¿Quieres recibir la doble porción de la unción?

El profeta Elías

El inmenso auditorio estaba repleto. Los creyentes deseosos de experimentar el gran avivamiento, que supuestamente había llegado a la Argentina para arrasar con todo. El pastor (que de la noche a la mañana se había tornado hiper-famoso) imponía las manos a diestra y siniestra a una velocidad vertiginosa, diciendo: “¡Recibe una doble porción de la unción!”…  así de maravilloso, así de fácil.

La gente corría de un lado a otro del lugar, cuando el exaltado predicador gritaba: “¡Ahora la nube de gloria está a mi derecha!”… y todos corrían hacia la derecha… “¡Ahora la nube de gloria está a mi izquierda!”… y todos corrían hacia la izquierda. En aquel entonces yo estaba en el seminario, y asistí a aquella reunión con expectativas sinceras. Recuerdo que me quedé mirando asombrado, como una hermana de mi congregación corría desesperadamente hacia donde el predicador decía que estaba la nube de gloria, pero cuando ella lograba llegar a la derecha… ahora la nube se había ido a la izquierda; y cuando la hermana llegaba agitada a la zona de la izquierda, después de haber esquivado a centenares de personas, ya la nube se había ido a la tribuna de arriba…

Hoy después de 20 años de aquello, puedo afirmar que si solo diez personas de las miles que creyeron recibir  allí la doble porción, realmente la hubieran recibido, la ciudad entera hubiera sido trastornada; por no decir la nación. Pero tristemente la “nube de gloria” se fue sin dejar más huella que unos pies cansados de tanto correr.

Además he llegado a la conclusión de que, si eso de la doble porción hubiese sido cierto, el predicador debería haber muerto; o por lo menos debería haber sido llevado al cielo en un torbellino como veremos más adelante, si me acompañan a estudiar el caso. 

¿De donde viene esa frase, de la cual en nuestros círculos carismáticos tanto se abusa? ¿realmente sabemos lo que significa?

2 Reyes 2:1, 8-15 Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.  Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas (del Jordán), las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco.  Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. El le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.
 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.
Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes.
 Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán.
 Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.

Esta es de las historias  espectaculares del A.T. que tanto nos gusta escuchar; pero que muchas veces, el énfasis que se hace precisamente en lo espectacular, nos impide meditar en la belleza de la santidad, de la consagración de estos dos varones de Dios. Para mí, es una de las historias más bellas, porque admiro profundamente a Eliseo, de quien se enseña tan poco en comparación con Elías. 

Antes de ser arrebatado, Elías fue visitando las escuelas de profetas de Gilgal, Betel y Jericó despidiéndose de sus hijos espirituales; estos ya sabían también que él sería quitado:

2Reyes 2:5 Y se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé; callad.

Esta expresión te quitará hoy a tu señor de sobre ti , literalmente dice: te quitará a tu señor de tu cabeza.  Se refiere a que Eliseo era discípulo de Elías, y los discípulos acostumbraban a sentarse a los pies de sus maestros, quedando estos en la parte más alta, a la cabeza. Por eso al final del pasaje, cuando los hijos de los profetas vieron como Eliseo dividía las aguas, vinieron y se postraron ante él. Eliseo pasaría ahora de ser discípulo a ser maestro, a estar a la cabeza. 

Eliseo era sensible a la voz del Espíritu, al igual que su maestro no necesitaba oír las noticias de parte de los hombres; las escuchaba directamente de Dios: Sí, yo lo sé; callad. Este ha sido siempre un rasgo distintivo de todo verdadero profeta, no se entera de las cosas por medio de la curiosidad, sino por medio de la comunión con el Espíritu de Dios.

Amós 3:7 Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.

Eliseo amaba a su maestro, lo amaba desinteresadamente y no estaba esperando que se fuera rápido para ocupar su puesto. Por tres veces consecutivas Elías le dice que se quede y lo deje seguir a él solo. Tres veces Eliseo le responde lo mismo: “Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.” ¿Recuerdan cuando Cristo le preguntó a Pedro tres veces: me amas? Amor, fidelidad, perseverancia, Eliseo fue probado y aprobado en todo esto.

Bien, vayamos a hora al punto en cuestión:

2 Reyes 2:9 Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.

Cuando Eliseo le pide una doble porción de tu espíritu, no se refería a recibir el doble de poder que tenía Elías; es decir, no le estaba pidiendo dos porciones del espíritu como si fuera un pastel a repartir.

Juan 3:34 b … pues Dios no da el Espíritu por medida.

En aquellos tiempos, la doble porción hacía referencia a la herencia que recaía sobre el primogénito; quien a la muerte del padre, ocupaba el lugar de líder o patriarca de la familia, y continuaba con el oficio de su padre. La bendición de la primogenitura, que daba el padre al final de sus días, era muy importante ¿recuerdan como Jacob y Esaú se pelearon por ella (Génesis 27)? Lo que Eliseo le estaba pidiendo a Elías, era ser su sucesor en el oficio profético para Israel, continuar la obra y el ministerio que él había comenzado; ante la inminente partida del gran profeta, urgía un heredero. Eliseo y Elías habían caminado juntos, sobrellevado la carga, compartido la preocupación por la condición en que se encontraba el pueblo de Dios, ¡Israel no podía quedarse sin el testimonio vivo del poder de Dios!. Por ello cuando Elías es apartado por un carro de fuego, Eliseo le llama con un grito desgarrado, como a un padre al que ve partir de este mundo.

2Reyes 2:12 Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes.

Esta misma exclamación la hace el rey Joás cuando Eliseo estaba también por morir:

2 Reyes 13:14 Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!

La expresión  carro de Israel y su gente de a caballo, daba a entender que estos profetas simbolizaban la más poderosa defensa de Israel ante sus enemigos. Aunque el profeta generalmente llevaba una vida solitaria, un ejército de Dios acampaba con él, y su presencia significaba protección para el pueblo de Dios. Lo vemos más claramente aquí:

2 Reyes 6:17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

Ante la petición de Eliseo de ser su heredero en el ministerio, Elías responde: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no. Esto nos demuestra, que no es facultad del hombre conceder los ministerios o poder para el ministerio, sino solo de Dios. Elías no le da una condición para recibir el ministerio, sino una señal para saber si Dios se lo habría de conceder. Elías no le traspasó el manto profético a su discípulo, como hoy algunos pretenden hacer con rituales más paganos que cristianos. Leamos bien las Escrituras:

2 Reyes 2:13 (Eliseo) Alzó luego el manto de Elías que se le había caído

No hay transferencia de poderes, de ministerios o de unciones proféticas. Solo Dios puede llamarte o enviarte al ministerio, haciendo que recojas el manto de los santos siervos que te han precedido. Sí, tenlo por seguro, primero tendrás que inclinarte y humillarte hasta abajo y allí tomar el manto.

La poderosa voz profética del siglo pasado, Leonard Ravenhill, solía contar que, muchos jóvenes lo llamaban para que les traspasase su manto, él les respondía: “Yo solo puedo pasarte un trozo de mi manto de cilicio“… y nunca más volvían a llamarlo. Nadie empieza desde arriba, hasta los más tremendos hombres de Dios tuvieron que comenzar desde el suelo. Da igual si te soplan, te avientan con un saco o con una corbata (como hacía el predicador de mi experiencia), si te tiran encima un litro de aceite o te hacen cualquier ritual profético, sólo Dios puede ponerte y ungirte en el ministerio.

Cuando alguien pretenda imponerte las manos, para que recibas una doble porción del espíritu, pregúntale si pronto se va a morir, de lo contrario no puedes recibir la doble porción de tu primogenitura:

Hebreos 9:16-17 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.

Puedes pedirle también, que mientras él te impone las manos para que recibas la doble poción, tú se las impondrás a él para que el Señor se lo lleve pronto de este mundo…  seguramente verás un torbellino y no será el Espíritu del Señor, sino los guardaespaldas separándote del “ungido”, y sacándote a las patadas del lugar.

Gabriel Edgardo Llugdar – Editoriales Diarios de Avivamientos

 

 

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¿Porqué nos cuesta tanto orar? – Capítulo III – Los deleites de la oración

Los deleites de la oración - diarios de avivamientos

Cuando oras ¿te acercas más a Dios o a tu petición? 

“En gran parte de nuestra oración hay realmente pocos pensamientos de Dios. Nuestra mente está distraída con las ideas de lo que necesitamos, y no en el Padre poderoso y afectuoso de quien estamos buscando… Si, entonces, oramos acertadamente, la primera cosa que deberíamos hacer es ver que realmente tenemos una audiencia con Dios, y que verdaderamente estamos en su presencia… Antes de ofrecer una palabra de petición, debemos tener definida y vívida conciencia que le estamos hablando a Dios, y debemos creer que Él nos escucha y que nos garantiza lo que pedimos. Esto solo es posible por el poder del Espíritu Santo, así que debemos mirar al Espíritu Santo para que ciertamente nos guíe a la presencia de Dios, y no deberíamos estar precipitados de palabras hasta que Él nos haya llevado allí.”  (R. A. Torrey – del libro: Cómo Orar)

Antes de que nuestras rodillas toquen el suelo, ya nuestros labios han comenzado a pedir, como si orar consistiese en hacer la lista de compras y pasársela por debajo de la puerta al Señor…. ¿realmente somos conscientes que orar es tener una audiencia privada con el Rey?

Ester 4:11 Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá…

Ester 5:2 Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro.

Los reyes en el oriente solían tener un cetro, generalmente de oro, y a aquel a quien se lo extendían comprendía que había hallado gracia delante de sus ojos. Esto lo vemos claramente en el ejemplo bíblico de la reina Ester y el rey Asuero. También nos dice la Biblia algo sobre el cetro del Rey de Reyes:

Hebreos 1:8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;  Cetro de equidad es el cetro de tu reino.

Vimos en el capítulo anterior de esta serie, que el Trono de Dios es un un Trono de Gracia, donde se nos manda acercarnos confiadamente para alcanzar gracia y misericordia para el oportuno socorro. Pues Jesús nuestro Gran Rey, nos ha extendido su cetro en señal de propiciación, en señal de que hemos hallado gracia delante de sus ojos. Entonces, la cuestión es: ¿somos conscientes de todo esto cuando vamos a orar? ¿somos conscientes de que si Jesús no hubiese extendido su cetro de equidad (justicia y justificación) sobre nosotros seríamos reos de muerte eterna?

Ni siquiera la reina (la esposa favorita) podía acercarse al rey si este no le extendía su cetro en señal de favor. ¡Y nosotros entramos a los gritos delante del Trono, a las prisas, casi saltándole por encima a los  veinticuatro ancianos que están postrados sobre sus rostros!… para decirle (o más bien exigirle) al Rey, todo lo que tiene que darnos “porque Él se ha comprometido en su Palabra“… y venimos a reclamarlo, si, ¡y que se hagan a un lado los querubines, serafines y los cuatro seres vivientes que ahí venimos nosotros a tomar lo que nos pertenece!…

A veces me pregunto si alguno de estos cuatro seres vivientes, al menos el que tiene rostro como de león, no sentirá deseos de rugir y darnos un mordisco por nuestra irreverencia.

Hay momentos en que la urgencia del caso hace que entremos a la oración con gemidos, llantos o gritos de dolor, esto no es a lo que me refiero por irreverencia. Pero en la oración habitual, donde no hay una urgencia, debemos tomarnos un tiempo para concienciarnos de que estamos presentándonos delante del Trono del Rey Soberano. Y de esa manera humillarnos, y permitir que la gloria de su Majestad nos abrume, nos deje absortos, nos haga sentir realmente la distancia que existe entre su grandeza y nuestra pequeñez. Para luego comenzar a percibir como ese abismo, que separa su todo de nuestra nada, se va llenando de misericordia, de la Gracia de Cristo, hasta llegar a sentir el abrazo profundo de su amor.

Pero ¿cómo puedes sentir todo esto si tu tiempo de oración es una carrera contra el reloj, y tienes tanta prisas por levantarte que tu boca es como una ametralladora? La oración es un momento donde saboreamos la presencia de Dios, nos volvemos más conscientes de ella y vamos perdiendo de vista nuestro yo.

Por medio de la oración entramos a la presencia de Dios, de un modo mucho más profundo del que normalmente experimentamos en nuestros quehaceres diarios; se supone que un cristiano vive, respira y se mueve en la comunión con Dios. Así que en realidad no vamos a la oración para estar en comunión con Dios, ya lo deberíamos estar en todo tiempo; vamos a la oración a profundizar esa comunión existente. O como diría Teresa de Avila: vamos a la oración para sacar agua con que regar el huerto donde cultivamos las virtudes. Si descuidamos la oración, todo en nuestra vida terminará por marchitarse.

La comunión intima con Dios es la que riega y nutre la comunión que tenemos cuando le servimos, y no al revés. La comunión intima de la oración es la madre de todas las comuniones. Yo debo tener comunión con Dios cuando duermo, cuando trabajo, cuando estudio, cuando le sirvo en la obra… pero todas ellas son nutridas por la comunión suprema, insustituible e irreemplazable de la oración, y entiéndase, oración a solas. Que mucho nos gusta la oración en público y tanto nos asusta la oración a solas. Pues quien no sabe estar a solas con Dios no sabe estar con Dios entre muchos. Debido a ello, es la falta de hombres y mujeres que impacten con sus vidas a los que se le acercan. Quien habla con Dios a solas, no hace falta que se esfuerce por hablar de Dios delante de los hombres, ellos notarán que él no es como el resto. Quien está a solas con Dios, no estará solo cuando esté delante de los hombres.

Antes de entrar a tu nuevo tiempo de oración, te ruego que te tomes unos instantes para pensar en dónde estarás (delante del Trono), con quién estarás (con el Rey), cómo es Él (Santo, Santo, Santo), cómo eres tú (pecador), quién es digno (Él), quién es indigno (tú), como será tu actitud (humilde), cómo será Su actitud (misericordiosa y clemente), cómo serán tu palabras (reverentes), cómo será Su Palabra (soberana), gracias a quién estarás ahí ( a Cristo), quien te ayudará a orar (el Espíritu Santo)…. y comenzarás a experimentar lo que es el deleite de la oración.

Una de las definiciones de avivamiento es: conciencia de la presencia de Dios, y es precisamente ese uno de los graves problemas de los creyentes hoy, la falta de conciencia de Su presencia ¡y esto ni tan siquiera en la oración!. ¿cómo podemos hablarle a alguien que ni siquiera estamos convencidos de que está ahí?

Busca ser consciente de su presencia, meditando en todo lo que Él es y en todo lo que Él ha prometido ser para contigo, el Espíritu Santo y la lectura de la Escritura te ayudarán a ello.

Pero recuerda, si realmente crees que al orar estás entrando delante de su Trono, actúa como si verdaderamente estuvieses allí. Sé consciente de la Gloria de Su Majestad, que es tan santa que acabaría contigo en un segundo; y sé consciente también que Cristo, cual Rey amoroso, ha extendido su cetro hacia ti y te dice: ven, entra confiadamente, yo te mandé llamar.

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Capítulo 3 de la serie: Porqué nos cuesta tanto orar – de Gabriel Edgardo Llugdar – Diarios de Avivamientos

 

 

 

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¿porqué nos cuesta tanto orar? – Capítulo II

Porqué nos cuesta tanto orar - Cap. II

“Demasiadas veces nos han enseñado que lo único que se le puede ofrecer al Señor son actuaciones buenas y bellas. Todo lo demás no forma parte de las virtudes así que no se le puede presentar. Pero esto ¿no va en contra del Evangelio? El mismo Jesús afirma que ha venido no para curar a los sanos sino a los enfermos. Habrá que aprender pues, sin falsa vergüenza, a ser auténticos enfermos delante del medico divino que reconocen realmente todo lo que tienen de falso, engañoso y contrario a Dios. Él es el único que nos puede curar… ¿Por qué tener miedo de mis debilidades? Existen. Durante mucho tiempo me he negado a mirarlas a la cara… Tal vez éste es el principal obstáculo que nos disuade de entregarnos a la oración del corazón. Parece que es algo que está por encima de nuestras fuerzas presentarnos ante Dios sin tener nada más para ofrecerle que nuestra pobreza, una pobreza que nos da miedo porque es la de nuestras heridas, nuestra extrema indigencia espiritual, nuestra incapacidad para franquear por nuestras solas fuerzas la distancia que nos separa de la santidad de Dios… Nunca podremos presentarnos ante Dios sin llevar en el corazón obstáculos, como pecados, huellas que dejan esos pecados, obstáculos involuntarios pero demasiado reales para dejar obrar a Dios en nuestra vida, etc. Todos y siempre nos presentamos ante nuestro Padre como el hijo pródigo, seguros de que nos abrazará antes de que empecemos a darle explicaciones.” (del libro: Ver a Dios con el corazón)

Hebreos 4:15-16 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.  (RV.1960)

El autor de la carta de Hebreos nos anima a acercarnos al Trono de la Gracia confiadamente, esta palabra se traduce también como abiertamente, con franqueza, con libertad. Así que en ningún modo significa, confiando en que Dios nos escuchará porque nos hemos portado bien, o por el contrario, dudando de si nos escuchará porque nos hemos portado mal. En realidad, nos acercamos confiadamente porque Él se compadece de nuestras debilidades, sean cuales fuesen. Nos acercamos a Él en la oración no para experimentar el impresionarle con nuestras fortalezas, sino para experimentar Su compasión por nuestras debilidades, por la sencilla razón de que Jesús, el Dios encarnado, las tuvo que enfrentar en carne propia. 

Hebreos 2:18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

La Biblia no solo dice que Jesús fue tentado, sino que afirma que padeció (sufrió) por ello. 

“Si Jesús hubiera venido a este mundo de una forma que no pudiera sufrir, habría sido distinto de los demás seres humanos, y no habría podido ser su Salvador. Como dijo Jeremy Taylor: «Cuando Dios quiso salvar a los hombres, lo hizo por medio de un Hombre.» De hecho, esta identificación con nosotros es la esencia de la idea cristiana de Dios. Cuando los griegos pensaban en la relación de sus dioses con la humanidad, su idea clave era la indiferencia; pero la idea clave del Evangelio es la identificación. Por medio del sufrimiento, Jesucristo se ha identificado con la naturaleza humana. No había otra manera. La identificación capacita a Jesucristo para simpatizar con nosotros. Esta palabra quiere decir etimológicamente: sentir con otro. Es casi imposible comprender el dolor o el sufrimiento de otra persona si no lo hemos pasado nosotros… Antes de poder simpatizar con nadie, tenemos que pasar por su misma experiencia, ¡y eso es precisamente lo que hizo Jesús! Porque Jesús ha compartido nuestros sufrimientos, puede compartir nuestros sentimientos; y puede ayudarnos. Ha asumido nuestros dolores y nuestras tentaciones; y el resultado es que sabe qué ayuda necesitamos, y puede dárnosla.”     (William Barclay – Comentario al N.T)

Una de las razones por la cual nos cuesta tanto orar es porque no nos presentamos ante Dios como realmente somos, sino como creemos que deberíamos ser para serle aceptos, o como los demás nos dicen que debemos ser para ser agradables delante de Él. En resumidas cuentas, nuestro gran problema en la oración es que no somos sinceros, no derramamos delante del Padre nuestro corazón, sino  nuestros conceptos y razonamientos religiosos. Desplegamos toda nuestra artillería teológica delante de Dios, determinando nosotros mismos que es lo que le agrada o no, y que es lo que Él quiere o no quiere darnos. Dios conoce más de ti de lo que tu conoces de Él, por lo tanto no puedes presentarte a la oración en base a tus conocimientos, sino en base de que Dios te conoce y  se compadece de ti.

Tu oración no es la radio que Dios escucha para enterarse de lo que pasa en la Tierra, Él ya sabe lo que le pasa al mundo y lo que te pasa a ti antes de que abras tu boca:

Mateo 6:8b  porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

La oración es quebrarnos y derramar el corazón delante de Dios aunque lo que salga no sea precisamente perfume de nardo puro. Dios no se espanta cuando derramamos nuestro maloliente corazón delante de Él, eso es precisamente lo que Dios quiere, que seas sincero y reconozcas tu verdadera condición delante de su Trono de Gracia:

Apocalipsis 3:17-19 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

Dios nunca rechaza al hijo pródigo que regresa arrepentido, ¿entonces para que fingir, porqué esforzarnos en cubrir lo que de todos modos está desnudo ante los ojos de aquel que todo lo escudriña y conoce? A veces nuestras oraciones son un insulto a la omnisciencia de Dios.

Nuestros corazones son egoístas, ególatras, tienen llagas que supuran, resentimientos, rencores, raíces de amarguras, soberbia, incredulidad, hipocresía y mediocridad; sin embargo nos presentamos como sanos delante de Dios cuando en realidad estamos moribundos. Nos presentamos como guerreros de oración cuando en realidad tenemos miedo e incertidumbres en un montón de cosas. Nos presentamos como vencedores cuando en realidad el pecado nos vence a cada paso. Nos presentamos como campeones cuando en realidad no hemos ganado nada todavía, porque la batalla acaba de comenzar. ¿Y todo esto porqué? porque nos han enseñado que la oración es una fórmula, una clave, un medio para alcanzar nuestras metas; y que si descubrimos la fórmula exacta de la oración, obtendremos el poder. Este concepto gnóstico de la oración, nos hace acercamos a Cristo no para estar y permanecer con Cristo, sino para obtener algo de Él; eso no es oración es simplemente ambición.

Algunos enseñan que la oración es una especie de poder creativo, el famoso: “visualícelo, reclámelo y recíbalo“, y que mostrar debilidad es un obstáculo para recibir lo que pedimos; ya que según ellos, si el poder está en las palabras que usamos, nuestra confesión debe ser positiva. Pero esto tampoco es oración verdadera, pues la oración no es una negación o rechazo de la realidad que nos rodea, tampoco una negación o rechazo de los sentimientos que nos invaden, es precisamente la confesión sincera de todo ello.  

El gran apóstol Pablo no tuvo reparos en confesar sus miedos:

2Corintios 7:5 Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores.

Y la clave está en las palabras que siguen:

2Corintios 7:6  Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló

Dios no consuela a quien no reconoce su necesidad de consuelo, ni sana el corazón que no se quebranta, ni levanta al que no se reconoce caído, ni exalta al que no se humilla. No son tus palabras sino tu actitud sincera lo que más importa en la oración. Si a tu médico le dices solamente lo que está bien, pero no estás dispuesto a contarle lo que te duele será mejor que no vayas a su consulta. Si no estás dispuesto a confesarle a Dios tus debilidades y faltas, es mejor que no vayas a la oración.

El poder de la oración no está en si misma, ni en el que la hace, sino en el que la responde. Hay un Dios poderoso que responde la oración del débil. Hay un Dios sublime, que responde la oración del humillado. Hay un Dios Santo, que responde a la oración del pecador arrepentido. Hay un Dios que se hizo hombre, que responde la oración del hombre.

La oración es un camino de perfección, no un camino por el que solo caminan los perfectos. La oración es un camino de santidad, no un camino por donde solo transitan los santos. La oración es un camino de sabiduría y conocimiento, no un camino reservado exclusivamente a los sabios y entendidos. El consultorio de Dios no es para los sanos, sino para los enfermos, acercarte pues, confiadamente al Trono de la Gracia para alcanzar misericordia. 

Lamentablemente nuestro sentimiento de culpa nos aleja de la oración,  el diablo lo sabe y lo aprovecha. ¡Que fácil es orar cuando las cosas nos han salido bien, nos hemos portado bien y nos sentimos dignos! ¡hasta llegamos a pensar que Dios nos debe algo por las cosas buenas que hemos hecho!… pero cuando hemos pecado, cuando hemos fallado, cuando no hemos actuado o reaccionado conforme a lo que se espera de un cristiano, nuestra actitud cambia radicalmente y creemos que ahora Dios está tan enojado con nosotros, que no nos va a recibir y rehuimos a  la oración. 

Dios está reflejado en el padre de parábola del hijo pródigo

Lucas 15:20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

El hijo pródigo regresó arrepentido a su casa, volvió con ropas sucias y rotas, lleno de lodo y estiércol de los cerdos que apacentaba. El padre no mandó a su hijo a lavarse y a cambiarse de ropa primero para luego tener una audiencia con él; sino que corrió, le abrazó y apretándolo contra su pecho le besó. ¿Eres capaz de ver a tu Padre celestial haciendo lo mismo contigo?… entonces ve a su encuentro porque Él, movido a misericordia, ya a echado a correr para abrazarte.

 

 

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Capítulo II de la serie Perseverar en oración – de Gabriel Edgardo Llugdar

 

 

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Si la Iglesia no es un circo ¿necesitas un pastor o un payaso?

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pero hágase todo decentemente y con orden. (1 Corintios 14:40)

Si hay algo difícil para un ser humano es ser equilibrado, siempre tendemos a irnos a los extremos; y nos es difícil no caer inconscientemente en el fanatismo o la intolerancia. Esto nos pasa a los cristianos con el versículo que acabamos de leer, al cual muchos se lo saben de memoria y lo aplican a otros con extremo rigor; pero increíblemente sufren de amnesia con el versículo que le precede: 1 Corintios 14:39… ¿recuerdan que dice?…¿no?…pues ya tienen tarea para después de clase.

“Satanás divide al pueblo de Cristo y lo pone a pelear entre sí. Los cristianos riñen con gran fervor, como si esto fuera celo espiritual. El cristianismo se degenera en disputas sin sentido. Los partidos en pugna se abalanzan a extremos opuestos, dejando casi en el olvido el camino correcto que queda en medio de los dos.”    (Jonathan Edwards)

Pero vayamos ahora al versículo que nos toca hoy, el apóstol Pablo dice que todo se haga decentemente y con orden, obviamente los destinatarios de su carta, los corintios, habrán entendido perfectamente lo que quería decir; aunque convengamos que para un judío y un corintio los conceptos de decencia y orden no eran exactamente iguales, por cuestiones de cultura. 

Según la Real Academia Española el término decencia tiene las siguientes acepciones: 

1.  Aseo, compostura y adorno correspondiente a cada persona o cosa.

2. Recato, honestidad, modestia.

3. Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas.

Es obvio que decencia y orden tienen mucho que ver con la cultura dentro de la cual pretendemos aplicar el mandato bíblico. Veamos un sencillo ejemplo: la barba

“¡Que afeminado es para el hombre afeitarse, peinarse con fineza y arreglarse delante del espejo afeitándose y rapándose la barba para que sean lisas sus mejillas! … Que la quijada tenga barba. Porque una barba amplia es lo apropiado para el hombre. Y si alguien se afeita, no debe afeitarse todo porque esto es una desgracia. También el bigote, por motivos de limpieza al comer, se recorta las puntas con tijera, pero sin afeitarlo lo cual sería indecoroso. Y sin tocar la barba de las quijadas… Aunque algunos se corten un poco la barba, no está bien afeitársela del todo, pues es un espectáculo vergonzoso, y también es reprobable afeitarse la barba a ras de piel, por ser una acción semejante a la depilación y hacerse imberbe.” (Clemente de Alejandría – 195 d.C.)

“Los hombres tienen sus propias vanidades y engaños así como el cortar la barba muy derecho, recortando unas partes y afeitando alrededor de la boca.” (Tertuliano – 197 d.C.)

“Entre sus costumbres (de los paganos) no había disciplina. Entre los hombres se rapaban la barba… Aunque está escrito: “No recorten su barba,” (Levítico 21:5) se rapan la barba y se arreglan el cabello… La barba no debe ser rapada. “No recorten su barba.” ” ( Cipriano 250 d.C.)

“La naturaleza de la barba contribuye de modo increíble a distinguir la madurez de los cuerpos, el sexo y la belleza de la masculinidad y la fuerza”. (Lactancio 304-313)

Como podemos ver, afeitarse la barba en tiempos de la iglesia primitiva era considerado algo indecente, es decir, a la mayoría de los pastores y predicadores de hoy día no les hubiesen dado el púlpito, por indecorosos. 

Cuando uno trata de determinar que es “orden” puede caer en el mismo error de los fariseos en el tiempo de Jesús. ¿recuerdan el pasaje en que los discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a comer? ¿cual fue la reacción de los religiosos?

 Mateo 12:2 Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.

La Ley prohibía trabajar en el día de reposo, pero ¿que era trabajar? Como la Ley no lo especificaba al detalle, como veremos a continuación; los rabinos creyéndose más santos que Dios, se lo inventaron. Aunque William Barclay era un teólogo liberal, es un erudito al que vale la pena consultar sobre estos temas, veamos que interesantes cosas dice en su comentario sobre el pasaje de los discípulos y las espigas:

 “Para los escribas y los fariseos el delito de los discípulos no era coger espigas y comerse los granos, sino el haberlo hecho en sábado. La ley del sábado era muy complicada y minuciosa. El mandamiento prohibía trabajar el sábado; pero los intérpretes de la Ley no se daban por satisfechos con esa simple prohibición. Había que definir lo que era un trabajo; así que se especificaron treinta y nueve acciones básicas que estaban prohibidas en sábado, y entre ellas figuraban segar, trillar, aventar y preparar una comida. Los intérpretes no estaban dispuestos tampoco a dejar así las cosas. Había que definir cuidadosamente cada entrada en la lista de trabajos prohibidos. Por ejemplo, estaba prohibido llevar una carga. ¿Pero qué era una carga? Una carga era cualquier cosa que pesara tanto como dos higos secos. Estaba prohibida hasta la menor insinuación de trabajo; hasta cualquier cosa que se pudiera considerar simbólicamente como un trabajo. Posteriormente, el gran maestro judío cordobés Maimónides había de decir: “Arrancar espigas es una especie de siega”. En su acción los discípulos fueron culpables de mucho más que un sólo quebrantamiento de la Ley. Al arrancar las espigas eran culpables de segar; al restregarlas con las manos eran culpables de trillar; al separar el grano de la paja, probablemente soplando, eran culpables de aventar; y en todo ese proceso eran culpables de preparar una comida en sábado, porque todo lo que se hubiera de comer en sábado había que prepararlo el día antes.
Los judíos ortodoxos tomaban la ley del sábado con suma seriedad. El Libro de los Jubileos tiene un capítulo (el 50) acerca de la observancia del sábado. El que se acuesta con su mujer, o se propone hacer algo en sábado, o tiene intención de hacer un viaje (hasta la planificación de un trabajo estaba prohibida), o se hace el plan de comprar o vender, o sacar agua o levantar una carga es culpable. Cualquier persona que haga cualquier trabajo en sábado (ya sea en su casa o en cualquier otro lugar), o hace un viaje, o labra una granja, cualquier persona que enciende un fuego o monta una cabalgadura, o viaja en barco por el mar, cualquier persona que golpea o mata algo, cualquiera que atrapa a un animal, un ave o un pez, cualquiera que ayuna o hace la guerra en sábado -la persona que haga estas cosas debe morir.” (William Barclay – Comentario al Nuevo Testamento)

No podemos pretender ir más allá de lo que está escrito, Pablo dijo hágase todo decentemente y en orden, y en mayor o en menor medida esos conceptos han ido variando con el tiempo. Cuando George Whitefield comenzó a predicar fuera de los templos oficiales (primeras campañas evangelistas al aire libre), este acto fue considerado indecente por la iglesia a la que él pertenecía. Hasta el mismo John Wesley se asustó al principio:

“El sábado 31 por la tarde llegué a Bristol y allí encontré al Sr. Whitefield. Al principio me fue difícil de aceptar esta extraña manera de predicar en los campos, de lo cual él me dio un ejemplo el domingo. Habiendo sido toda mi vida (hasta hace poco) tan tenaz de cada punto relacionado con la decencia y el orden que hubiera pensado que el salvar almas era casi un pecado si no se hacía en la iglesia.” (Diario de John Wesley)

Dos días más tarde, John Wesley decidió modificar su concepto de decencia y orden y se lanzó a predicar al aire libre él también:

“LUNES, 2 de abril. A las cuatro de la tarde decidí ser más vil y proclamé en los caminos las buenas nuevas de salvación a cerca de 3.000 personas, hablando desde una pequeña ladrillera en un terreno fuera de la ciudad….Me sorprende que haya quienes todavía hablan tan fuerte de la «indecencia» de predicar al aire libre. La mayor indecencia está en la Iglesia de St. Paul, cuando una parte considerable de la congregación se duerme, habla o mira a su alrededor, no importándole una palabra de lo que dice el predicador. Por otro lado, hay la más alta decencia en un cementerio o campo abierto, donde toda la congregación se comporta y luce como si viera al Juez de todos y le oyera hablar desde el cielo.”    (Diario de John Wesley)

En cuanto a decencia creo que el concepto es casi universal hoy en día. El problema surge con el “orden”, ¿aplaudir en un culto es desorden? ¿decir “aleluya” es desorden? ¿cuando en las predicaciones de George Whitefield o John Wesley la gente gritaba y caía al suelo sin que nadie las tocase era desorden? ¿cuando en las prédicas de Jonathan Edwards las personas se agarraban a los bancos y gritaban aterrorizadas porque pensaban que caerían al infierno era desorden?  

“En Julio 1741, Jonathan Edwards aceptó la invitación de predicar en el pueblo vecino de Enfield, Connecticut.
Era la cúspide del Gran Avivamiento (1740-42), uno de los más intensos derramamientos del Espíritu de Dios en la historia Americana. El fuego de Dios estaba cayendo por todos lados. A pesar del hecho que él había predicado “Pecadores en Manos de un Dios Airado” a su propia congregación y había tenido poco efecto, se sentía guiado a usarlo otra vez en Enfield.
Sus técnicas no eran impresionantes, siempre leía sus sermones en una voz calmada, pero con gran convicción. Él rechazaba gritar y usar teatralidades. Impresionar a los oyentes con el poder de la verdad y con su desesperada necesidad de Dios era la meta de Edwards.
Ni su estilo o la manera en que predicaba podían ser la causa de lo que pasó ese día en Enfield. Un testigo, Stephen Williams, escribió en su diario: “Fuimos a Enfield a donde conocimos al querido Señor Edwards de Northampton quien predicó un sermón muy estremecedor de los textos, Deuteronomio 32:35, y antes de que el sermón terminara había grandes gemidos y gritos que llenaban toda la casa… “¿Qué haré para ser salvo?” “¡Oh me estoy yendo al infierno!” “¿Qué puedo hacer por Cristo?”, y así sucesivamente. Así que el ministro se vio obligado a parar… ¡si los gritos y los alaridos eran asombrosos!
Williams continúa, “Después de esperar algún tiempo hasta que la congregación estuviese quieta, y así finalmente la oración fue hecha por el Señor W. y después descendimos del púlpito y conversamos con las personas, en varios lugares, el poder asombroso de Dios fue visto, varias almas fueron convertidas esa noche, y ¡Oh cuán alegres y agradables se veían sus rostros!” (William P. Farley. pastor de Grace Christian Fellowship –traducción de Ana G. Mejía)

Leamos otro relato interesante:

“Una joven india, que, según creo, nunca había sabido que tenía alma, ni había pensado en cosa semejante, al oír que había algo extraño entre los indios, vino, según parece, para averiguar la cosa. De camino hacia el poblado se detuvo donde me alojaba, y cuando le dije que en aquel momento tenía intención de ir a predicar a los indios, se puso a reír y pareció burlarse; pero sin embargo, se fue a donde ellos estaban. No había avanzado mucho en mi mensaje público antes de que ella misma sintiera de modo efectivo que tenía alma; y antes de haber concluido mi plática, se sentía redargüida de su pecado y de miseria, y tan afligida en la preocupación por la salvación de su alma, que parecía que la hubieran atravesado con un dardo, y lloraba en alta voz incesantemente. No podía sostenerse de pie ni sentada, y tenían que sujetarla. Después que hubo terminado el servicio público se echo sobre el suelo, orando con fervor, y no hacía caso de nada, ni contestaba a nadie que le hablara. Me acerqué a escuchar lo que decía y noté el contenido de su oración, que era: “Guttummaukaleummeh wechaumeh kmeleh Nolah” esto es: “Ten misericordia de mi, y ayúdame Tú mi corazón”; ella siguió diciendo esto incesantemente durante horas. Este fue verdaderamente un día sorprendente del poder de Dios, y me pareció bastante para convencer a un ateo de la verdad, importancia y poder de la Palabra de Dios.”

¿De quien es el relato que acabamos de leer, nada menos que del admiradísimo David Brainerd, al que hoy tal vez le hubiesen acusado de emocionalismo.

John Wesley respondió a esto:

“¿Qué sabiduría es la que se atreve a reprender a éstos, diciendo que deben permanecer silenciosos? ¡De ningún modo! Dejen que clamen por Jesús de Nazaret hasta que les diga, tu fe te ha salvado.”  (Diario de John Wesley)

El famoso George Whitefield tenía una forma de predicar que hoy día sería rechazada por los mismos que tanto dicen admirarlo, gesticulaba y gritaba de tal manera que al mismo John Wesley le producía asombro:

“DOMINGO 28. Leí las oraciones y el Sr. Whitefield predicó. ¡Qué sabio es Dios en darles diferentes talentos a diferentes predicadores! Aun las pequeñas incongruencias ambos de lenguaje y ademanes fueron un medio de ganar a muchos, quienes no hubieran podido ser alcanzados por un discurso más formal o por una manera más calmada y natural de hablar.”   (Diario de John Wesley)

Leamos otra descripción sobre un famoso predicador:

“…el pelo largo y mal cortado, el gigantesco corbatín de raso negro, el pañuelo azul de grandes puntos blancos, todo esto atrajo más mi atención y me divertía a lo grande…¡así que esta es la famosa elocuencia! No me impresiona para nada. Si dejara de hacer gestos con ese bendito pañuelo, sería bueno…”

¿De quién estaba hablando? de Charles Spurgeon ¿quién era la que lo describió así? Susana Thompson, la que luego se enamoraría y casaría con él.

“Las Escrituras nos relatan revelaciones de la gloria de Dios que tuvieron fuertes efectos corporales en aquellos que las recibieron. Por ejemplo, Daniel: “No quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno” (Daniel 10:8). La reacción del apóstol Juan a una visión de Cristo fue esta: “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies” (Apocalipsis 1:17). De nada sirve objetar que estas fueron revelaciones externas y visibles de la gloria de Dios, más bien que espirituales. La gloria externa era una señal de la gloria espiritual de Dios. Daniel y Juan lo habrían entendido así.
La gloria externa no los sobrecogió solo por su esplendor físico, sino precisamente porque era una señal de la infinita gloria espiritual divina. Sería presumir, decir que en nuestros días Dios nunca da a creyentes vistazos espirituales de su belleza y majestad los cuales producen efectos corporales similares.” (Jonathan Edwards)

¿Que pretendo decir con todo esto? primeramente que debemos ser cuidadosos con exigir orden o decencia sin tener en cuenta la cultura, la idiosincrasia y las costumbres del lugar o de la persona en cuestión. Lo que en Suiza puede ser desorden, en un pueblo latinoamericano es simplemente la forma sincera de expresarse. En segundo lugar, creo que si hombres de Dios como Jonathan Edwards, David Brainerd, George Whitefield, John Wesley y otros, experimentaron sucesos extraordinarios y no se escandalizaron, nosotros deberíamos ser humildes y aceptar que puede haber cosas que sobrepasan nuestro entendimiento.  

Ahora bien, lo que ustedes pueden ver en el vídeo que acompaña este artículo creo sinceramente que no es parte de la cultura, o de la idiosincrasia o de la sincera forma de expresar los sentimientos, es sencillamente un show, un circo; la ausencia de poder disimulada con excesos de escenografía.  Pidamos al Señor que nos dé equilibrio, que nos libre del fanatismo o de la intolerancia. Que nuestras iglesias no se parezcan ni a un cementerio ni aun circo, que las luces de neón no sustituyan a la luz del Espíritu; que nuestros altares no se conviertan en un escenario ni nuestros pastores en un showman. 

Filipenses  3:17-19 Hermanos, sed imitadores de mí,  y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.

Gabriel Edgardo LLugdar

 

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La Oración en la vida del cristiano – Porqué nos cuesta tanto orar Capítulo I – Perseverar en oración

Cuando la iglesia primitiva comenzó a experimentar un rápido crecimiento numérico, se multiplicaron también los problemas por resolver y las necesidades por atender. Entonces, los doce apóstoles, para no ser absorbidos por esta vorágine del éxito ministerial, decidieron nombrar a siete diáconos para ocuparse del trabajo de servir mesas.  “Y nosotros persistiremos en la oración y a servir la palabra“.  (Hechos 6:4)

Es interesante, al menos para mí, ver como hoy en día en esta pretendida nueva Reforma, se hace tanto énfasis en servir la palabra (o ministrar la palabra), pero no se hace igual énfasis en perseverar en la oración, siendo que los apóstoles se entregaron en igual medida a las dos.

Otras traducciones dicen: Y nosotros nos entregaremos a la oración (LBLA); Así nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración (NVI); Mientras, nosotros nos dedicaremos asiduamente a la oración (EUNSA) Pero nosotros daremos completa atención a la oración (Jünemann).

Si la Sola Scriptura (Sólo Escritura) no va acompañada en igual medida de la Solus Oratio (Sólo Oración) se quedará en eso, en solamente escritura.

“No podemos predicar fervientemente a nuestro pueblo a menos que oremos fervientemente por ellos.”  (Richard Baxter – libro: El Pastor Reformado)

El Señor Jesús dijo: “las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. (Juan 6:63 b) Puedes leer las palabras de Cristo, puedes aprenderlas de memoria, puedes enseñar y predicar con exactitud las palabras de Él, pero puedes también no tener la vida de Cristo, y esto hará que tu enseñanza y predicación sean muertas, sin impacto espiritual.

Tu púlpito sin unción será como un león embalsamado, podrá ser contemplado y admirado por muchos, pero a nadie hará temblar, solo un león vivo puede hacerlo; solo un predicador lleno de vida puede estremecer los corazones de sus oyentes.

“Y Satanás tiembla, cuando ve al santo más débil de rodillas” (William Cowper -1731-1800)

En el mismo pasaje del evangelio de Juan leemos lo siguiente:

Juan 6:53-58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.  El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.
Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.

Juan 6:60 Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?

Juan 6:66-68 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

¿Cómo se puede ser discípulo de Cristo sin andar ya con él? “muchos de sus discípulos…ya no andaban con él.” Si no comemos y bebemos de Cristo, las palabras de Cristo solo serán “duras enseñanzas difíciles de aceptar“.

Cuando Jesús preguntó a los doce ¿Queréis acaso iros también vosotros? la respuesta de Pedro fue  ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Las Escrituras son  palabras de vida eterna, la Oración es ¿a quién iremos? Necesitas ir a Cristo, porque sólo en Él las Escrituras son palabras de vida eterna (espíritu y vida), si no comes y bebes de Él cada día, no tendrás vida aunque sepas de memoria  sus enseñanzas. 

Si preguntásemos ¿qué es orar? obtendríamos algunas respuestas como: “orar es hablar con Dios“, “la oración es el arma más poderosa del creyente“, “la oración es la llave que abre todas las puertas“, “orar es acercarse al trono de Dios“, “orar es apropiarse de las promesas divinas…Sin mencionar las nuevas definiciones de oración dadas por los predicadores de la prosperidad, que por poco enseñan que orar es darle directivas a Dios, darle permiso o hasta darle órdenes de lo que debe hacer.

Para mí la oración es sencillamente “comunión”, el deseo imperioso de estar a solas con quien amamos. ¿A quién irás? ¿con quien deseas más estar? ¿donde está tu tesoro? 

Mateo 6:21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

“¿Cómo podemos orar a Dios sin estar con Él? ¿Cómo podemos estar con Él si no pensamos en Él continuamente? ¿Y cómo podemos pensar continuamente si no hemos formado el santo hábito de hacerlo? Me dirás que siempre estoy diciendo lo mismo. Es verdad, porque éste es el mejor y más sencillo método que conozco, y no uso ningún otro. Amonesto a todos acerca de esto. Debemos saber antes de poder amar. A fin de conocer a Dios, debemos pensar frecuentemente en Él, y cuando lleguemos a amarle, entonces pensaremos en Él frecuentemente, porque nuestro corazón estará con nuestro tesoro.” (Hermano Lorenzo – libro: La Práctica de la Presencia de Dios)

¿Al estar con tus amigos, las horas se te pasan volando pero el tiempo de oración se te hace pesado?, ¿puedes conversar por horas con las personas pero ni siquiera puedes conversar una hora con Dios?, ¿tienes más entusiasmo para realizar actividades en tu iglesia que para encerrarte en tu cuarto a orar?, ¿es más fácil para ti escuchar música cristiana, participar en cultos y congresos, leer libros cristianos, tener reuniones y estudios que apartarte para estar a solas con Cristo?… si es así, déjame decirte que tienes un serio problema.

“La vida de oración es mucho más necesaria aún que edificios u organizaciones. Muchas veces se utilizan estas últimas para remplazar aquella. Las almas nacen al reino solo por medio de la oración”    (libro: Azusa Street, pag.69)

Si estuvieses de rodillas delante de Cristo la misma cantidad de tiempo que dedicas a debatir las doctrinas de Cristo, serías el Spurgeon o el Wesley que necesita esta generación, pero si no eres capaz de doblar tus rodillas delante de Cristo nunca podrás hacer que los demás hombres las doblen delante de Él. Si tus convicciones no te llevan a postrarte asiduamente delante del Señor ¿como pretendes convencer a otros? No puedes saber más de Cristo que lo que has aprendido estando con Él.

“la oración tomaba mucho del tiempo y fuerza de Jesús. Quien no pasa la mayoría de su tiempo orando, no puede llamarse seguidor de Jesucristo.” (R. A. Torrey – del libro: Cómo Orar)

Predicar sin orar te convertirá en un charlatán, pero una vida de oración hará que tu vida sea la predicación a la cual los hombres no puedan resistirse. 

«No vayas al estudio para preparar un sermón. Eso es pura tontería. Entra a tu estudio para ir a Dios y volverte tan ardiente que tu lengua sea como un carbón encendido que te obliga a hablar»    (C. T. Studd – misionero en China, India y Africa)

Increíblemente, somos capaces de estar todo el día hablando de Cristo, pero no somos capaces de hablar una hora con Él. Llenamos nuestra agenda con invitaciones para predicar de Cristo, y luego ponemos esa agenda como pretexto de no tener tiempo para estar a solas con Él.

Si, lo admito, predicar es importante, pero orar es indispensable. ¿Te atreves a estar delante de los hombres predicando sin haber estado delante de Dios orando? 

“¿Cómo puede un hombre predicar si no ha conseguido su mensaje fresco de Dios en la cámara secreta? ¿Cómo puede predicar si no tiene su fe avivada, su visión lúcida y su corazón caldeado por su estrecha unión con Dios? ¡Ay del púlpito cuyos labios no son tocados por esta llama de la cámara secreta! Árido y sin unción será siempre y las verdades divinas nunca vendrían con poder de semejantes labios. Hasta donde los intereses verdaderos de la religión atañen, un púlpito sin una cámara secreta siempre será una cosa estéril.”   ( libro: El Predicador y la Oración – E. M. Bounds)

Frases de Leonard Ravehill - Diarios de Avivamientos

La oración, entonces, es la comunión íntima con nuestro Padre celestial, la impostergable necesidad de estar a solas con nuestro Amado,  el deseo presuroso de alejarnos de todo y de todos para estar con quien es nuestro Todo. A veces es hablar, a veces es callar, a veces es reír, a veces es llorar, muchas veces es caer exhausto a los pies del Señor sin poder ni hablar, ni sentir otra cosa que no sea dolor, pero es desear no estar en otra parte más que allí, a sus pies, aunque allí muramos. “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré”  (Job 13:15). La oración es morir al yo, renunciar a mi voluntad para que se haga la suya “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”  (Mateo 6:10)

Si, son palabras duras de oír y de aceptar, porque comer y beber de Cristo es participar de su sacrificio, es tomar nuestra cruz y seguirle; es renunciar a ser vistos por los hombres para ser escudriñados por Dios. Es preferir estar de rodillas humillados ante el Padre que ve en lo secreto, que de pié en un púlpito admirados por los hombres que solo ven lo exterior. Orar es ¿a quién iremos?, iremos a Jesús, aunque eso signifique la Cruz. 

“Todos los obstáculos a la oración proceden de la ignorancia de las enseñanzas de Dios en su Santa Palabra respecto a la vida de santidad que ha planeado para todos sus hijos, o bien de la resistencia a consagrarnos totalmente a El. Cuando podemos decir verdaderamente a nuestro Padre: «Todo lo que soy y tengo es tuyo», entonces, y sólo entonces, Él puede decirnos: «Todo lo que es mio es tuyo».” (libro: El cristiano de rodillas, anónimo)

Oh! Señor Jesús, que para mí la oración sea buscar tu comunión, y buscar tu comunión no consista en buscar un toque de ti, sino buscarte a ti para permanecer en ti. Aunque al encontrarte a ti pierda lo mío, y al confesarte a ti me niegue al yo. Sea la respuesta sí, o a mi petición digas no, o en el difícil silencio tenga que esperar yo; ayúdame a perseverar en la oración, que aunque esperando en ti yo muera, en la resurrección  gloriosa verán mis ojos tu galardón.

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David Wilkerson - oración

Capítulo I de la serie Perseverar en oraciónde Gabriel Edgardo Llugdar

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El teólogo de mármol – Harto estoy de los teólogos de internet

Las redes sociales han logrado hacerme consciente de una situación asombrosa, y es de la inmensa cantidad de teólogos que existen en la Iglesia actual. Me da la impresión, en mi diario caminar, que me encuentro con más teólogos que con hermanos, y aunque un teólogo debiera ser primeramente hermano, en la práctica parece no ser siempre así.

Florecen por Facebook, Twitter y en las distintas websites; se reproducen a ritmo vertiginoso, convirtiendo cada intercambio de comentarios en un debate a vida o muerte. Estos verdaderos espadachines hermenéuticos se lanzan con frenesí a la arena de la contienda, con el fin de ser coronados como auténticos defensores de la sana doctrina, no importa cuántas cabezas tengan que cortar en su camino a la gloria; todo sea por ascender a las alturas donde Agustín, Lutero o Calvino brillan con luz propia. Y tal vez sea en esto último, donde demuestran su punto débil: carecen de luz propia, solo son copias reproducidas en una imprenta desgastada y con poca tinta; sus bocas dicen mucho pero sus vidas son ilegibles, en ellas se lee poco o nada.

John Owen - diarios de avivamientos

Y no es que yo menosprecie la teología, Dios me libre, la amo ¿cómo no amar el conocimiento de la revelación de Dios, el conocimiento de su Palabra? Y amo también a Agustín, a Lutero, a Calvino, a Jonathan Edwards, a John Wesley… tan distintos pero tan auténticos, con puntos de vistas diversos pero visionarios, siempre con la pluma en la mano, los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Gigantes que hablaron mucho de la fe porque tuvieron mucha experiencia de ella; hombres cuyos testimonios eran tan fuertes (o más) que sus palabras. No repetían lo que otros decían, hablaban de lo que ellos vivían.

Mateo 16:13-15 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

No se trata solamente de cuánto has aprendido acerca de Cristo, sino cuanto has aprendido cerca de Él. ¿Le conoces? ¿O sólo sabes de memoria lo que la Biblia dice sobre Él?

“Hay un peligro al pensar que eres perfecto simplemente porque entiendes lo que debe ser la perfección. Todas tus bonitas teorías no te ayudarán a morir a ti mismo. El conocimiento fomenta la vida de Adán en ti porque te deleitas en lo secreto en tu revelación. Nunca confíes tu poder a tu propio conocimiento. Sé humilde. No confíes en tu vieja naturaleza.”    (Fenelon – Una Vida de Sencillez)

Está muy bien que conozcas lo que dijeron Lutero, Calvino o Wesley sobre Cristo, y que llenes el muro de tu Facebook con memes; o bombardees a la humanidad con sus célebres frases por Twitter. Pero tú ¿quién dices que es Jesús? ¿Estuviste hoy con Él? ¿Qué has aprendido hoy estando postrado a sus pies? La verdadera teología se deletrea estando sobre las rodillas, para que cuando estés en el pulpito la proclames con autoridad.

Charles Spurgeon

No quiero conocer a personas, que conocen a otras personas, que a su vez conocen a alguno que conoce a Cristo. Quiero conocer a personas que conocen a Cristo en primera persona, que caminan con Él, que hablan con Él, que viven y respiran con y para Él; porque de ellas aprendo más que de mil teólogos que sólo son meras fotocopias de libros que escribieron otros.

“La verdadera teología es la que nos enseña a conocer a Dios, no sólo a saber mucho acerca de Dios.”    (Francisco Lacueva Lafarga)

“Hablar de la cruz no es lo mismo que experimentarla.”    (Fenelon – El Anhelo del Corazón)

Puedes saber de memoria, y repetir textualmente todas las palabras y definiciones que dijeron los grandes hombres de Dios, pero eso no te hará a ti un gran hombre de Dios.

“Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente serás juzgado si no vivieres santamente. Por eso no te ensalces por alguna de las artes o ciencias; mas teme del conocimiento que de ella se te ha dado. Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras. No quieras saber cosas altas, más confiesa tu ignorancia. ¿Por qué te quieres tener en más que otro, hallándose muchos más doctos y sabios en la Ley que tú? Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen. El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo es altísima y doctísima lección. Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada.” (Imitación de Cristo – Tomás de Kempis)


La Iglesia necesita hoy de personas que vivan primeramente la doctrina de Cristo, y luego la prediquen. La teología que escucho en tus labios, debo poder leerla en tu vida.


“¿Qué te aprovecha disputar altas cosas de la Trinidad, si careces de humildad, por donde desagradas a la Trinidad? Por cierto, las palabras sublimes no hacen santo ni justo; más la virtuosa vida hace al hombre amable a Dios. Más deseo sentir la contrición que saber definirla. Si supieses toda la Biblia a la letra y los dichos de todos los filósofos, ¿qué te aprovecharía todo sin caridad y gracia de Dios? Vanidad de vanidades y todo vanidad, sino amar y servir solamente a Dios.”    (Imitación de Cristo – Tomás de Kempis)

Hoy tenemos monumentos de los grandes y genuinos teólogos que nos precedieron; puedes admirarlos en muchas ciudades del mundo. Lutero, Zwinglio, Calvino, Knox, Owen, Edwards, Wesley y otros tienen sus rostros esculpidos en mármol como reconocimiento merecidísimo a su gran labor. Pero también tenemos hoy, muchos “teólogos” que sueñan con tener algún día su efigie en mármol; el corazón ya lo tienen, veremos si consiguen el resto. Porque aunque sus discusiones sean acaloradas sus corazones están fríos, no dudan en avergonzar públicamente a los que no piensan como ellos. Hacen gala del uso de la lógica, de la dialéctica, de la consistencia de su razonamiento, hacen gala de todo, menos del amor.

“Hemos cultivado un gusto vicioso entre el pueblo, levantando el clamor por talento en lugar de gracia, elocuencia en lugar de piedad, retórica en lugar de revelación, reputación y brillo en lugar de santidad. Por ello, hemos perdido la verdadera idea y poder de la predicación.”    (E. M. Bounds – El Predicador y la Oración)

“En cuanto a todas las opiniones que no dañan las raíces del cristianismo, nosotros pensamos y dejamos pensar”    (John Wesley)

“En cuanto a controversias entre los santos, nunca me ha interesado inmiscuirme en estas cosas. Mi trabajo era predicar con toda sinceridad la palabra de fe y la remisión del pecado por la muerte y sufrimientos de Jesús. Las otras cosas las pongo a un lado, porque he visto que provocan contiendas y que Dios no ha mandado que las hagamos ni que no las hagamos. Mi obra transcurría por otro cauce y a ella me atengo.”    (John Bunyan, Gracia Abundante)

Porque el fundamento y la consistencia de la teología es el amor.

1Corintios 13:2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes y no tengo amor, nada soy.

Mientras tú haces exégesis de los textos bíblicos, las personas harán una exégesis de tu vida, y si en ella no encuentran amor, todo lo que digas no valdrá absolutamente nada.

«Supongamos que dos cabras se encontraran frente a frente, en medio de un puente estrecho que uniera un torrente impetuoso, ¿cómo se comportarían? Ninguna de las dos querría retroceder ni dejar pasar a la otra, suponiendo que el puente fuera estrecho lo más probable es que se embistieran y las dos fueran a parar al agua, y se ahogaran. La naturaleza, sin embargo, nos enseña que si la una se tendiera en el suelo y dejara pasar a la otra, las dos saldrían sin daño, sanas. La gente ganaría también, muchas veces, si dejara que los otros pasaran por encima de ellos en vez de enzarzarse en debates y discordias»    (Ilustración de Martín Lutero – tomado del libro la oración que prevalece de D. L. Moody)

Martín Lutero - frases - diarios de avivamientos

Creo profundamente en las Cinco Solas de la Reforma Protestante:
Sola ScripturaSola Escritura
Sola Fide  – Sola Fe
Sola GratiaSola Gracia
Solus Christus Solo Cristo
Soli Deo GloriaSolo a Dios la Gloria
Pero creo firmemente que está incompleta, que hubiese sido necesario agregarle una más:
Solus Charitas, Solus AmorSolo el Amor

Porque, ¿cuál es el resumen de toda doctrina, de toda teología, de toda ley espiritual, de toda la Escritura?

Marcos 12:28-31 Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

Los dos mayores mandamientos de Dios comienzan con: amarás. Esta es la verdadera teología, la sana doctrina y el núcleo de las doctrinas de la Gracia.

Debo reconocer que me enoja mucho leer las disputas encarnizadas entre (se supone) hermanos; comentarios que van subiendo de tono, llegando al menosprecio y hasta el insulto. ¿No saben estos teólogos de letra muerta que quien llama necio a su hermano es merecedor del infierno?

Mateo 5:22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

Estos teólogos son como los fariseos, imponen cargas pesadas a los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Sus corazones de mármol son como una loza pesada que cae sin piedad sobre sus “oponentes” hasta aplastarlos. No aman la verdad, aman tener la verdad, y menosprecian sin razón a todo aquel que no les da la razón.

Tal vez el único monumento que se levante a estos teólogos sea el de una lápida, tan fría como sus corazones, con el siguiente epitafio:

Aquí yace una boca de oro.

Predicó con elocuencia lo que nunca vivió.

Enseñó magistralmente lo que nunca aprendió.

Habló maravillosamente de Aquel a quien nunca conoció.

Definió con maestría la Gracia que siempre le faltó.

Sobrado en todos los talentos, careció de amor.

En su boca hubo oro, pero mármol en su corazón.

Por todo esto, solo puedo concluir repitiendo las palabras de mi admirado Tomás de Kempis:

“¡Oh Dios, que eres la Verdad! Hazme permanecer uno contigo en caridad perpetua. Enójame muchas veces leer y oír muchas cosas; en Ti está todo lo que quiero y deseo. Callen todos los doctores; callen las criaturas en tu presencia: háblame Tú solo.”

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar  – Diarios de Avivamientos

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Epitafio al Teólogo

 

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Si te portas mal irás al infierno, y si te portas bién… también.

Aprendiendo el Evangelio – Capítulo 7 – El Infierno

El Infierno

Una constante dentro de la historia del cristianismo, es experimentar ciclos de extremismo en la enseñanza sobre un tema tan inquietante como lo es el infierno. Por un lado tenemos  los que se esfuerzan por suavizar, por “dulcificar” el mensaje del Evangelio evitando por completo el tema. Aducen que Jesús trajo un mensaje de amor y perdón, y que no hay motivo para asustar a las personas, las cuales ya tienen demasiado sufrimiento  en esta vida como para provocarles insomnio con tormentos venideros.  Por otro lado están los que, como si fuesen inquisidores medievales, aterrorizan a sus oyentes con amenazas apocalípticas si no viven o visten de cierta manera. Entre estos últimos, son innumerables los relatos de personas que “han sido llevadas en el espíritu al infierno” y allí han visto a mujeres que una vez asistieron a la iglesia, pero ahora arden en las llamas implacables, porque cometieron el pecado de pintarse las uñas, plancharse o teñirse el cabello, maquillarse o usar un pantalón; y también algunos varones que ofendieron al Espíritu por andar depilándose las piernas o las cejas, como si de un pecado mortal se tratase. Esto que acabo de decir no es una broma, al final de este capítulo podrás ver una de estas “visiones” que más se asemejan a cuentos de ultratumba, que a verdadero Evangelio.  

Entonces ¿cómo encontrar un equilibrio ante las dos posturas?

Es innegable que el Señor predicó un mensaje de amor, pero de un amor de naturaleza divina, esencialmente santo y sacrificial; ese amor tuvo que pagar un grandísimo precio en la cruz; y exige el mismo sacrificio para nosotros:

Mateo 16:24-27 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 
 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

No se trata de un amor hippie en el que todo vale pues lo importante es sentirse bien, ni de uno donde Jesús es un amigo con buena onda que todo lo tolera.  Debemos considerar algo muy notable: la mayoría de lo que sabemos acerca del infierno lo sabemos por el mismo Jesús; fue Él quien más predicó, enseñó y advirtió sobre el infierno, más aún que el apóstol Pablo u otro apóstol.

Entonces ¿somos nosotros más buenos que Jesús? 

Infierno: es un término de origen latino: infernus, cuyo significado es “la parte de abajo”.  Con la expresión “infierno”  se traduce la voz hebrea Seol (en el A.T.), y las griegas Hades, Gehenna y Tártaro (en el N.T.)

Dijo Jesús:

Mateo 13:40-42 De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Lucas 12:4-5 Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.

“…más bien temed a quien puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno. Casi no es necesario añadir que “quien” se refiere a Dios. Al omitir el nombre mismo de Dios se pone más énfasis sobre el carácter y la actividad de Dios, esto es, sobre lo que él es y lo que él puede hacer. La palabra “destruir” se usa aquí no en el sentido de aniquilación, sino en el de infligir un castigo eterno a una persona (25:46; Mr. 9:47, 48; 2 Ts. 1:9). En cuanto a la palabra “infierno”, que en el original de este pasaje es Gehenna (como también en 5:22, 29, 30; 18:9; 23:15, 33; Mr. 9:43–47; Lc. 12:5; Stg. 3:6), generalmente se refiere a la habitación de los malos, en cuerpo y alma después del día del juicio. Cuando la misma habitación se llama Hades, la referencia es al tiempo antes del juicio…” (Comentario al Nuevo Testamento -Mateo-William Hendriksen)

Apocalipsis 21:6-8 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

 “La expresión lago de fuego se encuentra sólo en Apocalipsis, un total de seis veces (19:20; 20:10, 14 [dos veces], 15; 21:8). Juan explica el significado de esta frase al identificarla con la segunda muerte. Es el lugar donde los malos quedan para siempre separados del Dios vivo y sufren por la eternidad los tormentos del infierno. Es el lugar donde los malvados pasan su eternidad.” (Comentario al Nuevo Testamento APOCALIPSIS – Simon Kistemaker)

Recordemos nuevamente el texto con el cual, en capítulos anteriores, dimos respuesta al interrogante ¿De qué, vino a salvarnos Jesús?

Romanos 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios

Algunas versiones traducen: “por cuanto todos pecaron y están privados de la presencia de Dios”

Jesús vino a salvarnos del poder del pecado y de las consecuencias del pecado. Jesús vino a salvarnos del justo castigo de la ira de Dios a causa de nuestras maldades, ese castigo era ser destituidos eternamente de su gloria, estar privados por toda la eternidad de su presencia.

Imagínese entonces, el incrédulo, lo que sucede no ya cuando el hombre se aleja de Dios, sino cuando Dios le aleja de si; no ya cuando el hombre rechaza a Dios, sino cuando Dios le rechaza definitivamente a él; no ya cuando el hombre le da la espalda a Dios, sino cuando es éste quien le da la espalda al hombre y le priva de su gloria por toda la eternidad, haciéndolo destinatario eterno de su ira. 

Porque el ser humano, habiendo rechazado a Cristo, quien es la Luz, recibirá una eternidad de obscuridad.

Juan 8:12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 3:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Habiendo rechazado a Cristo, quien es el Camino, el incrédulo vagará errante por la eternidad.

Juan 14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Judas 1:13 (b)  estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas.

Habiendo rechazado a Cristo, quien es la Paz, el incrédulo será atormentado para siempre, buscará desesperadamente reposo pero ya no lo hallará.

2Corintios 13:11 Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros.

Apocalipsis 14:9-11 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.

Habiendo rechazado a Cristo, quien es el dador del agua de la vida, al incrédulo solo le queda esperar una agonizante sed eterna que no será saciada con nada.

Juan 4:13-14 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Lucas 16:23-25 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.

La condenación eterna es la muerte sin fin en pleno estado de conciencia, el vacío de todo consuelo, de toda esperanza, de toda luz, de toda paz, de toda compañía; la punzante espada de la justicia de Dios revolviéndose continuamente sobre el pecador no arrepentido. Allí no habrá lugar para el arrepentimiento, el arrepentimiento es aquí y ahora.

Hebreos 4:7 otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

Dijo el Señor Jesús

Mateo 25:31-33,41,46 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda… Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles… E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna

Hemos visto hasta aquí que el infierno final, el lago de fuego eterno, el lugar de condenación donde se ejecutará la ira de Dios, es un lugar y un destino real para los que rechazan la Gracia de Cristo. No es una fábula medieval para asustar a los creyentes, es tan real como es real la misma Palabra de Dios.

Mitos sobre el infierno:

Algunos creen que los demonios serán los que atormenten a las almas en el lago de fuego de la condenación eterna, que los punzarán con clavos y tridentes, que les darán latigazos o le arrojarán carbones encendidos en los pies… pero esto no es así, eso es pura fantasía medieval. Pues el lago de fuego no será el reino de Satanás ni de sus demonios, ellos estarán sufriendo tormentos tan grandes que no tendrán tiempo ni deseos de atormentar a las almas de los pecadores. Serán los mismos pecadores quienes contemplen horrorizados como el diablo, a quien sirvieron en esta tierra, será atormentado eternamente por Cristo. Porque si los pecadores no arrepentidos serán atormentados ¿cuanto mayor tormento recibirá el diablo y sus ángeles caídos? 

Apocalipsis 20:10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

Miren lo que dice el siguiente pasaje:

Apocalipsis 14:10y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.

El infierno, o como se le llama en Apocalipsis: el lago de fuego, no será el reino de Satanás sino parte del reino de Cristo, y ante sus ojos será ejecutado el castigo de los impíos y sobre todo de Satanás. Cristo reina y señoreará en los cielos, en la tierra y debajo de ella:

Filipenses 2:10-11 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Otro de los mitos, es afirmar que, uno se va al infierno por portarse mal o al cielo por portarse bien, eso no es bíblico. Esto equivaldría a enseñar que somos salvos por obras. Si a la vida eterna fuesen los que se portan bien, nadie se iría, todos iríamos de cabeza al infierno.  

Romanos 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Entonces ¿quienes serán salvos y quienes condenados?

Juan 3:16,18 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.  
El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

2 Tesalonisenses 2:12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.

Muchas personas en el mundo están convencidas de que “se portan bien” y merecen ir al cielo; porque no matan, no roban, no hacen daño con malicia al prójimo, hacen obras de beneficencia según sus creencias… pero todo eso, según las Escrituras, no les hace salvas. Lo que determina nuestro destino eterno es si creemos o no, en Jesucristo como Señor y Salvador. Es decir, no basta con creer, es necesario creer en la Verdad:

Juan 14:6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Claro que la gracia salvadora no es una obra, sino un regalo de Dios:

Efesios 2:8-9 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

No tengamos temor de enseñar a nuestra congregación acerca del infierno, pero tengamos mucho temor de estar amenazando con él a los hermanos, contándoles fábulas de viejas. Nadie se va al infierno por usar o no usar un tipo de ropa o maquillaje, o por su estética, o por no diezmar; esto es simplemente manipulación emocional. Obviamente que el exterior refleja el estado del interior, y que la santidad es completa (interna y externa) pero no somos salvos por obras sino por Gracia.  No somos salvos por no beber, no fumar, no robar, no pelear, no mentir, no ser vanidosos… todas estas cosas son la cara visible de la salvación, no su causa.

No es miedo lo que tenemos que infundir a los hermanos, es confianza. No vivimos en santidad por temor de irnos al infierno, vivimos en santidad porque amamos a Jesús quien nos amó primero; y al amarle y permanecer en su amor Él nos santifica por su Espíritu. 

Por último les dejo este poema, de autor anónimo, que expresa la realidad que debe mover el corazón de un creyente. Repito una vez más: Amamos a Cristo, no por temor al infierno ni por los bienes prometidos del cielo, sino por lo que Él es y por lo que hizo por nosotros sin merecernos nosotros nada. 

No me mueve, mi Dios, para quererte
El cielo que me tienes prometido ,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, mi Dios; muéveme el verte
Clavado en esa Cruz y escarnecido;
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
Muéveme el ver tus afrentas y tu muerte,
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
Que, aunque no hubiera cielo yo te amara,
Y, aunque no hubiera infierno te temiera.
No me tienes que dar por que te quiera
Porque, aunque lo que espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos

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Católicos y Evangélicos ¿Unidos? – Ecumenismo ¿Si o No? – Es hora de tomar una decisión

Creemos que es muy necesario publicar un libro como este, ante la confusión que reina en algunos sectores del cristianismo. Pastores, músicos, líderes reconocidos y creyentes evangélicos en general, están siendo seducidos por el llamado a una unión fraternal con los católicos; a primera vista parece un llamado al amor, pero ¿cual es el precio a pagar? Los debates se suceden acaloradamente en las redes sociales, muchos opinan sobre lo que ignoran, porque ¿cuantos conocen los dogmas del catolicismo y cómo se debe responder a la luz de las Escrituras?, ¿cuantos saben, que decir: María Madre de Dios es una doctrina cristológica y no mariológica? ¿cuántos saben su origen?, ¿Lutero y Calvino creían en la Perpetua Virginidad de María?… Entonces, ¿cuales son los dogmas que verdaderamente debemos atacar por ser antibíblicos? Este es un libro para Evangélicos y para Católicos, las citas bíblicas han sido tomadas de las traducciones católicas, respondemos a los amigos católicos con sus propias fuentes.

Por supuesto, nos ha sido imposible en esta edición del libro, tocar todos los temas que hubiésemos querido, tal vez en una edición posterior. Por ahora hemos hecho énfasis en tres puntos centrales: La Tradición vs Escritura – La Supremacía e Infalibilidad Papal y La Veneración a María con alguno de sus principales dogmas. Cada una con las respuestas bíblicas que demuestran si son falsas o verdaderas.

Te animamos a leer este libro, escrito de forma didáctica, sencilla y con abundantes datos históricos y bíblicos. Para que puedas responder a tus dudas y a las de los demás. 

Capítulo I

  •  Biblia y Tradición – ¿Es Suficiente la Biblia o necesitamos algo más?
  • ¿Por qué y de qué modo se transmite la divina Revelación?
  • ¿De qué modo se realiza la Tradición Apostólica?
  • ¿Qué relación existe entre Tradición y Sagrada Escritura?
  • ¿A quién corresponde interpretar auténticamente el depósito de la fe?
  • ¿Qué relación existe entre Escritura, Tradición y Magisterio?

Capítulo II

  • Imágenes: ¿Veneración o Idolatría?
  • ¿Tenía Cristo un verdadero cuerpo humano? ¿que hay de malo en las imágenes?
  • El Ecumenismo es ¿un canto de sirena?

Capítulo III

  • La Supremacía del Obispo de Roma – El Papa
  • ¿Por qué la Iglesia es una?
  • ¿Dónde subsiste la única Iglesia de Cristo?
  • ¿Cuál es la misión del Papa? ¿Quién es la Roca?
  • ¿Cómo consideraba San Pablo a San Pedro?
  • La Infalibilidad del Magisterio o la Infalibilidad Papal
  • Dogma: Fuera de la Iglesia Católica no hay salvación

Capítulo IV

  • La Virgen María y los Evangélicos – ¿A Jesús por María?
  • ¿Cuáles son los dogmas que la iglesia Católica enseña acerca de la Virgen?
  • ¿Debemos creer estos dogmas de fe?
  • ¿En qué sentido la  Virgen María es Madre de la Iglesia?
  • ¿Cómo ayuda la Virgen María a la Iglesia?
  • ¿Qué tipo de culto se rinde a la Virgen María?
  • Propulsores del culto mariano (Alfonso María Ligorio – Luis María Montfort)
  • Para la iglesia de Roma, María es igual a Cristo
  • Jesús y María ¿semejantes en poder?
  • ¿Culto de latría, dulía o hiperdulía?
  • Entronizando a la Virgen
  • ¿María Corredentora?
  • ¿A Jesús por María?
  • ¿Es María el medio perfecto que ha elegido Jesucristo para unirse a nosotros y unirnos a Él?

Capítulo V

  • Los Dogmas Marianos – Las enseñanzas que todo católico está obligado a creer
  • ¿Cuáles son los dogmas que la iglesia Católica enseña acerca de la Virgen María?
  • La Maternidad Divina
  • La Inmaculada Concepción
  • La perpetua Virginidad
  • La Asunción a los cielos
  • Divinizando a María
  • ¿Cómo se llegó a la excesiva veneración de la Virgen María?
  • El culto a la Divina Madre
  • Reducir a Dios al plano natural
  • Diosas y sus hijos en las distintas culturas del mundo
  • Esposa de la Divinidad
  • ¿Ecumenismo sí o no?
  • Conclusión

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Católicos y Evangélicos unidos - ecumenismo

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TERESA DE JESÚS (Teresa de Ávila) – El pecado de ser mujer – Historia del cristianismo

Teresa de Avila - diarios de avivamientos

Ya toda me entregué y di,
Y de tal suerte he trocado,
Que es mi Amado para mí,
Y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
Me tiró y dejó rendida,
En los brazos del amor
Mi alma quedó caída,
Y cobrando nueva vida
De tal manera he trocado,
Que es mi Amado para mí,
Y yo soy para mi Amado.

Tiróme con una flecha
Enarbolada de amor,
Y mi alma quedó hecha
Una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
Pues a mi Dios me he entregado,
Y mi Amado es para mí,
Y yo soy para mi amado.

(Poesía de Teresa de Jesús sobre aquellas palabras «dilectus meus mihi»)

¿Porqué Teresa de Jesús en un blog evangélico no ecuménico? Si has seguido algún tiempo este blog, habrás notado que frecuentemente publicamos relatos de la Historia de la Iglesia y sus protagonistas, con el fin de tener una visión más global que nos aleje de fanatismos excluyentes. Al descartar algo o a alguien, simplemente porque no pertenece a nuestro grupo ideológico, se corre el riesgo de arrojar a la basura pequeños tesoros que podrían enriquecer nuestra experiencia espiritual. Examinarlo todo y retener lo bueno debería ser un hábito, no meramente un concepto teológico. Si no examinamos no podemos discernir, y el discernir nos permitirá entresacar lo precioso de lo vil, y retener lo bueno. 

Este ha sido el año de la celebración del 500 Aniversario del Nacimiento de Teresa de Ávila,  mujer singular, de personalidad atrayente, de carácter decidido, visionaria, apasionada, luchadora incansable, escritora, poeta… Teresa la mística, si, pero por sobre todas las cosas: Teresa la mujer.  Que supo abrirse paso en un imperio de machismo impenetrable; y pasar de ser considerada una loca a ser admirada como una de las mujeres extraordinarias que produjo la Historia.   

¡Oh deleite mio , Señor de todo lo criado, y Dios mio! ¿Hasta cuándo esperaré vuestra presencia? ¿Qué remedio dais a quien tan poco tiene en la tierra, para tener algún descanso fuera de Vos?
¡Oh vida larga! ¡Oh vida penosa! ¡Oh vida que no se vive! ¡Oh qué sola soledad! ¡Qué sin remedio ! Pues, ¿cuándo, Señor, cuándo? ¿Hasta cuándo? ¿Qué haré, Bien mio, qué haré? ¿Por ventura desearé no desearos?
¡Oh mi Dios y mi Criador, que llagáis y no ponéis la medicina, herís y no se ve la llaga, matáis dejando con más vida; en fin, Señor mio, hacéis lo que queréis como poderoso.
Pues un gusano tan despreciado, mi Dios: ¿queréis que sufra estas contrariedades? Sea así, mi Dios, pues Vos lo queréis, que yo no quiero sino quereros. ¡Mas ay, ay, Criador mio, que el dolor grande hace quejar, y decir lo que no tiene remedio, hasta que Vos queráis! Y alma tan encarcelada desea su libertad, deseando no salir un punto de lo que Vos queráis. Quered, gloria mía, que crezca su pena o remediadla del todo.
¡Oh muerte, muerte! No sé quién te teme, pues está en ti la vida! ¡Mas quién no temerá , habiendo gastado parte de ella en no amar a su Dios! Y pues soy ésta , ¿qué pido y qué deseo? ¿Por ventura el castigo tan bien merecido de mis culpas? No lo permitáis Vos, Bien mio, que os costó mucho mi rescate.” 
(Exclamaciones del alma a Dios, VI)

Teresa de Avila -vitral- diarios de avivamientos

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
Sólo Dios basta.

(Poesía de Teresa de Jesús  – Nada te Turbe)

“¡Oh Señor mío!, ¿cómo os osa pedir mercedes quien tan mal os ha servido y ha sabido guardar lo que le habéis dado? ¿Qué se puede confiar de quien muchas veces ha sido traidor? Pues ¿qué haré, consuelo de los desconsolados y remedio de quien se quiere remediar de Vos? ¿Por ventura será mejor callar con mis necesidades, esperando que Vos las remediéis? No, por cierto; que Vos, Señor mío y deleite mío, sabiendo las muchas que habían de ser y el alivio que nos es contarlas a Vos, decís que os pidamos y que no dejaréis de dar.”  (Exclamaciones del alma a Dios, V.1)

¡Oh hermosura que excedéis
A todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis.
Y sin dolor deshacéis
El amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis
Dos cosas tan desiguales,
No sé por qué os desatáis,
Pues atado fuerza dais
A tener por bien los males.
Quien no tiene ser juntáis
Con el Ser que no se acaba;
Sin acabar acabáis,
Sin tener que amar amáis,
Engrandecéis vuestra nada.

(Poesía de Teresa de Jesús ¡Oh. Hermosura que excedéis!) Aquí Teresa se refiere a como Dios engrandece la nada, que es ella misma, al unirla a su Ser que es infinito.

“¡Oh Señor!, confieso vuestro gran poder. Si sois poderoso, como lo sois, ¿qué hay imposible al que todo lo puede? Quered Vos, Señor mío, quered, que aunque soy miserable, firmemente creo que podéis lo que queréis, y mientras mayores maravillas oigo vuestras y considero que podéis hacer más, más se fortalece mi fe y con mayor determinación creo que lo haréis Vos.”  (Exclamaciones del alma a Dios, IV.4)

Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad,
Eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, un ser, bondad y alteza,
Mirad la suma vileza
Que hoy os canta amor así.
¿Qué queréis haced de mí?

Vuestra soy, pues me criastes,
Vuestra, pues me redimistes,
Vuestra, pues que me sufristes,
Vuestra pues que me llamastes,
Vuestra porque me conservastes,
Vuestra, pues no me perdí:
¿qué queréis haced de mí?

Dadme muerte , dadme vida,
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad ,
Dadme guerra o paz cumplida ,
Flaqueza o fuerza a mi vida ,
Que a todo diré que sí.
¿Qué queréis hacer de mi?

Dadme riqueza o pobreza ,
Dad consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza ,
Dadme infierno , o dadme cielo ,
Vida dulce , sol sin velo ,
Pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Si quereis , dadme oración,
Si no, dadme ceguedad ,
Si abundancia y devoción ,
Y si no esterilidad.
Soberana Majestad ,
Sólo hallo paz aquí ,
¿Qué mandáis hacer de mí?

Dadme, pues, sabiduría ,
O por amor, ignorancia,
Dadme años de abundancia,
O de hambre o carestía;
Dad tiniebla o claro día ,
Revolved me aquí o allí.
¿Qué queréis hacer de mí?

Esté callando o hablando ,
Haga fruto o no le haga ;
Muéstreme la Ley mi llaga ,
Goce de Evangelio blando;
Esté penando o gozando ,
Sólo Vos en mí vivid,
¿Qué mandáis hacer de mí?

(Poema de Teresa de Jesús – Ofrecimiento a Dios – extracto)

“¡Oh que recia cosa os pido, verdadero Dios mio, que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo, y anda procurando la enfermedad!
Vos decís, Señor mio, que venís a buscar los pecadores; éstos, Señor, son los verdaderos pecadores: no miréis nuestra ceguedad , mi Dios, sino a la mucha sangre que derramó vuestro Hijo por nosotros; resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra. Válganos vuestra bondad y misericordia.”  (Exclamaciones del alma a Dios, VIII)

“Mirad, Dios mio, que van ganando mucho vuestros enemigos; habed piedad de los que no la tienen de sí , ya que su desventura los tiene puestos en estado, que no quieren venir a Vos, venid Vos a ellos. Dios mio. Yo os lo pido en su nombre, y sé que como se entiendan , y tornen en sí, y comiencen a gustar de Vos, resucitarán estos muertos.
 ¡Oh vida, que la dais a todos! No me neguéis a mí esta agua dulcísima que prometéis a los que la quieren; yo la quiero, Señor, y la pido, y vengo a Vos; no os escondáis, Señor, de mí, pues sabéis mi necesidad, y que es verdadera ­medicina del alma llagada por Vos.”   (Exclamaciones del alma a Dios, IX)

“¿Qué podrá pedir una cosa tan miserable como yo?…que os acordéis que soy vuestra hechura y que conozca yo quién es mi Creador para que le ame.”  (Exclamaciones del alma a Dios, V.4)

1-Velázquez

Véante mis ojos,
Dulce Jesús bueno;
Véante mis ojos,
Muérame yo luego.

Vean quien quisiere
Rosas y jazmines,
Que si yo te viere,
Veré mil jardines;
Flor de serafines,
Jesús Nazareno,
Véante mis ojos ,
Muérame yo luego.

No quiero contento
Mi Jesús ausente,
Que todo es tormento
A quien esto siente;
Sólo me sustente
Tu amor y deseo.
Véante mis ojos ,
Muérame yo luego.

Véome cautivo
Sin tal compañía;
Muerte es la que vivo
Sin Vos, Vida mía,
Cuándo será el día
Que alcéis mi destierro.

Véante mis ojos,
Dulce Jesús bueno;
Véante mis ojos,
Muérame yo luego.

poesía de Teresa de Jesús

 

¡Oh contento mio, y Dios mio! ¿Qué haré yo para contentaros?
Miserables son mis servicios , aunque hiciese muchos a mi Dios; ¿pues para qué tengo de estar en esta miserable miseria? Para que se haga la voluntad del Señor. ¿Qué mayor ganancia, ánima mía? Espera, espera , que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora.
Vela con cuidado , que todo pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios , y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite, que no puede tener fin.”     (Exclamaciones del alma a Dios, XIV)

“¡Oh Dios mio , y descanso de todas las penas, qué desatinada estoy! ¿Cómo podía haber medios humanos que curasen los que ha enfermado el fuego divino?… ¡Oh ánima mía! ¡Qué batalla tan admirable has tenido en esta pena, y cuán al pié de la letra pasa así! Pues mi Amado a mi, y yo a mi Amado. ¿Quién será el que se meta a despartir y matar dos fuegos tan encendidos? Será trabajar en vano, porque ya se han tornado en uno.  (Exclamaciones del alma a Dios, XV)

Un alma en Dios escondida
¿Qué tiene que desear,
Sino amar y más amar,
Y en amor toda encendida
Tornarte de nuevo a amar?

(Poesía de Teresa de Jesús – cuartillas)

“Que nó , mi Dios, nó, no más confianza, en cosa que yo pueda querer para mí; quered Vos de mí lo que quisiéreis querer, que eso quiero, pues está todo mi bien en contentaros; y si Vos, Dios mio, quisiéreis contentarme a mí, cumpliendo todo lo que pide mi deseo, veo que iría perdida. ¡Qué miserable es la sabiduría de los mortales, e incierta su providencia!
Proveed Vos por la vuestra los medios necesarios, para que mi alma os sirva más a vuestro gusto que al suyo.
No me castiguéis en darme lo que yo quiero o deseo, si vuestro amor (que en mí viva siempre) no lo deseare. Muera ya este yo, y viva en mí otro que es más que yo, y para mí mejor que yo, para que yo le pueda servir;  Él viva, y me dé vida; Él reine, y sea yo cautiva, que no quiere mi alma otra libertad. ¿Cómo será libre el que del Sumo estuviere ajeno? ¿Qué mayor, ni más miserable cautiverio, que estar el alma suelta de la mano de su Criador? Dichosos los que con fuertes grillos y cadenas de los beneficios de la misericordia de Dios se vieren presos e inhabilitados para ser poderosos para soltarse.”  (Exclamaciones del alma a Dios, XVI)

Avisos de Teresa de Jesús 

  • “La tierra que no es labrada, llevará abrojos y espinas, aunque sea fértil, así el entendimiento del hombre”
  • “Entre muchos, siempre hablar poco”
  • Hacer todas las cosas, como si realmente estuviese viendo a su Majestad , y por esta vía gana mucho una alma.
  • Jamás de nadie  oigas ni digas mal , sino de ti misma; y cuando holgares de esto, vas bien aprovechando.
  • Cada obra que hicieres dirígela a Dios, ofreciéndosela, y pídele que sea para su honra y gloria.
  • Cuando estuvieres alegre, no sea con risas demasiadas, sino con alegría humilde, modesta, afable y edificativa.
  • Siempre imagínate sierva de todos, y en todos considera a Cristo nuestro Señor, y así le tendrás respeto y reverencia.
  • No pienses faltas ajenas, sino las virtudes, y tus propias faltas.
  • Jamás hagas cosa que no puedas hacer delante de todos.
  • No hagas comparación de uno a otro , porque es cosa odiosa.
  • Cuando algo te reprendieren recíbelo con humildad interior y exterior, y ruega a Dios por quien te reprendió
  • Tenga presente la vida pasada para llorarla, y la tibieza presente, y lo que le falta por andar de aquí al cielo, para vivir con temor, que es causa de grandes bienes.
  • Con todos sea mansa, y consigo rigurosa.
  • Mirar bien cuán presto se mudan las personas, y cuán poco hay que fiar de ellas, y así asirse bien de Dios, que no se muda.
  • Tu deseo sea de ver a Dios; tu temor, si le has de perder ; tu dolor, que no le gozas ; y tu gozo, de lo que te puede llevar allá, y vivirás con gran paz.

Biografía de Teresa de Jesús 

Teresa de Avila - Teresa de Jesús

Único retrato pintado en vida de Teresa

El 28 de marzo de 1515, hace 500 años, nacía Teresa de Cepeda y Ahumada:

“…vivió durante el llamado «Siglo de Oro español»; la época clásica o de apogeo de la cultura española, que abarca esencialmente el Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo X. Época compleja, en la que la «monarquía católica» alcanzó su máximo poderío económico, militar y político con Carlos V (I de España) y Felipe II. Durante el auge cultural y económico de este tiempo, España adquirió prestigio internacional en toda Europa. Cuanto provenía de España era a menudo imitado; y se extiende el aprendizaje y estudio del idioma español. Las áreas culturales más cultivadas fueron la literatura, las artes plásticas, la música y la arquitectura. Por otra parte, España se vio implicada en grandes conflictos y empresas militares: conquistas en América y en el Pacífico, enfrentamientos con Francia, Portugal e Inglaterra, el célebre «sacco di Roma», la batalla de Lepanto contra los Turcos y las largas guerras centroeuropeas de religión. Eran demasiados conflictos para una población de apenas seis millones de habitantes. Las familias castellanas veían partir, año tras año, uno tras otro, a todos sus varones, y en los campos comenzaron a faltar los brazos necesarios para el cultivo de la tierra. Todo esto, unido a algunos años de sequía y al continuo crecimiento de los impuestos para mantener el permanente movimiento de tropas, provocaron el hambre y la miseria entre la población. La constante llegada del oro y la plata americanos no hacían sino provocar el crecimiento de la inflación y se hubo de anunciar la bancarrota en varias ocasiones. No obstante el gran poder de la monarquía, surgieron revueltas populares, levantamientos e insurrecciones en Flandes, Aragón, Castilla, Navarra, y Valencia, que fueron aplastadas sin contemplaciones por la potente hueste imperial.
En medio de esta compleja realidad, a principios del siglo XVI vino al mundo Teresa de Cepeda y Ahumada. Era hija de Alonso Sánchez de Cepeda, que se había casado sucesivamente con dos hijas de terratenientes. La segunda esposa, Beatriz de Ahumada, de solo 14 años el día de la boda, moriría a los 33, después de haberle dado 10 hijos más: «Éramos tres hermanas y nueve hermanos», dice ella en el que es conocido como Libro de la vida (V 1,4). Se crio en una casa grande y buena, con huerto, noria, establos, arcones, tapices, alfombras… Pero la situación de penuria económica en Castilla pronto empezó a vaciar las arcas, viniendo a menos la familia.
Sin embargo, hubo siempre dinero para los libros a los que tan aficionado era el padre: de Séneca o de Boecio, novelas de caballería, poemarios, vidas de santos…; que leía también a sus hijos. Entusiasta de la lectura fue también la madre, y en este ambiente, desde muy niña, Teresa heredó la afición: «Era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento» (V 1,1). Solía decir de sí que era «amiga de letras» (V 5,3; 13,18). Y siempre aconsejó a sus monjas que fueran lectoras de los buenos libros, que «son alimento para el alma como la comida lo es para el cuerpo». Ella misma enseñó a leer y escribir a algunas de las novicias que ingresaron analfabetas en los conventos.
A pesar de criarse en un ambiente acomodado, cuando Teresa inicia la escritura del Libro de la vida en absoluto presume de que sus padres fueran nobles; sino que se refiere a ellos como «virtuosos y temerosos de Dios… de mucha caridad con los pobres y grandísima honestidad». El padre Gracián recuerda en sus escritos que en cierta ocasión se puso a hablar de la nobleza del linaje de la santa, y que ella, lejos de envanecerse, «se enojó mucho conmigo porque trataba de esto, y dijo que a ella le bastaba ser hija de la Iglesia Católica y que más le pesaba haber hecho un solo pecado, que si fuera descendiente de los más viles y bajos villanos y confesos del mundo». En muchas cartas y escritos se refiere con desprecio a «la pestilencia de la honra», instando a las monjas de sus conventos: «todas han de ser iguales y la que tenga padres más nobles, que los nombre menos». Y esto en una época en que las órdenes religiosas pedían a los postulantes un certificado de «limpieza de sangre»; es decir, no ser hijo ilegítimo, ni descendiente de judíos, musulmanes, indios… No permitió santa Teresa que se introdujera esa norma en las constituciones de su reforma.
Ella era descendiente de judeoconversos y seguramente lo sabía. Su abuelo paterno, Juan Sánchez de Toledo, fue procesado por la Inquisición en 1485 y obligado a llevar el sambenito durante siete viernes, siguiendo la condena impuesta a los criptojudíos penitenciados por el Santo Oficio. La familia se vio obligada a abandonar un floreciente negocio de paños en Toledo y a trasladarse a Ávila, con menos posibilidades, pero donde nadie les conocía ni sabía de su desgracia con el Santo Oficio. En su nueva ciudad de residencia obtuvieron un certificado falso de hidalguía, que les eximía de pagar impuestos y les proporcionaba buena imagen en aquella sociedad, donde se entregaron a aparentar una condición que no poseían: la de cristianos viejos. Los hermanos varones se casaron con doncellas hidalgas y se dedicaron a la vida de los nobles de la época: abundante servidumbre, ropajes caros, cacerías, fiestas campestres…”  (Del libro “Y de repente Teresa” de Jesús Sanchez Adalid)

Teniendo 7 años, Teresa y un hermano suyo de nombre Rodrigo, escapan del hogar con el propósito de “ser mártires”, poco les duró la aventura pues un tío suyo los trajo de regreso:

“Concertábamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que allá nos descabezasen…Espantábanos mucho el decir que pena y gloria era para siempre, en lo que leíamos. Acaecíanos estar muchos ratos tratando de esto y gustábamos de decir muchas veces: ¡para siempre, siempre, siempre! En pronunciar esto mucho rato era el Señor servido me quedase en esta niñez imprimido el camino de la verdad.”  (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. I)

Su madre fallece a los 33 años, teniendo Teresa 13. Cuando cumple 16 años su padre le lleva a un monasterio (no de clausura) con el fin de resguardarla de malas compañías y recibir educación pero no para tomar los hábitos:

“…porque, haberse mi hermana casado y quedar sola sin madre, no era bien.” (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. II)

Estando allí se debatía entre dos pensamientos, por un lado era “enemiguísima de ser monja” pero “también temía el casarme“… “Estos buenos pensamientos de ser monja me venían algunas veces y luego se quitaban, y no podía persuadirme a serlo.” Se rebelaba contra la idea de que la mujer solo servía para tener y criar hijos, hasta morir extenuada (como su madre); pero tampoco quería ver al convento como una simple manera de escapar de ese triste destino.

Poco más de un año de estar en el convento, Teresa cae gravemente enferma y es llevada a casa de su padre. Durante tres meses luchó con la idea de tomar el hábito, hasta que después de leer libros cristianos, entre ellos las cartas de san Jerónimo; se decidió ha decírselo a su padre. Este se negó rotundamente diciéndole que hasta que él muriese ella no sería monja. Pero si algo ha sobresalido del carácter de Teresa fue su determinación. Tenía una amiga, monja, en un convento carmelita de Ávila, llamado De la Encarnación, quien terminó de convencerla, y Teresa se fue de su casa sin decir nada:

“En estos días que andaba con estas determinaciones, había persuadido a un hermano mío a que se metiese fraile diciéndole la vanidad del mundo. Y concertamos entrambos de irnos un día muy de mañana al monasterio adonde estaba aquella mi amiga”    (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. IV)

“…cuando salí de casa de mi padre, no creo será mayor el sufrimiento cuando me muera. Porque me parece cada hueso se me apartaba por sí, que, como no había amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes, era todo haciéndome una fuerza tan grande que, si el Señor no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para ir adelante. Aquí me dio ánimo contra mí, de manera que lo puse por obra…Mas tomando el hábito A la hora me dio un tan gran contento de tener aquel estado, que nunca jamás me faltó hasta hoy, y mudó Dios la sequedad que tenía mi alma en grandísima ternura. Dábanme deleite todas las cosas de la religión”  (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. IV)

“Finalmente, aceptó el padre y entregó la dote: veinticinco fanegas de pan, una cama con dos colchones, seis almohadas, dos cojines, alfombras, ropas abundantes, hábitos, sayas, mantos, velas, limosnas, tocas nuevas y hasta un banquete para todas las hermanas del convento… La vida monacal era por entonces un reflejo de aquella sociedad: si bien muchas de las monjas eran mujeres sinceramente convencidas y con vocación religiosa, otras eran hijas segundonas de buenas familias, a quienes sus padres no habían conseguido un matrimonio «adecuado» conforme a su condición; y además, ingresaban viudas piadosas, hijas rebeldes y algunas descarriadas de alcurnia. En el caso de los monasterios más ricos y poderosos, las abadesas y prioras eran descendientes de las grandes familias, que se servían de los bienes y posesiones del patrimonio monacal para acrecentar su hacienda y predominio social.
Las diferencias y jerarquías dentro eran muy notables. En la Encarnación, donde ingresó Teresa, las religiosas que aportaban una dote suficiente y sabían leer eran consideradas «de velo negro», asistían al rezo de las horas canónicas en el coro y tenían voz y voto en los capítulos conventuales. Sin embargo, aquellas que no podían aportar la dote eran «de velo blanco»; se empleaban en las tareas domésticas, sin tener obligación del rezo coral ni poder participar en reuniones para tomar decisiones; y hacían la vida en estancias, dormitorios y comedores comunes, en condiciones de inferioridad. Mientras que las llamadas «doñas», que se lo podían pagar, tenían amplias habitaciones con cocina, despensa, oratorio, recibidor y alcoba propia. Y se daba el caso sorprendente de que muchas de las que venían de familias ricas se llevaban consigo vestidos, joyas, alimentos y hasta servidumbre privada al convento. De ellas escribirá santa Teresa que «están con más peligro que en el mundo» y que «es preferible casarlas muy bajamente que meterlas en monasterios».    (Del libro “Y de repente Teresa” de Jesús Sanchez Adalid)

Aquí comienzan nuevamente episodios de grandes enfermedades:

“La mudanza de la vida y de los manjares me hizo daño a la salud, que, aunque el contento era mucho, no bastó. Comenzáronme a crecer los desmayos y diome un mal de corazón tan grandísimo, que ponía espanto a quien le veía, y otros muchos males juntos, y así pasé el primer año con harta mala salud, aunque no me parece ofendí a Dios en él mucho. Y como era el mal tan grave que casi me privaba el sentido siempre y algunas veces del todo quedaba sin él, era grande la diligencia que traía mi padre para buscar remedio; y como no le dieron los médicos de aquí, procuró llevarme a un lugar adonde había mucha fama de que sanaban allí otras enfermedades, y así dijeron harían la mía…Estuve casi un año por allá, y los tres meses de él padeciendo tan grandísimo tormento en las curas que me hicieron tan recias, que yo no sé cómo las pude sufrir”.   (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. IV)

La llevaron a un pueblo donde había una famosa curandera, que por poco la mata.

“Estuve en aquel lugar tres meses con grandísimos trabajos, porque la cura fue más recia que pedía mi complexión. A los dos meses, a poder de medicinas, me tenía casi acabada la vida, y el rigor del mal de corazón de que me fui a curar era mucho más recio, que algunas veces me parecía con dientes agudos me asían de él, tanto que se temió era rabia. Con la falta grande de virtud (porque ninguna cosa podía comer, si no era bebida, de grande hastío) calentura muy continua, y tan gastada, porque casi un mes me había dado una purga cada día, estaba tan abrasada, que se me comenzaron a encoger los nervios con dolores tan incomportables, que día ni noche ningún sosiego podía tener. Una tristeza muy profunda.”   (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. V)

Al no dar resultado la cura, su padre la trae de nuevo a Ávila, allí la cosa se empeora, cae en una inconsciencia total, y la dan por muerta; el padre se niega a que la sepulten porque para él su hija todavía estaba viva:

“Diome aquella noche un paroxismo que me duró estar sin ningún sentido cuatro días, poco menos. En esto me dieron el Sacramento de la Unción y cada hora o momento pensaban expiraba y no hacían sino decirme el Credo, como si alguna cosa entendiera. Teníanme a veces por tan muerta, que hasta la cera me hallé después en los ojos… que teniendo día y medio abierta la sepultura en mi monasterio, esperando el cuerpo allá y hechas las honras en uno de nuestros frailes fuera de aquí, quiso el Señor tornase en mí.”    (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. V)

“Quedé de estos cuatro días de paroxismo de manera que sólo el Señor puede saber los incomportables tormentos que sentía en mí: la lengua hecha pedazos de mordida; la garganta, de no haber pasado nada y de la gran flaqueza que me ahogaba, que aun el agua no podía pasar; toda me parecía estaba descoyuntada; con grandísimo desatino en la cabeza; toda encogida, hecha un ovillo, porque en esto paró el tormento de aquellos días, sin poderme mover, ni brazo ni pie ni mano ni cabeza, más que si estuviera muerta, si no me movían; sólo un dedo me parece podía mover de la mano derecha. Pues llegar a mí no había cómo, porque todo estaba tan lastimado que no lo podía sufrir. En una sábana, una de un cabo y otra de otro, me movían… Di luego tan gran prisa de irme al monasterio, que me hice llevar así. A la que esperaban muerta, recibieron con alma; mas el cuerpo peor que muerto, para dar pena verle. El extremo de flaqueza no se puede decir, que solos los huesos tenía ya. Digo que estar así me duró más de ocho meses; el estar tullida, aunque iba mejorando, casi tres años. Cuando comencé a andar a gatas, alababa a Dios… Estaba muy conforme con la voluntad de Dios, aunque me dejase así siempre. (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. VI)

La enfermedad siempre la acompañó: “En especial tuve veinte años vómito por las mañanas, que hasta más de mediodía me acaecía no poder desayunarme; algunas veces, más tarde.”

Decaimiento y despertamiento espiritual

a mí me hizo harto daño no estar en monasterio encerrado” El convento donde estaba Teresa no era de clausura, por lo cual las distracciones, las visitas y la vida social le provocaron una pérdida de la devoción.

“Las condiciones del convento no ayudaban. La rigurosa regla carmelita había sido mitigada y el convento parecía una pensión para jóvenes adineradas, ya que las monjas pasaban gran parte del tiempo en la sala de visitas. A los 39 años T. tuvo una experiencia de conversión mientras miraba a Cristo clavado en la cruz. Éste fue el comienzo de sus raptos. éxtasis y visiones místicas.” (Justo L. González – Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe)

“Pasaba una vida trabajosísima, porque en la oración entendía más mis faltas. Por una parte me llamaba Dios; por otra, yo seguía al mundo. Dábanme gran contento todas las cosas de Dios; teníanme atada las del mundo. Parece que quería concertar estos dos contrarios -tan enemigo uno de otro- como es vida espiritual y contentos y gustos y pasatiempos sensuales. En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración) sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años…Porque para caer había muchos amigos que me ayudasen; para levantarme hallábame tan sola, que ahora me espanto cómo no me estaba siempre caída, y alabo la misericordia de Dios, que era sólo el que me daba la mano.”       (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. VI)

En el año 1555 experimenta un despertamiento espiritual del cual ya no retrocedería:

“Pues ya andaba mi alma cansada y, aunque quería, no le dejaban descansar las ruines costumbres que tenía. Me aconteció que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía
en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que yo había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle…Paréceme le dije entonces que no me había de levantar de allí hasta que hiciese lo que le suplicaba. Creo cierto me aprovechó, porque fui mejorando mucho desde entonces.”   (de su autobiografía: El libro de la Vida – Cap. IX)

“… en 1555, tras una «2ª conversión», como suele llamarse, alcanzó un elevadísimo grado de oración mental, acompañado de frecuentes visiones extáticas. Entre los superiores de la orden, unos creían que sus visiones eran diabólicas, y otros pensaban que eran realmente del Señor. Halló especial ayuda en los jesuitas, sobre todo en el Padre Baltasar Álvarez, su confesor. Tuvo por entonces la experiencia de la transverberación de su corazón por un dardo encendido que un ángel le clavó según su propio testimonio. Lo cierto es que, no contenta con el estado espiritual de su convento, Teresa se lanzó a una reforma radical de la orden, fundando la austera orden de «Carmelitas descalzas de la primitiva regla de S. José», el 24 de agosto de 1562, después de haber sido aprobado su proyecto por Paulo IV. También halló la aprobación del General de la Orden, del que consiguió permiso para fundar otros conventos de carmelitas descalzas, así como de varones, donde encontró el apoyo incondicional del también carmelita Juan de la Cruz. Como él, también Teresa levantó las sospechas de la Inquisición, «siempre alerta contra los iluminados», pero escapó gracias a su amistad con el rey Felipe II, y pudo continuar fundando conventos de la orden.”    (Francisco Lacueva -Diccionario Teológico Ilustrado)

La Orden de los Carmelitas Descalzos, o Carmelo Teresiano, se origina en el Monte Carmelo, en Palestina, donde al principio del siglo XIII un grupo de ermitaños, decidieron vivir en consagración a Jesucristo en su propia tierra. Se organizaron bajo una fórmula fórmula de vida o regla del Patriarca de Jerusalén San Alberto . Esta regla había sido atenuada, por lo cual había mucha relajación en los conventos, Teresa se propone llevar adelante una Reforma de la Orden.

“San Luis Beltrán la animó a llevar adelante su proyecto de reformar la orden del Carmelo, adoptando la regla primitiva: el desprendimiento y la contemplación, dando
cabida a la actividad apostólica. Su intención era restituir la antigua observancia de la regla del Carmelo, atenuada en 1432 por el papa Eugenio IV. Teresa tomó como modelo la reforma franciscana de Cisneros, basada en la práctica de la oración y del ayuno, en no poseer rentas ni propiedades, ni en común ni particularmente, en guardar silencio y en descalzarse. En todo esto, influyó mucho que conociera a san Pedro de Alcántara. Teresa se «descalza» el 13 de julio de 1563, cambiando los zapatos que usaba en el monasterio de la Encarnación por unas alpargatas de cáñamo. La seguirán en esto las demás monjas y más tarde los carmelitas varones, que se conocerán como los «descalzos» para distinguirse de los «calzados», que se siguen rigiendo por la regla mitigada… Nos encontramos ante una mujer verdaderamente excepcional, dotada de una inteligencia despierta, de una voluntad intrépida y de un carácter abierto y expansivo. Su chispa y simpatía se ganaban a cuantos la trataban. Fray Luis de León nos dice de ella: «Nadie la conversó que no se perdiese por ella.» El padre Pedro de la Purificación escribió: «Una cosa me espantaba de la conversación de esta gloriosa madre, y es que, aunque estuviese hablando tres y cuatro horas, tenía tan suave conversación, tan altas palabras y la boca tan llena de alegría, que nunca cansaba y no había quien se pudiera despedir de ella.» Semejante es el testimonio de la hermana María de S. José: «Daba gran contento mirarla y oírla, porque era muy apacible y graciosa.» Se granjeó toda clase de relaciones y de amistades incondicionales: obispos, teólogos, grandes damas, nobles, hidalgos, mercaderes, arrieros e incontables y anónimas gentes sencillas por toda la geografía que, de manera incansable, recorrió. Teresa repetía: «cuanto más santas, han de ser más conversables», «un santo triste es un triste santo», «un alma apretada no puede servir bien a Dios» y «Tristeza y melancolía, no las quiero en casa mía».   (Del libro “Y de repente Teresa” de Jesús Sanchez Adalid)

“Durante años laboró arduamente para que le dejaran establecer un convento que retomara el espíritu de la regla carmelita original. Por fin, en 1562 fundó el convento de San José de las Carmelitas Descalzas en Ávila. En esta comunidad se mantenía una estricta pobreza viviendo de limosnas y del trabajo de las monjas, se observaba una estricta clausura y un riguroso horario de oración. Teresa fundó treinta y dos conventos reformados a pesar de la oposición de su propia orden, las sospechas de la jerarquía, y una investigación formal por parte de la Inquisición española. Sólo la protección de confesores y teólogos como Juan de la Cruz, su amigo y discípulo, y del rey Felipe II le hicieron posible evadir el juicio de la Inquisición.”   (Justo L. González – Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe)

El gran pecado de Teresa:  ser mujer

El Libro de la Vida, fue investigado por la inquisición, no faltaron quienes querían ver a Teresa entre rejas o aún peor, en la hoguera. El sacerdote Domingo Báñez escribía en 1575: “Sola una cosa hay en este libro en que poder reparar, y con razón; basta examinarla muy bien: y es que tiene muchas revelaciones y visiones, las cuales siempre son mucho de temer, especialmente en mujeres, que son más fáciles en creer que son de Dios…”.

“Pensemos que una manera de pensar y vivir como esta, en el siglo XVI, no estaba exenta de grandes dificultades y peligros. Muchos no admitían que las mujeres fueran letradas, que tuvieran una vida activa de relaciones personales y, mucho menos, que se dedicaran a escribir. La mujer era considerada como propiedad del padre o del esposo, y su función se limitaba al trabajo casero, ser madre y cuidar y satisfacer las necesidades sexuales del marido. Teresa tuvo que demostrar su valía humana e intelectual y hubo de enfrentarse inagotablemente a los que dogmatizaban diciendo, por ejemplo, que «la oración mental no es para mujeres, que les vienen ilusiones; mejor será que hilen; no han menester esas delicadezas; bástalas el Pater Noster y el Ave María…» (CE 35,2). Era muy consciente de las sospechas que recaían sobre una mujer que escribía y necesitó utilizar constantes justificaciones y descargos para que sus obras no acabaran prohibidas o quemadas y ella misma condenada por la Inquisición. Insiste una y otra vez en que escribe «por obediencia» a sus confesores y «con su licencia». Dice como excusa: «Me lo han mandado… mucho me cuesta emplearme en escribir, cuando debería ocuparme en hilar… de esto deberían escribir otros más entendidos y no yo, que soy mujer y ruin… como no tengo letras, podrá ser que me equivoque… escribo para mujeres que no entienden otros libros más complicados…» No obstante, y a pesar de sus empeños, en los márgenes de sus escritos podemos encontrar anotaciones de los censores. A pesar de todo, constantemente expresa su deseo de escribir y su convencimiento de que tiene algo valioso que decir.
Desde el presente, su vida y sus escritos constituyen una permanente defensa del derecho de la mujer a pensar por sí misma y a tomar decisiones. Esto, sin duda, es algo absolutamente novedoso en aquella época y un signo más de la singularidad y el valor humano de la figura de Teresa.
Los letrados, siempre varones, no solo van a leer los escritos teresianos sino que los van a juzgar, revisar y, en su caso, mandar que sean destruidos. El padre Diego Yanguas, confesor de santa Teresa, le ordena quemar su comentario sobre los pasajes del Cantar de los Cantares de Salomón, leídos en las oraciones matinales de las Carmelitas; porque no se podía consentir una interpretación de la Sagrada Escritura hecha por mujer; y mucho menos tratándose de versos con cierto contenido erótico. Contra lo establecido, ella afirma que, en el campo de la oración, las mujeres llegan a ser mejores que los varones: «Hay muchas más que hombres a quien el Señor hace estas mercedes, y esto oí al santo fray Pedro de Alcántara (y también lo he visto yo), que decía aprovechaban mucho más en este camino que hombres, y daba de ello excelentes razones, que no hay para qué las decir aquí, todas a favor de las mujeres»
El nuncio del Papa, Filippo Sega, amonesta a santa Teresa por la vida pública que lleva en los años de sus fundaciones: «…fémina inquieta, andariega, desobediente y contumaz, que a título de devoción inventaba malas doctrinas, andando fuera de la clausura, contra el orden del Concilio Tridentino y Prelados: enseñando como maestra, contra lo que san Pablo enseñó, mandando que las mujeres no enseñasen.»
Un letrado censor de la época tachó con tal furia un escrito sincero y espontáneo de Teresa, que gracias a la tecnología actual ha podido ser rescatado y leído, ayudados por los rayos X, aunque algunas líneas no se pueden descifrar: «No aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo, las mujeres. Antes las favorecisteis siempre con mucha piedad y hallasteis en ellas tanto amor y más fe que en los hombres… No basta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas… que no hagamos cosa que valga nada por vos en público, ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habíais de oír petición tan justa. No lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez y no como los jueces del mundo, que —como son hijos de Adán y, en fin, todos varones— no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa… que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres» (CE 4,1).    
(Del libro “Y de repente Teresa” de Jesús Sanchez Adalid)

“Teresa de Cepeda y Ahumada vivió en el siglo XVI, en la España de la Contrarreforma marcada por un misticismo y anhelos de santidad muy intensos. Procedía de una familia de judíos conversos o “cristianos nuevos”, los cuales se inclinaban más hacia una espiritualidad privada y afectiva, abierta hacia las experiencias místicas. Esto los ponía en conflicto con la Inquisición la cual apoyaba la piedad exteriorizada y los rituales tradicionales.

En todo su trabajo le ayudó su carácter firme y fuerte tanto como vivo y carismático, y su sentido del humor. Sus éxitos públicos no le impidieron una ferviente vida de oración y de profundas experiencias místicas.
Obedeciendo a sus confesores y superiores Teresa recogió sus experiencias místicas en varios libros, siendo El Castillo Interior o Las moradas (1577) el libro que consideró su mejor obra. El titulo del libro se refiere a las etapas del viaje interior de la persona hacia la unión con Dios. En este caminar no hay que apurarse, y sólo hay que preocuparse de seguir a Dios libremente, ya que Dios es quien guía a cada cual en la forma apropiada. El viaje no es igual para todas las personas, sino que hay muchas posibles variaciones según se van entendiendo mejor las diferentes manifestaciones del amor de Dios.

Otros libros de Teresa son: Constituciones, Libro de las fundaciones, Libro de la vida y Camino de perfección. Para Teresa la santidad se demuestra en un amor al prójimo activo, y no por medio de experiencias místicas. En todo lo que hizo mostró tener una confianza básica en Dios y en la bondad de las personas y actuó convencida de que Dios la amaba gratuitamente. Para ella no era posible considerar al cuerpo separado del alma. En sus escritos se vislumbran tres requisitos para la vida cristiana: amor a Dios y al prójimo, una verdadera humildad, y el desapego de las cosas materiales y las personas. Esto último, sin embargo, no llevó a Teresa a negar el valor de las amistades, antes al contrario, estaba segura que el cielo consistía en disfrutar de la presencia de Dios y en continuar las relaciones con sus amistades.
De una personalidad sana, afable, y abierta. Teresa no le tuvo miedo a lo nuevo, a lo diferente, a los retos que le presentó la vida.
Mezclando gentileza con firmeza guió a sus hermanas monjas para que cada cual se dejara llevar por Dios sin comparase con otras. Teresa muere el 4 de octubre de 1582. Fue canonizada en 1622 y en 1970 fue la primera mujer declarada Doctora de la Iglesia .”   (Justo L. González – Diccionario Ilustrado de Intérpretes de la Fe)

“Teresa escribió mucho y fue una verdadera maestra de espiritualidad. Además de su copioso epistolario, escribió dos obras autobiográficas y otras dos dirigidas a sus monjas: El Camino de perfección y El Castillo interior. (Francisco Lacueva -Diccionario Teológico Ilustrado)

“Siempre hemos visto que los que más cercanos anduvieron a Cristo Nuestro Señor, fueron los de mayores trabajos. Miremos a los que pasó su gloriosa Madre, y los gloriosos Apóstoles. ¿Cómo pensáis que pudiera sufrir San Pablo tan grandísimos trabajos? Por él podemos ver, qué efectos hacen las verdaderas visiones y contemplación, cuando es de Nuestro Señor, y no imaginación u engaño del demonio. ¿Por ventura se escondió con ellas para gozar de aquellos regalos, y no entender en otra cosa? Ya lo veis, que no tuvo día de descanso, a lo que podemos entender; y tampoco le debía tener de noche, pues en ella ganaba lo que había de comer”    (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

“¡Oh, hermanas mías, qué olvidado debe tener su descanso, y qué poco se le debe de dar de honra, y qué fuera debe estar de querer ser tenida en nada el alma adonde está el Señor tan particularmente! Porque si ella está mucho con El, como es razón, poco se debe de acordar de sí; toda la memoria se le va en cómo más contentarle, y en qué u por dónde mostrará el amor que le tiene. Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras. Esta es la verdadera muestra de ser cosa y merced hecha de Dios, como ya os he dicho; porque poco me aprovecha estarme muy recogida a solas, haciendo actos con Nuestro Señor, proponiendo y prometiendo de hacer maravillas por su servicio, si saliendo de allí, que se ofrece la ocasión, lo hago todo al revés.”    (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

“Poned los ojos en el Crucificado, y se os hará todo poco. Si Su Majestad nos mostró el amor con tan espantables obras y tormentos, ¿cómo queréis contentarle con sólo palabras? ¿Sabéis qué es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios”  (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

“Torno a decir, que para esto es menester no poner vuestro fundamento sólo en rezar y contemplar; porque, si no procuráis virtudes y hay ejercicio de ellas, siempre os quedaréis enanas; y aun ruega a Dios que sea sólo no crecer, porque ya sabéis que quien no crece, descrece”   (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

“… algunas veces nos pone el demonio deseos grandes, porque no echemos mano de lo que tenemos a mano; para servir a Nuestro Señor en cosas posibles, y quedemos contentas con haber deseado las imposibles.    (Teresa de Jesús- El Castillo Interior- Las Moradas)

“En fin, hermanas mías, con lo que concluyo es, que no hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras, como el amor con que se hacen”.     (Teresa de Jesús – El Castillo Interior – Las Moradas)

Diarios de Avivamientos ha realizado este artículo sobre Teresa de Jesús con el propósito de estudiar la Historia de la Iglesia, no pretendemos idealizar a Teresa como una mujer perfecta; ella tuvo sus luces y sombras, nos hubiese gustado que llevase adelante una reforma mucho más profunda y más bíblica. Creemos que hizo lo que pudo con la luz que recibió, sufrió persecución, incomprensión y hasta abuso espiritual de parte de sus superiores quienes al principio la vieron como un problema, y al final, cuando lograba algún éxito, la usaron para beneficio propio.  

Personalmente, este artículo lo publico con el fin de alentar a todas las mujeres que en sus respectivas congregaciones tienen sueños, anhelos de provocar cambios y reformas;  y ponen con fidelidad y humildad la mano en el arado para conseguirlo. A todas las hermanas que con pasión abrazan la cruz y la obra encomendada, que se revisten de toda la armadura de Dios incluyendo la espada de la Palabra, y que por ello sufren oposición, burla y menoscabo por el solo hecho de ser mujeres; a las que tienen que abrirse paso en el monopolio machista o elitista del liderazgo, a todas ellas va dedicado este artículo.

Porque una vez, hace ya muchos años, una mujer valiente que no le tenía miedo a las burlas que los muchachos hacíamos de ella, me predicó el evangelio en una plaza, un día, y otro día, y otro más, perseverando, sin importarle cuanto yo la rechazaba; hasta que en un momento comencé a sentarme a sus pies a escucharle atentamente, y me hizo amar las Sagradas Escrituras con la misma pasión que ella les tenía. Si, una mujer, humilde y sufrida, pero con oración y las Escrituras en la mano era más poderosa que un ejército.

Las mujeres no tienen porque ser actrices secundarias en las páginas gloriosas de la Historia de la Iglesia, ellas también deben ser protagonistas.

Artículo redactado por Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos

Escenas de la famosa miniserie  Teresa de Jesús de Televisión Española

La protagonista de la serie Tersa de Jesús, la actriz Concha Velasco, posando para Diarios de Avivamientos 

Concha Velasco - Teresa de Jesús

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John Hyde y el avivamiento en la India – Vidas de grandes misioneros – Libros cristianos PDF –

Hablar de oración y avivamiento como causa-efecto nos conduce inevitablemente a la vida del misionero presbiteriano John Hyde, más conocido en la historia de la Iglesia como el “apóstol de la oración“, los convertidos en la India lo conocían sencillamente como “John, el que ora“.

No era un misionero que oraba mucho, era un misionero que solo oraba; por esta causa fue menospreciado al comienzo de su ministerio, donde los demás misioneros se lanzaban a un frenético activismo olvidando que la obra de Dios se construye de rodillas. El menosprecio se convirtió en admiración cuando las oraciones de Juan Hyde trajeron un avivamiento que encendió la vida de miles de personas. 

Juan Hyde - el apóstol de la oración - diarios de avivamientos

John Hyde oraba, y si tenía tiempo comía; John Hyde oraba, y si tenía tiempo dormía; John Hyde oraba, y si tenía tiempo confraternizaba con los demás; John Hyde tenía sus piernas completas, pero solo sabía usar sus rodillas; por eso John Hyde nos enseñó que en las misiones y en el evangelismo una noche de oración puede lograr más cosas que un año de activismo. 

Desde Diarios de Avivamientos queremos recomendarte encarecidamente la lectura de este libro devocional, es un clásico, y lamentablemente no se consigue en las librerías ( si lo encuentras cómpralo, por supuesto) . Por eso te ponemos a disposición una copia escaneada para que lo descargues y lo leas tranquilo.

Si en tu ministerio las cosas no están resultando de la manera que esperabas y comienzas a desanimarte al ver la falta de frutos en tu labor, tómate un tiempito para conocer a este hombre de Dios, tal vez encuentres en su ejemplo un punto de inflexión para tu vida espiritual.

Este libro no lo escribió él, lo escribieron otros ministros que fueron testigos de su oración y del avivamiento que vino a causa de ello. Su vida de oración me recuerda al amado misionero David Brainerd; como él, John Hyde consagró su juventud al servicio de Cristo y de los hombres, nunca se casó, soportó la dureza del ministerio y la dureza de otros ministros, un tumor cerebral lo consumió, pero él siguió orando hasta el día de su muerte a los 47 años de edad. Su vida puede resumirse en estas palabras de Pablo:

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Clásicos de la literatura cristiana

Haz clic en la portada para leer el libro (el archivo es grande,  así que paciencia, durará algunos minutos en cargarse)

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John Hyde – el apóstol de la oración

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