¿Ovejas desamparadas o cabras rebeldes?

Te invito a ver primero el vídeo y luego reflexionamos juntos:

Me gusta la versión Reina-Valera 1960, la leo desde que conocí el Evangelio; pero es bueno comparar con otras versiones para captar toda la esencia del mensaje, por ejemplo, siempre leí:

Mateo 9:36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

Mas leyendo en el interlineal de Cesar Vidal lo encontré así,

Mateo 9:36 Viendo sin embargo a las muchedumbres se compadeció de ellas, porque estaban desfallecidas y tiradas como ovejas no teniendo pastor.

Creo que en esta última, la expresión realza el dramatismo de la imagen desgarradora de esas ovejas, que son contempladas a través de los ojos compasivos del Señor Jesús: desfallecidas y tiradas. Honestamente no puedo decir si esta imagen se condice con el estado de las ovejas del vídeo que acompaña este artículo. No sé si están desfallecidas y tiradas, o retozan alegremente panza arriba, tras las bufonadas de esos vendedores de ilusiones a los que llaman pastor, apóstol o profeta.

Tampoco me atrevo a decir si el Señor siente compasión por esas multitudes que impúdicamente profanan su altar, pensando que han de impresionar y manipular con inmundos billetes la voluntad del Cristo que murió desnudo en una Cruz. No sé si hay lágrimas en los ojos del Rey por estas cosas, o por el contrario, su mano se posa sobre la empuñadura de esa espada que se ha de teñir con la sangre de sus enemigos. Y no lo sé porque Él es Cordero, pero ruge como León, por eso Apocalipsis pregunta ¿quién podrá mantenerse en pie? el día de la ira del Cordero, el día que en que el Señor vengue la profanación de su altar y de su glorioso Nombre.

La pregunta es ¿son estas personas, que aplauden y vitorean a los profetas de la felicidad, ovejas desfallecidas y tiradas? o ¿mas bien son gente caprichosa que no soporta la sana enseñanza, y que dándole voluntariamente la espalda a la verdad, se amontonan a su alrededor aduladores de sus pasiones?

2 Timoteo 4:3,4  Porque va a llegar el tiempo en que la gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios caprichos, se buscarán un montón de maestros que solo les enseñen lo que ellos quieran oír. Darán la espalda a la verdad y harán caso a toda clase de cuentos.   (Versión DHH)

Les concedamos el beneficio de la duda, y pensemos que están inconscientemente engañados, no que le han dado la espalda a la verdad sino que aún no la han hallado. Debemos orar por ellas, para que entren de una vez por todas al Reino de los Cielos, que no consiste en oro ni plata, o para que el Señor las quite de la puerta, pues no entran ni dejan entrar a otros.

Mientras la materia Historia de la Iglesia sea un punto ignorado entre los evangélicos, estamos condenados a estrellarnos contra las mismas rocas del error donde naufragaron otros tantos. ¿No eran las Indulgencias, contra las que luchó Lutero, la obtención de un bien espiritual a cambio de un bien material? Sí, eran precisamente una compra-venta de bendiciones: “En cuanto la moneda toque el fondo del cofre, el alma de tu ser querido saldrá del Purgatorio y volará hacia un paraíso de felicidad” Esa era la promesa del gran vendedor de Indulgencias, Juan Tetzel, verdadero “padre espiritual” de todos estos “apóstoles modernos” que te prometen el coche, la casa y el negocio de tus sueños en cuanto tu sobre de “semilla de fe” toque el fondo de… ¿cómo le llaman ahora?… ah, sí “alfolí“. Es que en mi época simplemente le llamaban la bolsa de las ofrendas, eramos pentecostales pobres, solo existían las ofrendas y los diezmos, ahora hay: promesas de fe, ofrendas especiales, semillas de fe, compromisos de fe, maratónicas, fiesta de las primicias

Debo confesar que al menos las Indulgencias no eran por un motivo egoísta, uno pagaba por la liberación de otro que ardía incombustiblemente en un horrible lugar, era un acto de compasión. Recuerdo las misas por mi abuela, y no fue en época de Lutero, sino mucho más actual, previo pago por supuesto, de lo contrario el cura se olvidaba del nombre y ¡pobre abuelita, otros cien años en el Purgatorio!

Pero ahora las Indulgencias, perdón, nosotros somos más espirituales: las Semillas de Fe, consisten en yo quiero “mi coche nuevo“, “la casa de mis sueños” y “las vacaciones a Disney-World”  ¡Claro que sí, para eso murió Cristo!

Y así como los católicos sueñan, con una vez en la vida, ir en peregrinación a Jerusalén Roma o Santiago de Compostela, y los musulmanes una vez en la vida a la Meca; los evangélicos sueñan con peregrinar una vez en la vida a Orlando, al maravilloso mundo de Disney, y de paso visitar la iglesia de Benny Hinn donde también existe un mundo de fantasía, o ir un poco más allá, a la de Maldonado, donde por un módico precio puede recibir una doble porción de su “ADN espiritual” (como él lo llama). Los evangélicos soñamos en grande, los católicos tienen un Papa, mientras que nosotros tenemos muchos.

Cuando puedo, suelo dar un recorrido por alguna iglesia o catedral de estilo gótico, son obras monumentales de gran belleza. Estas mega-iglesias medievales, tienen a los lados de la nave central, una serie de capillas dedicadas a cada santo o virgen, donde los devotos encienden un cirio y piden un milagro, y donde también hay unas urnas para ofrendas. Creo que los templos evangélicos deberían hacer algo parecido, a los costados dedicar una capilla para “santa casita” con una imagen a escala de una casa (con piscina si es posible), otra pequeña capilla para “san coche“, otra para “san Disney“… porque esos son los santos que veneramos (idolatramos).

Sí, los evangélicos nos hemos vuelto más idólatras que los católicos. Porque si correr con un billete en la mano hacia el altar, en medio de la predicación del santo Evangelio no es la más repugnante idolatría, entonces dígame usted ¿qué es idolatría?

Quiero pensar que son desfallecidas y tiradas ovejas que no tienen pastor, y no como aquellos que siguen a los falsos apóstoles y profetas,sobre los que tan seriamente nos advierte Pedro:

2 Pedro 2:2-22 Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado,  y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas… como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición,  recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores.  Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición… Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.  Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.  Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.”

Si habías huido de las Indulgencias de Roma ¿por qué caes ahora en la compra-venta de bienes espirituales otra vez?

Si habías escapado de la Idolatría de Roma ¿por qué caes ahora en la idolatría materialista?

Ten cuidado, mejor te hubiera sido quedarte en Roma que habiendo conocido la verdad revolcarte otra vez en el cieno. Cristo no siempre da segundas oportunidades, tal vez lo próximo que escuches sea el rugido del León.

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

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El Decisionismo, la Oración del pecador y Charles Finney

Cuando el joven Charles Finney comenzó a asistir a la iglesia, sintió inquietud en su alma por lo que leía en la Biblia, en cuanto a la salvación y la vida eterna; conversaba con el pastor, asistía a los cultos de oración, ¡era el director del coro! Y cada vez comprendía más y más que él no era salvo. Pero había un problema, las oraciones de la congregación parecían una letanía de lamentos y no una batalla de hombres de fe. Tanto se irritó por esto que un día le preguntaron si quería que orasen por él, a lo que respondió que no, que en verdad lo necesitaba porque era un pecador inconverso, pero era muy evidente que “ellos no estaban orando con fe, no estaban orando con la expectativa de que Dios les diera aquello por lo que oraban”.  

Después de esto, la convicción de pecado era tal que mientras se dirigía a su trabajo, estas preguntas se agolpaban en su mente: “¿Qué estás esperando? ¿Acaso no prometiste entregarle tu corazón a Dios?” Y “¿Qué estás tratando de hacer? ¿Acaso tratas de elaborar tu propia justicia con obras?” En lugar de entrar a su trabajo se fue al bosque, y se dijo: “le entregaré mi corazón a Dios o nunca saldré de aquí”. Lo que sucedió nos lo cuenta él mismo:

“Cuando intentaba orar, de pronto me parecía escuchar un crujir de hojas, entonces interrumpía la oración y me levantaba para mirar si alguien venía. Esto lo hice en varias ocasiones. Finalmente me encontré a mí mismo cayendo vertiginosamente en la desesperación. Me dije a mi mismo: “He descubierto que no puedo orar. Mi corazón está muerto para con Dios y no va a orar.” Luego me reproché el haber prometido darle mi corazón a Dios antes de salir de la arboleda. Sentía que había hecho una promesa precipitada, que me vería obligado a romper, pues ahora que lo había intentado descubrí que no podía entregarle a Dios mi corazón. Mi alma interior había retrocedido y se negaba a salir para ofrecer mi corazón. En lo profundo de mí empecé a sentir que ya era muy tarde; que debía ser que Dios había renunciado a alcanzarme y que la esperanza para mí ya había pasado. Ese pensamiento me oprimía justo en el momento en el cual también me agobiaba lo precipitado de mi promesa de que le daría mi corazón a Dios o moriría en el intento. Sentía que había atado mi alma a esa promesa y que iba a romper mi juramento. Una profunda debilidad y desesperanza me sobrevino en este punto, y me sentía casi demasiado débil como para sostenerme en mis rodillas. Justo en este momento me pareció oír nuevamente que alguien se acercaba y abrí mis ojos para verificar si era así. Fue allí cuando me fue dada la clara revelación de que mi gran impedimento era el orgullo de mi corazón. Una conciencia abrumadora de mi maldad por haberme avergonzado de que un ser humano pudiera verme en mis rodillas, ante Dios, me poseyó de tal manera que clamé al límite de mi voz que no abandonaría ese lugar aun cuando todos los hombres sobre la tierra y todos los demonios del infierno me rodearan. “¡Qué!” me dije a mi mismo, “¡un pecador tan degradado como yo, en mis rodillas y confesando mis pecados al Altísimo y Santo Dios, está avergonzado de que alguien, otro pecador como yo mismo, se entere de esto que hago y me encuentre arrodillado buscando hacer la paz con el Dios al que he ofendido!” Mi pecado me pareció terrible, infinito. Me quebrantó delante del Señor. Fue entonces cuando esta porción de la Escritura pareció caer en mi mente con un diluvio de luz: “Entonces me invocaréis, e iréis y oraréis a mí, y yo os oiré: Y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Mi corazón se apoderó de esta verdad al instante.” (Memorias de Charles Finney – Capítulo II)

Más tarde, estando solo en su oficina seguía en estado de shock por su conversión.

“No hay palabras que puedan expresar el maravilloso amor que fue derramado en mi corazón. Me parecía que estaba a punto de estallar. Lloré en voz alta de amor y de gozo, no lo sé pero fue como si literalmente clamé con el clamor inefable de mi mismo corazón. Estas olas venían sobre mí, una tras otra, hasta que recuerdo haber exclamado: “Moriré si estas olas siguen viniendo sobre mí”. Le dije al Señor: “Señor, ya no puedo soportarlo más”. Sin embargo no tenía miedo de morir. No sé cuánto tiempo estuve en ese estado, recibiendo este bautismo continuo sobre mí y a través de mí. Sé que fue ya casi al final de la tarde cuando un miembro de mi coro –pues era yo entonces el líder del coro– vino a la oficina para verme. Este joven era miembro de la iglesia, y me encontró en ese estado de llanto a gran voz y me dijo: “Señor Finney, ¿qué le sucede?” No pude responderle por algún tiempo. Él continuo: “¿Está usted adolorido?” Me sobrepuse lo mejor que pude y le dije: “No, pero estoy tan feliz que ya no puedo vivir”.

Esta experiencia marcaría definitivamente el futuro ministerio evangelístico de Finney. Ministerio que algunos han tratado de menospreciar, culpándolo de ser el impulsor del “decisionismo”, es decir, de hacer que las personas hagan la famosa “oración del pecador” u “oración para aceptar a Cristo en el corazón”, o para decirlo más sencillo: Es la creencia de que una persona es salva por pasar al frente, levantar la mano y decir una oración. Lo que no te dirán nunca estos calumniadores de Finney es que, en sus predicaciones, la gente quedaba en estado de shock, con tan gran convicción de pecado que  no podían hacer otra cosa que rendirse a Cristo o salir corriendo, y los que se convertían lo hacían de tal forma que todo el pueblo quedaba impresionado. Nadie era considerado verdaderamente convertido, para Finney, si su vida no cambiaba radicalmente. Por lo cual ese “levante la mano allí donde está y haga una oración para recibir a Cristo” nunca se le hubiese ocurrido a un hombre como Finney, cuya propia experiencia de conversión fue totalmente lo contrario a esto.  

Hombres como A. W. Tozer o Leonard Ravenhill admiraban profundamente a Finney, y aún una persona tan distante de él, en cuanto a doctrina, como Martyn Lloyd-Jones lo menciona como ejemplo de lo que es tener el bautismo o la llenura del Espíritu Santo. En realidad sus críticos no le perdonan el haber abandonado el calvinismo para acercarse más a una postura de influencia wesleyana, suficiente para ser llamado “semipelagiano”. Lo curioso del caso es que las iglesias, presbiterianas y congregacionales, igualmente lo siguieron llamando para que llevara avivamiento a sus congregaciones, a pesar de no compartir la misma doctrina. Y lo más curioso del caso, es que fue un consejo de ministros presbiterianos quienes votaron unánimemente para concederle la licencia de predicador, siendo que él ya rechazaba públicamente la “expiación limitada”.  Por lo visto su unción era innegable. Hoy es fácil para un cobarde (no doy nombres) llamarle hereje, pero pocos se atrevían a enfrentarse a un Finney vivo, su vida de santidad y el respaldo de Dios eran demasiado evidentes. Pero lo que trataremos aquí no es de su doctrina sino de sus métodos.

Por cierto, y para comparar un poco, Agustín afirmaba que el bautismo salvaba y regeneraba, por lo cual los niños debían ser bautizados, pues de esta manera eran exorcizados y salvados de la condenación eterna. También afirmaba que no importaba si los niños no podían confesar con sus labios a Cristo, bastaba con que un padrino lo hiciera por él en la pila bautismal. Veamos lo que dice en sus propias palabras:

“¿Por qué hacemos la pregunta a los oferentes (padrinos) y les decimos: Cree en Dios? Ellos responden en nombre de aquella edad que ni siquiera sabe si Dios existe: ¡Cree! Y así van contestando a cada uno de los ritos que se practican?… Los adultos contestan que creen, y así se los llama fieles, no porque el niño acepte la realidad con su propia mente, sino porque recibe el sacramento de esa realidad. Cuando el niño comenzare a ser consciente, no repetirá dicho sacramento, sino que lo entenderá simplemente y se ajustará a la verdad del mismo, poniendo su voluntad en consonancia con él. Mientras eso no llega, el sacramento tendrá eficacia para proteger al niño contra las potestades enemigas. Tanta eficacia tendrá, que, si el niño muriese antes de llegar al uso de la razón, se libertará, con la ayuda cristiana, de aquella condenación que entró en el mundo por un hombre. Ello acontece gracias al mismo sacramento, garantizado por la caridad de la Iglesia. Quien no lo cree y piensa que eso no puede ser, es sin duda un infiel, aunque tenga el sacramento de la fe. Mejor es el niño mencionado, pues, aunque no tenga todavía el pensamiento de la fe, no pone a la fe el óbice de un pensamiento contrario, y por eso recibe para su salvación el sacramento de la fe.” (Agustín de Hipona – Carta 98 – A Bonifacio – BAC)

Y no veo a nadie llamando hereje a Agustín por decir que “el bautismo salva aunque no se tenga fe”, que es como decir “la oración del pecador salva” sin tener fe. Si hubo un precursor deldecisionismo“, entonces fue Agustín, para quien la decisión del padrino era suficiente para salvar al niño, y quien no creyese esta doctrina era considerado por Agustín como un infiel. Seamos honestos, si no nos rasgamos las vestiduras por los dichos Agustín, a quienes muchos le deben la esencia de su postura doctrinal, no nos las rasgaremos tampoco por el mal uso que los hombres puedan hacer de los métodos de Finney.

El problema con la predicación, en la época de Finney, era que el pastor “nunca esperaba–o ni siquiera intentaba–que se produzca la conversión de alguien en ninguno de los sermones”. Charles Finney confrontaba directamente a las personas con su pecado, de una manera que pocos se atreverían a hacerlo hoy. Él nos cuenta que una vez, fue a predicar a un pueblo donde había dos iglesias, una congregacional y otra bautista, así que empezó las reuniones para ambas. Luego de varias semanas de predicar,  cuando pudo verificar que las personas habían entendido claramente el mensaje del Evangelio, les dijo:

“Llegué al pueblo para asegurar la salvación de sus almas. Que sabía que mi predicación había sido grandemente alabada por ellos, pero que después de todo, no había llegado para complacerles sino para llevarles al arrepentimiento. Les dije que no me interesaba lo bien que les pareciera mi predicación, si al final rechazaban a mi Señor… Ustedes han admitido que lo que predico es el evangelio. Profesan creerlo. Más, ahora, ¿están dispuestos a recibirlo? ¿Tienen la intención de recibirlo o por el contrario, piensan rechazarlo?… Quienes estén dispuestos a jurar ante mí y ante Cristo que inmediatamente harán las paces con Dios, por favor, pónganse de pie. Por el contrario, los que de ustedes deseen hacerme entender que permanecerán en su actitud actual, sin aceptar a Cristo, por favor, los que hayan tomado esa decisión, permanezcan en sus lugares”. Se miraron entre ellos y me observaron, permaneciendo sentados, tal como lo esperaba. Después de mirar alrededor del lugar por breves minutos, dije: “Entonces han hecho su compromiso. Han decidido su postura. Han rechazado a Cristo y su evangelio; y ustedes mismos son testigos en su propia contra, como Dios también es testigo. Ha quedado explícito– y así lo recordarán ustedes mientras vivan–que públicamente se han comprometido en contra del Salvador y que han dicho ‘no queremos que este hombre, Jesucristo, reine sobre nosotros´”

Bien, se le acusa de decisionismo por esto, pero ¿cuántos predicadores, después de comprobar que las personas han comprendido las demandas del Evangelio, se atreverían a confrontarlas así?

“Dios quiere que prediquemos fervientemente, rogando a los pecadores para que se arrepientan; pero el orgullo nos dice que no debemos ser tan fervientes, para que la gente no vaya a pensar que estamos locos. En esta manera el orgullo gana el control sobre nuestro ministerio. La verdad puede ser predicada pero en una forma que sirve a los intereses de Satanás más que a los de Dios. Después de que el orgullo ha influido en nuestra preparación, entonces nos perseguirá hasta el púlpito. El orgullo afecta nuestra manera de predicar e impide que digamos cosas ofensivas, aún y cuando sean necesarias. El orgullo nos hace agradar a nuestra audiencia, buscando nuestra propia gloria en lugar de la gloria de Dios. El orgullo tiene la meta de impresionar a la gente con nuestra elocuencia, nuestro conocimiento, sentido del humor, piedad, etc..
Después del sermón el orgullo nos persigue cuando salimos del púlpito, para saber lo que los oyentes piensan de la predicación. Si les agradó, entonces nos regocijamos, pero si no les impresionó, entonces nos desanimamos.” (Richard Baxter – El Pastor reformado)

¿Cuál fue la reacción de la iglesia ante esta confrontación de Finney? Todos, menos un diácono, se levantaron y se fueron del lugar enojados, algunos maldiciéndolo, otros diciendo que había que echarlo del pueblo o bañarlo en alquitrán. Mas el diácono y Finney siguieron orando porque la palabra ya había sido sembrada.

“En la tarde el hermano McComber (el diácono) y yo nos dirigimos juntos a una arboleda y pasamos toda la tarde en oración. Justo al caer la tarde el Señor nos dio una gran seguridad y nos concedió la victoria. Ambos sentimos la fuerte certeza de que habíamos prevalecido para con Dios, y que en esa noche el poder de Dios se revelaría en medio de la congregación. Al acercarse la hora de la reunión dejamos el bosque y nos condujimos a la villa. La gente ya estaba entrando al lugar de adoración, y los que aún no estaban allí, al vernos conducirnos a la casa cerraron sus tiendas y sus negocios, echaron a un lado sus bates de pelota con los que jugaban en la grama, y fueron a llenar el sitio a su máxima capacidad…  Tan pronto vi que la casa se llenó, de tal modo que no cabía nadie más, me puse de pie y según recuerdo, sin ninguna introducción formal de cánticos, empecé la predicación con estas palabras: “Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos. ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado.” Al iniciar con estas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre mí con tal poder, que era como si sobre ellos se hubiera abierto una batería. Por más de una hora, y quizá por hora y media, la Palabra de Dios fluyó a través de mí hacía ellos de tal forma que podía ver como todos eran impactados por ella. La Palabra fue un fuego y un martillo rompiendo la roca, y como una espada que perforaba tanto el alma como el espíritu. Pude ver que una convicción general se esparció en toda la congregación. Muchos de ellos no podían si quiera levantar la cabeza. Esa noche no hice un llamado a revertir la acción que habían realizado la noche anterior, ni a cualquier otro compromiso de parte de ellos, sino que di por hecho durante todo el sermón que ellos se habían comprometido a ser enemigos del Señor. Al terminar señalé otra reunión y les despedí… Temprano en la mañana me enteré de que me habían ido a buscar, en varias ocasiones durante la noche, a mi alojamiento habitual, para pedirme que visite familias que estaban en una terrible angustia mental. Esto me llevó a recorrer el pueblo, y en todos lados encontraba un maravilloso estado de convicción de pecado y de preocupación por sus almas.”

La “oración para recibir a Cristo o “la oración del pecador”, como quieran llamarla, no es bíblica, en eso estamos de acuerdo, pero la confrontación con el pecado sí. ¿Qué pasó cuando Pedro se levantó en el día de Pentecostés con los que fueron traspasados por la ungida predicación del apóstol?

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo… Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

No, no hubo la pregunta¿Quién quiere pasar al frente para recibir a Cristo? Solo le tomará dos minutos”. Pero tampoco Pedro dio lugar a que la convicción se desvaneciera, hubo un mandato de urgencia, un aquí y ahora: “Arrepentíos”, y lo hicieron “aquel día”.

Cada predicador tiene un método o una característica propia para predicar el mensaje, esto no lo hace mejor ni peor, porque el resultado lo determina su unción. El problema es cuando se pretende imitar el método pero se carece de la unción. ¿Saben ustedes cuántos imitadores ha tenido Spurgeon en la historia? Cientos de miles, que leen, admiran, aman y estudian sus sermones y se esfuerzan por expresarse como él ¿y por qué ninguno de ellos obtiene el resultado que obtuvo Spurgeon? Simplemente porque no tienen su unción, son una especie de “Spurgeon made in China”, en apariencia se parecen al original, pero son de mala calidad.

Jesús usaba métodos, hizo barro con saliva y untó los ojos de un ciego, a un sordo y tartamudo ¡le metió los dedos en las orejas y escupió en su lengua! Cuando Pedro predicaba, ponían los enfermos en el suelo de tal manera que al pasar, al menos su sombra los tocase para que fuesen sanos. A los enfermos les llevaban pañuelos y delantales que habían tocado el cuerpo de Pablo, y quedaban sanos de sus enfermedades, y los espíritus malignos salían de ellos. ¿Y qué diremos, pues porque estas cosas son bíblicas debemos hacerlas? ¿O Acusaremos a Jesús de ser el precursor de “extravagancias”, o a Pablo de ser el culpable por los “paños ungidos”, los “chicles ungidos”, las “escobas ungidas”, los “globos ungidos” y demás artilugios que se usan hoy para sacar dinero a los fieles?

Charles Finney nos dice cuáles eran “sus métodos” para el avivamiento:

“Las doctrinas predicadas fueron las que siempre he predicado como el Evangelio de Cristo. Insistí en la depravación total voluntaria de los no regenerados, y de la inalterable necesidad de un cambio radical de corazón por la operación del Espíritu Santo, y por medio de la verdad. Insistí mucho en la oración como una condición indispensable para la promoción del avivamiento. La expiación de Cristo, su divinidad, su misión divina, su vida perfecta, su muerte vicaria, su resurrección, el arrepentimiento, la fe, la justificación por la fe, y todas las doctrinas similares a estas fueron discutidas tan exhaustivamente como me fue posible, e insistí en ellas hasta que se hicieron claras, y se manifestaron como verdades eficaces por el poder del Espíritu Santo. Los medios usados fueron solamente la predicación, la oración y reuniones de conferencia, mucha oración privada, mucha conversación personal y reuniones para aquellos que tenían la necesidad urgente de resolver su estado religioso. Estos, y solo estos medios, fueron usados en la promoción de la obra. No hubo apariencia de fanatismo, ni mal espíritu, ni divisiones, ni herejías, ni cismas. Tampoco entonces, ni en todo el tiempo de mi relación con el lugar, hubo resultado alguno del avivamiento que debiera de lamentarse, ni ninguna de sus características fue de cuestionable validez.”    (Memorias de Charles Finney – Capítulo VI)

Repito el punto principal de este artículo: no es necesaria, ni necesariamente eficaz la oración “para recibir a Cristo en el corazón” como una fórmula mecánica o automática. Tampoco es correcto que el predicador dé el sermón, cierre su Biblia y salga corriendo del templo para ir a cenar con los pastores que lo han invitado. Hay que quedarse y observar quienes han sido afectados por la predicación, ver si hay signos de convicción de pecado, y no dejarles ir antes de asegurarse que experimenten una verdadera conversión, nunca sabremos si tendrán otra oportunidad. Recordemos que Finney se rebeló contra lo que era muy común en las iglesias de su época: “ellos no estaban orando con fe, no estaban orando con la expectativa de que Dios les diera aquello por lo que oraban”. Y él se propuso predicar de tal manera que obtuviese aquello por lo que predicaba: la convicción y conversión del pecador.

Por último recordemos estas sabias palabras del pastor puritano, y líder de avivamiento,  Richard Baxter, de su libro El Pastor reformado:

“Si estuviéramos dedicados verdaderamente a nuestra obra, le dedicaríamos más esfuerzo y entusiasmo. Muy pocos predican acerca del cielo o el infierno como si ellos realmente creyesen en su existencia. Frecuentemente los sermones son tan ordinarios y aburridos que los pecadores no los toman en cuenta. Algunos predican con gran vehemencia, pero a menudo lo que ellos dicen es irrelevante. La gente lo desecha como pura palabrería. Por otra parte, es una tragedia cuando la buena enseñanza es desperdiciada por la falta de aplicación práctica o de una persuasión ferviente.
Recuerde, que la gente estará para toda la eternidad en un estado de felicidad o miseria. Esto le ayudará a hablarles con seriedad y compasión. Nunca hable con ligereza acerca del cielo o del infierno. Usted nunca traerá a los pecadores al arrepentimiento bromeando o contando historias. Ninguna de estas cosas es apta para ser tratada en forma frívola o aburrida. ¿Cómo puede usted hablar de Dios y de su gran salvación en una forma fría e inanimada?
Recuerde que los no creyentes deben ser despertados o condenados, y es improbable que un predicador medio dormilón sea el medio para despertarlos. No estoy sugiriendo que usted predique constantemente a todo volumen, pero usted siempre debería hablar con seriedad. Cuando el tema lo amerite, predique con toda la pasión e intensidad de que usted sea capaz. Es el Espíritu Santo quien trae los pecadores a Cristo. No obstante, El generalmente usa medios y estos medios incluyen no solo lo que decimos, sino también cómo lo decimos. Para muchos, aún nuestra pronunciación y el tono de nuestra voz son importantes. Tristemente, la predicación ferviente, poderosa y convincente, es algo muy raro.
Debemos evitar el teatro, la actuación y el fingimiento en la predicación. Deberíamos hablar como si nos estuviéramos dirigiendo directamente a cada persona individual. Tristemente la mayoría de los sermones carecen de este elemento personal. La predicación implica un contacto directo entre nuestras almas. Nuestras mentes, emociones y voluntades deberían estar involucradas en la predicación de la verdad y el amor de Cristo. Hable como si las vidas de sus oyentes dependieran de lo que usted dice. Satanás no se someterá fácilmente. Tenemos que sitiar sus fortalezas y romper cada barrera levantada contra el evangelio. Debemos razonar tan claramente de las Escrituras, que los pecadores tendrán que aceptar la verdad o rechazarla deliberadamente. Las verdades más grandes no afectarán a la gente, a menos que sean entregadas conmovedoramente. Un sermón bien compuesto, pero carente de luz y vitalidad, es como un cadáver bien vestido.”

Descarga el libro Memorias de Charles Finney

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Fe y Obras – ¿se contradicen Pablo y Santiago?

SOBRE LO QUE DICE EL APÓSTOL SANTIAGO:
«¿QUIERES ENTERARTE, ESTÚPIDO, DE QUE LA FE SIN OBRAS ES INÚTIL?»

Bien, primeramente no se asusten con el título, pues es la traducción del latín de este tratado donde Agustín responde básicamente a la pregunta ¿se contradicen Santiago y Pablo? – Seguramente les resultará muy útil para sus estudios –

El título y el texto íntegro están reproducidos tal cual se encuentran en las Obras Completas de San Agustín: Cuestión 76 -Obras Completas de san Agustín Tomo XL – BAC

1.La objeción. “Porque el apóstol Pablo, al predicar que el hombre se justifica por la fe sin obras, ha sido mal entendido por quienes han tomado la frase de manera que piensan que habiendo creído una vez en Cristo, aun cuando se obrase mal, y se viviese criminal y perversamente, pueden salvarse por la fe, el pasaje de esta carta (Santiago) expone el mismo sentido del apóstol Pablo, cómo debe ser entendido. Y por esto se sirve más del ejemplo de Abraham para probar que la fe es inútil si no tiene buenas obras, porque igualmente el apóstol Pablo se sirvió del ejemplo de Abraham para probar que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la Ley.

De hecho, al recordar las obras buenas de Abraham, que han acompañado su fe, hace ver suficientemente que el apóstol Pablo no quiere enseñar por medio de Abraham que el hombre es justificado por la fe sin obras, como si cualquiera que haya tenido fe estuviese dispensado de hacer obras buenas, sino más bien que nadie piense que él ha llegado por los méritos de sus obras buenas anteriores a la gracia de la justificación que está en la fe.

Precisamente en esto pretendían los judíos ser superiores a los gentiles creyentes en Cristo, porque decían que ellos habían llegado a la gracia del Evangelio por los méritos de las obras buenas que hay en la Ley (Hechos 15:5); y, por eso, muchos que de ellos habían creído, se escandalizaban de que la gracia de Cristo fuera dada a los gentiles incircuncisos. Ved por qué el apóstol Pablo dice que el hombre sin las obras, pero las anteriores, puede ser justificado por la fe (Romanos 3:28).

En verdad, el que ha sido justificado por la fe, ¿cómo puede obrar después sino en justicia, aunque, sin haber obrado antes nada en justicia, haya llegado a la justificación de la fe no por el mérito de las obras buenas, sino por la gracia de Dios, que no puede ser estéril en él cuando él ya está obrando el bien por el amor? Y si llegase a morir inmediatamente después de haber abrazado la fe, la justificación de la fe permanece en él, no por las obras buenas anteriores, porque él ha llegado a la justificación no por mérito, sino por gracia; tampoco por las obras buenas siguientes, porque no se le permite vivir.

Por tanto, es evidente lo que dice el apóstol Pablo: Sostenemos que el hombre es justificado por la fe sin las obras, no en el sentido de que llamemos justo a aquel que ha vivido después de haber recibido la fe, aunque haya vivido en pecado.

Así pues, tanto el apóstol Pablo se sirve del ejemplo de Abraham (Romanos 3,21-4,25), porque él ha sido justificado por la fe sin las obras de la Ley que él no había recibido, como Santiago, porque demuestra que las obras buenas habían acompañado a la fe del mismo Abraham (Santiago 2,22), haciendo ver de qué modo hay que entender lo que el apóstol Pablo ha predicado.

2.La respuesta. En efecto, quienes opinan que esta tesis de Santiago es contraria ala otra del apóstol Pablo pueden pensar también que el mismo Pablo se contradice a sí mismo, porque dice en otro pasaje: Porque no basta escuchar la ley para estar a bien con Dios, hay que practicar la ley para ser justificados (Romanos 2:13). Y en otro lugar: sino la fe que obra por el amor (Gálatas 5:6). Y de nuevo: Si vivís según la carne, vais a la muerte; y al contrario, si con el espíritu dais muerte a las obras de la carne, viviréis (Romanos 8:13).

Y cuáles son las obras de la carne a que hay que dar muerte con las obras del espíritu, lo declara en otro pasaje, cuando dice: Las obras de la carne son manifiestas: las fornicaciones, las inmoralidades, el libertinaje, la idolatría, los maleficios, las enemistades, las discordias, las rivalidades, las disputas, los egoísmos, los partidismos, las envidias, las borracheras, las orgías, y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que obran tales cosas no poseerán el reino de Dios (Gálatas 5:21).

También dice a los Corintios: No os llaméis a engaño: los inmorales, idólatras, adúlteros, invertidos, sodomitas, ladrones, avaros, borrachos, difamadores y estafadores no poseerán el reino de Dios. Eso erais algunos antes; pero estáis lavados, pero estáis santificados, pero estáis justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6:9-11). Con estas sentencias enseña clarísimamente que ésos no han llegado a la justificación de la fe por las obras buenas pasadas ni se les ha dado esa gracia por sus méritos, cuando afirma: eso erais algunos antes, sino que cuando dice: los que obran tales cosas no poseerán el reino de Dios (Gálatas 5:21), deja bien claro que desde que han abrazado la fe deben producir obras buenas.

Lo cual afirma también Santiago, y el mismo apóstol Pablo insiste en multitud de pasajes abundante y formalmente que todos los que han recibido la fe en Cristo deben vivir correctamente para evitar los castigos. Que es también lo que el mismo Señor recuerda, diciendo: No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése entrará en el reino de los cielos (Mateo 7:21). Y en otra parte: ¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo? (Lucas 6:46) Y: Todo el que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parecerá a un hombre prudente que edificó su casa sobre roca, etc. Y el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parecerá a un hombre necio, que edificó su casa sobre arena, etc. (Mt 7,24-27)

En resumen: No hay contradicción en las afirmaciones de los dos apóstoles, Pablo y Santiago, cuando el uno dice que el hombre es justificado por la fe sin obras (Romanos 3:28) y el otro afirma que es inútil la fe sin obras (Santiago 2,20), porque el primero habla de las obras que preceden a la fe, y el segundo de las obras que siguen a la fe, como también el mismo Pablo enseña en muchos lugares. “

Obras Completas de san Agustín Tomo XL – BAC – Escritos Varios: 83 cuestiones diversas – páginas 266 a 270

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Imitadores de Dios

 Imitadores de Dios

“Porque Dios amó a los hombres, por amor a los cuales había hecho el mundo, a los cuales sometió todas las cosas que hay en la tierra, a los cuales dio razón y mente, a los cuales solamente permitió que levantaran los ojos al cielo, a quienes creó según su propia imagen, a quienes envió a su Hijo unigénito, a quienes Él prometió el reino que hay en el cielo, y lo dará a los que le hayan amado. Cuando hayas conseguido este pleno conocimiento, ¿de qué gozo piensas que serás llenado, o cómo amarás a Aquel que te amó antes a ti? Y amándole serás un imitador de su bondad. Y no te maravilles de que un hombre pueda ser un imitador de Dios. Puede serlo si Dios quiere. Porque la felicidad no consiste en enseñorearse del prójimo, ni en desear tener más que el débil, ni en poseer riqueza y usar fuerza sobre los inferiores; ni puede nadie imitar a Dios haciendo estas cosas; todas estas cosas se hallan fuera de su majestad. Pero todo el que toma sobre sí la carga de su prójimo, todo el que desea beneficiar a uno que es peor en algo en lo cual él es superior, todo el que provee a los que tienen necesidad las posesiones que ha recibido de Dios, pasa a ser un dios para aquellos que lo reciben de él, es un imitador de Dios.” (1)

Este texto pertenece a la Carta a Diogneto, la primera apología del cristianismo (que se conserva) dirigida a un gentil (probablemente al emperador Adriano). Una joya de la literatura patrística del siglo II, y sinceramente, mi favorita entre los escritos post-apostólicos. Entre tantas perlas que contiene, se encuentra esta que hemos leído: “no te maravilles de que un hombre pueda ser un imitador de Dios”. Anteriormente, más al comienzo de la carta, el autor deja bien en claro que Jesús no es una criatura especial, ni un ángel, ni una potestad celeste, sino que es el mismo Dios encarnado. Hablando de a quién envió el Padre, dice: “…no como alguien podría pensar, enviando a la humanidad a un subalterno, o a un ángel, o un gobernante, o uno de los que dirigen los asuntos de la tierra, o uno de aquellos a los que están confiadas las dispensaciones del cielo, sino al mismo Artífice y Creador del universo, por quien Él hizo los cielos…” (2) 

Maravillosa declaración de ortodoxia, el Padre eterno enviando a su Hijo eterno, Dios hecho hombre. Y es a este “Dios hecho hombre” al que se nos manda imitar. Si habéis leído el libro Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, lo comprenderéis mejor, y si no, es suficiente con el mandato de Pablo:

Efesios 4:31-5:2  “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.”

Elsed, pues, imitadores de DiosPablo lo coloca en un contexto de amor y misericordia, lo mismo que hace el autor de la carta a Diogneto. Perdonar a los otros como Cristo nos perdonó a nosotros, amar a los otros como Cristo nos amó a nosotros, esto es básicamente ser imitadores de Dios.

En el artículo anterior hablé de los “neo”: neo-pentecostales, neo-carismáticos y neo-reformados. En realidad, no son nada “nuevo” ni han traído mucho de “bueno” al cristianismo, pero sí han ayudado a la aparición de otro grupo: los “neo-ateos”. Estos, a diferencia de los simplemente “ateos”, son mucho más combativos, más organizados, más radicales y extremistas.

El ateísmo dice “Dios no existe”, el neo-ateísmo dice: “No hay que dejar que Dios exista”. Por lo que, en la mayoría de los casos, los neo-ateos no son personas que no creen en Dios, sino personas que están enojadas con Dios; y tal vez tengan razón de estarlo.

Este diálogo se produjo entre Felipe y Jesús:

Juan 14:8-11  Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?  ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

Más allá de la doctrina cristológica, y de la unidad de las Personas de la Trinidad que este texto encierra, hay otra enseñanza práctica para nosotros, la encontramos más adelante en el mismo texto, cuando el Señor Jesús les dice a sus discípulos:

Juan 14:20-23  En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.  El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?  Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

El Señor dijo que se manifestaría a nosotros no al mundo, ¿cómo? “vendremos a él, y haremos morada con él”, es decir: Dios en nosotros (por su Espíritu Santo).

Bien, ahora completemos el círculo con esta declaración de Pablo:

1 Corintios 11:1  Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

Recién dije que algunos neo-ateos  están enojados con Dios, y tienen razón de estarlo. Porque ellos rechazan “al Dios que ven en nosotros”. Nosotros somos la imitación y el reflejo de Cristo, y la imagen que el mundo tenga de Dios será la que vean en nosotros.

Jesús dijo que no se manifestaría al mundo sino a sus discípulos, y sus discípulos son los encargados de manifestar a Cristo al mundo, ¿cómo? Imitándole. Para hacerlo más gráfico, vamos a cambiar el diálogo entre Felipe y el Señor, y lo pondremos como un diálogo entre un ateo y un cristiano, sería más o menos así:

“El ateo le dijo: Cristiano, muéstranos a Dios, y nos basta. El cristiano le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Ateo? El que me ha visto como vivo, está viendo a Cristo; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos a Dios?  ¿No crees que yo soy en Cristo, y Dios en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre y el Hijo que moran en mí, se manifiestan en mis obras.  Creedme que yo vivo en Dios, y Dios en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.”

Esto que acabo de escribir no suena tan descabellado, si en primer lugar, no me confundes con uno de esos “nuevos apóstoles”  que enseñan que somos dioses o Jehová Junior -eso es herejía Y en segundo lugar, si recuerdas las palabras de Jesús que mencionamos anteriormente: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” Si Dios mora en nosotros, las palabras y las obras que digamos y hagamos serán un reflejo de Él; de esta manera Dios se manifiesta al mundo, de esta manera el mundo creerá en Él. Una cosa es creernos dioses y otra ser imitadores de Dios, lo primero huele a azufre, lo segundo, a ortodoxia.

Antes de lanzarnos ciegamente al ataque, como “los Vengadores de Dios”, contra el “ejército impío de ateos” que nos asedian, ¿por qué mejor no hacemos una auto-crítica y consideramos si el problema no somos nosotros, en vez de ellos? ¿Realmente somos imitadores de Dios? ¿Pueden ver los incrédulos a Cristo en nosotros? ¿Somos un fiel reflejo, o estamos distorsionando la imagen de Dios? ¿Los ateos están rechazando a Dios, o a la patética imagen que reflejamos de Él?

Y es aquí donde entran en juego los “neo” en sus diferentes ramas cristianas.

Me voy a poner en primer lugar. Si yo, como pentecostal, digo que en el culto el Espíritu “me toma” y comienzo a saltar como una rana, a gritar en lenguas como un desquiciado, a danzar como una especie de tornado por el salón… y entra un incrédulo…  ¿es esa la imagen de Dios que le estoy brindando? Y no me respondas con: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” [1Co 2:14] Porque precisamente Pablo nos dice a nosotros, que discernamos por el bien de los incrédulos: “Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?” [1Co 14:23] ¿Y qué les dice Pablo? ¿Que sigan hablando como un nido de cotorras, que no importa lo que digan los incrédulos porque, total, la gloria es para Dios? No, muy por el contrario, les dice: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete… pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz.”  [1Co 14:27,33]

No es en la confusión donde reflejamos a Dios, sino en la paz; no es actuando como locos sino como sobrios, que convenceremos al mundo de su locura.

Pero hay más, hay otros que son muy ordenados pero son tan intolerantes que no reflejan a Dios, sino a Terminator. A un ser que no puede ni reír ni llorar, que no siente gozo ni dolor, ni compasión. Un ser que si se lastima un ojo no grita, simplemente se lo quita y cambia por otro: “ese ojo salió de nosotros, pero no era de nosotros, hasta la vista baby”.

Y en esa especie de Teocracia apocalíptica, que pretenden imponer, el mundo se divide en dos: los malos y los buenos. Los malos, como se van a ir al infierno de todos modos, mejor si los acabamos antes, y los buenos (que son muy pocos, y son ellos) tienen derecho de imponer su criterio. Y es allí donde yerran gravemente: el cristiano no está para imponer sino para influenciar.

Porque ante la imposición de la religión se levantan las armas de la rebelión atea, pero ante la influencia del cristiano el mundo se desarma; no existen armas para combatir la compasión.

Personalmente me sería imposible ser ateo, porque he visto a Dios. Lo he visto reflejado en sus hijos, tuve la dicha desde que conocí el Evangelio, de rodearme de personas que aman a Dios y lo reflejan.
Reconozco que si alguien se convierte en cristiano, y comienza a ver la hipocresía de vida de los cristianos que le rodean, le será muy difícil permanecer, pues dirá: “si así son los hijos ¡cómo será el Padre!

La influencia es vital, tanto dentro de la iglesia como fuera. Nosotros somos el reflejo de Dios, que vive en nosotros por su Espíritu; somos imitadores de Cristo. Lamentablemente muchos de los que rechazan a Dios no lo están rechazando a Él, sino a la mala imagen que damos de Él: un dios neurótico, un dios intolerante, un dios insensible, un dios manipulador, un dios codicioso de dinero, un dios hipócrita, un dios inmisericorde…. lo que vean en ti.

Por último, releamos las palabras de la Carta a Diogneto: “Y amándole -a Dios- serás un imitador de su bondad… todo el que toma sobre sí la carga de su prójimo, todo el que desea beneficiar a uno que es peor en algo en lo cual él es superior, todo el que provee a los que tienen necesidad las posesiones que ha recibido de Dios, pasa a ser un dios para aquellos que lo reciben de él, es un imitador de Dios.”

Un ateo se puede burlar de tu fanatismo, de tu ignorancia, de tu arrogancia, o también de tus palabras, aunque sean ciertas. Pero hay algo de lo que nunca se podrá burlar, y es de tu amor y misericordia genuina. ¿Has visto a un ateo burlarse de un cristiano porque le da protección al huérfano, o a la viuda, o defiende al pobre? No tiene argumento contra eso, ¿recuerdan aquella vez que querían apedrear a Jesús en el templo, qué les dijo el Señor?

Juan 10:31-33 Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.  Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?
Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.

No tenían justificativo legal para apedrearle. No querían aceptar lo que Jesús decía, es cierto, pero tampoco podían condenarle por sus obras; y al final tuvieron que buscar testigos falsos para poder crucificarle ¡era irreprensible! Si se burlan de nosotros porque decimos que somos hijos de Dios, que se burlen, mientras vivamos como tales. Ahora, si se burlan de nosotros porque diciendo que somos hijos de Dios vivimos como hijos del diablo, nos merecemos la piedra.

Puede que me digas que el Evangelio no consiste en buenas obras, y que no somos “la casa de la caridad”, pero Jesús dijo:

Mateo 5:16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Queremos que Dios esté en las leyes civiles, que sus leyes estén en el gobierno secular, en la escuela, en la televisión, en la medicina, en la ciencia, en todos lados… menos en nosotros. Queremos imponer a Dios, no mostrarlo.

Ya tenemos suficientes casos, en tiempos pasados -tanto del lado católico como protestante- de lo desastroso que resulta el querer imponer a Dios construyendo una especie de Teocracia.

No deja de ser paradójico que Lutero y otros reformadores que predicaban la Sola Fe, no les alcanzara la Fe, y necesitaron del poder político y de la espada para imponerla.

Más aun, actualmente tenemos dos naciones que se creen con potestad divina para imponer su criterio, tristemente alentadas por muchos pastores: una es Estados Unidos y la otra el Estado de Israel. ¡Dios bendiga a América, Dios bendiga a Israel… y al que se oponga, un misil para él!

Lo peor es que hay cristianos que todavía apoyan esto. No me extraña que arrecien los ateos.

Por mi parte, y conforme a la Escritura, reconozco a un solo pueblo elegido, y es el que nos dice el apóstol Pedro:

1 Pedro 2:9  Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Sí, y ese pueblo es la Iglesia. ¿Has notado que dice para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó? ¿Y cómo las anunciamos? ¿Cómo se anuncia una virtud? Lo dice seguidamente,

1 Pedro 2:12  manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.

Mientras escribo esto, el sol se refleja en la ventana del edificio de en frente, no puedo ver la ventana (sé que está ahí porque ayer que estaba nublado la vi) hoy solo puedo ver el sol en ella y me deslumbra, es una potente imitación del sol. Que hermoso sería que los hombres vieran en nosotros el reflejo de Dios, y fuesen deslumbrados por Él.

  “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” Efesios 5:1

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos – 2017- ©

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Referencias:

(1) Carta a Diogneto 10– Alfonso Ropero, Lo Mejor de los Padres de la Iglesia

(2) Carta a Diogneto 7  –  Alfonso Ropero, Lo Mejor de los Padres de la Iglesia

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Conocimiento versus Amor – Un desafío Pentecostal

Si han leído el tratado anterior “Santidad versus Soberanía”, puede que a alguno le haya quedado la impresión de que era un ataque directo al “conocimiento”, o lo que sería equivalente: huele a anti-intelectualismo. Pero bastaría con echar una mirada al contenido de la biblioteca de Diarios de Avivamientos, y los artículos que hemos publicado, para desbaratar tal hipótesis; o disipar el mal olor de la ignorancia voluntaria, que es la ignorancia perniciosa y que trataremos en el presente artículo.

Uno de los problemas (graves) de las iglesias (muchas) carismáticas de hoy, es nuestro chamanismo espiritual, donde el emocionalismo es la “marihuana” que nos pone a todos contentos, y al fin y al cabo eso es lo que importa: sentirnos bien.

Como dice aquel viejo corito pentecostal: “Yo no sé a lo que tú has venido, pero yo vine a alabar a Dios”. Suena lindo, pero la base del culto no es “yo” sino “nosotros”. Es la asamblea, la iglesia, el cuerpo unido en un mismo sentir para alabar a Dios. Es como si el pie derecho le dijese al izquierdo “yo no sé para donde tú vayas, pero yo me voy para el sur”. Pues no, porque el culto es el Cuerpo de Cristo unido como Cuerpo, alabando a Cristo quien es su Cabeza. Y esto es así desde los tiempos de la iglesia primitiva, según el mandato de Pablo: “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros” [Romanos 12:15]

Es pues, el culto, básicamente unidad. Un único Dios, en Tres Personas, siendo verdaderamente adorado por una diversidad de personas unidas en una asamblea; que unidas espiritualmente junto a todas las demás asambleas universales, conforman un solo Cuerpo que es la única Iglesia verdadera.

El emocionalismo es a la Iglesia, lo que la marihuana al chamán: un psicotrópico. Por psicotrópico se entiende a aquella sustancia que actúa sobre el sistema nervioso central, lo cual trae como consecuencia cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento. Marihuana y Misticismo nunca han estado divorciados, los chamanes la han usado por siglos para producir trances y alteraciones de la percepción en sus rituales mágicos; emocionalismo al más puro nivel para seducir a las masas.

Y siendo que la obra del Espíritu Santo no produce meros “cambios temporales”, sino profundas transformaciones permanentes; yo no me atrevería nunca a defender un emocionalismo anti-intelectual, que es puro humo. Como tampoco me pasaría a la vereda de en frente, para defender un mero intelectualismo carente de emociones, pues no me llamo Microsoft ni Toshiba; y además me encuentro dentro de los que Pablo califica con capacidad de gozar y llorar.

Y si nunca has gozado o nunca has llorado en un culto, la próxima vez mira bien el letrero colgado en la entrada de donde te congregas, a lo mejor en vez de iglesia dice “laboratorio de criónica” (Criónica es la práctica de conservar personas o animales enfermos para los que hoy en día no existe cura, congelándolos en nitrógeno a una temperatura de -124ºC a -196ºC aproximadamente, con el fin de que en un futuro la ciencia pueda otorgarles una solución). Tal vez solamente te estén manteniendo congelado hasta la Segunda Venida de Cristo.

Bajo esa nube psicotrópica del emocionalismo, el bienestar individual parece ser lo único que cuenta: yo canto estas canciones, con este ritmo, porque “me gusta”. Yo danzo porque “me toma” el Espíritu. Yo “me caigo” al suelo porque “me soplan”. Yo “me río”. Yo “recibo” una doble porción. “Yo decreto” que este año será “para mí” el año de la cosecha… y yo no sé a lo que tú has venido, pero yo vine a pasármela bien.

Ante todo esto, yo “me enojo”. Y tal vez tenga, a diferencia de otros, el derecho de hacerlo. Pues soy pentecostal, por más de treinta años, y amo a este movimiento que en sus comienzos tenía por prioridad al “otro”, aunque ahora la prioridad sea “mi bienestar”. Yo soy un pentecostal que le habla a los pentecostales, no alguien que quiere pescar en río ajeno.

Claro que para ser justos habría que intentar diferenciar entre pentecostalismo histórico (un avivamiento enfocado hacia el evangelismo, las misiones y las obras de amor entre los marginados) y neo-pentecostalismo (enfocado en el “yo”, predicadores de la prosperidad y manifestaciones extravagantes), como también diferenciar entre calvinismo histórico (enfocado hacia el establecimiento de iglesias sólidas, las misiones y el desarrollo intelectual e investigativo) y los neo-reformados, (furiosos caza arminianos – obsesionados con los “pente” – muchos de ellos han salido de iglesias carismáticas con amargura y frustración no superadas – estás con ellos o contra ellos – intentan despegarse de los híper-calvinistas pero caen en el mismo fanatismo excluyente). Personalmente, el único Neo por el que he sentido algo de aprecio en mi vida ha sido por el de Matrix, y no sé qué habrá sido de él porque me quedé dormido a la mitad de la segunda película.

En la Iglesia sobran prejuicios y falta autocrítica. Es fácil para quien no es carismático criticar desde la ignorancia a los carismáticos; eso hace ganar adeptos entre los que son tan ignorantes como el que critica, o más, pues ya se sabe que en el país de los ciegos el tuerto es rey.

Hoy es suficiente con aprender cinco frases en alguna página “neo” y repetirlas hasta el cansancio. Y así como desde la ignorancia, unos suben a su muro de Facebook un meme que dice “Hoy Dios quiere derramar una lluvia de bendiciones sobre tu vida. ¿Cuántos dicen me gusta?” Otros, desde la misma cima de la ignorancia, suben uno que dice “Los arminianos son semipelagianos que niegan la soberanía de Dios”. Los primeros ignoran que tal vez la única lluvia que esté más próxima a caer sea una de fuego y azufre; y los segundos no saben diferenciar entre Pelagio, Arminio o Dios, porque no conocen a ninguno de los tres.

Autocrítica necesitamos. Juzgar con justo juicio y no según las apariencias; y cada uno en el lugar que Dios le puso. Abramos las ventanas para que se disipe la nube psicotrópica que nos mantiene atontados, y sentémonos con las Escrituras en mano para ver qué estamos haciendo bien o mal; pero en nuestra casa, no en la del vecino. Necesitamos juzgar si lo que está sucediendo en nuestras congregaciones es de la carne, del diablo o de Dios. Y sin importar quien se ofenda, tomar las medidas necesarias para que esto no termine desbordándose. Con seguridad, el que no se ofenderá será el Espíritu Santo, pues Él nos mandó: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” [1 Juan 4:1]

Creo que a veces el problema es más de cobardía que de ignorancia, miedo a aplicar la disciplina y el orden dentro de la iglesia. – “Pero ¿Cómo le voy a decir al hermanito que corre como un pollo sin cabeza por el culto, que se quede quieto y deje de hacer el ridículo? ¿Y si se va de la iglesia?” -Bueno, si se va de la Iglesia es porque es un egoísta que solo le importa su auto-satisfacción. Es mejor diez ovejas saludables pastando, que mil pollos sin cabeza corriendo por ahí.

Conocimiento de la Escritura necesitamos, y para ello hay que estudiar, como dijo Pablo: “y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” [2 Timoteo 3:15] Nótese, eso sí, que saber las Escrituras no te hacen salvo (Timoteo las sabía desde la niñez), sin embargo Pablo le dice que “te pueden hacer sabio para la salvación”. Saber es una cosa, ser sabio otra. Y aquí sí podríamos aplicar el texto: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica”. [1 Corintios 8:1] o como dicen algunas traducciones “el conocimiento hincha, o infla”. Uno puede crecer, o uno puede hincharse. Claro que nadie puede amar lo que no conoce, así que el amor y el conocimiento son complementarios no antagónicos. El conocimiento sin amor hincha, el conocimiento con amor edifica. El saber las Escrituras te pueden hacer sabio, si va a acompañado de amor.

Es curioso que, generalmente, los que más usan este texto para atacar el intelectualismo: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica”, son los que menos piensan en edificar a la iglesia. Porque más adelante, en la misma epístola, el apóstol dice: “Hágase todo para edificación” [1Co 14:26] y está hablando de dones y manifestaciones, pues en el siguiente versículo les dice a los que hablan en lenguas: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios.”

Aquí es donde se nos muestra el verdadero amor que edifica. En que si yo hablo en lenguas y no hay intérprete me callo, porque no edifica, y si no edifica no es amor.

Si yo tengo ganas de hacer el avioncito, girar como un ventilador de techo, o revolcarme como Heidi en la pradera por el suelo de la iglesia, porque la consigna es: ¡Alábale que Él vive! Sí, lo haré, pero lo haré en mi casa, en mi habitación, a solas con Dios; porque en el culto no edifica a nadie. Y el que hace algo pensando solamente en sentirse bien él mismo, es un egoísta o un exhibicionista; un metal que resuena, una lata que hace ruido, hincha pero no edifica.

Si miras atentamente la carta de Corintios, verás que el problema pasaba por el exhibicionismo de algunos, todos querían hacer de todo en el culto para mostrarse a sí mismos; por eso el apóstol se ve obligado a escribir en qué consiste el verdadero amor: el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido… y aquí lo más importante: no busca lo suyo. Porque así como el que tiene conocimiento, corre el riesgo de hincharse si no tiene amor; el que tiene dones o manifestaciones corre el riesgo de buscar lo suyo y no lo que edifica, y eso también es ausencia de amor.

Invertir en los maestros, necesitamos. Las iglesias pentecostales deben invertir recursos en preparar obreros, y esto implica invertir recursos económicos en ellos. Cuando la Biblia dice “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” [1 Corintios 9:14] no se está refiriendo solamente al pastor, sino a los maestros, evangelistas, etc. ¿Cómo es posible que un maestro de escuela bíblica tenga que costearse el transporte, el material didáctico y los libros? La iglesia debe proveerle los mejores recursos si pretende obtener el mejor rendimiento del maestro. Si usted no invierte nada especial en sus maestros, tampoco tiene derecho a esperar nada especial de ellos. Y así como usted no dejaría la salud de sus seres queridos en manos de cualquiera (seguramente buscaría al mejor especialista); de la misma forma, si usted dice amar a su iglesia no la deje en manos de cualquiera, no ponga a un neófito a dar clases. La salud espiritual de su iglesia depende en gran manera de sus maestros.

Hermanos, el saber y el amar no ocupan lugar. Así que no deberíamos tener miedo de desarrollar estas dos cosas al máximo de lo que podamos. Entre los católicos hay un dicho muy popular que dice: “católico ignorante, seguro protestante”. Ellos son bien conscientes del grave error que cometieron al mantener al pueblo en la ignorancia, cualquier iglesia protestante les puede arrebatar las ovejas. Pues bien, yo diría: “pentecostal ignorante, seguro neo-pentecostal extravagante” o lo que es igual de peor “pentecostal ignorante, seguro neo-reformado arrogante”.

Si usted como pastor o líder, en lugar del conocimiento sólido y estable de la Escritura usa el psicotrópico del emocionalismo, que produce efectos pasajeros que duran únicamente lo que dura el culto; no se queje después si a sus ovejas se las roban de la puerta del redil. Las emociones que sienten sus ovejas en el culto pueden ser muy intensas y pueden hacerlas regresar cada domingo (no es fidelidad es dependencia, necesitan otra dosis). Pero recuerde, les bastará experimentar una sola vez, en cualquier otro lugar, la genuina presencia de Dios, o la genuina predicación de las Escrituras, y lo abandonarán a usted y a sus coloridos y sonoros cultos sin dudarlo. Usted se quedará con la pandereta y otro se quedará con sus ovejas.

Los pentecostales no tenemos nada de qué avergonzarnos, tenemos una rica e inmensa historia de pioneros evangelistas, misioneros y mártires. Maravillosos testimonios de que Dios ha estado con nosotros, en nuestros hombres y mujeres que han ido hasta el fin del mundo llevando el Evangelio a los ignorados y marginados. América Latina ha escuchado en cada plaza, en cada pueblo y en cada suburbio, la predicación ardiente de un abnegado predicador pentecostal; y hemos sido testigos de ciudades enteras impactadas con campañas de avivamientos. Debemos preservar nuestro legado, hay mucho pueblo, muchos jóvenes, muchas mujeres que como en ningún otro lado se han involucrado activamente en la obra; no dejemos que los lobos arrebaten y dispersen, ni que los cerdos pisoteen nuestros labrados. Velemos y seamos sobrios. Seamos pues, varones y mujeres llenos del Espíritu Santo, de amor y de conocimiento.

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos ©
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Emocionalismo en la Iglesia – Conocimiento versus Amor

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Santidad vs. Soberanía

¿Por qué tenemos miedo de enfatizar la santidad? Esta es la pregunta que intentaremos responder, o mejor dicho “respondernos”, si es que logramos por un lado ser sinceros, y por otro evitar los fanatismos que nos llevan a cercenar aquel extremo al que tememos; ignorando que juntamente con él estamos arrancando el centro (que es donde deberíamos estar) lo que da por resultado que nos refugiemos en el extremo opuesto, que es igualmente malo.

Primeramente, debemos reconocer que es más fácil predicar sobre predestinación, libre albedrío, expiación, justificación, perseverancia, apostasía, dones, ministerios, escatología… que sobre santidad. Porque para los primeros puntos puedo usar mi Biblia intentando demostrar que tengo razón, en cambio para el último, debo usar mi vida para dar validez a lo que digo.

Siendo, pues, más fácil enseñar con la Biblia que enseñar con la vida, internet se ha convertido en la más grande escuela de teología de los últimos años; donde uno puede hablar como un ángel virtual y vivir como un demonio real, y tranquilo, nadie lo descubrirá. En esta “escuela de teología”, que es internet, cada uno demuestra lo mucho que sabe y esconde lo poco que vive; la materia “intimidad con Dios” no forma parte del currículum académico.

Esto nos lleva al siguiente razonamiento: el problema de la Iglesia actual no es de doctrina correcta sino de vida correcta. No es la mera falta de conocimiento, es falta de deseos de poner por obra lo que ya conocemos, y conocemos de sobra. No es ausencia de buena teología, es ausencia de buenos ejemplos. No necesitamos más teólogos, necesitamos más santos. Y aunque lo dicho pueda sonar a demagogia no lo es. Los que afirman que la crisis de la Iglesia, en la actualidad, se debe a un problema de “ausencia de correcta doctrina” están torciendo la realidad para su propio beneficio, quieren traer agua para su molino, nada más.

Nunca en la historia de la Iglesia, los recursos teológicos, la literatura cristiana y la enseñanza bíblica han alcanzado los niveles de acceso como en la actualidad; el que no aprende es porque no quiere, no porque no puede. Estamos sobresaturados de información, y tenemos recursos académicos que no terminaríamos de asimilarlos aunque Dios nos diese el don de Matusalén.

En los países de Latinoamérica el analfabetismo se ha reducido grandemente, la inmensa mayoría puede leer un libro, un tratado, o un sermón impreso y entenderlo medianamente. Y por si esto fuera poco, hay radios cristianas que llegan a la mayoría de los sitios donde no llega la TV cristiana, o internet. Lo dicho, ni en cien vidas podremos asimilar todos los recursos que tenemos a mano.

¿Que el evangelio de la prosperidad ha causado destrozos en Latinoamérica? Sí, pero no más de lo que ha causado en EEUU. ¿Y el problema es doctrinal? No. Los líderes que predican este falso evangelio no son personas ignorantes, tienen acceso a todo tipo de recursos para conocer la verdad. ¿Y los que lo siguen? También.

Son líderes corruptos (no en doctrina sino en vida) que tuercen las Escrituras (voluntariamente) para satisfacer su carnalidad (falta de santidad).

¿Y los que siguen a estos líderes? Dejemos que sea la Biblia quien responda:

2 Timoteo 4:3,4 Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos.

Estas personas, aunque tuviesen por maestros a Lutero, Calvino, Arminio o Jonathan Edwards y aunque les predicasen John Wesley, Spurgeon o Moody, ¡no soportarían la sana doctrina! Sencillamente no han muerto a sus propios deseos, y van a ir a buscar en otra parte la “doctrina” que se acomode a sus pasiones. No sufren ausencia de verdad, sino ausencia de amor por la verdad. Han aborrecido lo que conocían, pues se cansaron de ello, y han corrido detrás de otros amantes que les ofrecen “mayores placeres”.

En la naturaleza no se ha visto ovejas defendiendo a lobos, sin embargo en la Iglesia esto es asombrosamente frecuente, ¿por qué? Porque una oveja que vive en santidad buscará un pastor que viva en santidad, pero una oveja que piensa que la santidad es una opción y no un mandato terminará siguiendo al lobo; porque los lobos viven muy bien, van a donde quieren, hacen lo que les da la gana y satisfacen todas sus pasiones bajo la romántica luz de la luna. A las ovejas les está deslumbrando la vida de los lobos y quieren imitarlos.

Es interesante que siempre que usamos el texto: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento,”  lo desconectamos de su contexto. Este pasaje está en el libro de Oseas donde Dios acusa a Israel, en todo el contexto: de adúltera. Y adúltera es alguien que después de conocer a su marido conoce a otros amantes. “y se iba tras sus amantes y se olvidaba de mí, dice Jehová.” [Oseas 2:13] Y observen por qué razón los castigaría Dios: “Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras.” [Oseas 4:9] El problema de Israel no era desconocer la Ley, sino ser infiel, mala conducta y malas obras, eran iguales a sus sacerdotes. “No piensan en convertirse a su Dios, porque espíritu de fornicación está en medio de ellos, y no conocen a Jehová.” [Oseas 5:4] Observen que el problema no era de doctrina correcta [ignorancia bíblica] sino de vida incorrecta [adulterio y fornicación espiritual] Y a menos que alguien me pueda demostrar que el adulterio se comete por ignorancia y no por voluntad propia; no tengo razones para creer que el problema de la iglesia es por falta de conocimiento intelectual, y no por obstinada rebeldía.

Pero que nadie se confunda, estas personas, aunque abracen la “doctrina correcta”, será solo como un abrigo que se ponen encima para cubrir su “vida incorrecta”.

Hubo un tiempo en la Historia de la Iglesia, que para ser aceptado en la sociedad había que ponerse el “manto de la doctrina católica”, y todo el que lo tenía puesto, podía moverse y vivir tranquilamente. Bueno, esto no pasó solo con el catolicismo, también con el luteranismo y productos derivados.

Hoy te preguntan ¿eres calvinista o arminiano? Y depende del manto que te pongas, serás aceptado o rechazado de entrada en los más pintorescos grupos de “mega-súper-ultra-híper-sana-doctrina” que pululan por ahí. Eso sí, esa pregunta la he sufrido, pero nunca, nunca nadie me confrontó con la pregunta ¿vives en santidad? o ¿eres limpio de manos? o ¿eres puro de corazón? o ¿el pecado se enseñorea de ti? o ¿experimentas diariamente la victoria sobre el pecado? Y no para importar tanto la respuesta como la sinceridad.

No, lo primero que cuenta es mi postura teológica, si les satisface la respuesta soy bienvenido, y si soy bueno para refutar a los del bando contrario soy más bienvenido todavía. ¡Como si creer en tal o en cual postura teológica automáticamente me hiciese santo! Si el diablo escribiera libros de teología, todos los teólogos actuales tendrían que ganarse la vida haciendo otra cosa, él acabaría con todos los teólogos de un plumazo. Los libros de teología, del diablo,  serían best seller, y él ocuparía el lugar principal en los carteles de “conferencias sobre sana doctrina”, porque nadie le preguntaría como vive, se quedarían maravillados con su elocuencia y retórica.

“Es mejor guardar silencio y ser, que hablar y no ser. Es bueno enseñar, si el que habla lo practica.”  (Carta de Ignacio de Antioquía a la Iglesia de Éfeso)

No aprendemos de los errores de la historia, estamos volviendo a lo mismo. Hoy la supervivencia de la Iglesia pareciera depender de cuántos más logramos poner bajo nuestro manto doctrinal, es lo único que nos importa.

Podemos gastarnos millones haciendo “Conferencias de sana doctrina”, aplaudiéndonos unos a otros, alabándonos por nuestra erudición; y creernos que con eso estamos salvando a la Iglesia. ¿Pero dónde se están produciendo los mayores avivamientos en la actualidad? No lo sabemos, y no lo sabemos porque ellos no pueden anunciar sus cultos por facebook o en sus sitios web, no pueden hacer magníficas conferencias, ni siquiera pueden poner un cartel en la puerta que diga: Iglesia.

Los mayores avivamientos se están produciendo en donde la Iglesia es perseguida, en países asiáticos y en el mundo gobernado por el Islamismo. ¿Y quiénes son los líderes de estos avivamientos? ¿Son egresados de los grandes y reputados Seminarios Teológicos? ¡No! Estos avivamientos demuestran la falacia de que el problema de la iglesia es de doctrina. Y seamos honestos: aquellos que afirman que la Iglesia necesita una nueva Reforma, y que esta Reforma consiste en que Latinoamérica abrace una determinada postura doctrinal ; están errados y viviendo solamente un amor de verano. ¿Por qué no hablan de los avivamientos en la iglesia perseguida? Precisamente porque no están siendo liderados por sus teólogos, sino por líderes que “solo tienen” una Biblia, sus rodillas, y eso sí, una vida irreprensible.

Latinoamérica necesita, hoy más que nunca, líderes que vivan en santidad; que puedan pararse y decir “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo” [1Corintios 11:1]

Enseñar las doctrinas de Pablo no significa imitarle, eso es solo una parte, una parte muy pequeña.

¿Más claro todavía? “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.” [Filipenses 4:9]  Decir o repetir como un loro la doctrina de Pablo no te hará ser como él, por eso no dice “esto decid” o esto “repetid” o “dad cátedra sobre esto”; sino que dice “esto haced”.

Santidad es la doctrina puesta por obra, no meramente escrita en un libro que asombre por su erudición; sino escrita en nuestros corazones y que alumbre a los que contemplen nuestro vivir.  Sigamos con Pablo y los corintios…

1 Corintios 2:4-5 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.  Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado... y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”

Creo que Pablo no nos dejó en sus epístolas ni el 10% de lo que sabía, él fue llevado al tercer cielo “donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.” [2 Corintios 12:4]  Aun así, él dice que se limitó a saber una cosa: “a Jesucristo, y a éste crucificado” y que su predicación fue “con demostración del Espíritu y de poder”. ¿Y cuál fue la demostración de poder? La que les dice más adelante, en la misma carta: “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo” [1Corintios 11:1] En resumidas cuentas les dice: Yo sé más que ninguno de vosotros, pues he sido llevado al cielo y he visto cosas que no ha visto nadie. Pero a una sola cosa me limito, a Jesucristo crucificado, y a Él imito; y eso se lo he demostrado a ustedes, cómo con el poder del Espíritu me niego a mí mismo. Ustedes tienen que imitarme a mí, tomando su cruz y negándose a sí mismos por el poder del Espíritu.

“La predicación crucificada solamente puede venir de un hombre crucificado.”     (El Predicador y la Oración – E. M. Bounds)

Por eso es fácil repetir las palabras de Pablo, y relativamente fácil enseñar las enseñanzas de Pablo, pero extremadamente difícil vivir la vida de Pablo. Porque toda su vida se resume en “negarse a sí mismo”, eso es santidad. Y muchos quieren tener el conocimiento de Pablo, pero no todos quieren tener la negación de Pablo. Si no fuera por los corintios, nunca nos hubiésemos enterado que Pablo fue llevado al tercer cielo: “Me he hecho un necio al gloriarme; vosotros me obligasteis a ello”, les recrimina Pablo después de contarles tal experiencia. ¿Pueden comprender esto? El gran apóstol Pablo se negó a enseñar todo lo que realmente sabía, porque prefirió que ellos vieran su vida y lo tomaran de ejemplo, se puso delante de ellos y les dijo: miren como vivo, y hagan lo mismo. Esta es la más sublime de las cátedras y el más excelso de los doctorados: sed imitadores de mí como yo de Cristo, y no del Cristo que vio en la Gloria del Cielo, sino del Cristo crucificado.

“Porque los gentiles, cuando oyen de nuestra boca las palabras de Dios, se maravillan de su hermosura y grandeza; pero cuando descubren que nuestras obras no se corresponden a las palabras que decimos, inmediatamente empiezan a blasfemar, diciendo que es un cuento falaz y un engaño.”  (2 Clemente 13 – Lo Mejor de los Padres de la Iglesia – Alfonso Ropero)

Por eso decía al principio, que es más fácil predicar y discutir sobre aquellas cosas en las cuales no tenemos que poner nuestra vida como testigo. Y sino, ¿por qué creen ustedes que la predestinación es el tema más discutido por los jóvenes en internet? Porque el punto de mira lo llevamos hacia Dios, en que si Él predestinó, o no. Allí interviene mi mente y mi habilidad retórica, mi vida queda escondida detrás de la “sana doctrina”.

¿Y la pureza sexual, de no ver cosas sensuales en internet, de no tocar a mi novia más allá de lo que es puro y visible a todos? Hablemos de ello. ¿Y la pureza de ojos, de no ver películas, ni series de televisión, ni novelas donde se exalta el libertinaje, la inmoralidad, el adulterio, la mentira, la codicia, donde las enseñanzas bíblicas son subliminalmente o evidentemente ridiculizadas? Hablemos de ello. ¿Y la pureza de oídos, de no oír música secular que exalta al “amor libre” y al desenfreno de la carne, o que exalta al ego y al diablo? Hablemos de ello. ¿Y la pureza en lo material, de no gastar en nosotros más que lo que es necesario, para que sobreabunde para compartir con el pobre? Hablemos de ello. ¿Y la sencillez y castidad al vestir? ¡Hablemos de ello! No digo que la mujer no pueda ponerse un pantalón, pero lo que hoy usan para ir al culto no es un pantalón ¡es un adhesivo!   Pero, no veo muchas conferencias sobre estos temas.

“Tenga cuidado de sí mismo porque usted, igual como los demás, tiene un alma que ganar o perder. Usted pudiera predicar el evangelio y aún guiar a otros hacia Cristo, pero sin santidad usted jamás será salvo” (Richard Baxter – El Pastor Reformado)

Si hablas de la vida correcta, seguramente serás tildado de legalista. Pues hasta donde yo sé, no estamos sin ley, vivimos bajo la ley de Cristo, al menos eso dice Pablo: “no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo” [1 Corintios 9:21] Así que si el vivir bajo la ley de Cristo es para algunos legalismo, bueno, que así sea, legalista somos.

Me duelen mucho las repetidas meteduras de pata de Jesús Adrián Romero (por mencionar uno de tantos) las cuales son representadas en caricaturas, memes, vídeos, y son la comidilla de todos. Sin embargo, un líder como Sproul Jr. tuvo que ser apartado de su ministerio, después de que se descubrió que su nombre estaba en una página de citas de adulterio (y él lo reconoció después de ser descubierto), y muchos se apresuraron a salir a defenderlo y a solidarizarse con él; o sinceramente no hicieron correr la noticia. ¿Por qué? Ah! porque según sus defensores tiene la doctrina correcta. Bueno, pero no tiene la vida correcta. ¿Se dan cuenta como justificamos a alguien porque tiene, según nosotros, la doctrina correcta; aunque lleve una vida incorrecta? Esa es nuestra percepción, de que la santidad es secundaria ¡lo importante es la doctrina! Pues bien, el apóstol Pedro dice que una de las características de los falsos maestros es que “tienen los ojos llenos de adulterio” [2Pe 2:14]

No condeno a nadie con esto, solo quiero hacerte ver cómo hacemos acepción de personas en nuestro juicio cuando se trata de Jesús Adrián Romero (u otro del grupo “contrario”) o R. C. Sproul Jr. (u otro si es de los “nuestros”). Si está bajo nuestro manto doctrinal lo cubrimos para que no se vean sus faltas, si está en el bando contrario, tiramos del manto para que quede al descubierto su desnudez.

Hebreos 12:14  Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Puedes tener la doctrina correcta, pero si tienes la vida incorrecta no verás al Señor.

“Hay muchos predicadores que están ahora en el infierno, quienes advertían muchas veces a sus oyentes de la necesidad de escapar de él. ¿Acaso espera que Dios le salve a usted por haber ofrecido el evangelio a otros, mientras que usted lo rechaza? Dios nunca prometió salvar a los predicadores, sin importar cuán dotados fuesen, a menos que ellos fueran convertidos. Ser inconverso es terrible, pero ser un predicador inconverso es mucho peor. ¿Acaso no tiene miedo de abrir su Biblia y leer acerca de su propia condenación?…  Cuán trágico es morir de hambre teniendo el pan de vida en las manos y animando a otros para que coman de él. Si esto es verdad acerca de usted, entonces le aconsejo que se predique a sí mismo antes de continuar predicando a otros. ¿Acaso le ayudará en el día del juicio decir: “Señor, Señor, he predicado en tu nombre”, solamente para escuchar las terribles palabras “apártate de mí, no te conozco”? Le aconsejo que confiese sus pecados delante de su grey y les pida que oren por la conversión de su ministro.”  (Richard Baxter – El Pastor Reformado)

El título de este artículo es Santidad versus Soberanía. ¿Por qué? Al parecer, algunos tienen miedo de enfatizar la santidad, pues se convertiría en algo así como una obra nuestra; de la cual podríamos jactarnos y atentar contra la Soberanía de Dios. Tengo malas noticias para ellos…

1 Tesalonicenses 4:3 Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación.   [Biblia de las Américas]

Esa palabra “voluntad” puede traducirse también como “determinación”, “elección” o “decreto”… así que, ya que a algunos les gusta tanto estos términos pueden aplicarlos a su vida diaria, nada exalta más la Soberanía de Dios que la Santidad. Estás determinado y elegido para vivir santamente, así que este es un buen modo de saber si estás dentro de los elegidos: si vives como los tales.

Oseas 14:9  ¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa? Porque los caminos de Jehová son rectos, y los justos andarán por ellos.

No puedes afirmar que eres justo [justificado] y andar en caminos torcidos. Los caminos de Dios solo son de una manera: rectos, y son los justos los que andan por ellos. Tu caminar descubre si eres justificado o no. Tan cierto es que Dios escribe derecho en renglones torcidos, como que no puede ser letra de Dios si está torcida. Ninguno de nosotros somos perfectos, pero Dios puede hacernos caminar en rectitud; si caminamos torcido es por nuestra propia voluntad y no por culpa de Dios.

“La Biblia deja claro que aquellos cuyas vidas no han sido cambiadas nunca han sido convertidos”   (Richard Baxter – una invitación a vivir)

No tienes que elegir entre santidad o doctrina, los burros no son santos ni los santos burros.  Mira lo que dice Pablo sobre las condiciones para ser obispo…

Tito 1:7,8,9 “Porque el obispo debe ser irreprensible como administrador de Dios, no obstinado, no iracundo, no dado a la bebida, no pendenciero, no amante de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amante de lo bueno, prudente, justo, santo, dueño de sí mismo, reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen.”

Solamente mira con atención en qué orden Pablo, o mejor dicho el Espíritu Santo si realmente crees que es Palabra no de hombres sino de Dios, pone la santidad y la doctrina. Pues en ese orden deberías esforzarte en caminar si quieres ser un ministro de Dios. Y es de acuerdo a este mismo orden, por el que deberías respaldar o no a un líder cristiano. Para ser honesto, y usando teología de barrio, me importa un santo pepino cuánto alguien sabe de griego o de predicar expositivamente; lo primero que considero es si su vida es santa. Bueno, San Agustín se lo dijo con otras palabras a aquellos cristianos que estaban aferrados a este mundo…

No pregunto por lo que dicen sino por cómo viven” ( Agustín – Sermón nº 3 – Agar e Ismael)

Cuando yo era católico, me enseñaban que los sacramentos impartidos por las manos del sacerdote eran puros aunque esas manos fuesen impuras. Lo que equivaldría a decir: si su doctrina está bien no juzgues su vida, haz lo que dice y no lo que hace. Pues bien, eso es basura, todo lo que toca una mano impura lo torna impuro. Si tú no vives santamente, tu sana doctrina se convierte en doctrina enferma, pues si no puede sanarte a ti mucho menos a otros.

1 Juan 2:4-6  “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”

Queridos hermanos y hermanas, no se sacrifica la santidad en nombre de la misericordia. Es decir, ser compasivo y misericordioso con el hermano o el líder que cae, o que se desvía, no significa que tengamos que bajar el listón de la santidad. Los líderes deben ser irreprensibles, los que dicen conocer a Dios deben poner por obra sus mandamientos, pues la verdadera doctrina es inseparable de la santidad. Nadie que no viva en santidad está en la verdad, no importa cuánto deslumbre con sus palabras o retórica; la santidad no es secundaria, no es una opción, no es un adorno a la doctrina, es la verdadera doctrina. Nuestra santidad no compite con la Soberanía de Dios, la santidad es la Soberanía de Dios obrando en nuestras vidas de manera visible.

“Es extraño ver como algunos predican muy cuidadosamente, pero viven descuidadamente. Debemos tener mucho cuidado de ser hacedores de la palabra y no solamente “habladores”, engañándonos a nosotros mismos. Debemos ser tan cuidadosos acerca de nuestra forma de vivir, tal como somos cuidadosos para predicar. Si deseamos ganar almas, entonces ésta será nuestra meta, tanto cuando estamos en el púlpito, como cuando estamos fuera de él. Sea diligente para usar toda su vida para Dios y no simplemente su lengua.”   (Richard Baxter – El Pastor Reformado)

La santidad es confirmar con nuestra vida lo que decimos con nuestros labios: “el que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”.

 

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos.

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¿Eres un cristiano Anímico o Espiritual?

Estamos seguros que esta enseñanza te será de gran ayuda para superar tus altibajos en la vida cristiana. Es un concepto fundamental, no puedes ignorarlo: ¿estás viviendo continuamente en la presencia de Dios o solo la experimentas de vez en cuando? Te rogamos que te tomes el tiempo para ver este vídeo, valdrá la pena, son las viejas enseñanzas que ya casi no se escuchan predicar ¿Por qué? Porque para predicar sobre dinero, prosperidad, materialismo y humanismo, es suficiente con que cada uno predique de su corazón natural, pues de la abundancia del corazón habla la boca. Pero para predicar sobre santidad es necesario llevar una vida santa que haga que la Palabra de Dios sea verdad en tu boca, como la viuda de Sarepta le dijo a Elías: Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.  (1 Reyes 17:24)

También te animamos a descargar estas tres breves enseñanzas [en español] del hermano Zac Poonen. [Hacer clic en la imagen]

Avivamiento Falsificado

El verdadero Evangelio y el falso

Un mensaje claro del evangelio

Tomados de www.cfcindia.com

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John Wesley y la justificación por fe.

 

Mientras el barco se aleja de América, el corazón del joven John Wesley se agita con espanto al descubrir que, aunque él era un ministro ordenado, un predicador que regresaba de un arduo viaje misionero; había pretendido convertir a otros no estando él mismo convertido.

“Al ver que los temores sin fundamento de no sé qué peligro desconocido (el viento estaba calmado y el mar tranquilo) que me habían afectado por varios días iban en aumento, clamé fervientemente por ayuda. De inmediato, Dios le devolvió la paz a mi alma. Sobre este punto debo advertir: 1) Que no debo olvidar ni uno de esos instantes, hasta obtener otra clase de espíritu, un espíritu que glorifique a Dios igualmente en la vida que en la muerte. 2) Que quien sea que tenga angustia en cualquier situación (exceptuando únicamente el dolor corporal) lleva en sí la prueba de que todavía es un incrédulo. ¿Le tiene el miedo a la muerte? Entonces no cree que el morir es ganancia. ¿Teme en cualquiera de las instancias de la vida? Entonces no tiene una firme convicción que todas las cosas le ayudan a bien. Y si trata el asunto más de cerca, siempre encontrará, junto a la falta de fe, que cada inquietud se debe evidentemente a otra falta de carácter cristiano.” (Diario de John Wesley – Tomo I – miércoles 28 diciembre 1737)

Este misionero había ido a predicar a otros lo que él mismo no creía:

“Fui a América a convertir a los indígenas. Pero, ay, ¿quién me convertirá a mí? ¿Quién, quién me librará de este corazón perverso e incrédulo? Tengo una religión de verano. Puedo hablar bien, y hasta creer, mientras no hay peligro cerca; mas que la muerte me mire a la cara, entonces mi espíritu se perturba. Tampoco puedo decir, «porque para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia»” (Diario de John Wesley – Tomo I – martes 24 enero 1738)

“Hace ya dos años y casi cuatro meses desde que dejé mi país natal para ir a enseñar el cristianismo a los indígenas en Georgia. ¿Pero qué he aprendido mientras tanto? Porque (lo que yo menos sospeché) fui a América a convertir a otros, cuando yo nunca me había convertido a Dios.”

“¿Han leído ellos filosofía? También yo. ¿En idiomas antiguos o modernos? También los he leído. ¿Conocen la ciencia de la teología? También la he estudiado por muchos años. ¿Pueden hablar con fluidez sobre asuntos espirituales? Yo también puedo hacer lo mismo. ¿Han sido generosos con sus dádivas? Yo reparto todos mis bienes para dar de comer a los pobres. ¿Dan ellos de su trabajo tanto como de sus bienes? Yo he trabajado mucho más que todos ellos. ¿Están dispuestos a sufrir por sus hermanos? Yo he abandonado mis amigos, reputación, tranquilidad y país. He puesto mi vida en mi mano, recorriendo tierras extrañas, he entregado mi cuerpo para ser devorado y quemado por el intenso calor y consumido por el trabajo y la fatiga y por todo aquello que Dios tendría a bien poner sobre mí. ¿Pero es que todo esto me hace (sea más o menos, no importa) aceptable delante de Dios? ¿Acaso todo lo que hice o pueda saber, decir, dar, hacer o sufrir me justifica ante su presencia? Más aún, ¿me justifica el uso constante de todos estos medios de gracia? (que, sin embargo, es digno, justo, y nuestro obligado servicio). ¿O me justifica el que de nada tengo mala conciencia, o que en lo externo y en lo moral soy intachable? O (para acercarme aún más) ¿me justifica tener una convicción racional de todas las verdades del cristianismo? ¿Me permite todo esto reclamar lo santo, lo celestial, el carácter divino de un cristiano? De ninguna manera. Si los oráculos de Dios son verdaderos y si nos gobernamos por la ley y el testimonio, todas estas cosas, ennoblecidas por la fe en Cristo, son santas, justas y buenas; pero sin ella son basura y escoria que esperan solamente ser echadas en el fuego que no puede ser apagado.”  (Diario de John Wesley Tomo I – 1 febrero 1738)

A pesar de llevar una vida irreprensible, el joven Wesley reconoce que…

“Esto entonces lo he aprendido en los confines de la tierra, que estamos destituidos de la gloria de Dios, que todo mi corazón se ha corrompido e hizo abominable maldad, y consecuentemente mi vida entera (no puede el árbol malo dar fruto bueno) está apartada de la vida de Dios. Soy un hijo de la ira y heredero del infierno; mis propios esfuerzos, sufrimientos y justicia están lejos de poder reconciliarme con un Dios ofendido. También lejos de poder expiar estos pecados que si los enumero se multiplican más que los cabellos de mi cabeza. Hasta los más aceptables de ellos necesitan ser expiados, o no pueden resistir su justo juicio. Pero teniendo sentencia de muerte en mi corazón y no teniendo nada en mí o de mí que me justifique, no tengo esperanza, sino la de ser libremente justificado mediante la redención que es en Cristo Jesús. No tengo esperanza sino de buscar y encontrar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.”    (Diario de John Wesley Tomo I – 1 febrero 1738)

¿Y cual era la fe anhelaba tener?

“La fe que necesito «es esperanza y confianza segura en Dios, que a través de los méritos de Cristo mis pecados son perdonados y yo reconciliado en la gracia de Dios.»… Deseo esa fe que nadie puede tener sin saber que la posee (aunque muchos se imaginan tenerla, pero no la tienen)”. (Diario de John Wesley  Tomo I – 1 febrero 1738)

De su encuentro con Peter Böhler y la convicción de pecado que comienza a experimentar…

“Encontré a mi hermano en Oxford recuperándose de su pleuresía y acompañado de Peter Böhler. Por este último (en manos del gran Dios) quedé el domingo 5 claramente convencido de mi pecado de incredulidad, y de mi falta de esa fe por la que somos salvos, con una salvación cristiana completa.
Inmediatamente pensé: «Deja de predicar. ¿Cómo puedes predicar a otros si tú mismo no tienes fe?» Le pregunté a Böhler si él pensaba que debería de dejar de predicar o no. El contestó: «De ninguna manera.» Le pregunté: «¿Pero qué puedo predicar?» El dijo: «Predica la fe hasta que la obtengas y entonces, porque la tienes, predicarás la fe.»
Por tanto, el lunes 6 comencé a predicar esa nueva doctrina, aunque mi alma rechazaba la tarea.” (Diario de John Wesley – Tomo I- sábado 4 de marzo 1738)

“Me encontré una vez más con Peter Böhler. Ahora yo no tenía objeción a lo que él dijo sobre la naturaleza de la fe, por ejemplo, que es (usando las palabras de nuestra Iglesia), «La verdadera confianza y seguridad que tiene un hombre en Dios, que a través de los méritos de Cristo sus pecados son perdonados y él reconciliado por la gracia de Dios.» Tampoco puedo negar la felicidad o santidad que él decía eran fruto de la fe verdadera. De lo primero me convencieron los pasajes: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» y «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo». De lo segundo: «Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado» y «Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios». Pero no pude comprender a lo que él se refería al hablar sobre «una obra instantánea». No pude entender cómo esta fe podría darse en un momento dado, cómo puede alguien de repente cambiar de la oscuridad a la luz, del pecado y miseria a la justicia y al gozo en el Espíritu Santo. Busqué en las Escrituras sobre este mismo tema, particularmente en Hechos de los Apóstoles. Pero para mi sorpresa encontré muy pocas referencias de conversiones que no fuesen instantáneas. Y ninguna como la de San Pablo, quien estuvo tres días en los tormentos del nuevo nacimiento. Me quedaba solamente un refugio, decir: «Entonces doy por sentado que Dios obró así en las primeras etapas del cristianismo; pero los tiempos han cambiado. ¿Qué razones tengo para creer que ahora obra de la misma manera?» Pero el domingo 23 de abril, ese refugio no me sirvió más, por la coincidente evidencia de varios testimonios vivientes, quienes testificaron que Dios había obrado en ellos, dándoles en un momento tal fe en la sangre de su Hijo que los trasladó de la oscuridad a la luz, librándoles del pecado y del temor y llevándoles hacia la santidad y felicidad. Aquí terminó mi discusión. Solamente pude ahora clamar, ¡Señor, ayuda mi incredulidad!
Le pregunté a Peter Böhler otra vez si no debía de «abstenerme de enseñar a otros». El respondió, «No, no escondas bajo tierra el talento que Dios te ha dado.»” (Diario de John Wesley – Tomo I – abril 1738)

Wesley recuerda cómo, hasta entonces, se había considerado un “buen cristiano” y confiaba en sus buenas obras para ser acepto delante de Dios:

“En 1730 comencé a visitar las prisiones, ayudando a los pobres y enfermos del pueblo y haciendo todo el bien que pude con mi presencia o mi pequeña fortuna a los cuerpos y almas de todos. Hasta hoy me despojo de todas las superficialidades y muchas otras que son llamadas necesidades de la vida. Pronto me convertí en refrán de burla por hacer esto y me regocijé que mi nombre fue desechado como malo. A la siguiente primavera empecé a practicar los ayunos de los miércoles y los viernes, como en la iglesia primitiva, sin probar alimento hasta las tres de la tarde. Y ahora no sabía cómo seguir más adelante. Diligentemente luché contra toda clase de pecado.
No omití clase alguna de negación que la ley me pareciera permitir. Cuidadosamente usé, tanto en público como en privado, todos los medios de gracia en todas las oportunidades. No omití ocasión alguna para hacer el bien.
Por esta razón sufrí todo mal. Y todo esto sabía que de nada valía a no ser que estuviera dirigido hacia la santidad interior. Por tanto, la imagen de Dios fue mi blanco en todo momento, el hacer su voluntad y no la mía. Empero cuando, después de continuar algunos años en este camino, temí estar cerca de la muerte, no encontré que todo esto me diera consuelo, ni ninguna seguridad de la aceptación divina. Esto me sorprendió, sin imaginarme que había estado construyendo todo este tiempo sobre la arena, sin considerar que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo…

…En este bajo y servil estado de esclavitud al pecado, estuve ciertamente peleando continuamente, pero no conquistando. Anteriormente, voluntariamente había servido al pecado; ahora lo hacía involuntariamente, pero aún le servía. Me caía, me levantaba, y caía otra vez. Algunas veces vencido y en pesadumbre. Otras vencedor y en júbilo. Así como en el anterior estado probé algunos de los terrores de la ley, así también tuve ahora el consuelo del evangelio. Durante toda esta lucha entre la naturaleza y la gracia (la que continuó por más de diez años) tuve muchas respuestas extraordinarias a la oración, especialmente cuando estaba en problemas. Tuve muchos consuelos perceptibles que no son en verdad otra cosa que cortas anticipaciones de la vida de fe. Pero estaba aún bajo la ley, y no bajo la gracia (estado en que la mayoría de los llamados cristianos se sienten felices de vivir y morir).
Estaba solamente combatiendo contra el pecado, y no justificado. Tampoco tenía el Espíritu mismo que da testimonio a mi espíritu. En verdad no podía, ya que buscaba la salvación no por fe, sino como por obras de la ley…

…A mi regreso a Inglaterra, en enero de 1738, habiendo estado en eminente peligro de muerte y muy inseguro por esa causa, estaba fuertemente convencido que la causa de esa inseguridad era la incredulidad y que obtener una fe viva y verdadera era cosa necesaria para mí…

…Por la gracia de Dios decidí buscar esa fe hasta el final: 1) renunciando absolutamente a toda dependencia, completa o en parte, de mis propias obras o justicia sobre las cuales había realmente afianzado mi esperanza y salvación, aunque no lo sabía, desde mi juventud; 2) agregando al constante uso de todos los otros medios de gracia, la oración continua por esto mismo, pidiendo justificación, la fe que salva, una completa confianza en la sangre de Cristo derramada por mí, una confianza en él como mi Cristo, mi sola justificación, santificación y redención. Así continué buscándola (aunque con extraña indiferencia, falta de ánimo y frialdad y con frecuentes recaídas en el pecado) hasta el miércoles, 24 de mayo.

En la noche fui de muy mala gana a una sociedad en la Calle de Aldersgate, donde alguien estaba dando lectura al prefacio de la Epístola a los Romanos de Lutero. Cerca de un cuarto para las nueve de la noche, mientras él describía el cambio que Dios obra en el corazón a través de la fe en Cristo, yo sentí un extraño ardor en mi corazón. Sentí que confiaba en Cristo, sólo en Cristo para la salvación, y recibí una seguridad de que él me había quitado todos mis pecados, aun los míos, y me había librado de la ley del pecado y de la muerte.

La verdadera conversión, el vivir en la Gracia, significa que el pecado ya no se enseñorea más de nosotros…

Después de regresar a casa, fui muy sacudido por tentaciones; pero clamé y se fueron. Las tentaciones regresaban una y otra vez. Conforme levantaba mis ojos, Él me enviaba ayuda desde su santuario. Y es aquí donde encontré la diferencia entre este estado y mi estado anterior. Yo luchaba, más aún, peleaba con toda mi fuerza bajo la ley, así como así también ahora bajo la gracia. Pero entonces, a veces, por no decir con frecuencia, era vencido. Ahora, yo era siempre el vencedor.

Desde el momento que desperté, «Jesús, Maestro», estaba en mi corazón y en mi boca y encontré que toda mi fuerza descansaba en poner mis ojos fijamente en él y que mi alma le esperaba siempre.”

(Diario de John Wesley – Tomo I – Mayo 1738)

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos 

Los textos son del Diario Personal de John Wesley – de la versión traducida al español por la Wesley Heritage Foundation (Distribuida gratuitamente por el Instituto de Estudios Wesleyanos Latinoamérica) 

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Pastores, dinero, música y trucos psicológicos ¿qué es el evangelio de la prosperidad?

Hemos traducido para ustedes esta excelente enseñanza de Zac Poonen, uno de los más grandes maestros de la santidad en la actualidad. Te animamos a ver el vídeo porque te sorprenderá oír a un pastor hablando sobre la relación entre: Pastor – dinero – diezmos – música – trucos psicológicos y cómo son usados en la iglesia.

Si deseas esta prédica escrita, puedes bajarla en PDF haciendo clic aquí

 

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Avivamiento en las Islas Hébridas – Duncan Campbell

En 1949 se produjo en las Islas Hébridas uno de los Avivamientos más extraordinarios de la Historia de la Iglesia. Y todo comenzó con la oración de dos hermanas de 84 y 82 años de edad. El siguiente es el relato dado por el predicador Duncan Campbell, testigo presencial de los maravillosos hechos. (Tomado de la revista “La Trompeta de Dios”, no. 63, may-jun 1990)

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“Ante todo, quiero decir que yo no produje el avivamiento en Lewis, sino que empezó antes de que yo llegara a la isla.

¿QUE ES EL AVIVAMIENTO?

Existen muchas opiniones en las iglesias de hoy, en cuanto a qué es un avivamiento. Hay una gran diferencia entre un avivamiento y una cruzada de evangelismo, esto último no es avivamiento, aunque doy gracias a Dios por cada alma alcanzada para Cristo por medio de tales esfuerzos y doy gracias a Dios por cada tiempo de bendición recibida en nuestras conferencias y convenciones, sin embargo tales esfuerzos, por lo común, no tocan al vecindario, y la inmensa mayoría de la gente se van precipitadamente hacia el infierno.

En un avivamiento, la comunidad repentinamente toma conciencia de la presencia de Dios. Él comienza a obrar entre su propia gente, y en cosa de pocas horas -no de días, sino de horas- las iglesias vienen a ser muy concurridas, no hay anuncio de reuniones especiales, pero pasa algo que atrae a hombres y mujeres a la casa de Dios. Dentro de horas, habrán veintenas de personas pidiendo perdón a Dios antes de siquiera llegar cerca de la iglesia.

En el avivamiento que hubo en tiempo de Jonathan Edwards, eso fue lo que pasó. En el avivamiento de Gales, eso fue lo que pasó. Y en el avivamiento más reciente en Lewis, eso es lo que pasó. Dios se manifestó y súbitamente los hombres y las mujeres por todas partes de la parroquia fueron paralizados por temor a Dios.

COMO EMPEZÓ EL AVIVAMIENTO EN LEWIS

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Un día al atardecer, una mujer ciega de 84 años, tuvo una visión. Esta anciana querida, Margarita, vio en la visión a la iglesia de sus padres llena de jóvenes y a un ministro desconocido en el púlpito. Estaba tan emocionada por esta visión que llamó al pastor y se la contó. El pastor de la colonia era un hombre que temía a Dios y anhelaba verlo obrando, había tratado muchas cosas para interesar a los jóvenes de la parroquia, pero ni siquiera un adolescente asistía a la iglesia.

¿Qué es lo que le dijo Margarita? –Estoy segura de que usted está anhelando ver a Dios obrar. ¿Qué piensa de convocar a los ancianos y diáconos y sugerirles que pasen dos noches por semana en oración a Dios? Ustedes han probado misiones; han probado evangelistas especiales, pero ¿Han probado a Dios?

El pastor humildemente obedeció.

Sí, convocaré la sesión, sugiriendo que nos juntemos los martes y viernes en la noche, para pasar toda la noche en oración.

Muy bien -respondió-, si ustedes hacen eso, mi hermana y yo nos arrodillaremos a las 22:00 hs. cada martes y viernes, y nos quedaremos allí hasta las 4:00 de la mañana.

Así todos se concentraron en la oración. Tuvieron esta promesa de Dios, y con esa promesa suplicaron: “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida” (Isaías 44:3). En sus oraciones, según lo que dijo el pastor, ellos debían pedir vez tras vez: Señor, Tú eres un Dios que guarda tu pacto, y debes cumplir Tu promesa.

Las súplicas y las reuniones duraron por varios meses, luego, una noche, aconteció algo muy notable; estando de rodillas en medio de la paja en el granero, de repente un joven se puso de pie y leyó en voz alta una parte del Salmo 24: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová” (vs. 3-5), cerró su Biblia y mirando a los ojos del ministro y a los otros arrodillados allí, dijo: Hermanos, me parece que es tiempo perdido el orar como hemos estado orando, y esperar como hemos estado esperando, si nosotros mismos no tenemos relaciones debidas con Dios, entonces comenzó a orar: “Señor, ¿están limpias mis manos? ¿Es puro mi corazón?” Y aquel querido hombre no siguió más adelante, pronto se arrodilló y se extendió boca abajo en la paja. En cosa de pocos minutos, un poder se soltó en Barvas, el cual desconcertó a todos los habitantes de la isla.

¡DIOS SE MANIFESTÓ!

El Espíritu Santo comenzó a obrar en medio de la gente. El pastor, describió lo que pasó la mañana siguiente y dice: “Se encontró a Dios en el yermo; se le encontró en los hogares. Dios parecía estar en todas partes“.

¿Y qué fue eso? ¡Fue avivamiento! No fue algo organizado a base de esfuerzo humano, sino que era toda la comunidad consciente de Dios, lo cual tuvo en suspenso a todos en el área, tanto así que todo trabajo se paró. La gente se reunió en grupos. Los jóvenes se reunían en el campo y comenzaron a hablar acerca de este fenómeno de parte de Dios, que saturaba la comunidad.

En cosa de unos días, recibí una carta invitándome a la isla. En ese momento experimentaba un movimiento muy grande en la isla de Skye. No era un avivamiento, pero hombres y mujeres recibían a Cristo, y Dios fue glorificado por los muchos hombres notables quienes encontraban al Salvador.

Cuando recibí esta invitación a venir a Lewis por diez días, respondí que no me era posible puesto que estaba envuelto en una convención durante los días de fiesta. Ya habíamos hechos los arreglos para los predicadores y también por las habitaciones en los hoteles para la gente que venía de todas partes de Gran Bretaña, pero después tuve que cancelar esa convención, principalmente, porque la agencia de viajes alquiló los hoteles para una semana especial que iban a celebrar.

El pastor recibió la carta en la cual yo había rehusado aceptar la invitación, y se la leyó a Margarita. “Eso es lo que piensa el hombre”, dijo ella, “pero Dios ha dicho lo contrario. El Sr. Campbell estará aquí dentro de dos semanas“.

La convención no estaba cancelada cuando ella dijo eso, pero ella sabía. “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto” (Salmo 25:14). Y ella tenía comunión íntima con Dios.

Llegué a la isla en diez días, y el pastor con dos ancianos me recibieron en el embarcadero. En el momento que me bajé del barco un hermano anciano se acercó y me enfrentó con una pregunta: “Sr. Campbell, ¿puedo hacerle esta pregunta? ¿Está usted caminando con Dios?” He aquí tres hombres que vivían en serio, hombres que temían que una mano no ungida tocara el Arca. Me alegré de poder decir: “Ahora bien, pienso que puedo decir que temo a Dios“. “Bueno“, dijo el anciano querido, mirándome, “si usted teme a Dios, eso bastará“. Entonces el pastor se volvió hacia mí y dijo: “Estamos seguros, Sr. Campbell, que usted está cansado y deseando cenar, pero me pregunto si primero consentiría en predicar un sermón en la iglesia antes de llegar a casa para que los asistentes le vean. Habrá una asistencia prometedora; quizá no muchos, pero suponga eso de dos o trescientos. Tenga en cuenta que hay una manifestación de Dios entre nosotros“.

Nunca comí esa cena porque no llegué a la casa del pastor hasta las cinco y veinte de la mañana. Fuimos a la iglesia, y prediqué a una congregación de más o menos 300 personas. Fue una buena reunión, con un sentido maravilloso de la presencia de Dios, pero nada excepcional pasó. Terminé la junta con oración y caminaba por el pasillo cuando un joven se me acercó y dijo: “Nada todavía ha pasado, pero Dios está presente, y en cualquier momento El va a abrir un camino“.

Soy perfectamente honesto cuando digo que no sentí nada. Pero aquí había un joven mucho más cerca de Dios que yo, y él sabía el secreto.

Continuamos hacia la puerta de la iglesia a medida que toda la congregación salía. Sólo el joven y yo quedábamos dentro. El levantó las manos y comenzó a orar: “Dios, Tú nos has prometido derramar aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida, pero no lo estás haciendo“.

El oraba, y oraba, y oraba de nuevo hasta que cayó en el piso. Estuvo tumbado allí por cinco minutos, estando yo de pie a su lado, y luego se abrió la puerta de la iglesia, alguien entró y dijo: “Sr. Campbell, pasó algo maravilloso. ¡Un avivamiento ha comenzado! Por favor, venga a la puerta para ver la muchedumbre que ha llegado a las once“. Cuando miré, vi a seiscientas o setecientas personas agrupándose en torno a la iglesia.

Este joven querido se paró a la puerta y sugirió que cantáramos el Salmo 126:1-2: “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sión, seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra boca de alabanza…” Y ellos cantaban y cantaban. De entre ellos podía oír yo el grito de los penitentes, hombres pidiendo a Dios misericordia.

Me volví al anciano y dije: “¿No piensa que debiéramos abrir de nuevo las puertas de la iglesia y permitirles entrar?

En unos minutos la iglesia se llenó, a quince minutos de la medianoche. ¿De dónde vino la gente? ¿Cómo sabían ellos que se celebraba un culto? No puedo decirle, pero vinieron de las aldeas y los caseríos. Si hoy uno les preguntara: “¿Qué es lo que les influenció a venir?“, ellos no podrían decirle. Fueron conmovidos por un poder que está más allá de una explicación, y ese poder les dio a entender que eran pecadores que merecían el infierno y el único lugar en el cual podían pensar para obtener el socorro, fue la iglesia. Allí estaban, entre seiscientos y setecientos.

Esa misma noche había un baile en la parroquia. Cuando este joven oraba en el pasillo de la iglesia, el poder de Dios entró a ese baile, y los jóvenes, más de 100 de ellos, huyeron del baile como si fueran huyendo de una plaga, y se dirigieron a la iglesia.

Cuando traté de subirme al púlpito, fui impedido por los muchos jóvenes del baile. Cuando por fin logré hacerlo, descubrí que allí en el piso detrás del púlpito estaba una joven, una graduada de la Universidad Aberdeen, quien estaba sentada allí llorando: “¿No hay nada para mí? ¿No hay nada para mí?”

Dios estaba obrando, y la visión de Margarita fue verdadera y real. La iglesia fue llena tanto de jóvenes como de adultos.

Esa reunión duró hasta las cuatro de la mañana. Al salir de la iglesia, encontré a un joven que no era creyente, aunque temía a Dios, y me dijo: “Señor Campbell, debe haber entre 200 y 300 personas congregadas en la comisaría. Algunos están arrodillados. No lo entiendo“.

Hubo aquí una multitud de hombres y mujeres de una aldea vecina, a eso de cinco millas de allí, quienes se encontraban tan conmovidos por Dios, que vinieron a la comisaría porque sabían que el policía allí era un hombre bien salvo que temía a Dios. La comisaría estaba junto a la casa de Margarita. Este joven me suplicó que fuera a la comisaría, lo cual hice. Nunca olvidaré lo que oí y vi esa mañana: Jóvenes se arrodillaban al borde del camino. Pienso en un grupo de seis, uno de ellos borracho. Su madre anciana estaba arrodillada a su lado, llorando: “Oh, Willi, ¿por fin vienes? Willie, Willie, ¿por fin vienes?” Y ahora Willie es pastor en la parroquia. Y del grupo de jóvenes quienes buscaron a Dios esa noche, nueve de ellos están predicando.

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¡ESO ES UN AVIVAMIENTO!

¡Dios obró! ¡Eso es el avivamiento! Esa es la necesidad enorme de la iglesia alrededor del mundo hoy día. No es este o aquel esfuerzo con base en tentativas humanas, sino una manifestación de Dios la cual conmueve a los pecadores a pedir la misericordia antes de acercarse al edificio del culto.

Esa es la manera en que se inició el avivamiento en Lewis. Luego pasó fuera de los límites de esa parroquia a las vecinas. Comenzamos predicando en las reuniones día y noche. Una vez en el transcurso de 24 horas, prediqué en ocho reuniones -cinco veces en cultos muy concurridos, dos veces en el campo y una vez en la playa-. Hombres ancianos habían cruzado las aguas esa noche, y muchos encontraron al Salvador. Les seguimos a la playa, y allí cantamos los salmos de Sión a las dos de la mañana, antes de que ellos se embarcaran con rumbo a sus casas. ¡Eso es Dios obrando!

Una noche un hombre se me acercó y dijo: “¿Le será posible venir y visitar nuestra parroquia?” “Bueno, depende de cuándo pueda yo visitarla. Creo que sería posible a la una de la mañana“. Y así fue que fuimos, llegando a la una y media.

Al llegar, encontré una de las iglesias grandes totalmente llena, con mucha gente afuera. Prediqué allí por una hora, y después salí mientras centenares de personas pedían a Dios misericordia.

Al salir de la iglesia, otro joven se acercó y me dijo: “Sr. Campbell, debe haber entre 300 y 500 en un campo aquí abajo, y los ancianos están preguntándose si usted puede hablar con ellos.”

Fui y encontré a este gentío, oh, fue muy fácil predicarles. El Espíritu de Dios estaba conmoviéndolos.

Vi a un hombre tendido en el suelo, intensamente, muy ansioso acerca de su alma. Luego vinieron cuatro jovencitas, como de 16 años, arrodillándose a su lado. Una de ellas dijo: “Mira, el Cristo que nos salvó anoche, te puede salvar ahora“. Y ese hombre fue salvo mientras que las muchachas oraban alrededor de él. ¡Eso es avivamiento!

Cuando regresé de esa reunión a la casa del pastor, encontramos a un anciano esperándonos para decir que había un granjero en mucha angustia de alma. Aquel hombre no había estado cerca de una iglesia por 12 años, pero vivía solamente para sus caballos y su ganado. Pero aunque él vivía por este mundo, tenía a una esposa e hija piadosas, quienes se afligían por él. Me habían invitado a la granja antes de aquella noche, y yo había hablado con él, a lo cual contestó: “Ahora bien, quizás algún día me presentaré a la iglesia“.

Después de un día o dos, alguien le vio caminando por la calle hacia la iglesia, y uno de los ancianos pensó que el traje que llevaba puesto fue el mismo con el cual se casó. Es seguro que no era un traje moderno. Fue a la iglesia, y la iglesia estaba tan concurrida, que tuvo que sentarse en el escalón del púlpito, bastante cerca de mí.

Dios le habló, y él estaba en un estado terrible. Gritó repetidas veces. “¡Dios, el infierno me es demasiado bueno!”

Oh, que pudiéramos ver más convicción -convicción de pecado, la cual postrara a los hombres ante la presencia de Dios-. ¡Dios, dánosla, dánosla!

Esa noche después de predicar en el campo, el anciano, el pastor y yo fuimos a la granja. Cada cuarto del cortijo fue lleno de gente, quienes estaban orando por el granjero. “¿Dónde está Donato?”, le pregunté a la esposa. “Oh, está en el cuarto allá. Está en un estado terrible. ¡Oh, que Dios tenga misericordia de tan gran pecador!”

Fuimos por el pasillo, y ella abrió con cuidado la puerta, y allí estaba el granjero, arrodillado, clamando vez tras vez: “Dios, ¿puedes tener piedad de mí? ¿Puedes tener piedad de mí? Me parece que el infierno es demasiado bueno para mí“.

Estábamos parados en la puerta y él no se dio cuenta de nosotros. Luego la esposa imploró a Dios de que Él lo sacudiera tanto por sus pecados, que su experiencia con Dios fuera real. Muchas veces se oyeron en ese avivamiento en Lewis las palabras: “Déjelo que libre su propia batalla. Déjelo allí. Permita que Dios trate con él“. Creo que una veces quitamos de la mano de Dios las cosas cuando damos los consejos. ¡Oh, que lleguemos al punto donde con toda confianza en Dios le permitamos obrar!

En la mañana tuvo un encuentro con Dios, experimentando un rescate glorioso, y pidió una reunión de oración. Como resultado de esa reunión, hay cuatro ministros hoy sirviendo en la iglesia.

CARACTERÍSTICAS PRIMORDIALES DEL AVIVAMIENTO

Para mí, el rasgo destacado del movimiento era el sentido de la presencia de Dios, el temor a Dios. Uno podía hablar con cualquier persona, y descubría que cada uno pensaba en Dios y pedía misericordia. Dios estaba en todas partes, y por causa de esta conciencia de Dios, las iglesias estaban muy concurridas desde el principio hasta el fin de los días y durando las noches enteras hasta las cinco o seis de la mañana. EN EL AVIVAMIENTO, EL TIEMPO NO EXISTE. La presencia de Dios ahuyenta los programas.

Otro rasgo destacado era esa convicción muy profunda del pecado. He aquí dos incidentes. Un día la querida anciana, Margarita, vino y me dijo: “Me siento guiada a pedirle que vaya a esta parte particular de la parroquia. Hay pecadores empedernidos allí que necesitan la salvación“. “Pero no me siento guiado a ir allí“, le dije. “Hay hombres allí quienes amargamente se me oponen, y me figuro que no habrá un lugar para celebrar una reunión“.

Ella me miró y dijo: “Señor Campbell, si usted viviera tan cerca de Dios como le conviene, El le revelaría Su secreto también“.

Recibí eso como una reprensión, y regresé al hogar del pastor y le dije: “Creo que debemos pasar la mañana con Margarita, y esperar en Dios junto con ella en su cuarto“. Así que Margarita y su hermana se arrodillaron con nosotros en su cuartito, y esa querida mujer comenzó a orar: “Señor, Tú recuerdas la conversación que tuvimos esta mañana a las dos. Tú me dijiste que ibas a visitar esta parte de la parroquia con avivamiento. Acabo de hablar con el Sr. Campbell pero no está preparado para pensar en ello. Tú debes darle la sabiduría, porque él la necesita muchísimo.” “Bueno, Margarita“, dije después de ponernos de pie, “¿a dónde quiere que vaya? ¿Y dónde vamos a convocar la reunión?” “Oh, sólo vaya, y Dios proveerá la congregación y el lugar para reunirse”.

Bueno, Margarita, iré“. Me fui la próxima noche, y encontré a eso de trescientas o cuatrocientas personas congregadas alrededor de un chalet de siete cuartos. La casa fue tan concurrida, y tantos jóvenes querían entrar, que el dueño de la casa, siendo un hombre que temía a Dios aunque no era cristiano, sugirió que ellos se pusieran sobre las camas en filas de tres personas cada una; quitarse los zapatos, y juntarse como sardinas en lata. Y eso es lo que hicieron, pero aun así, todavía quedaban un igual número afuera.

Leí el texto de la Biblia del cual pensaba predicar: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó...” (Hechos 17:30-31).

Habían allí cinco pastores. Si usted les hubiera preguntado de que era lo que los trajo a ese pueblecito, ni siguiera uno le podía decir, pero movidos por un Dios soberano, estaban allí. Hablé cerca de diez minutos cuando uno de los ancianos se me acercó y dijo: “Sr. Campbell, ¿vendrá usted al otro lado de la casa? Uno de los hombres principales del pueblecito está clamando a Dios por misericordia, vaya usted allí, y nosotros iremos a la pila de turba aquí donde se puede ver esas mujeres clamando a Dios, arrodilladas.”

Fui al otro lado de la casa, y allí estaban los mismísimos hombres que Dios mostró a Margarita, hombres que se convertirían en pilares de la iglesia de sus padres. Y eso es lo que son hoy en día.

Entre los que pedían misericordia estaban dos flautistas los cuales estaban anunciados a tocar en un concierto y un baile en una parroquia vecina. Y el pastor de aquella parroquia estaba allí, él y su esposa estaban mirando a los flautistas pedir a Dios piedad.

Repentinamente el pastor volvió la mirada hacia su esposa, diciendo: “Regresaremos a la parroquia e iremos al baile, y les diremos allí lo que está pasando en Barvas“.

Se alejaron una distancia de quince millas, llegando cuando el baile estaba en plena marcha. Entrando el pastor, se interrumpió el baile, y el pastor se paró en la pista de baile. “Jóvenes, tengo una historia interesante que contarles. Los flautistas no están con ustedes porque están en Barvas pidiendo a Dios misericordia“. Un silencio -silencio de la eternidad, según el pastor- impregnó el salón de baile. Luego él dijo: “Jóvenes, les quiero cantar un salmo. Creo que debemos cantar el Salmo 50 (donde Dios se representa como fuego que consumirá)”, y comenzó a cantar, él mismo tomando el lugar del director. Al llegar al segundo versículo, de repente se oyó un grito, y un joven cayó al suelo y comenzó a pedir misericordia a Dios. Dentro de cinco minutos el salón estaba desocupado, y los jóvenes huyeron a los tres coches que los trajeron desde otras parroquias. Pronto se arrodillaron, clamando a Dios que tuviera piedad de ellos.

¡Eso es Dios obrando! Tan fuerte conmovía Dios, y tan terrible era la convicción, que no podíamos más que dejarlos allí.

Había un movimiento notable en la aldea de Arnol. La situación allí fue difícil, e igual como en los otros lugares, era amarga la resistencia. A la medianoche un cierto hombre se puso de pie para orar. Todavía recuerdo sus palabras: “Oh Dios, ¿sabes que Tu honor está en peligro? ¿Sabes que hiciste una promesa la cual no estás cumpliendo? Ahora bien, he aquí cinco pastores junto con el Sr. Campbell. No sé nada de la condición interior de ellos, ni siquiera del Sr. Campbell, pero si sé algo de mi propio corazón, creo que puedo decir que tengo sed. Tengo sed de una manifestación de tu poder”.

Luego, a eso de las dos de la mañana, se puso de pie y dijo esto: “Con base en Tu promesa de derramar aguas sobre el sequedal (espiritual), me atrevo a desafiarte a que cumplas Tu pacto”.

Cuando ese hombre dijo eso, la casa del granjero tembló como hoja. Cuando Juan Smith cesó de orar, terminé la reunión y salí afuera donde descubrí que toda la comunidad estaba despierta. La oposición se desvaneció, y un movimiento glorioso comenzó, el cual se nombra en Escocia como el avivamiento de Arnol. Esto fue uno de los movimientos poderosos en medio de la visitación graciosa de Dios en la isla de Lewis. La taberna se cerró esa noche, y nunca volvió a abrirse. Los hombres que solían emborracharse allí en las noches, ahora están orando en nuestras reuniones. Uno de ellos es misionero en Arabia del Sur.

¡CONVICCIÓN! ¡ANGUSTIA DEL ALMA!

Catorce jóvenes discutían acera de cuánta cerveza debían traer a la parroquia para un baile el viernes. De pronto uno de ellos dijo a los otros: “Muchachos, aumentemos la cantidad, porque creo que esta es la última vez que llegará la cerveza a esta parroquia“.

Angus“, dijo otro, “¿insinúas que el avivamiento va a llegar a esta parroquia impía?” “No puedo decir lo que va a acontecer, o que va a venir, pero algo pasa conmigo”. Eso es todo lo que dijo, pero catorce jóvenes se arrodillaron al frente del salón de baile, quedándose allí por más de una hora. Como resultado, todos fueron salvos, y once desempeñan un cargo en la iglesia hoy en día.

¿Qué son los frutos del avivamiento? Podía contar sobre mis cinco dedos las personas que dejaron de asistir a las reuniones de oración. En Lewis, y en las tierras altas de Escocia en general, no creerían que una persona que no asistía a los cultos de oración era cristiana, no más de lo que creerían que el diablo era cristiano. Cuando un alma renace, repentinamente uno está con hambre de reunirse con los que oran a Dios.

Los cultos de oración se volvieron muy concurridos. No había ni siquiera una parroquia en Lewis que no tuviera a lo menos cinco cultos de oración. La prensa del pueblo anunció que había más gente asistiendo a los cultos de oración, que los que solían frecuentar el culto de mañana en el día de comulgar. Eso es una de las características notables en cuanto al fruto que se queda.

Y ha provenido de esas reuniones un movimiento entre los jóvenes, que está atravesando por toda la isla de Lewis. Los jóvenes y las señoritas que en días anteriores hubieran estado yendo a ver las películas, al baile o a las tabernas, hoy día están asistiendo, por veintenas, a los cultos de oración. No digo que esto sea avivamiento -no en el mismo sentido de lo que experimentamos hace varios años- pero en las parroquias se encontrará desarrollándose cinco o seis cultos de oración. Primero están en la iglesia, después van a cenar un poco, luego van a varias casas para esperar en Dios hasta las dos de la mañana. Y en aquellos cultos de oración los jóvenes están entregándose a Cristo.

Otro rasgo en cuanto a los frutos, es el número de hombres y mujeres quienes han salido por tiempo completo en el ministerio y como misioneros.

¿Entiende usted lo que significa el avivamiento? Significa mirar obrar a Dios -el Dios de milagros-, obrando de una manera soberana y sobrenatural, manifestándose entre los hombres y mujeres, induciéndolos a entrar al Reino de Dios.”

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                                              Duncan Campbell (1898-1972)

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