Ireneo de Lyon y la continuidad de los dones del Espíritu

Ireneo de Lyon - Los dones del Espíritu

Ha pasado apenas una generación entre el último de los apóstoles del Cordero, Juan; y un joven llamado Ireneo nacido en Asia Menor. No se sabe a ciencia cierta la fecha de su nacimiento, posiblemente estaría entre los años 125 al 140. Sí se sabe que se convirtió al cristianismo en edad muy joven, y que vio y escuchó en primera persona al gran Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo del Apóstol Juan. Esto lo cuenta en una carta que le envió a Florino, quien también había conocido a Policarpo pero se había apartado de la sana doctrina hacia el gnosticismo, e Ireneo le intenta convencer de su error :

«Siendo yo muy pequeño, te vi en el Asia Inferior, cerca de Policarpo; tú tenías una situación brillante en la corte imperial y querías ser bien mirado por él. Tengo mejores recuerdos de entonces que de los sucesos recientes, y es que lo que se ha aprendido en la infancia se desarrolla al mismo tiempo que el alma, no formando más que una cosa con ella. Hasta el punto que puedo decir el lugar donde se sentaba para charlar con nosotros el bienaventurado Policarpo, sus idas y venidas, su manera de ser, el aspecto de su cuerpo, los discursos que dirigía a las multitudes, y cómo nos refería sus relaciones con Juan, y con otros que habían visto al Señor, y cómo relataba sus palabras, y lo que por ellos sabía acerca del Señor, de sus milagros, de su enseñanza, en una palabra, cómo Policarpo había recibido la tradición de los que con sus ojos habían visto al Verbo de vida; en todo lo que decía estaba de acuerdo con las Escrituras. Yo escuchaba esto atentamente, por el favor que Dios me ha querido hacer, y lo anotaba no en el papel, sino en mi corazón y, por la gracia de Dios, no he cesado de rumiarlo fielmente. Puedo atestiguar delante de Dios que si el bienaventurado anciano, el hombre apostólico, hubiese oído algo semejante (las doctrinas gnósticas) hubiera gritado, se habría tapado los oídos y habría dicho como de ordinario: «Oh Dios mío, para qué tiempos me has reservado, ¿es preciso que soporte esto? y habría huido del sitio en el que, sentado o de pie, hubiera oído tales cosas» (Eusebio de Cesarea Hist. eccl, 5,20, 5-7).

Ireneo, cuyo nombre significa “amante de la paz” emigró de Esmirna a Lyon y terminó formando parte del presbiterio de esa ciudad, quien lo envió en una misión a Roma en plena persecución hacia los cristianos por parte de Marco Aurelio. Como resultado de esta persecución, Photinus, obispo de Lyon, y muchos cristianos, fueron martirizados. Ireneo, a su regreso, es elegido obispo de la comunidad y debe, además de enfrentarse a las secuelas de la persecución, enfrentar el creciente gnosticismo que se infiltra en todas las áreas de la Iglesia. Tan es así que en ese momento, la literatura gnóstica supera a la literatura cristiana.

“Los gnosticismos son doctrinas de intelectuales deficientemente convertidos, que aparecen en gran número hacia 120-130. Lejos de acoger la fe, como Justino, según la tradición de los apóstoles y de la Iglesia, la utilizan y la explotan en el sentido de sus filosofías y de sus sistemas. Su legítimo deseo de conocimiento se convierte en violación y no acogida del misterio. A mediados del siglo II la literatura gnóstica es más abundante y más activa que la ortodoxa. Afecta a todo: a la Biblia, a los apócrifos, a la teología y hasta a la poesía y a la oración. Los diversos gnosticismos se extienden desde el mar Negro, y sobre todo desde Alejandría -su epicentro-, hasta Roma, Cartago y finalmente hasta Lyon, avanzadilla del cristianismo.” (A. G. Hamman – Para leer los Padres de la Iglesia – Nueva edición revisada y aumentada por Guillaume Bady)

Gnosis, es un término griego que significa conocimiento y que en sí no tiene nada de peligroso. El problema era que algunos intelectuales, no conformes con la sencilla enseñanza del Evangelio que predicaba la iglesia primitiva, y viendo en ella solamente símbolos; pretendían por medio de una gnosis reservada solo para una élite, descubrir qué misterios se escondían detrás de esos símbolos. Los gnósticos despreciaban la fe sencilla del Evangelio y procuraban un conocimiento superior. Ignorando la enseñanza apostólica se jactaban de poseer ese “conocimiento de la verdad oculta”, que era la que los hacía salvos. Sólo ellos podían interpretar la Biblia de un modo más profundo, pues el apóstol Pablo habría revelado misterios a unos pocos elegidos y no a los demás “cristianos sencillos”. Para el gnóstico la salvación está en el conocimiento, y ese conocimiento no está al alcance de todos sino solo de los “iniciados”. Los gnósticos comenzaron sutilmente y derivaron en las más absurdas fantasías. 

Para la mayoría de los gnósticos había tres tipos de seres humanos:

Los seres hílicos (los apegados a la materia o hyle, movidos por sus pasiones, representados en la Escritura por Caín) los seres psíquicos (en los que prevalece el alma o psyché, son los cristianos comunes que viven según la Ley y la fe, como Abel), y los seres pneumáticos (los que viven según el espíritu o pneûma, es decir los gnósticos, cuyo símbolo bíblico es Set). 

¿Qué creían acerca de la vida eterna los gnósticos?

“Escatología: Cada uno de los seres humanos tiene su propio destino, según el elemento que en él domine. Revelar este destino ha sido la obra del Salvador o Cristo encarnado en el Jesús de la Economía: los hombres hílicos no tienen salvación alguna; al morir se disolverán en la tierra, con la cual se quemarán al final del mundo. Los psíquicos, es decir los cristianos de la Iglesia terrena, en los que el alma constituye el sujeto, son los que viven según la ley moral y la fe predicada por los Apóstoles y por los Evangelios comunes; al morir podrán salvar sus almas, para habitar en la Región Intermedia con el Demiurgo psíquico, donde gozarán de una felicidad moderada. Los pneumáticos ya están salvados por naturaleza: su semilla divina no puede perecer, porque está destinada a volver a su origen espiritual en el Pléroma. Para éstos, por consiguiente, no cuenta la ley moral: hagan lo que hagan, ya están salvados por la gnosis, de modo que sólo esperan liberarse de esta cárcel del cuerpo en la cual, por el momento, se purifican.” (Introducción a la edición española de Contra la Herejía –Adversas Haereses – P. Carlos Ignacio González)

Contra este movimiento que amenazaba a la joven Iglesia se levanta Ireneo como el primer gran defensor de las doctrinas apostólicas. Contra el dualismo de los gnósticos, él afirma la existencia de un solo Dios Padre (que es el mismo Dios en ambos Testamentos) , un solo Cristo que se hizo hombre y participó de naturaleza humana (cosas que negaban los gnósticos), un solo Espíritu de Dios, una sola fe y una sola Iglesia. Para ello escribe su famosa Adversas Haereses – Contra la Herejía – Exposición y refutación de la falsa gnosis. Esta compuesta de cinco libros, y en el prólogo del Primer Libro dice algo tremendamente vigente para nuestros días:

Pr. 1. Algunos, rechazando la verdad, introducen falsos discursos y, como dice el Apóstol, «prestan más atención a cuestiones acerca de genealogías sin fin, que a edificar la casa de Dios por la fe». Por medio de semejanzas elaboradas de modo engañoso, trastornan las mentes de los menos educados y las esclavizan, falseando las palabras del Señor. Interpretan mal lo que ha sido bien dicho, y pervierten a muchos, atrayéndolos con el cebo de la gnosis. Los separan de aquel que ha creado y ordenado el universo, como si ellos pudiesen mostrar algo más alto y de mayor contenido que aquel que hizo el cielo, la tierra y todo cuanto contienen. Persuaden con su facilidad de palabra a los más simples para que se pongan a buscar; pero luego arrastran a la ruina a quienes son incapaces de discernir lo falso de lo verdadero.
Pr. 2. No es fácil descubrir el error por sí mismo, pues no lo presentan desnudo, ya que entonces se comprendería, sino adornado con una máscara engañosa y persuasiva; a tal punto que, aun cuando sea ridículo decirlo, hacen parecer su discurso más verdadero que la verdad. De este modo con una apariencia externa engañan a los más rudos. Como decía acerca de ellos una persona más docta que nosotros, ellos mediante sus artes verbales hacen que una pieza de vidrio parezca idéntica a una preciosa esmeralda, hasta que se encuentra alguno que pueda probarlo y delatar que se trata de un artificio fabricado con fraude. Cuando se mezcla bronce con la plata, ¿quién entre la gente sencilla puede probar el engaño?” (Ireneo – Adversas Haereses – Preludio 1 y 2)

Es en esta obra de Ireneo, Padre de la Iglesia y precursor de la teología, donde encontramos datos de la operatividad o continuismo de los dones sobrenaturales del Espíritu durante el siglo II:

Sobre la profecía y el hablar en lenguas:

“También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu, haciendo público lo que está escondido en los hombres y manifestando los misterios de Dios, a quienes el Apóstol llama espirituales (1 Cor 2,15): éstos son espirituales, porque participan del Espíritu” (Adversas Haereses – Libro V 6.1)

Sobre los falsos y los verdaderos milagros extraordinarios y de sanidad:

“Contra Simón, Carpócrates y todos aquellos que presumen de obrar milagros: no lo hacen por el poder de Dios, ni en verdad, ni actúan así para hacer el bien a los demás, sino para dañarlos induciéndolos a error, por medio de una magia ilusoria y un completo fraude, de modo que, en lugar de hacer el bien a quienes creen en sus seducciones, los perjudican. No son capaces de dar la vista a los ciegos, ni el oído a los sordos, ni expulsar a todos los demonios -sino sólo a aquellos que ellos mismos les meten, si es verdad lo que dicen-, ni curar a los enfermos, cojos y paralíticos o dañados en cualquier otro miembro del cuerpo como efecto de alguna enfermedad, ni dar de nuevo la salud a todos aquellos que enferman por accidente. Muy lejos están de resucitar a los muertos -como lo han hecho el Señor y los Apóstoles por medio de la oración y como en algunos casos ha sucedido en la comunidad cuando ha sido necesario, cuando toda la Iglesia lo ha suplicado con ayunos y plegarias, de modo que «ha regresado al muerto el espíritu»  como respuesta a las oraciones de los santos-. Ni siquiera creen que esto sea posible; porque, según ellos, incluso la resurrección de los muertos no es sino el conocimiento de lo que ellos llaman la verdad.”  (Adversas Haereses – Libro II 31.2)

Sobre dones de sanidades, expulsión de demonios, visiones y profecías:

Siguiendo en su refutación a los maestros gnósticos, Ireneo les recrimina que ninguno de ellos hace verdaderos milagros como lo hacen los verdaderos cristianos:

32,3Dicen tener el alma del mismo origen que Jesús, y que son semejantes a él, y muchas veces mejores; si embargo nunca se les ve entregarse a las obras que él realizó para el bien y el progreso de los seres humanos, nada han hecho que se le parezca o que de algún modo se le pueda comparar. Sino que, si algo llevan a cabo, como antes mostramos, lo hacen por artes mágicas para seducir con engaños a los tontos. No producen ningún fruto que deje alguna utilidad a aquellos para los cuales dicen realizar milagros. Sino que se contentan con atraer a los adolescentes presentando ante sus ojos actos de ilusión y muchas apariencias que de inmediato se desvanecen, que no duran ni un instante: no reproducen en sí la imagen de Jesús, sino la de Simón el Mago. Añádase que el Señor resucitó al tercer día de entre los muertos, se mostró a los discípulos, y ante su vista fue elevado al cielo; en cambio ellos se mueren y no resucitan ni se muestran a nadie: también esto demuestra que no tienen un alma igual a la de Jesús.
32,4. Algunos de ellos dicen que Jesús también realizó todas estas cosas en apariencia. Por los profetas les demostraremos que ya estaban anunciadas, que él las hizo de modo que no quede duda alguna, y que él es el único Hijo de Dios. Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años.
¿Qué más podemos decir? Son incontables las gracias que la Iglesia extendida por todo el mundo recibe de Dios, para ir día tras día a los gentiles y servirlos en nombre de Jesucristo crucificado bajo Poncio Pilato. Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye.
32,5. Y no lo hace por invocación de los ángeles, ni por medio de encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo de acciones mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando su oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el nombre de nuestro Señor Jesucristo, hace todos estas obras maravillosas no para seducir a nadie sino para el bien de los seres humanos. Pues si hasta hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo hace tantos beneficios y cura de modo seguro y verdadero a todos los que creen en él, y no pueden hacer lo mismo los seguidores de Simón, Menandro, Carpócrates o de cualquier otro, entonces es evidente que Él se hizo hombre, convivió con la obra que él mismo había plasmado, realmente todo lo llevó a cabo por el poder de Dios según la voluntad del Padre de todas las cosas, tal como los profetas habían anunciado.”  
(Adversas Haereses – Libro II 32.3,4,5)

Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo, quien a su vez fue discípulo del apóstol Juan, nos ha dejado un valioso testimonio histórico que no podemos ignorar o menospreciar. Fue un testigo privilegiado de la tradición apostólica, pues en ese entonces el canon del Nuevo Testamento tal como lo conocemos hoy, aún no se había conformado y aceptado universalmente; la Iglesia era nueva y los presbíteros y obispos eran férreos defensores de la sana doctrina. 

Ireneo, hace honor a su nombre “amante de la paz”, y como dice A. Hamman en su primera edición del libro Guía práctica de los Padres de la Iglesia,  Sabe distinguir el hombre de su error. Ireneo no ataca al hombre que está en el error, ataca al error teniendo misericordia del hombre. Que podamos en ese mismo espíritu defender la sana enseñanza, y no seamos como los gnósticos que pensaban que serían salvos por el conocimiento y menospreciaban a los sencillos. Somos salvos por Cristo, quien se ha dado a conocer a sí mismo a través de las Sagradas Escrituras, y se sigue dando a conocer a través de la manifestación de su Espíritu Santo en la Iglesia. 

Hoy en día hay falsos maestros, lobos rapaces, engañadores que con ilusionismo y malas artes atraen a sus fauces a las personas con supuestos milagros. Pero la existencia de lo falso no prueba la ausencia de lo verdadero, al contrario, para que haya una imitación debe haber un original. Aprendamos a desechar las imitaciones de los dones y a reconocer humildemente que hay obras del Espíritu Santo que exceden nuestro conocimiento. Así como necesitamos un genuino Avivamiento, necesitamos también dones genuinos.

Unos, sólo enfatizan la segunda parte de este mandamiento, otros, sólo la primera; pero el mandamiento es uno e indivisible:

 Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas;
pero hágase todo decentemente y con orden.

1 Corintios 14:39-40

 Articulo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

 

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Acerca de diariosdeavivamientos

Un hermano simplemente, que anhela ser siervo de los siervos de mi Señor, dando de gracia lo que de gracia he recibido. Miembro de la Iglesia, la que está formada por todos aquellos que en cualquier lugar del mundo invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, independientemente de la denominación que sean. Combatiendo ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos, pero no combatiendo contra los hermanos, sino junto a los hermanos. Conozco a Cristo, pobre y crucificado, no necesito más nada.
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6 respuestas a Ireneo de Lyon y la continuidad de los dones del Espíritu

  1. Juan Huerta dijo:

    Muy buen articulo hermano. Que nuestro Señor te siga fortaleciendo y dando sabiduría.

  2. Juan Tobon dijo:

    Muchas gracias por el buen material que me envían les estoy muy agradecido….

  3. Alvaro dijo:

    buenisimo!

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