El Avivamiento y las Emociones

Avivamiento y Emociones

La transmisión en directo se anuncia como “Culto de Avivamiento”, y reconozco que cuando escucho o leo la palabra “Avivamiento”, instintivamente me detengo y presto atención más que si me llamaran por mi nombre. Es mi debilidad, mi anhelo, mi suspiro y mi mayor motivo de oración: el Avivamiento.

El salón de reuniones está tan lleno de gente, que suscitaría la envidia de más de un pastor de esos que sueñan con una mega-congregación; la música pegadiza suena en ritmo latino y un grupo de jóvenes en la plataforma se mueven al unísono con la melodía. En realidad una gran cantidad de jóvenes están colocados de manera preeminente en la escena, de manera que las cámaras de televisión les enfoquen continuamente. Aplausos y gritos de júbilo caldean el ambiente hasta que por fin aparece él. Y cuando me refiero a “él” no me refiero al Espíritu Santo que debiera ser el “protagonista principal” de un culto de avivamiento en donde las almas son conducidas hacia Cristo.

Pero no… “él” es el pastor, aparece con los brazos en cruz, la expresión de su rostro a medio camino entre concentración mística y sufrimiento visceral. Y como corolario a todo esto (mientras una lastimosa melodía suena al fondo y los juegos de luces hacen su parte emotiva) la voz quejumbrosa y cuasi llorosa del pastor insiste en que el “Espíritu Santo está aquí derramando su unción poderosa”. Las cámaras intercambian imágenes del pastor con la de los rostros de jóvenes llorando, y lo admito, mi sensibilidad aflora, son imágenes conmovedoras ¿quién no se conmueve viendo a la juventud llorando dentro de una iglesia?.

Como soy un defensor a ultranza de la idiosincrasia de cada pueblo, no pretendo que un culto en Centroamérica se asemeje a un culto de suizos o alemanes; cada cual expresa sus sentimientos influenciado por su raza y cultura; así que nada de lo visto hasta aquí me preocupa. Personalmente, trataría de evitar que un culto de Avivamiento se asemejara a un musical de Broadway, el altar a un escenario, y el pastor a un showman…  pero cada líder o presbiterio es quien decide las formas y hay que respetarlas.

Lo que me llama la atención, como dije recién, son las lágrimas y gestos exteriores de emoción. En un avivamiento las lágrimas son importantes pero no son el termómetro para medir el éxito del avivamiento. Todo avivamiento produce, afecta o altera emociones; esto es una constante en cada avivamiento genuino que ha habido en la Historia de la Iglesia, pero las manifestaciones físicas de las emociones, aunque genuinas, son pasajeras. Lo que mide el éxito del Avivamiento son las transformaciones que produce en las personas. El Espíritu Santo opera en las emociones, las emociones mueven la voluntad, la voluntad se traduce en acción, la acción consiste en obediencia, cambio de vida: transformación duradera.

En un Avivamiento, las emociones son esenciales pero sus manifestaciones exteriores o visibles son pasajeras. En cambio sus manifestaciones interiores producen transformaciones, y las transformaciones son igualmente esenciales pero duraderas. Si la emoción visible dura pero la transformación no, hay motivos razonables para dudar de dicho avivamiento.

El líder del Gran avivamiento del Siglo XVIII en América del Norte, Jonathan Edwards, dice en su magistral libro Los Afectos Religiosos, que “La verdadera religión consiste principalmente de emociones santas.” A estas emociones él les llama “las actuaciones enérgicas e intensas de la voluntad” y luego continúa diciendo:

“Cuando recibimos al Espíritu Santo, las Escrituras dicen que somos bautizados en “Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11). Este “fuego” representa las emociones santas que el Espíritu produce en nosotros haciendo que nuestros corazones ardan dentro de nosotros (Lucas 24:32)… Dios, quien nos creó, no solo nos ha dado emociones, sino que también ha hecho que sean muy directamente la causa de nuestras acciones. No tomamos decisiones ni actuamos a no ser que el amor, el odio, el deseo, la esperanza, el temor, o alguna otra emoción nos influencie. Esto es cierto tanto en los asuntos seculares como en los espirituales. Es la razón por la cual muchas personas escuchan que la palabra de Dios les habla de cosas de importancia infinita—de Dios y de Cristo, el pecado y la salvación, el cielo y el infierno—sin que tenga efecto alguno sobre sus actitudes o su comportamiento. Sencillamente, lo que oyen no les afecta. No toca sus emociones. Atrevidamente afirmo que jamás verdad espiritual alguna cambió la conducta o la actitud de una persona sin haber despertado sus emociones. Nunca un pecador deseó la salvación, ni un cristiano despertó de frialdad espiritual, sin que la verdad hubiera afectado su corazón. ¡Así de importantes son las emociones!… Comprobado queda, pues, que nuestras emociones son el eje de la religión auténtica. El amor no es tan solo una de las emociones, sino la mayor de ellas, y, por decirlo así, la fuente de las demás. Es del amor que surge el odio, odio por las cosas que son contrarias a aquello que amamos. De un amor vigoroso y afectuoso hacia Dios nacerán las otras emociones espirituales: odio por el pecado, temor de desagradar a Dios, gratitud a Dios por su bondad, gozo en Dios cuando experimentamos su presencia, tristeza al sentir su ausencia, esperanza de un futuro disfrute de Dios, y celo por la gloria de Dios. De la misma manera, amor por nuestro prójimo producirá en nosotros todo lo demás que debemos sentir hacia él.” (Jonathan Edwards – Los Afectos Religiosos)

Como no puedo saber si cada joven que llora en ese culto lo hace por mero emocionalismo, provocado por las técnicas de manipulación de sonidos, luces y ambiente que le rodea; o por el contrario, está genuinamente siendo convencido por el Espíritu Santo; debo prestar atención a las palabras que con voz quejumbrosa repite una y otra vez el pastor. ¿Qué dice él?: “Dios es un padre bueno que quiere darle lo mejor a sus hijos, así que Él te dará lo mejor hoy”, “Dios quiere concederte todo lo que le pidas en esta noche”, “¡Dios te va a sanar, a consolar y a multiplicar bendiciones sobre ti hoy porque su unción está aquí!”, “Hay personas en este lugar, que han sido lastimadas por una traición o por otro motivo, Dios está sanado ahora tu corazón ¡la unción se manifiesta muy fuerte sobre ti ahora! atento los ujieres, busquen a estas personas y tráiganlas al frente …”

Bueno, la lista de frases es larga, y como notarán no hace falta ser profeta para saber que entre una multitud de personas (miles) habrá más de uno que ha sido lastimado emocionalmente por otro, los cuales con un poco más de presión emocional explotarán en llanto. Pero si en esto debo concederle el beneficio de la duda se lo concedo, creo en la operatividad de los dones del Espíritu. Mas, si ustedes prestan atención a las frases dichas por el pastor, les está afirmando (al comienzo del culto) que son sanados emocionalmente, físicamente, económicamente… así sin más. Es como si tú vas al médico y él te asegura que tu enfermedad tiene cura, pero se olvida de darte el remedio. Al enfermo no solo hay que darle un diagnóstico acertado explicándole muy bien cual es su problema,  hay que decirle que posibilidades tiene de ser curado, hay que darle la medicina y asegurarse de que la tome. 

¿Cuál es la obra más evidente y preeminente que realiza el Espíritu Santo en un avivamiento?: la convicción de pecado. En un Avivamiento genuino, el Espíritu produce convicción de pecado en los inconversos para llevarlos a la salvación, y produce convicción de pecado en los creyentes para llevarlos a la consagración. Salvación y Santidad son las marcas de un Avivamiento genuino. 

Un culto de Avivamiento no consiste en “acariciar” con palabras bonitas al pecador o al creyente tibio; hay que hacerles un diagnóstico veraz. No es buen médico el que engaña a sus pacientes dándoles un diagnóstico benigno para no lastimar sus emociones; tarde o temprano el paciente se dará cuenta de que le han mentido y sufrirá más. No es un buen pastor el que engaña a sus oyentes diciéndoles que “el Papá bueno que está en los cielos quiere colmarlos de bendiciones”, tarde o temprano las ovejas se darán cuenta que la realidad es otra, y tal vez ya sea demasiado tarde para el remedio.  

El diagnóstico veraz para el pecador es: “Porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Para el creyente tibio el diagnóstico es:  “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca(Apocalipsis 3:16). Luego se les presenta el remedio a ambos, y con toda seguridad podemos garantizarles que si obedecen a Dios los unos serán salvados y los otros serán santificados. Dios no es Padre o “Papá” de los impíos, solo de “todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12) Y Dios no responde la oración del creyente tibio: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites“. (Santiago 4:3)
Por tanto haríamos mucho bien a la causa del Evangelio, y a nuestro ministerio, si en vez de esconder la Cruz en nuestra predicación, la expusiéramos claramente.

Dijimos que en un Avivamiento las emociones son esenciales porque el Espíritu Santo las utiliza para mover la voluntad de los oyentes, la apatía no nos llevará a ningún lado. Las manifestaciones exteriores de las emociones no son esenciales, pero son su consecuencia lógica. Personalmente me costaría mucho creerle a alguien el decirme que me ama con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas; si me lo dijera sin un gesto en sus manos, sin énfasis en su voz, sin una sonrisa en sus labios, sin un brillo especial en sus ojos; y más aún si en vez de estar mirándome a los míos cuando me lo dice, está escribiendo un mensaje de texto en su teléfono a otra persona. En realidad creo que a ninguno de nosotros nos alegraría el corazón recibir de esta forma, una expresión de amor o gratitud; y no creo tampoco que el corazón de Dios se conforme con esto.

También me sorprende que algunos no se atrevan a aplaudir o a levantar la voz en un culto para decir ¡Amén! o ¡Aleluya! o hasta se escandalicen por ello, y luego cuando su equipo de fútbol marca un gol gritan y aplauden como locos, ¿acaso se emocionan más con un gol que con la presencia de Dios? “Dios no es sordo” responden algunos, no, claro que no es sordo, ni tu equipo de fútbol lo es tampoco, y sin embargo les gritas sus goles. No son los gritos o los aplausos los que espantan a los inconversos, son los pecados de los que se dicen ser cristianos los que mantienen alejados de las iglesias a los incrédulos. 

El problema surge cuando el predicador quiere hacer la obra del Espíritu Santo, al pretender tocar las emociones de los oyentes, llevarlos a las lágrimas, hacer que las personas reaccionen visiblemente, etc. El predicador debe limitarse a predicar el Evangelio, a dar el diagnóstico veraz para el inconverso y para el tibio, presentar el remedio y exhortar con toda su fuerza y unción a que las personas obedezcan el mandato de Cristo; pero la obra de tocar el corazón solo lo puede hacer el Espíritu de Dios. Pretender hacerlo nosotros es manipulación emocional, no avivamiento. Recuerda, cuando el hombre toca las emociones es emocionalismo, cuando el Espíritu Santo toca las emociones es Avivamiento.

Si personas que tienen problemas personales, ya sean de salud, anímicos, económicos o sentimentales lloran en un culto porque se les promete soluciones para todos sus problemas no es Avivamiento, sencillamente es la expresión egoísta, natural, de quien busca un milagro para sí, sin importar lo demás. Pero si las personas lloran porque han comprendido que están alejadas de Dios, que están perdidas en el pecado o en la desobediencia y desean con todo su corazón volverse a Dios, es una señal saludable de Avivamiento. Si luego, o conjuntamente, esas personas son sanadas o suplidas sus necesidades materiales por la providencia divina, es otra cuestión. El mandato del Señor Jesús es:  Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:33)

Una de las cosas que me impactó al estudiar el Avivamiento de Charles Finney, y me hizo notar esta diferencia fue leer en sus Memorias el siguiente suceso en una iglesia congregacional, cuyo pastor, de nombre Gillett le había invitado a realizar un culto de Avivamiento, presten atención por favor a los detalles:

“Cuando arribamos nos encontramos que la espaciosa sala de la parte delantera de la casa se encontraba abarrotada de gente. El señor Gillett miró a la multitud sorprendido y con manifiesta agitación, pues se dio cuenta de que la reunión estaba compuesta por muchos de los más inteligentes e influyentes miembros de su congregación, y que estaba especialmente constituida por el primer rango de los hombres jóvenes del lugar. Teníamos pocos instantes intentando conversar con los asistentes cuando noté enseguida que el sentimiento era tan profundo que había el riesgo de un estallido emocional casi incontrolable. Fue por esto que le dije al señor Gillett: “No es bueno que la reunión continúe de esta manera. Haré algunas observaciones, las que les sean necesarias a estas personas, y luego las despediré; mandándoles a que supriman sus sentimientos, para que de esa manera no se produzcan clamores en las calles cuando se conduzcan a casa”. No se hizo o dijo nada como para crear tal agitación en la reunión. El sentir fue espontáneo. La obra era tan poderosa que tan solo unas pocas palabras podían hacer que los más fornidos de los hombres se retorcieran en sus asientos como si una espada les hubiera traspasado el corazón. Para alguien que jamás ha visto una escena semejante quizás resulte imposible entender el tremendo poder que tiene a veces la verdad en manos del Espíritu Santo. La verdad se había constituido, de hecho, en una espada de dos filos. El poder que ésta produce cuando es presentada como escrutadora en unas pocas palabras, puede crear una angustia tal que resulta insoportable. El señor Gillett se agitó sobremanera. Se puso pálido y dijo, con mucha agitación: “¿Qué haremos? ¿Qué haremos?” Puse mi mano sobre su hombro y le dije susurrando: “Quédese en silencio. Quédese en silencio, señor Gillett”. Luego me dirigí a los presentes en la forma más gentil y clara que pude; pidiéndoles poner su atención de manera inmediata en el único remedio disponible, asegurándoles que tal remedio era uno presente y totalmente suficiente. Les señalé a Cristo como Salvador del mundo, y me mantuve en esa línea tanto como pudieron soportarlo, que de hecho fue unos pocos instantes. El hermano Gillett se agitó a tal extremo que me acerqué a él y tomándole del brazo, le dije: “Oremos”. Nos arrodillamos en medio del salón en el que nos encontrábamos y conduje la oración en una voz baja y desapasionada, mas intercediendo ante el Salvador para que interpusiera su sangre en uno y otro lugar, para que guiara a los pecadores presentes a aceptar la salvación que Él ofrece y para que creyeran, para que así fueran salvas sus almas. La agitación se profundizaba a cada instante, y mientras escuchaba sus sollozos, suspiros y su respirar, cerré la oración y me puse de pie súbitamente. Todos se pusieron de pie y les dije: “Ahora, por favor, vayan a casa sin hablar ni una palabra entre ustedes. No digan nada, traten de mantenerse en silencio, y no rompan en manifestaciones de sentimientos; y así, sin hablarse entre ustedes y teniendo sus sentimientos bajo control, por favor, vayan a sus habitaciones sin decir palabra”. En ese momento, un joven de apellido Wright, que era empleado en la tienda del señor Huntington y quien era uno de los principales jóvenes del lugar, apunto del desmayo cayó a los pies de otros jóvenes que estaban de pie cerca de él. En ese momento los demás jóvenes como que se desvanecieron y cayeron todos juntos. Esto bien pudo haber producido estrepitosos alaridos, pero les calmé y le dije a los jóvenes: “por favor, dejen la puerta bien abierta, salgan y dejen que todos se marchen en silencio”. Hicieron lo que les pedí y salieron sin gritar, sollozando y suspirando. Pero esos sollozos y suspiros podían escucharse a medida que iban por las calles. El señor Wright, de quien me he referido, me dijo más tarde que su angustia era tan grande que tuvo que taparse la boca haciendo uso de toda la fuerza de sus brazos hasta que llegó a casa. Permaneció en silencio hasta que cruzó la puerta del lugar donde vivía, y no pudo contenerse más. Cerró la puerta, cayó al piso y estalló en altos lamentos ante la terrible condición en la que se encontró. Esto hizo que su familia le rodeara enseguida, y la convicción se esparciera sobre ellos. Supe después que escenas similares a esta se produjeron en varias familias. Se confirmó más tarde que varios se convirtieron en la reunión y se fueron a sus casas tan llenos de gozo que casi no podían contenerse.”     (Memorias de Charles Finney – Capítulo VIII)

Finney actuó de modo contrario a lo que harían la mayoría hoy en día, es decir cuando notó que la gente estaba profundamente afectada, en lugar de presionar a las personas hasta que explotase la emoción para luego decir “¡que culto más poderoso tuvimos hoy!”; habló a las personas en una forma “desapasionada”, en un tono de voz tranquilo y normal, presentándoles en pocas palabras el mensaje de la Cruz, cortó el culto de manera súbita y mandó a las personas a sus hogares para que el Espíritu Santo culminase la obra empezada, y el Avivamiento revolucionó la ciudad. 

Hermanos, trabajemos por un Avivamiento en cada congregación. Nuestro trabajo consistirá en orar y predicar el Evangelio, el trabajo del Espíritu Santo será el de dar convicción tanto a los inconversos como a los tibios, Él moverá sus emociones y voluntades para producir cambios duraderos. No pretendamos nosotros hacer el trabajo del Espíritu,  pues solo provocaremos emocionalismo y resultados pasajeros. 

Aprendamos de las experiencias de los santos que nos precedieron, leamos para finalizar, el testimonio de John Wesley, líder del Gran Avivamiento del Siglo XVIII en Inglaterra:

“El sábado 24 de noviembre fui a Everton, donde había estado unos meses antes. El domingo de tarde la presencia de Dios se hizo sentir entre nosotros, aunque más bien para confortar que para convencer. Pero observé una diferencia notoria en la manera de trabajar ahora, de lo que había visto en mi visita anterior. Nadie entró en trance; nadie emitió gritos; nadie se cayó ni se produjeron convulsiones. Solamente algunos experimentaron temblores fuertes, y se escuchaba un murmullo; pero muchos se sintieron refrescados y renovados por una gran paz. El peligro estaba en considerar demasiado importantes las circunstancias extraordinarias tales como gritos repentinos, convulsiones, visiones, trances, como si estas cosas fuesen esenciales para la obra en el interior del ser, de tal manera que esa obra no podía continuar si no se experimentaban. Tal vez el peligro radique en darles demasiada poca importancia; en creer que hay que condenar esas cosas totalmente; imaginar que no tienen nada que ver con Dios y que son un entorpecimiento para el trabajo. Mientras que la verdad es: (1) Inesperadamente, Dios ha convencido con fuerza a muchos que eran pecadores y estaban perdidos, y la consecuencia natural fueron los gritos repentinos y las fuertes convulsiones corporales. (2) Para robustecer y animar a los que creían, y hacerles más evidente su obra, Dios favoreció a muchos con sus sueños de origen divino; con trances y con visiones. (3) En algunos de estos casos, después de un tiempo, la naturaleza se mezcló con la gracia. (4) A su vez Satanás imitó esta parte de la tarea divina, con el fin de desacreditar toda la obra. Con todo, no es sabio el abandonar esta parte como tampoco lo es el renunciar a la misma. Al principio, es indudable que era totalmente de Dios. En parte lo es todavía hoy. Y él nos capacitará para poder discernir, en cada caso, hasta dónde la obra es pura y hasta dónde está mezclada.” (John Wesley, sobre las Primeras Sociedades Metodistas)

 

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar El Avivamiento y las Emociones

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Avivamiento y Emociones - I - Diarios de Avivamientos

Avivamientos

 

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El cristiano y la aflicción – cuando el enemigo nos rodea

 El cristiano y la aflicción - rodeados por el enemigo

sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores (2 Corintios 7:5b)

Inexplicablemente, llegan períodos a nuestra vida donde en todo somos atribulados. El ejército enemigo nos ha rodeado y se ha acercado tanto que está a la puerta de nuestra fortaleza; desde lo alto de nuestra torre del vigía podemos mirar hacia los cuatro costados y todo son conflictos en nuestro horizonte. Y digo inexplicablemente porque esto nos acontece precisamente cuando estábamos caminando en la voluntad de Dios, cuando empezábamos a notar progresos en nuestra vida espiritual, en nuestro servicio a Dios; es decir cuando nadie podría, como los amigos de Job, acusarnos de: “esto te pasa por…”

El apóstol Pablo, unas líneas antes del versículo mencionado dice en 2 Corintios 7:2 “Admitidnos: a nadie hemos agraviado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado.” ¿Entonces cuál es el porqué de la tribulación, de los conflictos externos, de los temores internos? La tribulación no tiene otra explicación que la soberana voluntad de Dios.

Una amiga mía,  que vive con los pies en la tierra pero con el corazón en el cielo, me envió recientemente el siguiente texto para animarme en mis aflicciones: 

“Dios no desperdicia el sufrimiento, ni corrige por capricho. Si Él ara, es porque se propone a cosechar. Pedro aconseja: “No os sorprendáis si descubrís que la llama ardiente de la persecución anda entre vosotros para someteros a prueba”, y el escritor de Hebreos nos asegura que “después proporciona a aquellos que han pasado por su escuela, un resultado lleno de paz” Es así que, aparentemente, la vida ha de ser una serie de pruebas en la escuela de Dios. Las pruebas que Él manda o permite, son en realidad su voto de confianza, pues no permite que suframos pruebas superiores a nuestro poder de resistencia” (J. Oswald  Sanders – Prefacio de “Una hoja verde en tiempo de sequía”)

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese (1 Pedro 4:12).  No os sorprendáis si de pronto veis que estáis rodeados de conflictos por fuera y de temores por dentro. Seguramente se sorprendan tus conocidos, y tal vez algún “amigo de Job” aparezca para insinuarte que “algo habrás hecho mal y te lo mereces”. Pero como ya dijimos, la tribulación no siempre tiene explicación, y no estamos obligados a dar explicaciones a otros de lo que ni nosotros mismos somos capaces de entender. Pedro solo nos dice: no os sorprendáis y en seguida nos dice sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo.

Una de las cosas más difíciles en tiempo de tribulación es ver más allá de la misma tribulación, nuestros ojos naturales se enfocan en el conflicto, en el ejército que nos rodea, en los problemas que nos agobian, y ahí se detienen. ¿Pero qué hay detrás de eso? – “La mano del diablo” me dirás. No, no hagas al diablo soberano, mira más allá ¿quién mueve la mano del diablo?

¿Recuerdas la historia de Job?

Job 2:3-6 Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa?  Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.  Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.

Sobre la torpe y maliciosa mano de Satanás está la firme y misericordiosa mano de Dios que la mueve hacia donde Él quiere y la deja presionar hasta donde Él considere necesario. Es sorprendente que al principio del libro de Job, Dios autorice a Satanás a descender hasta Job para atribularlo; pero al final del libro cuando llega el momento de hacerle entender a Job el fruto de la aflicción sea Dios mismo quien desciende y le hable a su siervo: Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo(Job 38:1)

Al principio solo notarás las luchas, las dificultades y los temores, como si el aliento ardiente del mismo Satanás te quemara el rostro con aflicción, pero si permaneces fiel, al final notarás como Dios echa a un lado al diablo que usó como instrumento y desciende Él mismo a consolarte y a hacerte entender el porqué de su trato especial contigo.

¿Recuerdas la historia de Pedro? 

Lucas 22:31-32 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Jesús confirma lo que es evidente en toda la Escritura: Satanás no puede hacer nada sin la autorización de Dios. Suena raro decirlo, pero nosotros no somos los únicos que le pedimos cosas a Dios, el diablo también le pide: le pide zarandearnos y probarnos. 

“pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte” le dice el Señor a Pedro, pero no solo le dice el principio (la prueba que ha de pasar) sino el final (el fruto de la prueba superada): y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 

El escritor de la carta a los Hebreos dice de Jesús:  por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (Hebreos 7:25) No olvides nunca que nuestro Soberano Señor Jesús está sentado a la diestra del Padre e intercede siempre por ti y por mí para que nuestra fe no nos falte en la hora de la prueba. 

¿Te acuerdas del mensaje de Jesús a la iglesia de Esmirna?

Apocalipsis 2:10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.

Jesús le advierte a la Iglesia que va a padecer, no le dice el “por qué”, solo le advierte el instrumento que usará para probarlos (el diablo), le advierte el método (cárcel), le advierte el tiempo exacto que durará (diez días) y le anima recordándole el “para qué”, el premio de la fidelidad: yo te daré la corona de la vida.

Ten presente siempre que en la vida espiritual los ¿por qué? le pertenecen solo a Dios y a su soberanía, a nosotros nos toca confiar en que todo está bajo Su control y de esa manera permitir que se produzca el fruto.

“La disciplina es siempre preparatoria de la bendición y no puede traer otra cosa que bendiciones cuando se la recibe adecuadamente. Es aquí donde reside nuestra responsabilidad. La comida no digerida es veneno, no una bendición. Las disciplinas que no se reciben correctamente, amargan en lugar de endulzar el carácter. Preguntar quejumbrosamente “¿Por qué?” cuando el castigo recae sobre nosotros es, en efecto, acusar al omnisapiente Dios lleno de amor, de ser caprichoso. Él no desgarra el corazón meramente para demostrar su poder y soberanía, sino para prepararnos para ser más fructíferos. Poda cada rama que no da frutos para aumentar su rendimiento. La disciplina tiene un propósito. ¿Cómo reaccionamos al arado de Dios? ¿Nos suaviza, nos sojuzga, nos castiga? ¿O endurece y entiesa nuestra resistencia a su voluntad? ¿Nos endulza o nos amarga? (J. Oswald Sanders – libro: Madurez espiritual)

Dejadlo arar, Él tiene como propósito cosechar“. Decía Samuel Rutherford en sus horas de aflicción. 

Isaías 28:24 El que ara para sembrar, ¿arará todo el día?

Recordemos lo que Jesús le dijo a la iglesia de Esmirna: y tendréis tribulación por diez días. Antes de que comiences la prueba ya el buen Señor determinó el tiempo exacto en que Él arará tu tierra para sembrar.

“Arar es solo un medio para llegar a un fin. Cuando este se logra, su arado cesa. En la historia de Israel se puede ver el discernimiento del Dios de este pueblo. Durante cuatrocientos treinta y siete años el arado de la tiranía egipcia maduró a través de la tierra dura de la nación hebrea, un desierto no prometedor en el que Dios vio posibilidades de una rica cosecha; pero no podía haber cosecha sin arado. Tan pronto como la disciplina del látigo del capataz egipcio hubo logrado su propósito, fue eliminada. Él no permitió que su pueblo se angustiara bajo la opresión de sus amos ni un día más que el necesario para lograr el propósito benéfico divino. Tan pronto como estuvieron preparados para recibir la liberación, Él los condujo al descanso, la abundancia y la victoria de Canaán. Pero solo la severidad de la disciplina los independizó de Egipto. El granjero hábil discrimina entre un suelo y otro. El suelo liviano y arenoso requiere solo un arado breve y ligero. La arcilla dura y agria requiere un tratamiento totalmente diferente para producir una cosecha. Debe dejársela desnuda al sol y drenarla. El arado debe hundirse profundamente en el subsuelo, tan profundamente como se pueda. El suelo debe ser rastrillado y rastrillado hasta que se rompan los terrones y haya una fina capa labrada donde la semilla germine y crezca. El granjero está discerniendo sobre la duración de su arado. No solo debe desarraigar y arar continuamente su tierra. Trata cada suelo de acuerdo con su necesidad. ¿No es esta la explicación de la diferente incidencia del sufrimiento, la angustia y las pruebas? Se puede confiar en el “agricultor celestial”, en la adaptación, en los tiempos y en la duración de las disciplinas que permite su amor. Estamos a salvo en sus manos.” (J. Oswald Sanders – libro: Madurez espiritual)

En los capítulos anteriores hablamos de Eliseo, quiero para terminar, que repasemos un maravilloso suceso en la vida de este hermoso siervo de Dios cuando estando en la ciudad de Dotán, el rey de Siria quiso acabar con él.

2 Reyes 6:14-17 Entonces envió el rey allá gente de a caballo, y carros, y un gran ejército, los cuales vinieron de noche, y sitiaron la ciudad.
 Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?
 El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.
 Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

Como dije al principio, puede que en este día estés parado en la torre del vigía, y mires a tu alrededor y todo sean conflictos por fuera y temores por dentro; estás rodeado, acechado, sintiendo el aliento de tu enemigo por todas partes, no puedes huir… no debes huir. Tu alma gime como el salmista:

 ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador?
¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?
 ¿Por qué retraes tu mano?
¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?
 Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;
El que obra salvación en medio de la tierra.

No entregues a las fieras el alma de tu tórtola,
Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.

Salmos 74:10-12,19

¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? Fue el clamor angustioso del criado que solo podía ver la aflicción y al ejército enemigo. Mas Eliseo se mantiene firme, está mirando hacia la misma dirección que su ayudante pero puede ver más allá, no está mirando la mano del enemigo sino viendo la mano soberana que mueve la mano de su adversario; no está mirando al gran ejército que tenía sitiada la ciudad, está viendo al ejército celestial que le rodea para defenderlo.

El criado y Eliseo están en la misma situación, pero mientras el criado mira lo natural, el profeta está viendo lo espiritual. Mientras el criado mira al ejército enemigo el profeta ve al ejército amigo. Mientras el criado tiembla de espanto, el profeta dice: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.(vs. 16) Uno grita angustiado: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? (vs. 15)… el otro: Y oró Eliseo. (vs. 17)

No podemos evitar que vengan las pruebas y tribulaciones, ni podemos evadirnos de ellas, pero debemos afrontarlas con un diagnóstico acertado:

  • ¿Quién tiene el control absoluto de la situación: Satanás, yo, o Dios?

1 Corintios 10:13 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

  • ¿Estoy solo frente al enemigo?

Salmos 34:6-7 Este pobre clamó, y le oyó Jehová,  Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.

  • ¿Mis aflicciones son un sinsentido?

Hebreos 12:11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Podemos después de esta pequeña reflexión confesar con todo nuestro corazón:

Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;
Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.
 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.
 Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,
Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;
Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.

Salmos 27:3,5-6

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Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar – de la Serie – Estudios sobre el liderazgo cristiano – IV

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El cristiano y la aflicción - cuando el enemigo nos rodea - Liderazgo IV

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El liderazgo: Verdaderos discípulos – De Elías a Eliseo – Capítulo III

De Elías a Eliseo

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Mateo 8:19-22 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.

Cuando Jesús hablaba, hasta los escribas y fariseos quedaban admirados y sin palabras; cuando Jesús hablaba los vientos y la lluvia cesaban; cuando Jesús hablaba los demonios eran expulsados, los muertos resucitados, las multitudes se agolpaban, los alimentos eran multiplicados y los enfermos sanados. Era tentador seguir a un hombre así, era emocionante pensar hasta dónde llegaría un hombre con estas capacidades: ¿a ser el más grande y reconocido maestro (rabbí) de Israel? o tal vez ¿a libertador de la opresión romana y rey de la nación?… seguramente nadie, a excepción del propio Cristo, tenía en mente que el camino entre multitudes pronto se convertiría en un camino solitario hacia la Cruz.

El Señor dijoal que a mi viene de ningún modo lo echaré fuera(Juan 6:37 – LBLA) Jesús a todos llama y no impide a nadie seguirle, pero no quiere meros simpatizantes, admiradores ni fanáticos, sino discípulos conscientes de que deben ser en todo iguales a su Maestro, incluso en los padecimientos:

Mateo 16:24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

Filipenses 1:29 Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él,

“Nada ha perjudicado tanto al Cristianismo como la práctica de engrosar las filas del ejército de Jesucristo con cada voluntario que se manifieste dispuesto a hacer profesión de fe y a hablar dilatadamente de sus sentimientos religiosos. No es el número lo que constituye la fuerza, y puede suceder que haya mucha religión externa y muy poca gracia. Recordemos esto, y no ocultemos la realidad a los jóvenes que quieran hacer profesión de fe. Digámosles con sinceridad que al fin de la peregrinación encontrarán una corona de gloria, pero que es preciso que por el camino lleven a cuestas una cruz.” (Los Evangelios Explicados por J. C. Ryle)

“Es como si Jesús le dijera a aquel hombre: «Antes de seguirme, piensa en lo que vas a hacer. Antes de seguirme, calcula el precio.» Jesús no quería seguidores arrebatados en un momento de emoción, que se inflamaran como la paja y desaparecieran con la misma rapidez. No quería personas arrastradas por el flujo, y luego por el reflujo de una marea de meros sentimientos. Quería personas que supieran lo que estaban haciendo… Esto no es enfriar el entusiasmo, pero sí decir que el entusiasmo que no se enfrenta con los hechos pronto será ceniza en vez de llama.
Nadie podrá decir jamás que siguió a Jesús engañado. Jesús era transparentemente claro y sincero a ultranza. Le hacemos a Jesús un flaco servicio si hacemos alguna vez que la gente piense que el camino cristiano es fácil. No hay nada más emocionante que el camino de Cristo, ni gloria como la que hay al final de ese camino; pero Jesús nunca dijo que era fácil. El camino a la gloria pasa necesariamente por la Cruz.” (William Barclay)

Pasando Elías junto a Eliseo echó sobre él su manto en señal de elección y llamamiento

1Reyes 19:20 Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Vé, vuelve; ¿qué te he hecho yo?

Eliseovino corriendo en pos de Elíasy este le dice  “Vé, vuelve; ¿qué te he hecho yo?” era como si le dijese: “no soy yo el que te llama sino Dios“. Eliseo lo sabía, por eso renunció a todo lo suyo, mató sus bueyes, rompió su arado, coció la carne y la dio al pueblo. Estaba renunciando a la vida que hasta ahora llevaba, para obedecer al llamado, una renuncia total; había considerado el costo de ello y asumía el precio de la obediencia. A diferencia del discípulo que quería seguir a Jesús pero antes enterrar a su padre, Eliseo no puso eso como un “luego te seguiré”, sino como un testimonio público de su renuncia a todo lo que poseía, una confesión abierta e inmediata ante sus padres y su pueblo. 

Elías, como Jesús, no tenía donde reposar su cabeza. Elías, como Jesús, pronto sería alzado de este mundo. Es más fácil para el discípulo caminar junto al maestro al que ve, pues ante cualquier duda responderá el maestro, ante cualquier problema allí estrá el maestro para resolverlo y ante cualquier enemigo allí se interpondrá el maestro para defender a los suyos. Pero tanto Jesús como Elías estaban preparando a los discípulos para caminar por fe y no por vista, y si estos no tenían bien claro que el llamamiento provenía de Dios y no de hombres, pronto el entusiasmo se convertiría en cobardía, y el discípulo en desertor.

“La vida de Jesús empezó en un establo prestado y acabó en una tumba prestada.” (Plummer)

Elías tampoco tenía nada propio, era un prófugo, lo buscaba la reina Jezabel para degollarle. Es interesante que cuando el rey Acab se encuentra con el profeta le saluda de esta manera: ¿Eres tú, perturbador de Israel? Elías le respondió: Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque habéis abandonado los mandamientos del SEÑOR y habéis seguido a los baales. (1 Reyes 18:17-18)  

A Elías le acusaban de perturbar al pueblo, pues predicaba en contra de la corrupción espiritual, y denunciaba el abandono de los mandamientos de Dios por parte de los líderes. A Cristo mismo lo acusaron los líderes religiosos de su tiempo: Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo (Lucas 23:13-14) A los primeros cristianos también se les acusaba de ello: Estos que trastornan el mundo entero. (Hechos 17:6).  Si un predicador no perturba, no trastorna a los pecadores con su mensaje, difícilmente esté hablando en la autoridad de Dios.

Elías era un “hombre molesto” como lo son todos aquellos que no disfrazan la realidad para el gusto del consumidor. Mas adelante cuando el rey Acab, instigado por su mujer Jezabel, hace matar a Nabot para quedarse con su viña, el profeta Elías le sale nuevamente al encuentro para denunciar su maldad: Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová. (1 Reyes 21:20) Si denuncias la maldad no te llamarán amigo, si reprendes al perverso te llamarán enemigo. Es mejor que te llamen enemigo los enemigos de Dios a que te llamen amigo, pues eso significa que haces la vista gorda a sus maldades.

Un discípulo de Cristo no puede esperar otra cosa que seguir las huellas de Sus pisadas, y ser consciente de que en esas huellas aún está  fresca la sangre de su Maestro. Si como meta de nuestro llamado ponemos el éxito, constantemente, en lo más intimo de nuestro corazón nos sentiremos frustrados por los contratiempos. Si como meta de nuestro llamado ponemos la Cruz, todas las dificultades que pasemos nos sabrán a éxito porque Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él.  (2 Timoteo 2:11-12) 

Después que Eliseo renuncia a sus comodidades materiales para seguir el llamado, se dedica a servir a Elías, tal vez por unos ocho años aproximadamente, hasta que su maestro es llevado por Dios; de este período nada se nos dice de él, es a partir de que su maestro le es quitado cuando comienza su gran ministerio de fe. De igual modo los verdaderos discípulos de Cristo impactaron al mundo después de los sucesos de muerte, resurrección y ascensión de su Maestro, pues allí comenzaron a vivir realmente por fe.

Es fácil profetizar cuando se está entre profetas, como Saúl  Y fue a Naiot en Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y siguió andando y profetizando… De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profetas? (1 Samuel 19:23- 24) aunque la realidad era que Dios ya lo había desechado por desobediente  Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? (1 Samuel 16:1)
Es fácil en un momento de emocionalismo correr detrás de Jesús gritando ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!  (Juan 12:13) Aunque luego esos gritos se convirtiesen en rechazo Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!  (Mateo 27:22).

Los verdaderos discípulos no son personas encandiladas por algún milagro, o contagiados por la euforia de la multitud. Los genuinos discípulos son los que han considerado el costo que implica obedecer al llamamiento, llamamiento que no viene de un hombre sino de Dios mismo. Son personas que han visualizado la Cruz, han asimilado que muchas veces tendrán que padecer soledad, incomprensión, traición, burla; hasta el punto de que se les acuse de trastornar al pueblo, por predicar en contra de la corrupción y mundanalidad de los que se dicen “pueblo de Dios” pero corren tras los baales.  Pero recuerda, para esto fuiste llamado, no fuiste llamado para las luces del éxito y los aplausos de las multitudes, sino para hacer la voluntad del que te escogió, aunque esa voluntad tenga forma de cruz. 

Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.  (1 Pedro 2:21)

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar – de la Serie Estudios sobre el Liderazgo Cristiano – de Elías a Eliseo.

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De Elías a Eliseo - Verdaderos discípulos - Liderazgo III

Avivamientos

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Estudios sobre el liderazgo cristiano II – El llamamiento de Eliseo

llamamiento de Eliseo

Estando escondido en una cueva del monte de Horeb (Sinaí) y tras oír un silbo apacible y delicado que daba testimonio de la presencia de Dios, el profeta oye la voz que le pregunta: ¿Qué haces aquí, Elías? 

1 Reyes 19:14 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.

Este guerrero de Dios había combatido incansablemente el culto a Baal, hasta el punto de quedarse completamente exhausto, rendido, casi dando la causa por perdida. Recordemos que Baal era básicamente el dios de la prosperidad, los cananeos le atribuían a él la lluvia que fertilizaba los campos y las cosechas, también le atribuían la fertilidad que multiplicaba el ganado y la de las personas. Hay un pasaje bíblico sorprendente en cuanto a esto

Oseas 2:8 Y ella (Israel) no reconoció que yo le daba el trigo, el vino y el aceite, y que le multipliqué la plata y el oro que ofrecían a Baal.

Dios era quien proveía a Israel, sin embargo el pueblo buscaba y atribuía esa prosperidad a Baal y le entregaban las primicias de sus cosechas, de sus ganados, le sacrificaban sus primogénitos haciéndolos pasar por el fuego y le ofrecían plata y oro, buscando así ser prosperados en mayor manera. La prosperidad de la tierra de Canaán estaba fundamentada en la lluvia, todo dependía de ella así como Egipto dependía de las crecientes del Nilo. Baal era considerado el señor de la lluvia, si llovía todo prosperaba, por eso Elías había orado y no llovió por tres años y seis meses, para demostrar que Baal no era quien mandaba la lluvia sino Jehová. 

Israel había dejado los mandamientos de Dios y habían corrido tras la falsa promesa de prosperidad ofrecida por los sacerdotes de Baal.  “Sólo yo he quedado” se queja Elías en el monte Sinaí (Horeb), en el mismo lugar donde Dios le había dado los Mandamientos de la Ley a Moisés. La respuesta de Dios fue: Y le dijo Jehová: Vé… Todavía le quedaba trabajo por hacer al siervo de Dios. Aquí también se le revela quien sería su sucesor:

1Reyes 19:16b,18  y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar… Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

Es muy probable que Elías no haya conocido a Eliseo hasta entonces. Desde la época del profeta Samuel escuchamos de la existencia de las “compañías de profetas” o de los “hijos de los profetas”, pero no es de una escuela de profetas de donde surgirá el sucesor, sino de detrás del ganado:

1 Reyes 19:19-21 Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Vé, vuelve; ¿qué te he hecho yo?  Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

Este llamamiento nos recuerda al del profeta Amós:

Amós 7:14-15 Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres.  Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Vé y profetiza a mi pueblo Israel.

El llamamiento no está fundado en los méritos del que es llamado sino en los méritos de Aquel que llama. Hay un dicho que reza “Dios tiene hijos, no nietos“, el cual no deja de ser una gran verdad porque nadie es cristiano por tener padres cristianos, sino por arrepentirse y experimentar el “nuevo nacimiento”. Que Eliseo no haya pertenecido a familias de profetas no le impedía ser elegido por Dios como el sucesor, nada más y nada menos, que del gran profeta Elías. La elección es de Dios, y si Él te ha llamado ten por seguro que aunque ahora te encuentres detrás del ganado, en una posición insignificante, a su tiempo el Señor que te llamó te pondrá en el lugar que está reservado para ti: fiel es el que os llama, el cual también lo hará (1Ts 5:24).

Ahora, hay cualidades en Eliseo que lo hacen ser un hombre especial, yo diría maravillosamente especial, uno de mis favoritos. La Biblia narra su vida a partir de su encuentro con Elías, pero seguramente por años, en la sombra, Dios estuvo tratando con su vida, con su carácter, con sus hábitos;  con el fin de formarlo y capacitarlo para que llegado el momento  ocupara su posición de liderazgo. ¿Cuántos días de su rutina, tras los bueyes, mirando siempre el mismo paisaje, la misma tierra, Eliseo habrá sentido en su corazón arder la llama del celo por las cosas santas? ¿Cuantas veces tras la yunta de bueyes, habrá caminado con los ojos puestos en el cielo buscando una respuesta de Dios para ese anhelo de servirle? ¿Cuántas veces habrá llorado Eliseo mirando cómo Israel se prostituía tras los baales? De esta formación la Biblia nada nos dice, pero podremos conocer los frutos de ella mediante la actitud que adoptará Eliseo ante cada situación que se le presente en el futuro.

Al parecer Eliseo pertenecía a una familia con un cierto nivel de recursos, pues poseían tierras y muchas yuntas de bueyes propios. Cuando Elías se encuentra con él y le coloca su manto encima, Eliseo comprende inmediatamente que esa era la confirmación del llamado de Dios, y que ese llamado implicaba renuncia. Renuncia primeramente a vivir en el confortable hogar junto a sus padres, por eso le pide a Elías que le deje ir a besarlos. Obviamente, en aquella época, esto no se trataba solo de un beso; era toda una ceremonia de despedida. Eliseo toma dos bueyes, tal vez la parte de su herencia, los mata y cuece la carne con la madera del arado ¿y que hace? “la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.” (1 Reyes 19:21)”.  Este es un gesto extraordinario de un hombre extraordinario, Eliseo renuncia a las posesiones terrenales, siendo rico se hace pobre, y siendo libre se hace siervo por amor de Dios.

Esto nos recuerda aquel episodio de Jesús y aquel hombre joven que le preguntó:

Lucas 18:18-23 … Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.  Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.

 Eliseo seguramente había guardado desde su juventud los mandamientos de Dios, pero no se conformó con eso, repartió lo suyo entre el pueblo y se fue tras Elías. Cuando el pueblo de Israel corría tras los baales en busca de prosperidad, un hombre renuncia a todo lo material por obedecer al llamamiento, ese hombre era Eliseo y dejaría una huella imborrable en la historia de Israel.

¿Cuantos jóvenes que sueñan con el “ministerio” dicen: Señor envíame a mí, llámame a mí, úngeme a mí, levántame a mí? Seguramente muchos, cada noche, en cada altar, en cada culto; pero ¿cuántos renunciarían a lo material, al confort, al hogar, a la seguridad, a la comodidad y a la reputación  para hacer más efectivo el servicio?… Hoy el ministerio de éxito se ha convertido en sinónimo de prosperidad, si te ves bien, te vistes bien, te rodeas de muchos bienes, es porque “Dios está contigo”. Israel también lo creía por eso corría tras Baal. Elías se vestía con ropa tosca, Eliseo se quedaba sin nada y se hacía siervo, pero pocos hombres experimentaron el poder de Dios tan asombrosamente como ellos dos.

No hay nada más peligroso que un ministro avaro, codicioso y ambicioso. ¿Cuántos estarían hoy dispuestos a matar sus bueyes, y con la madera del arado cocerlos y darle de comer al pueblo? Creo, mas bien, que muchos harían una reunión especial para levantar una ofrenda y poder comprarse unos bueyes con arado “último modelo”…

Dios no eligió a Eliseo por sus virtudes, lo eligió antes, pero pacientemente lo fue formando y transformando, moldeando en él esas virtudes que lo harían extraordinario. El tesoro, la riqueza de los hombres de Dios no está en lo exterior, sino en el interior; es allí donde reside el secreto de los ministerios que producen marcas profundas en la historia de la Iglesia. Por fuera son vasos de barro, pero por dentro están llenos de la excelencia del poder de Dios. 

Eliseo fue uno de los siete mil que no doblaron la rodilla delante de la prosperidad de Baal y Dios lo levantó con poder en medio de su generación… ¿y tú? ¿estás dispuesto a sacrificar tus bueyes?

 

Gabriel Edgardo LLugdar – Estudios sobre el liderazgo cristiano – De Elías a Eliseo

 

 

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Los Milagros y la Presencia de Dios – El profeta Elías

Los Milagros y la Presencia de Dios - el profeta Elías

Cuando el fuego de Dios descendió del cielo, consumiendo el holocausto presentado por Elías en el monte Carmelo, ante la atónita mirada de Acab (rey de Israel), de los sacerdotes de Baal (los protegidos de la reina Jezabel)  y ante la expectante mirada del rebelde pueblo de Israel; Jehová se reveló a si mismo como el único Dios verdadero y a Elías como su verdadero profeta. Sin embargo este exitoso suceso desembocó en una sentencia de muerte para Elías, la reina prometió degollarle como él lo había hecho con los profetas de Baal.

1Reyes 19:2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.

Elías entra en un momento de depresión, seguramente él esperaba que después de aquella portentosa manifestación de Dios, el pueblo, el rey y la reina se convirtieran de sus malos caminos y todo resultase en una fiesta para Israel. Sin embargo, este santo varón experimenta tal angustia que sentándose debajo de un enebro le dice a Dios:  Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Mas el misericordioso Señor, en lugar de quitarle la vida le fortalece; y si antes, en el arroyo de Querit cuando Elías estaba en la plenitud de sus fuerzas, le había enviado cuervos que le llevasen alimento, ahora en su depresión, Dios le envía a su propio ángel para alimentarlo.

1Reyes 19:5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.

Elías se sentía en un punto miserable, hasta culpable: pues no soy yo mejor que mis padres”, ahora necesitaba una manifestación del amor de Dios, en este caso la presencia de un cuervo no hubiese ayudado mucho. Así, nuestro clemente Señor sabe suplirnos nuestra necesidad exterior enviándonos o un cuervo o un ángel, según sea nuestra necesidad interior. 

Elías continúa camino hasta el monte de Horeb (Sinaí),

1Reyes 19:8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.

Horeb, el monte de Dios,  el mismo lugar donde el Señor se le manifestó a Moisés:

Éxodo 3:1 Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza…

Ahora Elías, estando en el monte Horeb se esconde en una cueva:

1Reyes  19:9 a Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche.

Probablemente era la misma cueva donde Dios escondió a Moisés para mostrarle su Gloria, cuando Dios le había prometido: “Mi presencia irá contigo y te daré descanso”, y Moisés le había implorado: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”.

Éxodo 33:18-23 Él (Moisés) entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.  Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti… No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá… He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

Seis siglos después, en el mismo monte, Dios también le manifestaría Su Gloria, Su Presencia, a su siervo Elías:

1Reyes 19:11-13 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

Podemos experimentar los milagros de Dios, pero eso no significa que experimentemos o conozcamos Su Presencia. El pueblo de Israel había experimentado tremendos milagros en Egipto (las diez plagas), y muchos más como los que experimentó en el desierto camino a Canaan (cruce del Mar Rojo, maná, lluvia de codornices, columna de fuego y de nube, etc); sin embargo todo quedaba reducido a una experiencia externa, seguían siendo un pueblo rebelde de dura cerviz.

El fuego, el viento, el terremoto…  son manifestaciones de Dios que provocan manifestaciones en los hombres (asombro, espanto, shock, y todo tipo de emociones) pero no producen transformaciones en el interior de los hombres, solo la Presencia de Dios transforma a las personas. La experiencia de los milagros puede olvidarse, pero el experimentar la presencia de Dios nunca se olvida. Los milagros pueden producir gratitud, pero Su Presencia produce amor en nosotros. 

Faraón y el pueblo de Egipto, experimentaron y fueron testigos directos  del obrar milagroso de Dios, sin embargo no cambiaron sus vidas, no creyeron, ni amaron a Dios. El pueblo de Israel fue testigo privilegiado de los milagros más extraordinarios, y sin embargo, muchos de esos testigos cayeron en su travesía por el desierto en la más terrible rebeldía, la mayoría de ellos no entraron a la tierra prometida, la mayoría de ellos nunca amaron a Dios.

Podemos vivir sin los milagros de Dios, pero no podemos vivir sin Su Presencia. Podemos experimentar y ser testigos de un sin fin de milagros de Dios, pero eso no es garantía de que le conozcamos a Él. Sabiendo esto, Moisés no pidió más poder, ni mas manifestaciones, ni más prodigios, le rogó a Dios por Su Presencia. Por eso  hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Éxodo 33:11).

Los milagros o manifestaciones de Dios (sequía o fuego cayendo del cielo) en el caso de Elías o (las diez plagas, columna de fuego y nube, división de las aguas, codornices, etc) en el caso de Moisés, eran señales entre el hombre de Dios y el pueblo al que era enviado; señales que confirmaban la autoridad del hombre enviado por Dios, y el poder del Dios que lo enviaba. Pero la Presencia de Dios es una unión entre el hombre de Dios y el Dios del hombre, una intimidad que produce conocimiento de Dios; ese conocimiento produce amor y ese amor produce fidelidad. Tanto el pueblo de Dios que estuvo con Moisés, como el pueblo de Dios que estuvo con Elías fueron testigos de milagros de Dios; pero no tuvieron amor ni fidelidad al Dios que obraba milagros. Solo aquellos que conocieron Su Presencia le fueron fieles hasta el final.

En el mismo pasaje en donde Dios manifiesta su Gloria a Moisés, le dice: 

Éxodo 34:14 Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.

El pueblo de Dios vio y experimentó milagros por mano de Moisés, pero se hicieron un becerro de oro para adorarle, y luego se fueron tras los dioses de los cananeos ¡terminaron atribuyéndole los milagros a los ídolos!. El pueblo de Dios que vio señales y prodigios por mano de Elías adoraban a Baal (el dios de la prosperidad). Ninguno de ellos conoció a Dios en la intimidad, porque si le hubiesen conocido no se hubiesen prostituido tras dioses falsos. ¿Cuántas personas en nuestras iglesias han experimentado el poder de Dios pero han terminado prostituyéndose tras dioses falsos? ¡demasiadas! ¿porqué? porque experimentaron milagros, que son operaciones externas, señales, mas no llegaron hasta donde esas señales apuntan: hasta Dios, que cambia el interior del hombre.

Muchas veces Dios se esconde tras los milagros, para saber si tu corazón le busca a Él, o busca lo suyo; unos se quedan en los milagros, pero otros siguen hasta conocer al autor de los milagros. 

 Lucas 17:12-19 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!  Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.  Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?  ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Retomemos la experiencia de Elías en el monte de Dios:

1Reyes 19:12-13 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.  Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

  • un silbo apacible y delicado… (Reina Valera 1960) 
  • el susurro de una brisa apacible… (La Biblia de las Américas); 
  • el susurro de una brisa suave… (Nueva Biblia de Jerusalén); 
  • la voz de una brisa delicada. (Versión Kadosh) 
  • un suave murmullo (NVI)

Elías, el gran profeta, el guerrero de Dios que no temía enfrentarse solo ante el rey de Israel, ni tenía miedo de enfrentarse solo ante una multitud de profetas de Baal y avergonzarlos, como tampoco tuvo miedo de pedir que cayese fuego del cielo y consumiera a dos compañías de cincuenta soldados  con sus capitanes. Elías, el hombre de los portentos externos, que alguna vez fuera alimentado por cuervos; ahora necesitaba que un ángel le tocara y le fortaleciera en medio de sus angustias internas.

Ahora, un silbo apacible, un susurro, una brisa delicada y suave le envolvía; el manto del amor de Dios le cubría, mientras él se cubría el rostro con su manto por reverencia ante la Presencia de su Dios. Ni cuando estuvo ante el rey, o ante el pueblo, o ante los profetas de Baal, se nos dice que Elías haya cubierto su rostro, aunque hubiesen sucedido hechos extraordinarios; pero ahora no estaba frente  a la multitud, estaba a solas con Dios, en la intimidad. Ahora no era el hombre rudo, ni el profeta de fuego, sino el simple hombre que necesita imperiosamente la divina Presencia que trae sosiego al alma. Ahora no invoca a Dios, ni a su fuego, ahora está escondido en la cueva, como un ciervo herido y asustado, y es Dios mismo quien viene a su encuentro. Ahora ya no levanta la voz para hablar a otros en nombre de Dios, ahora es Dios mismo quien le habla a él.

Ministro, obrero, siervo de Dios, cualquiera sea tu posición en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, cada cierto tiempo Dios  permitirá que te escondas en la hendidura de la peña, huyendo de las personas, propias o extrañas, como un ciervo herido y temblando. Tal vez porque glorificaste a Dios y ello te ha sido como una sentencia de muerte de parte de tus adversarios. Los milagros, las experiencias, las multitudes serán solo como un sueño lejano; ahora tu alma solo deseará Su Presencia, la comunión más profunda y más íntima con tu Dios, porque nada más podría dar consuelo a tu alma angustiada. Y Él, que es clemente y misericordioso vendrá a tu encuentro. Por esto, persevera en la oración, sube al monte de Dios, apártate de la multitud, aunque tengas que estar escondido en la cueva oscura, fría y solitaria. Persevera gimiendo hasta que se haga de día y resplandezca Su luz; espera aferrado a la fe en Aquel que te apartó desde el vientre de tu madre, hasta que Su voz como un susurro te llame por tu nombre… ¿Qué haces aquí, Elías? 

 

 ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede permanecer en su santo templo?
 El que tiene las manos y la mente
limpias de todo pecado;
el que no adora ídolos
ni hace juramentos falsos.
El Señor, su Dios y Salvador,
lo bendecirá y le hará justicia.
 Así deben ser los que buscan al Señor,
los que buscan la PRESENCIA del Dios de Jacob.

(Salmos 24:3-6)

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

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Yo no soy Dios

Yo no soy Dios diarios de avivamientos

Una de las lecciones más difíciles de aprender para mí, en la práctica, es que yo no soy Dios, ni tampoco un dios con minúscula, ni un pequeño dios, ni una divinidad en menor escala, solo soy un hombre, un siervo, un esclavo de Cristo. Y es tan absurdo que un esclavo pretenda actuar como si fuera amo, como lo es que un cristiano pretenda actuar como si fuera Dios.

Veo la necesidad en el mundo, una necesidad abrumadora, imperiosa y desgarradora. Almas sin Cristo, naciones sin Cristo, iglesias sin Cristo. Miles de seres humanos vagando en la oscuridad inconscientes de ella, otros miles que son conscientes y buscan la luz, y mientras tanto, miles que están apartándose de la luz para volver a las tinieblas. Viudas empobrecidas, huérfanos desamparados, enfermos descuidados, ancianos abandonados, pobres explotados, inocentes sufriendo injusticias. Pastores engordados y ovejas enflaquecidas, lobos rapaces y profetas falaces, iglesias ricas persiguiendo más riquezas e iglesias pobres siendo perseguidas.

Quisiera llevar luz a cada alma, arrebatar a cada uno que esté a punto de caer al abismo y forzarlos a entrar al reino de Dios, quisiera amparar a cada viuda, proteger a cada huérfano, cuidar de cada enfermo, acompañar a cada abuelo abandonado, consolar al triste, alimentar al hambriento, arrebatar la oveja de la boca del lobo y silenciar a los falsos profetas…. pero yo no soy Dios, y a veces no puedo ni con mi propia alma.

¿Te has sentido alguna vez invadido por el sentimiento de impotencia al saber que es tanto lo que hay por hacer y que en comparación, no estás haciendo nada? ¿Te has preguntado alguna vez porqué Dios parece frenarte, porqué puedes con tanta claridad ver la necesidad pero estás inmovilizado, y porqué tienes el querer pero no el poder para hacer?… tal vez la respuesta sea: porque estás aprendiendo la lección de que NO eres Dios. No estás para determinar lo que hay que hacer sino para hacer lo que se te ha determinado. No eres el amo sino el esclavo. Y no serás totalmente útil hasta que reconozcas que eres totalmente inútil por ti mismo.

Entre ver la necesidad de un mundo que se pierde y la posibilidad de poder suplir esa necesidad hay un abismo, que solo Dios puede reducirlo, para que tú puedas cruzar. Paso a explicar lo que pretendo afirmar, antes de que algún teólogo impaciente comience a apedrearme, acusándome de inmovilismo, determinismo, o hiper-calvinismo. 

Obviamente no me estoy refiriendo a cosas prácticas que todo cristiano puede y debe hacer. La siguiente frase resume mi pensamiento:

“Si usted está dentro de su casa leyendo la Biblia y ve por la ventana que afuera hay alguien que pasa hambre, deje su Biblia, salga y alimente a esa persona. A continuación, puede volver y continuar leyendo la Biblia”. – John Wesley

A lo que me refiero, es a una cuestión más profunda, a responder a un llamado al ministerio. El Señor te abre los ojos para ver la necesidad:

Juan 4:35 b He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.

El Señor te hace ver la necesidad imperiosa de obreros:

Mateo 9:37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.

Pero a la vez el Señor dice algo sorprendente:

Mateo 9:38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

No dice que una vez que hayas visto la necesidad, y hayas comprendido la urgencia de obreros, salgas disparado a cosechar. Dice Rogad, para que sea el Señor de la mies quien envíe obreros. Puedes alzar tus ojos y ver los campos blancos para la siega, pero no puedes ir, solo puedes rogar al Señor que envíe obreros. 

Bien, puedes responderme a esto con las siguientes palabras de Jesús:

Mateo 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones.

Entonces te preguntaré ¿y por qué no has ido? ¿por qué no has dejado todas tus posesiones y te has lanzado por las naciones a predicar el evangelio? ¿porqué no renuncias a tu pastorado y te vas a predicar a los pueblos no alcanzados?….

Tal vez, ante estas preguntas comprendas que además de poder ver la necesidad, necesitas ser enviado. El apóstol Pablo aclara más aún esta cuestión.

Las personas necesitan invocar el nombre del Señor para salvación

Romanos 10:13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Las personas necesitan creer en el Señor para poder invocarle

Romanos 10:14a ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?

Las personas necesitan oír del Señor para poder creer

Romanos 10:14b ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?

Las personas necesitan que alguien les predique para poder oír el evangelio

Romanos 10:14b ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?

Pero… ¡los que predican necesitan ser enviados!

Romanos 10:15a ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?

Entre el llamado al ministerio y la obra del ministerio, existe el ser enviado al ministerio.

Hechos 13:2-3 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

Pablo (Saulo) fue lo que fue, e hizo lo que hizo, porque antes de eso tuvo que aprender que él era un siervo, y que solo debía moverse bajo la orden de su Amo. Es obvio que inmediatamente después de su conversión, Pablo predicaba a Cristo:

Hechos 9:20-22 En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos… Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.

Pero desde ese momento hasta que es enviado al ministerio del apostolado, pasaron años, años en los cuales tuvo que ser preparado hasta ser enviado:

“habiendo visto al Señor y habiendo recibido de Él mismo el evangelio y el llamamiento para proclamarlo, estaba en las mismas condiciones que los otros apóstoles. De modo que en vez de ir a Jerusalén, fue a ¡Arabia!… Ahora bien, dado que Pablo probablemente no llevó a cabo ninguna misión de predicación en la poco poblada región de “Arabia” -probablemente se refiere a la parte norte de la extensa península de Arabia, la parte que se extiende hasta casi los mismos límites de Damasco-… por sí sola surge la idea de que lo que Pablo precisamente necesitaba era apartarse a Arabia para descansar, orar y meditar, para que así su mente, agitada violentamente, tuviera el tiempo y la oportunidad de sopesar las implicaciones de las palabras que el Señor le dirigiera en el momento de aquella inolvidable experiencia.” (Comentario al Nuevo Testamento – Galatas -William Hendriksen)

“… se retiró a Arabia. Se retiró para estar a solas, y por dos razones. La primera, porque tenía que pensar a fondo eso tan tremendo que le había sucedido. La segunda, tenía que hablar con Dios antes de hablar a los hombres.
Desgraciadamente son los menos los que se toman tiempo para ponerse cara a cara ante sí mismos y ante Dios; ¿cómo puede uno enfrentarse con las tentaciones, los estreses y las tensiones de la vida, a menos que se haya pensado las cosas a fondo e intensamente?” (Comentario al Nuevo Testamento – William Barclay)

Muchos de los cristianos que han fracasado en el ministerio, y han terminado frustrados y heridos; son personas que han visto la necesidad, pero que en vez de pedir al Señor de la mies que envíe obreros a su mies, se enviaron ellos mismos.

Hay que recordar que el siervo de Dios no solo debe hacer la perfecta voluntad de Dios, sino hacerla en el perfecto tiempo de Dios.

“Si Cristo esperó ser ungido del Espíritu Santo antes de salir a predicar, ningún joven debería atreverse a subir a un púlpito antes de haber sido ungido por el Espíritu Santo.”  (F. B. Meyer)

“La predicación no es la obra de una hora, sino la manifestación de una vida… Se necesitan veinte años para hacer un sermón porque se necesita veinte años para hacer al hombre. Y el sermón crece, porque el hombre crece. Es poderoso, porque el hombre es poderoso; es santo porque el hombre es santo y está lleno de la unción divina, porque el hombre esta lleno de la unción divina.” (El Predicador y la Oración – E. M. Bounds)

“Comparto la opinión de E. M. Bounds de que Dios requiere veinte años para preparar a un buen predicador. La educación de Juan el Bautista tuvo lugar en la universidad divina del silencio; Dios lleva a todos sus grandes hombres a una universidad así. Aun cuando Pablo, el orgulloso fariseo guardador de la ley, poseía un intelecto colosal y buenos títulos de la Escuela Rabínica de Jerusalén, cuando Cristo cambió su rumbo en el camino de Damasco, necesitó llevarlo tres años a Arabia, para vaciarle de sus prejuicios y educarle, antes de que pudiera decir: «Dios reveló a su Hijo en mí.» Dios puede llenar en un momento lo que tarda años en vaciarse. ¡Aleluya!” (Leonard Ravenhill, Porque no llega el avivamiento)

Estoy convencido de que sería bueno que descubriésemos que no somos Dios, antes de salir al ministerio; pues entonces aprenderemos a depender totalmente de Él. Porque la mayoría lamentablemente lo descubre después, y con ello acarrea frustración, amargura, desencanto, tanto para sí como para su congregación. 

No sé cuanto tiempo Dios se tome contigo pero, hasta que descubras que tú no eres el Señor de la obra sino el obrero, que eres enviado y no el que envía, que tú eres siervo y no señor, esclavo y no amo, el que obedece y no el que manda, el instrumento y no la mano que mueve al instrumento… en fin, hasta que Dios no se revele en ti y te haga comprender que Él es Dios y no tú, no serás útil para nada en la obra. 

Deuteronomio 8:2-18 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.  Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre… Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole.  Porque Jehová tu Dios te introduce en la buena tierra… Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal;  que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder….

Dios no envía a nadie sin su respaldo, sin su poder, sin su unción, pero sólo Él puede enviar. Si ves la necesidad imperiosa de este mundo, si el llamado arde en tu corazón, en vez de lanzarte a una carrera desbocada primero humíllate ante Dios y ora, para que sea Él quien te envíe a hacer Su perfecta voluntad en Su perfecto tiempo. Es una lección dolorosa, implica la muerte del Yo. Pero es la única forma de que al final de tu carrera puedas decir, lo que todo buen siervo y fiel dirá: 

Lucas 17:10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: “Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho.”     (Traducción La Biblia de las Américas)

 

 Mas yo en ti confío, oh Jehová;
Tú eres mi Dios.
En tu mano están mis tiempos

Salmos 31:14-15

 

Artículo de Gabriel Edgardo Llugdar para Diarios de Avivamientos

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Yo no soy Dios - Diarios de Avivamientos

 

 

 

 

 

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¿Y por qué no puedes ser tú? Avivamientos de la Historia – VIDEO de Evan Roberts

¿Qué impide que tú seas un instrumento de avivamiento?

¿No lo deseas? Creo que como creyentes, el mayor deseo de nuestra alma debe ser llegar a conocer a Cristo de la manera más profunda, más real y más palpable posible (pasarás toda tu eternidad con Él).

¿Tienes miedo? Sé que en estos tiempos de la “Nueva Reforma” escuchas muy a menudo la advertencia ¡Cuidado!… cuidado con el entusiasmo… cuidado con el fanatismo… cuidado con las falsa manifestaciones…. cuidado con los carismáticos… pero, más me temo que no sea una sana advertencia, sino una proyección de sus propias incertidumbres e inseguridades, porque si afirmas tener al Espíritu de Dios en tu vida ¿a qué tienes miedo? ¿no sabes escuchar Su voz? ¿no puedes discernir por ti mismo entre lo falso y lo verdadero? ¿necesitas que te lleven de la mano como a un niño y tus maestros de teología te digan lo que puedes o no ver, lo que puedes o no sentir, lo que puedes o no experimentar? ¿le preguntarás a tu vecino cómo y cuánto debes amar a tu padre, o madre, o mujer, esposo o hijos… o aprendes a amarlos teniendo comunión con ellos por ti mismo?

Mucho me temo que si no conoces más, y no experimentas más de la presencia de Dios es porque sencillamente no te atreves a más, no te atreves a dar un paso sin la aprobación de los que se auto-proclaman como los auténticos salvaguardas de la “sana y pura doctrina y la santa tradición”.  

¿No conoces la voz de tu amado? o mejor dicho ¿crees que Él ya no tiene nada para decirte? Lo admito, la Biblia es la Total y Suficiente Palabra de Dios, pero, no es lo mismo leer una carta del amado, a que el amado te lea esa carta. Tu dices: “¡yo no quiero oír otra cosa más que la Palabra de Dios que es la Biblia!”… muy bien, nadie en su sano juicio pretende lo contrario, la cuestión es ¿esa Palabra la escuchas de los hombres o la escuchas de Dios mismo?

Te lo repito, puedes pasar el resto de tu vida pidiéndole a los hombres que te lean las cartas que tu Amado te dejó (Las Escrituras), o puedes sentarte a los pies del Amado y rogarle que sea Él en persona quien te lea sus cartas. 

Puedes pasar toda tu vida cristiana sin haber experimentado un avivamiento, y estar satisfecho de ti mismo, puedes pasar toda tu vida sin derramar una lágrima, sin estremecerte, sin derretirte, sin temblar ante la presencia manifiesta de Dios. De ese Dios al que afirmas amar con TODA tu alma y con TODO tu corazón y con TODA tus fuerzas. Si estás satisfecho con saberlo pero no sentirlo, no hay nada más que yo te pueda decir, creo que en eso tienes libre albedrío.

Pero si no estás satisfecho con los límites de tu vida espiritual, si sientes deseos de romper las barreras que los miedos y los demás hombres te han impuesto. Si anhelas no solamente saber definir teológicamente lo que es la gloria de Dios, sino palparla y ser inundado completamente por ella; entonces para ti es este escrito, estas palabras de aliento, este desafío: ¿Y porqué no puedes ser tú el instrumento de un avivamiento?

Conocí a mil hombres que me daban una brillante descripción teológica de lo que es el fuego, hasta que pasó al lado mío uno que llevaba fuego, y lo seguí. 

Tu vida necesita un avivamiento, tu casa necesita un avivamiento, tu congregación necesita un avivamiento, tu denominación necesita un avivamiento, tu pueblo necesita un avivamiento…. ¿y porqué no puedes ser tú el que lo inicie?

Salmos 85:4-6 Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación,
Y haz cesar tu ira de sobre nosotros.
 ¿Estarás enojado contra nosotros para siempre?
¿Extenderás tu ira de generación en generación?
 ¿No volverás a darnos vida,
Para que tu pueblo se regocije en ti?

Gabriel Edgardo Llugdar para editoriales Diarios de Avivamientos

1-Avivamiento de Gales3-001

Aclaración: Aunque Diarios de Avivamientos no comparte la totalidad del pensamiento de Robert Liardon – considera importante la investigación histórica llevada por el mismo acerca de los Avivamientos de la Historia.

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Porqué nos cuesta tanto orar – Capítulo IV – Los ídolos del corazón

Porqué nos cuesta tanto orar - los ídolos del corazón

Deuteronomio 4:24 Porque el SEÑOR vuestro Dios es fuego consumidor, un Dios celoso.

Aquí Moisés le habla al pueblo, que prontamente ha de entrar a la tierra prometida, y le hace una seria advertencia en contra de la idolatría:

Deuteronomio 4:25-28 Cuando hayáis engendrado hijos y nietos, y hayáis permanecido largo tiempo en la tierra, y os corrompáis y hagáis un ídolo en forma de cualquier cosa, y hagáis lo que es malo ante los ojos del SEÑOR vuestro Dios para provocarle a ira, pongo hoy por testigo contra vosotros al cielo y a la tierra, que pronto seréis totalmente exterminados de la tierra donde vais a pasar el Jordán para poseerla. No viviréis por mucho tiempo en ella, sino que seréis totalmente destruidos. Y el SEÑOR os dispersará entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones adonde el SEÑOR os llevará. Allí serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.

Destrucción, sufrimiento, cautiverio y servidumbre, esos son los frutos del corromperse, del apartarse del Dios verdadero, que por ser precisamente el ÚNICO DIOS tiene el derecho de ser celoso. Porque es necedad apartarse de lo verdadero para seguir a lo falso:

Deuteronomio 4:7 Porque, ¿qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el SEÑOR nuestro Dios siempre que le invocamos?

Verdaderamente es necedad apartarse de un Dios cercano para servir a  “dioses hechos por manos de hombre, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen”. 

Mas aunque el pueblo de Dios cayese en tan gran pecado, aún habría una salida:

Deuteronomio 4:29-31 Pero de allí buscarás al SEÑOR tu Dios, y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. En los postreros días, cuando estés angustiado y todas esas cosas te sobrevengan, volverás al SEÑOR tu Dios y escucharás su voz. Pues el SEÑOR tu Dios es Dios compasivo; no te abandonará, ni te destruirá, ni olvidará el pacto que El juró a tus padres.

Todo esto se cumplió literalmente siglos después, el pueblo elegido se apartó de Dios dejando que sus corazones se llenasen de ídolos, por lo tanto destrucción, sufrimiento, cautiverio y servidumbre vinieron sobre ellos al ser deportados a Babilonia. Pero a la vez la promesa de Dios seguía en pie:

Jeremías 29:1, 11-13 Estas son las palabras de la carta que el profeta Jeremías envió de Jerusalén a los ancianos que habían quedado de los que fueron transportados, y a los sacerdotes y profetas y a todo el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo de Jerusalén a Babilonia… Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.  Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;  y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón

“el ingenio del hombre no es otra cosa que un perpetuo taller para fabricar ídolos” (Juan Calvino – Institución de la Religión Cristiana – Libro I – Capítulo XI – 8)

Queridos hermanos, tenemos un Dios celoso, y no es celoso por temor a otros dioses (porque no existen), es celoso porque no aceptará que le entreguemos un corazón a medias. O todo nuestro corazón le pertenece, o en su celo permitirá que nuestros ídolos destruyan la bendición que nos fue dada. 

No hallamos a Dios cuando oramos porque no le buscamos de todo nuestro corazón, solo con una parte, pues la otra está ocupada por nuestros ídolos. Para Israel la tierra prometida se había convertido en un ídolo, al igual que la prosperidad y las riquezas, el mismo Templo y la religión se habían convertido también en ídolos. Fue necesario que Dios les quitara TODO para que en sus corazones no quedara NADA, y así en esa nada buscaran a Dios.

Solamente cuando en nuestro corazón no haya NADA a que aferrarnos fuera de Dios, podremos verdaderamente decir que Dios es nuestro TODO. 

Examínate a ti mismo ¿porqué oras? ¿porqué pides lo que pides? ¿lo que pides es para glorificar a Dios o para saciar los apetitos de los ídolos que hay en tu corazón? ¿oras para que se cumpla la voluntad de Dios o la tuya? ¿ tu corazón esta dividido o es exclusivamente del Señor? ¿es tu corazón un templo del Espíritu Santo o es un templo pagano donde hay un dios “principal” y una serie de dioses menores? ¿Es Cristo tu dios favorito o tu ÚNICO Dios?  ¿Si Dios es tu TODO porqué te quejas cuando no tienes NADA?

Hay veces en que Dios permite que perdamos todas nuestras bendiciones, que seamos alejados de nuestra Tierra Prometida,  que seamos despojados; para que estando en la indigencia espiritual, alcemos nuestros ojos al cielo reconociendo que nuestros ídolos nos han alejado de Dios. Y en esa nada podamos confesar verdaderamente que Él es nuestro todo. 

Todo lo que se interponga entre tú y Dios es un ídolo. Todo lo que tengas en tu corazón junto a Cristo es un ídolo. El Señor no pretende ocupar el altar mayor de tu corazón, Él exige un único altar para el único Dios verdadero.

No significa esto que esté mal el amar a otras personas, o que ames lo que hagas, sino que ya no amas con amor humano sino con el amor de Cristo. Tu corazón todo, lo ocupa Cristo, Su amor llena y desborda tu corazón; y con ese amor divino amas a los que te rodean. No tienes un corazón dividido, tienes un único amor: Cristo, y ese amor es tan abundante que desborda y alcanza para amar a todos los demás. No está mal amar a padres o madres, ¡con el amor de Cristo pudieras amar a mil padres y mil madres y aún te sobraría!; lo que está mal es pretender amar a Dios con un pedazo de tu corazón porque el resto ya está ocupado.

No esperes a que Dios te quite todo para hacerte depender únicamente de Él, hoy puedes ir en oración y rogarle que te ayude a renunciar a tus ídolos. Porque no hallarás verdaderamente al Señor hasta que le busques de TODO tu corazón.

 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

Salmos 73:25

La promesa de Dios sigue estando vigente, es tiempo de decidirse:

“y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”  Jeremías 29:13

 

Capítulo V de la serie Porqué nos cuesta tanto orar – Gabriel Edgardo Llugdar – Diarios de Avivamientos

 

 

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Convicción de pecado: la música que ya no se escucha sonar en nuestras congregaciones

Te rogamos primeramente considerar el siguiente vídeo:

“Cuando arribamos nos encontramos que la espaciosa sala de la parte delantera de la casa se encontraba abarrotada de gente. El señor Gillett miró a la multitud sorprendido y con manifiesta agitación, pues se dio cuenta de que la reunión estaba compuesta por muchos de los más inteligentes e influyentes miembros de su congregación, y que estaba especialmente constituida por el primer rango de los hombres jóvenes del lugar. Teníamos pocos instantes intentando conversar con los asistentes cuando noté enseguida que el sentimiento era tan profundo que había el riesgo de un estallido emocional casi incontrolable. Fue por esto que le dije al señor Gillett: “No es bueno que la reunión continúe de esta manera. Haré algunas observaciones, las que les sean necesarias a estas personas, y luego las despediré; mandándoles a que supriman sus sentimientos, para que de esa manera no se produzcan clamores en las calles cuando se conduzcan a casa”.

No se hizo o dijo nada como para crear tal agitación en la reunión. El sentir fue espontáneo. La obra era tan poderosa que tan solo unas pocas palabras podían hacer que los más fornidos de los hombres se retorcieran en sus asientos como si una espada les hubiera traspasado el corazón. Para alguien que jamás ha visto una escena semejante quizás resulte imposible entender el tremendo poder que tiene a veces la verdad en manos del Espíritu Santo. La verdad se había constituido, de hecho, en una espada de dos filos. El poder que ésta produce cuando es presentada como escrutadora en unas pocas palabras, puede crear una angustia tal que resulta insoportable.

El señor Gillett se agitó sobremanera. Se puso pálido y dijo, con mucha agitación: “¿Qué haremos? ¿Qué haremos?” Puse mi mano sobre su hombro y le dije susurrando: “Quédese en silencio. Quédese en silencio, señor Gillett”. Luego me dirigí a los presentes en la forma más gentil y clara que pude; pidiéndoles poner su atención de manera inmediata en el único remedio disponible, asegurándoles que tal remedio era uno presente y totalmente suficiente. Les señalé a Cristo como salvador del mundo, y me mantuve en esa línea tanto como pudieron soportarlo, que de hecho fue unos pocos instantes. El hermano Gillett se agitó a tal extremo que me acerqué a él y tomándole del brazo, le dije: “Oremos”. Nos arrodillamos en medio del salón en el que nos encontrábamos y conduje la oración en una voz baja y desapasionada, mas  intercediendo ante el Salvador para que interpusiera su sangre en uno y otro lugar, para que guiara a los pecadores presentes a aceptar la salvación que Él ofrece y para que creyeran, para que así fueran salvas sus almas.

La agitación se profundizaba a cada instante, y mientras escuchaba sus sollozos, suspiros y su respirar, cerré la oración y me puse de pie súbitamente. Todos se pusieron de pie y les dije: “Ahora, por favor, vayan a casa sin hablar ni una palabra entre ustedes. No digan nada, traten de mantenerse en silencio, y no rompan en manifestaciones de sentimientos; y así, sin hablarse entre ustedes y teniendo sus sentimientos bajo control, por favor, vayan a sus habitaciones sin decir palabra”.

… Hicieron lo que les pedí y salieron sin gritar, sollozando y suspirando. Pero esos sollozos y suspiros podían escucharse a medida que iban por las calles. El señor Wright, de quien me he referido, me dijo más tarde que su angustia era tan grande que tuvo que taparse la boca haciendo uso de toda la fuerza de sus brazos hasta que llegó a casa. Permaneció en silencio hasta que cruzó la puerta del lugar donde vivía, y no pudo contenerse más. Cerró la puerta, cayó al piso y estalló en altos lamentos ante la terrible condición en la que se encontró. Esto hizo que su familia le rodeara enseguida, y la convicción se esparciera sobre ellos.

Supe después que escenas similares a esta se produjeron en varias familias. Se confirmó más tarde que varios se convirtieron en la reunión y se fueron a sus casas tan llenos de gozo que casi no podían contenerse.

A la mañana siguiente, apenas se hizo de día, la gente comenzó a llamar a la puerta del señor Gillett, pidiendo que fuésemos a visitar a sus familias, a quienes describían como inmersas en la más grande de las convicciones. Tomamos un desayuno rápido y empezamos las visitas. A penas salimos a las calles la gente corría hacia nosotros desde las casas y nos rogaban que entráramos a sus hogares. Como solo podíamos visitar un lugar a la vez, cuando entrábamos a una casa los vecinos se apresuraban a entrar y llenaban el salón más grande. En poco tiempo les dábamos instrucciones y luego nos dirigíamos a otra casa y la gente nos seguía. Encontramos que el estado de las cosas era extraordinario. La convicción era tan profunda y general que en ocasiones entrábamos a una casa y hallábamos a algunos de rodillas, a otros postrados en la alfombra, y a otros mojando las sienes de sus amigos con alcanfor y frotándoles para impedirles desmayar, pues temían por sus vidas.

Visitamos, conversamos y oramos de esta manera de casa en casa hasta el mediodía. Luego le dije al señor Gillett: “Así nunca terminaremos, debemos tener una reunión para aquellos que estén preocupados por sus almas. No podemos ir de casa en casa; y no podemos satisfacer las necesidades de todos”. Él estuvo de acuerdo, pero se levantó la cuestión de dónde realizar tal reunión. Un señor de apellido Flint, quien era un hombre religioso, mantenía al momento un hotel en la esquina del centro del pueblo. Allí tenía un comedor largo y grande…

Vimos que la gente se apresuraba y que algunos de hecho corrían a la reunión. La gente venía de todas direcciones. Para cuando llegamos al lugar, el salón, aunque era grande, estaba lleno a su máxima capacidad. Gente de ambos sexos y de todas las edades habían abarrotado el establecimiento. Esta reunión fue muy parecida a la que habíamos tenido la noche anterior. El sentimiento era impresionante. La Palabra de Dios era verdaderamente la espada del Espíritu; y algunos hombres del más fuerte de los temples fueron de tal modo atravesados por las observaciones hechas que se encontraron incapaces de sostenerse y debieron de ser llevados a casa por sus amigos. Esta reunión duró hasta casi llegada la noche y tuvo como resultado un gran número de conversiones llenas de esperanza, y fue el medio para extender la obra grandemente hacia todos lados.” (Relatos extraídos de Las Memorias de Charles Finney)

Estimado hermano ¿está sonando en tu congregación la música de los genuinos avivamientos? ¿se escuchan los llantos por la convicción de pecado o solo las risas del entretenimiento? …. Te animamos a consagrarte a la oración ferviente, a solas con tu Salvador, para que en Su misericordia avive la Iglesia en estos tiempos de frialdad. Sin importar que nadie se una a tu causa, persevera en la oración, pues una sola antorcha encendida es suficiente para encender un gran fuego.

Grandes Avivamientos de la historia

 

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Historias de Grandes Avivamientos – El genuino avivamiento afecta a la sociedad – Charles Finney

LAS MEMORIAS DE CHARLES FINNEY

Charles Finney - Carlos Finney

AVIVAMIENTO EN ROCHESTER, NUEVA YORK, 1830

“Los amigos de Rochester estaban muy ansiosos por contar con mi presencia -con lo de amigos me refiero a los miembros de la Tercera Iglesia Presbiteriana. Al haberse quedado sin pastor sentían estar bajo gran peligro de disgregarse, y quedar aniquilados como iglesia, a menos que algo se hiciera para reavivar la religión en medio de ellos. Con tantas invitaciones urgentes provenientes de tantos puntos, me sentí como en muchas ocasiones me he sentido: grandemente perplejo… al anochecer un gran número de hermanos líderes, en cuya sabiduría y oraciones tenía mucha confianza, se reunieron conmigo– esto a petición mía– para consultar y orar acerca cuál debía de ser mi siguiente campo de labores. Expuse ante ellos los hechos acerca de Rochester, según los conocía, y los hechos notorios con respecto a los otros importantes campos a los que había sido invitado. Para ellos Rochester era el menos atractivo de todos.

Después de discutir el asunto por completo, y de sostener varios momentos de oración intercalados con nuestra conversación, los hermanos dieron sus opiniones acerca de lo que ellos consideraban que era sabio y que debía de hacer. Unánimemente fueron de la opinión de que Rochester era un campo de labores muy poco atractivo en comparación con Nueva York o Filadelfia… Para aquel entonces esta misma era mi impresión y mi convicción; así me retiré de la reunión, habiendo, según supuse entonces, decidido no ir a Rochester sino a Nueva York o Filadelfia… Sin embargo, cuando me retiré a mi hospedaje el asunto se presentó ante mi mente de una forma distinta. Algo parecía cuestionarme–“¿Cuáles son las razones que te impiden ir a Rochester?” Aunque podía enumerar las razones, venía a mí la pregunta: “Pero, ¿son esas buenas razones? Ciertamente eres más necesario en Rochester por causa de todas aquellas dificultades. ¿Rechazas el campo porque hay tantas cosas que necesitan ser corregidas, por que hay demasiadas cosas que están mal? Si todo marchara bien, entonces no serías necesario”.

Pronto llegué a la conclusión de que todos habíamos estado equivocados; y que las razones que nos habían determinado en contra de ir a Rochester, eran en realidad las razones más válidas para justificar mi presencia en el lugar. Concluí además que era más necesario en Rochester que en cualquier otro de los campos que se me habían abierto en aquel entonces. Me sentí avergonzado de haber tenido en poco el tomar la obra por causa de las dificultades; pues tenía la fuerte impresión en mi mente de que el Señor estaría conmigo y de que Rochester era definitivamente mi campo de trabajo.

Para aquel entonces había en Rochester una escuela superior presidida por un señor de apellido Benedict… Este señor Benedict era escéptico, pero estaba a la cabeza de una escuela superior muy grande y floreciente. Siendo que a esta escuela asistían los dos sexos, una señorita de apellido Allen le servía como asistente y asociada. Esta señorita era cristiana. Los estudiantes asistían a los servicios religiosos, y pronto muchos de ellos mostraron profunda ansiedad por sus almas. Cierta mañana el señor Benedict se encontró con que ninguno de sus alumnos podía recitar lo aprendido. Cuando les pedía que se pusieran de frente para la lección, los jóvenes estaban tan ansiosos por sus almas que lloraban. El ver el estado en el que se encontraban los estudiantes le confundió mucho. Llamó a su asociada femenina, la señorita Allen, y le dijo que los jóvenes se encontraban tan ansiosos por sus almas que no les era posible recitar y le preguntó sino sería mejor llamar a Finney para que les diera instrucción. Más tarde la señorita Allen me informó de la situación y me dijo que se sintió muy contenta de que haya sido él quien levantara la cuestión y que ella le había aconsejado de forma muy cordial que enviaran por mí. Así lo hizo el señor Benedict, y el avivamiento tomó un poder tremendo en aquella escuela. Pronto el mismo señor Benedict quedó convertido, y de hecho casi todas las personas en aquella escuela se convirtieron también. Hace unos pocos años la señorita Allen me informó que unas cuarenta personas de las convertidas en aquella escuela se hicieron ministros. No estoy seguro, pero ella también afirmó que más de cuarenta se habían vuelto misioneros en el exterior. Este es un hecho que yo no conocía anteriormente. Ella me nombró a algunos de ellos de aquel entonces, y de cierto una buena porción se habían hecho misioneros en el exterior.

Este avivamiento produjo un gran cambio en el estado moral y en la historia subsecuente de Rochester. La gran mayoría de los hombres y mujeres líderes de la ciudad se convirtieron en aquel entonces. También ocurrieron una gran cantidad de incidentes impactantes que no puedo dejar de lado… cada noche yo había estado apelando a la congregación y llamando a aquellos que estaban preparados para entregarle su corazón a Dios y mucha gente se convertía cada vez.

Aún no he hablado mucho acerca del Espíritu de oración que prevaleció en este avivamiento. Cuando estaba de camino a Rochester, a medida que pasábamos por una villa a unas treinta millas al este de nuestro destino, un hermano ministro a quien conocía, al verme a bordo del bote del canal, se subió de un brinco para conversar brevemente conmigo, con la intención de navegar por un corto tramo y luego saltar a tierra nuevamente. Sin embargo, al interesarse tanto en la conversación y al conocer hacia dónde me dirigía, decidió ir conmigo a Rochester. Casi de inmediato cayó en gran convicción y la obra caló hondo en él. Teníamos pocos días de haber llegado a Rochester, pero el ministro ya estaba bajo tal convicción que no podía evitar llorar en voz alta al andar por la calle. El Señor le dio a este hombre un poderoso Espíritu de oración, y su corazón fue quebrantado. Siendo que él y yo orábamos mucho juntos, me impactó su fe con respecto a lo que Dios iba a hacer en el lugar. Recuerdo que este ministro decía: “Señor, no sé como será, pero me parece saber que vas a hacer una obra grande en esta ciudad”. El Espíritu de oración se derramó poderosamente, tanto que algunas personas se apartaban de los servicios públicos para orar, al no poder contener sus sentimientos durante la predicación.

En este punto me es necesario traer el nombre de un hombre, a quien deberé de mencionar con frecuencia más adelante: el señor Abel Clary. Este era el hijo de un hombre excelente y anciano de la iglesia en la que me convertí. Abel Clary se convirtió en el mismo avivamiento en el que yo me convertí. Había sido licenciado para predicar, pero su Espíritu de oración era tal, que su carga por las almas no le dejaba predicar mucho, la mayor parte de su tiempo y de su fuerza las entregaba en oración. El peso en su alma era frecuentemente tan grande que no podía mantenerse en pie, y le hacía retorcerse y gemir en agonía de una forma impresionante. Yo le conocía muy bien y sabía de ese maravilloso Espíritu de oración que reposaba sobre su persona. Era un hombre muy silencioso, al igual que casi todas las personas que tienen el mismo poderoso Espíritu de oración.

Supe por primera vez que se encontraba en Rochester por un caballero que vivía como a una milla al este de la ciudad. Este caballero me visitó un día y me preguntó si conocía a un señor Abel Clary, que era ministro. Le respondí que le conocía muy bien y luego me dijo: “Pues bien, él está en mi casa y se ha quedado allí por tanto tiempo”. He olvidado cuánto tiempo me dijo, pero había estado allí casi desde mi llegada a Rochester. El caballero continuó diciendo: “No sé que pensar acerca de él”. Le dije que no le había visto en ninguna de nuestras reuniones. “No”–respondió el hombre–“Sucede que él no puede ir a las reuniones. Ora casi todo el tiempo, día y noche, y lo hace en tal agonía mental que no sé que pensar. A veces casi no puede sostenerse en sus rodillas, sino que queda postrado en el suelo gimiendo y orando de la forma más sorprendente”. Le pregunté que decía y el caballero me respondió que “él no dice mucho. Dice que no puede ir a las reuniones, mas todo su tiempo lo dedica a orar”. Le dije a aquel hermano: “Yo lo entiendo, por favor quédese tranquilo. Todo saldrá bien, de seguro el hermano Clary prevalecerá”.

Para aquel entonces supe de un considerable número de hombres que estaban en la misma situación. Un diácono de apellido Pond, de Camden, en el condado de Oneida; otro diácono de apellido Truman, en Rodman, en el condado Jefferson; un diácono Baker, de Adams, en ese mismo condado; y con ellos este señor Clary a quien me he referido y muchos otros hombres. También un gran número de mujeres participaban de ese mismo Espíritu y pasaban gran parte de su tiempo en oración. El hermano–o como le solíamos llamar, el Padre Nash, un ministro que llegó a muchos de mis campos de labores para ayudarme, era otro de esos hombres con tan poderoso Espíritu de oración que prevalece. Este señor Clary permaneció en Rochester tanto como yo, y no se marchó hasta mi partida. Que yo sepa nunca apareció en público, sino que se entregó por completo a la oración.

Se dieron muchos casos en Rochester de personas que experimentaron ese espíritu de angustia agonizante en sus almas. Ya he dicho que en el aspecto moral las cosas cambiaron grandemente en aquel avivamiento. Rochester era una ciudad joven, llena de prosperidad, negocios y llena también de pecado. Sus habitantes eran inteligentes y altamente emprendedores. A medida que el avivamiento barrió el pueblo y que una gran masa de personas influyentes, tanto de hombres como de mujeres, se convirtieron, se produjo un cambio en el orden, la sobriedad y la moralidad de la ciudad que resultó maravilloso.

En un periodo subsiguiente, que debo mencionar en esta parte, me encontraba conversando con un abogado que se había convertido durante este avivamiento del cual he hablado. Este abogado había sido nombrado fiscal distrital de la ciudad, que es lo mismo que otro llaman acusador público. Su trabajo consistía en supervisar el enjuiciamiento de los criminales y por su posición llegó a familiarizarse mucho con la historia criminal de la ciudad. Mientras conversábamos del avivamiento en el cual se había convertido–esto muchos años más tarde–me dijo: “He estado examinando el record de las cortes criminales y me he encontrado con este impactante hecho: que aunque nuestra ciudad ha crecido el triple desde el avivamiento, no hay ni un tercio de los fiscales penales que había en aquel entonces. Por lo tanto el crimen ha disminuido en dos terceras partes y esto se ha debido a la maravillosa influencia de aquel avivamiento sobre la comunidad”. De hecho, por el poder de aquel avivamiento el sentimiento público fue moldeado. Los asuntos de la ciudad han estado desde entonces en gran medida en manos de hombres cristianos. El gran peso del carácter ciudadano ha estado de parte de Cristo, y los asuntos públicos han sido conducidos de acuerdo con esto.

Entre las conversiones que se dieron no puedo dejar de mencionar la de Samuel D. Porter, un prominente ciudadano de Rochester. Para aquel entonces era librero y estaba asociado con un señor llamado Everard Peck, quien fue el padre de nuestro difunto profesor Peck. El señor Porter era un infiel, que aunque no era ateo no creía en la autoridad divina de la Biblia. Era un lector y un pensador, un hombre de mente aguda y perspicaz, de voluntad férrea y de carácter decidido. Creo también que era un hombre de buena moral externa y un caballero muy respetado. Un día llegó a mi habitación, temprano en la mañana, y me dijo lo siguiente: “Señor Finney, se está dando aquí un gran movimiento por causa de la religión, mas yo soy escéptico y quiero que usted me pruebe que la Biblia es la verdad”. El Señor me dio enseguida la capacidad de discernir el estado mental del hombre, lo que hizo posible para mí el determinar el curso que tomaría con él. Le pregunté: “¿Cree usted en la existencia de Dios?” “¡Por supuesto!”–Respondió–“no soy ateo”. “Bien”–le dije–“¿Cree que ha tratado a Dios como él se merece? ¿Ha respetado su autoridad? ¿Le ha amado? ¿Ha hecho lo que usted creía que debía de hacer para complacerle, y con la intención de complacerle? ¿Admite que debería de amarle, adorarle y obedecerle de acuerdo a la verdad que usted tiene de él?” “¡Sí! Admito que todo eso es cierto”–Respondió. “Mas, ¿lo ha hecho?”–le prengunté. “Pues no, no puedo decir que lo haya hecho”. “En ese caso, ¿por qué debería yo de darle más información y más verdad, si usted no está dispuesto a obedecer la luz que ya tiene? Cuando usted se decida a vivir de acuerdo con sus convicciones, esto es, a obedecer a Dios de acuerdo con la verdad que ya posee, cuando se haya determinado a arrepentirse de su actual negligencia y a complacer a Dios tan bien como sabe que puede hacerlo por el resto de su vida, trataré de mostrarle por qué la Biblia proviene de Dios. Hasta entonces no tiene caso que me esmere en hacer tal cosa”–le dije. Para esto, yo no había tomado asiento y creo que tampoco le había invitado a sentarse. Él respondió: “No sé que decirle, pero lo que me ha dicho es lo justo”. Enseguida se retiró.

No volví a escuchar de él sino hasta el día siguiente, temprano en la mañana, cuando justo después de levantarme pasó nuevamente a mi habitación. Tan pronto entró dio una palmada y dijo: “Señor Finney, ¡Dios ha hecho un milagro! Bajé a la tienda después de que dejé su habitación pensando en lo que usted había dicho, y me decidí a arrepentirme de aquello que sabía estaba en mal en cuanto a mi relación con Dios, y me determiné a que de ahora en adelante iba a vivir de acuerdo a la verdad que poseo. Cuando me decidí a esto mis sentimientos me abrumaron de tal modo que caí postrado y hubiera muerto de no ser por el señor Peck, quien se encontraba conmigo en la tienda”. Desde ese momento todos quienes le conocen saben que es un cristiano apasionado y de oración.

Jamás supe que en este avivamiento de Rochester, al cual me he referido desde el principio, se hayan dado quejas de ningún tipo de fanatismo o de cualquier cosa deplorable en sus resultados. El avivamiento fue muy poderoso, reunió a un gran número de personas de la clase más influyente en la sociedad e hizo una barrida tan profunda que causo gran emoción en los que estaban cerca como en los de lejos. Algunas personas escribieron cartas desde Rochester a sus amigos, reportando acerca de la obra. Estas cartas se leyeron en varias iglesias a lo largo de varios estados y fueron claves en la producción de grandes avivamientos de la religión que se dieron más adelante. Muchas personas llegaron desde otras partes para ser testigos de la gran obra de Dios, y llegaron a convertirse. Recuerdo el caso de un médico que se sentía tan atraído por lo que había escuchado acerca de la obra que llegó a Rochester desde Newark, Nueva Jersey para ver lo que Dios estaba haciendo. Este doctor, que era un hombre de mucho talento y cultura, se convirtió de hecho en Rochester y por muchos años ha sido un ardiente obrero cristiano a favor de las almas.

Prediqué también en varios lugares de los alrededores cuyos nombres no puedo recordar. Lo que si recuerdo distintivamente es que en cualquier lugar al que iba, la Palabra de Dios tenía efecto inmediato; y parecía que lo único necesario era presentar la ley de Dios y las demandas de Cristo, en la relación y proporciones que fueran calculadas para asegurar la conversión de los hombres, y la gente se convertía a montones. Lo grandeza de la obra de aquel tiempo en Rochester atrajo tanto la atención de ministros y de cristianos a lo largo de los estados de Nueva York, de Nueva Inglaterra y de muchas otras partes de Estados Unidos, que la fama misma de aquel avivamiento se convirtió en un instrumento en las manos del Espíritu de Dios para promover a lo largo del territorio los más grandes avivamientos de la religión que este país haya visto. Años después de estos sucesos, al conversar con el doctor Beecher acerca del poderoso avivamiento de Rochester y de sus resultados, él señaló: “Aquella fue la más grande obra de Dios, y el avivamiento de religión más grande que el mundo jamás haya visto en un tiempo tan corto. Se reportó que cien mil personas se conectaron con iglesias como resultado de aquel gran avivamiento.”

Realmente las aguas de la salvación estaban en grande raudal, los avivamientos se habían hecho poderosos y extensos, y la gente tuvo oportunidad de familiarizarse con ellos y con sus resultados en tal medida que los hombres temían oponerse a ellos, como antes lo habían hecho. Los ministros también habían llegado a entenderles mejor, y los más impíos de los pecadores habían llegado a convencerse de que eran realmente la obra de Dios. Tan manifiesta era la masa de conversiones verdaderas–de estos convertidos que realmente habían sido regenerados y hechos nuevas criaturas–tan profundamente eran individuos y comunidades transformadas, y tan permanentes e incuestionables los resultados, que llegó a ser la convicción casi universal que estos avivamientos eran la obra de Dios. Se dieron tantas conversiones impactantes, muchos personajes convertidos, y todas las clases, alta y baja, rica y pobre, quedaron de tal manera sometidas a estos avivamientos que casi silenciaron por completo a la oposición abierta. De tener el tiempo podría llenar todo un volumen con todas las conversiones impactantes ocurridas bajo mi observación a lo largo de muchos, muchos años, y en muchos lugares. “

Relato extraído de las memoria de Charles Finney – traducción Marcela Allen (The GOSPEL TRUTH)

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