¿Qué es la verdad?

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Juan 18:37-38 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.

Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?

La pregunta de Pilato era una pregunta de tinte filosófico, proveniente de alguien que sin duda había escuchado a muchos afirmar “¡esta es la verdad!”. Los judíos decían tener la verdad, los pensadores griegos disertaban acaloradamente sobre ella, y los infinitos cultos paganos que proliferaban en el tolerante imperio romano se atribuían la verdad de la divinidad. Ante ese panorama, la pregunta ¿Qué es la verdad? tenía mucho sentido.

¿Es la verdad la correspondencia entre lo que yo percibo y afirmo sobre algo, y las características reales de ese algo? Pero ¿Es mi percepción una base confiable para afirmar una verdad? ¿Existe la verdad absoluta o todo es relativo, dependiendo de quién y cómo se mire?

Imagino que Pilato se encogió de hombros, y con un tono de fastidio o resignación hizo aquella pregunta sin esperar respuesta alguna. Jesús no respondió ni Pilato se preocupó por ello, pues inmediatamente salió del lugar.

A dos milenios de aquella pregunta el mundo no ha cambiado, sigue existiendo el mismo conflicto con la verdad. Y dentro de la Iglesia el conflicto es mayor porque ¿Cuál es el motivo de que haya tantas divisiones, tantas denominaciones, tantos grupos dentro del cristianismo evangélico; sino el que cada uno de ellos se atribuye tener la verdad? Cada partido dice ser poseedor de la sana doctrina, tener la correcta interpretación de la Escritura y ser el genuino transmisor del Evangelio; por consiguiente quien no está con ellos está en el error, quien no interpreta en la Biblia lo que ellos interpretan está prácticamente perdido.

Dudo que en toda la historia de la Iglesia, las palabras hereje y apóstata se hayan usado tanto como hoy; ni la Inquisición haya estado más activa como en la actualidad. Pensar distinto, disentir, tener otro punto de vista sigue siendo peligroso; con la diferencia de que las hogueras de hoy son virtuales. Aunque la forma de reaccionar de algunos hace pensar que si pudieran, encenderían hogueras reales para quemar a los “falsos y herejes”.

¿Qué es un hereje para la mayoría de los creyentes en la actualidad? “Un hereje es todo aquel que no piensa lo mismo que yo; que alaba o adora a Dios de otra forma distinta a la que hago yo; que no repite los mismos dogmas que repito yo, y que se niega a aceptar como verdad indiscutible, mi verdad”. Este es básicamente el manto radical y fanático en el cual miles de llamados cristianos se envuelven, cual manto profético, y se autoproclaman “defensores de la sana doctrina” y ¡que caiga fuego del cielo y consuma a todos los que no estén de acuerdo!

Estos afirman enfáticamente: “La Biblia dice”. Pero, ¿Por qué yo tengo que decir, que la Biblia dice lo que tú dices que ella dice? ¿Por qué tu punto de vista tiene que ser el único válido? ¿Por qué tu interpretación de la Escritura es la verdad y mi interpretación es el puro error? ¿Quién me garantiza (y te garantiza) que tú estás en lo cierto? ¿Será la Confesión de Fe de tu denominación, tu tradición; o porque el predicador o teólogo que más admiras creía eso y entonces tiene que ser la verdad?

Una de las cosas que más me fascinan de la Historia de la Iglesia, y por supuesto, de la maravillosa soberanía de Dios; es que al amado Spurgeon el calvinismo le resultó asombrosamente efectivo para su ministerio. Pero del mismo modo, al amado John Wesley el arminianismo le resultó maravillosamente efectivo para el suyo. Si yo creyese que el calvinismo es la verdad porque le resultó efectivo a Spurgeon; o por el contrario, creyese que el arminianismo es la verdad porque le resultó efectivo a Wesley; entonces no estaría siendo objetivo sino pragmático, es decir, afirmaría que si algo da resultado ese algo debe de ser bueno. Pero el pragmatismo es un camino peligroso.  También podríamos mencionar a Jonathan Edwards, Charles Finney, D. L. Moody, John G. Lake, Evan Roberts, Leonard Ravenhill… enormemente distintos entre ellos, pero con ministerios poderosos. Puede que alguno de los nombrados no te guste (no pensaban como tú), pero eso no invalida que con ellos se produjeron grandes avivamientos. Tan grandes, que es muy probable, que ninguno de nosotros hayamos experimentado un avivamiento de esas características… y si no, que levante la mano el que ha experimentado algo parecido…

En la fe cristiana hay dogmas (enseñanzas) que son verdades absolutas, por ejemplo la divinidad de Cristo; su encarnación, padecimiento, muerte y resurrección física; su obra expiatoria por la cual obtenemos perdón de pecados y reconciliación con Dios; la salvación exclusivamente mediante la fe en su sacrificio (no por obras o méritos nuestros); un solo Camino al Padre: Jesús. Segunda Venida de Cristo, un Juicio Final con la correspondiente vida eterna para los que creen en Él y la condenación eterna para los que le rechazan, etc. Estos son pilares de la fe cristiana, verdades absolutas que no admiten distintos puntos de vista. Puede que aún no comprendas estos dogmas como es debido a causa de que eres nuevo en el camino de la fe, en tal caso te daría el consejo del sabio Agustín de Hipona:

Por tanto, hermanos, mejor sería que pudiéramos callar y decir: «Esto sostiene la fe; así lo creemos». No lo puedes entender, eres aún un párvulo (pequeñuelo) en la fe; aguanta con paciencia en el nido, mientras se robustecen tus alas, no sea que, pretendiendo volar sin plumas, te encuentres no con un soplo de libertad, sino con una caída por temeridad.” (Agustín – Sermón 117)

Dice el mismo Agustín que a veces es mejor una ignorancia reverente que una ciencia presuntuosa. Y este dicho lo podríamos aplicar perfectamente a todos los demás dogmas que no son absolutos, que admiten distintos puntos de vista y que no ponen en peligro la fe para salvación. Dogmas como por ejemplo la predestinación (con sus variantes y atenuantes), la expiación limitada o ilimitada (Cristo murió por todos o Cristo murió por algunos); la operatividad de los dones del Espíritu Santo (continuismo – cesacionismo), el estilo de adoración y ceremonia de los cultos (salterio o pandereta loca), diferencia entre bautismo y llenura del Espíritu; diferencia entre depravación total heredada (pecado original) o depravación total voluntaria; mileniarismo o amileniarismo etc. Estos son ejemplos de enseñanzas que, por más que les pese a algunos, admiten distintos puntos de vista; y no por ello se hace uno merecedor del título de “hereje”. Por ejemplo, en el Ordo Salutis (Orden de la Salvación) ¿Alguien piensa que uno puede irse al infierno por creer que la Regeneración es anterior a la Justificación, o la Justificación anterior a la Regeneración? Que esto sea importante para ti, no significa que sea imprescindible para los demás.

El pastor puritano y líder de avivamiento Richard Baxter, reconoce esta situación y conmina a sus oyentes a prestar atención a las doctrinas básicas o fundamentales en las cuales todos estamos de acuerdo, sin permitir que las diferencias secundarias sean una excusa para rechazar el todo:

Puesto que todos los creyentes no están de acuerdo en algunos puntos de doctrina, usted rehúsa escuchar las doctrinas básicas, en las cuales todos los creyentes están de acuerdo.” (Richard Baxter – del libro: Una invitación a vivir)

“¿Está confundido porque hay tantas opiniones religiosas? Entonces, ¿Por qué no depende solo de la Biblia, en donde la enseñanza divina acerca de la salvación es perfectamente clara?”    (Richard Baxter – una invitación a vivir)

Son esas doctrinas básicas las que deben unirnos, las que debemos enfatizar, las que debemos proclamar si queremos que las personas del mundo nos oigan; nos tomen en serio y dejen de considerarnos a los evangélicos como una multiplicación interminable de grupos sectarios.

Nuestro ministerio debe estar centrado en las grandes enseñanzas de la Escritura. Esto es lo que la gente necesita para alimentar sus almas, para mortificar sus pecados y calentar sus corazones. Si solo predicamos a Cristo, estaremos predicando todo. Esta es la mejor forma para no perder el tiempo. Muchas otras cosas pudieran ser deseables, pero el tiempo es corto y las almas son preciosas. Si los oyentes fallan en comprender las verdades esenciales del evangelio, entonces serán perdidos para siempre. Esto no agradará a aquellos que siempre quieren escuchar algo nuevo y emocionante. Frecuentemente tendremos que repetir las mismas cosas, porque las verdades esenciales son relativamente pocas.” (Richard Baxter – del libro: El Pastor Reformado)

O como decía John Wesley

En cuanto a todas las opiniones que no dañan las raíces del cristianismo, nosotros pensamos y dejamos pensar“.

Es asombroso que algunos usen las epístolas de Pablo a los corintios para acusar de desorden a los carismáticos, y sin embargo ellos mismos caen en un error peor. ¿Cómo empieza la primera carta a los Corintios?

1Corintios 1:10-13 Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?

A la misma Iglesia de Corinto le escribiría algunos años más tarde Clemente de Roma:

“¿Por qué hay, pues, contiendas e iras y disensiones y facciones y guerra entre vosotros? ¿No tenemos un solo Dios y un Cristo y un Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿Y no hay una sola vocación en Cristo? ¿Por qué, pues, separamos y dividimos los miembros de Cristo, y causamos disensiones en nuestro propio cuerpo, y llegamos a este extremo de locura, en que olvidamos que somos miembros los unos de los otros? Recordad las palabras de Jesús nuestro Señor; porque Él dijo: ¡Ay de este hombre; mejor sería para él que no hubiera nacido, que el que escandalice a uno de mis elegidos! Sería mejor que le ataran del cuello una piedra de molino y le echaran en el mar que no que trastornara a uno de mis elegidos. Vuestra división ha trastornado a muchos; ha sido causa de abatimiento para muchos, de duda para muchos y de aflicción para todos.”     (Clemente de Roma – Carta a los Corintios XLVI)

Hoy, los que utilizan las epístolas de Pablo a los corintios para acusar a otros hermanos de desorden, son los mismos que se jactan de pertenecer a tal o cual grupo, seguidores de tal o cual teólogo; y que poseen (según ellos) la doctrina más perfecta y ortodoxa. Cuando por mandato apostólico, Pablo prohíbe esas divisiones o denominaciones con nombre de hombre. Si lo tradujésemos al lenguaje actual diríamos: “Yo soy Calvinista, y yo Arminiano, y yo de Wesley, y yo Molinista”… y alguno para ser más espiritual diría “Yo soy de Cristo” pero rechazando a los anteriores. ¿Está dividido Cristo? El grave problema en la iglesia de Corinto no era el desorden, eso se solucionó rápidamente después de la amonestación de Pablo; la raíz que no fue quitada fue el sectarismo, las facciones seguidoras de uno u otro predicador o maestro. Esto lo podemos comprobar fácilmente leyendo la carta de Clemente de Roma, donde queda expuesta que después de la muerte del apóstol Pablo la iglesia de Corinto seguía dividiéndose.

“Tomad la epístola del bienaventurado Pablo el apóstol. ¿Qué os escribió al comienzo del Evangelio? Ciertamente os exhortó en el Espíritu con respecto a él mismo y a Cefas y Apolos, porque ya entonces hacíais grupos. Pero el que hicierais estos bandos resultó en menos pecado para vosotros; porque erais partidarios de apóstoles que tenían una gran reputación, y de un hombre aprobado ante los ojos de estos apóstoles. Pero ahora fijaos bien quiénes son los que os han trastornado y han disminuido la gloria de vuestro renombrado amor a la hermandad. Es vergonzoso, queridos hermanos, sí, francamente vergonzoso e indigno de vuestra conducta en Cristo, que se diga que la misma Iglesia antigua y firme de los corintios, por causa de una o dos personas, hace una sedición contra sus presbíteros. Y este informe no sólo nos ha llegado a nosotros, sino también a los que difieren de nosotros, de modo que acumuláis blasfemias sobre el nombre del Señor por causa de vuestra locura, además de crear peligro para vosotros mismos.”      (Clemente de Roma – Carta a los Corintios XLVII)

Peor que hablar en lenguas en un culto es causar divisiones en el Cuerpo de Cristo, o ahondar las ya existentes. Las divisiones surgen cuando los hombres se creen dueños de la Verdad, y no comprenden que la Verdad no puede ser esclava de nadie. El hombre es esclavo de la ignorancia, la Verdad lo hace libre rompiendo sus cadenas y sacándolo de las tinieblas de su prisión; la Verdad debe adueñarse del hombre, no al revés. No es el hombre el que liberta a Verdad, es la verdad la que liberta al hombre. En la jactancia de su “amor por la verdad” los hombres demuestran odio hacia el que piensa distinto, y de esta manera vuelven a la esclavitud del error. Aquellos que piensan que pueden encerrar la Verdad en un puño, no dudan en golpear con ese puño al que piensa distinto; de esta manera son como aquellos que en vez de levantar en alto la lámpara para que alumbre a los otros, se las arroja a la cabeza provocando un incendio, en lugar de luz producen destrucción.

Los intelectuales son unos curiosos insanos; son como conquistadores que destruyen el mundo sin poseerlo. Salomón mismo testifica de la vanidad del interminable razonar. Nunca estudies asuntos espirituales a menos que Dios te anime a ello. Y no estudies más de lo que puedas abarcar. Estudia con un corazón lleno de oración. Dios es tanto Verdad como Amor. Sólo puedes conocer la verdad en la medida que ames. Ama la verdad y conocerás la verdad. Si no amas, no conoces el amor. Ama con un corazón humilde y la Verdad te amará. Sabrás lo que los filósofos no pueden conocer e incluso lo que los filósofos no quieren saber. Espero que obtengas el conocimiento que se reserva para los niños y los de mente sencilla. Dicho conocimiento está oculto a los sabios y prudentes. (Mateo 6:25)    (Fenelon – libro: Una Vida de Sencillez)

O en palabras de Juan Calvino:

Aquí también se ha de notar que somos invitados a un conocimiento de Dios, no tal cual muchos se imaginan, que ande solamente dando vueltas en el entendimiento en vanas especulaciones, sino que sea sólido y produzca fruto cuando arraigue y se asiente bien en nuestros corazones. Porque Dios se nos manifiesta por sus virtudes, por las cuales, cuando sentimos su fuerza y efecto dentro de nosotros, y gozamos de sus beneficios, es muy razonable que seamos afectados mucho más vivamente por este conocimiento, que si nos imaginásemos un Dios al cual ni lo viéramos ni le entendiésemos. De donde deducimos que es éste el mejor medio y el más eficaz que podemos tener para conocer a Dios: no penetrar con atrevida curiosidad ni querer entender en detalle la esencia de la divina majestad, la cual más bien hay que adorar que investigar curiosamente, sino contemplar a Dios en sus obras, por las cuales se nos aproxima y hace más familiar y en cierta manera se nos comunica.  (Juan Calvino – Instituciones – Libro I – Cap. V – 10)

De las vanas especulaciones y la atrevida curiosidad surgen las disputas interminables. Del querer entender en detalle al Dios que excede a todo conocimiento surgen las luchas intestinas de la Iglesia. Hay un solo Camino al Padre, y nos ha sido revelado: Cristo, pero ese Camino no es en ninguna manera tan estrecho que debamos ir en fila india; es decir, si alguien sigue a Cristo no necesariamente tiene que seguir mis pisadas.

Marcos 9:38-40 Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

En el contexto anterior se nos dice que los discípulos habían estado discutiendo entre ellos, y cuando el Señor les preguntó el motivo, ellos callaron. La discusión se trataba sobre quién de los discípulos sería el mayor en el Reino. Entonces Jesús les respondió:

Marcos 9:35 …Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.

Entonces Juan, que al parecer no comprendió las palabras del Maestro, respondió: “hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía”. ¿Cuál fue la razón por la que le prohibieron echar fuera demonios en el nombre de Cristo? “Él no nos sigue… porque no nos seguía”. Este es uno de los más nefastos pensamientos dentro del cristianismo: “Quien no me sigue a mí, no sigue a Cristo”.

Comentando sobre este pasaje, dice Matthew Henry:

Muchos han sido como los discípulos, dispuestos a hacer callar a los hombres que lograron predicar el arrepentimiento en el nombre de Cristo a los pecadores, porque no siguen con ellos. Nuestro Señor culpa a los apóstoles recordándoles que quien obra milagros en su nombre no puede dañar a su causa. Si se lleva pecadores al arrepentimiento, a creer en el Salvador, y a llevar vidas sobrias, justas y santas, entonces vemos que el Señor obra por medio del predicador.”     (Matthew Henry – Comentario bíblico)

Si prestamos un poco de atención a las disputas entre cristianos, sobre todo hoy día en las redes sociales; veremos que la mayoría tienen como epicentro las doctrinas no esenciales, no básicas. Disputas interminables cuyo objetivo es resaltar, al igual que los doce discípulos, quién es el mayor o el más importante. Si el Señor hoy nos preguntara: ¿Qué disputáis entre vosotros? al igual que los discípulos nos quedaríamos callados, por vergüenza. Todavía no logramos entender plenamente que significa: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos… Sin embargo, pretendemos descifrar los misterios celestiales más complejos.

Ambrosio, obispo de Milán, le dijo a un joven que buscaba la verdad:

 “La verdad no es una idea, o un concepto, o un estado mental; es la manifestación en una Persona Divina… no es el hombre el que encuentra la verdad, sino la verdad la que encuentra al hombre. Porque la Verdad es una Persona, es Jesucristo el Hijo de Dios.”

Ese joven, al igual que Pilato, se preguntaba ¿qué es la Verdad? Y no halló la Verdad por su propio esfuerzo o conocimiento, sino que fue hallado por ella. Ese joven se llamaba Agustín de Tagaste, y llegó a ser Agustín obispo de Hipona. La Verdad es una Persona, aquel que dijo: Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida. (Juan 14:6)

Juan 17:3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

El Señor Jesús vino para darnos vida eterna, y esta vida eterna consiste en conocer al único Dios verdadero. Podemos, entonces, conocer la Verdad que es Jesús, pero no podemos abarcar la Verdad, porque esa Verdad es inmensa, es Dios mismo. ¿Quién puede abarcar a Dios? El mismo Agustín, en su exquisito Sermón 117, desarrolla este pensamiento:

Estamos hablando de Dios, ¿qué tiene de extraño que no lo comprendas? Pues, si lo comprendes, no es Dios. Antepón la piadosa confesión de tu ignorancia a una temeraria profesión de ciencia. Tocar en alguna medida a Dios con la mente es una gran dicha; en cambio, comprenderlo es absolutamente imposible. A Dios, que guarda relación con la mente, hay que comprenderlo; al cuerpo, que guarda relación con los ojos, hay que verlo. Pero ¿piensas poder comprender el cuerpo con el ojo? De ningún modo, pues cualquier cosa que veas no la ves entera. Si estás viendo la cara de un hombre, no ves su espalda mientras estás viendo su cara, y cuando ves su espalda, durante ese tiempo no ves su rostro. Por tanto, no lo ves de manera que lo abarques en su totalidad; no obstante, cuando ves otra parte que no habías visto, si la memoria no te hace recordar que has visto la otra parte que has dejado de mirar, nunca dirás que has comprendido, es decir, abarcado, algo ni en su superficie. Tocas lo que ves, lo pones de un lado y de otro, o eres tú mismo el que te giras para verlo en su totalidad. Así, pues, no puedes verlo con una sola mirada. Mientras le das vueltas para verlo, ves partes, y al asociarlas a las otras partes, dado que las has visto, crees verlo en su totalidad. Pero aquí no se advierte un resultado de la visión de los ojos, sino de la fuerza de la memoria. Por tanto, hermanos, ¿qué puede decirse de aquella Palabra? Esto es lo que afirmo: los ojos no pueden comprender o abarcar con su mirada los cuerpos que tienen ante ellos. Luego, ¿qué ojo del corazón comprende o abarca a Dios? Bastante es con que llegue a tocarlo, en el caso de que el ojo esté limpio. Con todo, si llega a tocarlo, lo toca con cierto tacto incorpóreo y espiritual, pero no lo abarca; y esto en el caso de que esté limpio. Y el hombre se hace bienaventurado si logra tocar con el corazón al Ser que permanece siempre bienaventurado. Y Él es la Bienaventuranza perpetua, y la Vida perpetua de donde le llega la vida al hombre, la Sabiduría perfecta, por la que se hace sabio el hombre, la Luz eterna, que ilumina al hombre. Y advierte cómo tú, al contacto con ella, llegas a ser lo que no eras, pero sin hacer que lo que tocas pase a ser lo que no era. Esto es lo que digo: Dios no es más porque lo conozcan; el que, en cambio, es más al conocerle es quien le conoce.”     (Agustín de Hipona, Sermón 117:5)

Podemos conocer a Dios en alguna manera, en la manera que Él se nos revela mediante su amor; y se nos exhorta a ser capaces “de comprender… y de conocer el amor de Cristo”, pero se nos advierte que ese amor “excede a todo conocimiento” (Efesios 3:19).  Cuanto más conozcamos a Dios tendremos mayor consciencia de nuestra ignorancia en cuanto a Él, de cuanto nos falta aún para conocerle como Él es digno.

Durante un seminario en los Estados Unidos, un estudiante le preguntó al teólogo suizo Karl Barth: “Dr. Barth, ¿cuál ha sido lo más profundo que usted ha aprendido en su estudio de la teología?” Barth pensó por un momento y luego contestó: “Cristo me ama, bien lo sé, en la Biblia dice así”. Los estudiantes se rieron de su respuesta tan simplista, pero su risa se tornó algo nerviosa cuando pronto advirtieron que Barth lo había dicho muy en serio. Barth dio una respuesta sencilla a una pregunta muy profunda. Al hacerlo estaba llamando la atención a por lo menos dos nociones fundamentalmente importantes. (1) En la más sencilla de las verdades cristianas reside una profundidad que puede ocupar las mentes de las personas más brillantes durante toda su vida. (2) Que aun dentro de la sofisticación teológica más académica nunca nos podremos elevar más allá del entendimiento de un niño para comprender las profundidades misteriosas y las riquezas del carácter de Dios.”    (C. S. Sproul – libro: Grandes doctrinas bíblicas)

Podremos contemplarle pero no abarcarle con nuestra mirada, y este es el punto que al parecer nos cuesta asimilar y eso produce división tras división en la Iglesia. Al decir de Agustín: ¿Qué ojo del corazón comprende o abarca a Dios? Bastante es con que llegue a tocarlo…” Ningún teólogo, erudito, catedrático, pastor o maestro es capaz de abarcar a Dios de tal manera que sus palabras se constituyan en infalibles. Unos logran contemplar o tocar una parte de Dios, otros alcanzan a contemplar otra; pero nadie puede afirmar: “esta es la totalidad de Dios”. Para decirlo de manera gráfica, Lutero contempló una parte, Calvino otra, Arminio otra, y a su vez Jonathan Edwards, John Wesley, Spurgeon, Moody, Finney… contemplaron o palparon a Dios según la luz que recibieron. Pero ninguno de ellos tuvo la visión completa, la totalidad de la luz, ninguno logró abarcar totalmente a Dios, entonces ¿Por qué yo debo aceptar como absoluta una visión parcial de Dios? ¿Por qué en vez de quedarme con una parte, la de mi denominación, no sumo a la luz que recibo las luces de los que en alguna manera llegaron a contemplar a Dios? Como alguien dijo: “si algún teólogo tuviese la comprensión completa de la Biblia, ya no necesitaríamos la Biblia, nos bastaría con escuchar a ese teólogo”. Y a veces no son precisamente los grandes teólogos, los que han llegado a tener más contacto con Dios.

En el capítulo nueve de Juan se nos narra un maravilloso suceso, dice que “al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.” (vs.1) Aquí el Señor vio a quien no podía verle, y tocó a quien por sí mismo era incapaz de encontrarle para tocarle. El Señor escupe en tierra y unta con el lodo los ojos del ciego, el cual después de lavarse en el estanque de Siloé, recibe la vista. Ante este milagro, todos comienzan a interrogar al que fue sanado, los vecinos le preguntan ¿Dónde está él? Él dijo: No sé. (vs. 12). Acto seguido, los fariseos (líderes religiosos, teólogos y maestros de entonces) le interrogan también: “¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.” (vs. 17)

El Señor había tocado al ciego y este quedó sano, había recibido luz del que era la Luz del mundo. ¿Quién de nosotros puede poner en duda esto? Sin embargo, hoy acusaríamos a este hombre de ignorancia por llamar al Señor Jesús: un profeta. Le faltó decir que era Rey, Sumo Sacerdote, Dios hecho Hombre, ¡o al menos el Mesías!… pero solo describió una parte del Señor.

“Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. (vs.24, 15)

Después de esta declaración, nosotros aún levantaríamos piedras para arrojárselas ¿Cómo se le ocurre afirmar que no sabe si el Señor Jesús, es o no pecador? Sin embargo, nadie está obligado a confesar lo que no sabe, sino lo que sabe: “una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Este es un testimonio poderoso, una declaración de fe, una brillante exposición teológica: “no me aventuro a responder cosas sobre las que no sé, una sola cosa sé con certeza y esa testifico, que yo estaba en tinieblas y Jesús me sacó a luz”. ¿Quién se atreve a afirmar que este hombre no estaba en la Verdad? Estaba en la Verdad aunque no comprendiese toda la Verdad, y eso le hacía veraz.

Juan 9:26-34  Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Él les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.

Los líderes religiosos, maestros y doctores de la Ley se jactaban de su conocimiento; creían conocer y ser los únicos portadores de la verdad. Sin embargo, cuando la Verdad (Cristo) estuvo frente a ellos, la rechazaron y crucificaron. Pero uno del vulgo, uno tenido por pecador por haber nacido ciego, tuvo un encuentro con la Verdad, ¿y cómo reaccionó?

Juan 9:35-38 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.

El que conozcas la doctrina verdadera no te hace conocedor de la Verdad, porque nadie es salvo por el conocimiento sino por la fe. Separar la doctrina de Cristo, de la Persona de Cristo, es muy peligroso. Los fariseos adoraban al conocimiento acerca de la Verdad, no a la persona de la Verdad que era Cristo. El que había sido ciego se postró y adoró a la Verdad en persona, aún sin tener demasiados conocimientos acerca de ella. Los fariseos conocían la Ley dada por Dios, pero no conocían al Dios que había dado la Ley. Y como dijo Leonard Ravenhill: “El mundo no necesita de personas que conozcan la Palabra de Dios, de esos está lleno. El mundo necesita de personas que conozcan al Dios de la Palabra”.

Es verdad que no hay ningún teólogo en la tierra que sepa más de doctrina que el diablo, él sabe todo sobre el Antiguo Testamento, porque estuvo allí. Estuvo allí cuando los cielos y la tierra fueron creados, estuvo en el huerto del Edén cuando el hombre pecó, estuvo en los días de Noé y de Abraham. Cruzo el Mar Rojo, estuvo en el desierto con Israel, vio las tablas de la Ley, cómo se hizo el Tabernáculo, conoció personalmente al rey David, a Salomón y a Elías. Escuchó predicar a Isaías, a Jeremías y a Ezequiel. También sabe cómo nadie sobre el Nuevo Testamento, estuvo con Juan el Bautista en el desierto, le escuchó predicar, vio a Jesús naciendo en un pesebre, conversó con Él en el desierto, vio sus milagros, contempló su crucifixión y fue testigo de su resurrección. Conoció de primera mano a Pedro, a Juan y a Pablo. ¿Qué más se le puede pedir para concederle todos los títulos y doctorados académicos? ¿Quién puede competir con él en conocimiento bíblico? Pero su conocimiento solo le valdrá para condenación, no lo salva, porque no permaneció en la Verdad, no ama la Verdad, no camina en la Verdad, no está poseído por la Verdad ni está lleno de ella. Uno puede conocer la Verdad y estar apartado de ella, el diablo es el mejor ejemplo.

El conocimiento de la verdad no te hace ser verdadero sino permaneces en ella, el diablo conoce la verdad pero sin embargo es padre de mentiras.

Juan 8:44  Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira

Si quieres defender la doctrina verdadera, antes de gritarla con tu boca y alabarte a ti mismo por tu conocimiento, escríbela con tus actos, porque a tus palabras se las llevará el viento pero tus obras permanecerán para ser probadas en el Tribunal de Cristo y recibir la alabanza de Dios. Si estás en la Verdad debes permanecer en ella y actuar influenciado por ella; entonces los hombres serán influenciados por tu ejemplo.

“Que nuestra alabanza sea de Dios, no de nosotros mismos; porque Dios aborrece a los que se alaban a sí mismos. Que el testimonio de que obramos bien lo den los otros, como fue dado de nuestros padres que eran justos. El atrevimiento, la arrogancia y la audacia son para los que son malditos de Dios; pero la paciencia y la humildad y la bondad convienen a los que son benditos de Dios.” (Clemente de Roma – Carta a los Corintios XXX)

No puede haber un divorcio entre nuestras palabras y nuestros hechos:

La predicación crucificada solamente puede venir de un hombre crucificado.”    (El Predicador y la Oración – E. M. Bounds)

Y honestamente, los mejores maestros son los que enseñan con su vida:

Es mejor guardar silencio y ser, que hablar y no ser. Es bueno enseñar, si el que habla lo practica.”    (Ignacio de Antioquía – de su Carta a los Efesios XV)

Si hiciéramos la pregunta de cuál es la mayor carencia de la Iglesia, en la actualidad, muchos responderían: “La falta de conocimiento bíblico”.  Pero yo les desafío a que pregunten a los asistentes de sus respectivas congregaciones, por el significado de la palabra santidad; comprobarán que todos saben medianamente lo que significa. Acto seguido, consideren según la vida de cada uno de ellos, si viven en santidad. Descubrirán que el problema no es la falta de conocimiento bíblico sino la falta de santidad, es decir, de poner en práctica lo que ya saben o entienden. La santidad viene por la comunión con la Verdad, no solo por el conocimiento intelectual de ella.

Algunos esgrimen alegremente la premisa de Lutero: “Es mejor estar separados por la verdad que unidos por el error”. Pero la pregunta sigue siendo ¿qué es verdad y qué es error? ¿Verdad es lo que tú crees y error es lo contrario? Cualquiera que haya leído los escritos del gran Martín Lutero, y revisado su historia, habrá notado su intolerancia con el que pensaba distinto; quien estaba contra él estaba contra Cristo. No olvidemos que aprobó y alentó la masacre de campesinos por parte de la nobleza, que odiaba a Zwinglio (se alegró de su muerte); y hubiera hecho quemar a todos los anabaptistas si hubiese podido, ¿la razón? No pensaban igual que él. Zwinglio sostenía que el pan y el vino de la cena del Señor (eucaristía) eran simplemente símbolos (no una transubstanciación como afirmaban los católicos, ni una consubstanciación como afirmaban los luteranos), mientras que los anabaptistas se oponían al bautismo de niños; estas eran herejías abominables para Lutero. Sin embargo con el paso de los años, la Iglesia mayoritariamente ha adoptado la posición de Zwinglio y la de los anabaptistas. Nos preguntamos ¿fue lo mejor que luteranos, zwinglianos y anabaptistas estuviesen separados? No, absolutamente no, y esto demuestra que muchas veces detrás del “Es mejor estar separados por la verdad…” se esconde la intolerancia hacia quien piensa distinto, y no un amor genuino por la Verdad.

Debemos cumplir nuestros deberes con gran humildad. Recuerde que la palabra “ministro” significa uno que sirve. El orgullo está fuera de lugar en uno que está buscando ayudar a otros en el camino de la salvación. Si Dios expulsó a un ángel orgulloso del cielo, entonces ¿Acaso dará la bienvenida a un predicador orgulloso y soberbio? El orgullo genera la envidia y los pleitos, y obstaculiza grandemente la obra del evangelio. Algunos pastores se han vuelto incompetentes porque son demasiado soberbios para aprender. No debemos rechazar con arrogancia a aquellos que no están de acuerdo con nosotros. Siempre debemos estar dispuestos a aprender de otros”    (Richard Baxter – del libro: El Pastor Reformado)

Es pues la Verdad, una Persona divina: Cristo. No se trata solo de conocer la palabra de Cristo, sino de permanecer en ella. Que la Verdad nos posea, sin la pretensión de poseerla a ella. Que la Verdad nos doblegue, sin intentar nosotros manipularla. Que la Verdad nos transforme, nos torne mansos y humildes, porque entonces los demás notarán quien es verdaderamente nuestro Maestro:

Mat 11:25-27, 29  En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas

Es mejor estar unidos, y luchar por la unidad en una sola batalla como un solo ejército, que estar divididos luchando mil batallas cada uno por su cuenta. Porque eso nos mandó el Señor:

Juan 17:11, 20-23  Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Este pequeño estudio no tiene por objeto ser un canto al ecumenismo ni al sincretismo religioso; solamente recordar que aunque a veces pensemos distinto en cuanto a las doctrinas secundarias; estamos en el mismo Camino, permanecemos en la misma Verdad, y tenemos la misma Vida. Antes de llamar hereje, falso, o apóstata a alguien porque no piensa como tú o no te sigue, piénsatelo dos veces, pues hay una seria advertencia de Cristo:

Mateo 5:22  Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

El Señor no les está hablando aquí a incrédulos sino a sus seguidores. Ten cuidado no sea que tu hermano, al que llamas “necio” por no seguirte a ti, sea defendido por Cristo, a quien sigue; y tú quedes expuesto al infierno de fuego. Es mejor confesar humildemente nuestra ignorancia, que presumir de conocimientos:

« ¡Oh, Señor, soy un necio, incapaz de distinguir la verdad del error! Señor, no me dejes en mi ceguera. No permitas que apruebe o rechace erróneamente esta doctrina. Si es de Dios, que no la desprecie, y si es del diablo, que no la abrace. Señor, pongo mi alma a tus pies respecto a este asunto. No permitas que me engañe, te pido humildemente. »  (John Bunyan del libro: Gracia Abundante)

Juan 8:32  y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Este artículo pertenece a la serie Estudios sobre el Liderazgo Cristiano

Producida y diseñada por Diarios de Avivamientos

Autor: Gabriel Edgardo LLugdar

Licencia: Este tratado es de libre distribución, almacenamiento e impresión, siempre que sea sin fines comerciales ni publicitarios. Puede ser usado libremente mientras se respete el texto en su forma y contexto, haciéndose mención de la fuente y autor.

Nuestro correo: diariosdeavivamientos@gmail.com

Edición: Julio de 2016

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La Verdad - Qué es la verdad - Diarios de Avivamientos

¿Qué es la verdad? Sobre el liderazgo cristiano – PDF

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Los Profetas Modernos

Los Profetas modernos

Jeremías 23:21-22 No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban.

Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.

Un poco de recorrido por las redes sociales es suficiente para comprobar que es más fácil encontrar un teólogo o un profeta que un hermano. A donde te vuelvas encontrarás o un dedo señalando tu doctrina y diciéndote “¡Así dice la Biblia…!” (el teólogo); o un dedo señalando tu vida y diciendo: ¡Así dice el Señor…! (el profeta). Los dos tienen una cosa en común, utilizan el “Así dice” para atribuirse a sí mismos la infalibilidad, y si no concuerdas con ellos eres un pequeño Judas en potencia. Ambos tienen en común otra cosa: ninguno de ellos conoce tu vida, pero eso no les impide azotarte con el látigo de su agudo conocimiento de la Biblia, o de apalearte sin piedad con la vara de profeta, es decir, ambos carecen de amor que es el mandamiento más grande (y eso sí lo dijo el Señor).

Romanos 13:9-10 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Unos se autoproclaman “defensores de la sana doctrina”, con ellos (aseguran) la Biblia está a salvo; los otros se autoproclaman “atalayas”, con ellos (aseguran) la Iglesia está a salvo. De los primeros, ya me referí en el pequeño tratado: El Teólogo de Mármol. Ahora quiero referirme a los “Atalayas”, esos pequeños Elías que se yerguen como guardaespaldas de Dios, dispuestos a hacer caer fuego del cielo sobre todos aquellos que no compartan su visión apocalíptica del mundo y la Iglesia.

Un falso profeta no es solo aquel que se levanta y proclama: “Así dice el Señor” cuando el Señor no lo ha dicho, como dice en Jeremías: yo no les hablé, mas ellos profetizaban (Vs 21).

También es un falso profeta aquel que dice lo que Dios en verdad dijo, pero Él no lo mandó a decirlo: No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían (Vs 21) yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová (Vs 32).

Estos dispersan el rebaño al golpearlos sin piedad; los otros dispersan el rebaño al hablarles falsedad y visiones vanas; ambos no hacen ningún provecho al pueblo.

Que un teólogo repita las palabras del apóstol Pablo, no le hace ser un nuevo apóstol Pablo, ni le otorga su infalibilidad. Que alguien repita las palabras de Jesús no le hace ser un nuevo Cristo ni le imprime su divinidad. Igualmente, el que tú repitas las palabras del profeta Jeremías no te hace ser un Jeremías, ni te concede su autoridad.

Efesios 4:11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros…

Dios constituye (dar, conceder, confiar, producir, repartir, entregar, infundir) a los ministros de la Iglesia, tú no puedes constituirte a ti mismo según tus gustos, sueños o ambiciones. Como siervo (que dices ser) debes esperar que Dios te ponga en el lugar de Su perfecta voluntad y en Su perfecto tiempo. Estas son las dos razones más grandes del fracaso ministerial, el ocupar un lugar para el cual Dios no te constituyó. O si te constituyó para tal o cual ministerio según Su perfecta voluntad, no respetar Su perfecto tiempo.

No es el propósito de este tratado, discutir la existencia o no de profetas en la actualidad. Porque aquí no estamos hablando de “nuevas revelaciones doctrinales” lo cual es imposible. Y para ello basta leer las palabras de Pablo:

Efesios 2:20 Ustedes son como un edificio levantado sobre los fundamentos que son los apóstoles y los profetas… (Traducción Dios Habla Hoy)

A nadie en su sano juicio, se le ocurriría poner a un edificio otro cimiento cuando ya lleva 20 pisos de construcción. El cimiento ya está puesto y no puede venir nadie, después de 2000 años, pretendiendo poner un cimiento nuevo a la Iglesia. Así que nos referimos a “voces proféticas”, ministros de Dios que hablan con autoridad dada por Dios porque han estado en el secreto de Dios: Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras (Vs 22).

La Palabra de Dios ya ha sido dada, ¿qué marca la diferencia? El que habla la palabra de Dios, habiendo estado en el secreto de Dios; y el que la habla porque se arroga una facultad que no tiene y se autoproclama mensajero de Dios, pero Dios no le ha enviado.

Este profeta moderno, que vocifera en internet (donde se está a salvo de ser apedreado o decapitado) se imagina que Dios le ha enviado, pero es su propia imaginación quien le envía. Así como un niño con sus soldaditos de juguetes se recrea ganando heroicas pero ficticias batallas, así este profeta cibernético se imagina ser una especie de antivirus espiritual que santifica la red.  Su afán de corregir a los otros viene envuelto con palabras solemnes de la Biblia, pero no es solemnidad, sino soberbia camuflada.  Se cree que es un Atalaya, pero subiendo a lo alto de su ego pretende controlar la vida de las demás ovejas. No mira al horizonte vigilando al enemigo, para él, el enemigo está en casa, sospecha de todos, no hay dulzura en sus palabras ¡un profeta debe ser rígido e inflexible! (una especie de guerrero de la galaxia) por eso es intolerante con el pecado (del otro). Debe ser excitante eso de jugar a ser profeta, pero muy peligroso, puede uno acabar con un trastorno maníaco y delirios místicos.

Este tipo de personaje se muestra obsesivo, siempre le está buscando el pelo a la sopa, y lo termina encontrando claro que sí, porque de inclinarse tanto a mirar el plato se le cae uno a él.  Está tan alto en su torre imaginaria que no puede abrazar a sus hermanos, él está demasiado por encima. Además ¡un profeta debe ser sufriente!… pero estos son insufribles. Arroja piedras a diestra y siniestra, y con más seguridad les pega a las ovejas que a los lobos. Está tan preocupado por la reputación de Dios, que se enoja cuando alguien le contradice, con lo cual demuestra que en realidad lo que le preocupa es su propia reputación.

Estos profetas modernos confunden santidad con severidad. La santidad es una obra interior que a veces tarda en reflejarse por fuera; una semilla plantada no da fruto en el mismo día, al igual que el labrador, el ministro debe mostrar paciencia, comprensión y benignidad hasta que se vean los frutos. Pero la severidad es externa, y a veces un substituto de la santidad muy propio de los religiosos.

Consideremos algunas características de los profetas bíblicos, y comprobemos si estos “atalayas modernos” se les asemejan en algo.

Primeramente, los profetas hablaban la palabra de Dios:

1Reyes 12:22-24 Pero la palabra de Dios vino a Semaías, hombre de Dios, diciendo: Habla a… diciéndoles: “Así dice el Señor:…”

Los profetas bíblicos no cambiaban la palabra de Dios según su conveniencia:

1Reyes 22:13-14 Y el mensajero que fue a llamar a Micaías le habló, diciendo: He aquí, las palabras de los profetas son unánimes en favor del rey. Te ruego que tu palabra sea como la palabra de uno de ellos, y que hables favorablemente.Pero Micaías dijo: Vive el Señor que lo que el Señor me diga, eso hablaré.

Los profetas bíblicos hablaban y callaban en el perfecto tiempo de Dios:

Ezequiel 3:24-27 Entonces entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y me habló, y me dijo: Entra, y enciérrate dentro de tu casa… y no saldrás entre ellos.Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa rebelde. Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son.

Los profetas que recibían la palabra de Dios, no se creían superiores o mejores que aquellos a los que iba dirigida:

1 Reyes 19:4 Y él (Elías) se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.

Isaías 6:5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

Jeremías 15:16-17 Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación.

Los profetas sostenían una lucha interna con la palabra recibida antes de pronunciarla, para ellos el ser profeta no era un estatus, sino un estado de quebrantamiento continuo a causa de la gran responsabilidad que eso conllevaba:

Jeremías 20:7-9 Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día.Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.

Los profetas hablaban la palabra de Dios con el mismo sentir de Dios:

Jeremías 13:17 Más si no oyereis esto, en secreto llorará mi alma a causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente se desharán mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho cautivo.

Lamentaciones 2:11 Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo,

Los profetas no eran condenadores profesionales, eran intercesores misericordiosos:

Jeremías 17:15-16 He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra de Jehová? ¡Que se cumpla ahora! Mas yo no he ido en pos de ti para incitarte a su castigo, ni deseé día de calamidad, tú lo sabes. Lo que de mi boca ha salido, fue en tu presencia.

Jeremías 18:20 ¿Se da mal por bien, para que hayan cavado hoyo a mi alma? Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, para apartar de ellos tu ira.

Hermanos, si alguien se autoproclama profeta tiene todos los números a favor para no serlo. Una voz profética no es una voz novedosa, es una voz que llama con insistencia y paciencia (no con intolerancia) a volver a las sendas antiguas, las sendas que marcan la Palabra Profética más segura (las Sagradas Escrituras). La voz profética es la del predicador que ha estado en lo secreto de Dios, y no necesita decirlo; pues al igual que a Moisés cuando descendió del monte la gloria le resplandecía en el rostro, así la gloria resplandecerá en la exposición de las Escrituras por parte del predicador.

Un atalaya verdadero, es el que en el silencio de la noche oscura, vigila sobre la muralla; y no se alumbra a sí mismo para que su figura destaque y todos lo vean, sino que en lo oculto, casi sin ser visto y sin mucho ruido, renuncia a su propio descanso para que otros puedan descansar tranquilos. Una voz profética es un fuego que derrite los corazones, no los calcina.

Una voz profética no es alguien que reparte palos a todo lo que se mueve, es un diestro arquero que dispara las flechas directo al corazón; no para hacer daño sino para que la Palabra de Dios penetre hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierna los pensamientos y las intenciones de ese corazón.

¿Crees que Dios te ha puesto por Atalaya? Entonces no te precipites, abre la boca cuando el Señor mande y ciérrala con la misma presteza. No pretendas hacer la obra del Espíritu Santo pues el único que puede convencer de pecado es Él, tú no. Si ves una mancha en tu hermano no le arranques el vestido para que todos la vean, serás culpable de avergonzar a tu hermano exhibiendo su desnudez. Dios no te da autoridad para lastimar a tu prójimo, ni para ofenderle. Una cosa es denunciar el pecado y otra maltratar al pecador, ten cuidado, porque si te crees sabio siempre habrá alguien más sabio que tú, y si te crees santo piensa que siempre habrá alguien más santo que tú; no sea que otro venga y tire de tu vestido y quede expuesta tu miseria que llevas oculta.

Tú no eres Elías, ni Isaías, ni Jeremías, ni Ezequiel, ni ninguno de los profetas bíblicos, ni yo tampoco lo soy. Tenemos el privilegio de predicar y enseñar las palabras que ellos nos dejaron, tenemos la responsabilidad de velar y cuidar del rebaño del Señor (sin olvidar que nosotros también somos ovejas) y tenemos la obligación de exponer el error y el pecado que afecta a la Iglesia, pero sin olvidar que esa Iglesia es la Novia de Cristo. Quien ofende a la Iglesia ofende a Cristo, quien maltrata a la Iglesia maltrata al mismo Cristo (pues la Iglesia es su Cuerpo), quien pretende señorear sobre la Iglesia pretende usurpar el señorío de Cristo. Quien no tiene amor por sus hermanos no tiene derecho a corregirles.

1 Corintios 13:2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

 

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

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Ireneo de Lyon y la continuidad de los dones del Espíritu

Ireneo de Lyon - Los dones del Espíritu

Ha pasado apenas una generación entre el último de los apóstoles del Cordero, Juan; y un joven llamado Ireneo nacido en Asia Menor. No se sabe a ciencia cierta la fecha de su nacimiento, posiblemente estaría entre los años 125 al 140. Sí se sabe que se convirtió al cristianismo en edad muy joven, y que vio y escuchó en primera persona al gran Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo del Apóstol Juan. Esto lo cuenta en una carta que le envió a Florino, quien también había conocido a Policarpo pero se había apartado de la sana doctrina hacia el gnosticismo, e Ireneo le intenta convencer de su error :

«Siendo yo muy pequeño, te vi en el Asia Inferior, cerca de Policarpo; tú tenías una situación brillante en la corte imperial y querías ser bien mirado por él. Tengo mejores recuerdos de entonces que de los sucesos recientes, y es que lo que se ha aprendido en la infancia se desarrolla al mismo tiempo que el alma, no formando más que una cosa con ella. Hasta el punto que puedo decir el lugar donde se sentaba para charlar con nosotros el bienaventurado Policarpo, sus idas y venidas, su manera de ser, el aspecto de su cuerpo, los discursos que dirigía a las multitudes, y cómo nos refería sus relaciones con Juan, y con otros que habían visto al Señor, y cómo relataba sus palabras, y lo que por ellos sabía acerca del Señor, de sus milagros, de su enseñanza, en una palabra, cómo Policarpo había recibido la tradición de los que con sus ojos habían visto al Verbo de vida; en todo lo que decía estaba de acuerdo con las Escrituras. Yo escuchaba esto atentamente, por el favor que Dios me ha querido hacer, y lo anotaba no en el papel, sino en mi corazón y, por la gracia de Dios, no he cesado de rumiarlo fielmente. Puedo atestiguar delante de Dios que si el bienaventurado anciano, el hombre apostólico, hubiese oído algo semejante (las doctrinas gnósticas) hubiera gritado, se habría tapado los oídos y habría dicho como de ordinario: «Oh Dios mío, para qué tiempos me has reservado, ¿es preciso que soporte esto? y habría huido del sitio en el que, sentado o de pie, hubiera oído tales cosas» (Eusebio de Cesarea Hist. eccl, 5,20, 5-7).

Ireneo, cuyo nombre significa “amante de la paz” emigró de Esmirna a Lyon y terminó formando parte del presbiterio de esa ciudad, quien lo envió en una misión a Roma en plena persecución hacia los cristianos por parte de Marco Aurelio. Como resultado de esta persecución, Photinus, obispo de Lyon, y muchos cristianos, fueron martirizados. Ireneo, a su regreso, es elegido obispo de la comunidad y debe, además de enfrentarse a las secuelas de la persecución, enfrentar el creciente gnosticismo que se infiltra en todas las áreas de la Iglesia. Tan es así que en ese momento, la literatura gnóstica supera a la literatura cristiana.

“Los gnosticismos son doctrinas de intelectuales deficientemente convertidos, que aparecen en gran número hacia 120-130. Lejos de acoger la fe, como Justino, según la tradición de los apóstoles y de la Iglesia, la utilizan y la explotan en el sentido de sus filosofías y de sus sistemas. Su legítimo deseo de conocimiento se convierte en violación y no acogida del misterio. A mediados del siglo II la literatura gnóstica es más abundante y más activa que la ortodoxa. Afecta a todo: a la Biblia, a los apócrifos, a la teología y hasta a la poesía y a la oración. Los diversos gnosticismos se extienden desde el mar Negro, y sobre todo desde Alejandría -su epicentro-, hasta Roma, Cartago y finalmente hasta Lyon, avanzadilla del cristianismo.” (A. G. Hamman – Para leer los Padres de la Iglesia – Nueva edición revisada y aumentada por Guillaume Bady)

Gnosis, es un término griego que significa conocimiento y que en sí no tiene nada de peligroso. El problema era que algunos intelectuales, no conformes con la sencilla enseñanza del Evangelio que predicaba la iglesia primitiva, y viendo en ella solamente símbolos; pretendían por medio de una gnosis reservada solo para una élite, descubrir qué misterios se escondían detrás de esos símbolos. Los gnósticos despreciaban la fe sencilla del Evangelio y procuraban un conocimiento superior. Ignorando la enseñanza apostólica se jactaban de poseer ese “conocimiento de la verdad oculta”, que era la que los hacía salvos. Sólo ellos podían interpretar la Biblia de un modo más profundo, pues el apóstol Pablo habría revelado misterios a unos pocos elegidos y no a los demás “cristianos sencillos”. Para el gnóstico la salvación está en el conocimiento, y ese conocimiento no está al alcance de todos sino solo de los “iniciados”. Los gnósticos comenzaron sutilmente y derivaron en las más absurdas fantasías. 

Para la mayoría de los gnósticos había tres tipos de seres humanos:

Los seres hílicos (los apegados a la materia o hyle, movidos por sus pasiones, representados en la Escritura por Caín) los seres psíquicos (en los que prevalece el alma o psyché, son los cristianos comunes que viven según la Ley y la fe, como Abel), y los seres pneumáticos (los que viven según el espíritu o pneûma, es decir los gnósticos, cuyo símbolo bíblico es Set). 

¿Qué creían acerca de la vida eterna los gnósticos?

“Escatología: Cada uno de los seres humanos tiene su propio destino, según el elemento que en él domine. Revelar este destino ha sido la obra del Salvador o Cristo encarnado en el Jesús de la Economía: los hombres hílicos no tienen salvación alguna; al morir se disolverán en la tierra, con la cual se quemarán al final del mundo. Los psíquicos, es decir los cristianos de la Iglesia terrena, en los que el alma constituye el sujeto, son los que viven según la ley moral y la fe predicada por los Apóstoles y por los Evangelios comunes; al morir podrán salvar sus almas, para habitar en la Región Intermedia con el Demiurgo psíquico, donde gozarán de una felicidad moderada. Los pneumáticos ya están salvados por naturaleza: su semilla divina no puede perecer, porque está destinada a volver a su origen espiritual en el Pléroma. Para éstos, por consiguiente, no cuenta la ley moral: hagan lo que hagan, ya están salvados por la gnosis, de modo que sólo esperan liberarse de esta cárcel del cuerpo en la cual, por el momento, se purifican.” (Introducción a la edición española de Contra la Herejía –Adversas Haereses – P. Carlos Ignacio González)

Contra este movimiento que amenazaba a la joven Iglesia se levanta Ireneo como el primer gran defensor de las doctrinas apostólicas. Contra el dualismo de los gnósticos, él afirma la existencia de un solo Dios Padre (que es el mismo Dios en ambos Testamentos) , un solo Cristo que se hizo hombre y participó de naturaleza humana (cosas que negaban los gnósticos), un solo Espíritu de Dios, una sola fe y una sola Iglesia. Para ello escribe su famosa Adversas Haereses – Contra la Herejía – Exposición y refutación de la falsa gnosis. Esta compuesta de cinco libros, y en el prólogo del Primer Libro dice algo tremendamente vigente para nuestros días:

Pr. 1. Algunos, rechazando la verdad, introducen falsos discursos y, como dice el Apóstol, «prestan más atención a cuestiones acerca de genealogías sin fin, que a edificar la casa de Dios por la fe». Por medio de semejanzas elaboradas de modo engañoso, trastornan las mentes de los menos educados y las esclavizan, falseando las palabras del Señor. Interpretan mal lo que ha sido bien dicho, y pervierten a muchos, atrayéndolos con el cebo de la gnosis. Los separan de aquel que ha creado y ordenado el universo, como si ellos pudiesen mostrar algo más alto y de mayor contenido que aquel que hizo el cielo, la tierra y todo cuanto contienen. Persuaden con su facilidad de palabra a los más simples para que se pongan a buscar; pero luego arrastran a la ruina a quienes son incapaces de discernir lo falso de lo verdadero.
Pr. 2. No es fácil descubrir el error por sí mismo, pues no lo presentan desnudo, ya que entonces se comprendería, sino adornado con una máscara engañosa y persuasiva; a tal punto que, aun cuando sea ridículo decirlo, hacen parecer su discurso más verdadero que la verdad. De este modo con una apariencia externa engañan a los más rudos. Como decía acerca de ellos una persona más docta que nosotros, ellos mediante sus artes verbales hacen que una pieza de vidrio parezca idéntica a una preciosa esmeralda, hasta que se encuentra alguno que pueda probarlo y delatar que se trata de un artificio fabricado con fraude. Cuando se mezcla bronce con la plata, ¿quién entre la gente sencilla puede probar el engaño?” (Ireneo – Adversas Haereses – Preludio 1 y 2)

Es en esta obra de Ireneo, Padre de la Iglesia y precursor de la teología, donde encontramos datos de la operatividad o continuismo de los dones sobrenaturales del Espíritu durante el siglo II:

Sobre la profecía y el hablar en lenguas:

“También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu, haciendo público lo que está escondido en los hombres y manifestando los misterios de Dios, a quienes el Apóstol llama espirituales (1 Cor 2,15): éstos son espirituales, porque participan del Espíritu” (Adversas Haereses – Libro V 6.1)

Sobre los falsos y los verdaderos milagros extraordinarios y de sanidad:

“Contra Simón, Carpócrates y todos aquellos que presumen de obrar milagros: no lo hacen por el poder de Dios, ni en verdad, ni actúan así para hacer el bien a los demás, sino para dañarlos induciéndolos a error, por medio de una magia ilusoria y un completo fraude, de modo que, en lugar de hacer el bien a quienes creen en sus seducciones, los perjudican. No son capaces de dar la vista a los ciegos, ni el oído a los sordos, ni expulsar a todos los demonios -sino sólo a aquellos que ellos mismos les meten, si es verdad lo que dicen-, ni curar a los enfermos, cojos y paralíticos o dañados en cualquier otro miembro del cuerpo como efecto de alguna enfermedad, ni dar de nuevo la salud a todos aquellos que enferman por accidente. Muy lejos están de resucitar a los muertos -como lo han hecho el Señor y los Apóstoles por medio de la oración y como en algunos casos ha sucedido en la comunidad cuando ha sido necesario, cuando toda la Iglesia lo ha suplicado con ayunos y plegarias, de modo que «ha regresado al muerto el espíritu»  como respuesta a las oraciones de los santos-. Ni siquiera creen que esto sea posible; porque, según ellos, incluso la resurrección de los muertos no es sino el conocimiento de lo que ellos llaman la verdad.”  (Adversas Haereses – Libro II 31.2)

Sobre dones de sanidades, expulsión de demonios, visiones y profecías:

Siguiendo en su refutación a los maestros gnósticos, Ireneo les recrimina que ninguno de ellos hace verdaderos milagros como lo hacen los verdaderos cristianos:

32,3Dicen tener el alma del mismo origen que Jesús, y que son semejantes a él, y muchas veces mejores; si embargo nunca se les ve entregarse a las obras que él realizó para el bien y el progreso de los seres humanos, nada han hecho que se le parezca o que de algún modo se le pueda comparar. Sino que, si algo llevan a cabo, como antes mostramos, lo hacen por artes mágicas para seducir con engaños a los tontos. No producen ningún fruto que deje alguna utilidad a aquellos para los cuales dicen realizar milagros. Sino que se contentan con atraer a los adolescentes presentando ante sus ojos actos de ilusión y muchas apariencias que de inmediato se desvanecen, que no duran ni un instante: no reproducen en sí la imagen de Jesús, sino la de Simón el Mago. Añádase que el Señor resucitó al tercer día de entre los muertos, se mostró a los discípulos, y ante su vista fue elevado al cielo; en cambio ellos se mueren y no resucitan ni se muestran a nadie: también esto demuestra que no tienen un alma igual a la de Jesús.
32,4. Algunos de ellos dicen que Jesús también realizó todas estas cosas en apariencia. Por los profetas les demostraremos que ya estaban anunciadas, que él las hizo de modo que no quede duda alguna, y que él es el único Hijo de Dios. Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años.
¿Qué más podemos decir? Son incontables las gracias que la Iglesia extendida por todo el mundo recibe de Dios, para ir día tras día a los gentiles y servirlos en nombre de Jesucristo crucificado bajo Poncio Pilato. Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye.
32,5. Y no lo hace por invocación de los ángeles, ni por medio de encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo de acciones mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando su oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el nombre de nuestro Señor Jesucristo, hace todos estas obras maravillosas no para seducir a nadie sino para el bien de los seres humanos. Pues si hasta hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo hace tantos beneficios y cura de modo seguro y verdadero a todos los que creen en él, y no pueden hacer lo mismo los seguidores de Simón, Menandro, Carpócrates o de cualquier otro, entonces es evidente que Él se hizo hombre, convivió con la obra que él mismo había plasmado, realmente todo lo llevó a cabo por el poder de Dios según la voluntad del Padre de todas las cosas, tal como los profetas habían anunciado.”  
(Adversas Haereses – Libro II 32.3,4,5)

Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo, quien a su vez fue discípulo del apóstol Juan, nos ha dejado un valioso testimonio histórico que no podemos ignorar o menospreciar. Fue un testigo privilegiado de la tradición apostólica, pues en ese entonces el canon del Nuevo Testamento tal como lo conocemos hoy, aún no se había conformado y aceptado universalmente; la Iglesia era nueva y los presbíteros y obispos eran férreos defensores de la sana doctrina. 

Ireneo, hace honor a su nombre “amante de la paz”, y como dice A. Hamman en su primera edición del libro Guía práctica de los Padres de la Iglesia,  Sabe distinguir el hombre de su error. Ireneo no ataca al hombre que está en el error, ataca al error teniendo misericordia del hombre. Que podamos en ese mismo espíritu defender la sana enseñanza, y no seamos como los gnósticos que pensaban que serían salvos por el conocimiento y menospreciaban a los sencillos. Somos salvos por Cristo, quien se ha dado a conocer a sí mismo a través de las Sagradas Escrituras, y se sigue dando a conocer a través de la manifestación de su Espíritu Santo en la Iglesia. 

Hoy en día hay falsos maestros, lobos rapaces, engañadores que con ilusionismo y malas artes atraen a sus fauces a las personas con supuestos milagros. Pero la existencia de lo falso no prueba la ausencia de lo verdadero, al contrario, para que haya una imitación debe haber un original. Aprendamos a desechar las imitaciones de los dones y a reconocer humildemente que hay obras del Espíritu Santo que exceden nuestro conocimiento. Así como necesitamos un genuino Avivamiento, necesitamos también dones genuinos.

Unos, sólo enfatizan la segunda parte de este mandamiento, otros, sólo la primera; pero el mandamiento es uno e indivisible:

 Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas;
pero hágase todo decentemente y con orden.

1 Corintios 14:39-40

 Articulo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

 

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El Avivamiento y las Emociones

Avivamiento y Emociones

La transmisión en directo se anuncia como “Culto de Avivamiento”, y reconozco que cuando escucho o leo la palabra “Avivamiento”, instintivamente me detengo y presto atención más que si me llamaran por mi nombre. Es mi debilidad, mi anhelo, mi suspiro y mi mayor motivo de oración: el Avivamiento.

El salón de reuniones está tan lleno de gente, que suscitaría la envidia de más de un pastor de esos que sueñan con una mega-congregación; la música pegadiza suena en ritmo latino y un grupo de jóvenes en la plataforma se mueven al unísono con la melodía. En realidad una gran cantidad de jóvenes están colocados de manera preeminente en la escena, de manera que las cámaras de televisión les enfoquen continuamente. Aplausos y gritos de júbilo caldean el ambiente hasta que por fin aparece él. Y cuando me refiero a “él” no me refiero al Espíritu Santo que debiera ser el “protagonista principal” de un culto de avivamiento en donde las almas son conducidas hacia Cristo.

Pero no… “él” es el pastor, aparece con los brazos en cruz, la expresión de su rostro a medio camino entre concentración mística y sufrimiento visceral. Y como corolario a todo esto (mientras una lastimosa melodía suena al fondo y los juegos de luces hacen su parte emotiva) la voz quejumbrosa y cuasi llorosa del pastor insiste en que el “Espíritu Santo está aquí derramando su unción poderosa”. Las cámaras intercambian imágenes del pastor con la de los rostros de jóvenes llorando, y lo admito, mi sensibilidad aflora, son imágenes conmovedoras ¿quién no se conmueve viendo a la juventud llorando dentro de una iglesia?.

Como soy un defensor a ultranza de la idiosincrasia de cada pueblo, no pretendo que un culto en Centroamérica se asemeje a un culto de suizos o alemanes; cada cual expresa sus sentimientos influenciado por su raza y cultura; así que nada de lo visto hasta aquí me preocupa. Personalmente, trataría de evitar que un culto de Avivamiento se asemejara a un musical de Broadway, el altar a un escenario, y el pastor a un showman…  pero cada líder o presbiterio es quien decide las formas y hay que respetarlas.

Lo que me llama la atención, como dije recién, son las lágrimas y gestos exteriores de emoción. En un avivamiento las lágrimas son importantes pero no son el termómetro para medir el éxito del avivamiento. Todo avivamiento produce, afecta o altera emociones; esto es una constante en cada avivamiento genuino que ha habido en la Historia de la Iglesia, pero las manifestaciones físicas de las emociones, aunque genuinas, son pasajeras. Lo que mide el éxito del Avivamiento son las transformaciones que produce en las personas. El Espíritu Santo opera en las emociones, las emociones mueven la voluntad, la voluntad se traduce en acción, la acción consiste en obediencia, cambio de vida: transformación duradera.

En un Avivamiento, las emociones son esenciales pero sus manifestaciones exteriores o visibles son pasajeras. En cambio sus manifestaciones interiores producen transformaciones, y las transformaciones son igualmente esenciales pero duraderas. Si la emoción visible dura pero la transformación no, hay motivos razonables para dudar de dicho avivamiento.

El líder del Gran avivamiento del Siglo XVIII en América del Norte, Jonathan Edwards, dice en su magistral libro Los Afectos Religiosos, que “La verdadera religión consiste principalmente de emociones santas.” A estas emociones él les llama “las actuaciones enérgicas e intensas de la voluntad” y luego continúa diciendo:

“Cuando recibimos al Espíritu Santo, las Escrituras dicen que somos bautizados en “Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11). Este “fuego” representa las emociones santas que el Espíritu produce en nosotros haciendo que nuestros corazones ardan dentro de nosotros (Lucas 24:32)… Dios, quien nos creó, no solo nos ha dado emociones, sino que también ha hecho que sean muy directamente la causa de nuestras acciones. No tomamos decisiones ni actuamos a no ser que el amor, el odio, el deseo, la esperanza, el temor, o alguna otra emoción nos influencie. Esto es cierto tanto en los asuntos seculares como en los espirituales. Es la razón por la cual muchas personas escuchan que la palabra de Dios les habla de cosas de importancia infinita—de Dios y de Cristo, el pecado y la salvación, el cielo y el infierno—sin que tenga efecto alguno sobre sus actitudes o su comportamiento. Sencillamente, lo que oyen no les afecta. No toca sus emociones. Atrevidamente afirmo que jamás verdad espiritual alguna cambió la conducta o la actitud de una persona sin haber despertado sus emociones. Nunca un pecador deseó la salvación, ni un cristiano despertó de frialdad espiritual, sin que la verdad hubiera afectado su corazón. ¡Así de importantes son las emociones!… Comprobado queda, pues, que nuestras emociones son el eje de la religión auténtica. El amor no es tan solo una de las emociones, sino la mayor de ellas, y, por decirlo así, la fuente de las demás. Es del amor que surge el odio, odio por las cosas que son contrarias a aquello que amamos. De un amor vigoroso y afectuoso hacia Dios nacerán las otras emociones espirituales: odio por el pecado, temor de desagradar a Dios, gratitud a Dios por su bondad, gozo en Dios cuando experimentamos su presencia, tristeza al sentir su ausencia, esperanza de un futuro disfrute de Dios, y celo por la gloria de Dios. De la misma manera, amor por nuestro prójimo producirá en nosotros todo lo demás que debemos sentir hacia él.” (Jonathan Edwards – Los Afectos Religiosos)

Como no puedo saber si cada joven que llora en ese culto lo hace por mero emocionalismo, provocado por las técnicas de manipulación de sonidos, luces y ambiente que le rodea; o por el contrario, está genuinamente siendo convencido por el Espíritu Santo; debo prestar atención a las palabras que con voz quejumbrosa repite una y otra vez el pastor. ¿Qué dice él?: “Dios es un padre bueno que quiere darle lo mejor a sus hijos, así que Él te dará lo mejor hoy”, “Dios quiere concederte todo lo que le pidas en esta noche”, “¡Dios te va a sanar, a consolar y a multiplicar bendiciones sobre ti hoy porque su unción está aquí!”, “Hay personas en este lugar, que han sido lastimadas por una traición o por otro motivo, Dios está sanado ahora tu corazón ¡la unción se manifiesta muy fuerte sobre ti ahora! atento los ujieres, busquen a estas personas y tráiganlas al frente …”

Bueno, la lista de frases es larga, y como notarán no hace falta ser profeta para saber que entre una multitud de personas (miles) habrá más de uno que ha sido lastimado emocionalmente por otro, los cuales con un poco más de presión emocional explotarán en llanto. Pero si en esto debo concederle el beneficio de la duda se lo concedo, creo en la operatividad de los dones del Espíritu. Mas, si ustedes prestan atención a las frases dichas por el pastor, les está afirmando (al comienzo del culto) que son sanados emocionalmente, físicamente, económicamente… así sin más. Es como si tú vas al médico y él te asegura que tu enfermedad tiene cura, pero se olvida de darte el remedio. Al enfermo no solo hay que darle un diagnóstico acertado explicándole muy bien cual es su problema,  hay que decirle que posibilidades tiene de ser curado, hay que darle la medicina y asegurarse de que la tome. 

¿Cuál es la obra más evidente y preeminente que realiza el Espíritu Santo en un avivamiento?: la convicción de pecado. En un Avivamiento genuino, el Espíritu produce convicción de pecado en los inconversos para llevarlos a la salvación, y produce convicción de pecado en los creyentes para llevarlos a la consagración. Salvación y Santidad son las marcas de un Avivamiento genuino. 

Un culto de Avivamiento no consiste en “acariciar” con palabras bonitas al pecador o al creyente tibio; hay que hacerles un diagnóstico veraz. No es buen médico el que engaña a sus pacientes dándoles un diagnóstico benigno para no lastimar sus emociones; tarde o temprano el paciente se dará cuenta de que le han mentido y sufrirá más. No es un buen pastor el que engaña a sus oyentes diciéndoles que “el Papá bueno que está en los cielos quiere colmarlos de bendiciones”, tarde o temprano las ovejas se darán cuenta que la realidad es otra, y tal vez ya sea demasiado tarde para el remedio.  

El diagnóstico veraz para el pecador es: “Porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Para el creyente tibio el diagnóstico es:  “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca(Apocalipsis 3:16). Luego se les presenta el remedio a ambos, y con toda seguridad podemos garantizarles que si obedecen a Dios los unos serán salvados y los otros serán santificados. Dios no es Padre o “Papá” de los impíos, solo de “todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12) Y Dios no responde la oración del creyente tibio: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites“. (Santiago 4:3)
Por tanto haríamos mucho bien a la causa del Evangelio, y a nuestro ministerio, si en vez de esconder la Cruz en nuestra predicación, la expusiéramos claramente.

Dijimos que en un Avivamiento las emociones son esenciales porque el Espíritu Santo las utiliza para mover la voluntad de los oyentes, la apatía no nos llevará a ningún lado. Las manifestaciones exteriores de las emociones no son esenciales, pero son su consecuencia lógica. Personalmente me costaría mucho creerle a alguien el decirme que me ama con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas; si me lo dijera sin un gesto en sus manos, sin énfasis en su voz, sin una sonrisa en sus labios, sin un brillo especial en sus ojos; y más aún si en vez de estar mirándome a los míos cuando me lo dice, está escribiendo un mensaje de texto en su teléfono a otra persona. En realidad creo que a ninguno de nosotros nos alegraría el corazón recibir de esta forma, una expresión de amor o gratitud; y no creo tampoco que el corazón de Dios se conforme con esto.

También me sorprende que algunos no se atrevan a aplaudir o a levantar la voz en un culto para decir ¡Amén! o ¡Aleluya! o hasta se escandalicen por ello, y luego cuando su equipo de fútbol marca un gol gritan y aplauden como locos, ¿acaso se emocionan más con un gol que con la presencia de Dios? “Dios no es sordo” responden algunos, no, claro que no es sordo, ni tu equipo de fútbol lo es tampoco, y sin embargo les gritas sus goles. No son los gritos o los aplausos los que espantan a los inconversos, son los pecados de los que se dicen ser cristianos los que mantienen alejados de las iglesias a los incrédulos. 

El problema surge cuando el predicador quiere hacer la obra del Espíritu Santo, al pretender tocar las emociones de los oyentes, llevarlos a las lágrimas, hacer que las personas reaccionen visiblemente, etc. El predicador debe limitarse a predicar el Evangelio, a dar el diagnóstico veraz para el inconverso y para el tibio, presentar el remedio y exhortar con toda su fuerza y unción a que las personas obedezcan el mandato de Cristo; pero la obra de tocar el corazón solo lo puede hacer el Espíritu de Dios. Pretender hacerlo nosotros es manipulación emocional, no avivamiento. Recuerda, cuando el hombre toca las emociones es emocionalismo, cuando el Espíritu Santo toca las emociones es Avivamiento.

Si personas que tienen problemas personales, ya sean de salud, anímicos, económicos o sentimentales lloran en un culto porque se les promete soluciones para todos sus problemas no es Avivamiento, sencillamente es la expresión egoísta, natural, de quien busca un milagro para sí, sin importar lo demás. Pero si las personas lloran porque han comprendido que están alejadas de Dios, que están perdidas en el pecado o en la desobediencia y desean con todo su corazón volverse a Dios, es una señal saludable de Avivamiento. Si luego, o conjuntamente, esas personas son sanadas o suplidas sus necesidades materiales por la providencia divina, es otra cuestión. El mandato del Señor Jesús es:  Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:33)

Una de las cosas que me impactó al estudiar el Avivamiento de Charles Finney, y me hizo notar esta diferencia fue leer en sus Memorias el siguiente suceso en una iglesia congregacional, cuyo pastor, de nombre Gillett le había invitado a realizar un culto de Avivamiento, presten atención por favor a los detalles:

“Cuando arribamos nos encontramos que la espaciosa sala de la parte delantera de la casa se encontraba abarrotada de gente. El señor Gillett miró a la multitud sorprendido y con manifiesta agitación, pues se dio cuenta de que la reunión estaba compuesta por muchos de los más inteligentes e influyentes miembros de su congregación, y que estaba especialmente constituida por el primer rango de los hombres jóvenes del lugar. Teníamos pocos instantes intentando conversar con los asistentes cuando noté enseguida que el sentimiento era tan profundo que había el riesgo de un estallido emocional casi incontrolable. Fue por esto que le dije al señor Gillett: “No es bueno que la reunión continúe de esta manera. Haré algunas observaciones, las que les sean necesarias a estas personas, y luego las despediré; mandándoles a que supriman sus sentimientos, para que de esa manera no se produzcan clamores en las calles cuando se conduzcan a casa”. No se hizo o dijo nada como para crear tal agitación en la reunión. El sentir fue espontáneo. La obra era tan poderosa que tan solo unas pocas palabras podían hacer que los más fornidos de los hombres se retorcieran en sus asientos como si una espada les hubiera traspasado el corazón. Para alguien que jamás ha visto una escena semejante quizás resulte imposible entender el tremendo poder que tiene a veces la verdad en manos del Espíritu Santo. La verdad se había constituido, de hecho, en una espada de dos filos. El poder que ésta produce cuando es presentada como escrutadora en unas pocas palabras, puede crear una angustia tal que resulta insoportable. El señor Gillett se agitó sobremanera. Se puso pálido y dijo, con mucha agitación: “¿Qué haremos? ¿Qué haremos?” Puse mi mano sobre su hombro y le dije susurrando: “Quédese en silencio. Quédese en silencio, señor Gillett”. Luego me dirigí a los presentes en la forma más gentil y clara que pude; pidiéndoles poner su atención de manera inmediata en el único remedio disponible, asegurándoles que tal remedio era uno presente y totalmente suficiente. Les señalé a Cristo como Salvador del mundo, y me mantuve en esa línea tanto como pudieron soportarlo, que de hecho fue unos pocos instantes. El hermano Gillett se agitó a tal extremo que me acerqué a él y tomándole del brazo, le dije: “Oremos”. Nos arrodillamos en medio del salón en el que nos encontrábamos y conduje la oración en una voz baja y desapasionada, mas intercediendo ante el Salvador para que interpusiera su sangre en uno y otro lugar, para que guiara a los pecadores presentes a aceptar la salvación que Él ofrece y para que creyeran, para que así fueran salvas sus almas. La agitación se profundizaba a cada instante, y mientras escuchaba sus sollozos, suspiros y su respirar, cerré la oración y me puse de pie súbitamente. Todos se pusieron de pie y les dije: “Ahora, por favor, vayan a casa sin hablar ni una palabra entre ustedes. No digan nada, traten de mantenerse en silencio, y no rompan en manifestaciones de sentimientos; y así, sin hablarse entre ustedes y teniendo sus sentimientos bajo control, por favor, vayan a sus habitaciones sin decir palabra”. En ese momento, un joven de apellido Wright, que era empleado en la tienda del señor Huntington y quien era uno de los principales jóvenes del lugar, apunto del desmayo cayó a los pies de otros jóvenes que estaban de pie cerca de él. En ese momento los demás jóvenes como que se desvanecieron y cayeron todos juntos. Esto bien pudo haber producido estrepitosos alaridos, pero les calmé y le dije a los jóvenes: “por favor, dejen la puerta bien abierta, salgan y dejen que todos se marchen en silencio”. Hicieron lo que les pedí y salieron sin gritar, sollozando y suspirando. Pero esos sollozos y suspiros podían escucharse a medida que iban por las calles. El señor Wright, de quien me he referido, me dijo más tarde que su angustia era tan grande que tuvo que taparse la boca haciendo uso de toda la fuerza de sus brazos hasta que llegó a casa. Permaneció en silencio hasta que cruzó la puerta del lugar donde vivía, y no pudo contenerse más. Cerró la puerta, cayó al piso y estalló en altos lamentos ante la terrible condición en la que se encontró. Esto hizo que su familia le rodeara enseguida, y la convicción se esparciera sobre ellos. Supe después que escenas similares a esta se produjeron en varias familias. Se confirmó más tarde que varios se convirtieron en la reunión y se fueron a sus casas tan llenos de gozo que casi no podían contenerse.”     (Memorias de Charles Finney – Capítulo VIII)

Finney actuó de modo contrario a lo que harían la mayoría hoy en día, es decir cuando notó que la gente estaba profundamente afectada, en lugar de presionar a las personas hasta que explotase la emoción para luego decir “¡que culto más poderoso tuvimos hoy!”; habló a las personas en una forma “desapasionada”, en un tono de voz tranquilo y normal, presentándoles en pocas palabras el mensaje de la Cruz, cortó el culto de manera súbita y mandó a las personas a sus hogares para que el Espíritu Santo culminase la obra empezada, y el Avivamiento revolucionó la ciudad. 

Hermanos, trabajemos por un Avivamiento en cada congregación. Nuestro trabajo consistirá en orar y predicar el Evangelio, el trabajo del Espíritu Santo será el de dar convicción tanto a los inconversos como a los tibios, Él moverá sus emociones y voluntades para producir cambios duraderos. No pretendamos nosotros hacer el trabajo del Espíritu,  pues solo provocaremos emocionalismo y resultados pasajeros. 

Aprendamos de las experiencias de los santos que nos precedieron, leamos para finalizar, el testimonio de John Wesley, líder del Gran Avivamiento del Siglo XVIII en Inglaterra:

“El sábado 24 de noviembre fui a Everton, donde había estado unos meses antes. El domingo de tarde la presencia de Dios se hizo sentir entre nosotros, aunque más bien para confortar que para convencer. Pero observé una diferencia notoria en la manera de trabajar ahora, de lo que había visto en mi visita anterior. Nadie entró en trance; nadie emitió gritos; nadie se cayó ni se produjeron convulsiones. Solamente algunos experimentaron temblores fuertes, y se escuchaba un murmullo; pero muchos se sintieron refrescados y renovados por una gran paz. El peligro estaba en considerar demasiado importantes las circunstancias extraordinarias tales como gritos repentinos, convulsiones, visiones, trances, como si estas cosas fuesen esenciales para la obra en el interior del ser, de tal manera que esa obra no podía continuar si no se experimentaban. Tal vez el peligro radique en darles demasiada poca importancia; en creer que hay que condenar esas cosas totalmente; imaginar que no tienen nada que ver con Dios y que son un entorpecimiento para el trabajo. Mientras que la verdad es: (1) Inesperadamente, Dios ha convencido con fuerza a muchos que eran pecadores y estaban perdidos, y la consecuencia natural fueron los gritos repentinos y las fuertes convulsiones corporales. (2) Para robustecer y animar a los que creían, y hacerles más evidente su obra, Dios favoreció a muchos con sus sueños de origen divino; con trances y con visiones. (3) En algunos de estos casos, después de un tiempo, la naturaleza se mezcló con la gracia. (4) A su vez Satanás imitó esta parte de la tarea divina, con el fin de desacreditar toda la obra. Con todo, no es sabio el abandonar esta parte como tampoco lo es el renunciar a la misma. Al principio, es indudable que era totalmente de Dios. En parte lo es todavía hoy. Y él nos capacitará para poder discernir, en cada caso, hasta dónde la obra es pura y hasta dónde está mezclada.” (John Wesley, sobre las Primeras Sociedades Metodistas)

 

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar El Avivamiento y las Emociones

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Avivamiento y Emociones - I - Diarios de Avivamientos

Avivamientos

 

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El cristiano y la aflicción – cuando el enemigo nos rodea

 El cristiano y la aflicción - rodeados por el enemigo

sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores (2 Corintios 7:5b)

Inexplicablemente, llegan períodos a nuestra vida donde en todo somos atribulados. El ejército enemigo nos ha rodeado y se ha acercado tanto que está a la puerta de nuestra fortaleza; desde lo alto de nuestra torre del vigía podemos mirar hacia los cuatro costados y todo son conflictos en nuestro horizonte. Y digo inexplicablemente porque esto nos acontece precisamente cuando estábamos caminando en la voluntad de Dios, cuando empezábamos a notar progresos en nuestra vida espiritual, en nuestro servicio a Dios; es decir cuando nadie podría, como los amigos de Job, acusarnos de: “esto te pasa por…”

El apóstol Pablo, unas líneas antes del versículo mencionado dice en 2 Corintios 7:2 “Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado.” ¿Entonces cuál es el porqué de la tribulación, de los conflictos externos, de los temores internos? La tribulación no tiene otra explicación que la soberana voluntad de Dios.

Una amiga mía,  que vive con los pies en la tierra pero con el corazón en el cielo, me envió recientemente el siguiente texto para animarme en mis aflicciones: 

“Dios no desperdicia el sufrimiento, ni corrige por capricho. Si Él ara, es porque se propone a cosechar. Pedro aconseja: “No os sorprendáis si descubrís que la llama ardiente de la persecución anda entre vosotros para someteros a prueba”, y el escritor de Hebreos nos asegura que “después proporciona a aquellos que han pasado por su escuela, un resultado lleno de paz” Es así que, aparentemente, la vida ha de ser una serie de pruebas en la escuela de Dios. Las pruebas que Él manda o permite, son en realidad su voto de confianza, pues no permite que suframos pruebas superiores a nuestro poder de resistencia” (J. Oswald  Sanders – Prefacio de “Una hoja verde en tiempo de sequía”)

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese (1 Pedro 4:12).  No os sorprendáis si de pronto veis que estáis rodeados de conflictos por fuera y de temores por dentro. Seguramente se sorprendan tus conocidos, y tal vez algún “amigo de Job” aparezca para insinuarte que “algo habrás hecho mal y te lo mereces”. Pero como ya dijimos, la tribulación no siempre tiene explicación, y no estamos obligados a dar explicaciones a otros de lo que ni nosotros mismos somos capaces de entender. Pedro solo nos dice: no os sorprendáis y en seguida nos dice sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo.

Una de las cosas más difíciles en tiempo de tribulación es ver más allá de la misma tribulación, nuestros ojos naturales se enfocan en el conflicto, en el ejército que nos rodea, en los problemas que nos agobian, y ahí se detienen. ¿Pero qué hay detrás de eso? – “La mano del diablo” me dirás. No, no hagas al diablo soberano, mira más allá ¿quién mueve la mano del diablo?

¿Recuerdas la historia de Job?

Job 2:3-6 Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa?  Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.  Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.

Sobre la torpe y maliciosa mano de Satanás está la firme y misericordiosa mano de Dios que la mueve hacia donde Él quiere y la deja presionar hasta donde Él considere necesario. Es sorprendente que al principio del libro de Job, Dios autorice a Satanás a descender hasta Job para atribularlo; pero al final del libro cuando llega el momento de hacerle entender a Job el fruto de la aflicción sea Dios mismo quien desciende y le hable a su siervo: Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo(Job 38:1)

Al principio solo notarás las luchas, las dificultades y los temores, como si el aliento ardiente del mismo Satanás te quemara el rostro con aflicción, pero si permaneces fiel, al final notarás como Dios echa a un lado al diablo que usó como instrumento y desciende Él mismo a consolarte y a hacerte entender el porqué de su trato especial contigo.

¿Recuerdas la historia de Pedro? 

Lucas 22:31-32 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Jesús confirma lo que es evidente en toda la Escritura: Satanás no puede hacer nada sin la autorización de Dios. Suena raro decirlo, pero nosotros no somos los únicos que le pedimos cosas a Dios, el diablo también le pide: le pide zarandearnos y probarnos. 

“pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte” le dice el Señor a Pedro, pero no solo le dice el principio (la prueba que ha de pasar) sino el final (el fruto de la prueba superada): y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 

El escritor de la carta a los Hebreos dice de Jesús:  por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (Hebreos 7:25) No olvides nunca que nuestro Soberano Señor Jesús está sentado a la diestra del Padre e intercede siempre por ti y por mí para que nuestra fe no nos falte en la hora de la prueba. 

¿Te acuerdas del mensaje de Jesús a la iglesia de Esmirna?

Apocalipsis 2:10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.

Jesús le advierte a la Iglesia que va a padecer, no le dice el “por qué”, solo le advierte el instrumento que usará para probarlos (el diablo), le advierte el método (cárcel), le advierte el tiempo exacto que durará (diez días) y le anima recordándole el “para qué”, el premio de la fidelidad: yo te daré la corona de la vida.

Ten presente siempre que en la vida espiritual los ¿por qué? le pertenecen solo a Dios y a su soberanía, a nosotros nos toca confiar en que todo está bajo Su control y de esa manera permitir que se produzca el fruto.

“La disciplina es siempre preparatoria de la bendición y no puede traer otra cosa que bendiciones cuando se la recibe adecuadamente. Es aquí donde reside nuestra responsabilidad. La comida no digerida es veneno, no una bendición. Las disciplinas que no se reciben correctamente, amargan en lugar de endulzar el carácter. Preguntar quejumbrosamente “¿Por qué?” cuando el castigo recae sobre nosotros es, en efecto, acusar al omnisapiente Dios lleno de amor, de ser caprichoso. Él no desgarra el corazón meramente para demostrar su poder y soberanía, sino para prepararnos para ser más fructíferos. Poda cada rama que no da frutos para aumentar su rendimiento. La disciplina tiene un propósito. ¿Cómo reaccionamos al arado de Dios? ¿Nos suaviza, nos sojuzga, nos castiga? ¿O endurece y entiesa nuestra resistencia a su voluntad? ¿Nos endulza o nos amarga? (J. Oswald Sanders – libro: Madurez espiritual)

Dejadlo arar, Él tiene como propósito cosechar“. Decía Samuel Rutherford en sus horas de aflicción. 

Isaías 28:24 El que ara para sembrar, ¿arará todo el día?

Recordemos lo que Jesús le dijo a la iglesia de Esmirna: y tendréis tribulación por diez días. Antes de que comiences la prueba ya el buen Señor determinó el tiempo exacto en que Él arará tu tierra para sembrar.

“Arar es solo un medio para llegar a un fin. Cuando este se logra, su arado cesa. En la historia de Israel se puede ver el discernimiento del Dios de este pueblo. Durante cuatrocientos treinta y siete años el arado de la tiranía egipcia maduró a través de la tierra dura de la nación hebrea, un desierto no prometedor en el que Dios vio posibilidades de una rica cosecha; pero no podía haber cosecha sin arado. Tan pronto como la disciplina del látigo del capataz egipcio hubo logrado su propósito, fue eliminada. Él no permitió que su pueblo se angustiara bajo la opresión de sus amos ni un día más que el necesario para lograr el propósito benéfico divino. Tan pronto como estuvieron preparados para recibir la liberación, Él los condujo al descanso, la abundancia y la victoria de Canaán. Pero solo la severidad de la disciplina los independizó de Egipto. El granjero hábil discrimina entre un suelo y otro. El suelo liviano y arenoso requiere solo un arado breve y ligero. La arcilla dura y agria requiere un tratamiento totalmente diferente para producir una cosecha. Debe dejársela desnuda al sol y drenarla. El arado debe hundirse profundamente en el subsuelo, tan profundamente como se pueda. El suelo debe ser rastrillado y rastrillado hasta que se rompan los terrones y haya una fina capa labrada donde la semilla germine y crezca. El granjero está discerniendo sobre la duración de su arado. No solo debe desarraigar y arar continuamente su tierra. Trata cada suelo de acuerdo con su necesidad. ¿No es esta la explicación de la diferente incidencia del sufrimiento, la angustia y las pruebas? Se puede confiar en el “agricultor celestial”, en la adaptación, en los tiempos y en la duración de las disciplinas que permite su amor. Estamos a salvo en sus manos.” (J. Oswald Sanders – libro: Madurez espiritual)

En los capítulos anteriores hablamos de Eliseo, quiero para terminar, que repasemos un maravilloso suceso en la vida de este hermoso siervo de Dios cuando estando en la ciudad de Dotán, el rey de Siria quiso acabar con él.

2 Reyes 6:14-17 Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y carros, y un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron la ciudad.
 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?
 El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.
 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

Como dije al principio, puede que en este día estés parado en la torre del vigía, y mires a tu alrededor y todo sean conflictos por fuera y temores por dentro; estás rodeado, acechado, sintiendo el aliento de tu enemigo por todas partes, no puedes huir… no debes huir. Tu alma gime como el salmista:

 ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador?
¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?
 ¿Por qué retraes tu mano?
¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?
 Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;
El que obra salvación en medio de la tierra.

No entregues a las fieras el alma de tu tórtola,
Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.

Salmos 74:10-12,19

¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? Fue el clamor angustioso del criado que solo podía ver la aflicción y al ejército enemigo. Mas Eliseo se mantiene firme, está mirando hacia la misma dirección que su ayudante pero puede ver más allá, no está mirando la mano del enemigo sino viendo la mano soberana que mueve la mano de su adversario; no está mirando al gran ejército que tenía sitiada la ciudad, está viendo al ejército celestial que le rodea para defenderlo.

El criado y Eliseo están en la misma situación, pero mientras el criado mira lo natural, el profeta está viendo lo espiritual. Mientras el criado mira al ejército enemigo el profeta ve al ejército amigo. Mientras el criado tiembla de espanto, el profeta dice: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.(vs. 16) Uno grita angustiado: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? (vs. 15)… el otro: Y oró Eliseo. (vs. 17)

No podemos evitar que vengan las pruebas y tribulaciones, ni podemos evadirnos de ellas, pero debemos afrontarlas con un diagnóstico acertado:

  • ¿Quién tiene el control absoluto de la situación: Satanás, yo, o Dios?

1 Corintios 10:13 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

  • ¿Estoy solo frente al enemigo?

Salmos 34:6-7 Este pobre clamó, y le oyó Jehová,  Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.

  • ¿Mis aflicciones son un sinsentido?

Hebreos 12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Podemos después de esta pequeña reflexión confesar con todo nuestro corazón:

Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;
Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.
 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.
 Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,
Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;
Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.

Salmos 27:3,5-6

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Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar – de la Serie – Estudios sobre el liderazgo cristiano – IV

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El cristiano y la aflicción - cuando el enemigo nos rodea - Liderazgo IV

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El liderazgo: Verdaderos discípulos – De Elías a Eliseo – Capítulo III

De Elías a Eliseo

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Mateo 8:19-22 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

Cuando Jesús hablaba, hasta los escribas y fariseos quedaban admirados y sin palabras; cuando Jesús hablaba los vientos y la lluvia cesaban; cuando Jesús hablaba los demonios eran expulsados, los muertos resucitados, las multitudes se agolpaban, los alimentos eran multiplicados y los enfermos sanados. Era tentador seguir a un hombre así, era emocionante pensar hasta dónde llegaría un hombre con estas capacidades: ¿a ser el más grande y reconocido maestro (rabbí) de Israel? o tal vez ¿a libertador de la opresión romana y rey de la nación?… seguramente nadie, a excepción del propio Cristo, tenía en mente que el camino entre multitudes pronto se convertiría en un camino solitario hacia la Cruz.

El Señor dijoal que a mi viene de ningún modo lo echaré fuera(Juan 6:37 – LBLA) Jesús a todos llama y no impide a nadie seguirle, pero no quiere meros simpatizantes, admiradores ni fanáticos, sino discípulos conscientes de que deben ser en todo iguales a su Maestro, incluso en los padecimientos:

Mateo 16:24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

Filipenses 1:29 Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él,

“Nada ha perjudicado tanto al Cristianismo como la práctica de engrosar las filas del ejército de Jesucristo con cada voluntario que se manifieste dispuesto a hacer profesión de fe y a hablar dilatadamente de sus sentimientos religiosos. No es el número lo que constituye la fuerza, y puede suceder que haya mucha religión externa y muy poca gracia. Recordemos esto, y no ocultemos la realidad a los jóvenes que quieran hacer profesión de fe. Digámosles con sinceridad que al fin de la peregrinación encontrarán una corona de gloria, pero que es preciso que por el camino lleven a cuestas una cruz.” (Los Evangelios Explicados por J. C. Ryle)

“Es como si Jesús le dijera a aquel hombre: «Antes de seguirme, piensa en lo que vas a hacer. Antes de seguirme, calcula el precio.» Jesús no quería seguidores arrebatados en un momento de emoción, que se inflamaran como la paja y desaparecieran con la misma rapidez. No quería personas arrastradas por el flujo, y luego por el reflujo de una marea de meros sentimientos. Quería personas que supieran lo que estaban haciendo… Esto no es enfriar el entusiasmo, pero sí decir que el entusiasmo que no se enfrenta con los hechos pronto será ceniza en vez de llama.
Nadie podrá decir jamás que siguió a Jesús engañado. Jesús era transparentemente claro y sincero a ultranza. Le hacemos a Jesús un flaco servicio si hacemos alguna vez que la gente piense que el camino cristiano es fácil. No hay nada más emocionante que el camino de Cristo, ni gloria como la que hay al final de ese camino; pero Jesús nunca dijo que era fácil. El camino a la gloria pasa necesariamente por la Cruz.” (William Barclay)

Pasando Elías junto a Eliseo echó sobre él su manto en señal de elección y llamamiento

1Reyes 19:20 Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Vé, vuelve; ¿qué te he hecho yo?

Eliseovino corriendo en pos de Elíasy este le dice  “Vé, vuelve; ¿qué te he hecho yo?” era como si le dijese: “no soy yo el que te llama sino Dios“. Eliseo lo sabía, por eso renunció a todo lo suyo, mató sus bueyes, rompió su arado, coció la carne y la dio al pueblo. Estaba renunciando a la vida que hasta ahora llevaba, para obedecer al llamado, una renuncia total; había considerado el costo de ello y asumía el precio de la obediencia. A diferencia del discípulo que quería seguir a Jesús pero antes enterrar a su padre, Eliseo no puso eso como un “luego te seguiré”, sino como un testimonio público de su renuncia a todo lo que poseía, una confesión abierta e inmediata ante sus padres y su pueblo. 

Elías, como Jesús, no tenía donde reposar su cabeza. Elías, como Jesús, pronto sería alzado de este mundo. Es más fácil para el discípulo caminar junto al maestro al que ve, pues ante cualquier duda responderá el maestro, ante cualquier problema allí estrá el maestro para resolverlo y ante cualquier enemigo allí se interpondrá el maestro para defender a los suyos. Pero tanto Jesús como Elías estaban preparando a los discípulos para caminar por fe y no por vista, y si estos no tenían bien claro que el llamamiento provenía de Dios y no de hombres, pronto el entusiasmo se convertiría en cobardía, y el discípulo en desertor.

“La vida de Jesús empezó en un establo prestado y acabó en una tumba prestada.” (Plummer)

Elías tampoco tenía nada propio, era un prófugo, lo buscaba la reina Jezabel para degollarle. Es interesante que cuando el rey Acab se encuentra con el profeta le saluda de esta manera: ¿Eres tú, perturbador de Israel? Elías le respondió: Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque habéis abandonado los mandamientos del SEÑOR y habéis seguido a los baales. (1 Reyes 18:17-18)  

A Elías le acusaban de perturbar al pueblo, pues predicaba en contra de la corrupción espiritual, y denunciaba el abandono de los mandamientos de Dios por parte de los líderes. A Cristo mismo lo acusaron los líderes religiosos de su tiempo: Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo (Lucas 23:13-14) A los primeros cristianos también se les acusaba de ello: Estos que trastornan el mundo entero. (Hechos 17:6).  Si un predicador no perturba, no trastorna a los pecadores con su mensaje, difícilmente esté hablando en la autoridad de Dios.

Elías era un “hombre molesto” como lo son todos aquellos que no disfrazan la realidad para el gusto del consumidor. Mas adelante cuando el rey Acab, instigado por su mujer Jezabel, hace matar a Nabot para quedarse con su viña, el profeta Elías le sale nuevamente al encuentro para denunciar su maldad: Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová. (1 Reyes 21:20) Si denuncias la maldad no te llamarán amigo, si reprendes al perverso te llamarán enemigo. Es mejor que te llamen enemigo los enemigos de Dios a que te llamen amigo, pues eso significa que haces la vista gorda a sus maldades.

Un discípulo de Cristo no puede esperar otra cosa que seguir las huellas de Sus pisadas, y ser consciente de que en esas huellas aún está  fresca la sangre de su Maestro. Si como meta de nuestro llamado ponemos el éxito, constantemente, en lo más intimo de nuestro corazón nos sentiremos frustrados por los contratiempos. Si como meta de nuestro llamado ponemos la Cruz, todas las dificultades que pasemos nos sabrán a éxito porque Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él.  (2 Timoteo 2:11-12) 

Después que Eliseo renuncia a sus comodidades materiales para seguir el llamado, se dedica a servir a Elías, tal vez por unos ocho años aproximadamente, hasta que su maestro es llevado por Dios; de este período nada se nos dice de él, es a partir de que su maestro le es quitado cuando comienza su gran ministerio de fe. De igual modo los verdaderos discípulos de Cristo impactaron al mundo después de los sucesos de muerte, resurrección y ascensión de su Maestro, pues allí comenzaron a vivir realmente por fe.

Es fácil profetizar cuando se está entre profetas, como Saúl  Y fue a Naiot en Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y siguió andando y profetizando… De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profetas? (1 Samuel 19:23- 24) aunque la realidad era que Dios ya lo había desechado por desobediente  Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? (1 Samuel 16:1)
Es fácil en un momento de emocionalismo correr detrás de Jesús gritando ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!  (Juan 12:13) Aunque luego esos gritos se convirtiesen en rechazo Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!  (Mateo 27:22).

Los verdaderos discípulos no son personas encandiladas por algún milagro, o contagiados por la euforia de la multitud. Los genuinos discípulos son los que han considerado el costo que implica obedecer al llamamiento, llamamiento que no viene de un hombre sino de Dios mismo. Son personas que han visualizado la Cruz, han asimilado que muchas veces tendrán que padecer soledad, incomprensión, traición, burla; hasta el punto de que se les acuse de trastornar al pueblo, por predicar en contra de la corrupción y mundanalidad de los que se dicen “pueblo de Dios” pero corren tras los baales.  Pero recuerda, para esto fuiste llamado, no fuiste llamado para las luces del éxito y los aplausos de las multitudes, sino para hacer la voluntad del que te escogió, aunque esa voluntad tenga forma de cruz. 

Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.  (1 Pedro 2:21)

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar – de la Serie Estudios sobre el Liderazgo Cristiano – de Elías a Eliseo.

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De Elías a Eliseo - Verdaderos discípulos - Liderazgo III

Avivamientos

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Estudios sobre el liderazgo cristiano II – El llamamiento de Eliseo

llamamiento de Eliseo

Estando escondido en una cueva del monte de Horeb (Sinaí) y tras oír un silbo apacible y delicado que daba testimonio de la presencia de Dios, el profeta oye la voz que le pregunta: ¿Qué haces aquí, Elías? 

1 Reyes 19:14 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.

Este guerrero de Dios había combatido incansablemente el culto a Baal, hasta el punto de quedarse completamente exhausto, rendido, casi dando la causa por perdida. Recordemos que Baal era básicamente el dios de la prosperidad, los cananeos le atribuían a él la lluvia que fertilizaba los campos y las cosechas, también le atribuían la fertilidad que multiplicaba el ganado y la de las personas. Hay un pasaje bíblico sorprendente en cuanto a esto

Oseas 2:8 Y ella (Israel) no reconoció que yo le daba el trigo, el vino y el aceite, y que le multipliqué la plata y el oro que ofrecían a Baal.

Dios era quien proveía a Israel, sin embargo el pueblo buscaba y atribuía esa prosperidad a Baal y le entregaban las primicias de sus cosechas, de sus ganados, le sacrificaban sus primogénitos haciéndolos pasar por el fuego y le ofrecían plata y oro, buscando así ser prosperados en mayor manera. La prosperidad de la tierra de Canaán estaba fundamentada en la lluvia, todo dependía de ella así como Egipto dependía de las crecientes del Nilo. Baal era considerado el señor de la lluvia, si llovía todo prosperaba, por eso Elías había orado y no llovió por tres años y seis meses, para demostrar que Baal no era quien mandaba la lluvia sino Jehová. 

Israel había dejado los mandamientos de Dios y habían corrido tras la falsa promesa de prosperidad ofrecida por los sacerdotes de Baal.  “Sólo yo he quedado” se queja Elías en el monte Sinaí (Horeb), en el mismo lugar donde Dios le había dado los Mandamientos de la Ley a Moisés. La respuesta de Dios fue: Y le dijo Jehová: Vé… Todavía le quedaba trabajo por hacer al siervo de Dios. Aquí también se le revela quien sería su sucesor:

1Reyes 19:16b,18  y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar… Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

Es muy probable que Elías no haya conocido a Eliseo hasta entonces. Desde la época del profeta Samuel escuchamos de la existencia de las “compañías de profetas” o de los “hijos de los profetas”, pero no es de una escuela de profetas de donde surgirá el sucesor, sino de detrás del ganado:

1 Reyes 19:19-21 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Vé, vuelve; ¿qué te he hecho yo?  Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

Este llamamiento nos recuerda al del profeta Amós:

Amós 7:14-15 Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres.  Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Vé y profetiza a mi pueblo Israel.

El llamamiento no está fundado en los méritos del que es llamado sino en los méritos de Aquel que llama. Hay un dicho que reza “Dios tiene hijos, no nietos“, el cual no deja de ser una gran verdad porque nadie es cristiano por tener padres cristianos, sino por arrepentirse y experimentar el “nuevo nacimiento”. Que Eliseo no haya pertenecido a familias de profetas no le impedía ser elegido por Dios como el sucesor, nada más y nada menos, que del gran profeta Elías. La elección es de Dios, y si Él te ha llamado ten por seguro que aunque ahora te encuentres detrás del ganado, en una posición insignificante, a su tiempo el Señor que te llamó te pondrá en el lugar que está reservado para ti: fiel es el que os llama, el cual también lo hará (1Ts 5:24).

Ahora, hay cualidades en Eliseo que lo hacen ser un hombre especial, yo diría maravillosamente especial, uno de mis favoritos. La Biblia narra su vida a partir de su encuentro con Elías, pero seguramente por años, en la sombra, Dios estuvo tratando con su vida, con su carácter, con sus hábitos;  con el fin de formarlo y capacitarlo para que llegado el momento  ocupara su posición de liderazgo. ¿Cuántos días de su rutina, tras los bueyes, mirando siempre el mismo paisaje, la misma tierra, Eliseo habrá sentido en su corazón arder la llama del celo por las cosas santas? ¿Cuantas veces tras la yunta de bueyes, habrá caminado con los ojos puestos en el cielo buscando una respuesta de Dios para ese anhelo de servirle? ¿Cuántas veces habrá llorado Eliseo mirando cómo Israel se prostituía tras los baales? De esta formación la Biblia nada nos dice, pero podremos conocer los frutos de ella mediante la actitud que adoptará Eliseo ante cada situación que se le presente en el futuro.

Al parecer Eliseo pertenecía a una familia con un cierto nivel de recursos, pues poseían tierras y muchas yuntas de bueyes propios. Cuando Elías se encuentra con él y le coloca su manto encima, Eliseo comprende inmediatamente que esa era la confirmación del llamado de Dios, y que ese llamado implicaba renuncia. Renuncia primeramente a vivir en el confortable hogar junto a sus padres, por eso le pide a Elías que le deje ir a besarlos. Obviamente, en aquella época, esto no se trataba solo de un beso; era toda una ceremonia de despedida. Eliseo toma dos bueyes, tal vez la parte de su herencia, los mata y cuece la carne con la madera del arado ¿y que hace? “la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.” (1 Reyes 19:21)”.  Este es un gesto extraordinario de un hombre extraordinario, Eliseo renuncia a las posesiones terrenales, siendo rico se hace pobre, y siendo libre se hace siervo por amor de Dios.

Esto nos recuerda aquel episodio de Jesús y aquel hombre joven que le preguntó:

Lucas 18:18-23 … Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.  Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.

 Eliseo seguramente había guardado desde su juventud los mandamientos de Dios, pero no se conformó con eso, repartió lo suyo entre el pueblo y se fue tras Elías. Cuando el pueblo de Israel corría tras los baales en busca de prosperidad, un hombre renuncia a todo lo material por obedecer al llamamiento, ese hombre era Eliseo y dejaría una huella imborrable en la historia de Israel.

¿Cuantos jóvenes que sueñan con el “ministerio” dicen: Señor envíame a mí, llámame a mí, úngeme a mí, levántame a mí? Seguramente muchos, cada noche, en cada altar, en cada culto; pero ¿cuántos renunciarían a lo material, al confort, al hogar, a la seguridad, a la comodidad y a la reputación  para hacer más efectivo el servicio?… Hoy el ministerio de éxito se ha convertido en sinónimo de prosperidad, si te ves bien, te vistes bien, te rodeas de muchos bienes, es porque “Dios está contigo”. Israel también lo creía por eso corría tras Baal. Elías se vestía con ropa tosca, Eliseo se quedaba sin nada y se hacía siervo, pero pocos hombres experimentaron el poder de Dios tan asombrosamente como ellos dos.

No hay nada más peligroso que un ministro avaro, codicioso y ambicioso. ¿Cuántos estarían hoy dispuestos a matar sus bueyes, y con la madera del arado cocerlos y darle de comer al pueblo? Creo, mas bien, que muchos harían una reunión especial para levantar una ofrenda y poder comprarse unos bueyes con arado “último modelo”…

Dios no eligió a Eliseo por sus virtudes, lo eligió antes, pero pacientemente lo fue formando y transformando, moldeando en él esas virtudes que lo harían extraordinario. El tesoro, la riqueza de los hombres de Dios no está en lo exterior, sino en el interior; es allí donde reside el secreto de los ministerios que producen marcas profundas en la historia de la Iglesia. Por fuera son vasos de barro, pero por dentro están llenos de la excelencia del poder de Dios. 

Eliseo fue uno de los siete mil que no doblaron la rodilla delante de la prosperidad de Baal y Dios lo levantó con poder en medio de su generación… ¿y tú? ¿estás dispuesto a sacrificar tus bueyes?

 

Gabriel Edgardo LLugdar – Estudios sobre el liderazgo cristiano – De Elías a Eliseo

 

 

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Los Milagros y la Presencia de Dios – El profeta Elías

Los Milagros y la Presencia de Dios - el profeta Elías

Cuando el fuego de Dios descendió del cielo, consumiendo el holocausto presentado por Elías en el monte Carmelo, ante la atónita mirada de Acab (rey de Israel), de los sacerdotes de Baal (los protegidos de la reina Jezabel)  y ante la expectante mirada del rebelde pueblo de Israel; Jehová se reveló a si mismo como el único Dios verdadero y a Elías como su verdadero profeta. Sin embargo este exitoso suceso desembocó en una sentencia de muerte para Elías, la reina prometió degollarle como él lo había hecho con los profetas de Baal.

1Reyes 19:2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.

Elías entra en un momento de depresión, seguramente él esperaba que después de aquella portentosa manifestación de Dios, el pueblo, el rey y la reina se convirtieran de sus malos caminos y todo resultase en una fiesta para Israel. Sin embargo, este santo varón experimenta tal angustia que sentándose debajo de un enebro le dice a Dios:  Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Mas el misericordioso Señor, en lugar de quitarle la vida le fortalece; y si antes, en el arroyo de Querit cuando Elías estaba en la plenitud de sus fuerzas, le había enviado cuervos que le llevasen alimento, ahora en su depresión, Dios le envía a su propio ángel para alimentarlo.

1Reyes 19:5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.

Elías se sentía en un punto miserable, hasta culpable: pues no soy yo mejor que mis padres”, ahora necesitaba una manifestación del amor de Dios, en este caso la presencia de un cuervo no hubiese ayudado mucho. Así, nuestro clemente Señor sabe suplirnos nuestra necesidad exterior enviándonos o un cuervo o un ángel, según sea nuestra necesidad interior. 

Elías continúa camino hasta el monte de Horeb (Sinaí),

1Reyes 19:8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

Horeb, el monte de Dios,  el mismo lugar donde el Señor se le manifestó a Moisés:

Éxodo 3:1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza…

Ahora Elías, estando en el monte Horeb se esconde en una cueva:

1Reyes  19:9 a Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche.

Probablemente era la misma cueva donde Dios escondió a Moisés para mostrarle su Gloria, cuando Dios le había prometido: “Mi presencia irá contigo y te daré descanso”, y Moisés le había implorado: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”.

Éxodo 33:18-23 Él (Moisés) entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.  Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti… No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá… He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

Seis siglos después, en el mismo monte, Dios también le manifestaría Su Gloria, Su Presencia, a su siervo Elías:

1Reyes 19:11-13 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

Podemos experimentar los milagros de Dios, pero eso no significa que experimentemos o conozcamos Su Presencia. El pueblo de Israel había experimentado tremendos milagros en Egipto (las diez plagas), y muchos más como los que experimentó en el desierto camino a Canaan (cruce del Mar Rojo, maná, lluvia de codornices, columna de fuego y de nube, etc); sin embargo todo quedaba reducido a una experiencia externa, seguían siendo un pueblo rebelde de dura cerviz.

El fuego, el viento, el terremoto…  son manifestaciones de Dios que provocan manifestaciones en los hombres (asombro, espanto, shock, y todo tipo de emociones) pero no producen transformaciones en el interior de los hombres, solo la Presencia de Dios transforma a las personas. La experiencia de los milagros puede olvidarse, pero el experimentar la presencia de Dios nunca se olvida. Los milagros pueden producir gratitud, pero Su Presencia produce amor en nosotros. 

Faraón y el pueblo de Egipto, experimentaron y fueron testigos directos  del obrar milagroso de Dios, sin embargo no cambiaron sus vidas, no creyeron, ni amaron a Dios. El pueblo de Israel fue testigo privilegiado de los milagros más extraordinarios, y sin embargo, muchos de esos testigos cayeron en su travesía por el desierto en la más terrible rebeldía, la mayoría de ellos no entraron a la tierra prometida, la mayoría de ellos nunca amaron a Dios.

Podemos vivir sin los milagros de Dios, pero no podemos vivir sin Su Presencia. Podemos experimentar y ser testigos de un sin fin de milagros de Dios, pero eso no es garantía de que le conozcamos a Él. Sabiendo esto, Moisés no pidió más poder, ni mas manifestaciones, ni más prodigios, le rogó a Dios por Su Presencia. Por eso  hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Éxodo 33:11).

Los milagros o manifestaciones de Dios (sequía o fuego cayendo del cielo) en el caso de Elías o (las diez plagas, columna de fuego y nube, división de las aguas, codornices, etc) en el caso de Moisés, eran señales entre el hombre de Dios y el pueblo al que era enviado; señales que confirmaban la autoridad del hombre enviado por Dios, y el poder del Dios que lo enviaba. Pero la Presencia de Dios es una unión entre el hombre de Dios y el Dios del hombre, una intimidad que produce conocimiento de Dios; ese conocimiento produce amor y ese amor produce fidelidad. Tanto el pueblo de Dios que estuvo con Moisés, como el pueblo de Dios que estuvo con Elías fueron testigos de milagros de Dios; pero no tuvieron amor ni fidelidad al Dios que obraba milagros. Solo aquellos que conocieron Su Presencia le fueron fieles hasta el final.

En el mismo pasaje en donde Dios manifiesta su Gloria a Moisés, le dice: 

Éxodo 34:14 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.

El pueblo de Dios vio y experimentó milagros por mano de Moisés, pero se hicieron un becerro de oro para adorarle, y luego se fueron tras los dioses de los cananeos ¡terminaron atribuyéndole los milagros a los ídolos!. El pueblo de Dios que vio señales y prodigios por mano de Elías adoraban a Baal (el dios de la prosperidad). Ninguno de ellos conoció a Dios en la intimidad, porque si le hubiesen conocido no se hubiesen prostituido tras dioses falsos. ¿Cuántas personas en nuestras iglesias han experimentado el poder de Dios pero han terminado prostituyéndose tras dioses falsos? ¡demasiadas! ¿porqué? porque experimentaron milagros, que son operaciones externas, señales, mas no llegaron hasta donde esas señales apuntan: hasta Dios, que cambia el interior del hombre.

Muchas veces Dios se esconde tras los milagros, para saber si tu corazón le busca a Él, o busca lo suyo; unos se quedan en los milagros, pero otros siguen hasta conocer al autor de los milagros. 

 Lucas 17:12-19 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!  Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.  Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?  ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Retomemos la experiencia de Elías en el monte de Dios:

1Reyes 19:12-13 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.  Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

  • un silbo apacible y delicado… (Reina Valera 1960) 
  • el susurro de una brisa apacible… (La Biblia de las Américas); 
  • el susurro de una brisa suave… (Nueva Biblia de Jerusalén); 
  • la voz de una brisa delicada. (Versión Kadosh) 
  • un suave murmullo (NVI)

Elías, el gran profeta, el guerrero de Dios que no temía enfrentarse solo ante el rey de Israel, ni tenía miedo de enfrentarse solo ante una multitud de profetas de Baal y avergonzarlos, como tampoco tuvo miedo de pedir que cayese fuego del cielo y consumiera a dos compañías de cincuenta soldados  con sus capitanes. Elías, el hombre de los portentos externos, que alguna vez fuera alimentado por cuervos; ahora necesitaba que un ángel le tocara y le fortaleciera en medio de sus angustias internas.

Ahora, un silbo apacible, un susurro, una brisa delicada y suave le envolvía; el manto del amor de Dios le cubría, mientras él se cubría el rostro con su manto por reverencia ante la Presencia de su Dios. Ni cuando estuvo ante el rey, o ante el pueblo, o ante los profetas de Baal, se nos dice que Elías haya cubierto su rostro, aunque hubiesen sucedido hechos extraordinarios; pero ahora no estaba frente  a la multitud, estaba a solas con Dios, en la intimidad. Ahora no era el hombre rudo, ni el profeta de fuego, sino el simple hombre que necesita imperiosamente la divina Presencia que trae sosiego al alma. Ahora no invoca a Dios, ni a su fuego, ahora está escondido en la cueva, como un ciervo herido y asustado, y es Dios mismo quien viene a su encuentro. Ahora ya no levanta la voz para hablar a otros en nombre de Dios, ahora es Dios mismo quien le habla a él.

Ministro, obrero, siervo de Dios, cualquiera sea tu posición en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cada cierto tiempo Dios  permitirá que te escondas en la hendidura de la peña, huyendo de las personas, propias o extrañas, como un ciervo herido y temblando. Tal vez porque glorificaste a Dios y ello te ha sido como una sentencia de muerte de parte de tus adversarios. Los milagros, las experiencias, las multitudes serán solo como un sueño lejano; ahora tu alma solo deseará Su Presencia, la comunión más profunda y más íntima con tu Dios, porque nada más podría dar consuelo a tu alma angustiada. Y Él, que es clemente y misericordioso vendrá a tu encuentro. Por esto, persevera en la oración, sube al monte de Dios, apártate de la multitud, aunque tengas que estar escondido en la cueva oscura, fría y solitaria. Persevera gimiendo hasta que se haga de día y resplandezca Su luz; espera aferrado a la fe en Aquel que te apartó desde el vientre de tu madre, hasta que Su voz como un susurro te llame por tu nombre… ¿Qué haces aquí, Elías? 

 

 ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede permanecer en su santo templo?
 El que tiene las manos y la mente
limpias de todo pecado;
el que no adora ídolos
ni hace juramentos falsos.
El Señor, su Dios y Salvador,
lo bendecirá y le hará justicia.
 Así deben ser los que buscan al Señor,
los que buscan la PRESENCIA del Dios de Jacob.

(Salmos 24:3-6)

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

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Yo no soy Dios

Yo no soy Dios diarios de avivamientos

Una de las lecciones más difíciles de aprender para mí, en la práctica, es que yo no soy Dios, ni tampoco un dios con minúscula, ni un pequeño dios, ni una divinidad en menor escala, solo soy un hombre, un siervo, un esclavo de Cristo. Y es tan absurdo que un esclavo pretenda actuar como si fuera amo, como lo es que un cristiano pretenda actuar como si fuera Dios.

Veo la necesidad en el mundo, una necesidad abrumadora, imperiosa y desgarradora. Almas sin Cristo, naciones sin Cristo, iglesias sin Cristo. Miles de seres humanos vagando en la oscuridad inconscientes de ella, otros miles que son conscientes y buscan la luz, y mientras tanto, miles que están apartándose de la luz para volver a las tinieblas. Viudas empobrecidas, huérfanos desamparados, enfermos descuidados, ancianos abandonados, pobres explotados, inocentes sufriendo injusticias. Pastores engordados y ovejas enflaquecidas, lobos rapaces y profetas falaces, iglesias ricas persiguiendo más riquezas e iglesias pobres siendo perseguidas.

Quisiera llevar luz a cada alma, arrebatar a cada uno que esté a punto de caer al abismo y forzarlos a entrar al reino de Dios, quisiera amparar a cada viuda, proteger a cada huérfano, cuidar de cada enfermo, acompañar a cada abuelo abandonado, consolar al triste, alimentar al hambriento, arrebatar la oveja de la boca del lobo y silenciar a los falsos profetas…. pero yo no soy Dios, y a veces no puedo ni con mi propia alma.

¿Te has sentido alguna vez invadido por el sentimiento de impotencia al saber que es tanto lo que hay por hacer y que en comparación, no estás haciendo nada? ¿Te has preguntado alguna vez porqué Dios parece frenarte, porqué puedes con tanta claridad ver la necesidad pero estás inmovilizado, y porqué tienes el querer pero no el poder para hacer?… tal vez la respuesta sea: porque estás aprendiendo la lección de que NO eres Dios. No estás para determinar lo que hay que hacer sino para hacer lo que se te ha determinado. No eres el amo sino el esclavo. Y no serás totalmente útil hasta que reconozcas que eres totalmente inútil por ti mismo.

Entre ver la necesidad de un mundo que se pierde y la posibilidad de poder suplir esa necesidad hay un abismo, que solo Dios puede reducirlo, para que tú puedas cruzar. Paso a explicar lo que pretendo afirmar, antes de que algún teólogo impaciente comience a apedrearme, acusándome de inmovilismo, determinismo, o hiper-calvinismo. 

Obviamente no me estoy refiriendo a cosas prácticas que todo cristiano puede y debe hacer. La siguiente frase resume mi pensamiento:

“Si usted está dentro de su casa leyendo la Biblia y ve por la ventana que afuera hay alguien que pasa hambre, deje su Biblia, salga y alimente a esa persona. A continuación, puede volver y continuar leyendo la Biblia”. – John Wesley

A lo que me refiero, es a una cuestión más profunda, a responder a un llamado al ministerio. El Señor te abre los ojos para ver la necesidad:

Juan 4:35 b He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

El Señor te hace ver la necesidad imperiosa de obreros:

Mateo 9:37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.

Pero a la vez el Señor dice algo sorprendente:

Mateo 9:38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

No dice que una vez que hayas visto la necesidad, y hayas comprendido la urgencia de obreros, salgas disparado a cosechar. Dice Rogad, para que sea el Señor de la mies quien envíe obreros. Puedes alzar tus ojos y ver los campos blancos para la siega, pero no puedes ir, solo puedes rogar al Señor que envíe obreros. 

Bien, puedes responderme a esto con las siguientes palabras de Jesús:

Mateo 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones.

Entonces te preguntaré ¿y por qué no has ido? ¿por qué no has dejado todas tus posesiones y te has lanzado por las naciones a predicar el evangelio? ¿porqué no renuncias a tu pastorado y te vas a predicar a los pueblos no alcanzados?….

Tal vez, ante estas preguntas comprendas que además de poder ver la necesidad, necesitas ser enviado. El apóstol Pablo aclara más aún esta cuestión.

Las personas necesitan invocar el nombre del Señor para salvación

Romanos 10:13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Las personas necesitan creer en el Señor para poder invocarle

Romanos 10:14a ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?

Las personas necesitan oír del Señor para poder creer

Romanos 10:14b ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?

Las personas necesitan que alguien les predique para poder oír el evangelio

Romanos 10:14b ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

Pero… ¡los que predican necesitan ser enviados!

Romanos 10:15a ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?

Entre el llamado al ministerio y la obra del ministerio, existe el ser enviado al ministerio.

Hechos 13:2-3 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

Pablo (Saulo) fue lo que fue, e hizo lo que hizo, porque antes de eso tuvo que aprender que él era un siervo, y que solo debía moverse bajo la orden de su Amo. Es obvio que inmediatamente después de su conversión, Pablo predicaba a Cristo:

Hechos 9:20-22 En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos… Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.

Pero desde ese momento hasta que es enviado al ministerio del apostolado, pasaron años, años en los cuales tuvo que ser preparado hasta ser enviado:

“habiendo visto al Señor y habiendo recibido de Él mismo el evangelio y el llamamiento para proclamarlo, estaba en las mismas condiciones que los otros apóstoles. De modo que en vez de ir a Jerusalén, fue a ¡Arabia!… Ahora bien, dado que Pablo probablemente no llevó a cabo ninguna misión de predicación en la poco poblada región de “Arabia” -probablemente se refiere a la parte norte de la extensa península de Arabia, la parte que se extiende hasta casi los mismos límites de Damasco-… por sí sola surge la idea de que lo que Pablo precisamente necesitaba era apartarse a Arabia para descansar, orar y meditar, para que así su mente, agitada violentamente, tuviera el tiempo y la oportunidad de sopesar las implicaciones de las palabras que el Señor le dirigiera en el momento de aquella inolvidable experiencia.” (Comentario al Nuevo Testamento – Galatas -William Hendriksen)

“… se retiró a Arabia. Se retiró para estar a solas, y por dos razones. La primera, porque tenía que pensar a fondo eso tan tremendo que le había sucedido. La segunda, tenía que hablar con Dios antes de hablar a los hombres.
Desgraciadamente son los menos los que se toman tiempo para ponerse cara a cara ante sí mismos y ante Dios; ¿cómo puede uno enfrentarse con las tentaciones, los estreses y las tensiones de la vida, a menos que se haya pensado las cosas a fondo e intensamente?” (Comentario al Nuevo Testamento – William Barclay)

Muchos de los cristianos que han fracasado en el ministerio, y han terminado frustrados y heridos; son personas que han visto la necesidad, pero que en vez de pedir al Señor de la mies que envíe obreros a su mies, se enviaron ellos mismos.

Hay que recordar que el siervo de Dios no solo debe hacer la perfecta voluntad de Dios, sino hacerla en el perfecto tiempo de Dios.

“Si Cristo esperó ser ungido del Espíritu Santo antes de salir a predicar, ningún joven debería atreverse a subir a un púlpito antes de haber sido ungido por el Espíritu Santo.”  (F. B. Meyer)

“La predicación no es la obra de una hora, sino la manifestación de una vida… Se necesitan veinte años para hacer un sermón porque se necesita veinte años para hacer al hombre. Y el sermón crece, porque el hombre crece. Es poderoso, porque el hombre es poderoso; es santo porque el hombre es santo y está lleno de la unción divina, porque el hombre esta lleno de la unción divina.” (El Predicador y la Oración – E. M. Bounds)

“Comparto la opinión de E. M. Bounds de que Dios requiere veinte años para preparar a un buen predicador. La educación de Juan el Bautista tuvo lugar en la universidad divina del silencio; Dios lleva a todos sus grandes hombres a una universidad así. Aun cuando Pablo, el orgulloso fariseo guardador de la ley, poseía un intelecto colosal y buenos títulos de la Escuela Rabínica de Jerusalén, cuando Cristo cambió su rumbo en el camino de Damasco, necesitó llevarlo tres años a Arabia, para vaciarle de sus prejuicios y educarle, antes de que pudiera decir: «Dios reveló a su Hijo en mí.» Dios puede llenar en un momento lo que tarda años en vaciarse. ¡Aleluya!” (Leonard Ravenhill, Porque no llega el avivamiento)

Estoy convencido de que sería bueno que descubriésemos que no somos Dios, antes de salir al ministerio; pues entonces aprenderemos a depender totalmente de Él. Porque la mayoría lamentablemente lo descubre después, y con ello acarrea frustración, amargura, desencanto, tanto para sí como para su congregación. 

No sé cuanto tiempo Dios se tome contigo pero, hasta que descubras que tú no eres el Señor de la obra sino el obrero, que eres enviado y no el que envía, que tú eres siervo y no señor, esclavo y no amo, el que obedece y no el que manda, el instrumento y no la mano que mueve al instrumento… en fin, hasta que Dios no se revele en ti y te haga comprender que Él es Dios y no tú, no serás útil para nada en la obra. 

Deuteronomio 8:2-18 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.  Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre… Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole.  Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra… Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal;  que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder….

Dios no envía a nadie sin su respaldo, sin su poder, sin su unción, pero sólo Él puede enviar. Si ves la necesidad imperiosa de este mundo, si el llamado arde en tu corazón, en vez de lanzarte a una carrera desbocada primero humíllate ante Dios y ora, para que sea Él quien te envíe a hacer Su perfecta voluntad en Su perfecto tiempo. Es una lección dolorosa, implica la muerte del Yo. Pero es la única forma de que al final de tu carrera puedas decir, lo que todo buen siervo y fiel dirá: 

Lucas 17:10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: “Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho.”     (Traducción La Biblia de las Américas)

 

 Mas yo en ti confío, oh Jehová;
Tú eres mi Dios.
En tu mano están mis tiempos

Salmos 31:14-15

 

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos

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Yo no soy Dios - Diarios de Avivamientos

 

 

 

 

 

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¿Y por qué no puedes ser tú? Avivamientos de la Historia – VIDEO de Evan Roberts

¿Qué impide que tú seas un instrumento de avivamiento?

¿No lo deseas? Creo que como creyentes, el mayor deseo de nuestra alma debe ser llegar a conocer a Cristo de la manera más profunda, más real y más palpable posible (pasarás toda tu eternidad con Él).

¿Tienes miedo? Sé que en estos tiempos de la “Nueva Reforma” escuchas muy a menudo la advertencia ¡Cuidado!… cuidado con el entusiasmo… cuidado con el fanatismo… cuidado con las falsa manifestaciones…. cuidado con los carismáticos… pero, más me temo que no sea una sana advertencia, sino una proyección de sus propias incertidumbres e inseguridades, porque si afirmas tener al Espíritu de Dios en tu vida ¿a qué tienes miedo? ¿no sabes escuchar Su voz? ¿no puedes discernir por ti mismo entre lo falso y lo verdadero? ¿necesitas que te lleven de la mano como a un niño y tus maestros de teología te digan lo que puedes o no ver, lo que puedes o no sentir, lo que puedes o no experimentar? ¿le preguntarás a tu vecino cómo y cuánto debes amar a tu padre, o madre, o mujer, esposo o hijos… o aprendes a amarlos teniendo comunión con ellos por ti mismo?

Mucho me temo que si no conoces más, y no experimentas más de la presencia de Dios es porque sencillamente no te atreves a más, no te atreves a dar un paso sin la aprobación de los que se auto-proclaman como los auténticos salvaguardas de la “sana y pura doctrina y la santa tradición”.  

¿No conoces la voz de tu amado? o mejor dicho ¿crees que Él ya no tiene nada para decirte? Lo admito, la Biblia es la Total y Suficiente Palabra de Dios, pero, no es lo mismo leer una carta del amado, a que el amado te lea esa carta. Tu dices: “¡yo no quiero oír otra cosa más que la Palabra de Dios que es la Biblia!”… muy bien, nadie en su sano juicio pretende lo contrario, la cuestión es ¿esa Palabra la escuchas de los hombres o la escuchas de Dios mismo?

Te lo repito, puedes pasar el resto de tu vida pidiéndole a los hombres que te lean las cartas que tu Amado te dejó (Las Escrituras), o puedes sentarte a los pies del Amado y rogarle que sea Él en persona quien te lea sus cartas. 

Puedes pasar toda tu vida cristiana sin haber experimentado un avivamiento, y estar satisfecho de ti mismo, puedes pasar toda tu vida sin derramar una lágrima, sin estremecerte, sin derretirte, sin temblar ante la presencia manifiesta de Dios. De ese Dios al que afirmas amar con TODA tu alma y con TODO tu corazón y con TODA tus fuerzas. Si estás satisfecho con saberlo pero no sentirlo, no hay nada más que yo te pueda decir, creo que en eso tienes libre albedrío.

Pero si no estás satisfecho con los límites de tu vida espiritual, si sientes deseos de romper las barreras que los miedos y los demás hombres te han impuesto. Si anhelas no solamente saber definir teológicamente lo que es la gloria de Dios, sino palparla y ser inundado completamente por ella; entonces para ti es este escrito, estas palabras de aliento, este desafío: ¿Y porqué no puedes ser tú el instrumento de un avivamiento?

Conocí a mil hombres que me daban una brillante descripción teológica de lo que es el fuego, hasta que pasó al lado mío uno que llevaba fuego, y lo seguí. 

Tu vida necesita un avivamiento, tu casa necesita un avivamiento, tu congregación necesita un avivamiento, tu denominación necesita un avivamiento, tu pueblo necesita un avivamiento…. ¿y porqué no puedes ser tú el que lo inicie?

Salmos 85:4-6 Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación,
Y haz cesar tu ira de sobre nosotros.
 ¿Estarás enojado contra nosotros para siempre?
¿Extenderás tu ira de generación en generación?
 ¿No volverás a darnos vida,
Para que tu pueblo se regocije en ti?

Gabriel Edgardo Llugdar para editoriales Diarios de Avivamientos

1-Avivamiento de Gales3-001

Aclaración: Aunque Diarios de Avivamientos no comparte la totalidad del pensamiento de Robert Liardon – considera importante la investigación histórica llevada por el mismo acerca de los Avivamientos de la Historia.

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