Estudios sobre el liderazgo cristiano II – El llamamiento de Eliseo

llamamiento de Eliseo

Estando escondido en una cueva del monte de Horeb (Sinaí) y tras oír un silbo apacible y delicado que daba testimonio de la presencia de Dios, el profeta oye la voz que le pregunta: ¿Qué haces aquí, Elías? 

1 Reyes 19:14 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.

Este guerrero de Dios había combatido incansablemente el culto a Baal, hasta el punto de quedarse completamente exhausto, rendido, casi dando la causa por perdida. Recordemos que Baal era básicamente el dios de la prosperidad, los cananeos le atribuían a él la lluvia que fertilizaba los campos y las cosechas, también le atribuían la fertilidad que multiplicaba el ganado y la de las personas. Hay un pasaje bíblico sorprendente en cuanto a esto

Oseas 2:8 Y ella (Israel) no reconoció que yo le daba el trigo, el vino y el aceite, y que le multipliqué la plata y el oro que ofrecían a Baal.

Dios era quien proveía a Israel, sin embargo el pueblo buscaba y atribuía esa prosperidad a Baal y le entregaban las primicias de sus cosechas, de sus ganados, le sacrificaban sus primogénitos haciéndolos pasar por el fuego y le ofrecían plata y oro, buscando así ser prosperados en mayor manera. La prosperidad de la tierra de Canaán estaba fundamentada en la lluvia, todo dependía de ella así como Egipto dependía de las crecientes del Nilo. Baal era considerado el señor de la lluvia, si llovía todo prosperaba, por eso Elías había orado y no llovió por tres años y seis meses, para demostrar que Baal no era quien mandaba la lluvia sino Jehová. 

Israel había dejado los mandamientos de Dios y habían corrido tras la falsa promesa de prosperidad ofrecida por los sacerdotes de Baal.  “Sólo yo he quedado” se queja Elías en el monte Sinaí (Horeb), en el mismo lugar donde Dios le había dado los Mandamientos de la Ley a Moisés. La respuesta de Dios fue: Y le dijo Jehová: Vé… Todavía le quedaba trabajo por hacer al siervo de Dios. Aquí también se le revela quien sería su sucesor:

1Reyes 19:16b,18  y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar… Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

Es muy probable que Elías no haya conocido a Eliseo hasta entonces. Desde la época del profeta Samuel escuchamos de la existencia de las “compañías de profetas” o de los “hijos de los profetas”, pero no es de una escuela de profetas de donde surgirá el sucesor, sino de detrás del ganado:

1 Reyes 19:19-21 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Vé, vuelve; ¿qué te he hecho yo?  Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

Este llamamiento nos recuerda al del profeta Amós:

Amós 7:14-15 Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres.  Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Vé y profetiza a mi pueblo Israel.

El llamamiento no está fundado en los méritos del que es llamado sino en los méritos de Aquel que llama. Hay un dicho que reza “Dios tiene hijos, no nietos“, el cual no deja de ser una gran verdad porque nadie es cristiano por tener padres cristianos, sino por arrepentirse y experimentar el “nuevo nacimiento”. Que Eliseo no haya pertenecido a familias de profetas no le impedía ser elegido por Dios como el sucesor, nada más y nada menos, que del gran profeta Elías. La elección es de Dios, y si Él te ha llamado ten por seguro que aunque ahora te encuentres detrás del ganado, en una posición insignificante, a su tiempo el Señor que te llamó te pondrá en el lugar que está reservado para ti: fiel es el que os llama, el cual también lo hará (1Ts 5:24).

Ahora, hay cualidades en Eliseo que lo hacen ser un hombre especial, yo diría maravillosamente especial, uno de mis favoritos. La Biblia narra su vida a partir de su encuentro con Elías, pero seguramente por años, en la sombra, Dios estuvo tratando con su vida, con su carácter, con sus hábitos;  con el fin de formarlo y capacitarlo para que llegado el momento  ocupara su posición de liderazgo. ¿Cuántos días de su rutina, tras los bueyes, mirando siempre el mismo paisaje, la misma tierra, Eliseo habrá sentido en su corazón arder la llama del celo por las cosas santas? ¿Cuantas veces tras la yunta de bueyes, habrá caminado con los ojos puestos en el cielo buscando una respuesta de Dios para ese anhelo de servirle? ¿Cuántas veces habrá llorado Eliseo mirando cómo Israel se prostituía tras los baales? De esta formación la Biblia nada nos dice, pero podremos conocer los frutos de ella mediante la actitud que adoptará Eliseo ante cada situación que se le presente en el futuro.

Al parecer Eliseo pertenecía a una familia con un cierto nivel de recursos, pues poseían tierras y muchas yuntas de bueyes propios. Cuando Elías se encuentra con él y le coloca su manto encima, Eliseo comprende inmediatamente que esa era la confirmación del llamado de Dios, y que ese llamado implicaba renuncia. Renuncia primeramente a vivir en el confortable hogar junto a sus padres, por eso le pide a Elías que le deje ir a besarlos. Obviamente, en aquella época, esto no se trataba solo de un beso; era toda una ceremonia de despedida. Eliseo toma dos bueyes, tal vez la parte de su herencia, los mata y cuece la carne con la madera del arado ¿y que hace? “la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.” (1 Reyes 19:21)”.  Este es un gesto extraordinario de un hombre extraordinario, Eliseo renuncia a las posesiones terrenales, siendo rico se hace pobre, y siendo libre se hace siervo por amor de Dios.

Esto nos recuerda aquel episodio de Jesús y aquel hombre joven que le preguntó:

Lucas 18:18-23 … Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.  Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.

 Eliseo seguramente había guardado desde su juventud los mandamientos de Dios, pero no se conformó con eso, repartió lo suyo entre el pueblo y se fue tras Elías. Cuando el pueblo de Israel corría tras los baales en busca de prosperidad, un hombre renuncia a todo lo material por obedecer al llamamiento, ese hombre era Eliseo y dejaría una huella imborrable en la historia de Israel.

¿Cuantos jóvenes que sueñan con el “ministerio” dicen: Señor envíame a mí, llámame a mí, úngeme a mí, levántame a mí? Seguramente muchos, cada noche, en cada altar, en cada culto; pero ¿cuántos renunciarían a lo material, al confort, al hogar, a la seguridad, a la comodidad y a la reputación  para hacer más efectivo el servicio?… Hoy el ministerio de éxito se ha convertido en sinónimo de prosperidad, si te ves bien, te vistes bien, te rodeas de muchos bienes, es porque “Dios está contigo”. Israel también lo creía por eso corría tras Baal. Elías se vestía con ropa tosca, Eliseo se quedaba sin nada y se hacía siervo, pero pocos hombres experimentaron el poder de Dios tan asombrosamente como ellos dos.

No hay nada más peligroso que un ministro avaro, codicioso y ambicioso. ¿Cuántos estarían hoy dispuestos a matar sus bueyes, y con la madera del arado cocerlos y darle de comer al pueblo? Creo, mas bien, que muchos harían una reunión especial para levantar una ofrenda y poder comprarse unos bueyes con arado “último modelo”…

Dios no eligió a Eliseo por sus virtudes, lo eligió antes, pero pacientemente lo fue formando y transformando, moldeando en él esas virtudes que lo harían extraordinario. El tesoro, la riqueza de los hombres de Dios no está en lo exterior, sino en el interior; es allí donde reside el secreto de los ministerios que producen marcas profundas en la historia de la Iglesia. Por fuera son vasos de barro, pero por dentro están llenos de la excelencia del poder de Dios. 

Eliseo fue uno de los siete mil que no doblaron la rodilla delante de la prosperidad de Baal y Dios lo levantó con poder en medio de su generación… ¿y tú? ¿estás dispuesto a sacrificar tus bueyes?

 

Gabriel Edgardo LLugdar – Estudios sobre el liderazgo cristiano – De Elías a Eliseo

 

 

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Los Milagros y la Presencia de Dios – El profeta Elías

Los Milagros y la Presencia de Dios - el profeta Elías

Cuando el fuego de Dios descendió del cielo, consumiendo el holocausto presentado por Elías en el monte Carmelo, ante la atónita mirada de Acab (rey de Israel), de los sacerdotes de Baal (los protegidos de la reina Jezabel)  y ante la expectante mirada del rebelde pueblo de Israel; Jehová se reveló a si mismo como el único Dios verdadero y a Elías como su verdadero profeta. Sin embargo este exitoso suceso desembocó en una sentencia de muerte para Elías, la reina prometió degollarle como él lo había hecho con los profetas de Baal.

1Reyes 19:2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.

Elías entra en un momento de depresión, seguramente él esperaba que después de aquella portentosa manifestación de Dios, el pueblo, el rey y la reina se convirtieran de sus malos caminos y todo resultase en una fiesta para Israel. Sin embargo, este santo varón experimenta tal angustia que sentándose debajo de un enebro le dice a Dios:  Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Mas el misericordioso Señor, en lugar de quitarle la vida le fortalece; y si antes, en el arroyo de Querit cuando Elías estaba en la plenitud de sus fuerzas, le había enviado cuervos que le llevasen alimento, ahora en su depresión, Dios le envía a su propio ángel para alimentarlo.

1Reyes 19:5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.

Elías se sentía en un punto miserable, hasta culpable: pues no soy yo mejor que mis padres”, ahora necesitaba una manifestación del amor de Dios, en este caso la presencia de un cuervo no hubiese ayudado mucho. Así, nuestro clemente Señor sabe suplirnos nuestra necesidad exterior enviándonos o un cuervo o un ángel, según sea nuestra necesidad interior. 

Elías continúa camino hasta el monte de Horeb (Sinaí),

1Reyes 19:8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

Horeb, el monte de Dios,  el mismo lugar donde el Señor se le manifestó a Moisés:

Éxodo 3:1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza…

Ahora Elías, estando en el monte Horeb se esconde en una cueva:

1Reyes  19:9 a Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche.

Probablemente era la misma cueva donde Dios escondió a Moisés para mostrarle su Gloria, cuando Dios le había prometido: “Mi presencia irá contigo y te daré descanso”, y Moisés le había implorado: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”.

Éxodo 33:18-23 Él (Moisés) entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.  Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti… No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá… He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

Seis siglos después, en el mismo monte, Dios también le manifestaría Su Gloria, Su Presencia, a su siervo Elías:

1Reyes 19:11-13 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

Podemos experimentar los milagros de Dios, pero eso no significa que experimentemos o conozcamos Su Presencia. El pueblo de Israel había experimentado tremendos milagros en Egipto (las diez plagas), y muchos más como los que experimentó en el desierto camino a Canaan (cruce del Mar Rojo, maná, lluvia de codornices, columna de fuego y de nube, etc); sin embargo todo quedaba reducido a una experiencia externa, seguían siendo un pueblo rebelde de dura cerviz.

El fuego, el viento, el terremoto…  son manifestaciones de Dios que provocan manifestaciones en los hombres (asombro, espanto, shock, y todo tipo de emociones) pero no producen transformaciones en el interior de los hombres, solo la Presencia de Dios transforma a las personas. La experiencia de los milagros puede olvidarse, pero el experimentar la presencia de Dios nunca se olvida. Los milagros pueden producir gratitud, pero Su Presencia produce amor en nosotros. 

Faraón y el pueblo de Egipto, experimentaron y fueron testigos directos  del obrar milagroso de Dios, sin embargo no cambiaron sus vidas, no creyeron, ni amaron a Dios. El pueblo de Israel fue testigo privilegiado de los milagros más extraordinarios, y sin embargo, muchos de esos testigos cayeron en su travesía por el desierto en la más terrible rebeldía, la mayoría de ellos no entraron a la tierra prometida, la mayoría de ellos nunca amaron a Dios.

Podemos vivir sin los milagros de Dios, pero no podemos vivir sin Su Presencia. Podemos experimentar y ser testigos de un sin fin de milagros de Dios, pero eso no es garantía de que le conozcamos a Él. Sabiendo esto, Moisés no pidió más poder, ni mas manifestaciones, ni más prodigios, le rogó a Dios por Su Presencia. Por eso  hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Éxodo 33:11).

Los milagros o manifestaciones de Dios (sequía o fuego cayendo del cielo) en el caso de Elías o (las diez plagas, columna de fuego y nube, división de las aguas, codornices, etc) en el caso de Moisés, eran señales entre el hombre de Dios y el pueblo al que era enviado; señales que confirmaban la autoridad del hombre enviado por Dios, y el poder del Dios que lo enviaba. Pero la Presencia de Dios es una unión entre el hombre de Dios y el Dios del hombre, una intimidad que produce conocimiento de Dios; ese conocimiento produce amor y ese amor produce fidelidad. Tanto el pueblo de Dios que estuvo con Moisés, como el pueblo de Dios que estuvo con Elías fueron testigos de milagros de Dios; pero no tuvieron amor ni fidelidad al Dios que obraba milagros. Solo aquellos que conocieron Su Presencia le fueron fieles hasta el final.

En el mismo pasaje en donde Dios manifiesta su Gloria a Moisés, le dice: 

Éxodo 34:14 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.

El pueblo de Dios vio y experimentó milagros por mano de Moisés, pero se hicieron un becerro de oro para adorarle, y luego se fueron tras los dioses de los cananeos ¡terminaron atribuyéndole los milagros a los ídolos!. El pueblo de Dios que vio señales y prodigios por mano de Elías adoraban a Baal (el dios de la prosperidad). Ninguno de ellos conoció a Dios en la intimidad, porque si le hubiesen conocido no se hubiesen prostituido tras dioses falsos. ¿Cuántas personas en nuestras iglesias han experimentado el poder de Dios pero han terminado prostituyéndose tras dioses falsos? ¡demasiadas! ¿porqué? porque experimentaron milagros, que son operaciones externas, señales, mas no llegaron hasta donde esas señales apuntan: hasta Dios, que cambia el interior del hombre.

Muchas veces Dios se esconde tras los milagros, para saber si tu corazón le busca a Él, o busca lo suyo; unos se quedan en los milagros, pero otros siguen hasta conocer al autor de los milagros. 

 Lucas 17:12-19 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!  Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.  Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?  ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Retomemos la experiencia de Elías en el monte de Dios:

1Reyes 19:12-13 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.  Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

  • un silbo apacible y delicado… (Reina Valera 1960) 
  • el susurro de una brisa apacible… (La Biblia de las Américas); 
  • el susurro de una brisa suave… (Nueva Biblia de Jerusalén); 
  • la voz de una brisa delicada. (Versión Kadosh) 
  • un suave murmullo (NVI)

Elías, el gran profeta, el guerrero de Dios que no temía enfrentarse solo ante el rey de Israel, ni tenía miedo de enfrentarse solo ante una multitud de profetas de Baal y avergonzarlos, como tampoco tuvo miedo de pedir que cayese fuego del cielo y consumiera a dos compañías de cincuenta soldados  con sus capitanes. Elías, el hombre de los portentos externos, que alguna vez fuera alimentado por cuervos; ahora necesitaba que un ángel le tocara y le fortaleciera en medio de sus angustias internas.

Ahora, un silbo apacible, un susurro, una brisa delicada y suave le envolvía; el manto del amor de Dios le cubría, mientras él se cubría el rostro con su manto por reverencia ante la Presencia de su Dios. Ni cuando estuvo ante el rey, o ante el pueblo, o ante los profetas de Baal, se nos dice que Elías haya cubierto su rostro, aunque hubiesen sucedido hechos extraordinarios; pero ahora no estaba frente  a la multitud, estaba a solas con Dios, en la intimidad. Ahora no era el hombre rudo, ni el profeta de fuego, sino el simple hombre que necesita imperiosamente la divina Presencia que trae sosiego al alma. Ahora no invoca a Dios, ni a su fuego, ahora está escondido en la cueva, como un ciervo herido y asustado, y es Dios mismo quien viene a su encuentro. Ahora ya no levanta la voz para hablar a otros en nombre de Dios, ahora es Dios mismo quien le habla a él.

Ministro, obrero, siervo de Dios, cualquiera sea tu posición en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cada cierto tiempo Dios  permitirá que te escondas en la hendidura de la peña, huyendo de las personas, propias o extrañas, como un ciervo herido y temblando. Tal vez porque glorificaste a Dios y ello te ha sido como una sentencia de muerte de parte de tus adversarios. Los milagros, las experiencias, las multitudes serán solo como un sueño lejano; ahora tu alma solo deseará Su Presencia, la comunión más profunda y más íntima con tu Dios, porque nada más podría dar consuelo a tu alma angustiada. Y Él, que es clemente y misericordioso vendrá a tu encuentro. Por esto, persevera en la oración, sube al monte de Dios, apártate de la multitud, aunque tengas que estar escondido en la cueva oscura, fría y solitaria. Persevera gimiendo hasta que se haga de día y resplandezca Su luz; espera aferrado a la fe en Aquel que te apartó desde el vientre de tu madre, hasta que Su voz como un susurro te llame por tu nombre… ¿Qué haces aquí, Elías? 

 

 ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede permanecer en su santo templo?
 El que tiene las manos y la mente
limpias de todo pecado;
el que no adora ídolos
ni hace juramentos falsos.
El Señor, su Dios y Salvador,
lo bendecirá y le hará justicia.
 Así deben ser los que buscan al Señor,
los que buscan la PRESENCIA del Dios de Jacob.

(Salmos 24:3-6)

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

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Yo no soy Dios

Yo no soy Dios diarios de avivamientos

Una de las lecciones más difíciles de aprender para mí, en la práctica, es que yo no soy Dios, ni tampoco un dios con minúscula, ni un pequeño dios, ni una divinidad en menor escala, solo soy un hombre, un siervo, un esclavo de Cristo. Y es tan absurdo que un esclavo pretenda actuar como si fuera amo, como lo es que un cristiano pretenda actuar como si fuera Dios.

Veo la necesidad en el mundo, una necesidad abrumadora, imperiosa y desgarradora. Almas sin Cristo, naciones sin Cristo, iglesias sin Cristo. Miles de seres humanos vagando en la oscuridad inconscientes de ella, otros miles que son conscientes y buscan la luz, y mientras tanto, miles que están apartándose de la luz para volver a las tinieblas. Viudas empobrecidas, huérfanos desamparados, enfermos descuidados, ancianos abandonados, pobres explotados, inocentes sufriendo injusticias. Pastores engordados y ovejas enflaquecidas, lobos rapaces y profetas falaces, iglesias ricas persiguiendo más riquezas e iglesias pobres siendo perseguidas.

Quisiera llevar luz a cada alma, arrebatar a cada uno que esté a punto de caer al abismo y forzarlos a entrar al reino de Dios, quisiera amparar a cada viuda, proteger a cada huérfano, cuidar de cada enfermo, acompañar a cada abuelo abandonado, consolar al triste, alimentar al hambriento, arrebatar la oveja de la boca del lobo y silenciar a los falsos profetas…. pero yo no soy Dios, y a veces no puedo ni con mi propia alma.

¿Te has sentido alguna vez invadido por el sentimiento de impotencia al saber que es tanto lo que hay por hacer y que en comparación, no estás haciendo nada? ¿Te has preguntado alguna vez porqué Dios parece frenarte, porqué puedes con tanta claridad ver la necesidad pero estás inmovilizado, y porqué tienes el querer pero no el poder para hacer?… tal vez la respuesta sea: porque estás aprendiendo la lección de que NO eres Dios. No estás para determinar lo que hay que hacer sino para hacer lo que se te ha determinado. No eres el amo sino el esclavo. Y no serás totalmente útil hasta que reconozcas que eres totalmente inútil por ti mismo.

Entre ver la necesidad de un mundo que se pierde y la posibilidad de poder suplir esa necesidad hay un abismo, que solo Dios puede reducirlo, para que tú puedas cruzar. Paso a explicar lo que pretendo afirmar, antes de que algún teólogo impaciente comience a apedrearme, acusándome de inmovilismo, determinismo, o hiper-calvinismo. 

Obviamente no me estoy refiriendo a cosas prácticas que todo cristiano puede y debe hacer. La siguiente frase resume mi pensamiento:

“Si usted está dentro de su casa leyendo la Biblia y ve por la ventana que afuera hay alguien que pasa hambre, deje su Biblia, salga y alimente a esa persona. A continuación, puede volver y continuar leyendo la Biblia”. – John Wesley

A lo que me refiero, es a una cuestión más profunda, a responder a un llamado al ministerio. El Señor te abre los ojos para ver la necesidad:

Juan 4:35 b He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

El Señor te hace ver la necesidad imperiosa de obreros:

Mateo 9:37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.

Pero a la vez el Señor dice algo sorprendente:

Mateo 9:38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

No dice que una vez que hayas visto la necesidad, y hayas comprendido la urgencia de obreros, salgas disparado a cosechar. Dice Rogad, para que sea el Señor de la mies quien envíe obreros. Puedes alzar tus ojos y ver los campos blancos para la siega, pero no puedes ir, solo puedes rogar al Señor que envíe obreros. 

Bien, puedes responderme a esto con las siguientes palabras de Jesús:

Mateo 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones.

Entonces te preguntaré ¿y por qué no has ido? ¿por qué no has dejado todas tus posesiones y te has lanzado por las naciones a predicar el evangelio? ¿porqué no renuncias a tu pastorado y te vas a predicar a los pueblos no alcanzados?….

Tal vez, ante estas preguntas comprendas que además de poder ver la necesidad, necesitas ser enviado. El apóstol Pablo aclara más aún esta cuestión.

Las personas necesitan invocar el nombre del Señor para salvación

Romanos 10:13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Las personas necesitan creer en el Señor para poder invocarle

Romanos 10:14a ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?

Las personas necesitan oír del Señor para poder creer

Romanos 10:14b ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?

Las personas necesitan que alguien les predique para poder oír el evangelio

Romanos 10:14b ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

Pero… ¡los que predican necesitan ser enviados!

Romanos 10:15a ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?

Entre el llamado al ministerio y la obra del ministerio, existe el ser enviado al ministerio.

Hechos 13:2-3 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

Pablo (Saulo) fue lo que fue, e hizo lo que hizo, porque antes de eso tuvo que aprender que él era un siervo, y que solo debía moverse bajo la orden de su Amo. Es obvio que inmediatamente después de su conversión, Pablo predicaba a Cristo:

Hechos 9:20-22 En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos… Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.

Pero desde ese momento hasta que es enviado al ministerio del apostolado, pasaron años, años en los cuales tuvo que ser preparado hasta ser enviado:

“habiendo visto al Señor y habiendo recibido de Él mismo el evangelio y el llamamiento para proclamarlo, estaba en las mismas condiciones que los otros apóstoles. De modo que en vez de ir a Jerusalén, fue a ¡Arabia!… Ahora bien, dado que Pablo probablemente no llevó a cabo ninguna misión de predicación en la poco poblada región de “Arabia” -probablemente se refiere a la parte norte de la extensa península de Arabia, la parte que se extiende hasta casi los mismos límites de Damasco-… por sí sola surge la idea de que lo que Pablo precisamente necesitaba era apartarse a Arabia para descansar, orar y meditar, para que así su mente, agitada violentamente, tuviera el tiempo y la oportunidad de sopesar las implicaciones de las palabras que el Señor le dirigiera en el momento de aquella inolvidable experiencia.” (Comentario al Nuevo Testamento – Galatas -William Hendriksen)

“… se retiró a Arabia. Se retiró para estar a solas, y por dos razones. La primera, porque tenía que pensar a fondo eso tan tremendo que le había sucedido. La segunda, tenía que hablar con Dios antes de hablar a los hombres.
Desgraciadamente son los menos los que se toman tiempo para ponerse cara a cara ante sí mismos y ante Dios; ¿cómo puede uno enfrentarse con las tentaciones, los estreses y las tensiones de la vida, a menos que se haya pensado las cosas a fondo e intensamente?” (Comentario al Nuevo Testamento – William Barclay)

Muchos de los cristianos que han fracasado en el ministerio, y han terminado frustrados y heridos; son personas que han visto la necesidad, pero que en vez de pedir al Señor de la mies que envíe obreros a su mies, se enviaron ellos mismos.

Hay que recordar que el siervo de Dios no solo debe hacer la perfecta voluntad de Dios, sino hacerla en el perfecto tiempo de Dios.

“Si Cristo esperó ser ungido del Espíritu Santo antes de salir a predicar, ningún joven debería atreverse a subir a un púlpito antes de haber sido ungido por el Espíritu Santo.”  (F. B. Meyer)

“La predicación no es la obra de una hora, sino la manifestación de una vida… Se necesitan veinte años para hacer un sermón porque se necesita veinte años para hacer al hombre. Y el sermón crece, porque el hombre crece. Es poderoso, porque el hombre es poderoso; es santo porque el hombre es santo y está lleno de la unción divina, porque el hombre esta lleno de la unción divina.” (El Predicador y la Oración – E. M. Bounds)

“Comparto la opinión de E. M. Bounds de que Dios requiere veinte años para preparar a un buen predicador. La educación de Juan el Bautista tuvo lugar en la universidad divina del silencio; Dios lleva a todos sus grandes hombres a una universidad así. Aun cuando Pablo, el orgulloso fariseo guardador de la ley, poseía un intelecto colosal y buenos títulos de la Escuela Rabínica de Jerusalén, cuando Cristo cambió su rumbo en el camino de Damasco, necesitó llevarlo tres años a Arabia, para vaciarle de sus prejuicios y educarle, antes de que pudiera decir: «Dios reveló a su Hijo en mí.» Dios puede llenar en un momento lo que tarda años en vaciarse. ¡Aleluya!” (Leonard Ravenhill, Porque no llega el avivamiento)

Estoy convencido de que sería bueno que descubriésemos que no somos Dios, antes de salir al ministerio; pues entonces aprenderemos a depender totalmente de Él. Porque la mayoría lamentablemente lo descubre después, y con ello acarrea frustración, amargura, desencanto, tanto para sí como para su congregación. 

No sé cuanto tiempo Dios se tome contigo pero, hasta que descubras que tú no eres el Señor de la obra sino el obrero, que eres enviado y no el que envía, que tú eres siervo y no señor, esclavo y no amo, el que obedece y no el que manda, el instrumento y no la mano que mueve al instrumento… en fin, hasta que Dios no se revele en ti y te haga comprender que Él es Dios y no tú, no serás útil para nada en la obra. 

Deuteronomio 8:2-18 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.  Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre… Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole.  Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra… Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal;  que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder….

Dios no envía a nadie sin su respaldo, sin su poder, sin su unción, pero sólo Él puede enviar. Si ves la necesidad imperiosa de este mundo, si el llamado arde en tu corazón, en vez de lanzarte a una carrera desbocada primero humíllate ante Dios y ora, para que sea Él quien te envíe a hacer Su perfecta voluntad en Su perfecto tiempo. Es una lección dolorosa, implica la muerte del Yo. Pero es la única forma de que al final de tu carrera puedas decir, lo que todo buen siervo y fiel dirá: 

Lucas 17:10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: “Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho.”     (Traducción La Biblia de las Américas)

 

 Mas yo en ti confío, oh Jehová;
Tú eres mi Dios.
En tu mano están mis tiempos

Salmos 31:14-15

 

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos

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Yo no soy Dios - Diarios de Avivamientos

 

 

 

 

 

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¿Y por qué no puedes ser tú? Avivamientos de la Historia – VIDEO de Evan Roberts

¿Qué impide que tú seas un instrumento de avivamiento?

¿No lo deseas? Creo que como creyentes, el mayor deseo de nuestra alma debe ser llegar a conocer a Cristo de la manera más profunda, más real y más palpable posible (pasarás toda tu eternidad con Él).

¿Tienes miedo? Sé que en estos tiempos de la “Nueva Reforma” escuchas muy a menudo la advertencia ¡Cuidado!… cuidado con el entusiasmo… cuidado con el fanatismo… cuidado con las falsa manifestaciones…. cuidado con los carismáticos… pero, más me temo que no sea una sana advertencia, sino una proyección de sus propias incertidumbres e inseguridades, porque si afirmas tener al Espíritu de Dios en tu vida ¿a qué tienes miedo? ¿no sabes escuchar Su voz? ¿no puedes discernir por ti mismo entre lo falso y lo verdadero? ¿necesitas que te lleven de la mano como a un niño y tus maestros de teología te digan lo que puedes o no ver, lo que puedes o no sentir, lo que puedes o no experimentar? ¿le preguntarás a tu vecino cómo y cuánto debes amar a tu padre, o madre, o mujer, esposo o hijos… o aprendes a amarlos teniendo comunión con ellos por ti mismo?

Mucho me temo que si no conoces más, y no experimentas más de la presencia de Dios es porque sencillamente no te atreves a más, no te atreves a dar un paso sin la aprobación de los que se auto-proclaman como los auténticos salvaguardas de la “sana y pura doctrina y la santa tradición”.  

¿No conoces la voz de tu amado? o mejor dicho ¿crees que Él ya no tiene nada para decirte? Lo admito, la Biblia es la Total y Suficiente Palabra de Dios, pero, no es lo mismo leer una carta del amado, a que el amado te lea esa carta. Tu dices: “¡yo no quiero oír otra cosa más que la Palabra de Dios que es la Biblia!”… muy bien, nadie en su sano juicio pretende lo contrario, la cuestión es ¿esa Palabra la escuchas de los hombres o la escuchas de Dios mismo?

Te lo repito, puedes pasar el resto de tu vida pidiéndole a los hombres que te lean las cartas que tu Amado te dejó (Las Escrituras), o puedes sentarte a los pies del Amado y rogarle que sea Él en persona quien te lea sus cartas. 

Puedes pasar toda tu vida cristiana sin haber experimentado un avivamiento, y estar satisfecho de ti mismo, puedes pasar toda tu vida sin derramar una lágrima, sin estremecerte, sin derretirte, sin temblar ante la presencia manifiesta de Dios. De ese Dios al que afirmas amar con TODA tu alma y con TODO tu corazón y con TODA tus fuerzas. Si estás satisfecho con saberlo pero no sentirlo, no hay nada más que yo te pueda decir, creo que en eso tienes libre albedrío.

Pero si no estás satisfecho con los límites de tu vida espiritual, si sientes deseos de romper las barreras que los miedos y los demás hombres te han impuesto. Si anhelas no solamente saber definir teológicamente lo que es la gloria de Dios, sino palparla y ser inundado completamente por ella; entonces para ti es este escrito, estas palabras de aliento, este desafío: ¿Y porqué no puedes ser tú el instrumento de un avivamiento?

Conocí a mil hombres que me daban una brillante descripción teológica de lo que es el fuego, hasta que pasó al lado mío uno que llevaba fuego, y lo seguí. 

Tu vida necesita un avivamiento, tu casa necesita un avivamiento, tu congregación necesita un avivamiento, tu denominación necesita un avivamiento, tu pueblo necesita un avivamiento…. ¿y porqué no puedes ser tú el que lo inicie?

Salmos 85:4-6 Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación,
Y haz cesar tu ira de sobre nosotros.
 ¿Estarás enojado contra nosotros para siempre?
¿Extenderás tu ira de generación en generación?
 ¿No volverás a darnos vida,
Para que tu pueblo se regocije en ti?

Gabriel Edgardo Llugdar para editoriales Diarios de Avivamientos

1-Avivamiento de Gales3-001

Aclaración: Aunque Diarios de Avivamientos no comparte la totalidad del pensamiento de Robert Liardon – considera importante la investigación histórica llevada por el mismo acerca de los Avivamientos de la Historia.

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Porqué nos cuesta tanto orar – Capítulo IV – Los ídolos del corazón

Porqué nos cuesta tanto orar - los ídolos del corazón

Deuteronomio 4:24 Porque el SEÑOR vuestro Dios es fuego consumidor, un Dios celoso.

Aquí Moisés le habla al pueblo, que prontamente ha de entrar a la tierra prometida, y le hace una seria advertencia en contra de la idolatría:

Deuteronomio 4:25-28 Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis permanecido largo tiempo en la tierra, y os corrompáis y hagáis un ídolo en forma de cualquier cosa, y hagáis lo que es malo ante los ojos del SEÑOR vuestro Dios para provocarle a ira, pongo hoy por testigo contra vosotros al cielo y a la tierra, que pronto seréis totalmente exterminados de la tierra donde vais a pasar el Jordán para poseerla. No viviréis por mucho tiempo en ella, sino que seréis totalmente destruidos. Y el SEÑOR os dispersará entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones adonde el SEÑOR os llevará. Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.

Destrucción, sufrimiento, cautiverio y servidumbre, esos son los frutos del corromperse, del apartarse del Dios verdadero, que por ser precisamente el ÚNICO DIOS tiene el derecho de ser celoso. Porque es necedad apartarse de lo verdadero para seguir a lo falso:

Deuteronomio 4:7 Porque, ¿qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el SEÑOR nuestro Dios siempre que le invocamos?

Verdaderamente es necedad apartarse de un Dios cercano para servir a  “dioses hechos por manos de hombre, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen”. 

Mas aunque el pueblo de Dios cayese en tan gran pecado, aún habría una salida:

Deuteronomio 4:29-31 Pero de allí buscarás al SEÑOR tu Dios, y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. En los postreros días, cuando estés angustiado y todas esas cosas te sobrevengan, volverás al SEÑOR tu Dios y escucharás su voz. Pues el SEÑOR tu Dios es Dios compasivo; no te abandonará, ni te destruirá, ni olvidará el pacto que El juró a tus padres.

Todo esto se cumplió literalmente siglos después, el pueblo elegido se apartó de Dios dejando que sus corazones se llenasen de ídolos, por lo tanto destrucción, sufrimiento, cautiverio y servidumbre vinieron sobre ellos al ser deportados a Babilonia. Pero a la vez la promesa de Dios seguía en pie:

Jeremías 29:1, 11-13 Estas son las palabras de la carta que el profeta Jeremías envió de Jerusalén a los ancianos que habían quedado de los que fueron transportados, y a los sacerdotes y profetas y a todo el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalén a Babilonia… Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.  Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;  y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón

“el ingenio del hombre no es otra cosa que un perpetuo taller para fabricar ídolos” (Juan Calvino – Institución de la Religión Cristiana – Libro I – Capítulo XI – 8)

Queridos hermanos, tenemos un Dios celoso, y no es celoso por temor a otros dioses (porque no existen), es celoso porque no aceptará que le entreguemos un corazón a medias. O todo nuestro corazón le pertenece, o en su celo permitirá que nuestros ídolos destruyan la bendición que nos fue dada. 

No hallamos a Dios cuando oramos porque no le buscamos de todo nuestro corazón, solo con una parte, pues la otra está ocupada por nuestros ídolos. Para Israel la tierra prometida se había convertido en un ídolo, al igual que la prosperidad y las riquezas, el mismo Templo y la religión se habían convertido también en ídolos. Fue necesario que Dios les quitara TODO para que en sus corazones no quedara NADA, y así en esa nada buscaran a Dios.

Solamente cuando en nuestro corazón no haya NADA a que aferrarnos fuera de Dios, podremos verdaderamente decir que Dios es nuestro TODO. 

Examínate a ti mismo ¿porqué oras? ¿porqué pides lo que pides? ¿lo que pides es para glorificar a Dios o para saciar los apetitos de los ídolos que hay en tu corazón? ¿oras para que se cumpla la voluntad de Dios o la tuya? ¿ tu corazón esta dividido o es exclusivamente del Señor? ¿es tu corazón un templo del Espíritu Santo o es un templo pagano donde hay un dios “principal” y una serie de dioses menores? ¿Es Cristo tu dios favorito o tu ÚNICO Dios?  ¿Si Dios es tu TODO porqué te quejas cuando no tienes NADA?

Hay veces en que Dios permite que perdamos todas nuestras bendiciones, que seamos alejados de nuestra Tierra Prometida,  que seamos despojados; para que estando en la indigencia espiritual, alcemos nuestros ojos al cielo reconociendo que nuestros ídolos nos han alejado de Dios. Y en esa nada podamos confesar verdaderamente que Él es nuestro todo. 

Todo lo que se interponga entre tú y Dios es un ídolo. Todo lo que tengas en tu corazón junto a Cristo es un ídolo. El Señor no pretende ocupar el altar mayor de tu corazón, Él exige un único altar para el único Dios verdadero.

No significa esto que esté mal el amar a otras personas, o que ames lo que hagas, sino que ya no amas con amor humano sino con el amor de Cristo. Tu corazón todo, lo ocupa Cristo, Su amor llena y desborda tu corazón; y con ese amor divino amas a los que te rodean. No tienes un corazón dividido, tienes un único amor: Cristo, y ese amor es tan abundante que desborda y alcanza para amar a todos los demás. No está mal amar a padres o madres, ¡con el amor de Cristo pudieras amar a mil padres y mil madres y aún te sobraría!; lo que está mal es pretender amar a Dios con un pedazo de tu corazón porque el resto ya está ocupado.

No esperes a que Dios te quite todo para hacerte depender únicamente de Él, hoy puedes ir en oración y rogarle que te ayude a renunciar a tus ídolos. Porque no hallarás verdaderamente al Señor hasta que le busques de TODO tu corazón.

 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

Salmos 73:25

La promesa de Dios sigue estando vigente, es tiempo de decidirse:

“y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”  Jeremías 29:13

 

Capítulo V de la serie Porqué nos cuesta tanto orar – Gabriel Edgardo Llugdar – Diarios de Avivamientos

 

 

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Convicción de pecado: la música que ya no se escucha sonar en nuestras congregaciones

Te rogamos primeramente considerar el siguiente vídeo:

“Cuando arribamos nos encontramos que la espaciosa sala de la parte delantera de la casa se encontraba abarrotada de gente. El señor Gillett miró a la multitud sorprendido y con manifiesta agitación, pues se dio cuenta de que la reunión estaba compuesta por muchos de los más inteligentes e influyentes miembros de su congregación, y que estaba especialmente constituida por el primer rango de los hombres jóvenes del lugar. Teníamos pocos instantes intentando conversar con los asistentes cuando noté enseguida que el sentimiento era tan profundo que había el riesgo de un estallido emocional casi incontrolable. Fue por esto que le dije al señor Gillett: “No es bueno que la reunión continúe de esta manera. Haré algunas observaciones, las que les sean necesarias a estas personas, y luego las despediré; mandándoles a que supriman sus sentimientos, para que de esa manera no se produzcan clamores en las calles cuando se conduzcan a casa”.

No se hizo o dijo nada como para crear tal agitación en la reunión. El sentir fue espontáneo. La obra era tan poderosa que tan solo unas pocas palabras podían hacer que los más fornidos de los hombres se retorcieran en sus asientos como si una espada les hubiera traspasado el corazón. Para alguien que jamás ha visto una escena semejante quizás resulte imposible entender el tremendo poder que tiene a veces la verdad en manos del Espíritu Santo. La verdad se había constituido, de hecho, en una espada de dos filos. El poder que ésta produce cuando es presentada como escrutadora en unas pocas palabras, puede crear una angustia tal que resulta insoportable.

El señor Gillett se agitó sobremanera. Se puso pálido y dijo, con mucha agitación: “¿Qué haremos? ¿Qué haremos?” Puse mi mano sobre su hombro y le dije susurrando: “Quédese en silencio. Quédese en silencio, señor Gillett”. Luego me dirigí a los presentes en la forma más gentil y clara que pude; pidiéndoles poner su atención de manera inmediata en el único remedio disponible, asegurándoles que tal remedio era uno presente y totalmente suficiente. Les señalé a Cristo como salvador del mundo, y me mantuve en esa línea tanto como pudieron soportarlo, que de hecho fue unos pocos instantes. El hermano Gillett se agitó a tal extremo que me acerqué a él y tomándole del brazo, le dije: “Oremos”. Nos arrodillamos en medio del salón en el que nos encontrábamos y conduje la oración en una voz baja y desapasionada, mas  intercediendo ante el Salvador para que interpusiera su sangre en uno y otro lugar, para que guiara a los pecadores presentes a aceptar la salvación que Él ofrece y para que creyeran, para que así fueran salvas sus almas.

La agitación se profundizaba a cada instante, y mientras escuchaba sus sollozos, suspiros y su respirar, cerré la oración y me puse de pie súbitamente. Todos se pusieron de pie y les dije: “Ahora, por favor, vayan a casa sin hablar ni una palabra entre ustedes. No digan nada, traten de mantenerse en silencio, y no rompan en manifestaciones de sentimientos; y así, sin hablarse entre ustedes y teniendo sus sentimientos bajo control, por favor, vayan a sus habitaciones sin decir palabra”.

… Hicieron lo que les pedí y salieron sin gritar, sollozando y suspirando. Pero esos sollozos y suspiros podían escucharse a medida que iban por las calles. El señor Wright, de quien me he referido, me dijo más tarde que su angustia era tan grande que tuvo que taparse la boca haciendo uso de toda la fuerza de sus brazos hasta que llegó a casa. Permaneció en silencio hasta que cruzó la puerta del lugar donde vivía, y no pudo contenerse más. Cerró la puerta, cayó al piso y estalló en altos lamentos ante la terrible condición en la que se encontró. Esto hizo que su familia le rodeara enseguida, y la convicción se esparciera sobre ellos.

Supe después que escenas similares a esta se produjeron en varias familias. Se confirmó más tarde que varios se convirtieron en la reunión y se fueron a sus casas tan llenos de gozo que casi no podían contenerse.

A la mañana siguiente, apenas se hizo de día, la gente comenzó a llamar a la puerta del señor Gillett, pidiendo que fuésemos a visitar a sus familias, a quienes describían como inmersas en la más grande de las convicciones. Tomamos un desayuno rápido y empezamos las visitas. A penas salimos a las calles la gente corría hacia nosotros desde las casas y nos rogaban que entráramos a sus hogares. Como solo podíamos visitar un lugar a la vez, cuando entrábamos a una casa los vecinos se apresuraban a entrar y llenaban el salón más grande. En poco tiempo les dábamos instrucciones y luego nos dirigíamos a otra casa y la gente nos seguía. Encontramos que el estado de las cosas era extraordinario. La convicción era tan profunda y general que en ocasiones entrábamos a una casa y hallábamos a algunos de rodillas, a otros postrados en la alfombra, y a otros mojando las sienes de sus amigos con alcanfor y frotándoles para impedirles desmayar, pues temían por sus vidas.

Visitamos, conversamos y oramos de esta manera de casa en casa hasta el mediodía. Luego le dije al señor Gillett: “Así nunca terminaremos, debemos tener una reunión para aquellos que estén preocupados por sus almas. No podemos ir de casa en casa; y no podemos satisfacer las necesidades de todos”. Él estuvo de acuerdo, pero se levantó la cuestión de dónde realizar tal reunión. Un señor de apellido Flint, quien era un hombre religioso, mantenía al momento un hotel en la esquina del centro del pueblo. Allí tenía un comedor largo y grande…

Vimos que la gente se apresuraba y que algunos de hecho corrían a la reunión. La gente venía de todas direcciones. Para cuando llegamos al lugar, el salón, aunque era grande, estaba lleno a su máxima capacidad. Gente de ambos sexos y de todas las edades habían abarrotado el establecimiento. Esta reunión fue muy parecida a la que habíamos tenido la noche anterior. El sentimiento era impresionante. La Palabra de Dios era verdaderamente la espada del Espíritu; y algunos hombres del más fuerte de los temples fueron de tal modo atravesados por las observaciones hechas que se encontraron incapaces de sostenerse y debieron de ser llevados a casa por sus amigos. Esta reunión duró hasta casi llegada la noche y tuvo como resultado un gran número de conversiones llenas de esperanza, y fue el medio para extender la obra grandemente hacia todos lados.” (Relatos extraídos de Las Memorias de Charles Finney)

Estimado hermano ¿está sonando en tu congregación la música de los genuinos avivamientos? ¿se escuchan los llantos por la convicción de pecado o solo las risas del entretenimiento? …. Te animamos a consagrarte a la oración ferviente, a solas con tu Salvador, para que en Su misericordia avive la Iglesia en estos tiempos de frialdad. Sin importar que nadie se una a tu causa, persevera en la oración, pues una sola antorcha encendida es suficiente para encender un gran fuego.

Grandes Avivamientos de la historia

 

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Historias de Grandes Avivamientos – El genuino avivamiento afecta a la sociedad – Charles Finney

LAS MEMORIAS DE CHARLES FINNEY

Charles Finney - Carlos Finney

AVIVAMIENTO EN ROCHESTER, NUEVA YORK, 1830

“Los amigos de Rochester estaban muy ansiosos por contar con mi presencia -con lo de amigos me refiero a los miembros de la Tercera Iglesia Presbiteriana. Al haberse quedado sin pastor sentían estar bajo gran peligro de disgregarse, y quedar aniquilados como iglesia, a menos que algo se hiciera para reavivar la religión en medio de ellos. Con tantas invitaciones urgentes provenientes de tantos puntos, me sentí como en muchas ocasiones me he sentido: grandemente perplejo… al anochecer un gran número de hermanos líderes, en cuya sabiduría y oraciones tenía mucha confianza, se reunieron conmigo– esto a petición mía– para consultar y orar acerca cuál debía de ser mi siguiente campo de labores. Expuse ante ellos los hechos acerca de Rochester, según los conocía, y los hechos notorios con respecto a los otros importantes campos a los que había sido invitado. Para ellos Rochester era el menos atractivo de todos.

Después de discutir el asunto por completo, y de sostener varios momentos de oración intercalados con nuestra conversación, los hermanos dieron sus opiniones acerca de lo que ellos consideraban que era sabio y que debía de hacer. Unánimemente fueron de la opinión de que Rochester era un campo de labores muy poco atractivo en comparación con Nueva York o Filadelfia… Para aquel entonces esta misma era mi impresión y mi convicción; así me retiré de la reunión, habiendo, según supuse entonces, decidido no ir a Rochester sino a Nueva York o Filadelfia… Sin embargo, cuando me retiré a mi hospedaje el asunto se presentó ante mi mente de una forma distinta. Algo parecía cuestionarme–“¿Cuáles son las razones que te impiden ir a Rochester?” Aunque podía enumerar las razones, venía a mí la pregunta: “Pero, ¿son esas buenas razones? Ciertamente eres más necesario en Rochester por causa de todas aquellas dificultades. ¿Rechazas el campo porque hay tantas cosas que necesitan ser corregidas, por que hay demasiadas cosas que están mal? Si todo marchara bien, entonces no serías necesario”.

Pronto llegué a la conclusión de que todos habíamos estado equivocados; y que las razones que nos habían determinado en contra de ir a Rochester, eran en realidad las razones más válidas para justificar mi presencia en el lugar. Concluí además que era más necesario en Rochester que en cualquier otro de los campos que se me habían abierto en aquel entonces. Me sentí avergonzado de haber tenido en poco el tomar la obra por causa de las dificultades; pues tenía la fuerte impresión en mi mente de que el Señor estaría conmigo y de que Rochester era definitivamente mi campo de trabajo.

Para aquel entonces había en Rochester una escuela superior presidida por un señor de apellido Benedict… Este señor Benedict era escéptico, pero estaba a la cabeza de una escuela superior muy grande y floreciente. Siendo que a esta escuela asistían los dos sexos, una señorita de apellido Allen le servía como asistente y asociada. Esta señorita era cristiana. Los estudiantes asistían a los servicios religiosos, y pronto muchos de ellos mostraron profunda ansiedad por sus almas. Cierta mañana el señor Benedict se encontró con que ninguno de sus alumnos podía recitar lo aprendido. Cuando les pedía que se pusieran de frente para la lección, los jóvenes estaban tan ansiosos por sus almas que lloraban. El ver el estado en el que se encontraban los estudiantes le confundió mucho. Llamó a su asociada femenina, la señorita Allen, y le dijo que los jóvenes se encontraban tan ansiosos por sus almas que no les era posible recitar y le preguntó sino sería mejor llamar a Finney para que les diera instrucción. Más tarde la señorita Allen me informó de la situación y me dijo que se sintió muy contenta de que haya sido él quien levantara la cuestión y que ella le había aconsejado de forma muy cordial que enviaran por mí. Así lo hizo el señor Benedict, y el avivamiento tomó un poder tremendo en aquella escuela. Pronto el mismo señor Benedict quedó convertido, y de hecho casi todas las personas en aquella escuela se convirtieron también. Hace unos pocos años la señorita Allen me informó que unas cuarenta personas de las convertidas en aquella escuela se hicieron ministros. No estoy seguro, pero ella también afirmó que más de cuarenta se habían vuelto misioneros en el exterior. Este es un hecho que yo no conocía anteriormente. Ella me nombró a algunos de ellos de aquel entonces, y de cierto una buena porción se habían hecho misioneros en el exterior.

Este avivamiento produjo un gran cambio en el estado moral y en la historia subsecuente de Rochester. La gran mayoría de los hombres y mujeres líderes de la ciudad se convirtieron en aquel entonces. También ocurrieron una gran cantidad de incidentes impactantes que no puedo dejar de lado… cada noche yo había estado apelando a la congregación y llamando a aquellos que estaban preparados para entregarle su corazón a Dios y mucha gente se convertía cada vez.

Aún no he hablado mucho acerca del Espíritu de oración que prevaleció en este avivamiento. Cuando estaba de camino a Rochester, a medida que pasábamos por una villa a unas treinta millas al este de nuestro destino, un hermano ministro a quien conocía, al verme a bordo del bote del canal, se subió de un brinco para conversar brevemente conmigo, con la intención de navegar por un corto tramo y luego saltar a tierra nuevamente. Sin embargo, al interesarse tanto en la conversación y al conocer hacia dónde me dirigía, decidió ir conmigo a Rochester. Casi de inmediato cayó en gran convicción y la obra caló hondo en él. Teníamos pocos días de haber llegado a Rochester, pero el ministro ya estaba bajo tal convicción que no podía evitar llorar en voz alta al andar por la calle. El Señor le dio a este hombre un poderoso Espíritu de oración, y su corazón fue quebrantado. Siendo que él y yo orábamos mucho juntos, me impactó su fe con respecto a lo que Dios iba a hacer en el lugar. Recuerdo que este ministro decía: “Señor, no sé como será, pero me parece saber que vas a hacer una obra grande en esta ciudad”. El Espíritu de oración se derramó poderosamente, tanto que algunas personas se apartaban de los servicios públicos para orar, al no poder contener sus sentimientos durante la predicación.

En este punto me es necesario traer el nombre de un hombre, a quien deberé de mencionar con frecuencia más adelante: el señor Abel Clary. Este era el hijo de un hombre excelente y anciano de la iglesia en la que me convertí. Abel Clary se convirtió en el mismo avivamiento en el que yo me convertí. Había sido licenciado para predicar, pero su Espíritu de oración era tal, que su carga por las almas no le dejaba predicar mucho, la mayor parte de su tiempo y de su fuerza las entregaba en oración. El peso en su alma era frecuentemente tan grande que no podía mantenerse en pie, y le hacía retorcerse y gemir en agonía de una forma impresionante. Yo le conocía muy bien y sabía de ese maravilloso Espíritu de oración que reposaba sobre su persona. Era un hombre muy silencioso, al igual que casi todas las personas que tienen el mismo poderoso Espíritu de oración.

Supe por primera vez que se encontraba en Rochester por un caballero que vivía como a una milla al este de la ciudad. Este caballero me visitó un día y me preguntó si conocía a un señor Abel Clary, que era ministro. Le respondí que le conocía muy bien y luego me dijo: “Pues bien, él está en mi casa y se ha quedado allí por tanto tiempo”. He olvidado cuánto tiempo me dijo, pero había estado allí casi desde mi llegada a Rochester. El caballero continuó diciendo: “No sé que pensar acerca de él”. Le dije que no le había visto en ninguna de nuestras reuniones. “No”–respondió el hombre–“Sucede que él no puede ir a las reuniones. Ora casi todo el tiempo, día y noche, y lo hace en tal agonía mental que no sé que pensar. A veces casi no puede sostenerse en sus rodillas, sino que queda postrado en el suelo gimiendo y orando de la forma más sorprendente”. Le pregunté que decía y el caballero me respondió que “él no dice mucho. Dice que no puede ir a las reuniones, mas todo su tiempo lo dedica a orar”. Le dije a aquel hermano: “Yo lo entiendo, por favor quédese tranquilo. Todo saldrá bien, de seguro el hermano Clary prevalecerá”.

Para aquel entonces supe de un considerable número de hombres que estaban en la misma situación. Un diácono de apellido Pond, de Camden, en el condado de Oneida; otro diácono de apellido Truman, en Rodman, en el condado Jefferson; un diácono Baker, de Adams, en ese mismo condado; y con ellos este señor Clary a quien me he referido y muchos otros hombres. También un gran número de mujeres participaban de ese mismo Espíritu y pasaban gran parte de su tiempo en oración. El hermano–o como le solíamos llamar, el Padre Nash, un ministro que llegó a muchos de mis campos de labores para ayudarme, era otro de esos hombres con tan poderoso Espíritu de oración que prevalece. Este señor Clary permaneció en Rochester tanto como yo, y no se marchó hasta mi partida. Que yo sepa nunca apareció en público, sino que se entregó por completo a la oración.

Se dieron muchos casos en Rochester de personas que experimentaron ese espíritu de angustia agonizante en sus almas. Ya he dicho que en el aspecto moral las cosas cambiaron grandemente en aquel avivamiento. Rochester era una ciudad joven, llena de prosperidad, negocios y llena también de pecado. Sus habitantes eran inteligentes y altamente emprendedores. A medida que el avivamiento barrió el pueblo y que una gran masa de personas influyentes, tanto de hombres como de mujeres, se convirtieron, se produjo un cambio en el orden, la sobriedad y la moralidad de la ciudad que resultó maravilloso.

En un periodo subsiguiente, que debo mencionar en esta parte, me encontraba conversando con un abogado que se había convertido durante este avivamiento del cual he hablado. Este abogado había sido nombrado fiscal distrital de la ciudad, que es lo mismo que otro llaman acusador público. Su trabajo consistía en supervisar el enjuiciamiento de los criminales y por su posición llegó a familiarizarse mucho con la historia criminal de la ciudad. Mientras conversábamos del avivamiento en el cual se había convertido–esto muchos años más tarde–me dijo: “He estado examinando el record de las cortes criminales y me he encontrado con este impactante hecho: que aunque nuestra ciudad ha crecido el triple desde el avivamiento, no hay ni un tercio de los fiscales penales que había en aquel entonces. Por lo tanto el crimen ha disminuido en dos terceras partes y esto se ha debido a la maravillosa influencia de aquel avivamiento sobre la comunidad”. De hecho, por el poder de aquel avivamiento el sentimiento público fue moldeado. Los asuntos de la ciudad han estado desde entonces en gran medida en manos de hombres cristianos. El gran peso del carácter ciudadano ha estado de parte de Cristo, y los asuntos públicos han sido conducidos de acuerdo con esto.

Entre las conversiones que se dieron no puedo dejar de mencionar la de Samuel D. Porter, un prominente ciudadano de Rochester. Para aquel entonces era librero y estaba asociado con un señor llamado Everard Peck, quien fue el padre de nuestro difunto profesor Peck. El señor Porter era un infiel, que aunque no era ateo no creía en la autoridad divina de la Biblia. Era un lector y un pensador, un hombre de mente aguda y perspicaz, de voluntad férrea y de carácter decidido. Creo también que era un hombre de buena moral externa y un caballero muy respetado. Un día llegó a mi habitación, temprano en la mañana, y me dijo lo siguiente: “Señor Finney, se está dando aquí un gran movimiento por causa de la religión, mas yo soy escéptico y quiero que usted me pruebe que la Biblia es la verdad”. El Señor me dio enseguida la capacidad de discernir el estado mental del hombre, lo que hizo posible para mí el determinar el curso que tomaría con él. Le pregunté: “¿Cree usted en la existencia de Dios?” “¡Por supuesto!”–Respondió–“no soy ateo”. “Bien”–le dije–“¿Cree que ha tratado a Dios como él se merece? ¿Ha respetado su autoridad? ¿Le ha amado? ¿Ha hecho lo que usted creía que debía de hacer para complacerle, y con la intención de complacerle? ¿Admite que debería de amarle, adorarle y obedecerle de acuerdo a la verdad que usted tiene de él?” “¡Sí! Admito que todo eso es cierto”–Respondió. “Mas, ¿lo ha hecho?”–le prengunté. “Pues no, no puedo decir que lo haya hecho”. “En ese caso, ¿por qué debería yo de darle más información y más verdad, si usted no está dispuesto a obedecer la luz que ya tiene? Cuando usted se decida a vivir de acuerdo con sus convicciones, esto es, a obedecer a Dios de acuerdo con la verdad que ya posee, cuando se haya determinado a arrepentirse de su actual negligencia y a complacer a Dios tan bien como sabe que puede hacerlo por el resto de su vida, trataré de mostrarle por qué la Biblia proviene de Dios. Hasta entonces no tiene caso que me esmere en hacer tal cosa”–le dije. Para esto, yo no había tomado asiento y creo que tampoco le había invitado a sentarse. Él respondió: “No sé que decirle, pero lo que me ha dicho es lo justo”. Enseguida se retiró.

No volví a escuchar de él sino hasta el día siguiente, temprano en la mañana, cuando justo después de levantarme pasó nuevamente a mi habitación. Tan pronto entró dio una palmada y dijo: “Señor Finney, ¡Dios ha hecho un milagro! Bajé a la tienda después de que dejé su habitación pensando en lo que usted había dicho, y me decidí a arrepentirme de aquello que sabía estaba en mal en cuanto a mi relación con Dios, y me determiné a que de ahora en adelante iba a vivir de acuerdo a la verdad que poseo. Cuando me decidí a esto mis sentimientos me abrumaron de tal modo que caí postrado y hubiera muerto de no ser por el señor Peck, quien se encontraba conmigo en la tienda”. Desde ese momento todos quienes le conocen saben que es un cristiano apasionado y de oración.

Jamás supe que en este avivamiento de Rochester, al cual me he referido desde el principio, se hayan dado quejas de ningún tipo de fanatismo o de cualquier cosa deplorable en sus resultados. El avivamiento fue muy poderoso, reunió a un gran número de personas de la clase más influyente en la sociedad e hizo una barrida tan profunda que causo gran emoción en los que estaban cerca como en los de lejos. Algunas personas escribieron cartas desde Rochester a sus amigos, reportando acerca de la obra. Estas cartas se leyeron en varias iglesias a lo largo de varios estados y fueron claves en la producción de grandes avivamientos de la religión que se dieron más adelante. Muchas personas llegaron desde otras partes para ser testigos de la gran obra de Dios, y llegaron a convertirse. Recuerdo el caso de un médico que se sentía tan atraído por lo que había escuchado acerca de la obra que llegó a Rochester desde Newark, Nueva Jersey para ver lo que Dios estaba haciendo. Este doctor, que era un hombre de mucho talento y cultura, se convirtió de hecho en Rochester y por muchos años ha sido un ardiente obrero cristiano a favor de las almas.

Prediqué también en varios lugares de los alrededores cuyos nombres no puedo recordar. Lo que si recuerdo distintivamente es que en cualquier lugar al que iba, la Palabra de Dios tenía efecto inmediato; y parecía que lo único necesario era presentar la ley de Dios y las demandas de Cristo, en la relación y proporciones que fueran calculadas para asegurar la conversión de los hombres, y la gente se convertía a montones. Lo grandeza de la obra de aquel tiempo en Rochester atrajo tanto la atención de ministros y de cristianos a lo largo de los estados de Nueva York, de Nueva Inglaterra y de muchas otras partes de Estados Unidos, que la fama misma de aquel avivamiento se convirtió en un instrumento en las manos del Espíritu de Dios para promover a lo largo del territorio los más grandes avivamientos de la religión que este país haya visto. Años después de estos sucesos, al conversar con el doctor Beecher acerca del poderoso avivamiento de Rochester y de sus resultados, él señaló: “Aquella fue la más grande obra de Dios, y el avivamiento de religión más grande que el mundo jamás haya visto en un tiempo tan corto. Se reportó que cien mil personas se conectaron con iglesias como resultado de aquel gran avivamiento.”

Realmente las aguas de la salvación estaban en grande raudal, los avivamientos se habían hecho poderosos y extensos, y la gente tuvo oportunidad de familiarizarse con ellos y con sus resultados en tal medida que los hombres temían oponerse a ellos, como antes lo habían hecho. Los ministros también habían llegado a entenderles mejor, y los más impíos de los pecadores habían llegado a convencerse de que eran realmente la obra de Dios. Tan manifiesta era la masa de conversiones verdaderas–de estos convertidos que realmente habían sido regenerados y hechos nuevas criaturas–tan profundamente eran individuos y comunidades transformadas, y tan permanentes e incuestionables los resultados, que llegó a ser la convicción casi universal que estos avivamientos eran la obra de Dios. Se dieron tantas conversiones impactantes, muchos personajes convertidos, y todas las clases, alta y baja, rica y pobre, quedaron de tal manera sometidas a estos avivamientos que casi silenciaron por completo a la oposición abierta. De tener el tiempo podría llenar todo un volumen con todas las conversiones impactantes ocurridas bajo mi observación a lo largo de muchos, muchos años, y en muchos lugares. “

Relato extraído de las memoria de Charles Finney – traducción Marcela Allen (The GOSPEL TRUTH)

Tómate unos minutos para ver este pequeño vídeo.

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¿Quieres recibir la doble porción de la unción?

El profeta Elías

El inmenso auditorio estaba repleto. Los creyentes deseosos de experimentar el gran avivamiento, que supuestamente había llegado a la Argentina para arrasar con todo. El pastor (que de la noche a la mañana se había tornado hiper-famoso) imponía las manos a diestra y siniestra a una velocidad vertiginosa, diciendo: “¡Recibe una doble porción de la unción!”…  así de maravilloso, así de fácil.

La gente corría de un lado a otro del lugar, cuando el exaltado predicador gritaba: “¡Ahora la nube de gloria está a mi derecha!”… y todos corrían hacia la derecha… “¡Ahora la nube de gloria está a mi izquierda!”… y todos corrían hacia la izquierda. En aquel entonces yo estaba en el seminario, y asistí a aquella reunión con expectativas sinceras. Recuerdo que me quedé mirando asombrado, como una hermana de mi congregación corría desesperadamente hacia donde el predicador decía que estaba la nube de gloria, pero cuando ella lograba llegar a la derecha… ahora la nube se había ido a la izquierda; y cuando la hermana llegaba agitada a la zona de la izquierda, después de haber esquivado a centenares de personas, ya la nube se había ido a la tribuna de arriba…

Hoy después de 20 años de aquello, puedo afirmar que si solo diez personas de las miles que creyeron recibir  allí la doble porción, realmente la hubieran recibido, la ciudad entera hubiera sido trastornada; por no decir la nación. Pero tristemente la “nube de gloria” se fue sin dejar más huella que unos pies cansados de tanto correr.

Además he llegado a la conclusión de que, si eso de la doble porción hubiese sido cierto, el predicador debería haber muerto; o por lo menos debería haber sido llevado al cielo en un torbellino como veremos más adelante, si me acompañan a estudiar el caso. 

¿De donde viene esa frase, de la cual en nuestros círculos carismáticos tanto se abusa? ¿realmente sabemos lo que significa?

2 Reyes 2:1, 8-15 Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.  Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas (del Jordán), las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco.  Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí. El le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.
 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.
Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes.
 Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán.
 Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.

Esta es de las historias  espectaculares del A.T. que tanto nos gusta escuchar; pero que muchas veces, el énfasis que se hace precisamente en lo espectacular, nos impide meditar en la belleza de la santidad, de la consagración de estos dos varones de Dios. Para mí, es una de las historias más bellas, porque admiro profundamente a Eliseo, de quien se enseña tan poco en comparación con Elías. 

Antes de ser arrebatado, Elías fue visitando las escuelas de profetas de Gilgal, Betel y Jericó despidiéndose de sus hijos espirituales; estos ya sabían también que él sería quitado:

2Reyes 2:5 Y se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé; callad.

Esta expresión te quitará hoy a tu señor de sobre ti , literalmente dice: te quitará a tu señor de tu cabeza.  Se refiere a que Eliseo era discípulo de Elías, y los discípulos acostumbraban a sentarse a los pies de sus maestros, quedando estos en la parte más alta, a la cabeza. Por eso al final del pasaje, cuando los hijos de los profetas vieron como Eliseo dividía las aguas, vinieron y se postraron ante él. Eliseo pasaría ahora de ser discípulo a ser maestro, a estar a la cabeza. 

Eliseo era sensible a la voz del Espíritu, al igual que su maestro no necesitaba oír las noticias de parte de los hombres; las escuchaba directamente de Dios: Sí, yo lo sé; callad. Este ha sido siempre un rasgo distintivo de todo verdadero profeta, no se entera de las cosas por medio de la curiosidad, sino por medio de la comunión con el Espíritu de Dios.

Amós 3:7 Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.

Eliseo amaba a su maestro, lo amaba desinteresadamente y no estaba esperando que se fuera rápido para ocupar su puesto. Por tres veces consecutivas Elías le dice que se quede y lo deje seguir a él solo. Tres veces Eliseo le responde lo mismo: “Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.” ¿Recuerdan cuando Cristo le preguntó a Pedro tres veces: me amas? Amor, fidelidad, perseverancia, Eliseo fue probado y aprobado en todo esto.

Bien, vayamos a hora al punto en cuestión:

2 Reyes 2:9 Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.

Cuando Eliseo le pide una doble porción de tu espíritu, no se refería a recibir el doble de poder que tenía Elías; es decir, no le estaba pidiendo dos porciones del espíritu como si fuera un pastel a repartir.

Juan 3:34 b … pues Dios no da el Espíritu por medida.

En aquellos tiempos, la doble porción hacía referencia a la herencia que recaía sobre el primogénito; quien a la muerte del padre, ocupaba el lugar de líder o patriarca de la familia, y continuaba con el oficio de su padre. La bendición de la primogenitura, que daba el padre al final de sus días, era muy importante ¿recuerdan como Jacob y Esaú se pelearon por ella (Génesis 27)? Lo que Eliseo le estaba pidiendo a Elías, era ser su sucesor en el oficio profético para Israel, continuar la obra y el ministerio que él había comenzado; ante la inminente partida del gran profeta, urgía un heredero. Eliseo y Elías habían caminado juntos, sobrellevado la carga, compartido la preocupación por la condición en que se encontraba el pueblo de Dios, ¡Israel no podía quedarse sin el testimonio vivo del poder de Dios!. Por ello cuando Elías es apartado por un carro de fuego, Eliseo le llama con un grito desgarrado, como a un padre al que ve partir de este mundo.

2Reyes 2:12 Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes.

Esta misma exclamación la hace el rey Joás cuando Eliseo estaba también por morir:

2 Reyes 13:14 Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!

La expresión  carro de Israel y su gente de a caballo, daba a entender que estos profetas simbolizaban la más poderosa defensa de Israel ante sus enemigos. Aunque el profeta generalmente llevaba una vida solitaria, un ejército de Dios acampaba con él, y su presencia significaba protección para el pueblo de Dios. Lo vemos más claramente aquí:

2 Reyes 6:17 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

Ante la petición de Eliseo de ser su heredero en el ministerio, Elías responde: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no. Esto nos demuestra, que no es facultad del hombre conceder los ministerios o poder para el ministerio, sino solo de Dios. Elías no le da una condición para recibir el ministerio, sino una señal para saber si Dios se lo habría de conceder. Elías no le traspasó el manto profético a su discípulo, como hoy algunos pretenden hacer con rituales más paganos que cristianos. Leamos bien las Escrituras:

2 Reyes 2:13 (Eliseo) Alzó luego el manto de Elías que se le había caído

No hay transferencia de poderes, de ministerios o de unciones proféticas. Solo Dios puede llamarte o enviarte al ministerio, haciendo que recojas el manto de los santos siervos que te han precedido. Sí, tenlo por seguro, primero tendrás que inclinarte y humillarte hasta abajo y allí tomar el manto.

La poderosa voz profética del siglo pasado, Leonard Ravenhill, solía contar que, muchos jóvenes lo llamaban para que les traspasase su manto, él les respondía: “Yo solo puedo pasarte un trozo de mi manto de cilicio“… y nunca más volvían a llamarlo. Nadie empieza desde arriba, hasta los más tremendos hombres de Dios tuvieron que comenzar desde el suelo. Da igual si te soplan, te avientan con un saco o con una corbata (como hacía el predicador de mi experiencia), si te tiran encima un litro de aceite o te hacen cualquier ritual profético, sólo Dios puede ponerte y ungirte en el ministerio.

Cuando alguien pretenda imponerte las manos, para que recibas una doble porción del espíritu, pregúntale si pronto se va a morir, de lo contrario no puedes recibir la doble porción de tu primogenitura:

Hebreos 9:16-17 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.

Puedes pedirle también, que mientras él te impone las manos para que recibas la doble poción, tú se las impondrás a él para que el Señor se lo lleve pronto de este mundo…  seguramente verás un torbellino y no será el Espíritu del Señor, sino los guardaespaldas separándote del “ungido”, y sacándote a las patadas del lugar.

Gabriel Edgardo Llugdar – Editoriales Diarios de Avivamientos

 

 

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¿Porqué nos cuesta tanto orar? – Capítulo III – Los deleites de la oración

Los deleites de la oración - diarios de avivamientos

Cuando oras ¿te acercas más a Dios o a tu petición? 

“En gran parte de nuestra oración hay realmente pocos pensamientos de Dios. Nuestra mente está distraída con las ideas de lo que necesitamos, y no en el Padre poderoso y afectuoso de quien estamos buscando… Si, entonces, oramos acertadamente, la primera cosa que deberíamos hacer es ver que realmente tenemos una audiencia con Dios, y que verdaderamente estamos en su presencia… Antes de ofrecer una palabra de petición, debemos tener definida y vívida conciencia que le estamos hablando a Dios, y debemos creer que Él nos escucha y que nos garantiza lo que pedimos. Esto solo es posible por el poder del Espíritu Santo, así que debemos mirar al Espíritu Santo para que ciertamente nos guíe a la presencia de Dios, y no deberíamos estar precipitados de palabras hasta que Él nos haya llevado allí.”  (R. A. Torrey – del libro: Cómo Orar)

Antes de que nuestras rodillas toquen el suelo, ya nuestros labios han comenzado a pedir, como si orar consistiese en hacer la lista de compras y pasársela por debajo de la puerta al Señor…. ¿realmente somos conscientes que orar es tener una audiencia privada con el Rey?

Ester 4:11 Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá…

Ester 5:2 Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro.

Los reyes en el oriente solían tener un cetro, generalmente de oro, y a aquel a quien se lo extendían comprendía que había hallado gracia delante de sus ojos. Esto lo vemos claramente en el ejemplo bíblico de la reina Ester y el rey Asuero. También nos dice la Biblia algo sobre el cetro del Rey de Reyes:

Hebreos 1:8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;  Cetro de equidad es el cetro de tu reino.

Vimos en el capítulo anterior de esta serie, que el Trono de Dios es un un Trono de Gracia, donde se nos manda acercarnos confiadamente para alcanzar gracia y misericordia para el oportuno socorro. Pues Jesús nuestro Gran Rey, nos ha extendido su cetro en señal de propiciación, en señal de que hemos hallado gracia delante de sus ojos. Entonces, la cuestión es: ¿somos conscientes de todo esto cuando vamos a orar? ¿somos conscientes de que si Jesús no hubiese extendido su cetro de equidad (justicia y justificación) sobre nosotros seríamos reos de muerte eterna?

Ni siquiera la reina (la esposa favorita) podía acercarse al rey si este no le extendía su cetro en señal de favor. ¡Y nosotros entramos a los gritos delante del Trono, a las prisas, casi saltándole por encima a los  veinticuatro ancianos que están postrados sobre sus rostros!… para decirle (o más bien exigirle) al Rey, todo lo que tiene que darnos “porque Él se ha comprometido en su Palabra“… y venimos a reclamarlo, si, ¡y que se hagan a un lado los querubines, serafines y los cuatro seres vivientes que ahí venimos nosotros a tomar lo que nos pertenece!…

A veces me pregunto si alguno de estos cuatro seres vivientes, al menos el que tiene rostro como de león, no sentirá deseos de rugir y darnos un mordisco por nuestra irreverencia.

Hay momentos en que la urgencia del caso hace que entremos a la oración con gemidos, llantos o gritos de dolor, esto no es a lo que me refiero por irreverencia. Pero en la oración habitual, donde no hay una urgencia, debemos tomarnos un tiempo para concienciarnos de que estamos presentándonos delante del Trono del Rey Soberano. Y de esa manera humillarnos, y permitir que la gloria de su Majestad nos abrume, nos deje absortos, nos haga sentir realmente la distancia que existe entre su grandeza y nuestra pequeñez. Para luego comenzar a percibir como ese abismo, que separa su todo de nuestra nada, se va llenando de misericordia, de la Gracia de Cristo, hasta llegar a sentir el abrazo profundo de su amor.

Pero ¿cómo puedes sentir todo esto si tu tiempo de oración es una carrera contra el reloj, y tienes tanta prisas por levantarte que tu boca es como una ametralladora? La oración es un momento donde saboreamos la presencia de Dios, nos volvemos más conscientes de ella y vamos perdiendo de vista nuestro yo.

Por medio de la oración entramos a la presencia de Dios, de un modo mucho más profundo del que normalmente experimentamos en nuestros quehaceres diarios; se supone que un cristiano vive, respira y se mueve en la comunión con Dios. Así que en realidad no vamos a la oración para estar en comunión con Dios, ya lo deberíamos estar en todo tiempo; vamos a la oración a profundizar esa comunión existente. O como diría Teresa de Avila: vamos a la oración para sacar agua con que regar el huerto donde cultivamos las virtudes. Si descuidamos la oración, todo en nuestra vida terminará por marchitarse.

La comunión intima con Dios es la que riega y nutre la comunión que tenemos cuando le servimos, y no al revés. La comunión intima de la oración es la madre de todas las comuniones. Yo debo tener comunión con Dios cuando duermo, cuando trabajo, cuando estudio, cuando le sirvo en la obra… pero todas ellas son nutridas por la comunión suprema, insustituible e irreemplazable de la oración, y entiéndase, oración a solas. Que mucho nos gusta la oración en público y tanto nos asusta la oración a solas. Pues quien no sabe estar a solas con Dios no sabe estar con Dios entre muchos. Debido a ello, es la falta de hombres y mujeres que impacten con sus vidas a los que se le acercan. Quien habla con Dios a solas, no hace falta que se esfuerce por hablar de Dios delante de los hombres, ellos notarán que él no es como el resto. Quien está a solas con Dios, no estará solo cuando esté delante de los hombres.

Antes de entrar a tu nuevo tiempo de oración, te ruego que te tomes unos instantes para pensar en dónde estarás (delante del Trono), con quién estarás (con el Rey), cómo es Él (Santo, Santo, Santo), cómo eres tú (pecador), quién es digno (Él), quién es indigno (tú), como será tu actitud (humilde), cómo será Su actitud (misericordiosa y clemente), cómo serán tu palabras (reverentes), cómo será Su Palabra (soberana), gracias a quién estarás ahí ( a Cristo), quien te ayudará a orar (el Espíritu Santo)…. y comenzarás a experimentar lo que es el deleite de la oración.

Una de las definiciones de avivamiento es: conciencia de la presencia de Dios, y es precisamente ese uno de los graves problemas de los creyentes hoy, la falta de conciencia de Su presencia ¡y esto ni tan siquiera en la oración!. ¿cómo podemos hablarle a alguien que ni siquiera estamos convencidos de que está ahí?

Busca ser consciente de su presencia, meditando en todo lo que Él es y en todo lo que Él ha prometido ser para contigo, el Espíritu Santo y la lectura de la Escritura te ayudarán a ello.

Pero recuerda, si realmente crees que al orar estás entrando delante de su Trono, actúa como si verdaderamente estuvieses allí. Sé consciente de la Gloria de Su Majestad, que es tan santa que acabaría contigo en un segundo; y sé consciente también que Cristo, cual Rey amoroso, ha extendido su cetro hacia ti y te dice: ven, entra confiadamente, yo te mandé llamar.

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Capítulo 3 de la serie: Porqué nos cuesta tanto orar – de Gabriel Edgardo Llugdar – Diarios de Avivamientos

 

 

 

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¿porqué nos cuesta tanto orar? – Capítulo II

Porqué nos cuesta tanto orar - Cap. II

“Demasiadas veces nos han enseñado que lo único que se le puede ofrecer al Señor son actuaciones buenas y bellas. Todo lo demás no forma parte de las virtudes así que no se le puede presentar. Pero esto ¿no va en contra del Evangelio? El mismo Jesús afirma que ha venido no para curar a los sanos sino a los enfermos. Habrá que aprender pues, sin falsa vergüenza, a ser auténticos enfermos delante del medico divino que reconocen realmente todo lo que tienen de falso, engañoso y contrario a Dios. Él es el único que nos puede curar… ¿Por qué tener miedo de mis debilidades? Existen. Durante mucho tiempo me he negado a mirarlas a la cara… Tal vez éste es el principal obstáculo que nos disuade de entregarnos a la oración del corazón. Parece que es algo que está por encima de nuestras fuerzas presentarnos ante Dios sin tener nada más para ofrecerle que nuestra pobreza, una pobreza que nos da miedo porque es la de nuestras heridas, nuestra extrema indigencia espiritual, nuestra incapacidad para franquear por nuestras solas fuerzas la distancia que nos separa de la santidad de Dios… Nunca podremos presentarnos ante Dios sin llevar en el corazón obstáculos, como pecados, huellas que dejan esos pecados, obstáculos involuntarios pero demasiado reales para dejar obrar a Dios en nuestra vida, etc. Todos y siempre nos presentamos ante nuestro Padre como el hijo pródigo, seguros de que nos abrazará antes de que empecemos a darle explicaciones.” (del libro: Ver a Dios con el corazón)

Hebreos 4:15-16 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.  (RV.1960)

El autor de la carta de Hebreos nos anima a acercarnos al Trono de la Gracia confiadamente, esta palabra se traduce también como abiertamente, con franqueza, con libertad. Así que en ningún modo significa, confiando en que Dios nos escuchará porque nos hemos portado bien, o por el contrario, dudando de si nos escuchará porque nos hemos portado mal. En realidad, nos acercamos confiadamente porque Él se compadece de nuestras debilidades, sean cuales fuesen. Nos acercamos a Él en la oración no para experimentar el impresionarle con nuestras fortalezas, sino para experimentar Su compasión por nuestras debilidades, por la sencilla razón de que Jesús, el Dios encarnado, las tuvo que enfrentar en carne propia. 

Hebreos 2:18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

La Biblia no solo dice que Jesús fue tentado, sino que afirma que padeció (sufrió) por ello. 

“Si Jesús hubiera venido a este mundo de una forma que no pudiera sufrir, habría sido distinto de los demás seres humanos, y no habría podido ser su Salvador. Como dijo Jeremy Taylor: «Cuando Dios quiso salvar a los hombres, lo hizo por medio de un Hombre.» De hecho, esta identificación con nosotros es la esencia de la idea cristiana de Dios. Cuando los griegos pensaban en la relación de sus dioses con la humanidad, su idea clave era la indiferencia; pero la idea clave del Evangelio es la identificación. Por medio del sufrimiento, Jesucristo se ha identificado con la naturaleza humana. No había otra manera. La identificación capacita a Jesucristo para simpatizar con nosotros. Esta palabra quiere decir etimológicamente: sentir con otro. Es casi imposible comprender el dolor o el sufrimiento de otra persona si no lo hemos pasado nosotros… Antes de poder simpatizar con nadie, tenemos que pasar por su misma experiencia, ¡y eso es precisamente lo que hizo Jesús! Porque Jesús ha compartido nuestros sufrimientos, puede compartir nuestros sentimientos; y puede ayudarnos. Ha asumido nuestros dolores y nuestras tentaciones; y el resultado es que sabe qué ayuda necesitamos, y puede dárnosla.”     (William Barclay – Comentario al N.T)

Una de las razones por la cual nos cuesta tanto orar es porque no nos presentamos ante Dios como realmente somos, sino como creemos que deberíamos ser para serle aceptos, o como los demás nos dicen que debemos ser para ser agradables delante de Él. En resumidas cuentas, nuestro gran problema en la oración es que no somos sinceros, no derramamos delante del Padre nuestro corazón, sino  nuestros conceptos y razonamientos religiosos. Desplegamos toda nuestra artillería teológica delante de Dios, determinando nosotros mismos que es lo que le agrada o no, y que es lo que Él quiere o no quiere darnos. Dios conoce más de ti de lo que tu conoces de Él, por lo tanto no puedes presentarte a la oración en base a tus conocimientos, sino en base de que Dios te conoce y  se compadece de ti.

Tu oración no es la radio que Dios escucha para enterarse de lo que pasa en la Tierra, Él ya sabe lo que le pasa al mundo y lo que te pasa a ti antes de que abras tu boca:

Mateo 6:8b  porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

La oración es quebrarnos y derramar el corazón delante de Dios aunque lo que salga no sea precisamente perfume de nardo puro. Dios no se espanta cuando derramamos nuestro maloliente corazón delante de Él, eso es precisamente lo que Dios quiere, que seas sincero y reconozcas tu verdadera condición delante de su Trono de Gracia:

Apocalipsis 3:17-19 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.
 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

Dios nunca rechaza al hijo pródigo que regresa arrepentido, ¿entonces para que fingir, porqué esforzarnos en cubrir lo que de todos modos está desnudo ante los ojos de aquel que todo lo escudriña y conoce? A veces nuestras oraciones son un insulto a la omnisciencia de Dios.

Nuestros corazones son egoístas, ególatras, tienen llagas que supuran, resentimientos, rencores, raíces de amarguras, soberbia, incredulidad, hipocresía y mediocridad; sin embargo nos presentamos como sanos delante de Dios cuando en realidad estamos moribundos. Nos presentamos como guerreros de oración cuando en realidad tenemos miedo e incertidumbres en un montón de cosas. Nos presentamos como vencedores cuando en realidad el pecado nos vence a cada paso. Nos presentamos como campeones cuando en realidad no hemos ganado nada todavía, porque la batalla acaba de comenzar. ¿Y todo esto porqué? porque nos han enseñado que la oración es una fórmula, una clave, un medio para alcanzar nuestras metas; y que si descubrimos la fórmula exacta de la oración, obtendremos el poder. Este concepto gnóstico de la oración, nos hace acercamos a Cristo no para estar y permanecer con Cristo, sino para obtener algo de Él; eso no es oración es simplemente ambición.

Algunos enseñan que la oración es una especie de poder creativo, el famoso: “visualícelo, reclámelo y recíbalo“, y que mostrar debilidad es un obstáculo para recibir lo que pedimos; ya que según ellos, si el poder está en las palabras que usamos, nuestra confesión debe ser positiva. Pero esto tampoco es oración verdadera, pues la oración no es una negación o rechazo de la realidad que nos rodea, tampoco una negación o rechazo de los sentimientos que nos invaden, es precisamente la confesión sincera de todo ello.  

El gran apóstol Pablo no tuvo reparos en confesar sus miedos:

2Corintios 7:5 Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores.

Y la clave está en las palabras que siguen:

2Corintios 7:6  Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló

Dios no consuela a quien no reconoce su necesidad de consuelo, ni sana el corazón que no se quebranta, ni levanta al que no se reconoce caído, ni exalta al que no se humilla. No son tus palabras sino tu actitud sincera lo que más importa en la oración. Si a tu médico le dices solamente lo que está bien, pero no estás dispuesto a contarle lo que te duele será mejor que no vayas a su consulta. Si no estás dispuesto a confesarle a Dios tus debilidades y faltas, es mejor que no vayas a la oración.

El poder de la oración no está en si misma, ni en el que la hace, sino en el que la responde. Hay un Dios poderoso que responde la oración del débil. Hay un Dios sublime, que responde la oración del humillado. Hay un Dios Santo, que responde a la oración del pecador arrepentido. Hay un Dios que se hizo hombre, que responde la oración del hombre.

La oración es un camino de perfección, no un camino por el que solo caminan los perfectos. La oración es un camino de santidad, no un camino por donde solo transitan los santos. La oración es un camino de sabiduría y conocimiento, no un camino reservado exclusivamente a los sabios y entendidos. El consultorio de Dios no es para los sanos, sino para los enfermos, acercarte pues, confiadamente al Trono de la Gracia para alcanzar misericordia. 

Lamentablemente nuestro sentimiento de culpa nos aleja de la oración,  el diablo lo sabe y lo aprovecha. ¡Que fácil es orar cuando las cosas nos han salido bien, nos hemos portado bien y nos sentimos dignos! ¡hasta llegamos a pensar que Dios nos debe algo por las cosas buenas que hemos hecho!… pero cuando hemos pecado, cuando hemos fallado, cuando no hemos actuado o reaccionado conforme a lo que se espera de un cristiano, nuestra actitud cambia radicalmente y creemos que ahora Dios está tan enojado con nosotros, que no nos va a recibir y rehuimos a  la oración. 

Dios está reflejado en el padre de parábola del hijo pródigo

Lucas 15:20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

El hijo pródigo regresó arrepentido a su casa, volvió con ropas sucias y rotas, lleno de lodo y estiércol de los cerdos que apacentaba. El padre no mandó a su hijo a lavarse y a cambiarse de ropa primero para luego tener una audiencia con él; sino que corrió, le abrazó y apretándolo contra su pecho le besó. ¿Eres capaz de ver a tu Padre celestial haciendo lo mismo contigo?… entonces ve a su encuentro porque Él, movido a misericordia, ya a echado a correr para abrazarte.

 

 

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Capítulo II de la serie Perseverar en oración – de Gabriel Edgardo Llugdar

 

 

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