicar dos veces por día en la pequeña Obra Misionera Peniel, en Pasadena.”     (Azusa Street)

He leído muchísimas veces el libro Azusa Street, es uno de mis preferidos, y debo decir que cada vez que llego a esta parte siento un nudo en la garganta, no es el relato de un ministro en el entierro de un ser ajeno; son las palabras de un padre, que me recuerdan a la de tantos santos de la antigüedad que entregaban a la tierra el cuerpo de sus hijos sin una sola queja, sin amargura, con plena fe en la resurrección eterna. Por eso me indigna cuando los manipuladores tuercen la realidad para mantener cegados a sus seguidores.

No dejes que nadie te tape un ojo para que solo veas una parte de la Historia, no permitas que nadie te diga qué libros puedes o no leer, que debes o no creer. Tienes la inteligencia, la razón, la capacidad de análisis que Dios te dio, no dejes que nadie te ponga la comida ya masticada en tu boca, como si fueses incapaz de descubrir la verdad por ti mismo. Tienes las Escrituras, la Historia de la Iglesia, y sobre todo al Espíritu Santo que te guiará a toda la verdad.

Hay algo tan peligroso como la herejía, y son los que se auto-proclaman “guardianes del verdadero y puro evangelio”, los “únicos poseedores de la verdad”, los “defensores de la sana doctrina”; la mayoría de ellos son tan fanáticos como los herejes mismos. Si has sido liberado del pecado no te hagas esclavo de los hombres. La mayoría de los grandes avivamientos comenzaron con personas que se resistieron a creer ciegamente lo que las “autoridades eclesiásticas” querían imponerles.

 

Mateo 5:22 Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno.

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos

NO DEJES DE LEER LA SEGUNDA PARTE DE ESTE ESTUDIO (BÚSCALA EN LA LISTA DE ARTÍCULOS PUBLICADOS)

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¿Cuánto realmente te importa Dios?


Veinte minutos para poner a prueba si realmente te importa Dios. Un vídeo imperdible.

 

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El Profeta Elías – Vídeo – prédica completa de Leonard Ravenhill

 Una enseñanza imperdible, una joya que con el tiempo no ha perdido su valor, por el contrario, es un mensaje tan actual que te sorprenderá. Lo hemos traducido completo porque sabemos que tu vida espiritual será sacudida y te llevará a buscar un genuino AVIVAMIENTO. 

 

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La belleza de la lealtad

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Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,

Que me fuiste muy dulce.

Más maravilloso me fue tu amor

Que el amor de las mujeres.

2 Samuel 1:26 

A nuestros oídos, tan acostumbrados a lo banal o a lo sensual, pueden resultar un tanto extrañas estas palabras dichas de un amigo a otro. Personalmente las considero como la más bella expresión jamás dicha, acerca de la unión espiritual de dos personas. Son las lágrimas hechas palabras por un amigo muerto.

Jonatán, hijo del rey Saúl, tenía más razones que ninguno para tener celos de David, un pastorcillo que surgió de la nada y se hizo popular entre el pueblo de Israel.  Jonatán era un príncipe heredero, y como tal debía asegurarse el ser favorito entre el pueblo. Pero es David quien mata a Goliat y es aclamado. ¿Cuál fue la reacción de Jonatán?

Samuel 18:1-3  Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo... E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo.

Jonatán, espiritualmente sensible, era consciente de que Dios había elegido a David como líder en Israel; por eso no dudó en enfrentarse a su propio padre, el rey, para salvar la vida de su amigo.

1Samuel 23:16-18  Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios. Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe. Y ambos hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en Hores, y Jonatán se volvió a su casa.

A su vez, David era consciente de que Jonatán era un amigo fiel, a quien nunca temería dar la espalda pues no sería traicionado. No es de extrañar que entre dos personas de tan elevada sensibilidad espiritual, usaran un lenguaje incomprensible para los demás.

Cuando David mató al gigante, el rey prometió darle por esposa a su hija mayor; al parecer los celos hacia David hicieron cambiarle de planes, pues ella fue dada a otro hombre. Pero otra hija suya, Mical, dijo amar a David y le fue entregada por esposa; más tarde ella despreciaría a David, al verlo danzar delante del pueblo exteriorizando su amor por Dios… ella estaba más preocupada por el estatus social y el “qué dirán”. David era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer (1 Samuel 16:12); su nombre estaba en las bocas de todas las mujeres de Israel, quienes habían convertido en canto popular el: Saúl mató a sus miles y David a sus diez miles. Muchas doncellas habrán suspirado al ver pasar a este jovencito tan apuesto y valiente ¡tantas mujeres le amaban!

Mas David no se deja influenciar por ello, él ama a Dios con todo su corazón; fue ungido por el profeta Samuel para conducir a la nación de Israel, y nada le apartará de ese objetivo. No busca aduladores ni admiradoras, busca personas que sepan el significado de lealtad y fidelidad, cuyo amor perdure más allá de los éxitos momentáneos. Dentro de poco, David se encontrará huyendo de la ira del rey, quien por celos y envidia buscará matarlo. Los cantos de las doncellas habrán cesado, los amores de mil mujeres se habrán desvanecido, pero perdurará la fidelidad de un amigo, Jonatán, quien lo amará y lo protegerá aún a riego de su propia vida.

Todo líder cristiano, todo ministro, todo obrero del Señor debería considerar a la lealtad como algo más dulce que el amor de mil aduladores. Uno de los más grandes desafíos de los líderes, es la soledad del ministerio. Sentirse solo a pesar de estar rodeado de personas que cantan su nombre en los momentos de victoria. Sentirse solo a pesar de los encuentros pastorales, las confraternidades, las comidas con diáconos, ancianos y con otros ministros… ¿Puedes ver en alguno de ellos un Jonatán?… ¿O más bien ves a un Saúl que en cualquier momento de descuido arrojará una lanza contra ti?

-¿Cómo estás?

-¡Bien gracias a Dios!… ¿O te digo la verdad?…

– No, no, que ya demasiados problemas tengo con los míos…

Un diálogo frecuente entre ministros. Pero, honestamente ¿Puedes encontrar a algún consiervo o hermano al cual puedas desnudar tu corazón? Más allá de los saludos protocolares, los clichés, las frases articuladas ¿Podrías quebrarte hasta las lágrimas delante de otro consiervo, sin esconder nada de lo que te pasa, contándole hasta la última de tus penas, porque sabes que él te ama en fidelidad y lealtad?  

La soledad del ministro es parte innata del ministerio, no lo podemos negar. Hasta el gran apóstol Pablo llegó a exclamar

2 Timoteo 1:15  Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.

2 Timoteo 4:10  porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica.

2 Timoteo 4:16  En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta.

Filipenses 2:20-21 pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.

Claro que, el Señor nunca nos deja tan solos, Pablo seguía teniendo a su Timoteo, Lucas, Tito, Silas, y muchos otros que permanecieron fieles junto a él. Pero la soledad y el desierto son parte ineludible de la escuela de Dios.

Hay, pues, una soledad dentro del tiempo y propósito de Dios, y esta es necesaria para pulirnos, forjarnos y enseñarnos a depender solo de su Espíritu Santo; como la soledad y el desierto que sufrió David.

Pero hay otra soledad que es culpa nuestra, una soledad peligrosa, la soledad de Saúl. Una soledad producto de la desobediencia a Dios:

1 Samuel 15:10-11  Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras.

Dios abandonó a Saúl.

1 Samuel 16:14  El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

La unción del Espíritu Santo abandonó a Saúl.

1 Samuel 15:34-35  Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.  Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.

Samuel, verdadero profeta de Dios, abandonó a Saúl.

1 Samuel 19:10  Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche.

David abandonó a Saúl.

Hay una soledad en el ministerio que es el producto de los celos y la desconfianza; la consecuencia de ver enemigos por todas partes, el resultado del temor a que nos quiten lo nuestro, de perder nuestra posición, de que nuestra autoridad no sea lo suficientemente respetada. Soledad, como consecuencia del miedo a que se nos produzcan divisiones en la iglesia… al final terminaremos dudando de nuestra propia sombra.

Celos… sospechas… dudas… envidias… temores… inseguridades… Un líder en este estado puede llegar al extremo de intentar matar a un fiel y leal Jonatán

1 Samuel 14:44-45  Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán. Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán.

Creo que en la eternidad nos asombraremos al conocer cuántos Jonatanes y Davides han sido muertos por los celos de un líder. Me aterra el pensar cuántos prometedores profetas, evangelistas, maestros y otros valiosos ministerios, han sido aplastados sin misericordia en su tierna edad espiritual; por el solo hecho de constituir una amenaza para algún líder maduro que teme perder su posición.  ¡Y son estos mismos Saúles los que más se quejan de no encontrar obreros consagrados y fieles!… tal vez no los encuentres porque se alejan de ti para preservar sus vidas.

David fue fiel para con Dios, pero también se mostró fiel y generoso para con sus amigos, su pueblo, sus soldados, sus líderes. Cosechó lealtad porque sembró lealtad. Y a pesar de sus errores y fracasos, más allá de sus luchas y dificultades; siempre tuvo un grupo de valientes: los valientes de David (2 Samuel 23:8 – 39) quienes lucharon a su lado y le ayudaron a ser el gran rey que fue.

Esto es solo una muestra de lo que sus soldados estaban dispuestos a hacer por él:

2 Samuel  23:14-17  David entonces estaba en el lugar fuerte, y había en Belén una guarnición de los filisteos. Y David dijo con vehemencia: ¡Quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta! Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso beber, sino que la derramó para Jehová, diciendo: Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.

David era el ungido de Dios, el gran rey, el líder de líderes; pero nunca impuso su autoridad con autoritarismo; nunca dio lugar a los celos ministeriales, se rodeó de leales porque él mismo supo ser leal. No procuraba súbditos sino amigos, y consideraba a la genuina amistad más dulce que el amor de las mujeres; y a la fidelidad, más valiosa que las adulaciones. Sus soldados estaban dispuestos a arriesgar su vida por él, porque él estaba dispuesto a arriesgar la suya por ellos.

David no veía a sus soldados como un medio para alcanzar sus objetivos personales, valoraba sus vidas, por eso no quiso beber el agua que estos tres valientes le trajeron. ¡Cuánta diferencia con algunos líderes actuales que están dispuestos a sacrificar todo su ejército de obreros, para conseguir sus fines personales!

Líder, no busques simplemente obreros que trabajen para edificar tus sueños. Dios te llamó a ser pastor no faraón. Los faraones proyectaban una obra “faraónica” para perpetuar su nombre, y todos debían trabajar hasta la muerte para realizarla, los obreros solo eran el medio para alcanzar ese fin. Si estás más preocupado en realizar tus sueños que en sacrificarte por las ovejas, no es de extrañar que todos terminen abandonándote. Al fin y al cabo nadie quiere gastar su vida construyendo pirámides, que solo son sepulcros de grandes ambiciones. ¿Conoces los nombres de los obreros que construyeron las pirámides? Seguramente no, pero el nombre de los valientes de David están escritos en la Biblia, como memorial eterno; y ellos trabajaron para construir un reino sin fin, el reino de David, cuyo cetro está en la diestra del Rey de Reyes… ¿Y los faraones de grandes ambiciones? Hoy solo son momias de museo.

Sin lugar a dudas, Dios te ha provisto a tu alrededor de Jonatanes; son como un tesoro escondido que te toca descubrir. No se venden al mejor postor ni puedes forzar su lealtad. Son sensibles espiritualmente, son capaces de discernir quien tiene la unción de Dios, a quién Dios ha elegido y quién tiene la verdadera autoridad de Dios… y también tienen la incómoda virtud de la sinceridad… puede que no siempre te digan lo que quieras oír. Pero si prefieres su compañía a la de los aduladores, si valoras su amor más que el amor de mil “admiradores”; te rodearás de valientes que te sostendrán para ganar grandes batallas. No elijas a tus obreros por su habilidad, escógelos por su integridad, esa es la manera de Dios.

 Eligió a David su siervo,
Y lo tomó de las majadas de las ovejas;
De tras las paridas lo trajo,
Para que apacentase a Jacob su pueblo,
Y a Israel su heredad.
Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón,

Salmos 78: 70-72

Gabriel Edgardo LLugdar – Diarios de Avivamientos – 2016

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Apóstatas ¿Qué hacemos con ellos?

 

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¿Un apóstata puede volver al Camino? ¿Cuál es tu postura al respecto? Me lo preguntó un querido hermano perteneciente a la iglesia Bautista Reformada, en uno de esos intercambios de opiniones o posturas doctrinales que enriquecen mucho más que los agrios e interminables debates a los cuales rehúyo. Al menos para mí ha sido provechoso el haber inquirido sobre este tema, tan antiguo y a la vez tan actual, y espero que lo sea para todos ustedes a quienes comparto la respuesta que le envié a mi amigo. Es un poco extensa, porque usaré material de la literatura patrística no muy conocido por los cristianos hoy; pero ya saben que este sitio no pretende ser un fast food espiritual, sino un espacio para los que aman la lectura:

⅏⅏⅏

Sorprendentemente, a la palabra apostasía, tan utilizada (¿mal utilizada?) actualmente, la encontramos solo una vez en la Biblia…

2 Tesalonicenses 2:3-4 Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios.

Que un término no se use profusamente en las Escrituras, o directamente no aparezca, no significa que sea inválido para expresar una verdad espiritual; tanto como el término Trinidad, Teofanía, Encarnación, etc. Pues bien, el concepto que implica apostasía está presente en toda la Escritura, desde el Edén hasta el Apocalipsis. En el versículo que te he puesto anteriormente, apostasía más bien se refiere a un período especial venidero, a los eventos finales;  y no a casos particulares de creyentes, que siempre los hubo, tanto en el pueblo de Israel (el Antiguo Testamento está lleno de relatos de apostasía) como en la nueva Israel de Dios, que es la Iglesia.

Entonces, empiezo preguntándome ¿Qué debo entender por apóstata?  En la actualidad, usamos esta palabra para referirnos más o menos a un “hereje que enseña herejías, y se complace en esas herejías”, y esto tiene una connotación muy fuerte, extremista, tanto como si se tratase de un anatema. Pero dicho uso no hace justicia a su verdadero significado, esgrimir esta palabra como un insulto o como la etiqueta de una condición espiritual de la cual absolutamente nadie puede volver, es nefasto para el progreso de la Iglesia.

Para responder sobre la cuestión de si un apóstata puede volver al Camino, debería primeramente considerar qué es un apóstata. Como bien sabes, en cualquier interlineal encontrarás que el término apostatar significa: Desistir, desertar, abandonar, alejarse, apartarse, renunciar, mantenerse alejado, incitar revuelta. Puedes ver que no siempre es tan extremo el significado real, como el que nosotros le damos actualmente; básicamente un apóstata es cualquier persona que se aparta del Camino, que se pone a un lado, que deserta; que se vuelve hacia atrás.

Juan 6:66  Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.

Se puede apostatar por miedo en la persecución; por ceder a las tentaciones comunes que todos tenemos; por amar más la gloria de los hombres que la de Dios; por amor a las riquezas; por frustración (al no comprender que el amor de Dios suele implicar el que tengamos que soportar padecimientos), etc. Creo que la parábola del sembrador es un buen ejemplo de las diversas causas por las que se puede apostatar.

Me referí antes, a que el concepto que tenemos hoy de un apóstata, es el que nos viene a la mente cuando leemos…

2 Pedro 2:13,14,20,21  recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aún mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.

Por supuesto, aquí está hablando claramente de apóstatas, pues dice que volvieron atrás, que se apartaron del camino; pero esta clase de apóstata tiene una característica especial: se recrean en sus errores, por eso Pedro les llama hijos de maldición. Si me preguntas que si creo que puedan volver al camino, te respondería que no. Pero en cuanto a los que menciona el apóstol Juan: “muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él”, no me atrevería a afirmar lo mismo; probablemente después de la resurrección del Señor algunos de ellos se arrepintiesen y regresasen a la fe. Al fin y al cabo, en el monte del Calvario no eran muchos los que permanecieron con Cristo, la mayoría (incluido gran parte de los apóstoles) habían desertado, habían huido por miedo; habían negado conocer y ser discípulos de Cristo, y todos estos verbos son sinónimos de apostatar. Como puedes ver, la totalidad de estos casos son apostasía, pero el grado no es el mismo.

En el siguiente pasaje también se ven dos tipos de apóstatas:

1 Timoteo 4:1-2  Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia

A muchos creyentes que se vuelven atrás, porque son engañados y son atrapados por el error de las herejías y sectas, les cabe el nombre de apóstatas (algunos apostatarán de la fe escuchando a…). Y los otros, los falsos maestros y mentirosos que los engañan, también son apóstatas; pero hay una diferencia, estos últimos tienen cauterizada la conciencia. Creo firmemente que los primeros pueden tener una oportunidad para volver al Camino, pero los segundos, imposible.

Leyendo el precioso tratado de Cipriano, obispo de Cartago y mártir en el 258, titulado: DE CATHOLICAE ECCLESIAE UNITATE encontré lo siguiente:

“¿Qué tienen que hacer en un corazón cristiano la fiereza de los lobos, la rabia de los perros, el veneno mortífero de las serpientes y la sangrienta crueldad de las fieras? Hay que congratularse cuando los tales se separan de la Iglesia para que no sean arrebatadas las palomas y las ovejas de Cristo por su cruel y venenoso contagio… Nadie crea que los buenos puedan ser separados de la Iglesia, porque el viento no arrebata al trigo ni la tempestad derriba al árbol aferrado a sólida raíz; las pajas vacías, ésas sí son aventadas por la tempestad; y son los árboles enfermos, los derribados por el soplo del huracán. El apóstol Juan los repudia y censura diciendo: “De nosotros salieron; pero no eran de los nuestros. Si hubieran sido de los nuestros, hubieran permanecido con nosotros(Cipriano – DE CATHOLICAE ECCLESIAE UNITATE – 9.)

El mismo Ireneo de Lyon, en su maravillosa obra de refutación a los gnósticos dice:

“Ahora bien, temo que por nuestro descuido haya quienes como lobos con piel de oveja desvíen las ovejas, engañadas por la piel que ellos se han echado encima, y de los cuales el Señor dice que debemos cuidarnos (pues dicen palabras semejantes a las nuestras, pero con sentidos opuestos).”  (Ireneo de Lyon – Contra los Herejes Pr.1, 2)

Teniendo en cuenta que, Ireneo fue obispo de Lyon en el 177 y que fue discípulo de Policarpo, discípulo del apóstol Juan,  es un dato importante que él considere como “ovejas” a las que se desvían (desviar – sinónimo de apostatar) diferenciándolas de los lobos; por lo cual, uno de los motivos de que Ireneo escriba esta magnífica obra es para hacer volver a las ovejas que fueron desviadas hacia un falso “evangelio gnóstico”. Una vez que Ireneo ha expuesto las herejías del gnosticismo, expresa su esperanza de que los que se hayan descarriado (a los cuales sigue considerando ovejas) regresen a la senda:

“De estos padres, madres y antepasados han salido los seguidores de Valentín, como ellos mismos lo descubren en sus reglas y doctrinas. Era necesario claramente descubrir sus dogmas para arrancarlos de en medio. Ojalá que algunos de ellos se conviertan y, haciendo penitencia, se vuelvan al único Dios Creador y Hacedor del universo para que puedan salvarse. Y que los demás dejen de desviarse atraídos por su malvada manera de persuadir, que presenta estas cosas con visos de verdad, haciéndolos imaginar que tendrán un conocimiento mayor y más elevado, y que descubrirán los misterios. Si éstos aprenden bien de nosotros lo que aquéllos enseñan mal, se reirán de sus doctrinas y tendrán compasión de aquellos que, dejándose todavía arrastrar por tan miserables e incongruentes fábulas, han asumido aires de orgullo, juzgándose mejores que los demás por haber adquirido tal gnosis, que más valdría llamar ignorancia.  (Ireneo de Lyon – Contra los Herejes – Libro I. 31.3, 4)  

Es una constante que muchos hermanos nuevos en la fe, o que no tienen base sólida, suelen preocuparse pensando que han cometido la blasfemia contra el Espíritu Santo. ¿Cuál es mi respuesta más sencilla? Si te preocupa el que puedas haber blasfemado contra el Espíritu, es que no has blasfemado contra Él. Pues la blasfemia contra el Santo Espíritu no tiene perdón porque no tiene arrepentimiento; si te preocupa y te duele el haber ofendido al Espíritu, significa que el Espíritu no te ha abandonado, sigue actuando en tu conciencia. Alguien que blasfema contra el Espíritu no puede ser perdonado porque no puede arrepentirse, su conciencia está cauterizada, no le preocupa, no le duele; ha perdido la sensibilidad espiritual.

Mientras hay arrepentimiento hay perdón. Sólo el Espíritu Santo puede convencer de pecado. Para ser perdonado hay que arrepentirse, para arrepentirse hay que ser convencido de pecado, para tener convicción de pecado el Espíritu Santo tiene que obrar sobre nuestra conciencia, si obra en ella es porque no está cauterizada y tiene capacidad de reacción.

El apóstata que no puede volver al Camino del cual se ha apartado, es aquel que no puede arrepentirse del camino en el que anda; pues mientras exista arrepentimiento, la Gracia es suficiente para restaurar.

Seguramente en nuestro andar cristiano, hemos tenido la oportunidad de hablar con personas que un día caminaron en Cristo, pero hoy están apartadas y lo reconocen, sin jactarse de ello; más bien lo confiesan con un dejo de tristeza, como si su conciencia continuamente les recordara que están apartados del Camino, de la Verdad y la Vida. Cuando me encuentro con una situación como esta, yo tengo esperanza de que tal persona pueda ser restaurada y volver al Camino. Mientras haya el más mínimo indicio de la obra de convicción de pecado por parte del Espíritu sobre esa persona, creeré que es posible arrebatarla del fuego. No encuentro en la Escritura nada que me impida creerlo así, por el contrario, encuentro en ella la esperanza de hacer volver o encaminar al apóstata.

Santiago 5:19-20  Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.

Hasta aquí, querido amigo, he dado mi opinión personal al asunto, no es más que eso, tampoco he pretendido otra cosa; pues bien sé que has leído a los mejores comentaristas y teólogos, y en ellos encontrarás definiciones más exactas. Ahora quisiera que, dedicándome un poco más de tu paciencia, mirásemos a la Historia de la Iglesia y en especial a los primeros cristianos: ¿Qué pensaban ellos sobre la apostasía? Creo que ello te será más útil que mi simple punto de vista.

“Escritores tardíos han tendido a magnificar el martirio y sus protagonistas dando a entender que los casos de apostasía fueron realmente pocos. No es cierto, los relatos de Eusebio nos muestran cantidades ingentes de hombres, mujeres y niños aterrados acudiendo a cumplir las órdenes imperiales. No fueron pocos, sino muchos los que sucumbieron a la amenaza persecutoria y apostataron. El clero romano, escribiendo a la Iglesia de Cartago, dice que en la persecución de Decio hubo muchos apóstatas, y entre ellos cita a “personas de alta categoría”…La mayoría no reunió las fuerzas suficientes para negarse y quemaron incienso a los dioses. Algunos, para aquietar su conciencia, recurrieron al subterfugio de sobornar mediante dinero a las autoridades y obtener así el libelo de sacrificio sin haber sacrificado. Unos y otros recibieron motes despectivos por parte de los cristianos de la resistencia y se les llamó: turificados (thurificati, que sólo habían ofrecido incienso), libeláticos (libellatici, que obtuvieron el libelo sin llegar a sacrificar) y sacrificados (sacrificati, que habían sacrificado públicamente). Todos eran considerados como lapsos (lapsi, caídos, renegados, apóstatas).”  (Alfonso Ropero – Libro: Mártires y perseguidores)

Aunque hoy no se hable mucho de esto, el tema de la apostasía produjo serios enfrentamientos en el seno de la Iglesia primitiva; hasta el punto de provocar cismas. Ten en cuenta que los cristianos de aquella época consideraban tan tremendamente importante el bautismo, que después de bautizado no se aceptaba el pecado. Claro que no me refiero a los tropiezos y faltas, a las que todos estamos expuestos mientras estamos en este cuerpo. Sino que me refiero a pecados como fornicación, adulterio, homicidio, negación pública de ser cristiano, etc. Con el correr del tiempo, la Iglesia adoptó términos como pecados veniales y pecados mortales (capitales) para distinguirlos.  Los cristianos de los primeros siglos tomaron muy en cuenta estas palabras:

Hebreos 6:4-6  Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.

La mayoría de los apóstatas, eran los que literalmente habían negado a Cristo delante de los tribunales romanos:

Mateo 10:32-33  A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Así que el tema que se planteó fue muy fuerte. Por un lado estaban los mártires, es decir los que habían confesado a Cristo hasta la muerte; luego estaban los confesores, que eran aquellos que habían confesado a Cristo delante de los hombres y por ello padecieron persecución y tortura, pero ya sea por clemencia del juez o por otro motivo, habían sido liberados. Por último estaban los lapsi, es decir, los apóstatas. No solo hubo multitud de miembros que apostataron, sino también algunos de sus líderes. La mayoría de ellos regresarían después al seno de la Iglesia, arrepentidos y pidiendo ser readmitidos.

Los que estaban presos y sentenciados a morir por haber confesado a Cristo (mártires); y los confesores (aquellos que habían sido liberados, pero llevaban en sus cuerpos las marcas de la tortura por haber permanecido firmes en la fe) intercedieron ante los grandes obispos para que fuesen clementes con los apóstatas, y los recibieran nuevamente. Para estos casos, era necesario el arrepentimiento y hacer actos dignos de contrición. Las iglesias aplicaban la disciplina que consideraban convenientes, y luego de un tiempo los integraban nuevamente a la asamblea. En cuanto a los líderes que habían apostatado y solicitaban ser readmitidos, la opinión general fue la que expresa Cipriano, obispo de Cartago y de gran influencia desde África hasta Roma: “…nosotros, de acuerdo con todos los otros obispos del mundo, determinamos que esta clase de hombres podían ser admitidos entre los penitentes, pero que quedaban apartados del orden clerical y de la dignidad episcopal.”  (Cipriano, Cartas 67, 6)

El cisma surgió una vez pasada la gran persecución del emperador romano Decio, ya que una parte de los obispos recibía a todos los apóstatas que querían regresar a la iglesia; en contraparte, otro grupo de obispos se negaba rotundamente a ello, afirmando que un apóstata no tenía perdón. Aquí se levanta la figura de Cipriano, que procura alcanzar un punto intermedio sin sacrificar la misericordia ni la disciplina. Primeramente, a los apóstatas, les reprocha que no fuera la tortura lo que les llevó a la apostasía, sino su apego a las riquezas y al mundo:

“A las primeras palabras de amenaza del enemigo, inmediatamente la mayor parte de los hermanos traicionó su fe y no esperó a que le derribara el ímpetu de la persecución, sino que se derribaron ellos mismos con voluntaria caída…  el Señor, que es maestro en palabras y consumador en hechos, enseñando lo que debe hacerse y haciendo cuanto enseña, ¿no avisó de antemano sobre cuanto ahora pasa o pueda pasar? ¿No estableció anticipadamente eternos suplicios a los que niegan y premios de salvación a los que confiesan la fe? Todo eso, ¡oh maldad!, cayó para algunos por tierra y se les borró de la memoria. No esperaron, al menos, a ser detenidos para subir a sacrificar, ni a ser interrogados para negar su fe. Muchos fueron vencidos antes de la batalla, derribados sin combate, y no se dejaron a sí mismos el consuelo de parecer que sacrificaban a los ídolos a la fuerza. De buena gana corrieron al foro, espontáneamente se precipitaron a la muerte, como si fuera ello cosa que de tiempo estaban deseando, como si aprovecharan ocasión que se les ofrecía, que de buena gana hubieran ellos buscado… Cuando espontáneamente subiste al Capitolio, cuando de buena gana te prestaste a cumplir el terrible crimen, ¿no vaciló tu paso, no se oscureció tu rostro, no te temblaron las entrañas, no se te cayeron los miembros todos? ¿No fueron tus sentidos presa de estupor, no se te pegó la lengua, no te faltó la voz? ¿Con qué pudo estar allí a pie firme el siervo de Dios y hablar y renunciar a Cristo, él, que había ya renunciado al diablo y al mundo?… No debemos, hermanos, disimular la verdad ni callar lo que dio ocasión y fue causa de nuestra herida. A muchos engañó su amor ciego a la hacienda (propiedades), y no podían estar preparados ni expeditos para la retirada aquellos a quienes ataban, como con trabas, sus riquezas. Éstas fueron las ataduras de los que se quedaron; éstas, las cadenas con que se retardó el valor, quedó oprimida la fe, atada la mente, cerrada el alma, de suerte que quienes estaban pegados a lo terreno vinieron a ser presa y comida de la serpiente…”    (Cipriano de Cartago – De Lapsis VII, VIII, XI)

Un apóstata podía volver al seno de la Iglesia si manifestaba arrepentimiento, pero ese era solo un primer paso; debía aceptar la disciplina, debía hacer fruto digno de arrepentimiento, debía pasar por un período de corrección para que el Evangelio no fuera menospreciado. Por ello, en segundo término, el obispo Cipriano también reprendió duramente a los ministros que no aplicaban la disciplina en la iglesia:

“…el que pasa blandamente la mano sobre el pecador, con halagos de adulación, no hace sino fomentar el pecado, y no reprime así los delitos, sino que los alimenta; mas el que con más fuertes consejos reprende y juntamente instruye a su hermano, le pone en camino de su salvación. A los que yo amo—dice el Señor—, los reprendo y castigo. De este modo, conviene también que el sacerdote del Señor no engañe con ilusorios obsequios, sino que provea de saludables remedios. Médico sin pericia es el que con mano indulgente va rozando los hinchados senos de las llagas, y mientras conserva el veneno encerrado allá en los profundos rincones, lo amontona más y más. Es preciso abrir la herida y cortarla, y, una vez eliminada toda la podredumbre, hay que aplicarle enérgico remedio. Que vocifere y grite, y se queje el enfermo que no resiste al dolor; luego, al sentirse sano, nos dará las gracias.”  (Cipriano de Cartago – De Lapsis – XIV)

Un apóstata puede volver al Camino, pero es obligación de los ministros o líderes confrontar al pecador con su pecado, y asegurarse de que verdaderamente sea extirpado de su corazón. Ya en aquella época, como ahora, los líderes por temor a ofender o por una falsa misericordia abrían los brazos a todos, sin asegurarse de que verdaderamente había un arrepentimiento y un cambio. Hacían creer al que había apostatado que con volver a la Iglesia ya estaba todo perdonado, así de fácil, sin haber muestras internas y externas de una sentida penitencia:

“Tienen por paz esa que algunos van vendiendo con falaces palabras. Ésa no es paz, sino guerra, y no se une a la Iglesia el que se separa del Evangelio. ¿Cómo llaman al daño beneficio? ¿Cómo ponen a la impiedad nombre de piedad? ¿A qué fin simulan comulgar con aquellos cuyo deber es llorar constantemente y suplicar al Señor, a la par que les cortan la lamentación de la penitencia? Esos tales son, para los caídos, lo que el granizo para las mieses, lo que un turbio huracán para los árboles, lo que para el ganado una peste devastadora, lo que una dura tormenta para los navíos. Quitan el consuelo de la esperanza, arrancan de raíz, con malsana palabra infiltran un mortal veneno, estrellan sobre las rocas la nave para que no llegue al puerto. Esta facilidad no concede la paz, sino que la quita, ni da la comunión con la Iglesia, sino que impide para la salvación. Otra persecución y otra prueba es ésta, por la que el sutil enemigo cobra nuevas fuerzas para combatir a los caídos con oculto estrago y lograr que descanse la lamentación, que calle el dolor, que se desvanezca la memoria del pecado, que se comprima el gemido en el pecho, que se restañe el llanto de los ojos y no se aplaque con larga y plena penitencia al Señor gravemente ofendido, siendo así que está escrito: Acuérdate de dónde has caído y haz penitencia.  Nadie se engañe a sí mismo, nadie se forje ilusiones. Sólo el Señor puede otorgar misericordia. Perdón de pecados que contra Él se cometieron, sólo Él puede concederlo, que llevó sobre sí nuestros pecados, que por nosotros sufrió dolor, a quien Dios entregó por nuestros pecados. El hombre no puede ser mayor que Dios y no puede el siervo remitir y condonar por propia indulgencia lo que con delito más grave se cometió contra su Señor, no sea que se le impute también al caído por crimen el ignorar que está predicho: Maldito el hombre que su esperanza pone en otro hombre...  Por lo demás, si alguno, con precipitada prisa, piensa temerariamente que puede otorgar a todo el mundo el perdón de los pecados, o se atreve a rescindir los mandamientos del Señor, sepa que no sólo nada aprovecha a los caídos, sino que más bien les daña. Es provocar la ira no observar la sentencia y pensar que no debe ante todo suplicar de la misericordia del Señor, sino, despreciando al Señor, presumir de la propia facilidad. (Cipriano de Cartago – De Lapsis – XVI, XVII, XVIII)

El obispo Cipriano (y con él la mayoría de los obispos fieles de aquella época), no trataba ni con laxitud ni con intolerancia al apóstata; pero le advertía seriamente que si no había dolor por haberse apartado de Cristo, entonces no existía un genuino arrepentimiento que garantizara la restauración.

Tal vez tú digas: bien, pero estos casos de apostasía eran de aquellos que habían negado a Cristo en la persecución, mas yo me refiero a la apostasía de apartarse de Cristo para volverse al mundo. Pero es que los dos son igualmente apóstatas al negar a Cristo, tanto el que lo niega delante de un tribunal por miedo a perder su vida y posesiones; como el que lo niega apartándose, para seguir los instintos de su carne (la vanagloria de la vida) y los deseos de sus ojos (posesiones). Ambos niegan a Cristo al mirar al mundo y no poner la mirada en la Eternidad.

Volviendo a la pregunta ¿Un apóstata puede regresar al camino? Respondo, sí, claro que sí; como volvió el hijo pródigo.

¿Pero para qué el dolor, la penitencia, el llorar, el hacer fruto de arrepentimiento, si cuando el hijo pródigo volvió a casa de su padre, todo fue fiesta y alegría?

Porque la fiesta no la organizó el hijo, sino el Padre. No dijo el hijo ¡Padre he vuelto, hagamos una fiesta! Sino que dijo…

Lucas 15:21  Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

No dudo de que los apóstatas puedan volver a la Iglesia, el problema es ¿cómo vuelven?, ¿con qué actitud?, ¿como si no hubiese pasado nada? ¡Y ni que hablar de los ministros que caen en pecado! Estos, cuando son descubiertos, hacen una confesión (o más bien una excusa) pública, dos lágrimas y al mes siguiente ya están predicando como si nada hubiese pasado.

¡Es que si Dios me perdonó ¿quién es el hombre para dudarlo?! Pues si no veo en ti dolor por haberte rebelado contra el Dios a quien dices amar tanto, dudo otro tanto de que en verdad te hayas arrepentido.

“Ahora bien, ¿vamos a pensar que suplica al Señor de todo corazón, con ayunos, lágrimas y plañidos, el que desde el día mismo de su crimen frecuenta diariamente los baños (baños romanos), el que comiendo opíparamente y reventando de puro harto vomita al día siguiente lo que no pudo digerir y no sueña en dar parte de su comida y bebida a los pobres? ¿Cómo decir que llora su propia muerte el que vemos andar alegre y risueño, y estando escrito: No corromperás la efigie de tu barba, él se rasura finamente y unta su cara? ¿Y a quién intenta ahora agradar el que desagradó a Dios? ¿Es que gime y llora esa otra mujer que no tiene otra ocupación que vestirse de preciosos vestidos y no piensa que perdió la vestidura de Cristo, ponerse lujosos adornos y bien labrados collares y no sabe de llanto por haber estropeado el divino y celeste ornato de su alma? Ya puedes tú vestirte vestidos peregrinos y telas de seda: desnuda vas. Ya puedes adornarte de oro y margaritas y perlas preciosas: sin el adorno de Cristo, deforme estás. Y tú que te tiñes los cabellos, deja de hacerlo siquiera ahora, en momentos de dolor; y la que con una línea de polvo negro te pintas la arcada de tus ojos, lava siquiera ahora con lágrimas esos mismos ojos. Si hubieras por la muerte perdido alguno de tus seres queridos, gemirías y llorarías dolorosamente y por todas partes darías muestras de tu duelo con tu cara sin lavar, con el luto del vestido, con la cabellera descompuesta, el rostro nublado, la cabeza caída; has perdido, desgraciada, tu alma; muerta espiritualmente, te sobrevives a ti misma y llevas, cuando andas, tu propia tumba, ¿y no te golpeas fuertemente el pecho y no gimes incesantemente y no te escondes, o por vergüenza de tu crimen o por seguir en tu lamentación? He ahí llagas peores todavía que las del pecado; he ahí otros delitos más graves: haber pecado y no satisfacer por el pecado; haber cometido un delito y no llorarlo.”  (Cipriano de Cartago – De Lapsis –XXX)

Joel 2:12-14  Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá y dejará bendición tras de él, esto es, ofrenda y libación para Jehová vuestro Dios?

Dios no les está hablando aquí a los incrédulos, le está hablando a su pueblo rebelde y apóstata, pues dice enseguida…

Joel 2:17 Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?

¿Se escuchan en nuestros altares el llanto de los penitentes? ¿Lloran los que regresan después de haberse apartado? ¿Son conscientes los que se apartaron de que cometieron apostasía? ¿Nos apresuramos nosotros a hacerles creer que ya están perdonados, antes de que sea el Señor quien les perdone?

“Vosotros, empero, hermanos, cuyo temor de Dios está pronto, y el alma, aun sumida en la ruina se acuerda de su mal, con arrepentimiento y dolor considerad vuestros pecados, reconoced el gravísimo crimen que pesa sobre vuestra conciencia, abrid los ojos de vuestro corazón para entender el delito cometido, sin desesperar de la misericordia del Señor y tampoco vindicar ya el perdón. Dios, cuanto por su piedad de Padre se muestra siempre indulgente y bueno, tanto es de temer por su majestad de Juez. Cuán grande fue nuestro delito, otro tanto lo sea nuestro llanto. A una herida profunda no falte diligente y larga medicina; la penitencia no sea menor que el pecado. ¿Con qué piensas tú que puede tan aprisa aplacarse Dios, a quien con pérfidas palabras negaste, a quien pusiste por bajo de tu hacienda, cuyo templo violaste con sacrílego contacto? ¿Piensas que va Él fácilmente a compadecerse de ti, que dijiste no era tu Dios? Es preciso orar y suplicar más fervorosamente, pasar el día de luto, las noches en vigilia y lágrimas, llenar el tiempo todo de lamentos lagrimosos; tendidos en el suelo, pegarnos a la ceniza, envolvernos en cilicio y sucios vestidos, no querer tras el vestido perdido de Cristo vestidura alguna…” (Cipriano de Cartago – De Lapsis –XXXV)

Si hay arrepentimiento, y si se somete a la disciplina con actitud de penitente, hay esperanzas para el que habiendo apostatado regresa buscando la comunión de la Iglesia; y no solo esperanzas de perdón sino de restauración total…

“El soldado irá de nuevo al combate, saldrá otra vez al campo de batalla, provocará al enemigo, cobradas justamente nuevas fuerzas por el dolor. El que así satisficiere a Dios, el que por su arrepentimiento de lo hecho, el que por la vergüenza de su delito concibiere del dolor de su misma caída más fortaleza y fidelidad, oído y ayudado del Señor, alegrará a la Iglesia a quien antes contristara y no sólo obtendrá de Dios el perdón, sino la corona.”    (Cipriano de Cartago – De Lapsis –XXXVI)

Sigamos un poco más con la Historia. Mientras en Cartago y en las iglesias africanas, sucedían estas cosas; en occidente, en Roma más precisamente, se produce un gran cisma por causa de la readmisión de los apóstatas. Este cisma es promovido por el presbítero Novaciano.

Al morir Fabián, obispo de Roma, bajo la persecución del Imperio; el presbítero Novaciano esperaba ocupar su puesto; pero la elección, en el año 251, recayó sobre otro presbítero, de nombre Cornelio. Este último era partidario de mostrar clemencia con los apóstatas, pero Novaciano se oponía tajantemente a recibir en la Iglesia a los que se habían apartado cometiendo apostasía. Esto no era acorde con la actitud y el espíritu evangélico que hasta entonces había mantenido la Iglesia en general.

“…en la Iglesia primitiva (S. I-II), los llamados “pecados capitales”: apostasía, homicidio, adulterio y fornicación, se castigaban con gran rigorismo penitencial; pero aun a los grandes pecadores públicos expulsados perpetua o temporalmente de la Iglesia, después de larga y ejemplar penitencia, se les concedía el perdón y la readmisión en la comunidad cristiana. De esta práctica antiquísima, dan testimonio S. Ireneo, Clemente Alejandrino. S. Cipriano y el propio Tertuliano antes de hacerse montanista.”     (Gran Enciclopedia Rialp)

Finalmente, Novaciano y sus seguidores son expulsados por el Sínodo de Roma en el mismo año 251. Después de la muerte de su fundador, los “novacianos” perduran hasta el siglo VII. Se unieron con los montanistas, que también eran rigoristas; y todos ellos se hacían llamar “los puros” o “cátaros” (del griego katharoi). Cabe recordar que Tertuliano, que antes era partidario de readmitir en la Iglesia a los que se habían apartado; una vez que se hace montanista (seguidor de las enseñanzas de Montano) se torna intransigente con los caídos.

Si bien la Iglesia los persiguió unas veces y los toleró otras, en lo personal no los consideraría como herejes, sino como intolerantes o extremistas. Como ya sabes, tanto Tertuliano (especialmente) como Novaciano (quien murió mártir bajo la persecución de Valeriano) escribieron algunas obras teológicas muy ortodoxas que fueron de gran ayuda a la iglesia de los primeros siglos.

“El innovador obispo Calixto decía que, según el espíritu evangélico, todo se perdona, con tal de que haya arrepentimiento. Es la lección que ganó la partida en la Iglesia, testificada visiblemente en la arquitectura de las iglesias y en el arte de las catacumbas, donde a menudo Pedro es representado teniendo a su lado un gallo, que le recuerda a él, y a todos los Pedros de la Iglesia, qué cerca está la afirmación de la caída. Un feo episodio en la carrera de un apóstol tan grande, que las Iglesias no hicieron nada para olvidar, sino todo lo contrario. En muchos sarcófagos y en los cubículos de las catacumbas aparece la desafiante figura del gallo; y a veces está Jesús, que con sus dedos hace el ademán de indicar “tres veces”, y Pedro con la cabeza gacha. ¿Por qué esta insistencia en recordar en los Evangelios y en el arte cristiano una página nada edificante en la vida de Cefas, la roca que en un momento cayó? La única explicación convincente es que se hacía para afirmar la misericordia de Dios, su gracia restauradora, su voluntad de perdonar los pecados…” (Alfonso Ropero – libro Mártires y Perseguidores)

Como te he expuesto aquí, hay distintos grados y distintas causas de apostasía; pero mientras haya un indicio de que el Espíritu Santo está produciendo convicción en el apóstata, nosotros no debemos desistir en la esperanza de que vuelva al seno de la Iglesia; y jamás cerrarle las puertas.

Judas 1:22-23 A algunos que vacilan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con cautela, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.

Una oveja puede descarriarse, hasta el extremo de compartir lugar y comida con los cerdos (el hijo pródigo); pero aún hasta allí puede alcanzarle la misericordia del Padre. ¿La condición? Que volviendo en sí, diga:

Lucas 15:18-19 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

No tengas ninguna duda de lo que sucederá después… Y cuando aún estaba lejos, lo vio su Padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó... porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.

Gabriel Edgardo LLugdar 

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Mi esposa no siente la misma pasión que yo por el Evangelio ¿qué debo hacer?

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Aunque en Diarios de Avivamientos no solemos dar respuestas personales, para evitar interferir entre la relación pastor-miembro, y siempre recomendamos consultar con los respectivos líderes de las congregaciones a las cuales pertenecen los lectores; sin embargo, cuando esta pregunta me llegó, tomé la decisión personal de responderla. Hoy la comparto con todos ustedes y ruego al Señor arroje luz y ánimo sobre quienes están atravesando esta crisis.

Cabe aclarar que esta es una situación que se da con bastante frecuencia en los hogares cristianos, pues existen como dos velocidades de crecimiento entre el esposo y la esposa; ya sea porque uno de los dos demuestra más sensibilidad espiritual, o porque el Evangelio ha producido un impacto mayor en uno de los dos. Este dispar proceso de madurez espiritual en la pareja  conducirá sin duda a conflictos, sentimientos de frustración e incomprensión, y en algunos casos extremos hasta la separación. Pero primeramente, antes de tomar una decisión debemos considerar estos pasajes de la Escritura, que estoy convencido de que usted los conoce muy bien, pero vale la pena revisarlos y meditarlos nuevamente.

En primer término debemos considerar que: el hogar y la familia constituyen el primer ministerio público, y la primera iglesia de cada hombre de Dios

Efesios 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

1 Corintios 11:3 Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.

Usted, hermano, es cabeza de su mujer así como Cristo es cabeza suya. Y así como Cristo, que es la cabeza, no abandona ni descuida a su cuerpo tampoco el hombre puede hacerlo con su esposa:

Efesios 5:25-33 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

Como puede ver, estimado hermano, es un mandato y no una sugerencia el:Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ellaLa pregunta que surge es ¿Cristo amó y se sacrificó a si mismo por hombres y mujeres perfectos, los cuales constituyen la Iglesia? La respuesta es NO, claramente que no:

Romanos 5:8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Cristo nos amó y se entregó por nosotros siendo nosotros pecadores, malos e imperfectos; y de esta manera, con esta misma intensidad de amor, nos manda el Señor actuar con nuestras esposas. No dice la Biblia que amemos a nuestras mujeres si son perfectas, sino que nos manda amarlas con el mismo amor de Cristo; quien no desistió por causa de nuestra miseria, sino que nos amó, nos ama y persevera en ese amor hasta que seamos perfeccionados. Es un mandato del Señor que usted ame a su mujer aunque ella no sea lo suficientemente espiritual como usted desea o anhela. Sería hermoso caminar en armonía en el matrimonio, arder con el mismo fuego y pasión por Cristo y el Evangelio, pero la mayoría de las veces no es así. Y créame hermano que es gran mérito delante de Dios amar a quien es difícil de amar. Usted pudiera dejar su hogar, irse a un país lejano y predicar el evangelio a multitudes, y aún hasta dar su vida por causa de la fe; pero nada de esto es mayor que amar a su mujer si eso significa un sacrificio continuo, porque dice la Biblia que el verdadero amor: Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (1 Corintios 13:7)

Usted puede decir: “amo a mi esposa, pero amo más a Cristo y no quiero que ella sea un obstáculo a mi llamado”, esta bien, es comprensible su preocupación. Pero usted debe tener claro que son dos amores que no compiten entre sí, en realidad, no pueden competir entre sí. El uno es temporal, el otro amor es eterno. El amor eterno abarca y absorbe al temporal; es decir, el amor eterno incluye al temporal, no lo excluye de ninguna manera. Cristo no le da a elegir entre su esposa o Él, porque si usted ama a Cristo se da por hecho que debe amar a su esposa ya que eso está incluido dentro del amor de Cristo; nadie puede decir que ama a Cristo, al que no ve, pero aborrece a su mujer a quien ve y con quien convive. Quien ama verdaderamente a Dios no tiene miedo de amar en exceso a nadie más; no son distintos amores que compiten por ver quien es más grande. Usted no puede abandonar a su mujer con la excusa de hacerlo “para amar solamente a Dios”.

El amor a Dios, el verdadero amor a Dios, crece hasta  influir,  abarcar y absorber todo otro amor; de tal manera que en su vida termina existiendo un solo amor: el amor de Dios, y con ese amor ama a todos los demás. Quien ama más a su mujer que a Dios es porque en realidad no ama a Dios, ni en realidad ama tanto a su esposa, sino que en su egoísmo se ama a si mismo en demasía. En la vida del cristiano solo existe un amor, el amor de Dios, y con ese amor ama a su mujer, hijos, familia, amigos y enemigos. 

Así como un verdadero cristiano no puede servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo; y no puede amar a Dios y al mundo por igual, ni tampoco puede ser amigo del mundo y de Dios; tampoco puede amar a alguien más que a Dios. El Espíritu Santo le preservará de ello, no tiene el cristiano que afligirse o amar con temor, pues mientras más ame a Dios más amará a su prójimo. Porque el amor del cristiano no es un amor terrenal sino celestial…

Romanos 5:5 …. porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

El amor que existe en el cristiano es sobrenatural, ha sido derramado por el Espíritu Santo en su corazón, y ese amor divino absorbe todo lo demás para que no haya competencia. Quien ama al mundo, no ama a Dios; quien ama las riquezas no ama a Dios, quien ama la vanagloria no ama a Dios. No pueden existir dos amores dentro del verdadero cristiano, el amor divino pasa a ser el único.

Cristo nos manda que amemos a nuestras esposas como el amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, pero a la vez, Cristo mismo sabe que eso es humanamente imposible, porque ¿quien es capaz de tener un amor así? Entonces ¿cómo hacerlo? Leímos en el pasaje bíblico anterior que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Necesitamos aprender a amar con el amor celestial, ese amor es un milagro, es sobrenatural, se derrama en nuestros corazones por el Espíritu Santo y va creciendo (mediante la comunión continua con Dios) hasta ser el único amor existente en nuestras vidas, y con ese amor divino amamos a los que nos rodean. Claro que es un proceso, no es fácil desprendernos de nuestra manera terrenal de amar, el amor natural es egoísta (amamos a quien nos ama), pero el amor celestial nos hace amar sin esperar retribución o correspondencia.

Si usted ama verdaderamente a Dios, si este amor celestial ha sido derramado en su corazón, no tema amar a su mujer al máximo porque nunca la amará más que a Dios, pues la estará amando con el mismo amor de Dios.

En segundo lugar debemos considerar que: Dios no se contradice, la esposa no es un estorbo o un obstáculo pues no es el diablo quien la pone en nuestro camino, sino Dios. Si Dios a usted lo llama a un ministerio, tenga confianza en que Dios incluye dentro de ese ministerio también a su esposa. Y aunque hoy no la vea a ella con esa misma pasión o fuego, debe mantenerse en oración para que, en el tiempo de Dios, se cumplan los propósitos que Él tiene para con usted. Y en esos propósitos eternos están incluidos su esposa e hijos. Leímos que dice en las Escrituras:  “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.” Usted y su esposa, ante los ojos de Dios, son uno; y si Él lo llama a usted al ministerio lo llamará sin violentar esa unidad.

1 Corintios 7:10-14 Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer. Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.”

Puede darse el caso de que la esposa, por el momento, no desee escuchar sobre el Evangelio; y que muestre hasta un abierto rechazo sobre el tema. ¿Qué nos aconsejan las Escrituras? Si bien en este pasaje habla de la mujer que tiene un marido inconverso, puede aplicarse perfectamente también para el hombre:

1 Pedro 3:1-2 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa.

Estimado hermano, si su esposa no cree a la palabra del Evangelio, o no quiere oír hablar de temas espirituales, entonces usted debe callar en cuanto a las palabras y hablar mediante sus obras. Es decir, debe usted predicar mediante su actitud, su amor, paciencia, bondad, mansedumbre, templanza y fidelidad. Usted debe graficar o predicar el Evangelio con su vida, aunque no tenga que decir palabra alguna, en aras de mantener la paz en el hogar.

Que su esposa vea el cambio en usted, que ella vea a Cristo en usted, que ella cuando lo vea a usted pueda visualizar lo que es el verdadero Evangelio. Ese es el desafío mas grande. Porque es fácil predicar con palabras a personas que no nos conocen en la intimidad, delante de las cuales podemos aparecer como santos; pero nuestra familia, los de nuestra casa, ellos son los que saben verdaderamente si vivimos lo que predicamos. Si hay algo que aleja a las personas del Evangelio es la hipocresía de los que se dicen ser cristianos. Si su esposa no quiere oír el evangelio hablado, que vea el evangelio vivido en usted y no podrá resistirse a esa evidencia. O al menos no tendrá ella excusa, pero debe usted darle esa oportunidad.
El mismo pasaje de Pedro dice un poco más adelante…

1 Pedro 3:7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.

Su esposa es coheredera de la gracia, por eso manda la Palabra que el hombre actúe sabiamente con ellas. Note que ella no es un estorbo, sino que el estorbo es si usted no cumple el mandato de Dios; correría entonces el serio peligro de que sus oraciones no sean respondidas.

Como le dije al principio hermano, no quiero darle mi opinión personal que de nada valdría, pues opiniones las hay muchas y variadas, pero la Escritura es clara en este tema. Si Dios lo llama a usted al ministerio, Él no va a excluir a su esposa de ese plan, ni a sus hijos. Usted como cabeza de familia, debe velar para que el cuerpo (que es la familia) sea correctamente atendido y cuidado, aún a costa de su sacrificio personal; porque el hogar es su primera iglesia: “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”. 1 Timoteo 5:8 

Si su esposa no desea oír sobre cuestiones de fe, entonces usted debe mostrar su fe mediante una conducta sabia y paciente, y esperar que ese testimonio produzca fruto. Y sobre todo, hermano, orando y rogando a Dios para que sea Él quien toque el corazón de su esposa. Recuerde que usted no es el Espíritu Santo, usted no puede pretender hacer la obra del Espíritu Santo; solo Él puede convencer de pecado, solo Él puede cambiar el corazón. Si usted lo intenta con sus fuerzas terminará sintiéndose frustrado, frustrándola a ella y frustrando los planes divinos.

Los tiempos no nos pertenecen a nosotros, los tiempos solo le pertenecen a Dios. A veces en nuestra impaciencia por servir al Señor, cometemos la torpeza de pretender forzar o arrastrar a los demás a que sigan nuestro propio ritmo; eso un gravísimo error. Si Dios lo llama a usted a su servicio y ministerio, tenga por cierto que también incluirá en ello a su mujer e hijos, Dios no obra a medias; Él hace una obra completa.

Las prisas nos hacen ver a las personas que caminan más lento como un obstáculo, y no siempre es así; a veces debemos frenarnos nosotros para ayudar a otros a levantarse, caminar y avanzar; esto también es amor.

Soy consciente que cada caso es distinto, cada hogar y cada matrimonio es un mundo y no podemos aplicar el mismo ungüento a todas las dolencias. Por ello debe pedir al Señor que le indique el camino para usted y los suyos. Usted es cabeza de su hogar, y una cabeza no piensa solo en sí, sino en el bienestar del cuerpo; tampoco una cabeza va sola dejando el resto del cuerpo atrás. Para avanzar correctamente todo debe estar en armonía.

Espero que estas palabras le sirvan de aliento, y le ayuden de alguna forma. Me he limitado a la Escritura porque como le dije recién, cada caso es distinto. Ruego al Señor le ilumine y le guíe a tomar la decisión correcta. 

Su hermano en Cristo

Gabriel Edgardo LLugdar   

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Auméntanos la fe

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Lucas 17:5-6 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicomoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.

Es un versículo sorprendente y desafiante. Habremos escuchado, seguramente, muchos sermones hablando de las cosas poderosas que un hombre de fe puede hacer; pero difícilmente habremos visto a algún predicador dando una orden a un árbol, y mucho menos ver como el árbol se tira de cabeza al mar. El Señor no dijo que hacía falta una fe del tamaño de un melón, sino solamente del tamaño de una diminuta semilla. Pero nos surge la pregunta de por qué el Señor nos habló de mover un árbol o de mover montañas, si en la vida diaria esto no parece ser algo practicable.

Disfruto leyendo las historias de grandes evangelistas como John G. Lake, Smith Wigglesworth o María Woodworth-Etter, personas que demostraron una fe singular que los capacitó para operar milagros y hechos extraordinarios, no solo en sus campañas evangelísticas sino en la vida diaria. Pero igualmente, me indignan los tele-evangelistas actuales que usan versículos como estos para prometer a sus oyentes, mediante luz, cámara y acción;  una lluvia de milagros. Claro que la fe que exigen estos predicadores fraudulentos debe tener el tamaño de una billetera, y aunque reconozco que tienen la habilidad de desarraigar y trasladar billetes de la cuenta de sus ovejas hacia las suyas propias, no entraría esto dentro de la categoría de “milagro”.

Entre aquellos auténticos evangelistas de la sanidad de las primeras décadas del S. XX, y estos showman actuales hay una gran diferencia: los primeros nunca usaron la fe como fuente de ganancia. Algunos como John G. Lake, siendo ricos se hicieron pobres para entrar al ministerio. Pero esto es otro asunto, no es el motivo a tratar en esta meditación.

Estamos hablando de fe, la fe que no se acaba con la conversión sino que crece y necesita crecer en nuestro diario andar porque…

Hebreos 11:6  sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Galardonador, remunerador, que da recompensa, que premialos sinónimos varían según la traducción que usemos.

Así que, primeramente, debemos tener una fe como base para la justificación, la tal fe es un don de Dios…

Efesios 2:8-9 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Es una justificación que no es en base a méritos propios, no es un premio o galardón por nuestras obras,  sino , como dice el apóstol Pablo…

Gálatas 1:15 Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia,  revelar a su Hijo en mí

Así que al principio nos es dada la fe: porque le agradó a Dios revelar a su Hijo en nosotros, siendo nosotros justificados no como un premio sino como un regalo. Pero luego, se nos demanda tener fe para agradar a Dios y obtener de Él galardón o premio.

Aunque suene un poco repetitivo debemos tener siempre presente esto: somos justificados por fe; esa fe es el medio por el cual recibimos la Gracia (favor inmerecido) de Cristo.  La Biblia no dice que somos justificados por una fe grande o pequeña, porque entonces sería mérito nuestro; es simplemente mediante la fe. Nadie puede decir: “no tengo fe suficiente para ser salvo“; pues no es el tamaño de la fe sino el tamaño de la Gracia lo que justifica.

Pero luego, en el caminar del cristiano, el tamaño de la fe sí importa. Para ejemplificarlo: el ladrón que fue crucificado junto a Cristo y se arrepintió de sus pecados, necesitó la misma fe que Saulo de Tarso (el luego apóstol Pablo) cuando se convirtió camino a Damasco. Los dos fueron justificados gratuitamente, no por el tamaño de su fe sino por el tamaño de la Gracia del Salvador. Ahora, nadie puede negar que el galardón será distinto para ambos, uno murió a las pocas horas de convertido y el otro llevó a cabo una tarea gigantesca por amor a Dios y fue hecho participante de los padecimientos de Cristo. Para llevar a cabo esa tarea encomendada Pablo debió crecer en fe, y por el cumplimiento fiel de esa tarea encomendada el apóstol recibirá glorioso premio en la eternidad: un premio o galardón distinto y mayor que el ladrón convertido.

1 Corintios 3:8,12 -15 Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor... Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probaráSi permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.  Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

La mayoría de las discusiones en las redes sociales se centran en si la salvación se pierde o no, pero ¿cuánto se discute sobre la pérdida del galardón? Claro, es más fácil discutir sobre lo teórico y lejano que sobre lo práctico y cercano, ¿quién se anima a poner sus obras sobre la mesa y decir estoy ganando o perdiendo premio? Honestamente, yo estoy convencido que soy justificado mediante la fe en la Gracia de Jesucristo, y no me quita el sueño la disputa interminable sobre la perseverancia de los santos (si es posible caer de la Gracia o no). Lo que yo no deseo es ser salvo como por fuego,  o como dice otra traducción como quien pasa por el fuego. Personalmente esto es lo que me quita el sueño, me preocupa, me confronta, me sacude. No quiero ser un árbol sin fruto, no quiero presentarme ante mi Señor con las manos vacías, no quiero que mi obra termine en cenizas cuando sea probada en los cielos, no quiero terminar mi vida terrenal como un pollo escapado del fuego…

Es el mismo Señor soberano quien nos advierte:

Apocalipsis 22:12 He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

Pablo dice claramente, que la obra que el Señor nos encomienda podemos hacerla de dos maneras: de buena voluntad o de mala gana, pero una sola opción tendrá premio…

1 Corintios 9:16-17 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.

Ahora, ¿para qué busco un galardón?, ¿buscaré para mí una especie de enorme corona, llena de piedras preciosas, para luego pasearme por el cielo luciéndola como un cantante de reggaetón ? ¡No! No se trata de mí, o de nosotros, se trata de AMOR.

Cuando el Señor me justificó, yo vine a Él con las manos vacías, nada podía ofrecerle como pago por mis culpas. Pero cuando yo tenga que presentarme delante de Él a la luz de la eternidad, para rendir cuentas de mis obras, no quiero presentarme con las manos vacías. ¡Ay de mí si lo hiciera! ¿Es eso el fruto de mi amor por Él: manos vacías?

Parece que muchos están hoy cómodamente satisfechos creyendo que se salvarán como sea, que nunca podrán apartarse, y eso es todo lo que importa. Bueno, si yo fuera un asalariado tal vez eso sería todo lo que me importe; pero se supone que un cristiano ama a su Salvador con TODO su corazón, con TODA su alma, con TODA su mente, con TODAS sus fuerzas. ¿Y el fruto de TODO será solamente: MANOS VACÍAS?

El Señor Jesús, en esta tierra, llevó por mí (y por ti) una corona de espinas ¿Y como muestra de mi amor por Él le he de ofrendar en la eternidad una corona de hojarasca, heno o madera?, ¿no deberíamos anhelar arrojar a sus pies una de plata, oro y piedras preciosas? Y aunque esto (el material) sea metafórico, los galardones no lo serán, y más de uno verá como todo lo que hizo en esta tierra, supuestamente para Soli Deo Gloria; se quedará reducido a cenizas.

No se trata de mi galardón como salario, no se trata de devolverle nada a Dios, ni mucho menos de pagarle nada; se trata de amor: ¿Amo a mi salvación o amo a mi Salvador? Por mi salvación no tengo que hacer nada, pero por mi Salvador es mucho lo que debo hacer, literalmente es: TODO. Lo que piense mi mente, lo que sienta mi corazón, lo que anhele mi alma, lo que hagan mis manos, lo que miren mis ojos, el camino que recorran mis pies, lo que haga con mis fuerzas; TODO, debe ser hecho en esta tierra para Cristo. Pero no de cualquier modo, recordemos que nuestras obras no serán probadas por su cantidad, sino por su calidad (heno, madera, hojarasca, plata, oro, piedras preciosas). No seremos galardonados por haber hecho mucho, sino por haberlo hecho bien. Eso es amor que agrada a Dios, amor que se expresa en obras agradables, obras que son hechas mediante la fe; sin la cual es imposible agradar a Dios.  ¿Somos realmente conscientes de que debemos AGRADAR a Dios? Pues para agradar a Dios debemos crecer en fe.

Si todo lo que Cristo hizo por ti no te mueve a hacer por Él todo lo que puedas, entonces funcionarás como un parásito en la Iglesia; beneficiándote del trabajo de los demás sin aportar nada. Mientras sigas inmutable, con las manos debajo de tu cabeza, jactándote de que no necesitas hacer nada pues Cristo lo hizo todo por ti; estarás acumulando cenizas para la eternidad.

Colosenses 1:9-10 Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, AGRADÁNDOLE en todo, LLEVANDO FRUTO EN TODA BUENA OBRA, y creciendo en el conocimiento de Dios

No es precisamente fe para hacer milagros lo más urgente que necesitamos, sino la fe para andar como es digno de Él, para agradarle siempre (pues sin fe es imposible agradarle) y para llevar fruto en buenas obras.

La fe no es para conseguir lo que nosotros queremos, no es para que Dios haga lo que nosotros deseemos, no es para torcer el brazo del Señor, ni es para que hagamos nuestra voluntad. La fe que se nos demanda es aquella por medio del cual el Señor ejecutará su soberana voluntad y cumplirá sus designios en nosotros.

2 Tesalonicenses 1:11-12 Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder,  para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

Efesios 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

La fe reconoce que Dios debe cumplir su propósito en nosotros mediante las obras que Él dispuso de antemano, y hace que nos rindamos a Su voluntad. Por eso “es pues la fe, la certeza de lo que se espera la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1) La fe nos permite tener la certeza de que, a pesar de la situación en la que nos encontremos, Dios cumplirá todo Su propósito en nosotros con todo Su poder. La fe que mueve montañas, es la que tiene la certeza de que el camino pasa inevitablemente por esa montaña, y que es absolutamente necesario moverla para continuar el camino. La fe no es inventar un camino nuevo, no es obsesionarse con montañas que no están en nuestro camino pero nos gustaría mover para impresionar a otros. Es sencillamente tener la convicción de que yo debo pasar por allí, y que esa montaña no me detendrá en mi cumplimiento de la voluntad de Dios.

Moisés caminó en esa fe…

Hebreos 11:27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.

La fe nos hace seguir por el camino que Dios ya nos ha trazado, nos hace andar como viendo al que no se ve, pero sabiendo que Él sí nos ve a nosotros y tiene el control total de la situación en Sus manos. Lo que Moisés hizo con el pueblo de Israel fue una gran obra, pero que Dios ya había preparado de antemano para que la realizara él; no fue algo que se le ocurrió a Moisés y desarrolló su fe para hacerlo realidad. Moisés siguió el camino que Dios le trazaba, se rindió obedientemente a la voluntad de Dios; por eso la fe produce obediencia y la obediencia fe, y así van creciendo ambas. Miremos un poco más de cerca la fe de Moisés…

Éxodo 14:2-4 Dí a los hijos de Israel que den la vuelta y acampen delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis junto al mar. Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado. Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así.

Moisés no organizó una gran estrategia para sacar a Israel de Egipto, simplemente fue guiado paso a paso, y de un paso a la vez. Acabamos de leer como Dios le dice a su siervo lo que debe hacer (dar la vuelta y acampar frente al mar) y le dice claramente que Él se glorificará en esta situación, una situación que se había tornado insostenible…

Éxodo 14:9-12 Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampados junto al mar, al lado de Pi-hahirot, delante de Baal-zefón. Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí que los egipcios venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová. Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto.

Delante: el mar, detrás: el ejército egipcio. Ese era el camino en el que el Señor había guiado a su siervo y a su pueblo. Obviamente que, si Moisés hubiese podido elegir hubiera escogido otro camino; pero la sabiduría de Dios había trazado este camino y no era el más alentador: el camino era ¡un mar! Tal es así que el pueblo se enojó, dudando de la guía  y providencia de Dios. Pero Moisés creyó en las promesas del Altísimo…

Éxodo 14:13-14 Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

Ahora había llegado el momento en que el siervo de Dios debía poner la fe en acción, tenía la orden de caminar hacia adelante y tenía las promesas… pero el mar era un obstáculo imposible de salvar y parece que Moisés esperaba que sucediera algo sobrenatural, mas Dios no movería su mano hasta que Israel moviera su pie…

Éxodo 14:15-16,21 Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Dí a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco… Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.

En realidad, podríamos decir que Dios no le estaba pidiendo a Moisés fe para abrir el mar, sino fe para obedecer y seguir adelante. Le ordenaba Dios a Moisés tener la convicción de que ese era el camino, el único camino que la soberana voluntad del Señor había trazado… ¡Pero hay un mar en medio de mi camino! podría haber clamado Moisés (como lo hizo el pueblo), la respuesta de Dios fue:  ¿Por qué clamas a mí?… ¡Camina!… ¡sigue adelante!…. Y extendió Moisés su mano sobre el mar, como un acto externo de su fe interna, mas no dice la Biblia que fue Moisés quien abrió el mar, sino que dice: e hizo Jehová que el mar se retirase. La fe no es creer que yo puedo, sino creer que Dios puede; pero sobre la base de lo que Dios quiere, no de lo que yo quiero.  La fe se basa y se aferra a la voluntad de Dios, si se basa en mi voluntad no es fe, es capricho, obstinación o ambición. La fe es la convicción y certeza de lo que yo espero, ¿y que espero?, lo que Él me ha prometido, ¿y que me ha prometido?, que Él cumplirá su propósito en mí.

Dijimos también que la fe produce obediencia, y la obediencia produce más fe.

Éxodo 14:31 Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.

El pueblo escuchó el mandato de Dios, y conociendo la voluntad de Dios obedeció marchando hacia adelante; Dios hizo un milagro y a través de esto el pueblo “creyó”. Por eso dice la Escritura que…

Romanos 10:17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

¿Cómo puede tener alguien fe, si no oye la palabra de Dios, si desconoce cuál es la voluntad del Señor?

Un hombre de fe es aquel que conociendo la Voluntad de Dios, se mueve en obediencia; sin dejar que un sicomoro, una montaña o un mar le hagan rebelar contra esa Voluntad. 

Un hombre de fe es aquel que, consciente de sus propias limitaciones, tiene la convicción de que no será él sino Dios quien removerá el obstáculo; y continúa caminando a pesar de que la montaña, o el mar, todavía sigan allí.

Un hombre de fe es aquel que sabe que no está actuando por capricho, sino porque Dios le ha mandado avanzar aún cuando la situación se torne imposible.

Un hombre de fe es aquel que no le obsesiona su propia reputación, no está preocupado de cuánto el resultado le beneficiará a sí mismo, sino de cuánto el Nombre del Señor será glorificado.

Puede que en medio de tu sendero se encuentre un árbol, una montaña o hasta un mar. No los pusiste tú, Dios lo ha permitido. ¿Conoces la voluntad de Dios? ¿Has clamado a Dios por ello? Si Él te dice camina, debes hacerlo; no te está Dios demandando una fe tan grande como el tamaño del problema, sino  la suficiente como para obedecerle.

Romanos 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

El hombre de fe permite que esa fe se desarrolle ejercitándose con cada obstáculo que encuentra en el camino, porque cada obstáculo le ayudará para bien… “Y sabemos” esto es fe, certeza, convicción, que todas las cosas les ayudan a bien“… ¿a quienes? a los que aman a Dios, ¿y qué más? a los que conforme a su propósito son llamados. Dios tiene un propósito específico para ti en esta tierra, no estás deambulando por este mundo comiendo y bebiendo hasta que mueras y nada más. Ese propósito, en su cumplimiento, te llevará por senderos ya trazados para ti, con sicomoros, montañas y mares de por medio; no lo trazas tú, este camino Dios lo ha trazado para ti. Puede que no sea el que más te guste, y pienses que el camino de los demás es más fácil, y posiblemente tengas razón. El camino que Dios trazó para Moisés no fue el más fácil, pero fue el más glorioso. Sin fe te será imposible agradar a Dios, y necesitas ejercitarla y permitir que crezca. Sin fe es imposible cumplir con las obras que Dios te preparó de antemano, y por ellas expresarás tu amor a Dios; por esas obras recibirás recompensa eterna, aquella que arrojarás a los pies de tu Salvador, si resiste la prueba de fuego.

Sal 138:7-8  Si anduviere yo en medio de la angustia, tú me vivificarás;
Contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano,
Y me salvará tu diestra.
Jehová cumplirá su propósito en mí

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar – Diarios de Avivamientos – 

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