¿ES BÍBLICO DANZAR EN EL ESPÍRITU?

Este artículo fue publicado originalmente en Jornal Mensageiro da Paz. Lo hemos traducido con el objetivo no de polemizar, sino de presentar uno de los varios puntos de vista dentro de América latina; y que en este caso es mayoritario dentro de las Asambleas de Dios de Brasil, al igual que dentro de la Unión de las Asambleas de Dios de Argentina. 

Por Severino Pedro da Silva (pastor de las Asambleas de Dios en Belenzinho (SP), escritor y miembro de la Casa de Letras Emilio Conde.

Hay varias expresiones bíblicas que se refieren a “danzar” y “bailar”. Sin embargo, ningún pasaje de las Escrituras habla de “danzar en el Espíritu”. Esta frase es nueva. No es bíblica ni teológica. Somos informados por las Sagradas Escrituras que los pueblos antiguos manifestaban sus sentimientos por medio de las danzas.

Después de una gran victoria de sus maridos o parientes, cuando volvían de las batallas en defensa de sus vidas o de la patria, las mujeres, incluyendo esposas e hijas, salían al encuentro de los victoriosos con cánticos y danzas (Jueces 11:34 Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija). Miriam (María), la profetisa, la hermana de Aarón y de Moisés, y todas las mujeres liberadas del cautiverio egipcio, celebraron el paso del Mar Rojo “con tamboriles y con danzas” (Ex 15,20 Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. ). En tiempos remotos, había una celebración al Señor en Israel y las hijas salían a bailar en grupos celebrando la “solemnidad del Señor en Silo” (Jueces 21:21  Cuando vean que las jóvenes de Silo salen a danzar, salgan corriendo de los viñedos, y entonces cada uno de ustedes llévese a una de ellas a la tierra de Benjamín, para que sea su esposa.).

David, después de conducir el Arca de la Alianza de la casa de Obed-Edom hasta la ciudad de Jerusalén, iba “danzando y saltando delante del Señor” (2 Samuel 6.16). Con el paso del tiempo, esta práctica se volvió común en Israel. Jeremías habla que después de una exitosa cosecha, “la virgen se alegrará en la danza” y “también los jóvenes y los viejos” celebraban de la misma manera (Jr 31.13). También en sus lamentaciones el profeta añade: “Cesó el gozo de nuestro corazón; se convirtió en lamentación nuestra danza” (Lamentaciones 5.15).

Parece que los profetas de Baal, durante su ceremonia sacrificial, usaban una especie de música para danzar a los gritos y a los saltos alrededor del altar (1 Reyes 18.26 “e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no se oía ni una voz ni una respuesta, mientras brincaban en derredor del altar que habían hecho.). En el lado sensual, había también en Israel la conocida “danza del vientre”, que aún hoy se practica con frecuencia en Oriente Medio. Las hijas de Sión, cuando perdieron el temor a Dios, añadieron a su andar la danza sensual, lo que fue severamente condenado por el Señor (Isaías 3.16 “Asimismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sión se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies”.). Salomé, la hija de Herodes, bailó también de esa manera (Marcos 6.22 “entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa”).

En el Nuevo Testamento, en algunos de sus pasajes, hay evidencia de la música y las danzas, siendo practicadas en las solemnidades judías. Jesús comparó a la situación de sus días con aquellos que decían: “Os tocamos flautas, y no bailasteis” (Mateo 11.17). El hermano del hijo prodigo quedó indignado cuando oyó y vio “la música y las danzas” para su hermano “(Lucas 15.25). Entre las naciones semíticas, las danzas sagradas eran observadas tanto por hombres como por mujeres.

Existían innumerables recomendaciones bíblicas diciendo que los santos deben alegrarse en el Señor (Sal. 32.11) y servirle a Él con alegría (Sal. 100.2). María, la madre de Jesús, fue una joven santa del Nuevo Testamento. Ella agradeció a Dios diciendo: “Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1.46-47). Pero no hay ninguna recomendación en el Nuevo Testamento, que es el manual de orientación para la Iglesia en la dispensación de la Gracia, diciendo que se deba “danzar en el Espíritu”.

Además, ciertas danzas que existen por ahí en ciertos senos evangélicos no son espontáneos, sino ensayadas con anticipación y presentadas al público como “danzar en el Espíritu”. Por otro lado, existen también aquellos que aprovechan los momentos festivos y en ellos buscan desahogar sus emociones y euforias, rompiendo de las reglas coherentes del orden, la sobriedad y de la ética cristiana.

Pablo habla de “orar en el Espíritu”, “bendecir en el Espíritu” y “cantar en el Espíritu”, pero jamás de “danzar en el Espíritu”. Nosotros no ignoramos las manifestaciones del Espíritu Santo en medio del pueblo de Dios. Sabemos que en algunos momentos no es tan fácil incluso controlarse ante el derramamiento del poder de Dios. Sin embargo, la sabiduría divina nos enseña que, por regla general, cuanto más el cristiano está lleno del Espíritu, más controlado él se queda. Porque la manifestación del Espíritu Santo trae al creyente la madurez y la sobriedad cristiana. El descontrol no es señal de estar totalmente controlado por el Espíritu de Dios.

Hay otras maneras más suaves, y edificantes para los que nos rodean, de agradecer a Dios por su amor y bondad, que ciertas prácticas extravagantes que pueden llegar a despertar solamente la curiosidad carnal.

Traducido del portugués por Gabriel Edgardo LLugdar, para Diarios de Avivamientos. Autor: Severino Pedro da Silva, quien es pastor de las Asambleas de Dios en Belenzinho (SP), escritor y miembro de la Casa de Letras Emilio Conde. Brasil.

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2 respuestas a ¿ES BÍBLICO DANZAR EN EL ESPÍRITU?

  1. Leonardo Huertas dijo:

    No dice o cita que no se pueda hacer, solo opina que no le agrada…al diablo tampoco le agrada que se dance para el señor.

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    • En primer lugar, no existe ningún pasaje en la Escritura que mencione el “danzar en el espíritu”. En segundo lugar, el danzar era una costumbre judía y no tenemos porqué hacerlo pues el Nuevo Testamento no nos manda a hacerlo, ni menciona que eso sea un don o un ministerio, no existe un “ministerio de la danza”. En tercer lugar, y suponiendo que usted ha leído historia de la Iglesia, nunca la iglesia cristiana (ni la iglesia primitiva, ni la Iglesia posterior, ni la del período de la Reforma Protestante) practicó la “danza” en los cultos, ni conoció algo parecido al “ministerio de la danza” ni se menciona un “don de la danza”. Y por último, usted afirma que “al diablo tampoco le agrada que se dance para el Señor”, bueno, yo no sé si el diablo se lo dijo a usted, porque eso no figura en la Escritura. Al diablo poco le importa que usted dance, corra como un pollo sin cabeza o gire como un ventilador en el culto, porque el danzar no significa nada; si danzar tuviese algún poder espiritual los apóstoles nos hubiesen mandado a hacerlo. Al diablo lo que sí le molesta es que usted ore, estudie las Escrituras, madure espiritualmente y se aparte del pecado.

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