La Práctica de la Presencia de Dios – Hermano Lorenzo – PDF – Hermano Lawrence

Un librito devocional que contiene profundos consejos para crecer en la vida espiritual, sobre cómo estar todo el día en comunión con Dios y disfrutar de su presencia.

Bahía Golondrina - Diarios de Avivamientos

“Después de haberme entregado totalmente a Dios, y de hacer toda enmienda posible por mis pecados, por amor a Él renuncié a todo lo que estaba fuera de Él, y comencé a vivir como si no hubiera otras personas en el mundo nada más que Él y yo. A veces me consideraba delante de Él como un pobre criminal a los pies de su juez, y otras veces le contemplaba en mi corazón como mi Padre y mi Dios. Le adoraba con tanta frecuencia como podía hacerlo, manteniendo mi mente en su santa Presencia, y trayéndolo a mi mente en cuanto me daba cuenta de que estaba divagando involuntariamente y no pensando en Él. Este ejercicio me produjo no poco dolor, sin embargo continuaba haciéndolo y a pesar de todas las dificultades que surgían, sin inquietarme cuando mi mente divagaba involuntariamente. Ésta fue mi tarea, tanto a lo largo del día de trabajo como en los momentos de oración; en todo momento, a cada hora y a cada minuto, aún en lo más pesado de mi trabajo, quitando de mi mente cualquier cosa que pudiera interrumpir mis pensamientos acerca de Dios.

Durante los primeros años, en el tiempo que dedicaba a las devociones, por lo general mi mente estaba llena con pensamientos de muerte, de juicio, del infierno, del cielo, y de mis pecados. Y así continué durante algunos años, pero durante el resto del día, aún estando en medio de mi trabajo, aplicaba cuidadosamente mi mente a la presencia de Dios, a quien consideraba siempre como que estaba conmigo, y frecuentemente en mí. Con el paso del tiempo, y casi sin darme cuenta, comencé a hacer lo mismo durante mi tiempo de oración, lo que me causaba gran deleite y consolación. Esta práctica produjo en mí un amor tan grande por Dios, que la fe sola era suficiente para satisfacerme.

Me considero como el peor de los hombres, lleno de llagas y corrupción, y que ha cometido toda clase de crímenes contra su Rey. Con un verdadero arrepentimiento le confieso todas mis maldades, le pido perdón, me abandono en sus manos, para que Él haga conmigo lo que quiera. Este Rey, lleno de misericordia y bondad, muy lejos de castigarme, me abraza con amor, me sienta a comer en su mesa, me sirve con sus propias manos, me da la llave de sus tesoros; conversa y se deleita conmigo incesantemente en miles y miles de maneras distintas, y me trata en todo sentido como su favorito. Así es como me considero de vez en cuando en su santa presencia.

No hay en el mundo una vida más dulce y deliciosa que aquella que mantiene una continua conversación con Dios, solamente pueden comprenderlo aquellos que lo practican y experimentan; sin embargo, no te estoy diciendo que lo hagas por ese motivo, porque no es el placer lo que debemos buscar en este ejercicio; sino debemos hacerlo puramente por amor, y debido a que Dios nos quiere allí.

Glaciar Perito Moreno - Diarios de Avivamientos

No puedo imaginar cómo las personas religiosas pueden vivir satisfechas sin esa práctica. Por mi parte, me mantengo retirado en la profundidad y el centro de mi alma tanto como puedo; y mientras estoy así con Él nada temo; pero el más mínimo alejamiento de Él me resulta insoportable. Este ejercicio no fatiga el cuerpo en demasía, sin embargo, a veces (mejor dicho, frecuentemente) es apropiado privarlo de muchos pequeños placeres inocentes y permitidos: porque Dios no permitirá que un alma que desea estar enteramente consagrada a Él encuentre placeres en otras cosas y no en Él; esto es más que razonable.

No quiero decir que debemos imponernos represiones violentas. No, debemos servir a Dios con una santa libertad, debemos hacer nuestros trabajos fielmente, sin preocupación ni intranquilidad; haciendo volver nuestra mente a Dios mansamente y con tranquilidad, tan frecuentemente como percibimos que está desviándose de Él.

Para estar con Dios no es necesario estar siempre en la iglesia; nuestro corazón puede ser el oratorio adonde podemos retirarnos de vez en cuando para conversar con Él en mansedumbre, humildad, y amor. Cada uno es capaz de mantener una conversación familiar con Dios, algunos más, algunos menos: Él sabe lo que podemos hacer. Entonces, comencemos; quizás Él no espera sino una generosa decisión de nuestra parte. ¡Sé valiente!. Tenemos sólo un poco tiempo para vivir, y tú ya estás cerca de los sesenta y cuatro años, y yo casi tengo ochenta. Vivamos y muramos con Dios: si estamos con Él, los sufrimientos serán dulces y agradables para nosotros, y sin Él, el mayor placer será un cruel castigo para nosotros. 

No me dices nada nuevo: tú no eres el único que está preocupado con los pensamientos erráticos. Nuestra mente es extremadamente errabunda; pero como la voluntad es ama de todas nuestras facultades, ella debe recapturarlos y llevarlos a Dios, que es la meta final de todo pensamiento. Si nuestra mente ha contraído los malos hábitos de divagar y dispersarse, nos resultará difícil vencerlos, porque seremos atraídos a esas cosas de la tierra, aún en contra de nuestra voluntad.  

Diarios de Avivamientos

Creo que un remedio para esto es confesar nuestras faltas, y humillarnos delante de Dios. No te estoy sugiriendo que uses muchas palabras en la oración, porque las muchas palabras y los largos discursos frecuentemente nos sumergen en esas divagaciones; mantente en oración delante de Dios, así como un mudo o un paralítico mendiga a la puerta de un hombre rico: que tu trabajo sea mantener tu mente en la presencia del Señor. Si a veces tu mente se distrae, y se aparta de Él, no te inquietes por eso; la preocupación y la inquietud más bien sirven para distraer la mente, que para volver a centrarla en Dios. La voluntad debe volver a llevarla a un estado de tranquilidad; si perseveras en este modo de hacer las cosas, Dios tendrá piedad de ti.

Puesto que por su misericordia nos concede todavía un poco de tiempo, comencemos diligentemente a recuperar el tiempo perdido, retornemos con una plena seguridad a aquel Padre de misericordias que siempre está dispuesto a recibirnos afectuosamente. Renunciemos, renunciemos generosamente por amor a Él a todo lo que no es Él Mismo. Él merece infinitamente más. Pensemos en Él perpetuamente. Pongamos toda nuestra confianza en Él; no dudo de que pronto recibiremos la abundancia de su gracia, con la cual podemos hacer todas las cosas, y sin la cual no podemos hacer nada excepto pecar.

No podemos escapar a los peligros que abundan en la vida sin la ayuda real y continua de Dios. Oremos a Él continuamente por esto. ¿Cómo podemos orar a Dios sin estar con Él? ¿Cómo podemos estar con Él si no pensamos en Él continuamente? ¿Y cómo podemos pensar continuamente si no hemos formado el santo hábito de hacerlo? Me dirás que siempre estoy diciendo lo mismo. Es verdad, porque éste es el mejor y más sencillo método que conozco, y no uso ningún otro. Amonesto a todos acerca de esto. Debemos saber antes de poder amar. A fin de conocer a Dios, debemos pensar frecuentemente en Él, y cuando lleguemos a amarle, entonces pensaremos en Él frecuentemente, porque nuestro corazón estará con nuestro tesoro.

No lo olvides, piensa en Él frecuentemente, adórale continuamente, vive y muere con Él. Ésta es la gloriosa ocupación de un Cristiano. Ésta es nuestra profesión en el mundo. Si no lo sabemos debemos aprenderlo.

En poco tiempo debo ir a estar con Dios. Lo que me consuela en esta vida es que ahora lo veo por fe, y lo veo de una manera tal que a veces puedo decir: “No creo más, veo más”.

Te dije en mi última carta que a veces Él permite enfermedades del cuerpo para curar las enfermedades del alma. Ten ánimo. Haz una virtud de la necesidad. No le pidas a Dios que te libere de tus dolores, sino que te dé fuerzas para soportar resueltamente (por amor a Él) todo lo que Él quisiera permitir, y tanto como Él lo quisiera permitir.

Esas oraciones, ciertamente, son algo difíciles de ofrecer porque van en contra de nuestra naturaleza humana, pero son muy aceptables a Dios, y dulces para aquellos que lo aman. El amor suaviza los dolores. Y cuando uno ama a Dios, sufre por amor a Él con gozo y coraje. Te ruego que lo hagas. Consuélate en Él, que es el único Médico de todas nuestras enfermedades. Él es el Padre del afligido, y siempre está dispuesto a ayudarnos. Nos ama infinitamente más de lo que podemos imaginar. Entonces, ámale, y no busques ningún consuelo en otra parte.

Que toda nuestra ocupación sea conocer a Dios. Mientras más uno le conoce, más desea conocerle. El conocimiento es comúnmente la medida del amor. Mientras más profundo y extenso sea nuestro conocimiento, mayor será nuestro amor. Si nuestro amor a Dios fuera grande le amaríamos igualmente en los dolores y en los placeres.”

Hermano Lorenzo 

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Hermano Lorenzo - La Práctica de la Presencia de Dios

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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